.
CAPÍTULO 46:
"Besando al destino"
.
—Amm… —titubeó Kurt— Eh… Yo…
—Descuida. Creo que me confundí. Debí escuchar mal —bajó los brazos—. Emm… ¿Me vas a enseñar a nadar?
—Sí, sí. Claro. Vamos hacia el borde de la piscina.
Blaine escuchó todas las indicaciones y trató de hacer lo mejor que pudo, pero era indiscutible que no lograba concentrarse.
—Esto es muy difícil —dijo frustrado, tosiendo un poco después de volver a hundirse.
—Ven aquí —lo tomó de la mano para acercarlo—. ¿Qué está pasando?
—No lo sé. Lo intento, pero no puedo.
Kurt retiró todos los rizos mojados que estaban pegados en el rostro del chico y le acarició la mejilla.
—Claro que puedes, lo que pasa es que no te estás concentrando. Me parece que tu atención está en otro lado.
—Sí, quizá —hizo una pequeña mueca.
—Relájate. No hay nada por lo que debas preocuparte o a lo que debas temer.
Blaine suspiró y se repitió mentalmente que no podía presionar ni forzar nada. Estaba seguro de lo que había escuchado, pero obviamente Kurt no estaba listo para admitirlo.
—Tienes razón. Estaba distraído. Prometo concentrarme si lo volvemos a intentar.
—Sí, por supuesto —le sonrió—. Vamos a hacerlo.
Poco más de media hora había transcurrido cuando Hummel se dirigió hacia la parte en donde la piscina empezaba a ser honda.
—Ven conmigo, precioso.
—¿Por qué te fuiste tan lejos?
—Sólo ven. Todo va a estar bien. Aquí estoy para ti, y no permitiré que nada te ocurra.
Anderson respiró lento y profundo, luego se dio a la tarea de nadar hacia donde se encontraba Kurt. Iba despacio y su técnica por momentos fallaba, pero para ser su primer día, había progresado mucho.
Al aproximarse se desconcentró debido al temor que sintió repentinamente, perdiendo el balance, lo que provocó que se hundiera un poco, pero el diseñador rápidamente lo sujetó.
—Tranquilo, te tengo.
—Gracias. Me dio algo de miedo.
—Es normal, pero lo hiciste muy bien. ¡Estoy tan orgulloso de ti!
El chico asintió, pero sus nervios resultaban evidentes, así que Kurt lo sostuvo con más firmeza.
»Aquí donde estamos, el agua probablemente nos llegue hasta los hombros, pero todavía podemos ponernos de pie y alcanzar el piso.
—¡Oh! Pensé que… —resopló con alivio.
—No te iba a llevar más adentro porque sé que debes practicar, sin embargo, lo has hecho muy bien.
Ahora respira, relájate y cuando estés listo regresaremos a la orilla. Recuerda que, si en algún momento sientes que no puedes continuar nadando por la razón que sea, lo que debes hacer es mantener la calma y flotar.
Minutos más tarde los dos llegaron juntos al otro lado y Blaine se lanzó sobre Kurt con alegría.
—¡No puedo creer que lo logré! ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias!
—Claro que lo lograste. Aprendes muy rápido y lo hiciste genial.
—Tengo a un gran profesor —contestó con una enorme sonrisa.
—Y vamos a seguir con las lecciones y la práctica, tanto aquí como cuando regresemos.
—¿En serio? —preguntó con un brillo en su mirada— Pero ¿cómo?
—Por supuesto. Hablaré con Trevor para que nos preste su piscina.
—No tienes que hacerlo.
—Quiero hacerlo porque me encanta verte así de feliz.
Blaine volvió a sonreír y sin pensarlo, lo besó.
Aunque fue sorpresivo y le tomó unos segundos reaccionar, en cuanto lo hizo, Kurt lo rodeó por la cintura y correspondió con gusto.
—Tu novio ya no está triste —resonó poco después una pequeña voz cercana, haciendo que los chicos se separaran y voltearan al mismo tiempo.
—Hola… —dijo Hummel buscando a la madre del niño en los alrededores— ¿Estás solo?
—No, mi mamá ya viene. Se está cambiando. Tu novio es muy bonito.
—Es precioso, ¿cierto?
Anderson sintió su rostro arder y toda una mezcla de emociones al escucharlo admitir que eran novios, aunque fuera de una forma indirecta.
—¡David! —dijo la joven mujer al llegar corriendo— ¡Te he dicho que no te alejes de mí!
—¡Mami, mira! —señaló con emoción— ¡Su novio está feliz ahora!
—¡Ay, no! Lamento que los esté importunando otra vez.
