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CAPÍTULO 30:

"Haciendo descubrimientos"


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Blaine se bajó del bus llevando una bolsa de tela en la mano y empezó un recorrido que conocía bien, observando como siempre los alrededores a medida que avanzaba.

Un par de metros antes de llegar a su destino se detuvo para cerciorarse de que no hubiera nadie cerca, y luego aceleró el paso.

Tocó el timbre, no pudiendo evitar mirar varias veces a la residencia de al lado, sintiendo escalofríos. Había pasado tiempo desde el incidente ahí ocurrido, pero al recordarlo todavía se estremecía.

Tocó el timbre una y otra vez con pequeños intervalos y al no recibir respuesta se apoyó en la pared con un suspiro pensando en que debió preguntarle a su amigo si iba a estar ahí, y no sólo asumirlo.

Al bajar la mirada con resignación notó el jardín descuidado. El césped estaba largo y varias de las plantas marchitas. Era la primera vez que lo veía en esas condiciones así que colocó la bolsa a un costado y se dispuso a ayudar un poco.

—No tienes que hacer eso —dijo alguien al cabo de unos minutos—. Y menos sin ninguna protección en las manos.

Blaine volteó la cabeza rápidamente y vio a su amigo en el marco de la puerta.

—¡Ale! Pensé que no estabas —se enderezó.

—Me había quedado dormido. No sé cómo escuché el timbre.

—Disculpa por despertarte.

—No hay problema —negó con la cabeza ligeramente—. Deja eso ahí y ven, pasa.

Blaine caminó hacia la entrada y tomó la bolsa con cuidado de no soltar la maleza y hojas secas.

»De verdad no tenías que molestarte —extendió las manos para que le entregara las cosas—. Sé que el jardín está muy descuidado, pero no he podido hacerme cargo.

—No es ninguna molestia. Te puedo ayudar con eso.

—Gracias, pero…

—No hay peros. Puedo hacerlo antes de irme, y también venir entre semana para regarlo.

—No, en lo absoluto.

—Quiero ayudar, y puedo ser muy persistente, lo sabes.

—Ya veremos, cariño. Ahora dame esa basura y dime qué deseas beber.

—No, no. Ya no estés trajinando que te hace daño.

—Por ir a la cocina no me va a ocurrir nada ni se va a acabar el mundo.

—Yo puedo botar esto y coger el agua. Ve a sentarte.

—Sírvete lo que quieras, ya sabes que estás en tu casa. Y no te pongas como mi novio que no quiere que haga nada. Un poco más y no me deja levantarme de la cama.

—Primero, gracias. Y segundo, haz estado delicado de salud, es comprensible que te cuide.

—A veces exagera.

—Pues mejor que exagere y no que te desatienda —entró a la cocina con familiaridad—. Tienes un buen novio.

—Sí, lo sé —sonrió acomodándose en el mueble.

—¿Tienes que tomar alguna medicina?

—Todavía no.

—¿Quieres que te lleve algo?

—Agua nada más… Agg —resopló— yo debería estar atendiéndote.

—Estás enfermo y he venido a visitarte, así que ya compórtate.

El hombre rio ante las ocurrencias de su amigo.

—Está bien, voy a ser un buen paciente.

—Me parece correcto —sonrió meneando la cabeza ligeramente—. Cuéntame, ¿cómo te sientes?

—Mejor, aunque frustrado. Sabes que me despidieron por faltar dos días, y obviamente no he podido salir a buscar empleo.

—No entiendo cómo puede haber gente tan indolente. Si no te presentaste a trabajar fue porque estabas enfermo no porque se te ocurrió quedarte durmiendo o porque te fueras de vacaciones —se sentó entregándole un vaso—. Tu novio hasta llevó los papeles del médico.

—Los recibieron y todo el protocolo, pero igual me sacaron. Lo que me entristece es que nos quedamos sin ese ingreso, y lo necesitamos. Más ahora con todos los gastos en medicinas y consultas.

—Entiendo bien cómo es eso, pero por el momento debes enfocarte en tu recuperación.

—Te llevarías tan bien con mi novio. Eso es exactamente lo que me dice, y sé que tiene razón, sin embargo, me desespera esta situación porque me siento tan agotado que apenas si puedo realizar alguna tarea de la casa, y no es justo que él trabaje tanto todo el día y que al llegar tenga que encargarse de las demás cosas.

