.


CAPÍTULO 33:

"La convivencia"


.

Blaine se encontraba acostado en posición fetal en su cama y Scott estaba sentado en el extremo con las piernas cruzadas.

—Es tarde —dijo el chico de los rizos—. Ya debería haber regresado.

—¿Ya vas a empezar a preocuparte por él? No tienes por qué hacerlo. Está con sus amigos.

—Se fue en la mañana. Se suponía que iba a atender varios asuntos y al desocuparse regresaría. La reunión con sus amigos era en la noche.

—Quizá se desocupó tarde y decidió irse directamente donde sus amigos, o simplemente quiso ir a otro lugar. En todo caso, le escribiste y te contestó que estaba con elos. ¿Qué más quieres?

—Me preocupa la hora a la que regrese porque hay zonas peligrosas.

—Hummel no es un niño que no sabe lo que hace. Es mayor que nosotros, así que ya deja de angustiarte por él que bastante tienes con tus problemas. Además, no creo que venga. De seguro se queda a dormir por allá. Eso sería lo más lógico.

—Cuando hablamos en la tarde, no se escuchaba bien.

—Tú tampoco estás bien. Tuviste un ataque de nervios terrible. Me asusté mucho porque jamás te había visto así. Y luego la pesadilla con la que despertaste gritando y llorando. Todavía tengo el corazón acelerado.

—Nunca pensé que esto podría suceder. Me alejé tanto como fue posible y creí que estaba a salvo.

—Esa gente de verdad te hizo daño.

—Más del que puedas imaginar. Y saber que siguen aquí buscándome… —su respiración se agitó un poco— Nada más de pensar que él estuvo en el edificio y que si no hubieras llegado a tiempo Andy le podía haber dicho que…

—Oye, tranquilo que eso no pasó.

—No entiendes, Scott.

—Cálmate y respira profundo. No quiero que tengas otra crisis.

—Piénsalo. Si continúan indagando y se van a quedar hasta el domingo es porque tienen pistas sobre mí. Estoy seguro de que no creyó eso de que me fui lejos. Hay suficientes personas que me conocen alrededor y por la panadería, así que le tienen que haber dicho que me han visto.

—Y por eso no vas a salir hasta que se vayan. Nadie sabe dónde vives, y él ya estuvo aquí preguntando.

—¿Qué pasa si regresa?

—No lo hará. Deja de pensar en eso.

—Pero…

—Sé que esas personas fueron malas contigo, y obviamente aquella experiencia te ha dejado marcado de algún modo, lo que no entiendo es ese temor tan grande que tienes.

No te pueden llevar y no pueden hacer nada en tu contra porque eres mayor de edad. No tienen ningún poder o derecho sobre ti.

Blaine parpadeó varias veces y se abrazó a su almohada.

—Tienen mucho dinero.

—¿Y qué tiene que ver?

—El dinero les da poder. Así fue como me sacaron de casa de mis padres.

—En esa época eras menor. Ahora es distinto y…

La puerta se abrió lentamente y Kurt entró, sorprendiéndose al ver la luz encendida y a los dos chicos despiertos.

—Amm… Hola… —avanzó rápido— No tenían que esperarme.

—El mundo no gira a tu alrededor, Hummel —dijo Scott con una mueca.

—¿Tuviste algún problema? —preguntó Blaine ocultando un poco su rostro.

—¿Problema?

—Para llegar. Por la hora, me refiero.

—Ah, no. Mis amigos me trajeron.

—¿Y por qué no te quedaste con alguno de ellos? —cuestionó Scott— ¿O es que ni tus amigos te soportan?

Blaine le dio un empujón con el pie y el chico hizo un gesto mientras se sobaba la pierna, pero no por eso pasó desapercibido el hecho de que Kurt no le había contestado. Entonces lo miró mientras este dejaba sus cosas sobre la mesa y se dio cuenta de que había estado llorando durante bastante tiempo por lo hinchados que tenía los ojos y lo ligeramente rojo que seguía su rostro, en especial la nariz.

A partir de ahí se mantuvo atento a los detalles, como el hecho de que en completo silencio el diseñador se metiera al baño sin haber llevado todos los productos que utilizaba, lo cual era muy extraño porque este podía dejar hasta de comer, pero nunca su rutina nocturna.

—No lo molestes —dijo Blaine en voz baja.

—¿Qué?

—Que ya no lo molestes.

—Por cierto, esa patada me dolió.

—No te pateé. Fue un empujoncito por haberle dicho eso de sus amigos.

—Prefirieron traerlo a la una y media de la madrugada en lugar de dejar que se quedara… No más digo.

—Quizá fue Kurt quien quiso venir.

