.
CAPÍTULO 36:
"El comienzo del despertar"
.
El camino era largo, pero Kurt y Blaine lo estaban aprovechando para conversar, tomarse fotos juntos y también al paisaje, incluso para cantar, y el menor estaba sorprendido de la manera en que sus voces armonizaban.
—No tenía idea de que cantaras tan bien —dijo Anderson con una sonrisa—. ¡Me encanta tu voz!
—¿De verdad?
—Sí. Es dulce, melódica, cautivante.
—¡Oh! ¡Gracias!
—Luces sorprendido, como si nadie te hubiera dicho algo así antes.
—No lo han hecho.
—¿Cómo es posible?
—Me han dicho que mi voz es bonita, pero no lo demás.
—No puedo creerlo. Cada vez que cantas deberías recibir halagos.
—Bueno, tal vez ahí está el asunto. No suelo cantar, y cuando lo hago, por lo general es a solas.
—¿Y por qué no lo haces siempre? Tu voz es preciosa.
—Te lo agradezco, pero en realidad sólo canto cuando me siento feliz, tranquilo, libre y… —suspiró.
—¿Qué ocurre?
—Me acabo de dar cuenta de que ha transcurrido algo de tiempo desde la última vez que canté, y más desde que lo hice con alguien.
—¿Cuánto ha pasado?
—Años… ¡Guau! La última vez en público fue para una fiesta de cumpleaños de Trevor. Él, Benji y yo cantamos juntos por más de una hora.
—Suena como algo muy divertido.
—Lo fue —sonrió—. De esos momentos que se quedan grabados por siempre.
—¿Y por qué esa fue la última vez?
—A la familia de Dante no le pareció correcto. Dijeron que mi comportamiento fue deplorable y un montón de cosas más.
—¿Están locos? ¿Por qué dijeron algo así?
—Porque la gente de alcurnia no da ese tipo de espectáculos.
—O sea… ¿qué? ¿Están locos o qué les pasa?
—Cada persona tiene su forma de ver las cosas.
—Entonces que ellos no lo hagan, pero no tienen por qué interferir en la vida de los demás.
—No tienes idea de cómo son y la tortura que puede resultar estar a su lado.
—Que a ellos no les gustara que cantaras no significaba que tenías que dejar de hacerlo.
—No me dejaban en paz con su discurso sobre las cosas que la gente de alcurnia no hace.
—No puedo creer que fueran tan controladores y falsos al mismo tiempo —negó con la cabeza—. He visto conciertos por televisión, y quienes están cerca del escenario son ricos o por lo menos tienen el dinero suficiente para pagar lo que cuestan los boletos en esa sección, y siempre que los enfocan están cantando y gozando al máximo, así que no puede decir que la gente de clase no canta o no se divierte de esa forma.
—Pero la situación es diferente porque se trata de un evento público cuyo objetivo es justamente ese, pero hacerlo en otro tipo de actos o lugares no es bien visto.
—¿Y tu ex qué decía?
—Dante no tenía problema con que cantara, le gustaba de hecho, siempre que fuera en casa o que estuviéramos los dos solos, pero hacerlo en público era diferente por lo que representaba.
—¿Su opinión o la de sus padres?
—Daba igual porque al final siempre acataba lo que ellos decían.
—¡Qué estupidez más grande! Perdón que te diga esto, pero cada vez entiendo menos que hayas sido pareja de un sujeto que permitía que sus padres lo manipularan, y como si fuera poco, que mandaran en su relación.
Y con respecto a lo otro, estaban en una fiesta. ¿Qué se supone que iban a hacer?
—Depende de la edad de los presentes y del motivo de la fiesta. Si es algo formal, usualmente se conversa mientras se comparten bebidas y canapés.
—¿Qué es eso?
—¿Canapés? Son aperitivos. Porciones pequeñas de comida.
—Oh, ya. Sí sé a lo que te refieres, pero nunca había escuchado esa palabra. ¿Y eso es todo lo que hacen?
—En una reunión formal, sí.
—Pero era una fiesta de cumpleaños. Trevor tiene tu edad, y si eso pasó hace mucho, eran muy jóvenes todavía… Lo siguen siendo. Que cantaran y se divirtieran era normal.
