.


CAPÍTULO 35:

"Descubriéndonos"


.

—¿Hasta dónde nos van a acompañar tus amigos? —preguntó Blaine mirando por la ventana al auto de al lado.

—Este es el único camino de regreso que existe, al menos que yo conozca, y nos dirigimos al otro lado de la ciudad.

—¿Vamos a ir a donde ustedes viven?

—No, pero tenemos que avanzar hacia allá y luego tomar la desviación hacia la carretera, mientras que ellos se irán por un rumbo diferente.

—Oh, ya… —volvió a mirar por la ventana— Tienes buenos amigos.

—Sí, son geniales. Las mejores personas que puedas imaginar.

—Debe ser, porque a más de prestarte el dinero, tomarse el trabajo de venir desde tan lejos para traer el auto no es algo que cualquiera haría. Podían haberte dado el efectivo y dejar que resolvieras el resto.

—Ellos son así. Siempre nos hemos cuidado y apoyado entre nosotros.

—Recuerdo todas las anécdotas que me has contado.

—Más que mis amigos son mi familia.

—Se nota lo mucho que te quieren.

—Y yo a ellos —sonrió—. Te aseguro que se van a llevar muy bien.

—¿Puedo decir algo con total honestidad?

—Por supuesto.

—Creo que no le agradé a Bernard.

—¿Por qué piensas eso?

—Tal vez me equivoco, no lo conozco como para asegurarlo, sin embargo, fue lo que sentí por la forma en la que me miraba.

—Él es un tanto… complejo, pero una gran persona y un excelente amigo. No es que tenga algo contra ti. Tiende a ser algo reservado con los extraños hasta que los conoce mejor.

—Entiendo —bostezó.

—Descansa si quieres —dijo observando las calles por el retrovisor mientras estaban detenidos en un semáforo.

—No, está bien. No tengo sueño.

—Scott dijo que no dormiste casi nada.

—Tenía mucho en qué pensar —apoyó la cabeza en la ventana y suspiró.

—¿Qué sucede?

—Tal vez suene ridículo, pero… No, nada. Olvídalo.

—Blaine, dime.

—Scott y yo nunca nos habíamos separado desde que llegué a la ciudad, y se siente extraño.

—Comprendo a lo que te refieres.

—¿De verdad?

—Claro que sí. Hubo una época en la que Dante y yo fuimos inseparables. Siempre éramos los dos en todo y para todo. La primera vez que tuvo que viajar por negocios y no pude acompañarlo, fue difícil.

Sé que no es el mismo tipo de relación, pero a lo que me refiero es a que entiendo bien lo que estás sintiendo, y es normal, así como también será normal que lo extrañes durante los próximos días.

—Pensé que ibas a decir algo referente a tus amigos.

—Bueno, es que ellos siempre han estado presentes en mi vida. Incluso cuando empecé mi relación con Dante. Claro que él y yo teníamos nuestro tiempo como pareja, pero salíamos mucho en grupo.

—Entonces se llevaban bien todos.

—Sí. Los tres se volvieron muy buenos amigos, nos divertíamos juntos y compartimos grandes momentos hasta que él empezó a cambiar, entonces Trevor y Bernie se fueron apartando, mas nunca dejaron de estar para mí.

Blaine parpadeó un par de veces y permaneció en silencio hasta que se enderezó.

—Hacía tiempo que no lo mencionabas. ¿Lo extrañas todavía?

Kurt exhaló lentamente.

—Lo hago, pero de una forma diferente.

—Diferente, ¿cómo?

—Lo que siento ahora no es igual a cuando estábamos juntos. Incluso en esa época el sentimiento y las emociones fueron variando de acorde a cómo iba la relación.

Lo extraño y extraño lo que un día tuvimos, pero supongo que así debe ser porque no puedes olvidarte en un parpadeo de alguien con quien compartiste años de tu vida.

Blaine asintió analizando aquel hecho.

—¿Él fue tu primer amor?

