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CAPÍTULO 26:
"Momentos como estos son los que importan"
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Debido al dolor que fue incrementando, la conversación tuvo que ser interrumpida y Blaine volvió a la cama casi obligado por Kurt, quien decidió quedarse todo el tiempo que fuera necesario hasta que este se sintiera mejor.
Al chico de rizos no le gustaba que lo vieran tan vulnerable, e intentó levantarse en varias ocasiones, disimulando su malestar, pero su amigo era demasiado obstinado y no se lo había permitido, así que a regañadientes tuvo que obedecerlo y dejar que lo cuidara, aunque en secreto daba las gracias por ello.
Las horas transcurrieron y con ellas la angustia para el de ojos azules fue en aumento, quien dio un salto al escuchar la puerta ser azotada a sus espaldas.
—¿Qué haces registrando nuestras cosas? —preguntó Scott enojado al entrar y verlo andando en un cajón del viejo armario— ¿Y por qué sigues aquí?
—Estaba buscando ropa para Blaine porque necesita cambiarse. La que carga está mojada.
La mirada del chico se dirigió velozmente hacia su amigo, quien yacía en la cama completamente encogido y con el rostro empapado en sudor.
—¿Le subió la fiebre? —preguntó acercándose para tocarle la frente y olvidándose por un instante de su enojo hacia el intruso.
—Mucho, pero finalmente ha empezado a bajarle.
—Puedes irte ya —dijo caminando hacia la mesa y dejando sobre esta la bolsa plástica que llevaba—. Yo me encargo.
—Tienes que volver al trabajo. Blaine dijo que venías a dejarle el almuerzo y…
—¡He dicho que te vayas! —su voz fue autoritaria— No quiero empezar otra discusión como la que tuvimos en la mañana y que Blaine vuelva a despertarse.
—Estoy despierto —murmuró el de rizos—. Por más que lo intente casi no he podido dormir por el malestar.
—¿Cómo te sientes?
—En este momento, mejor, pero ha sido un día complicado —respondió con una mueca—. Kurt estuvo cuidándome.
—Qué bien, pero ya se tiene que ir —se dirigió al armario y miró desafiante a Hummel antes de abrir un par de cajones y tomar varias prendas, así como una sábana.
¿Necesitas ayuda para levantarte?
—No quiero.
—Tienes que hacerlo para cambiarte de ropa y que te pases a mi cama.
—No… —respondió como una súplica.
—Blaine —Kurt intervino—, sabes que debes hacerlo. Estar así no es bueno para tu salud.
El chico profirió una queja al tratar de sentarse.
»Déjame ayudarte —se apresuró en acercarse para darle la mano y sostenerlo de la espalda.
—No necesitamos tu ayuda —gruñó Scott—. Ya te dije que yo me encargo.
—Tienes que regresar al trabajo.
—Salí temprano, así que puedes irte.
—Por favor, no peleen —dijo Blaine limpiándose el rostro con la mano.
—Nadie está peleando —respondió el mayor entregándole su pañuelo para que se secara.
—Es correcto, nadie pelea aquí. Kurt entiende que acabo de llegar del trabajo y necesito mi espacio para cambiarme y descansar un poco. Además de que soy perfectamente capaz de cuidarte y atenderte, ¿cierto? —miró al diseñador.
—Sí, claro —respondió poco gustoso—. Me voy, Blaine, pero regreso mañana.
—Está bien —lo miró y sonrió ligeramente—. Gracias… —suspiró— Y lamento haber interrumpido nuestra conversación de esta forma.
—No tienes nada por lo cual disculparte —le quitó un rizo mojado pegado en la frente que le llegaba hasta el borde del ojo—. Nos vemos mañana. Cuídate y toma tus medicinas.
—Lo haré. Hasta mañana, y gracias de nuevo.
Kurt le sonrió asintiendo y se dirigió hacia la salida, donde Scott lo esperaba ya con la puerta abierta.
—No te atrevas a regresar porque no voy a abrir —le advirtió con voz firme cuando este pasó a su lado, pero cuidando que nadie más lo escuchara.
El decorador suspiró, haciendo caso omiso a aquellas palabras.
—¿Podemos hablar?
—No tenemos nada de qué hablar.
—Es acerca de Blaine… Por favor.
El menor hizo un gesto y salió, cerrando la puerta.
—¿Qué pasa con Blaine?
—Me preocupa porque estuve investigando, y si bien es cierto que los síntomas que tiene son muy molestos, no debería estar tan débil.