—También había adultos en la fiesta, entre ellos ciertos invitados especiales, socios de nuestros padres y… Ay, Blaine, la verdad es que no tiene caso seguir hablando de algo que sucedió hace tanto tiempo.
—Sí, es verdad, pero es que no entiendo lo ridículo de aquel comportamiento. Eran tres amigos disfrutando de la fiesta de cumpleaños de uno de ustedes, y si los padres de tu ex se opusieron, que no sé por qué estaban ahí, él debió apoyarte.
—Las cosas no son así de fáciles.
—Tu gente las quiere volver complicadas.
—Yo solía tener una perspectiva bastante parecida a la tuya, y eso me ocasionó discusiones y problemas con Dante, con su familia y por consiguiente con la mía, así que tuve que adaptarme.
—Dejaste de ser tú.
—Me adapté, que no es lo mismo.
—Puedes adaptarte a una situación o a un lugar sin perder tu esencia. Pero renunciaste a quien eras, a lo que te gustaba y a lo que te hacía feliz para así complacer a otros.
—Tú qué sabes —dijo con seriedad.
—Solías cantar cuando te sentías feliz y libre. Fueron tus palabras, no algo que supuse o malinterpreté, y que no lo hayas hecho en varios años es una clara evidencia de lo que estoy diciendo. Y así como renunciaste a eso, quién sabe a cuántas cosas más.
—Parte de crecer es madurar y evolucionar.
—Eso es cierto. No voy a negarlo, pero parte de madurar es entender y aceptar quien eres y no renunciar a ello por…
—Deja ese tema tranquilo ya.
—En el tiempo que llevo de conocerte, nunca te había visto ponerte a la defensiva.
—No estoy a la defensiva, simplemente me molesta que opines de cosas que desconoces.
—Siempre te he escuchado con atención, y es en base a nuestras conversaciones que saco conclusiones —suspiró y observó el paisaje por la ventana.
Me preocupo por ti porque me importas —dijo después de haber permanecido en silencio por un lapso—. No puedo dejar de pensar en lo que me contaste cuando paramos en la gasolinera, y ahora con todo esto lo estás confirmando.
—¿Qué cosa?
—Estabas sufriendo mucho, y no me refiero únicamente a tu relación con ese sujeto sino a tu vida en general.
Hummel respiró profundo y sujetó el volante fuertemente con ambas manos.
»Kurt… Kurt… —le tocó el brazo.
—¿Ah?
—El semáforo cambió dos veces ya.
—¿Qué?
—El semáforo —lo señaló—. La luz pasó por todos los colores dos veces, y no te has movido.
—Ah… No me di cuenta —metió cambio y arrancó.
—¿Te molestó lo que dije?
—Un poco.
—No era mi intención. Yo sólo…
—Me molestó, pero más que nada me dolió porque es cierto, y aceptarlo es… —presionó sus labios por unos segundos— Necesito un momento, no puedo conducir así —se orilló a un costado y encendió las luces intermitentes.
—Kurt…
—¿Puedes darme un minuto?
—Claro.
Kurt se bajó del auto y se alejó caminando.
Blaine sabía que lo de un minuto era un decir, pero habían transcurrido más de diez y se estaba desesperando. Las ganas de salir corriendo a buscar a su amigo eran grandes, pero este le había pedido espacio y debía respetar eso. Incluso mirar por los espejos se sentía incorrecto.
Finalmente, Kurt regresó y se acomodó en su asiento con una exhalación larga.
—Toma —Blaine estiró el brazo entregándole una botella con agua.
—Gracias —le dio un trago largo—. Y gracias por esperarme.
Anderson asintió y se puso de lado, observándolo con discreción mientras trataba de encontrar alguna señal de su estado de ánimo.
Qué estaba pasando con su amigo era totalmente incierto porque este no lucía enojado, triste, desilusionado ni nada que se le pudiera ocurrir. Tampoco había rastro de que hubiera estado llorando. Tal vez eso era bueno, o tal vez no porque significaba que se estaba conteniendo. Su expresión era neutral, y eso lo llevaba de la confusión a la preocupación.
