.


CAPÍTULO 37:

"Junto a ti"


.

—Me gusta este lugar —dijo Blaine con una sonrisa mientras caminaba—. Se siente una tranquilidad, algo diferente, no sé cómo explicarlo.

—Entiendo a lo que te refieres. Tiene cierta magia, por eso me gustaba venir.

—¿Ha pasado mucho desde la última vez que estuviste aquí?

—Un poco.

—¿Es otra de las cosas a las que renunciaste?

—No. Simplemente no encontraba un momento propicio… —volteó a verlo— hasta ahora.

—¿Venías solo?

—Al principio con mi familia, pero mi papá fue con el tiempo dándole más importancia al trabajo y al qué dirán, y con eso se volvió más selectivo, como él le dice.

Luego empecé a venir con Trevor y Bernard. Realmente nos encantaba porque la gente es amable, respetuosa y el trato es igual para todos. Aquí no eres el magnate, el hijo de, el exitoso, ni ninguna de esas cosas, eres simplemente una persona más.

—¿Te gustaba ser uno más?

—A los tres… Tal vez te suene extraño, pero cuando creces rodeado de personas que te conocen en todas partes, puede volverse abrumador —exhaló—. Llegar a un lugar en donde te conocen y te dan un trato especial, es agradable, no lo voy a negar, sin embargo, eso también implica que los ojos de todos estén siempre sobre ti pendientes de qué haces, qué dices, cómo te comportas, si estás a la altura de tu apellido y la familia a la que perteneces.

—Oh, entiendo. Suena incómodo.

—Lo es, y mucho. Pero este lugar es diferente, y parte de su encanto es que nadie se entromete en la vida de los demás.

Trev, Bernie y yo pasamos grandes momentos aquí, y uno de nuestros sitios favoritos es un bar al que íbamos a bailar y divertirnos porque podíamos ser nosotros mismos sin tener que pensar que estábamos siendo juzgados de ninguna forma. Y no sólo nosotros, todos en general, tal es así que encontramos a algunas celebridades ahí.

—¿En serio?

—Sí, y fue gratificante verlos pasar un momento agradable con sus amigos, mezclándose entre la gente y compartiendo con todos, como las personas normales que son.

En una ocasión estuvimos en la misma barra con un cantante muy famoso, y conversamos sobre diferentes temas mientras disfrutábamos de nuestras bebidas.

—¿La gente no le pedía autógrafos o fotos?

—No. O quizá alguien en algún momento lo hizo, no lo sé, pero de ser así, fue muy discreto porque nunca hubo nadie acosándolo. Durante el tiempo que conversamos, fuimos sólo un grupo de personas que coincidieron en la barra y luego nos fuimos a bailar y él con sus amigos.

—¡Guau! Comprendo por qué te gusta este lugar.

—Para mí es como un sueño, y muchos de mis mejores recuerdos son de aquí.

Por ejemplo, en una ocasión vinimos en parejas y a algunos se nos pasaron un poquito los tragos. No creas que es algo que suelo hacer. En todo caso, al día siguiente, fuera de la resaca, lo pasamos tranquilos divirtiéndonos como si nada. En cambio, una vez fuimos a un bar conocido allá donde vivimos y Bernie bebió demás, y como no podíamos permitir que llegara en esas condiciones a su casa, nos quedamos todos en donde Trevor, aprovechando que sus padres estaban de viaje. Al día siguiente su padre lo llamó furioso porque alguien que lo había visto, le contó que estuvo dando un espectáculo bochornoso.

—¡Ay, no! ¿Pero qué estaba haciendo?

—¿Bernie? Riéndose muy fuerte.

—Me refiero al espectáculo que dio por no estar en sus cinco sentidos.

—Los tres estábamos sentados en un área privada conversando y riendo, pero él empezó a hablar muy alto y soltó varias carcajadas. Aquello al parecer fue de mal gusto para quien lo reconoció.

—¿Qué? ¡Eso es absurdo! Pensé que había hecho algo malo, como dijiste que fue un acto bochornoso.