—No está débil, simplemente está decaído por la fiebre, pero tú que vas a saber.
—Lo conozco y puedo ver el esfuerzo que le cuesta levantarse de la cama o moverse, aunque trate de disimular.
—Es por la fiebre. El organismo de cada persona es diferente y a él le esté afectando de esa forma.
—No estoy seguro de que sea así.
—Y según tú, ¿qué le ocurre?
—Creo que no se está alimentando correctamente.
—Hemos pasado por tiempos difíciles —dijo con rabia—, sin embargo, ahora estamos mejor y comemos de dos a tres veces al día. ¿O acaso eso es poco para la gente como tú?
—No tienes por qué alterarte, Scott. Realmente me alegra que la situación de ustedes haya mejorado, pero no debes confundir las cosas. No tiene ninguna relación la cantidad de veces que coman en el día con el valor nutricional que ingieren.
—No entiendo un carajo de lo que estás diciendo.
—Pueden comer muchas cosas, pero eso no significa que sean saludables, y, por lo tanto, no se estarían nutriendo bien.
Tengo la impresión de que tal vez está anémico o tiene alguna deficiencia de…
—¿Qué? ¿Ahora eres médico? —resopló.
—Dices que Blaine es como un hermano para ti y que te preocupas por su bienestar. Yo también lo hago, aunque no lo creas, por eso te pido que en lugar de discutir y estar peleando nos unamos y hagamos lo mejor para él.
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Elliot llegó a su casa y se aventó al sofá dando un resoplido.
—Hola, cariño —dijo su novio apareciendo segundos después—. ¿Cómo te fue?
—Nada bien —hizo la cabeza hacia atrás, apoyándola en el espaldar y cerrando los ojos durante unos segundos.
—Lamento oír eso, pero las cosas van a mejorar.
—Quisiera tener tu optimismo —estiró el brazo hacia su pareja, y luego de que esta lo tomara de la mano, con un movimiento la hizo sentarse en su regazo—. Tú eres la fuerza que me motiva para no rendirme.
Sin decir nada el chico se apoyó en él y llevó una mano hacia la negra cabellera, acariciándola sutilmente con los dedos.
»Se siente tan bien —dijo Elliot en un suspiro.
—¿Quieres hablar de lo que sucedió?
—No consigo trabajo… No sé si Dante ha dado malas referencias sobre mí, pero nadie me quiere contratar.
—¿Qué te hace pensar eso?
—Es una suposición, pero no se me ocurre otro motivo ya que, continuamente recibía ofertas de trabajo de todas las personas con las que he estado hablando, y ahora me rechazan.
Dicen que por el momento no necesitaban mis servicios, sin embargo, supe que los Rosemberg están buscando chofer.
—La señora siempre quiso que trabajaras para ellos. Recuerdo que llegó a ofrecerte el doble del salario que ganabas para que te fueras a su casa.
—Así es —suspiró—, pero hoy que hablé con ella me dijo que no.
—Eso es raro.
—Mucho, por eso llegué a pensar en lo de las malas referencias.
—¿Por qué Dante te haría algo así?
—Tal vez porque está enojado conmigo debido a que piensa que sé dónde está Kurt y que no quiero decirle.
—¡Eso es absurdo!
—Él insiste en que nosotros siempre conversábamos, que Kurt me trataba como un amigo y que por eso yo era su cómplice, así que debió contarme que lo iba a dejar, y un montón de tonterías más.
—Y aunque así fuera, no tendrías por qué decirle nada que él te hubiera confiado, y tampoco es motivo para perjudicarte de esa forma. Una mala referencia te va a cerrar puertas.
—Eso es justamente lo que está pasando —exhaló pesadamente—.
—¡Es un infeliz!
—He trabajado tantos años como chofer que estoy acostumbrado, sin embargo, no me cierro a otras posibilidades así que hoy empecé a buscar en otros lugares, pero tampoco conseguí nada —negó con la cabeza.
—Vas a encontrar algo, amor. No te preocupes.
—¿Cómo no voy a preocuparme? Los ahorros que tenemos no nos van a durar toda la vida y las cosas suben constantemente de precio.
—Había olvidado decirte que hablé con el doctor y me dijo que puedo dejar el tratamiento. Estoy bien y no es necesario…
—No importa lo que tenga que hacer o si debo conseguir varios trabajos para completar nuestro presupuesto, pero no vas a dejar el tratamiento.
—Son medicinas muy costosas y puedo prescindir de ellas.