—¿Te sientes mejor? —preguntó con la esperanza de obtener una respuesta sincera.
—Algo —volvió a exhalar—. Perdón por hablarte de esa forma. Fue como volver a esos días y me sentí tan extraño, frustrado… Ni siquiera sé cómo explicarlo.
—Descuida, comprendo.
—Gracias —suspiró—. ¿Te has comunicado con Scott?
Blaine lo miró sorprendido, pero si lo que Kurt quería o necesitaba era hablar de cualquier otro tema para distraerse, lo ayudaría con eso.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
—¡Este lugar es increíble! —dijo el de rizos sonriendo mientras observaba por la ventana las pintorescas calles.
—Y cuando conozcas todo el lugar te quedarás fascinado. Una vez que dejemos las cosas te llevaré a dar un recorrido.
—¿Estamos cerca del hotel?
—Sí, a un par de cuadras. Espera a que veas tu habitación, es cómoda y tiene…
—¿Mi habitación? Creí que íbamos a estar juntos.
—Tu habitación está junto a la mía.
—Ah…
—Pensé que, como siempre compartes tu espacio y tus cosas, te gustaría tener algo sólo para ti en estos días.
—Oh… Bueno… Digo, sí, e-está bien.
—No pareces muy convencido. De verdad creí que te iba a gustar la idea.
—Sí, claro.
—Te ves desilusionado —ingresó a un parqueadero.
—No. Sorprendido nada más, pero agradezco mucho tu intención —exhaló lentamente—. Supongo que también necesitas eso porque estás acostumbrado a tener tu espacio y llevas un tiempo con nosotros en el cual tu privacidad se ha visto afectada.
—Podrías pensar que es mentira, pero cuando planifiqué todo, lo hice pensando en ti. Claro, en que íbamos a estar los dos y cuanto lo disfrutaríamos, pero me enfoqué en ti básicamente porque quería que tuvieras una experiencia inolvidable.
—Kurt… —exhaló conmovido— No necesito nada especial. El hecho de que me ayudaras a alejarme por unos días es más que suficiente.
—¿Estás llorando?
Blaine se frotó los ojos y negó con la cabeza.
—No es nada. Tonterías mías.
—Me importas mucho, por eso quería hacer algo especial para ti. Dices que no lo necesitas, pero lo mereces, y me alegra poder dártelo.
—Gracias —se desabrochó el cinturón y se estiró para abrazarlo—. Te aseguro que nunca voy a olvidarlo.
—No tienes nada que agradecerme —correspondió el abrazo—. Te quiero mucho.
El menor sostuvo con más fuerza a su amigo.
—Yo también te quiero, y deseo que te redescubras para que vuelvas a sentirte libre, completo y todo lo que te llene de felicidad.
Kurt suspiró y luego se apartó un poco. Su rostro, por segunda ocasión en ese día, a escasos centímetros del de Blaine, y sus miradas nuevamente se conectaron.
Era difícil descifrar lo que estaba experimentando en ese momento. La cercanía le producía una sensación desconocida pero agradable, aquellos ojos ambarinos le transmitían mucha paz y, aun así, su corazón se estaba acelerando.
—Gracias —dijo con voz tenue, sin poder apartar la mirada—. D-deberíamos entrar.
—¿Entrar?
—Al… hotel.
—¡Oh! Claro —lo soltó y se acomodó en el asiento con algo de torpeza—. No me di cuenta de que habíamos llegado —exhaló y miró al frente intentando contenerse—. Amm… Voy a sacar las cosas.
Kurt asintió y se bajó del auto segundos después, cuestionándose qué le estaba ocurriendo.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
—¡Este hotel es hermoso! —dijo Blaine contemplando todo con gran emoción.
—Me alegra que te guste.
—¿Gustarme? ¡Me encanta! —giró hacia un costado— ¡Mira que plantas tan bonitas! ¡Y las decoraciones! ¡Mira el suelo! Hasta pena me da pisarlo y que se ensucie.
—Blaine… —sonrió negando con la cabeza.
—Ni siquiera necesito una habitación. Podría dormir aquí y estaría feliz.
—Ya que mencionaste lo de la habitación, si quieres puedo pedir otra.
—¿Otra?
