.


CAPÍTULO 45:

"Un amor único"


.

Kurt contemplaba a Blaine dormir plácidamente a su lado mientras procesaba lo que había ocurrido. Este lucía en paz, feliz, hasta podía jurar que había una sonrisa en su rostro.

La noche estuvo llena de besos de todo tipo, intensidad y duración, y había disfrutado de cada uno de ellos, pero sus preferidos fueron los más pequeños, aquellos suaves y casi inocentes. Quizá porque nunca lo habían besado así, y sin duda le gustó lo que le hicieron sentir.

Él era el más experimentado de los dos en el área amorosa, sin embargo, se dejó llevar por el chico de rizos. Para su sorpresa, en ningún momento hubo caricias inapropiadas, insinuaciones, frases de doble sentido o intentos por llegar más allá, y todo eso era nuevo para él ya que sus relaciones anteriores siempre fueron muy pasionales.

Pero lo que sí hubo fueron miradas compartidas, suspiros, sonrisas, toques delicados en el rostro, brazos y pecho, susurros continuos, abrazos cálidos, palabras de cariño, manos buscándose entre sí para palparse despacio y entrelazarse. Era impresionante pensar como cosas tan sutiles lo habían elevado hasta el cielo y lo desarmaron por completo.

Lo que sintió le hacía recordar aquello que tanto deseó durante su adolescencia, porque siempre tuvo un arquetipo de relación, del romance que quería vivir y de lo que consideraba el novio perfecto, mas nada de lo que experimentó se le acercó ni un poco. Su primer amor fue un fiasco, y los dos chicos con los que salió posteriormente terminaron convirtiéndose en un dolor de cabeza. Luego conoció a Dante y se fue acostumbrando a su forma de amar hasta que esta se volvió insostenible.

Pero con Anderson todo había sido distinto desde el momento en que se conocieron, y las cosas habían ido evolucionando de la mejor manera hasta llegar a donde se encontraban, lo cual le traía varios cuestionamientos que no sabía cómo responder. Si bien había descubierto sus sentimientos por él, no estaba listo para empezar una nueva relación, y ser amigos con derechos le resultaba horrible.

Siempre ha tenido claro que cada quien es dueño de sus acciones y decisiones, mas nunca le ha gustado la idea de estar con alguien por placer y luego pretender que lo único que existe es una amistad. Si para otros funciona, bien; jamás juzgaría; pero él no podría fingir de esa forma y negar a la persona con la que estuviera compartiendo su vida íntima.

Claro que ellos no habían llegado a eso. Recién estaban descubriendo lo que ocurría y… Bueno, él lo estaba descubriendo, porque Blaine tenía claro lo que sentía y lo que quería desde hacía un tiempo, según lo que este le confesó en el transcurso de la noche.

Pero, ¿en qué punto se encontraban? ¿Cuál era la relación que tenían ahora?

Pensar en que seguían siendo amigos únicamente, no se sentía bien. ¿Y entonces? Cuando este chico encantador que estaba a su lado se despertara, ¿qué debía decirle?

La idea de que haberse besado no significaba nada, estaba completamente descartada porque había significado demasiado.

Ni siquiera tendría lógica decir eso porque no había sido un beso al despedirse como para pensar que fue producto de un impulso debido al momento o a las emociones que los sobrepasaron después del grandioso día que tuvieron. Fueron besos y más besos durante horas, con pequeñas pausas para mirarse, para hablar para decirse que se querían y demostrárselo.

Tampoco podía comportarse de forma extraña en cuanto amaneciera, no por segunda vez. Si lo hiciera sería terrible porque en esta ocasión no sólo durmieron abrazados. Y pensar en irse en ese momento y que Blaine al despertar estuviera solo, le producía una sensación indescriptible.

De pronto, una mano acariciando su mejilla lo hizo sobresaltar.

—¿Qué ocurre? —preguntó una voz aletargada.

—No puedo dormir.

—¿Por qué?

—Estaba pensando en varias cosas.

—No te estreses. Recuerda lo que me dijiste, vinimos a relajarnos y a olvidarnos de todo por unos días.

