.

CAPÍTULO 32:

"¿Alguien ha visto mi felicidad?"


.

Kurt esperaba impaciente su taxi, el cual llevaba ya varios minutos de retraso que pensaba descontar del pago. Tenía cosas que hacer, lugares a los cuales ir y se le hacía tarde.

Un auto se detuvo a un costado de donde se encontraba y el conductor bajó el vidrio.

Con paso firme Hummel se acercó listo para reclamarle, pero las palabras se atoraron en su garganta al ver de quién se trataba.

—¿Elliot?

—¿Cómo está señor Hummel? ¡Buenas tardes!

—¡Hola! Me da gusto verte, aunque no eres la persona a la que esperaba. ¿O es que hicieron un cambio de último momento?

—Oh no, no. Pasé por aquí hace unos minutos con un pasajero al que dejé en el banco y me pareció haberlo visto a usted así que di la vuelta y regresé para cerciorarme.

—Estoy esperando mi taxi hace casi diez minutos —dijo luego de ver la hora en su reloj.

—Eso es demasiado tiempo.

—Lo es, y ya voy a cancelarlo.

—Si gusta, puedo llevarlo.

—¡Eso sería perfecto! —por un instante permaneció de pie esperando que le abriera la puerta, pero luego reaccionó y entró al auto— No podías haber pasado en un mejor momento.

—Me alegra haberlo visto.

Tras indicarle la dirección, Kurt observó discretamente a su ex chofer.

—Cuéntame, ¿cómo va todo? —era obvio que algo no marchaba bien puesto que Elliot lucía algo delgado y desmejorado, sin embargo, como hablar de la apariencia física de una persona es de mal gusto y denota falta de educación, no hizo ningún comentario al respecto.

—Las cosas han estado un poco complicadas, pero aquí sigo trabajando duro.

—Deseo de corazón que todo mejore pronto.

—Muchas gracias. ¿Y usted cómo está?

—Igual, con algunos contratiempos, pero como dices, hay que seguir.

—Eso es correcto.

Tras varios minutos de conversación Kurt se mordió el labio ligeramente debatiendo si debía manifestar la duda que rondaba su mente.

—¿Te puedo hacer una pregunta personal?

—Sí, no hay ningún problema.

—Me di cuenta que este es tu auto, y cuando te acercaste dijiste que acababas de dejar a un pasajero así que supongo que estás trabajando como taxista en tu tiempo libre. ¿Acaso Dante se está atrasando con los pagos?

—Ya no estoy en la casa.

—¿Por qué?

—Amm… Un día me dijo que me había contratado para que trabajara para usted, pero como se había ido, ya no había ninguna razón para que siguiera ahí porque él tenía su propio chofer.

—¡Oh! Lo lamento tanto… No pensé que… Pero, él también hacía que lo llevaras cuando quería.

—Eso era algo que no le iba a decir porque hubiera sido irrespetuoso, pero sí le pedí que me permitiera seguir trabajando sin importar el área. Estaba dispuesto a hacer lo que hiciera falta.

—Obviamente se negó —resopló por la nariz—. No entiendo por qué hizo eso si siempre demostraste ser un excelente empleado y una gran persona.

—Él no me consideró necesario.

—Voy a hablar con Dante para que…

—No, no, por favor. Ya tuve problemas con él y no quiero más.

—¿Qué clase de problemas?

—No sé si deba contarle.

—Vamos, tú y yo hablábamos de todo con confianza. Te dije en varias ocasiones que te considero un amigo.

—Gracias señor.

—Dejemos a un lado lo de señor. Soy Kurt.

—No, no podría.

—Claro que puedes, así como me puedes contar lo que pasó.

—Después de que usted se fue, las cosas cambiaron drásticamente.

—Elliot, no me hables de usted.

—Oh no. Eso sería demasiado.

—Ya no trabajas para mí.

—Sí, claro, pero…

—Sin peros. ¿Y qué pasó cuando me fui?

—El señor Dante estaba furioso y no había día en que no me exigiera que le dijera en donde usted se encontraba.

—Elliot, por favor. Los amigos no se hablan de usted.

—Lo siento. La fuerza de la costumbre… En todo caso, no importaba cuántas veces le dijera que no sabía nada, él insistía en que nosotros conversábamos siempre y que yo seguramente le había… ah… te había llenado la cabeza de ideas, al igual que tus amigos, y por eso cancelaste todo.