—Su padre lo calificó de esa forma.

Blaine negó con la cabeza mientras hacía un gesto.

—Amm… Tengo una duda.

—Dime.

—¿Ustedes acostumbran a beber mucho?

—No, en lo absoluto. Lo normal, y sólo en ciertas ocasiones.

—¿Lo normal para quién? Porque yo no bebo, por ejemplo.

—Dos, tres vasos, máximo, depende de la ocasión. Pero entiendo por qué preguntas, y no tienes nada de qué preocuparte. Los tres somos muy moderados.

Lo de Bernie sucedió porque se tomó un par de cocteles que nunca antes había probado, y eso fue suficiente para que terminara así, pero como te dije, lo único que hizo fue reírse y hablar muy alto.

—¿Y qué pasó con su padre?

—A más del sermón, lo castigó por ello.

—¿Es muy estricto?

—Mucho, y bastante severo también. No te puedes imaginar lo duros que pueden ser algunos padres para aplicar castigos.

—Créeme que lo sé.

Kurt lo miró con preocupación.

—¿Qué pasó? ¿Por qué te pusiste así?

—Así, ¿cómo?

—Tu expresión cambió por completo.

—Recordé algo.

—Nada bueno, obviamente.

—No quiero hablar de eso.

—Blaine…

—Por favor. Ahora no. Mejor sígueme contando. Amm… Dijiste que en una ocasión vinieron en parejas, eso quiere decir que has traído a tu ex, ¿o fue a otro?

—Ah… —resopló— Dante es el único ex que ha venido y sólo en dos ocasiones. La primera lo invitó mi familia y la segunda lo invitó Trevor.

—¿Y tú por qué no lo trajiste?

—Porque este es un lugar diferente y no todos pueden apreciar su encanto. Le agradó cuando vino, pero él es de grandes ciudades, así que no tenía caso. La verdad, prefiero mantener este sitio como algo muy personal que comparto únicamente con personas especiales.

—Gracias por pensar que soy especial y compartir tu lugar conmigo —sonrió.

—No lo pienso, lo sé, y me siento muy feliz de que estés aquí.

Blaine suspiró y mantuvo la sonrisa un poco más.

—¿Con quién más has venido?

—Con mi hermana. Ella ama este lugar, aunque le encanta también un pueblito que está a media hora de aquí. Los dos nos divertíamos mucho aquí, ya sea que viniéramos los dos o en grupo con nuestros respectivos mejores amigos.

—Te llevas muy bien con ella.

—Sí. Desde niños fuimos muy unidos, pero con el tiempo fue apartándose, y eso me dolió.

—¿Por qué?

—Cuando Dante empezó a cambiar, ella fue la primera en notarlo, y no le gustó en lo absoluto.

A pesar de ser menor, siempre me aconsejaba que hablara con él, que no permitiera tal cosa, que fuera firme, y así con todo lo que no le parecía correcto. Al comienzo la escuchaba y eso me trajo problemas con Dante, y para evitarlo dejé de hacerlo, pero ella no tenía reparo en decirle todo lo que pensaba.

Con el tiempo, la relación entre ellos se fue tornando cada vez más complicada así que decidió apartarse, sin embargo, si la necesitaba, siempre estaba para mí.

—¿Y cómo van las cosas ahora?

—No hemos tenido oportunidad de compartir como antes porque ella ha estado viajando, pero hablamos por teléfono.

No te imaginas lo feliz que se puso cuando cancelé la boda… Fue la única en la familia, de hecho —hizo un gesto—, y la única con la que mantengo contacto desde que eso pasó.

—Me gustaría conocerla. Parece alguien muy agradable.

—Lo es. Y estoy totalmente convencido de que ustedes se llevarían muy bien —sonrió—. Quizá cuando ella regrese pueda organizar algo para presentarlos.

—Suena bien. De verdad me gustaría conocer a las personas que son importantes para ti.

La sonrisa de Kurt se amplió más.

—A mí también me gustaría conocer a las personas importantes de tu vida.

