.
CAPÍTULO 43:
"Dando paso al corazón"
.
El día estaba siendo disfrutado al máximo por los dos amigos. Kurt lo había llevado a recorrer varios de sus lugares favoritos y se encontraban cruzando por el pequeño pueblo aledaño.
—¿Es una feria? —preguntó Blaine con los ojos enormes y las manos pegadas en el vidrio como un niño chiquito al ver varias atracciones.
—Lo es. ¿Por qué?
—Son muy divertidas —suspiró—. Bueno, la única a la que mis padres me llevaron lo fue, y supongo que todas deben ser similares.
—¿Quieres ir?
El menor se giró y lo miró con la más dulce expresión.
—¡Sí! ¡Me encantaría! —proclamó con euforia y una gran sonrisa.
Kurt sonrió automáticamente sintiendo como se asentaba en su pecho esa cálida sensación que se producía cada vez que veía a Blaine feliz.
—Veamos entonces si ya está abierta.
—¡Sí, sí lo está! ¡Vi personas ahí!
—Genial.
—Amm… Kurt… —volteó hacia atrás y luego lo miró confundido— ya nos pasamos y sigues avanzando.
—No podía detenerme intempestivamente e ir de retro ya que hay otros vehículos detrás. Tengo que avanzar un poco más para dar la vuelta.
—¡Oh! No lo sabía… Creí que… Umm… Ni siquiera sé lo que pensé.
—Descuida —le palmeó la rodilla—. Vamos a la feria.
—Bien —volvió a sonreír—. ¿Y has ido a muchas?
—No. Un par cuando era un niño, pero eso es todo.
—¿Por qué?
—Fuimos en familia en dos ocasiones diferentes, pero cuando mi papá empezó a cambiar fue creando una larga lista mental de lugares a los que consideraba que no estaban de acorde a nuestro nivel y apellido.
—¡Oh! Y supongo que las ferias pertenecen a esa lista.
—Correcto.
—¿Por qué?
—No tengo idea de muchas de las cosas que pasan por la mente de mi padre.
—¿Y a ti no te gustan? Porque solías venir por acá con tus amigos o con tu hermana y podían haber ido.
—No recuerdo mucho cómo son, un par de juegos quizá, y honestamente no sé por qué nunca vine. Tal vez porque como con Trevor y Bernard solíamos ir al lugar donde nos estamos quedando ahora y allí hay otro tipo de atracciones, no me sentí motivado. Supongo, al menos. Nunca he pensado en eso.
En cuanto a mi hermana, en las ocasiones en las que vinimos, nos dirigíamos directo a la cascada o a las aguas termales. De hecho, conozco muy poco de este pueblo, en cambio ella te puede hacer todo un recorrido con los ojos cerrados, como te comenté en otro momento.
—¿Qué son aguas termales?
—Surgen de la tierra, de grietas que se forman naturalmente, y su temperatura es más elevada de lo normal.
—¡Oh! ¡Guau! ¡Suena genial! ¿Y cómo son esas grietas? ¿Iban a contemplarlas o qué?
—No. Las grietas son de diferentes tamaños y forman desde pequeñas lagunas hasta enormes piscinas en donde las personas van a bañarse.
—¡Ah! Entonces no pueden observarse.
—No sé si exista algún lugar en el que sea posible, pero al menos yo no las he visto.
—¿Y por qué sale el agua caliente?
—No recuerdo en este momento, pero mañana podemos regresar si quieres y hablamos con los guías.
—¡Oh, sí! Tengo mucha curiosidad. ¿Y hoy no podemos ir? Aunque sea un ratito.
—No creo que alcancemos por la hora.
—¿Está muy lejos?
—Algo. Es casi a las afueras del pueblo.
—¡Oh! —se mordió el labio— ¿Y por qué no alcanzaríamos?
—Porque hay un horario de visita. El lugar está rodeado de naturaleza. No hay luces ni nada artificial ahí, por lo tanto, una vez que cae el sol todo queda completamente oscuro, así que cierran por seguridad.
—Entiendo —resopló con un pequeño puchero.
Kurt le dio un vistazo rápido y lo tomó de la mano.
—Van a ser las seis. Si acelero, tal vez alcancemos a ver parte de la laguna por fuera, pero ya no nos dejarían ingresar. En cambio, si regresamos mañana vas a poder conocer el lugar, hablar con el guía y tener la experiencia completa, porque tienes que bañarte ahí.
El menor observó sus manos juntas y sonrió.
