.
CAPÍTULO 29:
"¿Decisiones apresuradas?"
.
Kurt miraba turbado el delgado objeto rectangular que yacía en el suelo, el cual Blaine estaba cubriendo con una sábana.
Cuando Scott dijo que pediría prestado un colchón de espuma, se imaginó otra cosa, porque lo que había llevado era una colchoneta de las que se utilizan en los gimnasios y para ciertas actividades deportivas, pero ciertamente no era para dormir.
—Por suerte la señora Lidya mandó una almohada —dijo el de cabellera rizada—, aunque te hubiera dado la mía sin problema.
—Vas a tener que hablar más fuerte porque tu amigo está deambulando en otro mundo —dijo Scott sentado con las piernas cruzadas en su cama, dándole una mordida a su sánduche.
—Kurt… ¿me estás escuchando? —levantó la cabeza para mirarlo.
—Te dije que está en otro planeta.
—Kurt… —se puso de pie y le tocó el brazo.
—¿Ah? ¿Qué?
—¿Estás bien?
—S-sí.
—¿Qué ocurre?
—No, nada… Pensaba en… todo lo que está ocurriendo.
Scott lo miró divertido.
—¿A qué te refieres exactamente? ¿Al hecho de que te vas a quedar en un departamento más pequeño que la casa de tu perro o a que vas a dormir en un colchón de espuma?
—Por favor no le hagas caso —dijo Blaine mientras se agachaba—. Y tú Scott, deja de molestarlo.
—No sabía que decir la verdad era molestar —continuó comiendo—. Deberías ponerlo del otro lado de tu cama.
—No porque quedaría cerca de la puerta y por ahí entra mucho viento. Que esté en medio de las dos camas es perfecto porque así se protege.
—Sabes que en las madrugadas voy al baño.
—Pero te levantas del otro lado.
—Estoy más dormido que despierto y no me fijo por donde voy.
—Eso no es cierto. Siempre te levantas del otro lado porque te queda más cerca, así que ya deja de molestar.
—Bueno, nada más no quiero que Hummel se vaya a quejar porque le pisé la cara —contuvo la risa al ver la expresión del mencionado.
—A veces te pones insoportable.
—Así me adoras.
Blaine realizó un movimiento con la cabeza, acompañado de un suspiro y continuó con su labor.
—¡Listo! —dijo satisfecho al cabo de un minuto y se incorporó— Puedes acostarte cuando quieras, Kurt.
—G-gracias.
—Con lo que pueda ayudarte, lo haré encantado —sonrió—. ¿Dónde está mi comida, Scott? Tengo hambre.
—Encima del mesón.
El chico caminó a paso veloz hacia la pequeña área y tomó su sánduche, deleitándose con la primera mordida.
—Ya quita esa cara Hummel que el colchón está bien despulgado —dijo Scott con un gesto travieso.
—¿Estás insinuando que…?
—Que la dueña le quitó todas las pulgas hace un par de días.
—La palabra es espulgado, no despulgado. Y no me hace gracia tu comentario.
—Me da igual cómo se pronuncie, de todas formas, me entendiste.
Kurt hizo un gesto y miró el colchón.
—¿De verdad tenía pulgas?
El joven soltó una carcajada.
—Creo que no va a ser tan malo que te quedes aquí después de todo.
—Ignóralo —recomendó el de rizos—, ya te dije que te está molestando.
—Ah, sí, claro… Amm… Me gustaría lavarme.
—¿No vas a comer primero? Aquí está tu parte.
—No, Blaine, gracias. No tengo hambre.
—¿No comes pan? —preguntó Scott con un gesto— De seguro eres de esos que no ingieren gluten, grasas, dulces, colorantes y un montón de tonterías.
Kurt lo miró con el ceño fruncido.
—Me cuido, pero como todo lo que quiero. Simplemente estoy cansado porque ha sido un día pesado y no tengo hambre.
—Está bien —intervino el menor—. Aquí queda guardado. Y sí, yo también estoy cansado. Ya es tarde y debemos acostarnos porque mañana hay que madrugar para ir al trabajo.
—Todavía estamos comiendo —dijo Scott con cierta molestia.