—Descuide, no lo hacía —respondió Kurt, notando con una rápida mirada que ambos estaban en traje de baño—. El lugar es todo suyo, nosotros ya nos vamos.
—No es necesario que se retiren —dijo en un tono amable.
—De verdad, ya nos íbamos. Disfruten de este hermoso día —empezó a salir de la piscina.
—Muchas gracias. Ustedes también.
Kurt asintió con una sonrisa, seguido por Blaine.
—¿Quiénes son? —preguntó intrigado el de rizos mientras caminaban hacia el vestidor.
—El día que ocurrió lo de… —no quería pronunciar el nombre de ese individuo— Cuando estabas abrazado a mí en el elevador, ellos entraron y al verte así, el niño preguntó por qué estabas triste.
—¡Oh! Honestamente, me sentía tan mal en ese momento que no presté atención a nada ni a nadie.
—Bueno, eso fue lo que sucedió, y por eso ahora dijo que ya estás feliz.
—Entiendo, pero también dijo que soy tu novio.
—Supongo que al vernos abrazados fue lo que pensó.
—Y hoy, además de abrazados, nos vio besándonos.
—Todo un progreso —dijo con una sonrisita, dejando a un costado la toalla mojada.
—¿Te incomodó que nos vieran?
—En lo absoluto. ¿Por qué?
—Porque en cuanto llegaron, nos fuimos, y acababas de decirme que íbamos a seguir con las lecciones.
—Pero no me refería a hacerlo en este momento.
—¡Oh!
—Pensé que el plan para hoy era estar en la piscina un rato y luego regresar a la habitación para quedarnos en la cama el resto del día. Pero si quieres, podemos volver y…
—¡No! ¡No! Es que no estaba seguro de si en realidad íbamos a hacer eso.
—¿Y por qué no?
—No lo sé… Quizá porque es demasiado perfecto y sigo intentando asimilar y creer todo esto.
—Comprendo. Yo también estoy en ese proceso, pero está pasando, y me gusta.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
Una vez frente a la puerta de Blaine, Kurt le soltó la mano.
—Voy a bañarme. No tardo.
—Acabamos de salir de la piscina.
—Sí, pero me gusta bañarme después de eso. Es recomendable hacerlo.
—Oh, bueno. Entonces voy a ducharme también.
—Nos vemos en un rato —lo tomó por la barbilla y le dio un beso corto.
—Te espero —suspiró y esperó hasta verlo entrar a su habitación para hacer lo mismo.
De inmediato corrió hacia el teléfono para llamar a Alejandro y contarle lo que estaba ocurriendo. Quería compartir su alegría con alguien, pero también necesitaba un par de consejos urgentes de su amigo.
Una vez bañado y usando ropa cómoda, encendió el televisor y llevó la pequeña canastilla con todos los snacks a la mesita de noche.
Ver películas juntos en la cama era emocionante, pero esperaba que hicieran más que eso porque le gustaba mucho besarlo. La sola idea hizo que una sensación de calor se asentara en su estómago y que sus mejillas ardieran.
Al escuchar los toques en la puerta, su corazón se aceleró y tuvo que detenerse para respirar antes de abrir.
Kurt ingresó en pijama y levantó la mano.
—Antes de que digas algo, esto es lo único que tengo. Nada de lo que traje sirve para quedarse en cama relajado.
—No iba a decir nada. Lo importante es que estés cómodo. Además, me gustan tus pijamas.
Ambos se sentaron en la cama y empezaron a buscar algo en la televisión, decidiéndose por una comedia romántica.
En algún punto de la película se fueron acercando más y terminaron abrazados mientras disfrutaban de las golosinas.
—¿Te gustan las papas picantes? —preguntó Blaine.
—Sí, seguro.
El menor abrió el paquete y tomó una papa, llevándola a los labios de Kurt, quien se sorprendió por el gesto, pero la aceptó con una sonrisa al igual que todas las demás hasta que estas se terminaron. Lo mismo sucedió después con unas galletas.
Un toque en la mejilla hizo que Hummel volteara hacia Blaine, quien sostenía una galleta entre los labios. Sin saber a qué se debía eso, lo miró extrañado y elevó una ceja.
—Amm… ¿Qué haces?
Algo decepcionado, el chico despejó su boca.
—Nada. Sólo algo tonto que se me ocurrió.
—No entiendo.
—Se supone que debes morder la galleta del otro extremo.
—¡Oh! ¡Sí, sí! Vi algo similar una vez en una película. Lo siento por no haberme dado cuenta. Te puede parecer absurdo, pero no estoy acostumbrado a estas cosas, y me tomas por sorpresa con todo lo que haces.