Kurt exhaló lentamente. Eso era cierto, habían realizado el viaje con un objetivo, y tal vez por el tiempo que faltaba para que regresaran, podría explorar y dejarse llevar por lo que sentía sin tener que ponerle una etiqueta. Ya después pensaría en ello. Incluso, quizá las cosas estarían más claras para cuando terminara la semana.

—Tienes razón. Estos días son para disfrutarlos.

Blaine sonrió y se impulsó para darle pequeños besos, suaves, ligeros, cómodos.

Kurt suspiró. ¡Cómo le encantaban esa clase de besos! Sin dudarlo se puso de lado y lo abrazó, atrayéndolo hacia él.

—Te quiero tanto —musitó Anderson haciendo un esfuerzo para abrir los ojos y poder mirarlo.

—También te quiero.

—¿Mucho?

—Muchísimo —apartó con los dedos varios rizos que caían desordenados sobre el rostro del chico, y sonrió—. Luces adorable cuando recién te despiertas.

—¿Sólo cuando despierto?

—Eres hermoso todo el tiempo, pero hay algo particularmente adorable en ti cuando acabas de despertar.

Blaine sonrió y cerró los ojos, acercando su rostro un poco más.

—¿Me besas?

—Por supuesto.

—¿Puedo tocarte? —jadeó suavemente cuando sus labios se separaron.

Kurt parpadeó un par de veces ante la petición, y varias ideas cruzaron por su mente a gran velocidad.

—Ah… s-sí, sí. Claro.

Blaine clavó sus enormes ojos dorados en los azules que lo miraban con expectación. Lentamente fue deslizando su mano por la tibia espalda y repitió la acción varias veces antes de descender por el costado de la cadera y recorrer todo el camino a lo largo de la pierna. Las caricias fueron continuas, alternando la mano completa con el uso de los dedos, sin apartar la mirada ni un segundo.

Kurt inhaló lentamente con satisfacción y empezó a acariciarle el rostro.

—¿Por qué me hiciste esa pregunta?

—Porque no quiero hacer nada que te haga sentir incómodo. Es a tu ritmo, ¿recuerdas?

—Blaine… —sintió su corazón llenarse con una gran ternura— ¿Dónde estuviste toda mi vida?

—Esperando que aparecieras.

El mayor sonrió y su corazón latió con más fuerza.

—¿Puedo tocarte?

—No necesitas preguntar.

—Quiero tratarte con el mismo respeto y consideración que me das.

—Sí —sonrió—, puedes tocarme. Quiero que lo hagas.

El decorador continuó la caricia por la sonrojada mejilla y fue descendiendo despacio, palpando con cuidado cada centímetro al que su mano tuvo acceso, exceptuando ciertas partes.

Anderson sonrió con timidez, sonrojándose aún más mientras ambos se acariciaban.

—¿Te das cuenta que esto es de adolescentes?

—De los actuales, lo dudo, aunque pueden existir excepciones. Pero me gusta que sea así. Siempre soñé con sentir esta magia y que el descubrimiento mutuo fuera especial.

—¿Lo soñaste? Pero si tú…

—Nunca nadie me tocó en la forma en la que tú lo haces. Y no me refiero sólo a la parte física.

—Amm… ¿Eso quiere decir que…?

—Me gusta lo que haces y la manera en la que lo haces. Es todo lo que necesitas saber.

Tus caricias las siento más allá de la piel. Tocas y calientas mi alma, y te aseguro que es la mejor sensación de toda mi vida.

No sé cómo suene para ti lo que estoy diciendo…

—Suena perfecto, y me encanta porque siento lo mismo.

—Te quiero tanto, Blaine —suspiró.

—Te quiero más y más y más cada día —unió sus labios en un beso largo.

кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε

Kurt abrió los ojos lentamente, luchando con la pesadez dominante. El calor del cuerpo a su lado lo hizo sonreír.

La nueva sesión de besos y caricias había sido larga y más que satisfactoria. No tenía idea de cuándo se quedaron dormidos ni de qué hora era, pero no podía importarle menos. La idea de permanecer en la cama el resto del día abrazado a Blaine le resultaba muy atractiva.

—Hola, de nuevo —susurraron a su oído.

El castaño bostezó antes de sonreír.