—Sí, eso me gustaría.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
—¡Mira! ¡Tiro al blanco! —exclamó Blaine acercándose al stand— ¿Qué tal tu puntería?
—Pésima. Recuerdo haber jugado a esto, pero era diferente.
—¿Diferente?
—El nombre era el mismo, pero en lugar de los blancos había globos, y debías reventarlos con dardos.
—Creo que eso es más complicado que lanzar pelotas.
—Supongo, o mi puntería era terrible, porque lo intenté como diez veces, sin exagerar, y no le atiné a más de tres globos en total.
—¡Guau! —hizo un gesto.
—¿Te estás burlando de mi falta de destreza?
—No. Lanzar dardos no es fácil, menos siendo un niño.
—¿Y por qué esa risita?
—No es de burla. Sólo te imaginaba siendo un pequeño adorable haciendo muecas porque no podía reventar los globos.
—¿Desean probar su puntería? —preguntó el hombre que estaba a cargo del juego luego de que las personas que se encontraban delante de ellos se fueran.
—Sí, seguro —dijo Blaine.
—Yo paso.
—¡Oh, vamos! Se trata de divertirnos.
—Yo te veo.
—Kurt…
—Bien, bien.
Tras algunas rondas, Blaine dio varios saltitos celebrando su victoria.
—¿Cuál quieres?
—No entiendo —respondió el decorador sin dejar de sonreír al observarlo.
—De los premios, ¿cuál quieres?
—¿Me vas a dar tu premio?
—Sí. Es un recuerdo del juego.
—¿Del juego o de que ganaste?
—Ambos.
—Qué engreído eres.
Blaine dejó escapar una carcajada.
—Anda, escoge el que te guste.
Kurt observó los diferentes objetos y al final se decidió por un muñeco de felpa.
—Ese —señaló, y el dueño se lo entregó.
—¿Por qué no eliges algo más grande?
—Porque este perrito me gusta.
—Pero es pequeño. Mira, hay otro allí mucho más grande.
—Quiero este porque sus ojos se parecen a los tuyos.
—¿Me estás diciendo que tengo ojos de perro?
—¡Jamás! Tienes los más hermosos y dulces ojos de cachorrito que puedan existir.
Blaine sintió todo su rostro arder y las famosas mariposas revoloteando en su estómago.
ღ кℓαΐиε ღ
El tiempo parecía no detenerse mientras ellos disfrutaban de las diferentes atracciones e iban por los puestos jugando y divirtiéndose, desafiándose el uno al otro y celebrando tanto la victoria propia como la ajena.
—¿Te gusta el algodón de azúcar? —preguntó Anderson al divisar a un vendedor.
—No sé.
—¿Cómo que no sabes?
—Nunca lo he comido.
—¿De verdad? ¿Ni de niño?
—No que recuerde.
—¡Guau! Bueno, hoy lo harás porque no puedes estar en una feria sin comer un algodón.
—¿No es mucha azúcar?
Blaine se volteó con los ojos muy grandes, colocando las manos a los costados de su cintura.
—Kurt Hummel no dijiste eso.
—¿Qué?
—Claro que tiene azúcar. Es un dulce, y uno de los más deliciosos.
—Pareces todo un experto en la materia.
—La primera vez que lo probé fue en la feria a la que me llevaron mis padres, y definitivamente lo amé. Me comí cinco.
—¡Oh, por Dios! Si ya eres como un frijolito saltarín, con toda esa azúcar encima no quiero ni imaginarlo.
Anderson abrió la boca cómicamente, haciendo un gesto.
—¿Cómo me llamaste?
—Todo el tiempo rebotas por aquí y por allá y no paras —rio.
—Tengo ojos de perrito y soy como un frijolito —cruzó los brazos frente a su pecho—. ¿Estás tratando de insinuarme algo?
—No. No es malo, es sólo que eres…
—Ni siquiera termines la oración. Escuché lo suficiente para saber que te voy a traer el algodón más chiquito que encuentre —se dio la vuelta fingiendo una gran indignación.
—Eres adorable.
El de rizos lo miró por encima del hombro.
—Igual te voy a traer el más pequeño —le sacó la lengua y se fue.
Kurt siguió riendo mientras lo observaba alejarse, extrañándolo de inmediato. Y cómo no hacerlo si nunca había experimentado lo que le pasaba con él. Conocía bien la alegría, la euforia, la emoción y demás al estar con alguien, pero nada que se le comparara.