—No, pero sí el más importante. Fue mi primera relación formal y comprometida. Teníamos muchos planes para el futuro, no obstante, a veces las cosas cambian.

—¿Qué crees que habría pasado si te hubieras casado con él?

—No lo sé. Quizá habría funcionado un tiempo, pero no creo que hubiera durado toda la vida por más esfuerzos que hiciéramos.

—Entonces, ¿piensas que con el tiempo te habrías arrepentido?

—Probablemente —suspiró—. Es raro pensar en ello ahora porque ese fue mi sueño durante un largo tiempo y ahora ya no puedo ni imaginarlo.

Al alejarme he sido capaz de analizar todo desde otra perspectiva y darme cuenta de que nuestra relación estaba demasiado fracturada, lo cual me ha llevado a cuestionarme muchas cosas.

Me resulta inverosímil la forma en la que me aferré a algo que, en el fondo, creo que ya sabía que no tenía futuro.

—¿Aún lo amas?

—Supongo que una parte de mí siempre lo amará por toda la historia que tuvimos, pero es un amor diferente, así como lo que sucede con lo de extrañarlo.

¿Qué si todavía tengo sentimientos románticos por él? No estoy seguro. Tal vez. No es algo que pueda arrancarme de un tirón. Es muy confuso en realidad, aunque dentro de todo este torbellino que siento, tengo claro que nada es como antes.

—¿Y eso es bueno?

—Supongo que sí. Solía pensar que no podría vivir sin él, y aquí me tienes —elevó los hombros—. Pero ya no hablemos de eso. Mejor cuéntame qué hay de ti. Nunca has mencionado a ninguna de tus ex parejas.

—¡Oh! Bueno, no es un tema que surja en las conversaciones.

—Siempre hemos hablado de mi situación, y no quiero hacerlo más, prefiero saber de ti. De todos los temas de los que conversamos, ese es uno que jamás hemos tocado. Has tenido parejas, ¿cierto?

—Sí, claro.

—Bien, háblame de ellas.

—Amm…

—¿Qué tal el primer novio? Empecemos por ahí.

—Eso fue hace ya varios años. Él era asombroso y la relación que tuvimos fue maravillosa. A pesar de eso, después de unos meses nos separamos y no volví a saber de él.

—¿Por qué? ¿Pelearon?

—No. Es más, ni siquiera discutimos o tuvimos problemas mientras estuvimos juntos. Simplemente se le presentó la oportunidad de una vida mejor, y yo no podía estar más feliz por él porque de verdad la merecía.

—¡Oh! ¡Guau! Entonces fue un buen amor.

—Nos queríamos mucho, nos gustábamos, nos preocupábamos por el otro en todo momento y compartimos cosas importantes, pero amor, amor, no fue. Para eso se necesita más tiempo, no obstante, te puedo decir que lo que tuvimos fue muy bueno.

—Eso es lo que importa.

—Estoy de acuerdo. Y tengo los mejores recuerdos de aquella experiencia.

—Me alegro por ti. ¿Y luego?

—¿Luego?

—Tu segundo novio.

—Hubo alguien después, pero no sé si cuenta como pareja.

—No me digas que fue una aventura, porque no eres de ese tipo.

—¿Y de qué tipo crees que soy?

—Estoy seguro de que eres romántico, entregado, detallista, cariñoso, fiel, alguien que cuida a su pareja en todo momento, procura su felicidad y le demuestra su amor de muchas formas.

Tengo claro la clase de persona y amigo que eres —continuó mirándolo fijamente—, y no me cabe duda el tipo de pareja que serías. Quien logre conquistar tu corazón será más que afortunado.

Blaine se quedó perplejo con la respuesta y lo único que pudo hacer fue pensar en cuanta razón tenía Kurt y en todas las maneras en las que le demostraría sus sentimientos si estuvieran juntos.

—¿Ah? ¿Qué? —preguntó al sentir el codo del decorador empujándole el brazo.