—No es cierto, así como tampoco es cierto que el doctor te haya dicho que dejaras el tratamiento ya que en tu última revisión fue muy enfático en que debías continuarlo de forma indefinida, así que por favor, no me mientas.
—Lo siento.
—Sé lo que intentas hacer y te lo agradezco, pero no es necesario —le acarició el rostro—. Mañana iré a otras partes de la ciudad a probar suerte.
—¡Está decidido! ¡Desde mañana yo también voy a salir a buscar empleo!
—No lo harás.
—Te amo, pero no te estoy preguntando o pidiendo permiso porque soy una persona libre y dueña de sus acciones y su vida. No puedo seguir en casa cruzado de brazos mientras tú te ahogas en deudas y te angustias.
—Claro que eres libre, y jamás he intentado mandar en tu vida. Lamento si alguna vez te hice sentir de esa forma.
Sabes bien por qué no quiero que trabajes, y no te estoy exigiendo que te quedes en casa, te lo estoy pidiendo porque te amo y me preocupo por ti.
El hombre de ojos negros tomó a su novio por el rostro con ambas manos y lo besó con dulzura.
—Te amo —susurró al separarse—. Te amo muchísimo y siempre voy a agradecer que te preocupes por mí y me cuides, pero puedo y quiero trabajar, y necesito que me apoyes. Tal vez medio tiempo para empezar, no lo sé, pero algo tengo que hacer.
Elliot exhaló lentamente y vio el anhelo en los ojos de su pareja.
—Está bien, cariño, vamos a pensar en algo, lo prometo.
—Gracias, amor. No tienes idea lo mucho que significa para mí volver a trabajar y que me apoyes.
—Siempre vas a contar conmigo —empezó a darle besos cortos en los labios.
Siguieron conversando durante varios minutos hasta que Ale se acordó de algo que podía significar una oportunidad para ellos.
—Un amigo se compró un auto y lo va a poner como taxi privado. Dice que es un buen negocio.
—Tendría que llevar al mecánico mi auto para que le haga una buena revisión primero porque sigue haciendo ese ruido extraño y a veces se demora en encender, y por el momento no podemos gastar en eso.
—Él ya tiene un vehículo trabajando como taxi privado y le va muy bien, por eso compró otro para que el hermano lo conduzca, pero no es seguro ya que se lo dé ya que han tenido varios problemas y desacuerdos, así que está buscando a alguien que le interese en caso de que no puedan solucionar sus asuntos. Le voy a decir que me avise.
—Sí, sí. Llámalo y dile.
—Lo haré… Aunque hay que pagarle una comisión por el uso del auto.
—Oh, claro. Pero igual sería perfecto porque así podría realizar carreras durante el día y la noche y conseguir dinero suficiente.
—Si lo del taxi resulta, no quiero que pases todo el tiempo trabajando y termines enfermándote.
—Haré lo que sea necesario para…
—Entonces no voy a hablar con mi amigo.
—¿Es en serio?
—Sí, porque si bien es cierto que nos hace falta el dinero, no voy a permitir que te ocurra algo por trabajar sin descanso.
—Cariño, lo único que quiero es que no te falte nada.
—Excepto tú, porque si vas a pasar todo el tiempo trabajando, ni siquiera voy a verte, y de paso terminarás con algún mal —negó con la cabeza e intentó levantarse—. Ya me arrepentí de haberte comentado.
Elliot lo tomó por la cintura y le impidió ponerse de pie.
—Sí me vas a ver. Y no me va a pasar nada por trabajar unas cuantas horas extra. Muchas personas lo hacen.
—Mi papá decía lo mismo hasta que empezó a sufrir de arritmias debido al estrés causado por el trabajo excesivo.
—Mi salud es excelente.
—La suya también lo era. Nunca se enfermaba de nada, ni de gripe, y un día cayó fulminado por un infarto.
—Lo lamento, cariño —lo envolvió con los brazos y apoyó la cabeza en el pecho de este—. No fue mi intención traerte recuerdos tristes. No quiero que pienses en esas cosas.
—Y yo no quiero que un día me llamen por teléfono para decirme que debo ir al hospital a reconocer tu cuerpo —sus ojos se volvieron acuosos.
—Eso no va a pasar… —suspiró.
—No quiero que te descuides ni que te pases trabajando todo el tiempo.
—¿Te das cuenta de que ni siquiera sabemos si lo del taxi se va a dar?
—Lo sé, pero te lo digo de forma general. Ni con el taxi ni con ningún trabajo que consigas quiero que te excedas.
—Ale…
—Promételo.
—¿Qué?