—Te puedo ayudar saliendo del trabajo.

—Siempre tan considerado, pero no voy a permitir que después de tu jornada vengas desde tan lejos para encargarte de algo que no es tu responsabilidad.

—Mis amigos son importantes para mí, y no me molesta ni tengo ningún problema en estar a su lado cuando me necesitan.

—De verdad eres un ángel, Blaine.

El chico sonrió y se levantó repentinamente.

—¡Me estaba olvidando! Te traje algo de fruta. Voy a lavarla.

—Gracias, dulzura, pero no debiste gastar. Necesitas ese dinero.

—Tranquilo, Ale. Tengo muy bien hecho mi presupuesto. Y deja de darme las gracias.

Una vez que lavó y acomodó todo, incluyendo varios platos y sartenes, regresó al mueble para seguir conversando y conforme el tiempo fue pasando, varios temas surgieron.

—¿Y entonces? —preguntó el mayor— ¿Tu amigo se va a quedar permanentemente?

—Eso creo. Al menos fue lo que dijo, aunque lleva unos días con nosotros y no se está adaptando. Sí, ya sé que es poco tiempo, pero lo veo batallando, y es que todo es tan distinto a lo que está acostumbrado… Sólo espero que logre hacerlo y que no quiera irse.

—¿Y ese suspiro?

—¿Ah?

—Él te gusta, ¿cierto?

Blaine se sonrojó y miró hacia un costado.

—S-somos a-amigos.

—Acabas de contestar mi pregunta.

—¿Qué? No.

—Si no te gustara, no te habrías puesto nervioso.

—Amm…

—Oye, no tiene nada de malo.

—Ya sé, pero somos amigos y eso es todo.

—En ocasiones las cosas pasan de esa manera. Elli y yo fuimos amigos durante un largo tiempo antes de que empezáramos a salir, y ya llevamos juntos más de diez años.

—¡Eso es increíble! Me alegro tanto por ti.

—Gracias. Él es la persona más maravillosa que he conocido y, aunque las cosas no siempre han sido fáciles debido a diferentes circunstancias, hemos encontrado la manera de seguir adelante con una relación muy sólida.

—Por todo lo que me has contado, se nota que te ama mucho. Que se aman —suspiró—. Espero algún día tener eso.

—Así será, cielo. Mereces a alguien que te ame y te haga muy feliz —notó la forma en la que el de rizos sonrió mientras se volvía a sonrojar—. Y quien viene a tu mente al pensar en ese alguien, es tu amigo.

—Tal vez —se mordió la esquina del labio.

—Diría que es un sí rotundo, dulzura.

—Da igual, somos amigos y no creo que eso vaya a cambiar.

—¿Por qué?

—No sé si sigue enamorado de su ex o qué siente con exactitud, pero dice que no está interesado en otra relación ni quiere saber nada del amor.

—Bueno, es normal que se sienta así en este momento. El corazón necesita tiempo para sanar y volver a confiar, mas no significa que no vaya a enamorarse nuevamente.

—Tienes razón —exhaló—. Aunque a veces me resulta un poco confuso su comportamiento.

—¿Por qué?

—Porque dice que no le interesa estar con nadie, sin embargo, hay ocasiones en las que me mira de una forma diferente. No sé cómo explicártelo, pero es una forma especial que hace que se me acelere el corazón… y estoy casi seguro de que a él le pasa también.

—¿Y en qué momento sucede eso? ¿Es por algo específico o es aleatorio?

—En diferentes momentos, aunque más cuando conversamos acerca de nosotros o del futuro. A veces sigue hablando; pero se pone nervioso, otras, se queda callado sin apartar sus ojos de mí y suspira o me sonríe.

Tenemos una conexión como amigos, ha sido así desde que nos conocimos, pero cuando pasa esto de lo de las miradas, siento que esa conexión cambia… No sé, es como más fuerte, más profunda.

Hay otras ocasiones en las que me toma de la mano o se acerca mucho a mí y… ¡Rayos! ¡No puede ser!

—¿Qué pasa?