—¡Eso es ridículo!

—Traté de hacerle entender, pero fue inútil. También insistía en que yo debía saber tu paradero o por lo menos tener una idea y empezó a atosigarme.

—Y por esa razón te despidió.

—Fue en medio del proceso, porque aun cuando ya me había ido de la casa, continuó buscándome.

—No sabes cuánto lamento que hayas pasado por todo eso y que de paso te quedaras sin trabajo por mi culpa.

—No eres responsable de la forma en la que otras personas reaccionan o actúan.

—Lo sé, sin embargo, no puedo dejar de sentirme mal.

—No lo hagas. Tengo mi auto y estoy sacándole provecho.

—¿Trabajar como taxista es rentable?

—Hay días mejores que otros.

—Me gustaría tanto poder ayudarte de algún modo, pero tuve un problema y mis cuentas están congeladas. El único dinero con el que cuento es el que llevaba conmigo el día que sucedió, y no me queda mucho.

—Gracias por la intención. Y lamento saber que estás pasando por esa situación.

—Hoy tengo una reunión con un posible cliente y otra con alguien con quien ya he trabajado. Espero que las cosas salgan bien para conseguir esos ingresos. Luego voy a ir a hablar con mi papá para tratar de solucionar las cosas —suspiró—. Cruza los dedos por mí.

—Si quieres puedo llevarte.

—Sí, eso sería genial. Pero no sé cuánto voy a demorar en cada lugar.

—Me mandas un mensaje.

—¿No estarías perdiendo dinero mientras te quedas estacionado esperándome?

—Puedo hacer carreras cortas, si es que se presentan.

—Si no te afecta, me parece perfecto. Me viene bien tu compañía.

кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε

Había sido una mañana particularmente pesada y en cuanto llegó su hora de descanso, Blaine se fue directamente al parque.

Con un pequeño bostezo se sentó en uno de los columpios y sacó su teléfono luego de cerciorarse que no hubiera nadie en los alrededores.

Entre risas veía varios videos hasta que escuchó pasos aproximándose. Al notar a una mujer con sus dos hijos, quitó la pausa y siguió divirtiéndose.

Minutos después revisó la hora y exhaló por la nariz. Kurt estaba a punto de comenzar una junta importante y quería escribirle, pero seguía algo molesto con él pues en los últimos días habían tenido varios desacuerdos. Tras cerrar los ojos durante unos segundos disfrutando de la fresca brisa, le envió un mensaje deseándole éxito.

No pasó mucho antes de que alguien se sentara en uno de los columpios aledaños y el sonido característico empezara.

—¿A quién le robaste ese teléfono? —inquirió un chico— Porque no hay forma de que pudieras pagar por algo así.

—Yo jamás he robado nada —giró hacia un costado para ver a quien lo estaba acusando y un escalofrío lo recorrió por completo— Ron… —dijo casi ahogado.

—Te hemos estado buscando desde hace mucho tiempo. Algunas personas reconocieron tu foto, pero no dábamos con tu paradero.

—No, por favor… Te lo suplico. No digas nada —su respiración se volvió irregular—. No puedo volver a esa casa con ellos.

—Es mi hogar del que estás hablando.

—Lo lamento, no intento ofenderte, es sólo que no puedo ni quiero regresar. Sabes la forma en la que tus padres me trataban.

El chico lo observó por varios segundos.

—Estás temblando. ¿Acaso tienes miedo?

Blaine asintió.

»No voy a decir nada, así que puedes irte.

—¿D-d-de verdad?

—Sí. Sólo asegúrate de esconderte por unos días. El domingo nos iremos.

—¿Por… por qué me ayudas?

—Por la vez que fuiste castigado injustamente por mi culpa y de Joey.

—Jamás entendí por qué lo hicieron ni por qué me odiaban tanto.

—Nunca te odié. Me agradabas, pero a veces me gustaba molestarte y hacerte bromas —elevó los hombros—. Es común en las familias.

—Lo de ese día no fue una broma. Fue cruel y malvado.

—No soy malo —suspiró—. Se suponía que te pondrían a hacer alguna tarea extra o algo así. Al menos eso dijo Joey. Nunca quise que te pasara eso. También me han castigado con el látigo y sé lo mucho que duele.