Hummel decidió ignorarlo y se dirigió a su amigo mientras caminaba hacia donde estaban sus maletas.
—¿Puedo usar el baño?
—Sí, por supuesto. No tienes que preguntar. Ahí hay jabón, pasta… lo que necesites.
—Gracias.
—¿De verdad crees que va a usar nuestras cosas para que termine con alguna alergia en la piel? Por favor, Blaine. La gente como él no va a ningún lado sin sus productos… ¿Ves? —señaló con la mano el pequeño bolso azul con el que el diseñador cruzaba en ese momento.
Una vez que el de ojos claros cerró la puerta del baño, Anderson se sentó junto a Scott y lo miró molesto.
—¡Ya basta! —dijo en voz baja pero severa— Sé que Kurt no te agrada, pero ya bastantes problemas tiene como para que lo estés importunando.
—O sea que no se puede hacer una broma porque el niño rico se ofende.
—No son bromas. Sabes bien que estás siendo grosero. Kurt está pasando por un mal momento, por tanto te pido que lo dejes en paz.
—Luego dices que no te gusta.
—¿Qué? N-no sabes n-ni de lo que estás hablando.
—¿Y por qué te pones nervioso? Y ni qué hablar de la manera en la que lo defiendes.
—La misma en la que te defendería a ti si alguien te estuviera fastidiando.
—¿Sabes qué? A partir de este momento voy a ignorarlo. Seguiré con mi vida normal en la cual él no existe, así que luego no me vengas a decir que lo tome en cuenta o que lo incluya —sacudió las migajas de su cama.
—¿Por qué las tiras de ese lado?
—Agg… ¡Cómo me voy a acordar que está ahí ese colchón! —elevó la voz— ¡No lo hice a propósito! —se inclinó hacia un costado para sacudir— ¿Qué clase de persona crees que soy?
Durante los siguientes minutos los amigos permanecieron en silencio. Scott se cambió de ropa mientras que Blaine terminó de comer y se puso a jugar en su teléfono.
—¿Hasta qué hora va a seguir ahí encerrado? —increpó el mayor— ¿Puedes preguntarle a tu amiguito cuándo va a salir? Necesito lavarme.
La puerta se abrió y Kurt se dirigió hacia donde estaban sus maletas mientras Scott pasó a su lado y se encerró.
—¿Dónde me puedo cambiar? —preguntó mientras buscaba todo lo que necesitaba.
—Aquí, o en el baño si prefieres, pero tendrías que esperar a que se desocupe.
—Es muy estrecho ahí. A penas si podía moverme y… Lo siento, no quise…
—Está bien. Ya sé que no es el baño más grande del mundo, pero nosotros nos hemos adaptado.
—De verdad lo siento.
—No te preocupes. Y cámbiate ahí, yo no voy a mirarte —se giró dándole la espalda y continuó jugando en su teléfono.
—¿Dónde va la ropa sucia?
—La otra puerta es la del armario. Ahí hay un cesto donde la ponemos y los sábados la llevamos a lavar.
—¿Y dónde la llevan? Porque no he visto ninguna tintorería cerca.
—¿Tintorería? No, ¿cómo crees? Esos lugares son caros. Aquí en el edificio hay un área de lavandería.
En la planta baja, más allá del ascensor está una salita y luego dos puertas. La gris es de la lavandería.
—¡No me imaginé eso! —exclamó con sorpresa.
—¿Cómo creías que lavaba mi ropa?
—En realidad, nunca había pensado en ello. ¿Y por qué esperan hasta el sábado? ¿Por qué no lavan a diario? ¿Es por el tiempo?
—Por el dinero. Usar la lavadora y la secadora cuesta, y no podemos gastar en eso todos los días.
—¿Por cuál aparato tienen que pagar?
—Por ambos.
—¡Oh! ¡Vaya! Pero, ¿por qué?
—Por el consumo del agua, la luz, el jabón ya que son gastos extra.
En una ocasión el dueño nos consultó si estábamos de acuerdo con que aumentara el valor de la renta por el uso de los aparatos, pero no todos estuvieron de acuerdo por diferentes motivos, así que se establecieron tarifas y cada persona paga en el momento según lo que vaya a hacer y lo que utilice.
