.
CAPÍTULO 34:
"Tocando fondo"
.
—No puedes estar hablando en serio —rezongó Scott—. Dijiste que debías permanecer aquí toda la semana, incluso tuviste un ataque de nervios ante la idea de que esas personas te encontraran, y ahora vas a salir como si nada porque Hummel te dijo que era lo mejor.
—No fue porque él lo dijera sino porque necesito alejarme de este lugar. No puedo ni quiero permanecer encerrado pensando en que podrían entrar por esa puerta en cualquier momento, o voy a terminar volviéndome loco.
—Y si él no estuviera, ¿qué harías?
—He pensado mucho en eso, y la verdad es que no lo sé, pero tengo la fortuna de que sí esté y ofreciéndome una forma de escape, y estoy tan agradecido por ello.
—¿No se supone que no tiene dinero?
—Fue a pedirle ayuda a sus amigos.
—Sigue sin gustarme esto. ¿Cómo se van a ir?
—Vamos a salir en la madrugada porque es la única forma segura y…
—¿Forma segura? ¿Sabes el peligro que hay a esas horas?
—Estaremos bien. Sus amigos nos van a ayudar.
Scott lo miró con seriedad y dio la vuelta, dirigiéndose hacia el pequeño mesón.
—¿A dónde irán? —abrió una botella con agua y bebió un tercio del contenido.
—No lo sé. Kurt se está encargando de todo —exhaló y se sentó en el borde de su cama—. Me da igual el lugar, lo único que quiero es irme lejos.
—Ah… —hizo una mueca.
—Te voy a dejar mi teléfono para poder comunicarnos en todo momento.
—Dudo que lo hagas.
—¿Darte el celular?
—Escribir. Vas a estar demasiado ocupado.
Blaine lo observó y recordó las palabras de Alejandro. Deseaba tanto haber podido tener esa conversación con Scott que su amigo le había recomendado.
—Claro que voy a escribirte, y tú puedes hacerlo también todas las veces que quieras. Incluso puedes llamarme a cualquier hora.
—¿Al teléfono de Hummel? No, gracias.
—Por favor, no te pongas así. Si quieres, ven con nosotros.
El joven frunció el ceño.
—Primero, no puedo darme el lujo de ausentarme de mis trabajos sin un motivo justificable. Segundo, nunca iría a un lugar al que no he sido invitado. Además, no me interesa.
—No me gusta verte de esa forma.
—Simplemente estoy preocupado por ti, Blaine. Quiero que estés bien.
—Lo sé, y te lo agradezco infinitamente, así como todo lo que has hecho por mí desde el día en que nos conocimos —se levantó y caminó hacia donde estaba su amigo.
—No me vengas con cursilerías —desvió la mirada.
—Te quiero mucho, Scott. Eres mi hermano y nada va a cambiar eso —se acercó y lo abrazó.
—No seas ridículo —le palmeó la espalda e intentó alejarse, pero el menor no lo soltó.
—Ya te he dicho que no tiene nada de malo expresar lo que uno siente. Y no finjas, aunque sea algo de aprecio me has de tener —dijo bromeando.
—Tonto —negó con la cabeza—. Sabes bien que te quiero mucho y que doy gracias por tenerte —lo sostuvo con algo de fuerza—. Sin ti estaría solo —susurró para sí mismo, sin embargo, el chico de cabellera oscura escuchó cada palabra y se estremeció de pies a cabeza.
—Ven con nosotros.
—Eso es imposible, ya te lo dije —se soltó y caminó hacia otro lado de la habitación—, así que no insistas.
Blaine decidió dejar las cosas tranquilas por el momento. Conocía bien a su amigo y no iba a presionarlo.
—Ven —se dirigió hacia la mesita de noche y tomó su teléfono—, te voy a enseñar las funciones. No es difícil manejarlo.
Scott suspiró y se sentó en su cama.
—Amm… ¿ya empacaste?
—No.
—Deberías empezar.
