.
CAPÍTULO 31:
"Complicaciones inesperadas"
.
Kurt lo miró aturdido con el único ojo que había logrado abrir y siguió tanteando en busca de su teléfono.
—¿Qué te pasa? —gruñó arrastrando las palabras.
—¡Te hice una pregunta! —dijo Scott con rabia— ¿Por qué estás en la cama de Blaine? ¿Él dónde está?
—¡Blaine! —abrió los ojos y se sentó rápidamente, revisando las notificaciones.
—¡Contéstame!
—No me hables en ese tono —advirtió Kurt y se frotó el rostro.
—¡Dime dónde está Blaine! ¿Es él? —preguntó cuando el celular volvió a emitir un sonido.
—Sí.
—¿Qué le pasó? —su enojo se transformó rápidamente en angustia— ¿Por qué no ha llegado?
—Estaba ayudando a un amigo, pero ya viene —respondió estirándose.
—¿Cuál amigo?
—No sé.
—¡No me digas que no sabes cuando es obvio que estás al tanto de lo que ha estado haciendo!
—¡Ya te dije que no me hables en ese tono!
—¡Y a mí no me ocultes cosas! ¡Si Blaine te dice que va a llegar tarde, tienes que contarme! —rezongó— ¡No puedes quedarte callado con ese tipo de información! ¿Qué es lo que te pasa?
Hummel frunció el ceño y lo miró con molestia.
—¡No tengo ninguna obligación contigo, así que déjame en paz!
—¡Vives es mi departamento!
—Primero, también es el departamento de Blaine, y él me invitó a quedarme. Segundo, que esté aquí no me obliga a nada contigo.
Scott lo miró de arriba abajo y negó ligeramente, haciendo un gesto.
—Eres una mierda de persona… Y pensar que me preocupé por ti.
—¿Tú preocupado por mí? ¡Por favor!
—No veo el día en que te largues de aquí o que Blaine se de cuenta de quién eres en realidad para que te saque a patadas —se cuadró frente a él de forma desafiante.
—¿Cuál es tu problema conmigo, Scott? —se levantó con el pecho erguido y la mirada firme— ¡Jamás te he hecho nada para que me trates con tanto desprecio!
—¡El simple hecho de que estés aquí incomodándonos es…!
—¿Incomodándote? ¿Qué has hecho por mí o en qué te ha afectado mi presencia aquí?
—¿Es una broma? ¡Estás tan acostumbrado a que el mundo gire a tu alrededor que ni siquiera notas a los demás! ¡Crees que todo siempre tiene que ser tú, tú, tú, y el resto te importa un carajo!
—¡No sabes nada de mí o de mi vida para que puedas juzgarme o decir esas cosas!
—¡Me basta con lo que veo a diario! ¡Además, la gente como tú…!
—¡Estoy harto de escucharte decir que la gente como yo es tal o cual cosa! ¡Lamento que tu situación económica y tu vida hayan resultado complicadas y que tal vez conocieras gente de dinero que te hiciera daño, pero eso no es mi culpa, así como tampoco soy el responsable de que seas un resentido social!
El celular interrumpió el incómodo momento y Kurt desvió la mirada hacia la pantalla.
Sin decir nada se dirigió hacia la silla en donde estaba su abrigo, lo agarró y salió del lugar.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
Blaine estaba agradecido de que su amigo le hubiera prestado un suéter porque la temperatura había descendido rápidamente, al punto que sus dientes castañeaban.
Una vez más frotó sus manos luego de enviar un mensaje y suspiró no pudiendo dejar de pensar en la manera en la que resultaron las cosas.
Cuando se ofreció a ayudar a Alejandro no se imaginó que estaría por tantas horas en su casa, pero no por todo lo que hubiera que hacer sino porque este de pronto se sintió mal y no quiso dejarlo solo ya que a su novio le había salido trabajo extra que no podía rechazar.
Aquella situación, a pesar de no ser la idónea le dio la oportunidad de conocerlo finalmente, y aunque hablaron poco luego de que este llegara, notó de inmediato que era un sujeto muy agradable y vio gratamente la forma en la que corrió a atender a su pareja al saber de la recaída que había tenido.
Si bien su amigo le había contado en varias ocasiones lo bueno y atento que era su novio, una cosa era escucharlo y otra haberlo presenciado.
Incuso se sorprendió cuando este se ofreció a pagarle un taxi para que llegara pronto a su hogar.