Cuando me di cuenta de lo que estaba ocurriendo, quise detenerlo, pero me asusté porque Joey dijo que mi castigo sería mucho peor, y sabía que sería así.

De verdad lo siento. Nunca fue mi intención.

Blaine asintió en medio de un suspiro.

—No deberías hacer caso de todo lo que Joey te dice. Es mejor si escuchas a tu conciencia y a tu corazón.

—¿Así como hoy? Porque en cuanto te vi iba a llamar a mi papá para avisarle, pero quise acercarme primero porque me di cuenta de que lucías diferente a cuando estabas en la casa. Te ves tranquilo y feliz, aun así, no estaba seguro de lo que iba a hacer hasta que te pusiste pálido y empezaste a temblar, entonces algo me dijo que no debía hacer esa llamada porque estás mejor sin nosotros.

—Ron…

—Deberías irte. Vamos a reunirnos aquí en diez minutos con Joey y Angelina para ir juntos a buscar a nuestros padres, pero podrían llegar antes. Estoy seguro de que ella tampoco diría nada.

—Entiendo —se levantó del columpio—. ¿E-están cerca tus p-padres?

—No lo sé. Supongo. Ellos nos tienen que indicar a qué lugar ir.

—Es… es mejor que… que me vaya.

—Sí, hazlo. Y recuerda no salir hasta el domingo.

—Te-tengo que trabajar.

—Es un consejo, es tu decisión si lo aceptas o no.

—Gracias —guardó su teléfono y miró alrededor antes de dirigirse a la panadería.

—Blaine… —elevó la voz haciendo al chico voltear— ¿me perdonas?

—Sí, Ron.

кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε

—¡Esto no es justo! —dijo Kurt enfurecido.

—¿Justo? ¿Te parece justo lo que nos hiciste? —inquirió su padre en un tono severo— Nos dejaste en vergüenza ante todos.

—Eso no te daba ningún derecho a quitarme mis cosas ni a bloquear mi cuenta. Ya no soy un niño.

—Las cosas que tienes las compré yo, y esa cuenta la abrí cuando naciste y he depositado dinero en ella todos los meses desde entonces.

—¿Y qué hay con lo que he comprado con el dinero que he ganado trabajando? Eso me pertenece así como todo lo que he ahorrado a base de mi propio esfuerzo.

Si quieres retirar tus activos, hazlo, pero no puedes disponer de lo que es mío.

—Deberías haber abierto otra cuenta.

—¿Estás hablando en serio? Tenía esa que ha sido mi cuenta de toda la vida y otra que abrió Dante a nombre de los dos, ¿para qué quería una tercera?

—Tendrías que haberlo pensado mejor antes de actuar como un niño caprichoso.

—No puedo creer que lo prefieras a él.

—¿Cómo se te ocurre decir semejante sandez?

—No me vas a decir que fue una coincidencia que los dos decidieran bloquear mis cuentas el mismo día. Es obvio que se pusieron de acuerdo para hacerlo. ¿Pensaron que de esa forma volvería con él? Porque si fue así, déjame decirte que se equivocaron.

No soy un niño caprichoso, como me llamaste. No fue un berrinche, no fue una tonta pelea que tuvimos. Quizá mi error fue permitir que todo avanzara hasta ese punto, lo admito, pero en ese entonces todo era un lío en mi cabeza.

El día del ensayo estaba aterrado pensando en cómo sería mi futuro con Dante porque no lograba verlo. Entonces él entró a buscarme y en lugar de que mis dudas se aclararan, todo se volvió peor.

En cuestión de minutos empezamos a pelear y fue cuando me di cuenta de que no podía seguir adelante con algo que me provocaba tantos conflictos en lugar de emoción y…

—Esas no son más que tonterías, Kurt. Te lo he dicho muchas veces, el matrimonio es…

—Algo que haces para mantener tu prestigio en la sociedad, que no siempre vas a estar con una persona a la que ames, pero con el tiempo te adaptas, y todo ese discurso que jamás me gustó. Pues no, no estoy de acuerdo.

—Te conseguí al mejor partido, Kurt. Y no me puedes decir que no estabas feliz y enamorado o que él no te amaba.