—Estoy pensando que tal vez son cosas normales para él y las estoy viendo de otra forma. Él es muy dulce, cariñoso, amable y quizá estoy interpretando eso mal… Ya sabes, como cuando te dicen que creaste una película en tu cabeza porque es en tu mente el único lugar en donde está sucediendo todo.

—Es una posibilidad, sobre todo porque te gustaría que él sintiera lo mismo que tú, pero también podrías estar en lo cierto, a pesar de que él no lo haya notado todavía. Es cuestión de analizarlo.

—¿Y cómo lo hago?

—Poniendo atención a la manera que tiene de comportarse con sus otros amigos y contigo para que puedas comparar si hay alguna similitud o no es una buena forma.

—No conozco a nadie de su círculo para poder hacer un análisis. Lo he visto en su trato con otras personas y siempre es amable y respetuoso, pero no es lo mismo.

—¡Oh! Claro, entiendo. Y tienes razón, no es lo mismo.

—¿Es posible decir que se quiere estar solo e igual sentir algo por alguien?

—Totalmente, sobre todo cuando has salido de una relación complicada. A veces puedes tener una lucha interna por esa situación ya que pasaste por cosas muy difíciles con tu ex que no quieres que se repitan, y pensar en estar con alguien más puede incluso producirte ansiedad, temor, inseguridad, aunque haya un nuevo sentimiento surgiendo.

—¡Oh! No tenía idea de que fuera así después de una ruptura.

—¿Nunca has tenido novio?

—S-sí, sí tuve uno, pero no creo haberme enamorado, o al menos no intensamente. Me atraía, me gustaba estar a su lado, me preocupaba por él, lo quería y todo eso, pero decir que lo amaba y que teníamos una relación como en las películas o como la que tienes con tu novio, no.

Supongo que eso se va dando con el tiempo, y nosotros estuvimos juntos tres meses. ¿Es tiempo suficiente para enamorarse? —elevó los hombros haciendo un gesto mientras movía la cabeza— En todo caso, él se fue y aunque lo extrañaba, estaba feliz porque sabía que tendría una mejor vida.

—¿Y por qué se fue?

—Una familia lo adoptó.

Es difícil que algo así suceda porque casi nadie quiere a un adolescente. Las parejas buscan bebés o niños pequeños. Incluso no muchos se fijan en niños grandes porque dicen que es complicado, que ya tienen una personalidad definida, costumbres distintas a las suyas y así por el estilo, y es peor todavía con los adolescentes. Pero hubo una pareja que por alguna razón quería un hijo grande y durante las visitas hicieron conexión con él.

—Y ese adolescente era tu novio.

—Exacto. Cuando me contó, comprendí que no lo volvería a ver y me sentí triste por eso, pero a la vez estaba muy feliz porque era algo que él anhelaba.

Tuvimos una experiencia bonita, sin embargo, pienso que, si hubiera estado enamorado, me habría dolido mucho su partida.

Con mi amigo es diferente. A más de quererlo, preocuparme por él y todas esas cosas, hay más que no sé cómo explicar. Está constantemente metido en mis pensamientos, todo tipo de emociones me invaden cuando estamos juntos y cuando está lejos, lo extraño.

Hubo un tiempo durante el cual se tuvo que ausentar, y no saber nada de él me dolió mucho y… Es que no sé cómo expresar lo que me pasaba.

—Te gusta, eso ya lo establecimos, pero me parece que estás desarrollando sentimientos por él que van más allá de la amistad y el cariño.

—¿Tú crees?

—Por lo que me dices, sí.

—Me alegra tanto poder hablar contigo de estas cosas.

—De esto y de todo lo que quieras, Blaine.

—Gracias —sonrió—. ¿Sabes? A veces es difícil porque no tengo a nadie más.

—¿Qué hay de tu mejor amigo?

—Él es genial y conversamos de todo —suspiró—, pero no puedo hablarle acerca de lo que me está pasando porque no lo entendería… Ni siquiera querría escucharme.

—¿Por qué? Obviamente él sabe que eres gay, ¿cierto? Es tu mejor amigo.

—Sí, claro que sabe y siempre me ha apoyado. En alguna ocasión hasta intentó conseguirme un novio. Ese no es el problema con él sino su rechazo…

—Hacia tu otro amigo.