—Que me cuentes sobre esa persona. ¿Por qué no crees que la puedes considerar tu ex?

—Era una chica preciosa que me encantaba, y eso me tenía muy confundido hasta que me explicaron que podían gustarme tantos los chicos como las chicas. Aquel era un concepto nuevo que me tomó algo de tiempo entender, pero que al final asimilé.

Un día la besé y fue cuando me di cuenta de dos cosas. Uno, soy totalmente gay. Dos, la manera en la que ella me gustaba no estaba relacionada con la atracción. Era su forma de ser, su personalidad, lo fuerte y valiente que era. La admiraba mucho, disfrutaba de su compañía, pero eso era todo.

—Diría que en realidad fue algo importante porque resultó una experiencia de autodescubrimiento.

—Sí, en ese sentido lo fue. No voy a negarlo. Me refería a que no fue más allá en cuanto a la relación. Andábamos juntos y hubo ese único beso, por no sé si eso sea suficiente para considerarla como una pareja. En todo caso, me quedo con lo que aprendí.

—Me parece algo muy bonito que supongo aportó para tu siguiente relación.

—No he tenido ninguna pareja después de eso.

—¿Por qué? —preguntó sorprendido.

—Quizá por las circunstancias. El andar de un lugar a otro no me dio la oportunidad de conocer a alguien más lo suficiente como para empezar ninguna relación, y he de agregar que tampoco era una prioridad. Hubo otras circunstancias en mi vida que capturaron toda mi atención.

Después de un tiempo creí que finalmente me había asentado y que tendría estabilidad, pero las cosas cambiaron —exhaló con pesar—. Ya luego de eso llegué aquí y me dediqué a trabajar. Si bien es cierto que soy sociable y muchos me conocen, mi círculo cercano está compuesto por cuatro personas.

—Entiendo.

—Ahora es tu turno. Cuéntame cómo fue tu primer novio.

—Habíamos acordado que no hablaríamos más acerca de mí.

—No me molesta escucharte, al contrario, me gusta saber más de ti. Y como ya terminé con mi extenso historial romántico —sonrió con burla—, es tiempo de conocer el tuyo.

—Es corto también. He tenido tres novios, incluyendo a Dante.

—Solía pensar que había sido tu primera pareja por la forma en la que hablabas de él la mayor parte del tiempo.

—¡Oh! Creo que sí hablaba mucho de él y de todo lo que estaba pasando —hizo una mueca—. Y tú siempre fuiste tan paciente al escucharme. Gracias.

El menor sonrió asintiendo con suavidad.

—Para eso son los amigos.

"Amigos", aquella palabra se sintió amarga en su boca.

»Entonces —intentó olvidarse de aquella sensación—, ¿qué pasó con tu primer novio?

—Era un compañero del colegio. Fue una relación corta y algo complicada porque él no le había dicho a nadie que era gay. Yo era el único que lo sabía, así que nuestro noviazgo fue secreto para casi todos, y digo casi porque mi mamá se enteró.

Nunca supe cómo porque él y yo éramos muy, muy discretos, y cuando le pregunté, me dijo que una madre se da cuenta de esas cosas. En todo caso, me apoyó y guardó mi secreto hasta que estuve listo para hablar de ello.

Volviendo a esa relación, la mayor parte del tiempo él pasaba en mi casa con la excusa de que hacíamos la tarea juntos, que nos daban trabajos en equipo y cosas así. Y sí era cierto, en parte, porque teníamos tarea a diario, pero lo otro lo inventábamos a veces.

Yo también iba en ocasiones a su casa para que no resultara sospechoso, y de paso que sus padres comprobaran que teníamos trabajos y mucho que estudiar.

Un día, cuando llegamos a su casa, sus padres se habían ido a una reunión, así que aprovechamos el momento. Estábamos besándonos cuando casi nos descubren porque nunca los escuchamos llegar.