—Para compartirla.
—¡Ah! No, no te preocupes, está bien.
Se acercaron al mostrador y una chica los recibió con una amable sonrisa.
—Buenos días y bienvenidos. Mi nombre es Tiffany. ¿En qué puedo ayudarlos?
—Buenos días —contestó Blaine—. Gracias.
—Buen día, Tiffany —dijo Kurt—. Tenemos una reservación a nombre de Hummel.
—Permítanme revisar —accedió a la computadora—. Efectivamente. Tienen dos habitaciones sencillas por el resto de la semana.
—Eso es correcto.
—Denme un minuto, por favor.
—Todavía estamos a tiempo de hacer el cambio —susurró el de ojos claros rozando la mano de su amigo, la cual reposaba sobre el mostrador.
Blaine lo miró y se imaginó cómo sería estar juntos todo el tiempo. Amaba la idea, pero existían dos razones por las cuales no podía aceptar. La primera era porque quería que Kurt volviera a tener el espacio personal y la privacidad que había perdido en el departamento. La segunda eran los pensamientos que lo habían estado invadiendo y que en ese instante lo hicieron acalorarse y desviar la mirada con timidez.
—Ah…
—¿Deseas la habitación doble?
—Amm… —intentó controlar su nerviosismo— ¿Por qué cambiaste de parecer?
—Quiero que tengas una gran experiencia, y pensé que quizás…
—Perdón que intervenga —dijo la recepcionista—. No hay habitaciones dobles disponibles por el momento, pero tengo una suite matrimonial.
Blaine se puso rojo, sin saber qué decir o cómo actuar.
—N-no, no. Las dos habitaciones están bien —dijo Hummel y se aclaró la voz.
—Seguro, pero si cambian de opinión en algún momento, con gusto puedo ayudarles —les guiñó el ojo.
Una vez en el ascensor, Anderson volteó a ver al decorador.
—¿Suite matrimonial? ¿Por qué nos la ofreció?
—Quizá pensó que somos… pareja.
—¿Nos vemos como una pareja? —preguntó con una pequeña sonrisa—. Si lo fuéramos, sería raro que cada uno tuviera su habitación.
—Tal vez supuso que estamos siendo discretos.
—Oh… No se me había ocurrido.
—¡Oh, por Dios!
—¿Qué?
—Realmente creo que pensó que somos pareja o que estoy tratando de seducirte o alguna cosa así.
—¿Por qué?
—Porque dije que quería que fuera una experiencia memorable para ti mientras te tocaba la mano.
Blaine soltó una carcajada que alivió la tensión que había estado sintiendo.
—No es cierto —volvió a reír—. Pero si estábamos hablando en voz baja.
—Al parecer tiene una audición impresionante.
—Deberían contratarla como espía o para el servicio secreto.
Ambos rieron y bromearon hasta llegar a su piso.
—Esta es una de las habitaciones —dijo Kurt—, y al final del pasillo se encuentra la otra —la señaló—. ¿Cuál quieres?
—La que sea.
—Me gustaría que eligieras una. Puede ser por la ubicación, o si prefieres, puedes revisarlas primero y luego decidir.
—Es una habitación, ¿por qué tengo que elegir?
—Porque tienes derecho a ello.
Hablamos al respecto durante el trayecto, y entiendo lo que dijiste acerca de aceptar con gratitud lo que alguien o la vida te ofrezca, pero que elijas o tomes decisiones basadas en lo que quieres o lo que te gusta, no es incorrecto, ni dejas de estar agradecido por ello.
—A veces no hay opciones.
—Es cierto, pero a veces sí las hay, y esta es una de ellas.
Tal vez en este momento hablamos simplemente de una habitación, pero mi punto va más allá. Lo que quiero que asimiles es que no se trata de si es una elección grande o si es algo sin trascendencia, sino de que eres un ser libre y como tal tienes derecho a elegir, tienes derecho a decir si algo te gusta o no, tienes derecho a aceptar o a negarte, tienes derecho a quedarte en un lugar o a irte.
Comprendo que en el pasado las circunstancias te limitaron o que ciertas personas tomaron decisiones que te dejaron al margen de todo, haciéndote creer que no había algo más, que no tenías derechos, o que siempre debías aceptar sus imposiciones, pero ya no es así.