—Me parece razonable y… ¡Oh! ¡Cielos! —exclamó subiéndose a toda prisa el pantalón que se estaba quitando cuando Scott apareció.
—¿Qué pasó? —preguntó Blaine dando la vuelta para ver lo que había ocurrido.
—Me estaba cambiando —negó haciendo un gesto acompañado de un sonido.
—Podrías intentar en la entrada del baño con la puerta abierta para que tengas un poco más de espacio.
—No, no —dijo con una incomodidad notoria—. Esperaré a que ustedes se duerman para hacerlo.
—Ah… Bueno… Co-como quieras —tomó su ropa y desapareció tras la puerta.
—No somos acosadores ni pervertidos —dijo Scott en tono serio, ya sentado en su cama.
—¿Qué?
—Yo podría pensar que tienes malas intenciones con nosotros porque eres gay, y no lo hago ya que me parece un razonamiento estúpido. Entonces, ¿que interés podría tener yo en mirarte sin ropa cuando soy hétero? Y si fue por Blaine, sabiendo que también es gay, peor todavía ya que estás poniendo en duda su moral —lo miró enojado y luego se acostó dándole la espalda.
Kurt se quedó pensando en aquello y decidió aclararlo con su amigo, pero escuchó el agua de la ducha correr así que se acomodó en una de las sillas a esperarlo.
Habían pasado diez minutos, que para él se sintieron infinitos, y la esperanza de poder hablar lucía lejana puesto que el sonido del agua corriendo se hizo nuevamente presente. ¿Acaso lo estaba evitando? No, no era posible porque él no era así.
Con un suspiro se puso de pie, prosiguió a cambiarse las prendas que le faltaban y llevó todo al cesto correspondiente. Al ver la guitarra sonrió al instante recordando como conoció a Blaine y todas las veces que lo escuchó cantar, echando de menos esos días.
Perdido en los recuerdos ignoraba el tiempo que había transcurrido hasta que escuchó la puerta abrirse dando paso al menor , y se acercó a él a toda prisa.
—¿Podemos hablar un momento? Ya sé que dijiste que estás cansado y que mañana tienes que madrugar, pero me gustaría aclarar algo contigo.
—¿Aclarar qué cosa?
—Nunca fue mi intención decir algo que te molestara, te incomodara o te hiciera sentir mal.
—No entiendo.
—Lo que dije antes… De verdad estuvo fuera de lugar y…
—¿Lo del baño? Te dije que no importa.
—Ese fue un comentario muy desatinado y grosero de mi parte, y lo lamento, pero me refiero a lo de esperar a que ustedes se durmieran para cambiarme.
—Oh…
—Lo siento mucho.
—No tienes por qué disculparte. Es tu cuerpo, tu privacidad y tienes todo el derecho a decidir si te cambias o no delante de otras personas.
—Eso es cierto, pero no era mi intención ofenderte o molestarte.
—Me tomó por sorpresa el tono en el que lo dijiste, pero comprendo lo que pasó, y para tu tranquilidad quiero que sepas que Scott y yo somos personas decentes.
—Eso lo sé, Blaine. No dudo de ti en ningún sentido, jamás lo he hecho, por eso me disculpo. Y aunque a Scott no lo conozco bien, que tú confíes en él me basta.
No sé porque reaccioné así, quizá fue porque apareció de pronto y… no lo sé, y tampoco estaba pensando en lo que dije. De verdad confío en ti y por consiguiente en él.
—Gracias por eso. En cuanto a lo otro, te entiendo bien porque cuando vivía en los refugios no me gustaba cambiarme delante de desconocidos, peor bañarme ya que me sentía incómodo, más con todas las historias que contaban.
—¿Historias?
—Sí, sobre cosas que a veces pasaban… Lo bueno es que en algunos lugares hice amigos. A veces éramos dos o tres y entre nosotros nos cuidábamos, pero no siempre tenía la misma suerte.
Cuando llegué a esta ciudad y conocí a Scott, no había la confianza obviamente, sin embargo, nunca me sentí inseguro a su alrededor en ninguna forma. No sé cómo explicarlo, pero algo me decía que no me iba a hacer daño, y no me equivoqué.