—Estaban concentrados en otra cosa —sonrió al imaginar a Kurt de adolescente.

—Lo estábamos, pero él se asustó tanto que al día siguiente terminó conmigo. Dijo que no podía seguir haciendo eso, que había sido una señal, que no podía exponerse de esa forma y que era mejor que fuéramos amigos únicamente.

Me pidió que lo comprendiera, y aunque dolió, lo hice porque sabía lo que era el temor de ser rechazado por la familia.

Las cosas continuaron relativamente iguales hasta que se hizo novio de una chica de otro curso, luego de eso se fue alejando.

—¿Por qué hizo eso?

—Nunca me lo dijo, pero supuse que no quería que lo vieran conmigo porque para esa época me había declarado gay abiertamente. Ya sabes, la gente habla, surgen rumores y él no podía permitir que lo asociaran con el gay del salón.

—Después de haber sido novios y que lo apoyaras tanto, que te hiciera eso no tiene nombre.

—Me sentí mal durante un tiempo, pero luego entendí que fue el miedo el que lo hizo actuar de esa forma.

Durante la adolescencia atraviesas por muchas cosas que a veces prefieres callar ya sea por miedo, vergüenza, falta de confianza, incertidumbre y demás, y en su caso todo eso se multiplicaba al tener una familia tan conservadora.

Pensé que con el tiempo encontraría el valor para hablar con sus padres, mas no sucedió. Lo último que supe, por medio de un amigo en común, es que se iba a casar con su novia de la universidad.

—¡Oh! ¡Vaya!

—Sí, vaya… Es triste que en pleno siglo XXI todavía existan personas que tengan que ocultarse por temor al rechazo, la discriminación, incluso a la violencia como si estuvieran haciendo algo malo.

—Triste e injusto. Debe ser muy duro tener que mentirles a todos y aparentar algo que no eres mientras reprimes lo que de verdad sientes… —negó con la cabeza.

No lo conozco, pero de verdad espero que encuentre el valor y la fuerza que necesita para ser libre y mostrarse al mundo tal y como es.

Kurt asintió dándole una rápida mirada.

—Yo también lo espero, y que sea pronto y no después de años de un matrimonio infeliz y varios hijos.

—Debe ser terrible vivir una doble vida —suspiró.

—Lo es.

Blaine lo miró atónito.

—Pero tu familia siempre te ha apoyado.

—Sí, lo hace. He sido afortunado al respecto, aunque mi padre nunca ha estado muy feliz que se diga.

—No entiendo entonces a qué te refieres con saber lo que es llevar una doble vida.

—En cualquier forma en la que tengas que vivir ocultándote, mintiendo o aparentando algo, es una pesadilla.

—Oh, sí. Debe serlo. Sólo escuchar cómo suena es terrible —otro instante de silencio se presentó—. ¿Por qué dices que sabes cómo es eso?

—Ante todo quiero que quede claro que estoy consciente de que no hay punto de comparación con lo que estábamos hablando porque son situaciones muy diferentes.

—Amm, está bien.

—Haciendo referencia a mi caso, durante mucho tiempo tuve que aparentar cada día que Dante y yo éramos una pareja feliz, que no teníamos problemas y todas esas cosas. Era terrible estar tomados de la mano ante otros y comportarnos cariñosos cuando minutos atrás habíamos estado peleando y gritándonos.

Hubo una época en la que estuve al borde del colapso mental y emocional debido a… No me mires así, ya te dije que son otras circunstancias.

—No es por eso —se recostó ligeramente y empezó a trazar patrones aleatorios con sus dedos a lo largo del cinturón de seguridad—. Entiendo que son diferentes historias.

—¿Entonces?

—Solía pensar que los ricos tenían vidas diferentes. Tal vez no perfectas, pero sí sin problemas.

—Es la segunda vez que me llamas así.

—¿Así? ¿Cómo?

—Rico.

—Lo eres. Aunque no lo dije en forma despectiva o negativa.