—Es ilógico que venga aquí cuando puede estar en un lugar en el que se sienta cómodo.

—Por lo que sea, es su decisión —olfateó—, y no quiero discutir contigo por eso.

—No estoy discutiendo, sólo estoy resaltando lo obvio, pero ya no digo nada.

—Gracias —se acomodó un poco—. Por favor, apaga la luz y deja la otra. No quiero que se vaya a dar cuenta de que me pasa algo.

—Está bien —se levantó—. ¿Quieres que me quede contigo?

—No, ve a tu cama y descansa. Gracias por todo.

—Sabes que no tienes nada que agradecerme —encendió la luz de la lámpara y se dirigió hacia el interruptor principal para apagarlo—. Intenta descansar. Cualquier cosa, estoy aquí.

Tras darle una mirada larga a su amigo, Scott se fue a acostar. Se estaba acomodando cuando la puerta del baño sonó. Eso había sido muy rápido. Ni siquiera había escuchado el agua de la ducha.

Kurt salió con la misma ropa, se quitó los zapatos y el cinturón y se acostó.

Con un suspiro Scott se estiró para apagar la lámpara y se puso de lado. Observó el movimiento irregular de los hombros de Blaine y supo que estaba llorando, aunque no lograba entender por qué, sin embargo, no podía acercarse ya que eso pondría en alerta a Kurt. Tal vez cuando este se durmiera, lo cual esperaba que pasara pronto. Debía estar demasiado cansado para ni siquiera haberse cambiado la ropa que estuvo usando durante todo el día.

Con cuidado se inclinó para poder verlo, y noto que estaba aferrado a su almohada con el rostro hundido en ella.

Era una noche bastante compleja y no estaba seguro de si podría volver a conciliar el sueño.

кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε

Las dos y cuarenta y cinco y Scott seguía mirando el techo. Sus pensamientos corrían a toda velocidad acompañados de una jaqueca. Sería un día bastante duro en el trabajo.

De pronto Kurt lo sorprendió al sentarse súbitamente, sobando su cuello y espalda. Por más que lo analizaba no podía comprender por qué este insistía en quedarse en el departamento padeciendo todas las "incomodidades" cuando podía estar con sus amigos.

Reconocía que había dejado de quejarse después de aquel encuentro noches atrás, aunque eso no significaba que se hubiera adaptado.

Hummel se levantó en silencio y se dirigió hacia donde estaba su bolso. Tras tomar algo con sumo cuidado de uno de los bolsillos, salió del lugar.

Scott supuso que había ido a fumar, así que decidió no darle importancia.

El tiempo siguió transcurriendo y no dejaba de dar vueltas en la cama. Blaine se había dormido, pero que Kurt no regresara cuando el reloj marcaba las tres y veinte le preocupaba.

Con sigilo se levantó, se puso su abrigo y salió del departamento.

Mientras avanzaba por el largo corredor hacia las escaleras se preguntaba por qué lo hacía, sin encontrar una respuesta. Al llegar no encontró a Kurt, pero sí bastantes cenizas en el suelo. Siguió recorriendo el pasillo y luego decidió bajar.

No había nadie en la recepción y la puerta principal estaba cerrada con llave, así que era imposible que el de ojos claros hubiera salido. Inesperadamente percibió un olor que conocía bien y volteó hacia el lugar de donde provenía.

En el fondo vio un pie asomándose y una cortina de humo. Caminó despacio y al acercarse encontró a Kurt sentado en una de las sillas con la cabeza apoyada en la pared, en una mano sostenía un té y en la otra el cigarrillo. Sus ojos estaban cerrados y por su mejilla izquierda una lágrima descendía solitaria.

Aquella imagen distaba a todo lo que había visto del decorador hasta el momento y, sin comprender el motivo, sintió un nudo en la garganta.

Intentando distraerse desvió la mirada hacia la mesa en donde reposaba un viejo cenicero con dos colillas. Dos y uno que tenía en la mano y quién sabe cuántos en la escalera para generar toda esa ceniza. ¡Eso era demasiado!

—Fumar tanto no es bueno para la salud.

Kurt abrió los ojos al reconocer esa voz.

—¿Qué quieres? —preguntó de mal modo.

—Te vi salir hace casi una hora y… No voy a preguntar si te pasa algo porque es obvio, pero…

—No es de tu incumbencia.

—Bueno, yo sólo…

—¿Crees que porque tuvimos una conversación el otro día ya somos amigos? ¡Pues no, así que déjame en paz y métete en tus asuntos!

—¿Sabes qué, Hummel? ¡Vete a la mierda! ¡Seguramente tienes merecido lo que te está pasando! —dio la vuelta y caminó hacia el ascensor.