—Entiendo a lo que te refieres porque lo mismo me pasó con Trevor y con Bernie.
—Scott jamás ha hecho o dicho algo inapropiado o que me haga sentir incómodo, ni cuando recién llegué ni cuando supo que yo era gay, ni en ningún momento. Al contrario, siempre me ha cuidado, aunque a veces exagera, pero así es él, y en algún punto se dio cuenta que yo tampoco haría nada incorrecto y que me preocupaba por su bienestar. Con el tiempo nos volvimos como hermanos, y bueno, esa historia ya la conoces.
La plática continuó durante un tiempo tras el cual los dos se fueron a acostar y Kurt se prometió seguir intentándolo con Scott. Él sabía que el chico era bueno y que se preocupaba por Blaine. También sabía que no confiaba fácilmente en las personas, pero no se había detenido a pensar que tal vez ese comportamiento era su forma de protegerse.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
Las horas pasaban con parsimonia, al menos para Hummel, quien llevaba bastante tiempo sentado con las piernas cruzadas en el colchón ya que le resultaba imposible dormir. Por enésima vez revisó su celular con un suspiro y decidió probar suerte enviando un mensaje al chat grupal que tenía con sus mejores amigos.
* ¿Alguno está despierto?
Varios minutos transcurrieron antes de que una respuesta llegara.
** Yo sí —escribió Bernard.
* ¿Qué haces?
** Estoy en una cita.
* ¿Por qué usas el celular entonces?
** Se levantó a buscar un trago… Las cosas no van bien. ¿Tú qué haces?
* No puedo dormir. Me duele terriblemente la espalda.
** ¿Por qué?
* Pasó algo. No les he contado.
** ¿Qué cosa? Espera, mejor te llamo.
* No puedo hablar porque despertaría a los chicos.
** ¿Cuáles chicos? ¿Qué pasó? Te voy a buscar y así hablamos mejor.
* Es una larga historia, pero, en resumen, no estoy en la casa y no tengo dinero.
** ¿Qué? ¿Cómo? ¿Por qué? ¿En qué hotel estás para ir por ti?
* En ninguno. Estoy en el departamento de Blaine.
** ¿Por qué? Espera, mi cita regresó. Voy a hablar con ella.
* No, no hagas eso.
** Como te dije, las cosas no van bien, y estoy seguro de que quiere irse.
*** Es la una de la mañana y me desperté con la vibración continua de mi celular porque a ustedes se les ocurrió conversar a esta hora —protestó Trevor—. Los quiero mucho, pero algunos tenemos que madrugar y si no me dejan dormir van a conocer mi lado malo.
* No es culpa de Bernie. No puedo dormir. Lo siento.
** Kurt se quedó sin dinero y está donde Blaine.
*** ¿Qué? ¿Cómo? ¿Kurt?
Luego de una extensa conversación en donde les contó lo que había ocurrido y en donde Trevor lo cuestionó por haber acudido con Anderson en lugar de con ellos, el decorador se levantó en busca de algo de comer ya que su estómago reclamaba furioso.
Tras tomar el sánduche que quedó horas atrás tapado con un plato, se apoyó en el mesón pensando en lo que su mejor amigo le había dicho y que ahora estaba desencadenando varias interrogantes. ¿Por qué Blaine fue su primera opción? ¿Por qué fue a buscarlo luego de lo que ocurrió? ¿Por qué aceptó quedarse en ese departamento?
—¿Qué sucede?
Aquella pregunta llegó acompañada por el toque de una cálida mano sobre su hombro, produciéndole diversas sensaciones.
—Tenía hambre —respondió dando la vuelta para toparse con el rostro somnoliento de Blaine, el cual era lo más adorable que había visto en mucho tiempo—. Gracias por guardármelo —agitó ligeramente la mano donde sostenía el emparedado.
El chico le sonrió a cambio y lo observó durante unos segundos.
—¿Estás seguro de que no ocurre algo más? No has dormido nada.
—Tengo mucho en qué pensar… Eh… ¿Cómo sabes que no he dormido?