Era increíble lo libre y pleno que se sentía con Blaine, toda la felicidad que lo invadía cuando estaban juntos, la forma en la que su rostro dolía por tantas sonrisas, las ganas absolutas de experimentar cosas nuevas a su lado, las bromas que podía hacer sin estar a la expectativa de sus reacciones, la confianza y la facilidad con la que hablaba con él porque este nunca lo juzgaba, la manera en la que lo escuchaba con atención y cariño, y la lista continuaba.
Su madre siempre le había dicho que se olvidara de la idea de encontrar a alguien que lo completara porque él ya era una persona completa, por lo tanto, lo que necesitaba era alguien que lo complementara. Al crecer conservó esa idea; que ciertamente le gustaba y con la que se identificaba; mas hace poco había descubierto que le faltaba una parte que perdió en algún momento de su vida cuando dejó de ser él, cuando aceptó cosas con las que no estaba de acuerdo porque era lo que la sociedad dictaminaba o porque tenía una supuesta obligación. Era una parte muy preciada, delicada e importante que cierto chico de rizos estaba llenando, y eso significaba mucho para él. Significaba más que cualquier cosa que pudiera haber deseado.
Lo había analizado de todas las formas posibles desde la primera plática con sus mejores amigos; y las dos posteriores; y mientras más lo pensaba; y más tiempo pasaba con Blaine; más se convencía de que aquello que estaba sintiendo no era sólo un gran cariño.
Intentó compararlo con lo que tenía con Trevor y Bernard porque el lazo entre ellos era especial. Su amistad era única, fuerte, a prueba de todo. Daría su vida por esos dos chicos de ser necesario, y sabía que ellos harían lo mismo por él. Pero con Blaine iba más allá de eso. Si bien la amistad entre ellos era igual de especial y fuerte, el sentimiento era mucho más grande, diferente, lleno de una cálida sensación de paz y a la vez de efervescencia.
Aquel chico dulce de mirada soñadora era la primera persona con la que quería compartir su alegría en sus días buenos, y la tristeza o decepciones de sus días malos.
Verlo lo hacía sonreír, escuchar su voz lo hacía sonreír, sus ocurrencias lo hacían sonreír, esa magia que poseía lo hacía sonreír, la bondad de su alma lo hacía sonreír. Esa era una palabra clave porque últimamente lo que más hacía era eso, sonreír, y había empezado desde aquel día en el que pisó por primera vez la estación del metro.
Su respiración se agitó violentamente ante la realización que se presentaba frente a él. No había forma de que lo que existía entre ellos fuera únicamente una amistad. No con todos esos sentimientos llenando su alma, no con todas las emociones invadiéndolo de la mejor manera, no con la atracción que recientemente había descubierto que sentía, no con la forma en la que su corazón se aceleraba la mayor parte del tiempo.
No sabía en qué momento la relación se fue transformando, pero ya no podía negarlo. Debía ser honesto consigo mismo y reconocer que estaba enamorado, y estaba más que seguro de que era correspondido.
ღ кℓαΐиε ღ
A varios metros de distancia se encontraba Blaine esperando su turno. Había bastantes personas, sobre todo niños, pero no le importaba porque lo valía. Deseaba tanto ver el rostro de Kurt cuando probara esa delicia.
Al escuchar a la chica delante de él preguntar por los precios, rápidamente sacó su cartera y con un suspiro vio lo poco que le quedaba. Contó los billetes haciendo una mueca. No podía seguir gastando en la feria porque habían acordado que él pagaría al menos una comida y cooperaría con algo en el viaje.
Cuando el vendedor lo atendió, pidió un algodón grande y uno pequeño, pagó y con un nuevo suspiro dio la vuelta luego de agradecer.
Abrió su paquete mientras pensaba en qué excusa inventar ya que faltaba mucho por recorrer todavía y no quería ser un aguafiestas, después de todo, estaban ahí por él, y aunque se estaba divirtiendo, lo mejor era ver a Kurt disfrutando y riendo como nunca.
Con una respiración profunda siguió su camino hasta donde se encontraba aquel hombre de ensueño esperándolo.
—Hola —dijo con una dulce sonrisa—. ¿Por qué tan pensativo?
Hummel volteó y no pudo evitar suspirar, devolviéndole la sonrisa de inmediato.
—Blaine…
Los ojos dorados brillaron con emoción. La forma en la que Kurt pronunció su nombre, aceleró su corazón, y ni qué hablar de cómo lo estaba mirando.
—E-espero que t-te guste —le entregó el algodón.
—Gracias —siguió sonriendo—. ¿No que el mío sería chiquito? —preguntó al notar la diferencia.
—Era una broma.