Esto es lo que consigo por preocuparme sabiendo que la gente es una porquería que… —iba refunfuñando.

—Scott…

—¡Jódete! —elevó la voz y presionó con furia el botón.

Kurt permaneció de pie observando como el chico desaparecía detrás de la puerta.

Al entrar al departamento, Scott lanzó la puerta sin pensar en nada, pero al instante reaccionó y miró a Blaine, quien estaba sentado en la cama.

—¿Dónde estabas? ¿Y por qué estás tan enojado?

—Hummel es un idiota, un cretino que me tiene harto.

—Por favor, no empieces.

—¿Que no empiece? Tu amiguito es de lo peor, pero sabe disimularlo bien delante de ti.

—¿De qué hablas? ¿Y dónde está él? Me desperté y no había nadie.

—No me digas nada en este momento porque no quiero pelear contigo, y menos por culpa de ese —apretó los dientes.

—No entiendo. ¿Qué está pasando?

—Quiero que se vaya. Este es mi departamento también y no estoy dispuesto a soportarlo un día más aquí —se acostó dándole la espalda.

Blaine permaneció en silencio y completamente confundido.

кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε

—Buenos días —dijo Kurt con un bostezo.

—Hola, buenos días —respondió Blaine aún con su ropa de dormir, apoyado en el pequeño mesón sosteniendo una taza con ambas manos.

—¿Qué hora es? —preguntó desconcertado por lo claro que estaba.

—Van a ser las nueve.

—¿Y por qué no estás en el trabajo?

—No voy a ir durante unos días.

—¿Por qué? ¿Estás de vacaciones?

—Algo así.

—¿Algo así?

—Kurt, sé que te acabas de despertar, pero necesito saber qué pasó con Scott en la madrugada. Cuando desperté, ninguno de los estaba aquí, luego él regresó furioso y tú no apareciste hasta las cinco.

—Prefiero no hablar de eso en este momento.

—¿Se pelearon?

—Blaine, ahora no.

—Cuando se fue al trabajo seguía enojado, por lo que sospecho que ocurrió algo grave.

—Es complicado.

—¿Por qué cuando alguien no quiere hablar de algo, siempre dice que es complicado?

—Hay temas que lo son como lo que ocurrió con Scott —se puso de pie—, pero prometo contarte más adelante.

—¿Cuándo? Porque él no quiere que sigas viviendo con nosotros.

—¿Qué?

—Creí que con el tiempo… Realmente lo hice, sin embargo, me doy cuenta que no fue más que una fantasía.

—¿A qué te refieres?

—A que esto no está funcionando, y me duele porque ustedes dos son las personas más importantes de mi vida.

Aquella declaración tomó por sorpresa a Kurt, quien caminó torpemente hacia donde estaba su amigo, sin saber qué hacer.

»Entiendo que tienes a tus amigos y familia que…

Mientras el de rizos oscuros hablaba, aquella extraña sensación que había tenido en otros momentos, se hizo presente con gran fuerza. Sin pensar o haber planeado algo, se dejó llevar y tomó al chico por la mano.

—También eres una de las personas más importantes de mi vida, Blaine. Iluminas mis días de una forma que jamás imaginé y me contagias con tu alegría. Significas para mí más de lo que alguna vez pudiste pensar. Tú…

Anderson sintió de pronto que le faltaba el aire. La forma en la que Kurt sostenía su mano y lo cerca que estaba mientras le decía todas esas cosas… Su corazón latía con tal fuerza que podía salirse de su pecho en cualquier instante.

Miró aquellos ojos del color del cielo y luego los labios que se movían sin parar. Sería tan fácil besarlo, era lo que más deseaba en ese momento, pero no, no podía. Kurt no sentía lo mismo, ¿o habría una pequeña posibilidad de que sí lo hiciera?

»Tu amistad es…

Y ahí estaba la respuesta. Hummel lo había dejado claro. "Amistad".

Con un triste suspiro giró la cabeza hacia un costado e intentó moverse, sin embargo, Kurt lo tomó por la barbilla para hacerlo volver. Aquel toque era sutil y al mismo tiempo quemaba.

»Blaine, mírame por favor.

—Tú… tú también significas todo eso para mí, y más. Ni siquiera puedo ponerlo en palabras.

Esa última parte no era cierta porque a Alejandro le había contado todo lo que sentía, así como sus dudas acerca de lo que pasaba con el hombre que estaba frente a él, pero ahora estaba seguro de que iban por caminos diferentes.

—¿Qué pasó? —preguntó Kurt con seriedad— Hace unos minutos estabas brillando y ahora tu energía bajó.