—No sé a dónde iremos. No es que tenga tantas opciones con mi ropa, pero al menos necesito saber si es un lugar frío o cálido.
—Claro. ¿Y a qué hora se van?
—En la madrugada, pero no sé la hora exacta —se sentó a su lado—. Cuando Kurt venga me dirá todo.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
Anderson no dejaba de dar vueltas en el departamento desde que Scott se había ido. Nunca había sido un problema para él estar solo, pero la situación era diferente en ese momento y no podía dejar de mirar la puerta cada vez que escuchaba algún ruido proviniendo del exterior ya que la idea de que esta se abriera dando paso a los O'Donnel, y que no hubiera alguien que lo ayudara, lo hacía temblar.
Sus pensamientos lo agobian cada vez más, al punto de torturarlo, y sabiendo que no podía continuar así, buscó una forma de distraerse.
Con una larga exhalación tomó su teléfono y empezó a jugar, pero no duró mucho tiempo. Al minuto intentó ver algunos videos, mas su concentración era nula. Tal vez hablar con alguien serviría, ¿pero con quién?
¡Por supuesto que había alguien! ¿Cómo no pensó en eso antes?
Sin vacilar buscó el número y empezó a caminar impaciente a que contestaran.
~Ale, hola. ¿Cómo estás?
~¡Blaine, cariño! ¡Qué gusto escucharte!
~¿Cómo sigues?
La conversación se prolongó el tiempo suficiente para que Blaine yaciera en su cama tranquilo, habiendo incluso olvidado mirar la puerta.
Hablar con Alejandro le hacía bien porque de algún modo este siempre encontraba las palabras que lo ayudaban a calmarse y a despejar su mente.
~Espera, ¿me estás diciendo que te vas a ir con tu amigo de viaje toda la semana?
~Así es.
~¿Entonces ya sabe lo que sientes por él?
~No, no. Para él somos amigos y nada más. Y eso es lo que haremos, un viaje de amigos.
~Los dos solos.
~Sí —sonrió con un pequeño suspiro—. No tiene nada de malo viajar con un amigo, ¿o sí?
~Claro que no. Era una pregunta… Es que te escucho entusiasmado y pensé que tal vez las cosas entre ustedes habían avanzado.
~No voy a negar que me emociona ese viaje, pero también me tiene nervioso porque espero poder aclarar lo que siento.
~Para mí tus sentimientos están más que claros, precioso. Son los de él los desconocidos. ¿O acaso ha ocurrido algo que te haga pensar lo contrario?
~Ya quisiera… —se mordió el labio con suavidad— Pero como te dije, para él somos amigos, aunque sigue diciendo cosas que me confunden, por eso espero que este tiempo que vamos a compartir me ayude a aclarar todo.
~Deberías hablar con él al respecto aprovechando que estarán los dos solos.
~Siendo sincero, he pensado en eso, pero no estaba seguro de si debía hacerlo.
~Hazlo, cariño. Tal vez te sorprenda.
~Si hubiera una posibilidad, aunque fuera pequeña… —suspiró.
~No lo sabrás hasta que no pongas las cartas sobre la mesa.
~Creo que tienes razón.
~¿Y de quién fue la idea del viaje?
~Suya. Es que ambos estamos atravesando por ciertos momentos complicados y él piensa que es una buena forma de distraernos un poco.
~Eso es cierto. A veces alejarse ayuda a despejar la mente y ver con claridad las cosas.
~Eso espero.
~¿Hay algo en lo que te pueda ayudar, dulzura?
~No, pero gracias por preguntar.
~¿Seguro?
~Sí… Mmm… No sé… Quizá…
~Dime qué necesitas.
~Es sólo una suposición. Algo que se me acaba de ocurrir. Amm… Si al regresar necesitara un lugar donde quedarme por unos días…
~Serás más que bienvenido, cariño. Esta es tu casa y podrás quedarte todo el tiempo que necesites.
~Gracias, Ale. De verdad. Eres tan bueno conmigo siempre.
~No tienes nada que agradecer.