—¿Y por qué el tuyo entonces es tan pequeño? De seguro te arrepentiste al llegar aquí —dijo con un tono bromista acompañado de un movimiento del dedo índice en forma acusatoria.
—No, nada que ver. Ya venía comiéndomelo, eso es todo.
—Mmm…
—Olvídate de eso y prepárate para esta nueva experiencia. Ahora abre el envoltorio y muerde el algodón, o puedes arrancarle un pedazo con los dedos.
El de castaña cabellera optó por la segunda opción y se llevó un trozo a la boca.
—No está mal.
—¿No está mal? ¡Es una maravilla! ¡Uno de los escalones al cielo!
—Amm… está bien.
—¿No te gusta?
—Claro que sí. Te estoy vacilando. Tu expresión no tiene precio —tomó otro pedazo y lo llevó a su boca—. No soy de comer muchas cosas dulces, pero de verdad está rico. Gracias.
—Hoy te desataste.
—¿Qué?
—Te la has pasado molestándome.
—Eres tan hermoso cuando haces esas muecas.
Blaine desvió la mirada por unos segundos. Su corazón estaba tan acelerado que podía correr varios maratones y ganarlos todos.
—¿Nos sentamos un rato?
—No he visto ningún lugar para sentarse hasta ahora, pero igual no es necesario. Vamos avanzando a otro juego o a una de las atracciones.
—Ah, sí. Seguro.
—¿Pasó algo cuando fuiste a comprar?
—Que existe más gente a la que le encanta el algodón de azúcar de lo que hubiera imaginado.
—No me refiero a eso. Es obvio que algo te ocurre.
—No, nada. Simplemente pensé que podríamos hacer una pequeña pausa.
—Si es lo que quieres —caminaron hacia un lugar más apartado.
Blaine comía su golosina despacio, como si no quisiera que se fuera a terminar, pero era más por las ideas que surcaban su mente que por cualquier otro motivo.
»Te puedo comprar otro —dijo Kurt observándolo con atención.
—¿Qué?
—Yo ya terminé el mío y tú sigues con ese pedazo. Para ser alguien a quien le encantan los algodones, deberías haberlo devorado.
—Estoy un poco cansado.
El de ojos claros frunció.
—Cuéntame.
—¿Qué cosa?
—Te conozco probablemente mejor de lo que me conozco a mí mismo, y sé que te ocurre algo y que me estás mintiendo.
—No es…
—¿Fue por lo que te dije del frijolito saltarín?
—¿Qué? ¡No!
—Mencionaste que he pasado molestándote.
—En lo absoluto. Estaba jugando.
—No estoy seguro de eso porque estabas feliz y emocionado antes de que te llamara así.
—Te prometo que no me pasa nada contigo, y no me molesta que hagas bromas. Todo lo contrario, es un lado de ti que me gusta mucho.
—Pero algo cambió, y no puedes negarlo.
—Estaba pensando en cosas que no debería. Lo siento, mi mente se dispersó por un instante.
—¿Estás preocupado por algo? ¿Tiene que ver con…?
—No, no, no —movió la cabeza y agitó las manos alrededor, como si estuviera espantando algún insecto—. Ya quedó todo desechado. Estoy aquí para divertirme.
Kurt suspiró al ver lo adorable que lucía Blaine con sus rizos alborotados, varios de ellos cayendo por su frente. Sin pensarlo estiró la mano y le acomodó un poco el cabello.
—Sabes que puedes decirme —le acarició el contorno del rostro.
—Todo está bien —suspiró—. Gracias por estar pendiente de mí, y gracias por traerme a la feria —sonrió con honestidad y le besó la mejilla.
Kurt le devolvió la sonrisa.
—Gracias a ti por hacer este día inolvidable.
—Me alegra que lo estés disfrutando —lo tomó de la mano—. Nunca te había visto divertirte tanto.
—Es fácil hacerlo contigo. Tú me motivas y me ayudas a liberarme de las absurdas ideas que me impusieron al crecer.
Blaine se acercó un poco más y empezó a acariciarle los dedos.
—Sólo quiero que seas feliz.
La sonrisa de Kurt se tornó más amplia, pero su corazón acelerado y todo lo que estaba sintiendo debido al toque y la cercanía se volvieron difíciles de controlar.
—Emm… Ne-necesito agua. E-el dulce…
—Sí, claro. Es normal —respondió sin dejar de mirarlo, sabiendo que era él quien le provocaba ese nerviosismo.
—¿Tienes sed?
—Un poco.
—Vi un puesto cerca. ¿Sostienes a mi perrito? Enseguida regreso.