—Correcto.

—Sí, sí, recuerdo que has mencionado eso en un par de ocasiones, y ya entendí. Pero no te preocupes, cariño, que puedes hablar conmigo en todo momento.

—Estoy muy agradecido de haberte conocido y de que seamos amigos —sonrió.

—También me alegra, y mucho —le devolvió la sonrisa.

—Y ya que topamos el tema de ellos dos, no sé cómo hacer para que Scott se calme. Ya le pedí que dejara tranquilo a mi amigo, y por momentos trata de llevar la fiesta en paz o simplemente lo ignora, pero luego empieza a criticarlo por todo o a hacer comentarios negativos.

—Sería bueno que tuvieras otra plática con él porque ahora que están viviendo los tres juntos, es importante que ponga de su parte para que haya armonía.

—Lo hago. Hablo con él todos los días y se enoja conmigo por eso, aunque se le pasa enseguida.

Scott es muy bueno. No quiero que tengas una idea equivocada. Es leal, generoso, muy protector. De esas personas con las que sabes que puedes contar sin importar qué, pero también es bastante cerrado, impulsivo y no les da cabida a otros con facilidad.

—Suena a que ha tenido una vida dura.

—No conozco todos los detalles de su pasado ya que no es algo de lo que le guste hablar, aunque por lo poco que me ha contado, sí sé que su vida siempre ha sido muy complicada. Pero, ¿cómo sabes eso?

—Por lo que describes. Cuando has tenido una vida llena de conflictos y personas que te han hecho daño, es difícil confiar y dar apertura a quienes te rodean.

Mi novio era igual cuando lo conocí, y fue un largo camino antes de poder ser amigos.

—Pero… siempre me lo has descrito como una persona dulce, cariñosa…

—Lo es. Es el ser más extraordinario, generoso y todas las cosas que te que dicho. Alguien muy diferente a quien solía ser. Y no que antes no fuera una buena persona, siempre lo ha sido, pero no le daba apertura a nadie, y me resultaba difícil comprenderlo.

Con el tiempo entendí que a veces las circunstancias obligan a las personas a construir corazas a su alrededor para intentar mantenerse a salvo. No es que sea una regla general, porque como dicen, cada persona es un mundo, sin embargo, usualmente quienes se muestran impenetrables, carentes de sentimientos, distantes y ese tipo de cosas es porque han sufrido mucho y esa ha sido la única forma que encontraron de levantarse y seguir adelante manteniéndose a salvo. Y como son pocos a los que les dan cabida, se vuelven muy protectores porque no quieren que padezcan lo mismo que ellos.

—Oh… ¡Guau! No lo había visto de esa forma.

—Lo que puedo aconsejarte es que les des tiempo a los dos. A Scott para adaptarse a la idea de que ahora hay alguien más en tu vida que, aunque ha formado un lazo contigo, no está ahí para robarle tu amistad.

Para él debe ser compleja la situación y tal vez a eso se deba parte de su rechazo.

—En algún momento sí me dio la impresión de que estaba algo celoso, pero hablé con él y creí haberle dejado claro que nada ni nadie afectaría nuestra amistad. Mas lo que dijiste… Realmente estoy sorprendido y voy a hacer algo al respecto.

—Eso es bueno. También puedes ayudarlos a interactuar. Empezar con pequeñas actividades que realicen los tres juntos para que se de cuenta de que ni tú lo estás excluyendo ni tu tampoco intenta apartarlo de ti.

Y una última cosa, no te olvides que la comunicación es la base para toda buena relación, sin importar de qué tipo sea. Vuelve a hablar con él las veces que sean necesarias, escucha con atención lo que tiene que decir y pídele que haga lo mismo contigo. Incluso, cuando consideres que el momento es adecuado, una plática entre los tres sería ideal.

—Todo eso suena bien. Va a ser un tanto complicado, pero vale el esfuerzo.

—En cuanto a tu otro amigo, él necesita tiempo para adaptarse al cambio. No lo presiones, y si es posible, ayúdalo a encontrar alternativas para que se sienta más cómodo, pero todo dentro de los límites.

