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CAPÍTULO 25:
"Un rayo de luz en medio de la oscuridad"
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Blaine despertó con varias punzadas en el oído y preguntándose cuándo iban a desaparecer. De todos los síntomas de la enfermedad, para él ese era el peor.
Al escuchar voces frotó sus ojos hasta que puedo abrirlos y vio a Scott en la puerta discutiendo con alguien a quién no lograba distinguir. Entonces reconoció la voz y se sentó de inmediato.
—¿Kurt?
—¡Blaine! —intentó entrar, pero Scott le tapó el paso.
—¡Te das cuenta de lo que hiciste! —dijo el chico enojado— ¡Ya lo despertaste!
—Si me hubieras dejado pasar desde el comienzo en lugar de...
—¡Este es mi hogar y yo decido quién es bienvenido y quién no!
—También es el hogar de Blaine y no puedes decidir por él.
—Pero él está enfermo y...
—¡Ya cállense los dos! —protestó exasperado el de ojos dorados.
—Lo siento —dijo Kurt.
—Este necio no entiende que tiene que irse.
—Déjalo pasar, Scott.
—¡No!
—Scott...
—No tiene nada que hacer aquí.
—Scott...
—¡Qué terco eres! Pero no puedo perder más tiempo, sólo vine a dejarte el desayuno.
—Gracias.
—Nos vemos en la tarde. Cuídate.
—Tú también.
Scott miró con rabia a Kurt y salió del departamento para ir a trabajar.
Hummel cerró la puerta y se acercó.
—Hola… ¿Cómo estás?
—Me duele.
—Es normal, pero pronto te sentirás mejor —exhaló—. Amm… No fue mi intención despertarte.
—¿Qué quieres, Kurt?
—Hablar contigo, pero si no te sientes bien…
—Sólo dilo y ya.
—Blaine…
—Si te dejé pasar fue para agradecerte por lo que hiciste ayer y también para pedirte la cuenta porque voy a devolverte lo que gastaste.
—¡No! ¿Cómo se te ocurre?
—No quiero deberte nada.
El decorador no sabía qué le dolía más, que Blaine pensara que estaba en deuda con él, o el evidente enojo con el que le estaba hablando.
—Los amigos se ayudan entre sí sin que eso signifique que…
—Tú lo has dicho, los amigos.
—Pero… somos amigos.
—¿Estás seguro de eso?
—Por supuesto que lo somos. ¿Por qué lo dudas?
—Los amigos no se ignoran.
Kurt exhaló y se acercó más, buscando sentarse en la esquina de la cama, pero la mirada que recibió fue indicativo de que era una mala idea.
—Comprendo tu enojo, Blaine, por eso necesito aclararte las cosas.
Scott me dijo que estabas muy preocupado por mí y que estuviste tratando de localizarme durante varios días.
—Y tú ignoraste todas mis llamadas.
—Jamás haría algo así.
—¡Por favor! —cruzó los brazos al nivel del pecho y miró hacia un costado— Al comienzo no contestabas y después simplemente apagaste el teléfono.
A pesar de la situación, Hummel sintió una gran ternura al ver el berrinche que estaba haciendo su amigo… Bueno, no era un berrinche en sí, pero la pose le hizo recordar cuando él era pequeño y se cruzaba de brazos de la misma forma cuando las cosas no salían como quería.
—Blaine…
—Tenía claro que no querías ser interrumpido en tu luna de miel —hizo una mueca ante la idea—, pero no podía dejar de estar preocupado por ti ya que la última vez que hablamos te vi mal, y esa imagen me rondaba constantemente.
Te ibas a casar y en lugar de estar feliz parecías mortificado… Dijiste que eran los nervios y que eso a la vez te ponía ansioso, y aunque traté de creer que era así, algo me decía lo contrario.
Su lenguaje corporal cambió al igual que el tono de su voz, y asentó las manos sobre sus muslos.
»Que hubieras contestado una vez habría sido suficiente. Una sola vez en donde te escuchara emocionado por tu nueva vida habría bastado para quedarme tranquilo.
—¿Tanto te importo?
El chico asintió sin mirarlo y movió las piernas dejando un pequeño espacio, indirecta que no pasó desapercibida por el diseñador, quien se sentó lo más cerca que pudo.