—Me gustaría llevarte, pero no quiero dejar a Ale solo con la fiebre tan alta que tiene.
—¡Oh no! Yo no lo permitiría tampoco. Tienes que estar con él. Por mí no te preocupes.
—A esta hora ya no pasan buses cerca. Tienes que caminar hasta la avenida principal para poder conseguir uno y puede ser tardado. El barrio es seguro, pero…
—De verdad, no tienes que preocuparte por mí. Ve con Ale que es quien te necesita.
—Por lo menos déjame pagarte el taxi.
—No tienes que hacer eso. Prefiero tomar el bus. Me siento más seguro ahí que yendo en un vehículo con un sujeto al que no conozco… ¡Lo siento! ¡No quise ofenderte! Es sólo que se escucha cada historia y…
—Está bien, no me ofendes. Realmente comprendo tu sentir porque han ocurrido cosas que nos hacen quedar mal a todos y que la gente desconfíe.
—De verdad lo lamento.
—Descuida. Y para tu tranquilidad me refería a un servicio de taxi particular. Puedo llamar a uno de mis compañeros para que te lleve y puedas llegar más rápido y seguro.
De haber aceptado ya estaría en su departamento durmiendo, lo cual habría sido increíble porque se sentía sumamente agotado, en cambio, estaba sentado en un bus frío dando vueltas hasta llegar a su destino, preguntándose si era necesario que el chofer hiciera todo el recorrido cuando sólo había recogido a tres personas hasta el momento. Pero no hubiera sido correcto aceptar ese dinero cuando sabía que su amigo y su novio lo necesitaban. No en vano el segundo trabajaba tanto como fuera posible para conseguirlo.
Sus ojos comenzaron a cerrarse y apoyó la cabeza contra el helado vidrio, rogando no quedarse dormido.
Su celular vibró, sobresaltándolo, y vio con felicidad que estaba cerca de la parada donde debía quedarse. Sacó el dispositivo de su bolsillo y sonrió al leer el mensaje. Kurt estaba en la entrada del edificio esperándolo.
• Tuve que tomar un bus diferente así que me quedo más lejos, pero en unos minutos me bajo.
•• Dime dónde para ir a buscarte.
• No. Te podrías perder. Además, es peligroso que andes solo por las calles a estas horas.
•• También es peligroso para ti, Blaine, por eso quiero ir a buscarte.
• ¿Me vas a proteger?
•• ¡Siempre!
• Mi héroe ️
•• Jaja, muy gracioso.
• Ya no puedo escribir. Voy a llegar a la parada.
•• Ten mucho cuidado.
Tras leer el texto escondió el teléfono dentro de su ropa interior y se acomodó el suéter lo mejor posible para ocultarlo.
Al bajarse del bus metió las manos en los bolsillos y observó en todas las direcciones antes de empezar a caminar.
El frío era implacable, haciéndolo detenerse más veces de las que hubiera querido, pero necesitaba regular su respiración, y el camino se volvía eterno.
De pronto divisó a unos sujetos fumando arrimados a un árbol, y un escalofrío le recorrió la espalda. No estaba seguro de cuántos eran, pero estaban escondidos o tal vez intentando mantenerse en calor, siendo la única evidencia el humo que exhalaban.
Avanzó a paso firme sabiendo que estaba muy cerca para ir hacia otro lado sin que fuera sospechoso. Además, las calles estaban desoladas y no había ningún local abierto a donde dirigirse.
—Oye… —dijo uno de los sujetos cuando cruzó cerca del árbol— ¿tienes para un café?
Blaine siempre llevaba monedas en los bolsillos, así que se detuvo y tomó las que pudo. Por el tono de la voz sabía que ignorar a esos sujetos no sería nada bueno, pero tampoco podía demostrar miedo.
—Claro, toma —dijo intentando sonar tranquilo y confiado mientras extendía la mano.
—Prefiero algo más sustancioso —dijo un segundo sujeto sin dejar su escondite.
Anderson tomó las últimas monedas y se las entregó al hombre que estaba a su lado.
—Es todo lo que tengo —sacó la parte interna de su bolsillo para mostrar que no le quedaba nada—. Espero les alcance.
—Vamos, chico. Debes tener más. ¿Qué hay con el otro bolsillo?
—Sólo mis llaves —las sacó y repitió la acción anterior.
—¿Y tu billetera?
—No tengo. ¿Para qué la necesito si lo único que llevo son monedas?