—Claro.
Una vez solo, Blaine apoyó la cabeza en el poste aledaño y empezó a jugar con las orejas del peluche mientras intentaba aclarar sus pensamientos, decidiendo que la mejor manera de hacerlo era ponerlos en una balanza.
Por un lado, estaba Kurt con su gran generosidad, quien le había dicho en varias ocasiones que él lo había invitado al viaje, y, por lo tanto, que correría con todos los gastos y los extras que se presentaran.
También estaba el hecho de que se sentía terrible por mentirle. No le gustaba para nada hacerlo, y mucho menos que Kurt tuviera una idea equivocada de por qué estaba actuando tan raro.
Por el otro lado, él tenía un empleo fijo y varios ocasionales, así que debió ser precavido y haber hecho mejor su presupuesto, aunque no era tampoco que le sobrara el dinero ya que la mayor parte se le iba en el alquiler del departamento, además de que había tenido varios gastos adicionales durante el mes.
Otro punto era que no podía depender de Hummel para todo. Eso sería un abuso, y no quería que este pensara que se estaba aprovechando de su bondad.
¿Qué era lo correcto? ¿Debería contarle lo que ocurría?
Sabía que podía confiar en él, incluso sabía lo que este respondería. Prácticamente podía escucharlo diciendo que no tenía que preocuparse por nada, que él pagaba, etc., pero a más de no querer lucir como un aprovechado, le daba vergüenza.
Su debate mental fue interrumpido por el sonido del celular. Con cuidado de no ensuciar al perrito con el resto de algodón que no se había terminado, sacó el dispositivo de su bolsillo y sonrió al ver el nombre en la pantalla.
~¡Scott! ¿Cómo estás?
¡Hola, Blaine! Todo bien, ¿y tú?
~¡Genial!
~Te escucho feliz.
~Lo estoy.
~Qué bueno… ¿Y esa bulla?
~Estamos en una feria. ¿Puedes creerlo?
~Supongo que te estás divirtiendo mucho.
~Así es.
~Me alegro por ti.
~Gracias —sonrió—. Te voy a mandar las nuevas fotos que estuve tomando.
~Ok… ¿Está Hummel contigo en este momento?
~Fue a comprar agua. ¿Por qué?
~Como tienes su celular.
~Él me lo dio para que lo usara durante el viaje, eso ya lo sabes.
~Sí, pero…
~Pero ¿qué?
~Nada. Olvídalo. ¿Te está tratando bien?
~Por supuesto. ¿Qué clase de pregunta es esa?
~Simplemente me preocupo por ti.
~Sí, lo sé, pero no hay nada por lo que debas angustiarte. Como mencionaste antes, me escuchas feliz. Kurt es increíble y me trata tan bien que parece un sueño.
~Ten cuidado, por favor.
~Descuida, estoy muy bien.
~Bueno —exhaló—. En la noche hablamos, voy a salir en este momento. Nada más quería saber cómo estabas.
~¿A dónde vas? ¿Con quién?
~A dar una vuelta con unos compañeros del trabajo.
~¡Oh! Eso es genial. Amm… Diviértete mucho.
~Gracias, Blaine.
~Cuídate.
~Tú también.
~Scott…
~¿Sí?
~Te quiero mucho.
—¿Scott? —preguntó Kurt poco después, intercambiando la botella que le había llevado por el perrito.
—Sí.
—¿Cómo está?
—Bien. Dijo que iba a salir con unos compañeros del trabajo.
—Eso es bueno.
—Amm… sí, supongo. Pero es raro.
—¿Por qué?
—Desde que lo conozco, jamás ha hecho amistad con nadie.
—Una cosa es hacer amigos y otra reunirse con las personas con las que trabajas.
—Tampoco ha hecho eso nunca.
—Tal vez porque estabas ahí y pensaba que no necesitaba a alguien más. No lo sé, pero es realmente bueno que integre a más personas a su vida.
—En eso tienes razón, aunque lo escuché algo extraño.
—¿En qué sentido?
—No estoy seguro, pero había algo en su voz.
—Si va a salir a divertirse, no puede ser nada malo.
—Supongo —destapó la botella y le dio un sorbo—. ¿Había mucha gente?
—No. Una persona nada más.
—¿Y por qué tardaste?
—Parece que alguien me extrañó —se acercó un poco haciendo un gesto sugerente.
Blaine suspiró y su corazón se aceleró de manera impresionante.
—Lo hice —respondió con firmeza, acercándose más—. Siempre te extraño cuando no estás cerca.