~Claro que sí. A pesar de todas las situaciones por las que he atravesado, me considero muy afortunado por las personas maravillosas que han llegado a mi vida.
~Mereces sólo cosas buenas, Blaine.
~Gracias —sonrió—. Tú también, Ale. Deseo de todo corazón que las cosas mejoren para ti y tu novio, y que te recuperes pronto.
~Muchas gracias, hermoso.
~Oye, ¿y a tu novio no le molestaría que me quedara con ustedes?
~Para nada. Él es un amor. Te aseguro que no se opondría. Y, por cierto, qué coincidencias tiene la vida. Me contó que ustedes ya se conocían de…
~¡Oh, por Dios! —se puso pálido.
~¿Qué sucede?
~Están llamando —su voz se volvió trémula.
~¿Blaine?
~Te hablo luego —cortó la llamada y miró con aprensión la puerta.
La forma en la que golpeaban lo hizo estremecer y saltó de la cama buscando dónde esconderse.
Con una mirada fugaz al lugar se dio cuenta por primera vez que en caso de que se presentara una emergencia algún día, no tendrían cómo escapar. La ventana de la esquina no contaba ya que no existía ninguna cornisa ni de donde sujetarse.
Los siguientes golpes hicieron latir su corazón con fuerza. Su respiración se agitó e intentó ocultarse bajo la cama, mas resultó imposible por el minúsculo espacio.
Entonces hubo silencio, luego unas voces y nuevamente silencio.
La puerta no tardó en abrirse seguida de varios ruidos.
—¿Blaine? ¿Estás en el baño? —los pasos se aproximaron— ¡Oh, Dios mío! —se asustó al ver a Anderson en el suelo— ¿Qué pasó?
El chico de ojos dorados levantó la cabeza lentamente y exhaló.
—Me quiero ir de aquí —dijo con la voz entrecortada—. Me quiero ir.
—¿Qué fue lo que ocurrió? Estás temblando.
—No puedo más —al intentar incorporarse, su cuerpo entero tambaleó.
Kurt se agachó tan rápido como pudo, logrando sostenerlo entre sus brazos.
—Tranquilo, ya te tengo. ¿Te sientes mal? ¿Necesitas un médico o…?
El menor negó con vehemencia y se aferró a su amigo mientras intentaba respirar.
Kurt lo sostuvo sin saber qué más hacer pues jamás lo había visto de esa forma. Pronto empezó a susurrarle palabras que lo calmaran y le aseguró que no permitiría que nada malo le ocurriera.
Aquello parecía estar funcionando, así que continuó hasta que Blaine dejó de temblar.
—Lo siento —musitó el de rizos al separarse.
—¿Por qué?
—Que me vieras así es tan vergonzoso.
—¿No estás hablando en serio?
—De verdad lo lamento.
—Jamás tienes que sentirte mal por mostrarte vulnerable frente a mí.
—Es que…
—¿Has escuchado la frase "está bien no estar bien"? Todos atravesamos por momentos difíciles que nos lastiman, nos quiebran o nos llevan a un estado mental y emocional delicado, y es normal que…
Mientras Kurt hablaba, lo único en lo que Blaine podía pensar era en la persona que estuvo tocando la puerta. Incluso el sonido de los golpes aún retumbaba en sus oídos.
—¿Viste a alguien cuando llegaste?
—¿Qué?
—Cuando llegaste, ¿había alguien afuera?
—Ah… sí. Era un niño. Golpeaba con tanta fuerza que se escuchaba por todo el corredor. Parecía que iba a tirar la puerta.
—¿Un niño? —lo miró intrigado.
—Sí, como de diez años. Estaba buscando a su gato.
—¿Su gato?
—Al parecer dejó la puerta abierta y se escapó.
—Pero no se permiten mascotas aquí.
—Por eso estaba preocupado. Temía, y cito sus palabras, "que una persona mala lo encontrara, fuera con el chisme y la administradora lo obligara a botarlo".
—¡Oh!