—Solía pensar que había sido afortunado de que él llegara a mi vida. No voy a negar que fuimos compatibles desde el principio y que nos enamoramos rápido. Todo era perfecto, sí, me sentía en un cuento, pero no todos los cuentos tienen un final feliz.

Empezamos a tener problemas. Eso es normal, pensé, a todas las parejas les pasa en algún punto de su relación, pero las cosas se volvieron cada vez más complicadas y los desacuerdos se tornaron en discusiones y luego en peleas en donde gritábamos y… —negó con la cabeza al mismo tiempo que hacía un gesto.

Acudí a ti y a mamá en varias ocasiones en busca de consejos, y siempre me dijeron que debíamos resolver nuestros asuntos, así que lo intenté una y otra vez. Dante también lo hizo, no voy a mentir.

Al comienzo, el que tratáramos de recuperar lo que alguna vez tuvimos se sintió bien, sin embargo, nunca duró, y no lograba entender por qué si nos esforzábamos tanto. Pero mientras más oportunidades nos dábamos, más complicado se volvía porque era entrar en una espiral de ilusión y desilusión constante, y a pesar de eso continué insistiendo, aferrándome al pasado, a algo que ya no existía porque nada era como antes. Él ya no era la misma persona de la que me enamoré un día, y aun así persistí y acepté adelantar la boda porque lo amaba.

Alejarme me ayudó a entender que esa relación no tenía ningún futuro, que se había convertido en un círculo tóxico en el que no era feliz. Lo estábamos forzando y el amor no puede ser así, es un compromiso mutuo que nace de tu corazón y…

—¡Ya basta con todas esas tonterías!

—¿Tonterías?

—¡Ya no eres un niño iluso y soñador! ¡Es hora de que abras los ojos y te enfrentes a la realidad! ¡Esas fantasías no te van a servir de nada en el futuro! ¡En nuestro círculo…!

—¿En qué momento cambiaste tanto?

Sé que no siempre he estado de acuerdo con tus pensamientos y forma de ver la vida porque una gran parte gira en torno a la sociedad y el qué dirán, pero no tenía duda de que me amabas, de que podía contar contigo y que me apoyabas en todo, ahora te importa más el apellido y prestigio de la familia que lo que siento o me pasa.

—¿Cómo puedes decir esas cosas? Tú y tus hermanos son lo más importante para mí, y todo lo que hago es por su bienestar.

—No es cierto, porque de ser así no te comportarías de la forma en la que lo has hecho, y ahora lo comprendo. Ya ni siquiera te reconozco.

—Que te diga la verdad y no lo que quieres escuchar no significa que…

—¿La verdad? Querrás decir tu verdad acerca de como necesito de un esposo rico y con un gran apellido para que nuestro círculo no me juzgue por mi orientación sexual.

No tienes idea de todas las veces que odié ser gay porque sentía que te había decepcionado al dejar de ser el primogénito perfecto al que solías presumir a todos antes de enterarte —limpió la lágrima que empezó a rodar por su mejilla.

—Kurt…

—Lamento no haber resultado el hijo perfecto que esperabas, pero no puedo cambiar quien soy —se dirigió hacia la puerta y a medio camino giró para ver a su padre.

Quiero que en los próximos días me devuelvas lo que me pertenece, lo demás no me importa, o voy a contratar a un abogado.

Tras lo que pareció el camino más largo del mundo, Kurt entró al auto y durante varios segundos cubrió su rostro con ambas manos.

—¿Qué sucedió? —preguntó Elliot preocupado.

Hummel negó con la cabeza mientras intentaba controlar sus emociones.

—Llévame donde Trevor, por favor.

—Sí, seguro.

Kurt tomó su celular y envió un mensaje rápido.

• Voy para tu casa.

•• Todavía tengo varios pacientes que atender.

—Cambio de planes —dijo con voz ahogada.

—¿A dónde vamos?

Kurt buscó rápidamente el chat con Bernard y le escribió.

• ¿Estás desocupado?

Varios minutos transcurrieron antes de que obtuviera una respuesta.

•• No, lo siento. Es día de juntas.

Nos vemos en la noche. Trevor lleva el vino.

—¿Kurt?

—No sé a dónde ir.

кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε

Scott caminaba renegando hacia el edificio donde vivía. Había tenido un contratiempo con su jefe por culpa de un cliente.