—¿Alcanza? —preguntó el del árbol, exhalando todo el humo de su boca.
—Para un par de cafés quizá.
—Hay un local muy económico en la siguiente cuadra. Tal vez todavía esté abierto y puedan conseguir algo.
—Mmm… ¿No crees que es muy tarde para que un niño de tu edad esté en las calles? —el sujeto se acercó más y tiró la colilla en el suelo.
—Aparento menos años que los que tengo. Y mis amigos me están esperando más adelante. Los llamé antes de salir y ya debería haber llegado.
—¿De verdad? —preguntó con burla el segundo sujeto, saliendo de detrás del árbol.
—Así es.
—Tal vez deberíamos acompañarte.
—No es necesario, pero lo agradezco.
Los dos sujetos empezaron a rodearlo cuando se escuchó una voz acercándose.
—¿Blaine?
—Sí, ahí voy —elevó la voz manteniendo la calma—. ¿Vienen todos a buscarme? Ya sé que me tardé, pero estoy llegando.
—Ah… sí… Todos estamos aquí —contestaron enseguida.
El hombre que le tapaba el paso miró a su amigo y luego de que este le hiciera una seña, se movió hacia un costado.
—Gracias por las monedas.
—Seguro. Disfruten el café —continuó su camino sintiendo las miradas de los sujetos fijas en su espalda.
Antes de que se diera cuenta, Kurt estaba frente a él.
—Blaine, ¿qué fue eso de…?
—No hagas preguntas y camina confiado.
¡Chicos, aquí estoy! —elevó la voz agitando la mano en el aire como si estuviera saludando— ¡No sufran más!
Kurt miró en silencio a su amigo sin entender nada, pero siguió caminando, acelerando el paso cuando este lo hizo hasta detenerse unas cuadras más adelante.
—¿Quiénes eran esos sujetos? ¿Y qué fue todo eso?
Anderson volteó, escaneando el lugar rápidamente y exhaló.
—¿Cómo sabías dónde estaba?
—Pedí indicaciones. No es difícil llegar.
—Pero sí peligroso.
—Todo estuvo tranquilo. Y aún no me has contestado lo…
—Gracias por seguirme la corriente —apoyó la mano en el hombro de su amigo—. Y gracias por no escucharme.
—¿Qué? No entiendo a qué te refieres y… Blaine, estás temblando.
—Tengo frío.
Kurt lo observó de pies a cabeza antes de acercarse más, lo abrazó y empezó a frotarle la espalda.
—¿Necesitas mi abrigo?
—N-no —intentó sin éxito regular su respiración—. Gracias… gracias por venir a buscarme.
—Te dije que… ¡Oh, Dios mío! Blaine, ¿esos sujetos intentaban robarte? Por eso fue todo el…
—No estoy seguro, pero nunca estuve más feliz de que seas tan terco —se aferró a él con fuerza.
—¡Oh, por Dios! ¿Estás bien? ¿Te hicieron algo?
—Fue el susto nada más… Gracias, de verdad.
—Bien… —empezó a observar con atención las calles desoladas y con poca iluminación en donde cualquier cosa podría ocurrir sin que hubiera forma de escapar o pedir ayuda. Su pecho se contrajo con una fuerte opresión al cruzar por su mente todas las posibilidades de no haber llegado en el momento en el que lo hizo —Tranquilo, estoy aquí —le frotó un poco más la espalda—. Te dije que siempre te cuidaría.
Blaine se separó un poco y lo miró a los ojos.
—Luego dices que no eres mi héroe —sonrió ligeramente.
—No soportaría que algo te sucediera.
Ambos guardaron silencio. Sus rostros estaban tan cerca que casi podían sentir el aliento del otro rebotando en sus labios.
Blaine sintió el impulso de acortar esa minúscula distancia mientras su corazón bombeaba con fuerza, pero no quería equivocarse. No quería hacer nada que perjudicara aquello tan especial que tenían.
—De-deberíamos avanzar. No es seguro que nos quedemos aquí.
—S-sí, claro. Es… ah… Tienes razón… —suspiró y con cierta duda lo soltó, pero le rodeó los hombros con el brazo— Vamos.
Blaine también suspiró y por un instante se olvidó de lo sucedido, prefiriendo concentrarse en la cálida sensación de aquel brazo sujetándolo de esa forma protectora.
Una vez en el edificio ambos respiraron con calma.
—Sigues temblando —dijo el de ojos claros—. Te voy a preparar un té.