Fue su decisión quedarse contigo, y obviamente no es igual estar en un departamento que en una casa, así que debe hacerse a la idea, y si no puede encontrar su lugar ahí, es mejor que se vaya, aunque no te guste como suena.

Por otro lado, no te desesperes y deja que su corazón encuentre la calma que necesita para superar el pasado y seguir adelante.

Cada persona tiene un proceso diferente y el tiempo que le toma también varía, pero una vez que consigue avanzar es capaz de ver con claridad todo a su alrededor, y cuando él llegue a ese punto podrá entender sus sentimientos, y, por qué no, quizá surja entre ustedes la posibilidad de tener algo más.

Permite que las cosas tomen su curso y no las presiones, cariño. Lo peor que puedes hacerle a una persona que acaba de salir de una relación difícil es forzarla para que se involucre con alguien más.

He visto tantas veces esa situación en donde una persona termina su relación y los amigos y familiares empiezan a buscarle a otra pareja con la idea de que debe salir a divertirse porque no vale la pena sufrir por nadie, que eso la hará olvidar y toda una lista de razones, sin embargo, no es así como funciona, salvo raras excepciones.

—¿Qué hay con lo de un clavo saca a otro clavo?

—No es cierto, dulzura. Sólo piensa en ello. Imagina que hay una pared frente a ti y en ella encuentras un clavo que fue puesto a profundidad. Tal vez está al ras de la pared o existe un espacio minúsculo, como sea, no hay forma de que lo saques con un tirón porque tus dedos ni siquiera pueden sujetarlo así que vas por otro clavo para intentarlo.

Puedes usar la punta, la cabeza o el centro y tratar de todas las formas posibles, y aún así no lograrás removerlo, pero lo que sí va a pasar es que terminarás lastimándote las manos, cansado y posiblemente frustrado y hasta enojado con ese clavo que no tiene la culpa de nada porque fuiste tú el que quiso forzarlo.

Blaine permaneció en silencio, pensativo, hasta que exhaló despacio asintiendo.

—Nunca lo había visto así de claro. Gracias, Ale. Me has ayudado más de lo puedas imaginar. Voy a tomar en cuenta todo lo que me has dicho.

—Siempre es un placer, cariño —le sonrió—. Ya sabes que puedes venir, llamarme, enviarme mensajes, lo que sea más fácil para ti. Cuentas conmigo siempre.

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Scott llegó al departamento y encontró a Kurt sentado en la silla utilizando el secador de cabello. Con un resoplido se dirigió al baño y cerró la puerta.

No pasaron ni cinco minutos cuando salió furibundo con una toalla envuelta en la cintura y desconectó la secadora de un tirón.

—¿Qué te pasa? ¿Por qué haces eso? —protestó Kurt.

—¡A ti qué te pasa! ¡Te gastaste toda el agua caliente!

—Lo que hice fue bañarme.

—¡Pero te corresponde un tiempo determinado!

—Me dijiste que disponía de diez minutos de agua caliente, pero no es cierto. Mientras estuve en la ducha nunca dejó de salir, así que no entiendo tu…

—¡Ese es el tiempo que tienes y debes respetarlo! —bramó.

—¡No me grites! —elevó la voz.

—¿Cómo quieres que no grite si no te importa nada ni nadie que no seas tú?

¡Fui bien claro al decirte que nos bañábamos cuando estamos todos aquí porque en el momento en el que se abre la llave, el agua caliente sale por media hora y luego se acaba!

—¿Cómo puedo saber cuando dices la verdad si siempre me estás molestando?

—¡Escúchame bien! ¡Son treinta minutos que Blaine y yo teníamos repartidos y que ahora estamos compartiendo contigo, y si lo hago es sólo por él, porque de lo contrario no le quedaría casi nada de tiempo!

¡Te dije que tenías diez minutos de agua caliente y…!

—¡Eso es ridículo! Lavarme el cabello me toma más tiempo.

—¡Eres la persona más egoísta y miserable que he conocido! —gritó empujándolo.

—¿Estás loco? —se levantó furioso— ¡Casi me tiras de la silla! ¿Y cómo te atreves a decirme esas cosas?

Golpes fuertes en la puerta hicieron que los dos hombres se callaran y el menor fue a abrir.