—Amm… Bueno, ya conoces a Scott.

—¿No hay nadie más?

—Ah… También tengo una hermana.

—¿De verdad? Nunca la habías mencionado.

—Sí. Su nombre es Angelina, y es la chica más increíble y dulce que puedas imaginar. Siempre fue buena conmigo y muy cariñosa. Estábamos pendientes el uno del otro en todo momento.

—Eso me hace acordar a mi hermana. Justamente así era nuestra relación —dijo asintiendo—. ¿Y qué pasó con ella?

—Vive lejos de aquí… Como sabes, me mudé en busca de un mejor futuro, y aunque deseaba más que nada llevarla conmigo, era imposible porque no sabía a qué me iba a enfrentar, y no quería exponerla.

—Claro. Entiendo perfectamente.

—Estoy mejor ahora, sin embargo, no puedo traerla y la extraño mucho.

Kurt lo observó preguntándose cómo habría sido su situación cuando, aun con lo poco que tenía, este consideraba que vivía mejor que antes.

—¿Hablas con ella?

—No puedo —bajó la mirada—. Las circunstancias no me lo permiten.

—¿No tiene un teléfono?

—¿Qué?

—Que si tu hermana no tiene un teléfono al cual la puedas llamar.

Blaine dejó escapar una risita irónica.

—Sí, sí tiene. Ese no es el problema.

—¿Entonces?

—Hay cosas más complicadas en la vida —exhaló lentamente—, pero al menos me conforta saber que está bien.

—¿Cómo lo sabes si no te has comunicado con ella desde que te fuiste de tu casa?

—Me lo dijo cuando la vi, y, además, lucía bien.

—¿Cuándo fue eso?

—Hace unas semanas.

—¿Cómo? ¿Dónde la viste?

—Kurt, te agradezco tu interés en mí, pero hemos llegado muy lejos con esta conversación.

—Disculpa —lo miró confundido —, ¿a qué te refieres con eso?

—No pretendo ser grosero. Lo siento si sonó así, es sólo que hay cosas de las que prefiero no seguir hablando.

—Está bien, estás en todo tu derecho… No quise ser invasivo.

—¿Qué es eso?

—¿Invasivo? Una persona que invade tu espacio, que se mete donde no debe.

—¡Oh! Gracias por decirme. Y no estás siendo eso.

—Crucé tus límites.

—No lo sabías, pero, gracias por entender.

—Por supuesto.

De pronto el menor se quedó estático mirando con asombro hacia un costado.

—¿S-son mariposas?

Kurt volteó para ver a lo que Blaine se refería. Cerca de donde se encontraban había un área verde rodeada de árboles, flores y cientos de mariposas revoloteando.

—Sí —respondió con una sonrisa al ver la emoción en el rostro del chico.

—¿Se puede ir de ese lado?

Su duda fue resuelta por un par de niños que empezaron a correr felices en el área, y él no tardó en hacer lo mismo.

El decorador meneó la cabeza con una sonrisa y sacó rápidamente su celular para filmarlo.

»¡Kurt, mira! ¡Están volando a mi alrededor! ¡Mira! ¡Tengo mariposas en los dedos! Ven…

—No me gustan los insectos.

—Son mariposas.

—Cero insectos para mí. No importa lo coloridos que sean.

—Ven… —se fue acercando.

—De aquí las puedo ver bien.

—Es divertido. Y hacen cosquillas.

—No, gracias. Pero disfrútalo por los dos.

—Ay, no seas aburrido.

—No, precioso. No soy nada aburrido.

Ambos se quedaron mirando ante el uso inesperado del sobrenombre.

»Aah… Ehh… Fue, fue una expresión.

—Sí, claro. No… no te preocupes, e-entiendo. No es como si creyera que… —alzó los hombros.

—¿No es como si creyeras qué? ¿Que no te puedo decir así? No tenemos ese tipo de relación, pero dejo constancia de que sí pienso que eres precioso.

Blaine se puso de todos los colores posibles y su corazón latió más fuerte que nunca.