—Me desperté un par de veces en el transcurso de la noche y te vi todo el tiempo en el celular.
—Conversaba con mis amigos acerca de lo que está pasando y… me ofrecieron que fuera con ellos.
—Entonces, ¿te vas a ir?
Los hermosos ojos dorados que tanto le gustaban se llenaron de pronto de desilusión, y su corazón punzó con un dolor inexplicable.
—No, no. Me voy a quedar.
—¿De verdad?
¡Cómo era posible que unos ojos fueran tan expresivos y cambiaran así de rápido!
—Sí —suspiró—. ¿Por qué me iría?
—Estarías mejor con ellos —elevó los hombros.
—Pero ahí no estarías tú.
¿Por qué había dicho eso? ¿Qué le pasaba? Sus dudas se esfumaron al ver la felicidad en el rostro de su amigo, y sonrió ampliamente.
Ambos estuvieron en silencio mirándose hasta que Blaine inclinó la cabeza hacia un costado y completamente sonrojado.
—D-deberías volver a la cama. Tienes que madrugar para ir a la panadería.
—S-sí, claro. Tú también deberías descansar.
—En cuanto termine de comer iré.
—Bien… Hasta mañana, Kurt.
—Hasta luego.
—Sí, es cierto. Hasta luego.
Ambos sonrieron y Blaine regresó a la cama, agitando su mano una vez que se acomodó.
Kurt movió los dedos en respuesta y suspiró.
¿Qué había sido todo eso?
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
Scott despertó con el sonido de la alarma y rascó su cabeza con pereza. Había días en los que deseaba dormir sólo un poco más, y ese era uno de esos.
Se estiró y bostezó varias veces antes de sentarse, sobresaltándose al ver a alguien en medio de las dos camas. Un insultó brotó de sus labios a la vez que llevaba una mano a su pecho al recordar de quien se trataba.
Blaine abrió los ojos, aunque con dificultad, y saludó a su amigo luego de estirarse.
—¿Y esa sonrisa? —preguntó Scott.
—¿Qué?
—¿Por qué te despiertas tan feliz? Sí, ya sé, la buena actitud es importante y todo eso que siempre dices, pero hoy te veo más feliz que de costumbre.
—Creo que será un buen día.
—Eso espero —se levantó y empezó a realizar varios movimientos para estirarse.
El tiempo pasaba y ambos se encontraban en medio de su rutina diaria cuando Kurt despertó y profirió un alarido, girando lentamente y llevando una de las manos hacia su espalda.
—Hoy voy a salir más tarde —dijo Scott ignorándolo—. Mi jefe quiere que lo acompañe a un lugar.
—Ah… Está bien —respondió Blaine con la mirada fija en Hummel y cómo se retorcía frotando sus músculos adoloridos.
Buenos días —dijo agachándose—. ¿Te ayudo a levantarte?
—No.
—Necesitas estirarte para que tu cuerpo se vaya relajando.
Kurt se sentó y exhaló con dificultad.
—No quiero ni puedo levantarme todavía —comenzó a mover la cabeza hacia los lados y los hombros de manera circular.
—Tenemos un aerosol que es para los dolores. Si quieres…
—No, gracias.
—Si cambias de opinión, en el baño hay un botiquín pequeño bajo el lavamanos, ahí está el frasco.
—Okay… Y Blaine… buenos días.
El de rizos asintió y comenzó a guardar sus cosas.
—Buenos días para ti también, Hummel.
El de ojos claros volteó en dirección del joven.
—Buen día, Scott —segundos después jadeó al moverse—. ¿Qué hora es?
—Muy temprano todavía —respondió Blaine—, pero en unos minutos nos vamos. Si quieres puedes usar mi cama.
—¿Qué, él no trabaja?
—Kurt es independiente, así que trabaja a su propio ritmo.
—¿O sea que si quiere se puede quedar todo el día durmiendo? —resopló por la nariz— Privilegios de gente rica.
—No empieces, por favor.
—¿Sabes qué? Ya estoy listo —tomó su mochila y se dirigió hacia la puerta principal—. Te espero abajo… Adiós Hummel.
—Que te vaya bien, Scott.
—Aah… Gracias —salió cerrando despacio.