—¿Qué es lo que les pasa? —preguntó en tono severo una mujer agestada— ¿Cuál es el escándalo? ¡Los gritos se escuchan por todo el corredor! ¡Aquí vivimos personas decentes!

Scott luchó con la rabia interna que sentía. Si bien la mujer tenía razón, no la soportaba porque se había quejado de él y de Blaine desde el día en que se mudaron y siempre trataba de hacerles la vida imposible.

—Lo siento, señora Smith —aquellas palabras quemaron su garganta—. No volverá a suceder.

—¡Más te vale o voy a denunciarlos con la administradora por disturbio para que los eche de aquí! —se dio la vuelta con aires de superioridad y se alejó.

Scott apretó con fuerza los puños y se contuvo para no aventar la puerta.

»¿Te das cuenta lo que provocas? —gruñó mirando a Hummel con rabia— No sólo eres un miserable sino que lo único que provocas a tu paso son problemas —resopló y se encerró en el baño.

Kurt sacudió la cabeza, exhalando con enojo y pateó la silla un par de veces hasta tumbarla.

Minutos más tarde una notificación llegó a su teléfono.

• Hola Kurt. ¿Qué tal tu día?

•• Blaine, hola. Regular, ¿y el tuyo?

• Un poco cansado, pero bien. ¿Qué te pasó?

•• Nada importante. ¿Ya vienes?

• No. De hecho, te escribo para avisarte que llegaré tarde porque estoy con un amigo.

•• ¿Le pasó algo?

• Sólo necesita ayuda con unas cosas.

•• Oh, está bien.

• Si quieres usa mi tiempo de agua caliente y la cama. No estoy seguro de a qué hora voy a regresar.

•• Entiendo, y gracias.

Ten mucho cuidado y avísame por favor cuando estés cerca.

• Seguro, lo haré. No te preocupes.

•• Es imposible no hacerlo, Blaine.

• Ten una excelente noche y cuídate también. No salgas muy tarde a comer y procura no alejarte.

•• Claro, descuida.

• Me tengo que ir. Un abrazo.

•• Otro más fuerte para ti.

Kurt contempló con una sonrisa el celular durante varios segundos antes de dejarlo a un costado, olvidándose por completo de lo sucedido anteriormente.

Con un suspiro acomodó la silla y conectó el secador.

Scott finalmente salió y se vistió sin mirar al diseñador, haciendo una mueca por el sonido del aparato.

—Me voy a comer —dijo en tono serio después de frotar un poco su cabello con la toalla—. Cuando regrese espero que hayas terminado con tu escándalo.

Una hora más tarde volvió y encontró el lugar vacío, por lo cual dio gracias.

Dejó encima del mesón un recipiente con comida que había llevado para Blaine, fue a lavarse y se acostó llevando un libro.

Conforme avanzaba en la lectura sus ojos comenzaron a cerrarse por el cansancio, a pesar de ser temprano.

Cuando despertó, la luz seguía encendida, el libro en el suelo y un completo silencio reinaba. Frotó sus ojos y miró el reloj. Las ocho y veinte de la noche y ningún rastro de su amigo. Por un instante se preocupó por que no hubiera llegado todavía, pero la idea de que había salido con Hummel se hizo presente, así que se dio la vuelta y siguió durmiendo.

Las ganas de ir al baño lo despertaron nuevamente. Al regresar notó que la luz principal había sido sustituida por la pequeña de la esquina y había un bulto en la cama de Blaine cubierto de pies a cabeza.

Tranquilo cerró los ojos, no tardando en abrirlos. ¿Por qué estaba encendida la luz? Se inclinó hacia el frente con curiosidad y vio el puesto de Kurt vacío. Su mirada se dirigió veloz hacia el reloj. Eran las diez y media.

Con un gesto se acostó dispuesto a seguir durmiendo, pero varios pensamientos cruzaron por su mente.

¿Qué hacía Hummel en la calle a esa hora? ¿Es que no entendía nada de lo que se le explicaba? En fin, ya era un adulto y sabía lo que hacía.

Pero para este la zona era relativamente nueva y quizá estaba desubicado. Si durante el día se había perdido ya en dos ocasiones, peor en la noche… Negó con la cabeza tratando de despejarse. No era su problema. No tenía por qué preocuparse por un idiota desconsiderado.