—No te ignoré, Blaine, simplemente no tenía teléfono. Y supongo que dejaste de insistir porque si lo hubieras hecho habrías escuchado el mensaje de que ese número había sido anulado.
—¿Por qué harías eso?
—Porque no quería que nadie me localizara.
—¿Y no bastaba con apagarlo para que nadie te molestara? ¿Qué tan tonto crees que soy?
—Era lo mejor que podía hacer dadas las circunstancias.
—¿Cuáles circunstancias?
—No quería que me encontraran.
Blaine movió la cabeza con vehemencia. —¡Scott tenía razón!
—Cualquier cosa que él te haya dicho no es más que una suposición de su parte, y estoy seguro que nada buena ya que no le agrado, así que te pido por favor que no te dejes llevar. He sido honesto contigo en todo momento y no tengo ninguna razón para empezar a mentirte.
—No entiendo, ¿por qué quedarte sin teléfono?
—Porque me hubieran podido rastrear si lo usaba.
—¿Rastrearte?
—Así es. No podía dejar que me localizaran, además, necesitaba alejarme durante un tiempo y desconectarme de todo y de todos.
—Menos entiendo. Te fuiste de luna de miel, ¿quién iba a perseguirte o…? Es que no tiene ninguna lógica.
—Cuando te explique lo que ocurrió vas a entenderlo. Pero ante todo quiero que te quede claro que no te evadí ni te ignoré en ningún momento, lo que pasó fue que jamás recibí tus llamadas porque no llevé el teléfono conmigo y en algún momento debió descargarse.
—Pero…
—Te doy mi palabra de que nunca supe que llamaste. De verdad, no tenía celular.
—¿Estás seguro de que eso fue lo que pasó?
—Por supuesto. ¿Es que no confías en mí?
—Al comienzo pensé que me estabas ignorando, pero conforme transcurrían los días me fui preocupando porque tu… esposo —dijo con amargura— no me agrada. Es una persona prepotente, dominante, y me daba miedo pensar que pudiera haberte hecho daño.
No te ves bien, y… tal vez él te impidió contestar o te quitó el teléfono… No lo sé… Tengo tantas teorías ahora en mi cabeza.
—Te aseguro que no fue así. Y es verdad que no he estado bien, estoy consciente de que se nota en mi aspecto, pero…
—Si alguna vez intenta hacer algo que no sea correcto, pide ayuda por favor.
—Blaine…
—Él no es el indicado para ti.
—Blaine…
—¡Mereces a alguien mejor! —lo miró a los ojos— ¡Mereces a una persona que te ame plenamente y que te haga muy feliz, y ese no es Dante!
—Blaine, escúchame.
—¡Es que no me explico cómo pudiste casarte con alguien así! —dijo exasperado y agitando los brazos.
—No me casé.
—Entiendo que llevan mucho tiempo juntos y que piensas que es tu alma gemela, pero…
—¿Escuchaste lo que dije?
—Sí, sí, ya sé que dices que lo amas, pero tal vez no es…
—Blaine… —se inclinó y lo tomó suavemente de los costados del rostro con ambas manos— no lo hice.
—¿Qué no hiciste?
—No me casé.
—¿Qué? ¿E-es… es una broma? Porque no es nada graciosa.
—No me casé. No pude hacerlo.
Blaine sonrió como no lo había hecho en días.
—¡Eso es increíble! —llevó sus manos hacia las de Kurt y fue cuando se percató que estas estaban sujetando su rostro, y las retiró rápidamente.
—L-lo siento —balbuceó soltándolo—. No me escuchabas y fue la única forma de hacerte reaccionar.
—Está bien —se sonrojó y miró hacia un costado.
—Eres tan dulce —sonrió.
—¿Por qué no te casaste?
—Es largo de explicar, así que creo que deberías comer para que puedas tomar tus medicinas.
—¿Ah?
—Tienes fiebre. No es alta, pero no significa que no debas prestarle atención, ni tampoco puedes descuidar el tratamiento.
—Ah… sí… Claro… Ya voy.
—Déjame ayudarte —se puso de pie y se dirigió a la mesita que estaba en la esquina.
El chico lo observó y suspiró. De pronto recordó que cuando Kurt llegó él recién se había despertado, y abrió los ojos cómicamente. Con los dedos trató de acomodar sus rizos alborotados y frotó su rostro con la camiseta, pero eso no era suficiente así que se quitó el cobertor.