—¿Estás seguro de que no quieres ayuda? —preguntó el menor.
—Tranquilo, yo me las arreglo. Una cosa nada más, ¿dónde puedo desayunar?
—Abajo, en la salita que te mencioné ayer hay agua caliente por si quieres prepararte un té. También hay café, pero tienes que bajar temprano ya que se termina rápido.
Para ir a comer está la panadería de don Giuseppe, que es la primera en atender. Más tarde abren un par de lugares. El más cercano está en la misma cuadra de la pizzería a la que a veces vamos, un par de locales más adelante. Ahí venden diferentes cosas, de seguro encuentras algo que te plazca.
El otro lugar vende desayunos específicamente, pero es más complicado de llegar y sería mejor que te mostrara donde queda ya que no conoces los alrededores y terminarías perdiéndote. A mí me pasó. Si quieres, cuando regrese puedo llevarte.
—Seguro… ¿No vas a ir al metro? —preguntó al ver que su amigo no había tomado la guitarra.
—Hoy no. Tengo que ir a varias partes —se colgó la mochila del hombro—. Nos vemos en la tarde.
—Que tengas un excelente día.
—Tú igual.
Blaine salió y ya en el ascensor, casi llegando a su destino, se dio cuenta de que se le estaba quedado el teléfono, así que regresó a buscarlo.
Al entrar encontró a Kurt de pie, apoyado en una de las sillas sobando su lumbar mientras siseaba. Se sintió mal por él y supo de inmediato que tenía que encontrar alguna forma de mejorar esa situación.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
El cansancio que sentía era demasiado grande debido a la mala noche que había pasado, y después de bajar por un té, Kurt decidió ir a dormir, posponiendo los planes para desayunar.
Con un gran bostezo puso a cargar su celular y observó la cama de Blaine. Era pequeña y temía caerse puesto que solía moverse mucho, pero definitivamente sería mejor que el famoso colchón de espuma.
Terminó su té y al acostarse gruñó decepcionado. No se parecía en nada a las camas a las que estaba acostumbrado, pero eso era lógico. ¿Qué estaba esperando? Con un nuevo bostezo cerró los ojos pensando que al menos era una cama.
El aroma a manzana verde lo relajó por un instante hasta que empezó a preguntarse de dónde provenía. De pronto entendió que venía de la almohada.
Inhaló con una sonrisa y suspiró recordando la primera vez que notó esa fragancia en los rizos oscuros. Manzana verde… Era inusual, pero ciertamente se estaba volviendo uno de sus olores favoritos.
Un sonido molesto lo hizo abrir los ojos con dificultad, volviéndolos a cerrar al instante para abrirlos segundos después y repetir el patrón varias veces hasta que no pudo resistir más y se sentó frotando su rostro.
El ruido provenía de su teléfono. Alguien lo estaba llamando, haciéndolo fruncir el ceño en descontento. Se estiró y tomó el aparato, viendo borroso el nombre en la pantalla antes de que sus ojos volvieran a cerrarse.
Una exhalación pesada brotó desde lo más profundo de su ser cuando el dispositivo empezó nuevamente a sonar.
"¡Qué manera de fastidiar tan temprano!" exclamó antes de contestar.
La llamada era de uno de sus proveedores de telas, quien quería saber qué había ocurrido ya que tenían que haberse encontrado a las once y él no se había presentado.
Luego de disculparse por lo sucedido y organizar otra cita, miró la hora. ¿Medio día? ¿En qué momento se había quedado dormido?
Con un resoplido se levantó. La espalda le seguía doliendo, pero siendo el agua caliente un buen relajante pensó que lo mejor que podía hacer era ducharse.
Con todos sus implementos se dirigió al baño, corrió la cortina con cuidado de no romperla, ya que le pareció delicada, y observó con el ceño fruncido el poco espacio que había. Era un pequeño rectángulo en donde se golpearía con una de las paredes si se moviera descuidadamente, y no había un lugar específico para colocar sus productos, sólo un organizador metálico con dos frascos y un jabón. Con una mueca acomodó sus cosas en el suelo y abrió las llaves para que la temperatura se fuera regulando.