—Lo sé, pero suena raro viniendo de ti.

—Estoy haciendo alusión a lo que pensaba de los de tu clase social.

Cuando ves a esas personas con tanto dinero manejando autos caros y elegantes, utilizando ropa o accesorios exclusivos, viajando por el mundo, gastando a manos abiertas y luciendo seguros, felices, radiantes, lo último en lo que pensarías es en que tienen problemas o en que están fingiendo, porque no lo aparentan de ninguna forma. Todo a su alrededor luce tan perfecto.

—Pero ahora ya sabes que no todo es lo que parece. Como te conté en varias ocasiones, una de las cosas que te enseñan desde pequeño en el mundo del que vengo es a comportarte correctamente y a guardar las apariencias porque es importante lo que la sociedad opine de ti.

Tampoco puedo hablar por todos. Quizá algunos tengan otra forma de ver la vida, pero mi referencia es mi propia experiencia y la de personas cercanas. Cada familia a su manera y con sus propias reglas, por supuesto.

En el caso de mis amigos, por ejemplo, Trevor creció en un hogar en donde le enseñaron a ser prudente en sus acciones, a pensar muy bien antes de hablar o actuar, así como detalles que su familia consideraba importantes.

Benji viene de un hogar muy exigente y conservador, pero que, a pesar de eso, se mueve según su conveniencia. Tal es así que si sus padres le permitieron ser mi amigo es por mi apellido y el lugar que mi familia tiene en la sociedad.

—¿Pero por qué? ¿Qué pueden ver de malo en ti?

—Soy gay.

—¿Y qué con eso?

—En nuestro círculo también hay prejuicios, así como mucha falsedad. Mientras tengas el prestigio y los medios suficientes, aunque no estén de acuerdo contigo, van a respetarte, o al menos aparentarlo.

—Cada día me sorprendo más —exhaló negando con la cabeza—. Que a Benjamín le permitieran ser tu amigo sólo por tu dinero y tu apellido es horrible.

—Lo es, aunque con el tiempo me fueron aceptando. Aun así, tienen sus reservas y pensamientos que no comparto. Lo bueno es que Benji resultó diferente a sus padres. Él pudo haberse alejado de mí cuando le dije que soy gay, y no lo hizo. Al contrario, siempre ha estado para mí, me ha apoyado incondicionalmente y me ha defendido.

En muchos aspectos su familia lo ha moldeado y mantenido controlado, pero hay cosas en las que ha sido él mismo a pesar de todo.

Un caso más complicado es el de Dante. Su familia es muy exigente, incluso más que la de Benji, y su padre es terrible. Siempre lo ha controlado y me ha criticado por todo, desde como luzco hasta la profesión que tengo. Nunca me consideró digno de su hijo, sin embargo, aceptó nuestra relación por la relevancia que tiene mi apellido en la sociedad y en el mundo de los negocios.

A Trevor también lo menosprecia, pero su familia es una de las más importantes, así que…

—Perdón que te interrumpa, pero ese hombre es…

—Nefasto.

—No sé lo que significa esa palabra, aunque supongo que no debe ser algo bueno.

—Significa despreciable.

—¡Oh! En definitiva, lo es. ¿Criticarte por cómo luces? ¿Acaso está loco? Eres tan… perfecto.

—Blaine… —dijo conmovido.

—Es la verdad —lo miró a los ojos—. Y tu profesión o cualquier otra cosa en ti es… es… —un remolino de emociones se asentó en su estómago— Eres maravilloso.

—Gracias —le sonrió.

Las ganas de quitarse el cinturón de seguridad y abrazarlo mientras le decía todo lo bueno que veía en él eran muy fuertes, tantas como el deseo de besarlo.

—Amm… —desvió la mirada con un nerviosismo que esperaba no estar mostrando— Y a Trevor, ¿por qué? No es gay, y parece alguien muy agradable.

—Por su raza.