»¿Qué haces? No tienes para qué levantarte.
—Es que… Yo… —desvió la mirada.
—¡Oh! Seguramente quieres ir al baño o algo. Lo siento, no pensé en eso antes.
—Sólo necesito lavarme porque luzco horrible y…
—No es cierto. Luces adorable.
El estómago de Blaine se contrajo ante esas palabras, pero trató de disimularlo.
—Estoy enfermo, ojeroso, despeinado, quizá tengo lagañas —frotó sus ojos—. Soy un desastre, ¿qué hay de adorable en eso?
—Tienes un rostro especial, Blaine —tomó el vaso y la caja que había sacado del paquete y se dirigió hacia la cama—. De esos que sin importar lo que le hagas, o no le hagas, siempre lucen bien.
El chico sintió que sus mejillas ardían, y estaba seguro de que no era por la fiebre.
Kurt notó lo que sucedía y sonrió. —Me gusta cuando te sonrojas, te ves todavía más adorable.
—Ah… Gracias… —susurró con timidez— Enseguida regreso…
—Ya te dije que no hay nada por lo que debas preocuparte.
—Es que… necesito el baño.
—Sí, claro. Te ayudo a levantarte.
—No, no. Yo… sí puedo —batalló un poco, pero logró ponerse de pie y agradeció no haber tenido un vértigo en ese momento, finalmente desapareció tras la puerta.
El castaño observó por primera vez el departamento con atención. Era pequeño y sencillo, pero todo estaba muy bien ordenado y limpio.
Al escuchar voces en el exterior caminó hacia la ventana y movió la cortina para asomarse. Una señora estaba con sus hijos en un espacio vacío que parecía ser un estacionamiento. Los niños corrían felices y ella agitaba los brazos animándolos.
Su mirada se dirigió luego hacia los edificios de colores que daban un toque pintoresco al lugar junto a los hermosos y grandes árboles que estaban en todas partes.
—¿Kurt?
El mencionado volteó y sonrió al ver a su amigo.
—Vuelve a la cama.
—Podemos quedarnos aquí —señaló la mesa.
—Claro que no, debes guardar reposo.
—Amm… No quiero incomodarte.
—¿Incomodarme? Blaine, soy yo quien está molestando porque estoy invadiendo tu espacio y…
—No me molestas. Nunca lo haces… Me siento bien contigo.
—Entonces vuelve a la cama y déjame cuidarte.
—Está bien —suspiró y dio la vuelta. Una vez sentado en el colchón agradeció la caja que le era ofrecida.
—¿Quieres que caliente esto? Huele a chocolate.
—No, no. Así está bien.
—¿Seguro?
—Estoy acostumbrado a beber lo que sea. Que pueda desayunar con chocolate es un privilegio por el que estoy agradecido, y no me importa si está frío.
Hummel asintió y recordó con vergüenza todas esas veces en las que despreció lo que había en su mesa porque no estaba a la temperatura adecuada, no le gustaba cómo lucía o simplemente ya no le provocaba y hacía preparar algo diferente.
»Kurt…
—¿Ah?
—Te pregunté si gustas —mostró los panes daneses que contenía la caja.
—Vine desayunando, gracias —le entregó el vaso y se sentó en la cama del frente—. Entonces, ¿ya no estás enojado conmigo?
—No estaba enojado.
—Esa no fue la impresión que me dio.
—Bueno, sí estaba molesto, pero era más la preocupación y la desilusión… No sé, sentía muchas cosas que no puedo explicar.
—Lamento haberte hecho pasar por eso. No fue mi intención.
—Entiendo.
—¿Volvemos a ser amigos?
—Creo que nunca dejamos de serlo.
Kurt sonrió sin estar seguro de por qué esas palabras calmaban las ansias que habían estado acompañándolo durante varios días. Lo único que tenía claro es que no quería perder a Blaine.
—Gracias —dijo cálidamente.
—¿Por qué?
—Por tu amistad. Gracias también por darme la oportunidad de estar aquí y explicarte lo que sucedió.
El chico asintió y luego le dio un sorbo a su bebida.
—¿Por qué no te casaste?
El de ojos claros se puso de pie y se dirigió nuevamente hacia la mesa, donde empezó a revisar la receta.
—Tenía muchas dudas, sentimientos encontrados y no quería casarme así, no podía.