—Hola. ¿A qué hora te despertaste?

—Mmm… Hace como diez o quince minutos… pero sigo sin saber si todavía estoy soñando.

—No es un sueño —le besó la frente—. Y si es así, entonces no quiero despertar.

Blaine sonrió y empezó a trazar círculos sobre el pecho del decorador.

—Tu pijama es muy suave.

—Puedo darte uno de los que traje.

—Mi ropa está bien, simplemente me gusta como se siente esta tela —continuó dibujando círculos de diferentes tamaños.

—No significa que no puedas usar un pijama. Si prefieres, cuando regresemos te puedo dar un par que son nuevos que están guardados en mi maleta.

—Eres muy generoso, pero no es necesario —le besó la mejilla.

—Insisto, así andaríamos combinados.

La sola idea hizo que el estómago de Blaine diera un vuelco porque usualmente son las parejas quienes combinan sus atuendos. Pero no podía adelantarse ni apresurar nada. Todo iba bien, así como estaba surgiendo.

—¿Qué vamos a hacer hoy? —preguntó intentando acallar sus pensamientos.

—¿Qué tal si nos quedamos aquí? Podemos pedir servicio a la habitación, ver películas, conversar y todo lo que quieras.

—Había pensado en ir a la piscina, pero tu idea me gusta más.

—Podemos ir a la piscina un par de horas y luego regresamos.

—No lo sé. Ahora ya no quiero soltarte.

—¿Qué? ¿Tienes miedo de que no regrese? —bromeó, pero la ausencia de respuesta borró la sonrisa de su rostro— Oye —lo tomó suavemente por la barbilla—, mírame. Eso nunca va a pasar, siempre voy a volver a ti.

—Lo siento. Estoy actuando un poco raro… Es que… Me siento tan feliz porque he soñado con esto durante tanto tiempo, pero a la vez tengo miedo de que…

—¿De qué?

El menor movió la cabeza hacia un lado.

»¿Blaine? ¿A qué le temes?

—A lo que ocurra cuando nos vayamos de aquí. Porque no va a ser igual, ¿o sí?

—Precioso, no dejes de mirarme, por favor. También pienso en eso, de hecho, es lo que hacía cuando te dije que no podía dormir, y honestamente, no tengo una respuesta todavía, pero sí sé que cuando llegue el momento lo resolveremos juntos.

Blaine exhaló y se mordió el labio.

—¿Volveremos a lo de ser amigos únicamente?

—No vamos a retroceder. Yo no voy a dar un paso atrás en esto tan hermoso que nos está sucediendo.

—Aquí somos los dos, sin nada ni nadie que intervenga, pero cuando nos vayamos, regresaremos a nuestras vidas normales y no sabemos cómo va a funcionar. ¿Qué pasa si no podemos manejarlo?

—Claro que va a funcionar porque los dos nos encargaremos de que así sea.

—No quiero perderte.

—No lo harás. Y te aseguro que es mutuo porque no hay forma en la que vea mi vida sin ti.

—¿De veras?

—Jamás he sido tan sincero.

El menor suspiró y mantuvo el contacto visual.

—Sigo sin creer que esto esté pasando.

—¿Qué puedo hacer para convencerte?

—No lo sé… —lo miró de forma traviesa— Usa tu imaginación. Quizá…

Kurt lo interrumpió con un beso, y con forme este se prolongaba, se fue acomodando hasta que su pecho quedó sobre el de Blaine.

Las manos de Anderson no tardaron en acariciarle la espalda e ir descendiendo.

»¿Por qué todo se siente tan perfecto contigo? —gimió suavemente en los rosados labios— Es como si todo fuera correcto y natural.

—¿Y por qué no lo sería? —preguntó Hummel intrigado.

—No soy la clase de persona que hace estas cosas. No acostumbro a meterme a la cama con alguien para besarnos, tocarnos o dormir abrazados, sin embargo, es tan fácil dejarme llevar al tratarse de ti.

—Aunque no lo creas, para mí es igual. Contigo me siento tan cómodo, relajado, seguro, libre, y eso es algo que nunca había vivido con nadie más.

—Quiero cuidarte y adorarte siempre.

—Soy yo quien va a cuidarte y adorarte.