Las cosas han cambiado, Blaine. Tienes una vida diferente ahora, y sé que va a seguir mejorando y volviéndose más brillante con el tiempo porque te esfuerzas por ello, y sin duda lo mereces.
El chico asintió y bajó la cabeza por un instante.
—Me hiciste recordar a mis padres… Ellos decían cosas como esas —suspiró—. También decían que soy valioso y que tengo derecho a lo mejor.
—No podría estar más de acuerdo con ellos —lo sujetó suavemente del hombro con una mano y empezó a frotar su pulgar—. Y bien, ¿te gustaría ver las habitaciones para elegir una?
—Quiero la del fondo porque está más apartada.
—Perfecto —sonrió—. Entonces, esta es tu llave.
—Gracias —la observó por unos segundos.
—¿Te muestro como funciona?
—No, sí sé, pero gracias. ¿Y de aquí qué vamos a hacer?
—Podemos descansar si quieres, ya que no has dormido nada.
—Estoy bien, pero creo que tú sí necesitas descanso. Estuviste conduciendo durante varias horas.
—Lo único que necesito es lavarme el rostro y un té helado. Tengo pensado llevarte a conocer algunos lugares.
—Suena genial, pero nada en donde se necesite el auto. Tal vez una caminata por los alrededores.
—Estoy bien. Tampoco fue un viaje tan largo.
—Fueron varias horas y tu cuerpo necesita un respiro, aunque digas lo contrario. Y voy a asegurarme de que sea así porque me preocupo por ti tanto como lo haces por mí.
—Blaine… —sonrió sinceramente y una sensación de calidez lo recorrió por completo— No sé qué decir…
—No tienes que decir nada, sólo déjame cuidarte.
Kurt asintió con un suave suspiro.
—Voy a lavarme y luego paso por ti. Podrías revisar tu habitación mientras tanto.
—Seguro —asintió y se alejó por el corredor.
Cuando Hummel salió, se sorprendió al ver a Blaine en el fondo del pasillo con su equipaje, así que caminó velozmente en su dirección.
—¿Qué pasó? ¿No te gustó la habitación?
—No puedo entrar —contestó en voz baja.
—¿Por qué? ¿No funciona tu llave?
—No sé cómo usarla —resopló por la nariz.
—Te pregunté si necesitabas ayuda y me dijiste…
—Trabajé en un lugar en donde usaban este tipo de llaves y se deslizaban por una ranura para abrir la puerta, pero aquí no hay forma de hacer eso. Esta cosa no tiene ningún orificio ni nada, y la tarjeta no tiene instrucciones.
—Lo que sucede es que este es otro tipo de cerradura.
—Ya me di cuenta.
—¿Y por qué no fuiste a buscarme?
—Quería hacerlo por mi cuenta, pero no puedo —la frustración teñía claramente su voz.
—Dale la vuelta a la llave. Como puedes ver, en la parte posterior tiene un código. Ese código debes colocarlo frente al sensor de la puerta y esperar unos segundos para que lo lea… —continuó con la explicación y luego hizo que Blaine practicara un par de veces.
Cualquier malestar que el joven de rizos sentía por el inconveniente de la puerta quedó relegado al ingresar.
—¡Esta habitación es sorprendente! —dejó la maleta y la guitarra a un costado— ¡Cuánto espacio! Me encantan os colores y… ¡Mira esa cama! —corrió a tocarla— ¡El cobertor es acolchado y las almohadas esponjosas!
—Siéntate para que la pruebes.
—Me da pena destenderla.
—Anda, siéntate.
Blaine se acomodó en una esquina y sus ojos se abrieron con asombro.
—¡Es tan suave! ¿Me puedo acostar?
—Claro, es tu cama. Puedes hacer lo que quieras.
El chico se acostó y suspiró audiblemente.
—¡No puedo creer que exista un colchón tan suave y cómodo! No tengo palabras… ¡Guau! ¡Aquí podría quedarme toda la semana!
Kurt observaba complacido la reacción de Blaine ante cada cosa que descubría. La forma en la que sonreía, el brillo de sus ojos, la emoción en su rostro. Era como un niño en una juguetería, y verlo tan feliz no tenía precio.