—Gracias… ¿Te importaría si voy subiendo? Necesito usar el baño.
—No hay problema. Adelántate que enseguida voy.
Anderson asintió y presionó el botón del ascensor. Kurt no se movió del lugar hasta verlo desaparecer detrás de la puerta metálica.
—Ha sido la noche de las preocupaciones —una voz femenina resonó a un costado—, pero también de los buenos amigos.
Hummel volteó y miró confundido a la chica apoyada en el mostrador.
—¿Por qué lo dices?
—Tú estabas angustiado por Blaine, y te entiendo porque es muy tarde para estar en la calle, así que saliste a buscarlo.
Y antes Scott hizo lo mismo, pero contigo.
—¿Conmigo?
—Sí. Bajó preguntando si te había visto, y cuando le dije que habías salido a comer, fue a buscarte sin dudarlo. Estuvo como media hora intentando localizarte y regresó frustrado.
En realidad, él no es muy expresivo, pero he aprendido a conocerlo en todo este tiempo, y estaba preocupado por ti.
Kurt subió con las palabras de Becca repitiéndose en su mente así como la discusión que tuvo con Scott antes de salir en busca de Blaine, y nada tenía sentido.
Al entrar al departamento encontró a Scott del otro lado de su cama, con el ceño fruncido, las manos en la cadera y una expresión de enojo. No podía ver el rostro de Blaine porque este estaba de espalda, pero tenía los brazos cruzados al nivel del pecho y su postura era rígida.
Iba retrocediendo para salir y no estar en el medio de lo que claramente era una discusión, cuando el mayor de los chicos lo vio.
—Pregúntale entonces —dijo enojado— Ahí subió.
Anderson volteó. Su rostro reflejaba demasiadas cosas al mismo tiempo, e inhaló profusamente.
—¿Es cierto que no le dijiste a Scott que llegaría tarde?
—N-no le dije.
—¿Te das cuenta? —inquirió Scott— Ahora vuélveme a decir que estoy mintiendo y dale toda la credibilidad a tu amiguito.
—¿Por qué no lo hiciste, Kurt? Sabes que no tengo cómo comunicarme con él. Antes dejaba un mensaje en la recepción, aunque eso no era garantía de que se lo dieran. Pero esta vez me quedé tranquilo porque pensé que, al avisarte, tú…
—Es un idiota —interrumpió Scott—. ¿Qué mas prueba quieres?
—¡Te fuiste! —refutó Kurt— Dijiste que ibas a cenar y nunca volviste. Es más, no te vi hasta el momento en el que me despertaste. ¿Cuándo se supone que iba a avisarte?
—Igual no lo hubieras hecho, así que deja de fingir. ¿No dijiste acaso que no tienes por qué contarme nada?
El de ojos claros abrió la boca, pero ningún sonido fue emitido. En su lugar, un largo suspiro apareció.
»¿Ahora ya te queda claro la clase de persona que es Hummel? —Espero que con esto abras los ojos y te des cuenta que…
—Él es la clase de persona que salió a buscarme a la calle, en un lugar que no conoce y a una hora que es peligrosa.
Es la clase de persona que se expuso evitando que me hicieran algo esta noche.
—¿De qué estás hablando?
—¡No quiero escucharte más, Scott! ¡No te imaginas el día que tuve y lo cansado y alterado que estoy en este momento!
—Blaine… —Kurt intentó acercarse, pero el mencionado retrocedió.
—¡Tampoco quiero hablar contigo! ¡No quiero saber nada de ninguno de los dos!
—Ah… —elevó las cejas y resopló— Aquí está el té —lo dejó sobre la mesa.
Sin pronunciar otra palabra, el menor tomó el vaso descartable y se sentó en el borde de la cama con la mirada fija en el líquido humeante.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
El reloj marcaba las tres de la mañana cuando Scott salió sigilosamente del departamento. Caminaba por el corredor cuando notó la presencia de alguien en la escalera.
Por un segundo pensó en dar la vuelta y regresar, sin embargo, decidió acercarse y enfrentar a quien estuviera ahí. Tal vez no era algo muy inteligente de hacer porque podía tratarse de un maleante, pero de ser así no iba a dejar que cometiera una fechoría.
Adoptando una posición de pelea se paró frente a la escalera y abrió los ojos con sorpresa.
—Así que el señor perfecto fuma.
Kurt soltó el cigarrillo y empezó a toser ahogado por el sobresalto.
—¿Qué haces aquí?