—Es… es que… —gesticuló un par de veces pensando en qué decir— No… no quiero que tú y Scott peleen más.

—Oh… —dijo con cierta desilusión, sin entender por qué se sintió así— Voy a intentar solucionarlo. Esta vez fue mi culpa, y tiene razón en estar enojado.

—Amm… Entiendo y te lo agradezco —se soltó del agarre y bebió un trago largo de su taza—. Cuéntame cómo te fue ayer —se dirigió hacia la cama de Scott.

A Kurt no le gustó el cambio abrupto de tema y de actitud de Blaine.

—Fue un día horrible del que tampoco quiero hablar —dijo de mala gana.

—¿Por qué te enojaste? Y no digas que no lo estás, porque te conozco.

—No sé lo que me pasa. Lo siento.

—¿Estás enojado conmigo o es…?

—No, claro que no —frotó su rostro con ambas manos—. Es sólo que sigo alterado por lo de ayer.

—Entiendo.

—Mejor cuéntame cómo estuvo tu día.

—La verdad, no estoy de ánimos para hablar de eso.

—¿Así de mal?

El menor asintió con un suspiro.

Kurt fue y se sentó junto a él en silencio.

—Creo que…

—¿Por qué…?

Ambos se miraron y sonrieron ligeramente por haber hablado al mismo tiempo.

—Tú primero —dijo Hummel.

—Te iba a preguntar a dónde fuiste en la madrugada.

—No podía dormir, así que salí a dar vueltas por el edificio. Tenía mucho en qué pensar.

—Yo también tenía muchos pensamientos dándome vuelta y no me permitieron dormir casi nada.

—Deberías descansar.

—Tú también.

—No creo que pueda.

—Ya somos dos.

—Entonces, ¿estás de vacaciones en el trabajo?

Blaine se sorprendió por el cambio repentino de tema.

—Ah… sí, sí. Podría decirse.

—Creo que estamos atravesando situaciones muy difíciles y nos merecemos un descanso.

—Pero no podemos dormir.

—Me refiero a darnos un respiro. Alejarnos de todo.

—Eso sería fantástico.

—Vámonos lejos.

—¿Qué?

—Lo digo en serio. Deberíamos irnos.

—No, no puedo salir de aquí.

—¿Por qué?

—Es parte de lo que está sucediendo. No puedo dejar el lugar.

—¿No puedes salir del edificio?

—No. Aunque prefiero tampoco dejar el departamento.

—¿Por qué?

—De verdad no quiero hablar de eso —se puso nervioso—. No ahora, al menos.

—Sí, está bien. Comprendo. ¿Por cuánto tiempo?

—Toda la semana.

—¿Vas a estar aquí encerrado hasta el domingo?

—Eso temo —suspiró—. Aunque no sé cómo voy a soportarlo.

—Vámonos.

—Kurt…

—¿Hay alguien que no quieres que te vea? ¿Son los sujetos de la otra vez? ¿Nos siguieron?

—¡Oh no! ¡Ni siquiera digas eso!

—¿Entonces?

—Sí hay alguien, pero no son ellos. Es que…

—Es complicado.

—Sí —suspiró—. Ahora entiendo el porqué de la frase.

—¿Hay algo que pueda hacer para ayudar?

—No lo sé… Tengo miedo.

—Blaine… —se acercó más y lo tomó de la mano.

—Quisiera irme y no tener que preocuparme más.

—Hagámoslo. Podríamos salir tarde en la noche o antes de que amanezca. A la hora que prefieras.

—¿Pero, a dónde iríamos?

—A cualquier lugar lejos de aquí. Mientras estemos juntos, será perfecto.

Kurt no podía decir cosas como esas después de afirmar que entre ellos sólo había una amistad. ¿Era eso normal? ¿O es que él nunca tuvo un amigo con quien las cosas fluyeran de esa manera? Aquello lo confundía más.

»¿Blaine?

—¿Ah?

—Te perdiste en tus pensamientos.

—Ah, sí… Es que… No tengo dinero para realizar un viaje, y tú tampoco.

—Por eso no te preocupes. Yo me encargo de todo. Lo importante es saber si quieres hacerlo.

La idea de estar a solas con Kurt durante el resto de la semana volvió a acelerar su corazón, pero lo reprendió al instante.

—No estoy seguro.

—Piénsalo, así no estarías aquí encerrado y de paso te serviría para despejar la mente y olvidarte de tus problemas, al menos por unos días. A ambos en realidad.

Tal vez eso era lo que necesitaba para tranquilizarse y poner en orden sus ideas. También podía ser la ocasión perfecta para aclarar sus sentimientos por su… amigo. O eso esperaba.

—Está bien. Quiero ir contigo.