—Ahh… —abrió la boca y pestañeó un par de veces— Kurt…

El mencionado lo había dicho como un cumplido, pero por alguna razón que desconocía, la reacción de su amigo estaba provocándole sensaciones inesperadas.

¿Y si Blaine creía que estaba flirteando con él? No, eso sería imposible, pero lo mejor era aclarar las cosas.

—No tiene nada de malo que te diga que me pareces atractivo.

—¿De verdad piensas eso?

Su idea de aclarar cualquier malentendido quedó en segundo plano ante la notoria sorpresa del chico. ¿Cómo era posible que no se diera cuenta de lo bien que lucía? ¿Acaso nadie se lo había dicho?

—Por supuesto. ¿Es que nunca te has visto en un espejo?

—Kurt… —sonrió con timidez— Qué cosas dices.

Y ahí estaba, era sólo Blaine siendo Blaine, sin pensamientos extraños ni nada parecido. Era él quien imaginaba cosas que no existían.

—No te muevas.

—¿Por qué?

—Quédate quieto un instante —lo apuntó con el celular y le tomó una foto.

—¿Qué fue eso?

—Una mariposa se posó sobre tu cabeza.

—¡Oye!

—¿Qué? Te ves muy tierno.

Ambos sonrieron sin apartar la mirada del otro.

кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε

Luego de un agotador, pero satisfactorio día, los dos amigos ingresaron a la habitación del menor.

—De verdad lo lamento —dijo Blaine con un suspiro—. No tenía idea de que eso se comiera así, y me vi muy torpe.

—Ya olvídalo. Soy yo quien lamenta no haberte indicado.

—No es tu culpa. Estás acostumbrado a estar rodeado de personas de tu mismo estatus a quienes no tienes nada que explicarles.

—Blaine…

—No, tranquilo. Sé que somos diferentes, y así como fue un choque para ti entrar a mi mundo y te ha costado adaptarte, para mí también todo esto es nuevo, por eso te pido que me tengas un poquito de paciencia y me disculpes las torpezas.

—No entiendo a qué viene esto ni por qué hablas como si estuvieras haciendo algo mal.

—Todo esto es diferente para mí y hay cosas que ignoro.

—Si tienes dudas respecto a algo, sabes que puedes preguntarme. Jamás me voy a molestar por eso ni te voy a juzgar.

—Sí, lo sé… es sólo que… —suspiró— estoy fuera de mi zona de confort.

—Has salido de ella en muchas ocasiones.

—Pero no es igual —chasqueó la lengua.

—¿Por qué no es igual?

—Olvídalo.

—No puedo porque algo te está ocurriendo, y no estoy seguro de qué es, pero me sorprende —lo observó pensativo—. Este es un lado tuyo que no había visto antes.

—Ah… sí… bueno… es que… No quiero que te avergüences de mí —dijo con voz tenue.

—Jamás, Blaine. Y no creo haber dicho o hecho algo que te hiciera pensar eso, así que no entiendo de dónde viene esa idea.

El chico elevó los hombros.

—Es que… quedé en ridículo.

—No es verdad. ¿Sabes qué sí fue ridículo? El que hice frente a ti la primera vez que fuimos a comer pizza. Ni siquiera podía tomar una rebanada de la bandeja. Estuvo deliciosa, pero terminé hecho un desastre completo, y a pesar de eso, no me juzgaste, no te molestaste o te avergonzaste de mí.

—Fue una experiencia increíble —sonrió al recordar el momento.

—¿Porque terminé sucio de aquí a cuatro vidas?

Blaine soltó una carcajada.

—Por todo lo que compartimos… Y me pareció adorable verte así.

—¿Entonces no te avergonzaste de mí por no saber hacer algo?

—Claro que no.

—¿Y por qué yo lo haría de ti? —lo tomó de la mano— Nunca podría sentir vergüenza sin importar lo que hicieras.

—¿Qué tal hoy cuando me puse a correr entre las mariposas? ¿O cuando corrí y salté entre los chorros de agua? Me comporté como un niño tonto.