—Su madre llegó y le llamó la atención por golpear las puertas de esa forma. Al parecer había estado recorriendo todo el piso y un par de vecinos se habían quejado con ella, así que se disculpó por el percance.
El niño insistía en que debían seguir buscándolo, pero su mamá le dijo que ya lo habían encontrado.
—Qué bueno… —exhaló tratando de ordenar sus pensamientos— Supongo que lo han de tener escondido en el departamento.
—Eso dijo la mujer, y me pidió que no comentara nada. Han tenido al gato desde pequeño y cuando se mudaron aquí, no quisieron abandonarlo.
—Claro… Entiendo…
—¿Ahora me puedes contar qué fue lo que te pasó?
—Me asusté cuando escuché esos golpes —quiso levantarse, sin embargo, sus piernas no respondieron correctamente.
—Déjame ayudarte —se pusieron de pie y se sentaron en la cama—. Entiendo que te asustara la forma en la que el niño golpeaba, yo también me sobresalté cuando salí del ascensor y escuché el escándalo, pero ¿qué hacías en el suelo y por qué estabas tan alterado?
Blaine negó con la cabeza y los ojos cerrados.
»¿Tiene que ver con la persona que te está buscando? —El chico asintió— Por eso decías que te quieres ir de aquí.
—S-sí.
—¿Esa persona te hizo daño? —lo tomó de la mano.
—Mucho.
—¿Quién es y por qué te está buscando? ¿Qué quiere de ti?
—Es una persona horrible. Y no podré estar tranquilo mientras él siga aquí.
—Oh, es un hombre.
—Una pareja en realidad, pero a él le tengo más miedo.
—¿Una pareja?
—No quiero seguir hablando de eso, por favor. No me siento cómodo ahora. Quizá en otro momento —bajó la mirada, clavándola en la pálida mano que todavía sostenía la suya.
—Descuida, cuando te sientas listo y si quieres compartirlo conmigo, aquí estaré. Lo único que deseo es que estés bien. No me gustaría volver a verte como cuando llegué.
—Gracias —exhaló cerrando los ojos—. ¿Qué pasó con lo que ibas a hacer?
—Ya está todo listo, y vine trayendo dos maletas.
—¿Tantas cosas vas a llevar?
—Una es para ti.
—Gracias, pero en mi mochila entra mi ropa.
—Bueno, en una maleta puedes acomodar mejor todo. Recuerda que también debes guardar tus artículos personales para la semana.
—Te lo agradezco, pero estoy acostumbrado a mi mochila.
—Está bien. Lo que sea más práctico para ti.
—¿A dónde iremos?
—A un lugar al cual solía ir de niño con mi familia y amigos. Aunque no es muy grande, es una ciudad hermosa en la que abunda la naturaleza, y estoy seguro de que te va a encantar.
—Me gusta como suena. ¿Y el clima qué tal es? ¿Qué tipo de ropa debo llevar?
—En esta época es fresco.
—Bien. ¿Y cómo nos iremos?
—En auto. El camino para llegar es largo, pero el paisaje lo vale.
—¡Oh! ¿Y a qué hora salimos?
—Cuando tú quieras.
—Me gustaría tanto hacerlo en este momento, pero no es seguro. En la madrugada como habíamos acordado está bien.
—Perfecto.
—Gracias por todo lo que estás haciendo.
Kurt lo rodeó por los hombros con su brazo, atrayéndolo hacia él, sintiendo como un instintito protector que desconocía estaba creciendo en su interior.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
Las horas transcurrieron y el diseñador se despertó con la alarma de su teléfono. Tras estirarse y sobar su cuello y espalda por un lapso de tiempo, se levantó frotando sus caderas para aliviar la tensión, dirigiendo la mirada hacia la cama vacía de su amigo.
—Blaine está en el baño —dijo Scott—. Ya está listo.
—¿A qué hora se despertó? —bostezo.
—Casi no ha dormido. Está tenso debido al momento por el que está atravesando.
—Me alegra poder hacer esto por él. Blaine necesita distraerse, calmarse y dejar de pensar en cualquier cosa que lo atormente.