—Mira, aquí tienes un mini bar —se acercó para mostrarle.
—Pero yo no tomo.
—Tranquilo, no contiene bebidas alcohólicas.
—¿Entonces? —corrió curioso para ver de qué se trataba.
—Se llama así, pero es una nevera en donde tienes diferentes tipos de bebidas y de helados. Y en esta sección de acá hay golosinas y…
—Espera… ¿qué? ¿Hay una…? —abrió la pequeña refrigeradora y observó su contenido— ¡No es posible que en la habitación haya esto! ¿Es una broma?
—Claro que no.
—¿Tú pediste que la instalaran?
—No. Es parte del servicio que ofrece el hotel.
—No tengo palabras… Es… ¡No es cierto! —exclamó con los ojos muy abiertos al mirar hacia un costado —¿Es un microondas?
—Así es.
—¿En la habitación?
—Sí. Y de este lado está la mesa por si quieres sentarte a comer o hacer algo. Encima se encuentra el menú y el horario en el que atienden.
—¿Menú? Pero si no es un restaurante.
—Tienen un área de comedor, aunque si prefieres, te pueden traer la comida a la habitación, por eso dejan la carta para que la revises.
Blaine sujetó su cabeza con ambas manos mientras intentaba asimilar todo.
—¿Y esto qué es? —corrió hacia el fondo del dormitorio.
—Es el aire acondicionado.
—¿El aire…? —miró a Kurt con total desconcierto— Ni si quiera hace calor.
—Depende de la época del año.
—¡Ay no! ¡Esto ya es demasiado! ¿Es un televisor lo que está frente a la cama?
—Sí. Y en una de las mesitas de noche están los controles remotos, tanto del televisor como del aire, y en la otra se encuentra el teléfono.
—¿Un teléfono? —parpadeó perplejo— ¿Se usa con una tarjeta como en las cabinas?
—No, Blaine. Es un sistema de intercomunicación.
—¿Cómo es eso?
—Por ejemplo, si quieres hablar conmigo, levantas el auricular y marcas el número de mi habitación.
—¿Así de fácil?
—Sí. Pero para realizar llamadas a otros lugares es un procedimiento diferente. En el cajón debe estar la cartilla que te indica los pasos. Y si quieres comunicarte con recepción, marcas el cero.
—¿Y para qué querría hablar con alguien de recepción?
—Para lo que necesites o para pedir servicio a la habitación.
—¿Eso de verdad existe? Porque lo he visto en las películas, pero no sabía que era cierto.
—Claro que existe.
—¡Ay, Kurt! ¿Cómo es posible todo esto?
—Es una habitación de hotel.
—De un hotel de lujo.
—Estamos en una ciudad pequeña. No hay hoteles de lujo aquí.
—¿No hay…? Pero si todo esto es demasiado. Con un lugar donde dormir habría bastado.
—Es un lugar donde dormir.
—Que seguramente costó mucho —exhaló por la nariz—. Ya sé que tus amigos te prestaron el dinero, pero podemos buscar otro hotel. Con algo sencillo me conformo.
—¿De qué hemos estado hablando hoy? —se acercó y lo tomó de la mano— Blaine, mereces cosas buenas, hermosas, extraordinarias.
—Sí, pero…
—Has hecho tanto por mí desde el día en que nos conocimos, y esta es una forma de demostrarte mi agradecimiento y cuanto me importas.
No quiero decir con esto que las acciones se compensan con cosas materiales, porque sé muy bien que no es así. Simplemente me gustaría que lo tomes como un gesto de cariño y que lo disfrutes al máximo. Verte feliz me hace feliz.
Blaine se quedó sin aliento por un instante. Kurt era capaz de causar eso en él de distintas formas y de hacer vibrar su alma. Quería expresarle tantas cosas, pero la conexión entre su cerebro y su boca parecía haberse desvanecido mientras contemplaba la forma en la que esos hermosos orbes azules centelleaban.
—Gracias —dijo finalmente—. No hay forma en la que pueda pagarte por todo esto.
—Con esa sonrisa lo estás haciendo.