—Promete que no lo harás.
Elliot movió la cabeza y descubrió la lágrima que viajaba solitaria por la mejilla de su novio.
—Cariño, no te pongas así, por favor.
—Me preocupo mucho por ti.
—Está bien —limpió la lágrima con su pulgar—. Te prometo que no me voy a exceder. Y si tu amigo nos da el auto, estableceré un horario.
—Gracias. Es todo lo que pido.
—Lo que sea con tal de que estés tranquilo y feliz.
—Tal vez pienses que soy exagerado o…
—No lo hago porque entiendo bien que quieres cuidarme, así como yo cuido de ti.
—Te amo Elli —le acarició el rostro.
—Te amo más.
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—¿Cómo te fue? —preguntó Bernard en cuanto Kurt cruzó por la sala de la casa.
Este volteó y vio a su amigo acostado en el sofá, con un libro sobre el pecho.
—Supongo que bien. Ha sido un día complejo, pero bien.
—¿Cómo está tu amigo?
—Recién empezó el tratamiento así que hay que esperar a que haga efecto.
—Sí, claro… ¿Y estuviste todo este tiempo con él?
—Así es. ¿Por qué?
Bernard hizo un gesto de desagrado.
—Es que no entiendo por qué tienes que…
—Oh, no. No estoy de ánimos para discutir. Ya bastante tuve con Scott.
—¿Y ese quién es?
—El amigo con el que vive Blaine, y puede ser realmente insoportable cuando quiere.
—Tú eres el que busca meterse en esos lugares y con esa clase de gente.
—¿Qué se supone que significa eso?
—No lo digo en un mal sentido, me refiero a…
—¡No hay otro sentido! —espetó enojado— ¡Sabes perfectamente lo que quisiste decir!
—Tampoco es para que te pongas así.
—¡No tienes idea de cuánto me decepciona que te hayas convertido en alguien tan horrible!
Sin darle oportunidad para responder, Kurt caminó a paso veloz hacia la habitación y lanzó la puerta.
—¿Esa clase de gente? ¿Qué se ha creído? —protestó dando vueltas por la habitación— ¡Blaine es una de las mejores personas que he conocido! —resopló por la nariz— ¡Scott es bueno también, odioso, pero bueno!
Se sentía tan frustrado de no tener un teléfono porque necesitaba hablar con alguien y desahogarse.
Era definitivo, tenía que comprar uno y lo haría la próxima vez que saliera.
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—Lo siento —fue lo primero que Kurt dijo tras abrazar a Blaine.
—¿Por qué? —preguntó haciendo un movimiento con la mano, invitándolo a pasar.
—Por no haber venido en dos días.
—No voy a negar que te he extrañado, pero no es tu obligación venir a verme.
—No lo hago porque me sienta obligado sino porque quiero y me preocupo por ti… Lo sabes, ¿cierto?
Blaine se mordió el labio ligeramente y asintió. Las palabras de su amigo hicieron que su corazón se acelerara.
—Claro que lo sé —sonrió.
—¿Cómo has pasado? ¿Cómo te sientes?
—Mejor —se acomodó en el extremo de la cama—. El dolor ha disminuido.
—Eso es bueno —sonrío y se sentó a su lado, mirándolo de frente—. Pronto te habrás recuperado completamente.
—Espero que así sea porque, aunque es menor, la molestia persiste al igual que la fiebre, y no he podido dormir casi nada en estos días.
—Luces agotado.
—Así me siento, pero ya va a pasar.
—¿Estás tomando todas las medicinas?
—Sí.
—¿Te estás hidratando correctamente? Con la fiebre tan alta pierdes muchos…
—Kurt, estoy haciendo todo lo que el médico dijo. Te lo agradezco, pero no necesitas preocuparte.
—No puedes evitar que lo haga.
Blaine miró las hermosas piscinas azules y suspiró. Lentamente empezó a observar cada detalle del níveo rostro y de pronto se preguntó cómo no había notado antes lo cansado que Hummel lucía o las marcas oscuras bajo sus ojos.
—Lo lamento —susurró y su expresión cambió.
—¿Por qué?
—Por ser un mal amigo.
—¿Por qué dices eso?
—Porque te preocupas mucho por mí. Incluso vienes desde lejos sólo para verme, y yo en cambio, ni siquiera me había dado cuenta de que no estás bien, aun cuando es más que evidente.
—Blaine, cuando vine a buscarte tenías demasiada fiebre y estabas con un dolor terrible, a tal punto que tuve que llevarte al médico, y al regresar te dormiste por los medicamentos que tomaste, ¿en qué momento te ibas a dar cuenta de alguna cosa?