—Sí, eso es cierto —suspiró—. Quiero pedirte algo.
Aquella solicitud le pareció inusual a Kurt y lo miró extrañado.
—Claro, dime.
—Cuídalo mucho.
—Puedes estar seguro de ello.
—Bien.
—Amm… También quiero pedirte algo.
—¿Qué cosa?
—Que hablemos de lo que sucedió cuando fuiste a buscarme.
—Si no está relacionado a Blaine, no tengo nada de qué hablar contigo.
—Quiero explicarte.
—¿Explicarme qué? Fuiste muy claro, Hummel. Tú y yo no somos ni seremos nunca amigos. Y dejemos las cosas hasta aquí porque lo que menos quiero es que Blaine nos encuentre discutiendo.
El teléfono de Kurt sonó, y mientras contestaba, el chico de los rizos salió.
—Están en camino —dijo luego de finalizar la llamada y se dirigió hacia el baño—. Voy a lavarme.
Blaine asintió y se acercó a Scott para abrazarlo.
—Te voy a extrañar.
—Yo también —devolvió el abrazo—, pero espero que ese viaje te ayude.
—Gracias. Yo igual.
—Diviértete mucho.
—No son vacaciones.
—Podrían serlo. ¿O es que piensas ir a encerrarte al hotel?
Anderson lo miró sorprendido. Había estado tan concentrado en alejarse así como en el tiempo que compartiría con Kurt, que no había analizado la situación detenidamente.
—Aunque suene ilógico, nunca pensé en lo que vamos a hacer allá.
—Bueno, ahora tienes otra perspectiva, así que más te vale que te relajes y te olvides de todo, o vas a tener serios problemas conmigo cuando regreses —dijo en un tono ligero con una sonrisa.
Ese era un lado de Scott que Blaine había visto en pocas ocasiones, sobre todo desde que el diseñador se hizo presente en su vida.
—Te quiero mucho —lo volvió a abrazar.
—Y yo a ti —lo sostuvo con fuerza durante unos segundos—. Espero muchas fotos.
—Claro que sí. Y yo espero que me escribas y me mantengas informado de todo.
—Olvídalo. Te vas para distraerte, no para seguir agobiándote.
—Pero…
—Te voy a escribir, pero ese tema no se toca.
—Está bien —suspiró.
Cuando Kurt salió, los observó en silencio por un instante, luego fue por su ropa y se cambió en una esquina. A los pocos minutos su teléfono sonó.
~Sí… Bien… Nos vemos.
—¿Ya llegaron? —preguntó el menor.
—Están cerca, pero debemos ir bajando. Recuerda que el ascensor está en el fondo, y hay que llamar a Andy para que abra la puerta.
—Pero cuando lleguen podemos…
—No, Blaine —intervino Scott—. Es peligroso que ellos estén esperando hasta que ustedes bajen.
—Tienes razón —fue por su maleta—. ¿Vas a bajar?
—Claro. Alguien tiene que vigilar mientras se embarcan.
Una vez en la puerta principal, Kurt revisó los mensajes de su teléfono y Scott aprovechó para acercarse a Blaine.
—Oye, relájate y sonríe. Es una nueva aventura.
—Gracias por comprender y apoyarme.
El chico le palmeó el hombro.
—Lo que no entiendo es por qué tienen que venir sus dos amigos.
—Uno de ellos trae el auto alquilado porque no podía estar parqueado en la calle debido a la inseguridad, pero tiene que regresar a su casa de algún modo, así que el otro amigo lo va a llevar.
—¿Y no era más fácil llamar a un taxi para que fueran a buscar el auto?
—Ninguna compañía está abierta a esta hora, por eso lo alquilaron temprano, y si lo hubieran dejado en casa de alguno de ellos tendríamos que ir hasta el otro lado de la ciudad.
—Ya llegaron —dijo Kurt y tomó su maleta.
Luego de las respectivas presentaciones y posterior despedida, los cuatro partieron del lugar.