—Es una de las cosas que más me gustan de ti.

—¿Que me comporte como un niño, o que sea tonto?

—Que seas tú. Que te sientas lo suficientemente libre para hacer lo que te nace en el momento sin estar pensando en lo que otros puedan decir. Eso es hermoso de ver y totalmente admirable.

El chico de rizos suspiró y su pecho se inundó con una cálida sensación.

—¿Qué hay de ti? Entiendo que no te gusten las mariposas, ¿pero por qué no corriste conmigo en los chorros de agua?

—Es diferente para mí.

—¿Porque la gente con clase no da ese tipo de espectáculos?

—Porque estoy condicionado a muchas cosas que me limitan. Trato de luchar contra ellas, pero no es fácil.

—Kurt…

—Yo solía ser como tú, y mírame ahora —hizo un gesto mientras movía los hombros—. No permitas que nunca nadie te robe tu esencia.

—No lo haré.

—Prométemelo.

—Está bien —reforzó el agarre de la mano—, pero tú tienes que prometerme algo también.

—¿Qué cosa?

—Que vas a intentar recuperar todo aquello que dejaste ir.

—No sé si eso sea posible, pero de verdad me gustaría.

—Si te lo propones, vas a lograrlo. Estoy seguro.

—¿De veras? ¿Y cómo lo sabes?

—Comiste pizza con las manos. Ese es un buen inicio —ambos sonrieron.

—Gracias, Blaine.

—¿Por qué?

—Porque le haces bien a mi alma.

—Kurt…

—No tienes que decir nada. Y ya me voy para que descanses.

—No sé si voy a poder dormir.

—Puedes ver alguna película si eso te ayuda, aunque te aseguro que una vez que te acuestes, el cansancio te vencerá.

—Sí, tal vez…

—¿Qué?

—Estar yo solo en esta habitación tan grande es extraño.

No me estoy quejando —dijo velozmente—. Me refería a que estoy acostumbrado a conversar hasta que me da sueño, por absurdo que suene.

—¡Oh! Bueno, eso es fácil de remediar. ¿Recuerdas cómo marcar a mi habitación?

—Sí.

—Cuando estés listo en la cama, llámame y podemos hablar hasta que te duermas.

—¿Estás seguro? —preguntó con un brillo en los ojos que no pasó desapercibido por Hummel.

—Claro. Voy a bañarme rápido y luego soy todo tuyo.

—Oh…

—Eso sonó raro, ¿cierto? Lo que quise decir es… ah…

—Sí, entiendo. Descuida. Amm… Yo también voy a bañarme.

—¿Te parece bien media hora?

—¿Para qué?

—Desempacar las cosas que necesitamos, ducharnos…

—Ah, ya, ya entendí. Media hora para estar listos. Sí, sí, está bien. ¿Pero no necesitas más tiempo para aplicarte tus productos?

—No, para mí es suficiente. Gracias por pensar en ello.

Blaine asintió.

—Bueno, en media hora te llamo.

кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε

Con sus productos en mano, Anderson entró al baño. Cuando estuvo ahí temprano no había prestado atención a los detalles, pero ahora estaba pasmado.

¿Una puerta de cristal en lugar de una cortina? ¿Y por qué el bordillo era tan alto? Eso más que bordillo parecía un muro.

¿Una ducha cuadrada? ¿Y para qué era esa otra ducha más pequeña que estaba conectada con una manguera?

¿Esas en la pared eran perillas? ¿Por qué tantas? ¿Cómo se suponía que iba a saber cuáles usar?

¿Lo que estaba en la parte inferior era un grifo gigante? ¿Para qué querría un grifo en…? ¿Acaso era una tina? ¡No era posible! Las había visto en películas, pero jamás imaginó que algún día usaría una.

Dejó sus cosas a un lado y continuó observando a su alrededor.

¿Por qué tantas toallas? Temprano había usado una para las manos, pero no prestó atención a la cantidad. ¿Eran para toda la semana? Las contó. No, no alcanzaban. ¿Por qué diferentes tamaños? La grande ya sabía para qué era, ¿pero la corta de forma rectangular?