—Estoy harto —dijo entre dientes para sí mismo—. Gente idiota que se cree superior.

Entró al edificio y se dirigió hacia el elevador cuando un hombre que estaba en la recepción se acercó a él.

—Buenas tardes.

—Buenas tardes —miró de lado y presionó el botón.

—Supongo que vives aquí.

—Así es —contestó sin ánimos.

—Entonces tal vez me puedas ayudar. Estaba esperando que alguien me atendiera.

—La información sobre los departamentos sólo se la pueden dar en recepción.

—No estoy interesado en un departamento —tomó la carpeta que llevaba bajo el brazo y de ella extrajo una fotografía—. Estoy buscando a este chico.

Scott observó la foto y meneó la cabeza.

—No lo conozco.

—¿Estás seguro? Porque me dijeron que vivía por aquí. Mírala bien.

—Mmm… —se quedó pensativo— No, definitivamente no lo conozco. ¿Y por qué lo busca? ¿Hizo algo acaso?

—Es mi hijo. Su nombre es Blaine y se escapó de la casa.

—¡Oh! ¡Vaya! No sabría qué decirle. Las personas no abandonan sus hogares sin una razón.

—¡Es un rebelde! —respondió furioso— ¡Esa es la única razón!

—Disculpe la demora, señor —dijo un joven ubicándose en un sitio—. ¿En qué puedo ayudarle?

Scott respiró profundo y rogó que Andy entendiera las señales, así que dio la vuelta y fue siguiendo al hombre.

—Estoy buscando a este chico —colocó la foto sobre el mostrador— ¿Lo has visto?

—Sí, claro.

—Andy —interrumpió Scott apoyándose en el mostrador—, ¿sabes si se solucionó el problema del agua?

—¿El problema…?

—Yo llegué primero, así que aprende a respetar, muchacho insolente —dijo de forma déspota.

Scott y Andy se miraron y el primero hizo varios gestos discretos y negaba con la mano.

»Me decías que lo conoces —se dirigió al recepcionista—. ¿Sabes dónde lo puedo localizar?

—Tanto como conocerlo no, y la verdad no sabría dónde se encuentra.

—Me dijeron que vive por aquí.

—Vivió hace un tiempo.

—¿Un tiempo?

—Sí. Alquiló un departamento económico aquí por un mes. Un chico muy extraño y callado.

Lo recuerdo porque siempre andaba con su mochila al hombro. No parecía tener nada de valor, pero la llevaba a todas partes. Un día salió como de costumbre, pero nunca regresó.

—¿Hace cuánto de eso?

—Meses.

—¿Cuántos con exactitud?

—No tengo idea. Hay tantas personas con las que…

Mientras el par hablaba, Scott miró el reloj sintiendo un nudo en el estómago. Blaine debía estar por llegar, a menos que se hubiera ido a cantar al metro, pero no podía recordar si este había tomado la guitarra antes de salir.

—¿Puedo usar el teléfono?

—Sí… —asintió Andy y siguió contestando el interrogatorio.

El chico marcó el número de su mejor amigo y tamborileó los dedos de forma despreocupada para no dar a notar su nerviosismo.

—No sé para qué la gente compra celulares si luego no van a contestar —proclamó en voz alta—. ¡Esta chica me tiene cansado!

—¿Pasa algo? —preguntó el recepcionista mientras el hombre buscaba algo en su billetera.

—Mi hermana que nunca contesta —chasqueó la lengua—. No puedo seguir perdiendo tiempo, tengo mucho que hacer —giró y avanzó hacia el ascensor—. ¿El asunto del agua está resuelto o no?

—No estoy seguro. El dueño dijo que se encargaría.

—Olvídalo. Aquí nunca funciona nada. Mejor voy a conseguir una galonera —dijo de mal modo y se dirigió hacia la calle, agradeciendo mentalmente que Andy estuviera ese día para seguirle el juego, porque Becca jamás habría entendido.

—Esta es mi tarjeta. Si sabes algo de él, llámame. Voy a estar aquí hasta el domingo.

—Sí, claro, señor… O'Donnel —leyó—. Aunque como le comenté, la última vez que lo vi fue de casualidad hace meses en ese barrio, así que no lo creo posible.

—De todas formas, te dejo mi tarjeta. Cualquier información que consigas me será útil. No importa si ya me he ido de la ciudad.