Durante un tiempo estuve tratando de convencerme de que todo estaría bien, de que sólo me sentía nervioso por lo complicada que se había vuelto nuestra historia en los últimos años, que después de casarnos no volveríamos a tener problemas… —suspiró— Pero mientras más pensaba en ello, menos seguro estaba.
Amo a Dante, sin embargo, pensar en un futuro a su lado, aunque me emocionaba, me llenaba también de ansiedad y angustia, y no se supone que deba ser de esa forma.
Cuando estás en una relación seria con alguien y empiezan a construir una vida juntos, puede haber cierto temor al no saber lo que les deparará el futuro, no obstante, el amor, la alegría, la emoción, y todos esos sentimientos buenos que te invaden deben ser mayores a cualquier miedo o incertidumbre.
Solía sentirme así, sentía que Dante le daba sentido a todo, que a su lado era invencible, que juntos podíamos superar cualquier situación. Ni siquiera me importaba su tonta familia con sus absurdas reglas o los desprecios de su padre. Eso iba a ser temporal porque entre nuestros planes estaba irnos lejos —exhaló pesadamente y se sentó frente a su amigo.
Con el tiempo su padre fue entrometiéndose cada vez más y las cosas empezaron a cambiar, pero pensé que volverían a la normalidad en algún momento. Realmente lo creí porque estaba muy enamorado y era lo que más deseaba. También creí en cada promesa y en cada intento que hicimos porque todo mejorara, aunque terminara decepcionándome una y otra vez.
Me decían que estaba siendo tonto, ingenuo, que me había cegado por completo, que me aferraba a algo que no tenía sentido, sin embargo, nunca lo vi de ese modo. Para mí se trataba de recuperar esa relación que un día me llenó de dicha, porque debes saber que fui inmensamente feliz durante mucho tiempo. Claro que Dante era distinto en aquel entonces, y cada vez que lo intentábamos el hombre del que me enamoré estaba de regreso.
Pero durante este tiempo de ausencia me di cuenta de que sí me había aferrado a la idea de que el cambio sería permanente, de que el Dante al que adoraba con pasión no volvería a desaparecer y que tendríamos el final feliz que siempre soñamos, que nos iríamos lejos y… —inhaló profunda y lentamente.
No creo que puedas entender lo que sentía, no creo que nadie pueda a menos que haya pasado por algo similar porque es muy complicado.
Como te dije antes, sigo amándolo, y estoy seguro de que siempre lo haré porque él ha sido una parte muy importante en mi vida, pero llegué a convertirme en un lío enorme por muchas razones que me llevaron a entender que no estaba listo para dar un paso tan grande como es el matrimonio.
Hacerlo hubiera sido forzar las cosas y llevarlas a un nivel mucho más grande, y eso no habría sido justo para ninguno de los dos porque lo que me estaba pasando no sólo me afectaba a mí, así que decidí aplazarlo.
—¿Aplazarlo? ¿Quiere decir que todavía planeas casarte con él en el futuro?
—No lo sé en realidad, y me asusta pensar en ello porque anhelaba ese matrimonio más que cualquier otra cosa en mi vida, y ahora ya no estoy seguro de quererlo.
Aún lo hacía cuando le pedí que habláramos, sólo necesitaba un poco de tiempo para calmarme y aclarar mis ideas, sin embargo, las cosas que pasaron ese día y el mes que estuve ausente provocaron que algo cambiara.
—Si un mes lejos de él te hizo cambiar de opinión quiere decir que no estás tan enamorado como crees, y por lo tanto esa boda hubiera sido un gran error.
—Pensamientos como esos son justamente los que me estremecen.
Hubo un breve silencio.
—¿Por qué esperaste hasta la boda para hablar con él?
—No es que estuviera esperando un momento determinado, sino que trataba de centrarme en lo bueno e ignorar todo lo demás. Pensaba que esas sensaciones desaparecerían con el tiempo al igual que mis dudas, pero conforme se acercaba el día iban creciendo más, agobiándome de una forma que no creí que fuera posible. Y no, nunca llegamos a esa fecha. No lo planté en el altar ni nada parecido.
—¿Cómo que no llegaron…? ¿Entonces cuándo pasó? ¿Cómo fue?
—Fue el día del ensayo.
—¿Ensayo de qué?
—De la boda.