Mientras tanto, salió en busca de su toalla y se quitó la ropa, dejando el pijama sobre la cama y llevando el interior al cesto.
Al verlo pensó que no era correcto que sus prendas íntimas estuvieran con las de los chicos ya que no había ese grado de confianza, pero, ¿tomarían a mal que él usara otra canasta? ¿Y dónde la colocaría si no había lugar para nada más en el pequeño armario?
Otro pensamiento apareció mientras caminaba de regreso al baño. ¿Dónde iba a guardar su ropa y todas sus cosas? El par de maletas que había llevado estaban en el paso y tampoco había donde ponerlas. Y eso no era todo lo que tenía ya que en el momento de rabia e indignación sólo había tomado lo que consideró más importante.
Acomodó su toalla en un costado y entró a la ducha, pegando un grito al sentir el agua helada.
"¿Qué rayos?" exclamó. Luego recordó que Blaine le había explicado que la llave del agua caliente estaba fallando así que debía girarla con fuerza hasta hacerla funcionar.
La cerró, la abrió, la presionó e intentó varias veces, sin embargo, el agua continuaba fría y sentía que se congelaba. Eso lo hizo alarmarse porque si así estaba en esa época del año, sería mucho peor cuando llegara el invierno, y no quería ni imaginárselo.
Toda su vida se había bañado con agua caliente y había dispuesto de ella en cada rincón de su casa por lo que le resultaba imposible concebir que fuera de otra forma, más estaba mojado por completo y no podía seguir perdiendo tiempo pues debía encontrarse con su proveedor y no quería llegar tarde luego de haberlo dejado esperando en la mañana.
Negando con frustración volvió a abrir el grifo mientras sus manos temblaban y se disponía a darse el baño más rápido de la historia, pero varios pensamientos cruzaron por su mente mientras tiritaba y jadeaba. ¿Qué es lo que estaba haciendo?
Scott tenía razón, podía haber pagado un par de noches en un hotel de lujo con el efectivo que cargaba, o haberle pedido ayuda a Trevor o Bernard y encontrarse en ese momento bajo un magnífico manantial de agua caliente después de haber dormido plácidamente en una gran cama, además de tener a su total disposición todas las comodidades a las que estaba acostumbrado.
"Estarías mejor con ellos", había dicho Blaine, y tal vez eso era cierto, en teoría.
"Pero ahí no estarías tú". Y esa era una verdad aún más grande.
Cuando tomó la decisión de quedarse, lo único en lo que pensó fue en pasar más tiempo con su amigo. El estar juntos cada día y compartir otros momentos lo emocionaron de una forma tal que no podía explicar.
Nunca le importó que fueran de "mundos distintos" porque lo que existía entre él y Blaine era especial, diferente, incluso lo podía calificar como mágico, y aquello realmente le gustaba, pero tal vez se había apresurado al dejarse llevar por sus emociones ya que en la noche el quedarse parecía la mejor de las ideas, sin embargo, ahora que estaba analizando las cosas detenidamente empezaba a sonar como algo irracional.
Mientras se vestía, los cuestionamientos divididos se fueron volviendo más fuertes haciéndolo debatirse entre lo que pensaba y lo que sentía, y eso lo llevó a recordar su relación con Dante. Trevor le había dicho al respecto que la razón y el corazón no siempre están de acuerdo y es ahí cuando se debe analizar todo fríamente, prestando mucha atención para lograr descubrir cuál de los dos es el que aporta un bienestar a largo plazo.
¿Sería capaz de adaptarse a una vida completamente diferente a la que estaba acostumbrado? ¿Renunciaría a todos sus lujos y comodidades?
Pero, ¿por qué hacer algo tan drástico cuando podían continuar como hasta el momento, con las largas conversaciones por teléfono, las visitas, las salidas y demás?
No era necesario que las cosas cambiaran, empero, él quería que pasaran más tiempo juntos y eso no sería posible si se marchaba.
¿Por qué era tan difícil tomar una decisión? Se trataba de irse con sus amigos; y estar mejor, o quedarse con Blaine; que también era su amigo y acomodarse. Debía ser simple, después de todo no era como si su futuro dependiera de ello.