—¿Qué? ¿Por ser menor que tú, no puedo hacerlo? —preguntó con una sonrisita.

—Claro que puedes, simplememte eres lo mejor que me ha pasado, y voy a atesorarte cada minuto de mi vida.

кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε

Kurt se encontraba dentro de la piscina esperando que Blaine saliera. Las ganas de verlo eran grandes, y no entendía por qué este se demoraba tanto en cambiarse de ropa. Se habían separado cuando entraron a los vestidores, pero para él ya había pasado demasiado tiempo, y lo extrañaba.

Tomó su celular para ver la hora y comprobar si se trataba de su imaginación, sin embargo, habían pasado diez minutos. Si Blaine no salía enseguida, iría a buscarlo.

Sonrió meneando la cabeza. Era una locura pensar en cómo todo había dado ese giro repentino. Si bien hacía un tiempo había notado que la interacción entre ellos fluía de forma diferente, volviéndose más cercana e íntima, y su conexión era cada día más fuerte, nunca cruzó por su mente la idea de que estaba enamorándose. Probablemente porque pensaba que no le volvería a suceder en varios años, o tal vez porque nunca había sentido el amor de esa forma.

A eso debía agregarle que jamás se le ocurrió que ese increíble chico al que conoció en la estación del metro terminaría ganándose su corazón como lo había hecho. Reconocía que se convirtieron rápidamente en amigos, pero… —exhaló audiblemente al levantar la mirada y verlo acercándose.

El traje de baño era ideal para su cuerpo, por el cual rodaban gotas de agua de una forma que le parecía sensual. Era la primera vez que lo veía con tan poca ropa, y los latidos de su corazón entraron en competencia con la sensación asentándose en su estómago para saber cuál era más fuerte.

—¡Tu teléfono! —gritó Blaine al ver como este caía al agua.

—¿Qué?

—¡Soltaste el teléfono!

—Ah… N-no pasa nada, es a prueba de agua —respondió aturdido.

—Igual, ya sácalo. Se está hundiendo.

—Ah… sí… sí.

Después de dejar el dispositivo en el borde de la piscina, el decorador caminó hacia la parte menos honda.

Blaine sintió su corazón acelerarse en segundos al verlo con ese traje de baño tan pegado a su cuerpo debido a lo mojado que estaba. Debería ser ilegal lucir así… y pensar que Kurt se preocupaba porque había dejado de ejercitarse. ¡Qué locura!

Las sensaciones recorriéndolo eran demasiado fuertes, y al no saber cómo controlarlas, desvió la mirada e intentó enfocarse en algo más.

—¿Qué tan honda es?

—¿Qué? —preguntó aún atontado por la visión que tenía en frente.

—La piscina, ¿qué tan profunda es?

—No mucho. Como cuatro o cinco metros.

—¡Rayos!

—Descuida, vamos a permanecer de este lado.

—Pero la escalera está en el lado profundo.

—A tu izquierda hay otra que es parte de la piscina.

—¡Oh! No la había visto.

—Puedes sujetarte del borde para bajar, o si prefieres, puedo ayudarte —se dirigió hacia el otro extremo.

No tengas miedo. Aquí estoy —extendió la mano al notar como el chico se detenía en el último escalón.

Blaine aceptó la mano y avanzó, respirando profundamente.

—¿Qué vamos a hacer?

—Primero quiero que te relajes y te des cuenta de lo seguro que vas a estar. Ven, vamos a sentarnos.

—¿Dónde?

—En el escalón. Quiero que te adaptes a la temperatura y a la sensación del agua rodeándote. Es casi como estar en la tina, y me dijiste que lo has disfrutado.

Una vez acomodados, y tras escuchar con atención varias indicaciones, Blaine movía las piernas alegremente en el agua.

—Se siente bien —sonrió.

Kurt no dejaba de observarlo con una sonrisa en su rostro y el corazón acelerado. Era increíble ver lo emocionado que este estaba por algo tan simple.

—¿Te gusta?

—Sí, aunque tengo que sujetarme por momentos porque siento que el agua me quiere llevar.

—Es hasta que te acostumbres.

—¿Luego qué haremos?