Los pequeños frascos encima del mesón llamaron su atención. Shampoo, acondicionador crema hidratante, jabón, loción. ¿Por qué el hotel daba todas esas cosas? Se supone que las personas llevan sus propios productos.

Dejó todo en su sitio y procedió a quitarse la ropa, preguntándose una vez más cómo usaría esa ducha.

El sonido del teléfono lo hizo salir del baño corriendo para contestar. ¿Había pasado más de media hora? ¿Tanto tiempo se había distraído observando todo?

~Blaine.

~Hola. Amm… Aún no ha pasado la media hora, ¿o sí?

~No. Pero te llamaba para preguntarte si necesitas ayuda con la ducha.

~Iba a revisar eso justamente.

~Puedo guiarte, si quieres.

~Sí, eso estaría bien. Gracias.

~¿Te vas a duchar o quieres usar la tina primero?

~No va a alcanzar el tiempo.

~Si quieres usarla, hazlo.

~Tenemos una cita… telefónica.

Kurt dejó escapar una pequeña risita.

~Voy para allá.

~Ah… ¿Kurt? ¿Kurt?

Colgó y corrió al baño a ponerse la ropa.

—Ya voy… —gritó al escuchar los golpes suaves en la puerta.

—Blaine…

—Ya voy… Un segundo… Disculpa la demora… —lo miró anonadado— Pasa…

—¿Por qué estás agitado?

—Me estaba vistiendo.

—Oh, lo siento.

—No hay problema.

Una vez en el baño, Kurt empezó a explicar todo con detalle, pero Blaine no podía apartar la mirada de la prenda que este cargaba. Aquella especie de túnica corta dejaba ver parte de su pecho, sus piernas desde un cuarto antes de la rodilla, y como si fuera poco, se pegaba a su cuerpo como si estuviera abrazándolo.

»Blaine… Blaine… —chasqueó los dedos— ¿escuchaste algo de lo que dije?

—Ah… s-sí, sí.

—¿Qué debes hacer para llenar la tina?

—Abrir la llave.

—¿Cuál? ¿Y cómo cambias el paso del agua?

—Lo siento. Me distraje.

—Ya me di cuenta. Te explico de nuevo.

—¿Qué es lo que estás usando?

—¿Esto? —se miró a sí mismo.

—Ajá.

—Es una bata de baño.

—¿Para qué sirve?

—Cuando sales de bañarte te la pones para no estar envuelto en la toalla mientras te vas arreglando o realizas otras actividades.

También te la puedes poner antes de entrar a bañarte si no quieres andar con ropa mientras haces cosas como llenar la tina, por ejemplo.

—¿Quiere decir que debajo de eso no se lleva nada puesto?

—Así es.

—Ah… —sintió un extraño calor recorrerlo— N-nunca te había visto u-usarla.

—Sí me la pongo en la mañana, pero estás en el trabajo. En la noche suelo usar una diferente.

—Ah, sí. Pero no se le parece en nada. Esa es larga y ¿acolchada? ¿esponjosa? No sé cuál es la palabra, pero sabes a lo que me refiero.

—Sí. Esa es la normal y esta es la sexy, pero jamás me la pondría delante de Scott, aunque sea mi favorita.

—¡Oh!

—¿Te incomoda que cargue esta? —lo miró preocupado— Puedo ir a cambiarme.

—No, no. En lo absoluto. Eres libre de usar lo que quieras.

—Tengo otra aquí. Te la voy a dar para que puedas estar más cómodo cuando vayas a bañarte.

—Yo no podría ponerme algo así.

—Tranquilo, es de las largas… Bueno, como te decía, esta es la llave del agua caliente.

Blaine exhaló dándole otra mirada discreta a la anatomía de su amigo a la vez que trataba de escuchar algo de lo que este le explicaba, lo cual resultaba complicado. Pero si algo tenía muy claro es que no necesitaba agua caliente sino una ducha bien fría.