—¡Ese sujeto es espantoso! ¿Qué tiene en su corazón? Y además es hipócrita porque oculta lo que piensa de ustedes por conveniencia.

—Tal cual, aunque no lo oculta mucho que digamos.

—Años atrás solía fantasear con tener esa vida de comodidades y felicidad que me parecía increíble, pero ahora que sé la verdad, no la quiero por nada del mundo.

—¿No te gustaría tener una vida más tranquila, económicamente hablando?

—Claro que sí. ¿Quién no lo quiere? Por eso trabajo duro para poder ahorrar y en el futuro tener una vida mejor. A lo que me refiero es a las complicaciones y horrores de ser un millonario.

—Tampoco pienses que todas las cosas son malas.

—Mmm… Supongo… No todo es blanco o negro, ¿cierto? Existen más colores en el medio —cerró los ojos apoyando la cabeza hacia atrás mientras suspiraba.

—Puedes reclinar el asiento para que estés más cómodo.

—Así estoy bien, gracias. Tal vez más tarde —guardó silencio por unos segundos—. ¡No entiendo por qué existen personas así!

—Ya no pienses en eso.

—Atravesaste por tantas cosas y…

—Eso es parte del pasado —la pantalla del celular se encendió en ese momento—. ¿Podrías contestar, por favor? Olvidé activar el Bluetooth.

Blaine se estiró y tomó el dispositivo de donde estaba asentado.

—Es Trevor. Voy a poner el altavoz.

Hola, Trev. ¿Qué pasó?

~¿Van a comer algo? Pensamos ir a un lugar que nos gusta y está abierto las veinticuatro horas.

~Amm, no lo sé. ¿Blaine, tienes hambre?

—No mucha, pero está bien si quieres ir.

—Había pensado en detenernos más adelante. Son las tres recién.

—Como quieras. Igual puedo pedir lo mío para llevar, por eso no te preocupes. Si tienes hambre, vamos.

Veinte minutos después se encontraban los cuatro sentados en el cálido local esperando que les sirvieran sus platos.

Blaine observaba con disimulo la interacción entre los amigos a la vez que le enviaba un mensaje a Scott.

Pronto una chica joven colocó todo sobre la mesa. Los halagos no se hicieron esperar por lo bien que lucía y olía.

—Hace ya como un mes que no comía waffles —dijo Benji.

—¡Estos son los mejores de la ciudad! —exclamó Trevor con una enorme sonrisa.

—¡Qué delicia! —suspiró Kurt después del primer bocado.

—Los arándonos están espectaculares. Se nota cuando son frescos.

—Y esta miel de maple es superior.

Continuaron proclamando mientras comían.

—¿Qué pasa? —preguntó Kurt en susurro a Blaine, quien estaba a su lado— ¿Por qué no comes?

—Nunca he probado algo como esto y no estoy seguro de lo que debo hacer.

—Te prometo que te van a encantar. Ponles las jaleas que prefieras y encima las frutas. También hay miel y…

—¿No te gustan? —interrumpió Benji— Puedes pedir helado, así también son deliciosos, aunque no los recomiendo de esa forma para desayunar.

—Si prefieres, ya vienen los panqueques —dijo Trevor.

—Ah… no… está bien… No he comido esto antes y…

—¡Oh! Discúlpame. Este es uno de nuestros lugares favoritos y por eso lo sugerí, pero debiste decir que preferías algo diferente.

—No te preocupes, estoy abierto a probar nuevas cosas. Es sólo que no sabía cómo empezar.

—Como te dije —intervino Kurt—, puedes ponerle jalea, fruta, miel, mermelada, chocolate, o helado como mencionó Benji. No hay una regla.

—Exacto —dijo Trevor—. Puedes probar un pedazo con cada opción o hacer combinaciones hasta descubrir lo que más te gusta.

—¿Qué sueles desayunar? —indagó Benjamín.

—Por lo general como pan con café o con chocolate, y a veces algo de fruta.