—Lo que tú quieras. Podemos jugar con la pelota, te puedo enseñar a flotar, puedes…

—¡Eso! ¡Quiero que me enseñes a flotar! Luego podemos jugar un rato.

—Perfecto.

—¿Es muy difícil?

—No. Es más cuestión de que te relajes que de alguna técnica. El cuerpo no pesa en el agua, así que… —empezó a explicarle.

Tras varias lecciones y practicar un poco, ambos se encontraban flotando tomados de la mano mientras conversaban.

—Tengo una duda —dijo Kurt—. ¿Por qué tardaste tanto en salir? Te esperé unos minutos en el cambiador, luego te esperé diez minutos aquí. ¿Pasaba algo?

—Amm…

—No quiero que pienses que te estoy controlando —se apresuró a aclarar—. Es simple curiosidad.

—Tuve algunos contratiempos con el traje de baño.

—¿Y por qué no me dijiste?

—Intentaba solucionarlos.

—Pero ¿qué fue lo que pasó?

—No me queda bien.

—Podemos ir a comprar otro, no hay ningún problema, aunque lo vi perfecto.

—No, no vas a gastar más. Fue mi culpa por no habérmelo probado. Cuando lo elegí me fijé que fuera de mi talla y que tuviera el largo preciso, pero ya puesto resultó diferente.

—¿Por qué? ¿Qué tiene?

—Es muy corto, y por más que trataba de acomodarlo, no podía. Luego de ducharme fue peor porque se pegó más a mi cuerpo.

—Qué raro, porque vi que te quedaba muy bien.

—No es así. Intentaba estirarlo, subirlo y bajarlo para que me cubriera correctamente, pero si lo dejaba del largo que quería, parte de mi estómago quedaba descubierto.

—¿Y cuál es el problema con eso?

—Que no me gusta —dijo en voz baja—. Últimamente he estado comiendo muchos panes y dulces en el trabajo y… Bueno… antes no era así, pero ahora… —exhaló— tengo una pancita. Es pequeña, pero aún así… —se mordió el labio.

—¿Me estás diciendo que no estás a gusto con tu físico? ¿Y dónde quedó lo que me dijiste ese día en el vestidor de la tienda acerca de que todos los cuerpos son hermosos?

—Y es la verdad. Realmente pienso que lo son.

—¿Todos menos el tuyo? —Espera, no puedo hablar así, necesito mirarte —le soltó la mano y se puso de pie.

—No, no. Yo estoy bien con mi cuerpo, es sólo que esta pancita que ahora tengo es… —se cubrió con la mano.

—Siendo muy honesto, cuando te vi junto a la piscina, me dejaste sin aliento, y jamás noté nada que no fuera magnífico.

—Es imposible que no la notaras.

—Me quedé tan fascinado con lo que vi, que ni siquiera me di cuenta cuando solté el teléfono en el agua.

—¿Por eso fue que…? Kurt… —se sonrojó de inmediato.

—No quiero incomodarte ni nada por el estilo, pero te juro que me gustas, me encantas de pies a cabeza. No cambiaría absolutamente nada de ti. Para mí eres perfecto.

Blaine sonrió y se puso de pie.

—Gracias por tratar de hacerme sentir mejor —susurró y cruzó sus brazos alrededor de la nuca de Kurt, mirándolo a los ojos.

—Te estoy diciendo la verdad —lo rodeó por la cintura—. Eres hermoso, magnífico, atractivo, sexy…

—¿Sexi yo? —se rio—. Sé que no soy feo, pero magnífico, perfecto, sexi y todas esas cosas que dices… —negó con la cabeza.

—Blaine Anderson —dijo en tono serio—, no voy a permitir que me cuestiones de esa forma. Para dedicarse a la profesión que tengo se necesita de un gusto exquisito, así que, si te llamo precioso o de cualquier otra forma, puedes estar seguro de que lo eres.

Y no lo digo únicamente para que te sientas bien o porque esté enamorado de ti. Lo noté desde el primer día en que te vi en la estación del metro y…

—¿Estás enamorado? —interrumpió con un gesto de sorpresa y su corazón golpeando acelerado contra su pecho.

—¿Qué?

—Acabas de decir que estás enamorado de mí.