—¿Tú qué haces aquí escondido?
—Por favor, Scott. No estoy de ánimos para discutir contigo. Y no me estoy escondiendo, simplemente quería un lugar donde estar tranquilo —sacó otro cigarrillo del paquete.
—Yo tampoco podía dormir —miró hacia un costado y permaneció en silencio.
—Sobre lo que pasó…
—Con respecto a lo de anoche…
Hablaron al mismo tiempo y Kurt se aclaró la garganta.
—Siento haberte llamado de esa forma.
—¿Qué?
—Lo de ser un resentido social.
—¿Crees que me importa? Me han dicho cosas peores, y siempre me han resbalado.
—Igual quiero que sepas que lo lamento, no debí hacerlo.
—Olvídalo. Ya te dije que me da igual.
—También quiero que sepas que agradezco que salieras a buscarme cuando pensaste que no había regresado.
—No sé de qué hablas.
—Tú mismo dijiste que te habías preocupado por mí, y no te creí.
—¿Estás seguro de que es un cigarrillo normal? Porque estás alucinando.
—Sí, claro —levantó las manos en señal de rendición decidido a dejar el tema de lado. Era evidente que el chico jamás lo admitiría, y tampoco era algo que él necesitara.
Un incómodo silencio reinó mientras Kurt exhalaba suavemente el humo hacia un costado al no saber si a Scott le molestaría, y es que recordaba con claridad aquella época en la que los cigarrillos le parecían detestables y odiaba cuando alguien al fumar liberaba el humo en su rostro sin ninguna consideración.
Scott continuaba de pie, balanceándose ligeramente mientras frotaba sus brazos debido al frío y su mirada permanecía fija en una mancha en la pared.
—Amm… —carraspeó ligeramente— ¿A qué se refería Blaine con eso de que evitaste que algo le pasara?
—Unos sujetos lo detuvieron en el camino.
—¿Qué? Pe-pero…
—No sucedió nada más allá del susto. Él está bien. Llegué en el momento correcto.
—¿Y si no hubieras aparecido y lo lastimaban? ¿O qué habría pasado si esos sujetos hubieran estado armados?
—Me hice las mismas preguntas, pero afortunadamente nada malo sucedió, y doy gracias por ello.
—¿Por qué tenía que regresar tan tarde? Sabe que es peligroso. ¿Qué estaba haciendo?
—Ayudando a un amigo.
—¿A cuál amigo? ¿Y ayudándolo en qué?
—No lo sé —le dio una calada profunda a su cigarrillo y contuvo el humo unos segundos antes de expulsarlo—. Eso fue lo único que me dijo y que llegaría tarde.
—A veces su bondad lo lleva a actuar de forma inconsciente, y me preocupa. Dice que sabe cuidarse, pero no siempre es suficiente.
—Entiendo a lo que te refieres, pero él está bien. Enfócate en eso… Amm… y lamento no haberte avisado.
—Yo no estaba. ¿Cómo ibas a hacerlo? Y es cierto, no tienes ninguna obligación conmigo.
—Tal vez escribir una nota… No lo sé. No se me ocurrió en ese momento porque estaba enojado contigo, pero he estado pensando en ello, y no estuvo bien que no te dijera. No es porque fuera obligación sino porque era lo correcto.
Si hubieras sabido no te habrías preocupado.
—Por supuesto que me habría preocupado por el peligro que hay, pero habría ido a esperarlo a la parada de buses o incluso a buscarlo donde el dichoso amigo para que no regresara solo.
En todo caso, gracias por ir por él y protegerlo.
—No tienes que agradecerme. Siempre voy a cuidarlo. Es lo que haces por las personas que te importan.
Scott lo miró a los ojos durante unos segundos y asintió, luego desvió la mirada hacia un costado y metió las manos en los bolsillos de su abrigo.
»¿Te das cuenta de que podemos tener una conversación civilizada sin que haya una discusión en el medio o sin que estés atacándome constantemente?
—¿Estás jodiendo conmigo, Hummel?
—No te pongas a la defensiva, por favor. Lo único que quiero hacerte notar es que no hay necesidad de que discutamos todo el tiempo. Y si somos honestos, siempre sucede porque no dejas de hostigarme.
—¿Quieres ser honesto? Bien. No te tolero. Y no soporto a las personas como tú.
—Ignoro lo que otros te hayan hecho, no obstante, me queda claro que tuviste problemas o viviste alguna situación complicada con gente de dinero y de ahí tu desprecio, pero no todos somos iguales.