—Cuando dices pan, ¿te refieres a un sánduche?

—A veces, otras es el pan puro.

—¿Sin nada?

—Sí. Dependiendo del tipo de pan.

—¿Y nunca varías el desayuno?

—Los fines de semana, porque de lunes a viernes es lo que me dan en el trabajo, y está muy bien, además, me gusta.

—Eso quiere decir que entras muy temprano —dijo el de tez morena.

—Así es. Salgo a las cinco y media del departamento.

—¿Es en serio? —Benjamín lo miró estupefacto— Yo me levanto a las seis y media para la sesión de yoga, y estoy que me arrastro. Ya con el batido de proteínas me reanimo. Voy a mi clase de spinning o de Taichi, dependiendo del día de la semana que sea, regreso a la casa a tomar un baño caliente, me alisto y ahí desayuno para luego salir al trabajo.

—Cada persona tiene su propia rutina —dijo Trevor—. Hubo una época en la que, por mi carrera, me tocaba levantarme a las cuatro todos los días, y era pesado, así que Blaine tiene mi respeto y admiración.

—Gracias —sonrió el mencionado.

—No es más que la verdad. Entiendo muy bien lo que es levantarse cuando todos siguen durmiendo.

—¿Y a qué te dedicas? —preguntó Benji

—Tengo varios trabajos, pero con el que empiezo y que es fijo es en una panadería, porque los otros son esporádicos.

—¿Y qué haces ahí? —levantó una ceja.

—Vendo, tomo pedidos, limpio, ayudo con las cuentas.

—Blaine es tan eficiente y honrado que su jefe le tiene mucha consideración y confianza —proclamó Kurt con orgullo—, y es muy trabajador también.

—Eso es realmente bueno —dijo Trevor con una sonrisa—. Son cualidades que te llevarán muy lejos.

La conversación continuó hasta que terminaron de comer y luego el menor se dirigió al baño para limpiarse la jalea con la que se había ensuciado.

—¿En qué piensan? —preguntó Hummel.

—Blaine es un buen chico. Me agrada —contestó el psicólogo.

—No entiendo cómo es que son amigos —continuó Benji—. No difiero de Trev, me parece un buen chico, pero es tan distinto a ti.

—¿Por qué?

—Vamos, Kurt, no necesito decírtelo, lo sabes bien. Empezando por el lugar en el que vive. Además, vende pan, limpia casas, canta en el metro… No encaja en nuestro círculo. Y que quede claro que no estoy menospreciándolo o a lo que se dedica porque todo trabajo es digno, únicamente enfatizo lo diferente que es su mundo al nuestro.

Y tampoco comprendo qué haces viviendo con él, pasando por tantas incomodidades cuando podrías estar con cualquiera de nosotros.

—Blaine y yo tenemos en común cosas que van más allá de lo económico o lo social. Hemos compartido mucho durante el tiempo que llevamos conociéndonos y existe un gran cariño entre nosotros.

—Yo tampoco lo entiendo —dijo Trevor, sorprendiendo a Kurt por un instante—. Me refiero a lo de vivir con él, no a su amistad o a lo que se dedica.

Podrías quedarte con nosotros hasta que soluciones tus problemas, sin embargo, prefieres pasar ciertas dificultades. ¿Por qué?

—¿Ves? Hasta Trev me da la razón.

Cuando nos dijiste que estabas durmiendo en un colchón de espuma, no sabía a lo que te referías y tuve que buscarlo en internet. O sea, ¿qué te pasa? Si quieres ser amigo de ese niño, es tu decisión. No te voy a decir que te alejes de él porque, como mencioné antes, parece un buen muchacho, pero pon los pies en la tierra.

—En primer lugar, Blaine no es un niño —refutó el de ojos claros—. Sí, es menor, pero…

—Shh… —silenció Trevor— Ahí viene.

Kurt lo miró y se puso de pie.

—Entonces nos vamos. Gracias por llevar el auto.