Había ciertos sectores que se volvían peligrosos a esa hora y ser un extraño sumado a su apariencia lo convertían en un blanco fácil… No era su problema se repitió, a él ni siquiera le agradaba, así que debía dejar de pensar y seguir durmiendo. Blaine siendo su amigo descansaba tranquilo.

¡Mierda! ¡Mierda! ¡No podía apartarlo de su mente!

Refunfuñando se levantó y sacó del armario su abrigo, asegurándose de guardar las llaves en el bolsillo una vez que salió. Sólo daría una pequeña vuelta alrededor del edificio.

Pero por qué lo hacía, se cuestionó si Kurt no se merecía nada bueno.

Cuando el ascensor llegó a la planta baja, se dirigió hacia la recepción con la esperanza de encontrar a Andy. Él siempre estaba informado de todo. Para su decepción, quien se encontraba en el mostrador era Becca.

—Hola, Buenas noches.

—Scott, buenas noches. ¿En qué te puedo ayudar?

—¿De casualidad has visto al amigo de Blaine?

—¿Cuál amigo?

—El que se está quedando con nosotros.

—¿Hay alguien viviendo con ustedes? ¿Eso se puede?

Scott se mordió el labio. No sabía si era permitido que otra persona se quedara en el departamento, pero confiando en lo despistada que era Becca, respiró tranquilo.

—Sí, por unos días nada más.

—Oh, ya. Entiendo.

—Bueno, ¿lo has visto?

—No sé de quién me hablas.

—El amigo de Blaine, el que venía a visitarlo —La chica parecía no tener idea—. El alto, blanco… —Becca se rascó la cabeza con un dedo mientras pensaba— El que tiene pinta de rico.

—¡Ah! ¡El chico guapo de ojos azules! —sonrió.

—¿Lo has visto?

—Salió temprano. Me preguntó por un lugar cercano para ir a comer.

—¿Y a dónde lo mandaste?

—Al restaurante de Manolito. Es lo que queda más cerca.

—Gracias —dijo cerrándose bien el abrigo antes de salir del edificio. Por primera vez la chica había sido de ayuda.

A paso rápido avanzó hacia el local, observando con atención los alrededores por si acaso Kurt anduviera por ahí.

Veinte minutos de búsqueda habían sido suficientes. No había rastro del decorador y él ya no soportaba el frío.

Al entrar al edificio fue directo al área del fondo para prepararse un café o un té, lo que fuera que encontrara mientras estuviera caliente.

—Él regresó como a la media hora.

Scott volteó al escuchar la voz de la chica.

—¿Qué cosa?

—El de los ojos divinos que andas buscando. Regresó después de media hora.

—¿Por qué no me dijiste eso antes?

—Me preguntaste si lo había visto y a dónde lo mandé a comer.

—Pero… viste que salí…

—Pensé que ibas a comprar algo.

—Te… Es… —haciendo una mueca avanzó hacia el ascensor— No lo puedo creer… —a medio camino se detuvo y giró en dirección de la chica. Era mejor cerciorarse— De casualidad, ¿volvió a salir?

—No tengo idea. Estaba viendo mis novelas.

Okay —presionó con fuerza el vaso desechable y continuó caminando.

Eso era lo que conseguía por meterse en asuntos que no le incumbían, pensó al subir al ascensor.

Ya en el departamento terminó su bebida y se metió a la cama, envolviéndose completamente. No tenía por qué preocuparse por alguien a quien no toleraba. Era absurdo que hubiera salido a buscarlo.

Cerró los ojos repitiéndose que no era su problema lo que Hummel hiciera o le pasara. Había aprendido la lección.

Varias notificaciones sonaron y rezongó con molestia. Blaine se había olvidado de apagar ese aparato y… Un momento, ese no era el sonido de su teléfono sino el de…

Se sentó bruscamente y miró con el ceño fruncido la cama de su mejor amigo.

Otra notificación sonó y una mano pálida apareció entre el cobertor para tomar el dispositivo.

Los ojos del muchacho se abrieron con incredulidad. No era posible.

Se inclinó y le dio un tirón al cobertor.

—¿Qué rayos haces en la cama de Blaine?