Y he de aclarar que yo tampoco soporto a la mayoría de las personas de mi estrato social por todas las cosas que he descubierto y aprendido con el paso de los años, pero una vez más, no todos son iguales, por eso no generalizo, aunque se siente tan bien decirlo —suspiró.
Por otro lado, de verdad quiero saber qué tienes en mi contra y por qué me atacas constantemente. No basado en lo que otros te hicieron, sino en mí específicamente.
La primera vez que hablamos con seriedad me dijiste que no confiabas en mí ni en las intenciones que tenía con Blaine, y creo que ha pasado el tiempo suficiente como para que te dieras cuenta quién soy y que no intento nada malo con él.
En esa ocasión también hablaste de lo mucho que Blaine te importaba y te dije que para mí también era importante y que nunca iba a lastimarlo.
—Sin embargo, es lo que haces todos los días.
—¿De qué estás hablando? ¿Cuándo lo he lastimado?
—Cada vez que te quejas o menosprecias lo que tenemos o el lugar en donde vivimos.
Blaine se esfuerza mucho, demasiado diría yo, y lo hace para que estés bien y te sientas a gusto dentro de nuestras posibilidades, pero tú pareces no notarlo o te importa un carajo porque lo único que salen de tu boca son quejas con las cuales lo lastimas, y a pesar de eso te justifica diciendo que es un cambio muy drástico para ti y un montón de tonterías.
Sé que cierto, estás acostumbrado a otro estilo de vida y adaptarse puede no ser fácil, y porque sé lo importante que eres para él le prometí que te iba a dar una oportunidad, sin embargo, el tiempo pasa y no te veo hacer ningún esfuerzo.
—Son a penas unos días y…
—En otras circunstancias diría que lo entiendo, el problema es que además de no intentarlo ni siquiera hay un mínimo de gratitud en ti. Todo lo que veo y escucho es inconformidad, malestar, crítica y puras cosas negativas.
Cada vez que abres la boca es para quejarte de algo, y estoy harto. Para ti puede no ser mucho, pero para Blaine y para mí es más que suficiente, es nuestro hogar y estamos bien aquí.
—¿Cómo pueden estar bien si…?
Scott lo miró con rabia y levantó la mano para interrumpirlo.
—¡No todo en la vida son lujos! —elevó la voz— ¡No se necesita tener grandezas para estar bien y sentirse agradecido, pero tú qué puedes saber!
Dices que no toleras a los de tu clase social, y eres igual a ellos, todo lleno de pretensiones, incapaz de mirar más allá de tu burbuja, menospreciando a los que no tienen tus mismos privilegios.
—¡No menosprecio a nadie! —refutó— ¡Para mí las personas valen por quienes son y no por lo que tienen!
—¡Pura mierda! ¡Si fuera cierto no actuarías como lo haces!
Tal vez no desprecies a las personas, pero te quejas por todo y nada te conforma ni es de tu agrado.
No hay día que no protestes por el colchón de espuma que te conseguí y digas que eso no es un colchón, que no sirve, que es incómodo o…
—Me lastima la espalda.
—¿Sabes lo que hubiera dado por tener uno de esos en el pasado?
Dormí en el suelo más veces de las que puedo recordar, al igual que Blaine. Eso sí lastima la espalda, sin embargo, nos acostumbramos.
Ambos sabemos lo que es no tener un lugar donde refugiarse de las inclemencias del clima, pasar hambre, intentar dormir por las noches sin dejar de estar alerta a que algún extraño se acerque con malas intenciones, y un sin número de cosas que jamás entenderías.
Cuando Blaine empezó a vivir conmigo lo único que pude conseguirle fue un colchón de espuma mucho más delgado que el tuyo. A penas si el espesor era de dos dedos de ancho, y no estaba en las mejores condiciones, pero él no podía estar más feliz.
Le compartí lo poco que tenía, y lo aceptó con gratitud. Nunca hubo una queja de su parte a pesar de las condiciones del lugar en el que yo vivía, y te aseguro que no se compara en nada al departamento que tenemos ahora, al cual no haces más que encontrarle peros.
Por eso no te soporto, por eso me enerva tu presencia, y no entiendo qué sigues haciendo aquí torturándote y torturándonos con tus quejas cuando podrías quedarte con alguien más disfrutando de todas las comodidades a las que estás acostumbrado y así todos estaríamos en paz.