—¿Practicas cómo te vas a casar? ¿Por qué?
—Es algo que se acostumbra hacer para comprobar que todo salga perfecto.
—¿Y dónde queda la magia del momento? Entiendo que hay cosas que deben prepararse con tiempo, pero practicar la boda entera le resta encanto y emoción… Es absurdo hacer eso —elevó los hombros—, al menos para mí.
—Opino lo mismo, pero son costumbres… En todo caso, ese día me di cuenta de que no estaba listo para casarme.
Era el ensayo, y me sentía aterrado. Tenía palpitaciones fuertes, me costaba respirar y no dejaba de pensar en todas las cosas que había estado sintiendo, en todo lo que me habían dicho acerca de no verme feliz o de que casarme era un error, y por más que trataba de desechar esos pensamientos, no lo conseguía.
Trevor me decía que no era tarde para detener esa locura, que nadie podía obligarme a seguir adelante si no me sentía seguro, mas continuaba empeñado en algo que ni siquiera puedo explicar.
—Pensé que él no iba a ir a tu boda porque no estaba de acuerdo.
—Fue una sorpresa verlo llegar al ensayo, pero no fue a apoyarme sino, como él dijo, a tratar de abrirme los ojos para que no cometiera el mayor error de mi vida.
—Entonces tomaste la decisión gracias a él.
—De cierto modo influyó, así como lo hicieron Bernie, tú y todos los que no estaban de acuerdo y no dejaban de repetírmelo.
Era como escuchar todas sus voces al mismo tiempo gritando, y en algún punto y de algún modo logré silenciarlas, mas hubo una que no pude acallar y fue la que me llevó a tomar la decisión de aplazar la boda.
—¿Y qué voz fue esa?
—La de mi alma —cerró los ojos—. Le pedí a Dante hablar y él aceptó preocupado al notar que algo que ocurría.
Antes le había contando sobre los nervios y algunas inquietudes, pero por primera vez estaba abriendo mi corazón por completo y contándole lo que me pasaba, y honestamente esperaba que me ayudara a disipar lo que me agobiaba, a sentir que tal vez sí eran sólo nervios, que íbamos a estar bien, pero fue todo lo contrario.
Hasta ese instante no había tomado todavía la decisión. Entonces algo que él dijo me hizo recordar las veces en que Elliot hablaba sobre que estar en una relación seria y comprometida es como saltar al abismo. No hay forma de saber lo que habrá del otro lado, pero, aunque se sienta cierto temor, debe ser mayor la confianza en que la persona a la que amas te atrapará y no permitirá que te estrelles
Amar es dar un salto de fe, decía, y sí, había escuchado eso en otras ocasiones y creía comprender a lo que se refería, pero nunca lo entendí de la forma en la que lo hice ese día, y fue cuando me di cuenta que, aunque amaba a quien estaba frente a mí, si saltaba, no podía confiar en que me atraparía.
El Dante de antes me habría esperado con los brazos abiertos o habría saltado conmigo tomados de la mano, lo que fuera necesario, mas no sabía qué esperar de la persona con la que estaba a punto de unir mi vida de forma permanente, y en ese instante le dije que necesitaba tiempo, que lamentaba haber llegado tan lejos pero que no podía continuar —se quedó callado mirando al suelo.
—¿Y qué pasó después?
—Su reacción me asustó.
—¿Por qué? ¿Te hizo algo?
—Se puso furioso y me exigió una explicación. Traté de calmarlo, pero cada cosa que le decía lo irritaba más.
De pronto se puso a gritar que sería la burla de todos, que yo había estado jugando con él, que sus padres se lo habían advertido… —negó con la cabeza.
Lo había visto enojado antes, incluso nos habíamos gritado mientras peleábamos, pero jamás se había puesto así…
De repente comenzó a empujarme mientras me reclamaba, y por supuesto que me enfrenté a él, nunca he sido de los que agachan la cabeza, pero llegó un momento en el que me paralicé por el miedo.
—¿Miedo? ¿Por qué?
—Porque intentó golpearme.
—¿Qué? ¿Cómo que golpearte? ¡Ese hombre se volvió loco! No era para menos que le temieras.
—Esa es la mejor forma de describirlo. Enloqueció por completo. Y no sentí miedo porque no pudiera defenderme sino por lo que el hombre con el que se suponía que me iba a casar era capaz de hacer.