—No tienes por qué enojarte —susurró Benjamín.

Una vez en el estacionamiento y luego de la respectiva despedida, Trevor se acercó a su mejor amigo y lo llevó hacia un costado.

—No quiero que te vayas así de alterado. No creo haber dicho nada incorrecto en ningún momento. Lo único que quiero es entender lo que estás haciendo porque pareces un chiquillo ilusionado siguiendo a quien cree que es el amor de su vida.

—¿Cómo se te ocurre? Blaine y yo somos amigos. ¿Qué parte de eso no está clara?

—Tal vez por la forma en la que lo defiendes y hablas de él

—Igual como lo haría contigo o con Benji.

—A nosotros nunca nos has mirado como lo miras a él.

—No sé a qué te refieres con eso.

—Por ahora relájate y disfruta de tu viaje, pero me gustaría que habláramos con calma cuando regreses.

Kurt fue el último de los cuatro en entrar a su respectivo vehículo. Al hacerlo notó que Blaine tenía el ceño fruncido.

—¿Sucede algo?

—Amm… Bueno, es que necesito ayuda.

—¿Con qué?

—Quiero reclinar el asiento y no puedo.

—Del lado derecho, en un costado, hay una pequeña palanca. Debes moverla y hacer presión con tu espalda para que el asiento se recline. Cuando estés en la postura que deseas, sueltas la palanca.

—Sí, eso lo sé, pero por más que lo intenté, no pude hacerlo. No sé si lo que moví no era la palanca o qué es lo que pasa.

—¿Puedo? —hizo un gesto indicando que se estiraría para alcanzarla.

—Sí, claro. ¿O prefieres que baje?

—No. Eso es rápido —se inclinó sobre el chico, estirando el torso y el brazo.

El de rizos se pegó al espaldar tanto como pudo porque el contacto lo puso nervioso.

»Ya la tengo, ahora reclínate despacio.

—No se mueve.

—Hazlo con un poco más de fuerza.

El perfume era embriagante al igual que la cercanía, y Anderson perdió el balance, apoyando todo su peso. El asiento se movió hasta quedar casi vertical, y por reflejo se agarró de su amigo, haciendo que resbalara y quedara sobre él en una posición extraña, aun así, se estremeció por completo.

Kurt intentó enderezarse, pero Blaine permanecía aferrado a su cuerpo. En el movimiento las miradas de los dos se conectaron y el corazón de Blaine latió con fuerza mientras varias sensaciones lo recorrían de pies a cabeza.

—L-lo siento —susurró el menor.

—N-no te preocupes —un ligero calor lo invadió y su estómago dio un vuelco.

Con algo de torpeza se levantó y ayudó a Anderson a sentarse.

—De verdad. No fue mi intención sujetarte de esa forma. Me asusté cuando me fui de espaldas —dijo todavía aferrado a este, con su rostro a escasos centímetros.

—Descuida, no pasa nada.

—¿Estás bien?

—Sí, Blaine, ¿y tú?

—Todo bien.

Benjamín, que estaba dando un vistazo por la ventana en ese momento, abrió los ojos con sorpresa y de inmediato empujó con el codo a Trevor.

—¿Qué pasa?

—Mira eso —le indicó con un gesto que volteara en su dirección.

—Definitivamente necesitamos tener esa conversación cuando regrese.

Mientras tanto, en el otro auto, los dos amigos empezaron a acomodar el asiento con algo de torpeza.

—Gracias —dijo el menor cuando lo lograron, mordiéndose la esquina del labio con suavidad mientras abrochaba el cinturón de seguridad, y Kurt asintió.

—¿Listo para iniciar una nueva aventura?

—Sí —suspiró acompañando su mirada expectante con una sonrisa.

Hummel se perdió por un instante en el brillo y la dulzura de aquellos ojos, y su estómago dio otro vuelco.

—Algo me dice que será una semana inolvidable —suspiró.

—Estaremos juntos. Estoy seguro de que así será.