—Sí, pero regresaste al día siguiente y estuvimos conversando y…
—Fue más el tiempo que pasaste con dolor y malestar que el que hablamos.
—Igual debí notarlo. Un buen amigo lo habría hecho… De verdad lo lamento.
—Ya lo hiciste —se inclinó y posó su mano sobre la rodilla del chico—. No hay nada por lo que debas disculparte.
—Pero…
—No me ocurre nada grave. Simplemente no he estado durmiendo bien por las preocupaciones y todas las cosas que he tenido en mente —le acarició la rodilla—, pero estoy bien.
El de rizos asintió, dejando escapar el aire entre los labios mientras intentaba contenerse ante el enorme calor que recorría su pierna y que iba subiendo por todo su cuerpo.
»¿Qué ocurre? ¿Te sientes mal?
—Ah… N-no… Es… No estoy seguro de lo que dices y…
—Te estoy diciendo la verdad. No hay nada por lo que debas sentirte mal. Al contrario, gracias por preocuparte por mí —sonrió y le palmeó la rodilla antes de regresar a su posición.
Blaine sintió alivio, pero al mismo tiempo resintió la ausencia de aquella mano y la sensación que le producía.
—Somos amigos, claro que me preocupo —se mordió el labio ligeramente y respiró tan profundo como pudo para mantener la compostura—. ¿Has llegado a una conclusión? ¿Ya tomaste una decisión?
—Antes de empezar a hablar de eso o de cualquier otro tema, hay algo que quiero darte.
—¿Qué cosa?
Kurt se inclinó hacia un costado y Blaine se sorprendió al ver la bolsa que reposaba a un costado de la cama, preguntándose en qué momento este la había colocado ahí.
—Espero que te guste —extrajo algo de y lo colocó sobre la cama.
—¿Qué es? —preguntó emocionado.
—Un teléfono.
Los dorados ojos se abrieron con amplitud ante la sorpresa y miró incrédulo durante unos segundos las dos cajas frente a él.
—Ah…
—Como yo tampoco tengo, compré uno para para mí también. Son iguales, la única diferencia es el color. Este es gris y el de acá azul. Ya sé que tu color favorito es el morado, pero ese…
Blaine levantó la cabeza y vio al hombre frente a él a los ojos mientras este le explicaba algo a lo que no le estaba prestando atención porque se quedó perdido en su mirada.
—Azul —dijo casi en un susurro—. Mi nuevo color favorito es el azul.
—Bien, entonces este es el tuyo —le entregó sonriendo la caja—. ¡Vamos! ¡Ábrelo! Quiero saber si te gusta.
El menor la observó durante unos segundos y luego procedió a destaparla con mucho cuidado para lentamente sacar el dispositivo.
—Es precioso… Ah… Está realmente increíble… pero… es mucho, Kurt.
—¿Mucho?
—Sí… He visto estos teléfonos en las vitrinas y… ¿sabes lo que cuestan? —negó con la cabeza— Obvio que sabes, pero… No puedo pagar algo así.
—Blaine, es un regalo, no tienes nada que pagar. Es importante que puedas comunicarte y…
—Estoy consciente de aquello, y Scott y yo hemos estado hablando acerca de ir a buscar unos teléfonos en cuanto esté mejor y pueda salir.
—Bueno, ya no tienes que gastar en eso.
—Y te lo agradezco mucho, sin embargo, no puedo aceptarlo porque es muy costoso.
—Ambos necesitamos teléfonos.
—Para alguien como tú está bien tener algo tan especial, pero yo…
—Ni siquiera te atrevas a terminar esa frase. Mereces esto tanto o más que cualquier otra persona.
Eres muy especial, Blaine, y puedo hacer una lista de todas tus cualidades y todas las razones por las cuales este celular es perfecto para ti. Te mereces lo mejor de este mundo, en todos los sentidos.
—No sé lo que hice para haberte conocido.
—Soy yo el que no sabe qué hizo para que llegaras a mi vida, pero doy las gracias cada día por ello.
Los ojos de Blaine se nublaron, por más que intentó contenerse, y antes de que Kurt pudiera decir algo, se lanzó sobre él para abrazarlo.
—Gracias —sollozó emocionado.
Hummel sonrió y envolvió el delgado cuerpo con sus brazos. Aquella sensación era cálida y le producía una tranquilidad que no había sentido en un largo tiempo y que no sabía explicar.