—Yo tampoco estoy acostumbrado, pero me parecen románticas.
—¿Nunca lo habías hecho con nadie?
—No.
Kurt suspiró mirándolo a los ojos.
—Bueno, podemos intentarlo si aún quieres. Me gusta esto de agregar más cosas a la lista de nuestras primeras veces.
Blaine sonrió y tomó otra galleta sin dudar, colocando un extremo en su boca.
El castaño se apresuró a morder el otro extremo y continuó hasta que sus labios se tocaron y empezaron a besarse.
»Es la mejor galleta que he probado —dijo con una sonrisa cuando se separaron, y esta vez fue él quien tomó una del paquete y la colocó entre sus labios.
Lo que empezó como un juego terminó convirtiéndose en una sesión de besos que Kurt estaba disfrutando y que lo tenía volando alto porque le encantaba el sabor de esos labios carnosos, pero sobre todo por la forma en la que se movían contra los suyos.
Amaba la manera en la que Blaine lo besaba porque se sentía dulce, íntima, tan personal y profunda, como si se tratara del regalo más hermoso y preciado que le estuviera dando.
Cuando se apartaron, lo observó con atención, y esos ojos dorados con tonalidades verdes brillaban con una calidez tan grande, que su corazón se aceleró todavía más y su interior se llenó de muchas emociones. Entonces lo abrazó fuertemente, con la respiración agitada y una sensación increíble recorriéndolo de pies a cabeza mientras le besaba la frente.
¿Cómo era posible que hubiera descubierto hace poco sus sentimientos y que estos hubieran crecido de forma descomunal en ese corto tiempo?
Porque no podía negar que lo que sentía era cada vez más grande, y eso, aunque era inesperadamente maravilloso, también lo asustaba. Ya una vez se había enamorado locamente y entregado por completo a la persona con la que pensó que pasaría el resto de su vida, pero se equivocó, y el dolor de la decepción fue tan grande como el amor que sintió.
—¿Qué ocurre? —preguntó Blaine al notar la tensión en el cuerpo de Kurt.
Este no sabía cómo explicarle, así que guardó silencio, y negando con la cabeza desvió la mirada.
Ante la falta de respuesta, Anderson se enderezó para poder observarlo.
»¿Kurt? —lo tomó de la barbilla para que este lo mirara.
El mencionado exhaló antes de girar en su dirección, y de pronto algo pasó en su interior. Había tal pureza en la expresión del rostro del chico a su lado y un amor tan grande impreso, que sintió ganas de llorar, sin embargo, las contuvo lo mejor que pudo, brotando un jadeo desde lo más profundo de su ser.
Blaine no era Dante, él no lo lastimaría. En su momento, tampoco creyó que Dante lo haría, pero una vez más, Blaine era diferente en todos los aspectos.
»Kurt —le acarició la mejilla—, por favor, dime qué ocurre.
El decorador volvió a negar con la cabeza y le regaló una sonrisa nerviosa.
—Tú ocurres.
—¿Por mí te pusiste así? ¿Hice algo mal?
—Al contrario, todo lo haces bien. Tú me haces bien.
Blaine suspiró y lo atrajo hacia él para abrazarlo.
—Nunca te voy a hacer daño —le susurró al oído como si supiera lo que pasaba por su mente—. Sé que todos cometemos errores y quizá algún día me pueda equivocar en algo, pero jamás, jamás, jamás voy a lastimarte intencionalmente. Significas tanto para mí.
—Y tú para mí.
—Te quiero mucho, mucho en verdad —lo que quería decir era que lo amaba, pero eso era algo que no podía expresar todavía porque no estaba seguro de lo que provocaría, y lo que menos deseaba era que Kurt se asustara más y saliera corriendo.
—Te quiero tanto Blaine —suspiró.
—¿Puedo besarte?
—Todas las veces que quieras.
El chico de rizos se apartó un poco del abrazo para mirarlo, asegurándose de hacer contacto visual, y luego empezó a repartir suaves besos por todo su rostro.
Hummel se sorprendió ante tal acción porque había imaginado otra cosa, sin embargo, sonrió. Claro que Blaine era diferente. Era sin duda lo que siempre soñó, y parecía irreal que lo tuviera ahí frente a él, provocándole todas las sensaciones y todos los sentimientos. Aún había un temor en su interior contra el que estaba batallando, pero a pesar de eso, quería entregarle su corazón confiando en que este no lo rompería.
Cerró los ojos y se concentró en cada beso recibido, suspirando en más de una ocasión. De pronto se preguntó cómo una persona podía ser tan dulce y cariñosa, sobre todo al haber crecido en las calles y en medio del rechazo de tantas familias.
¿En qué rayos pensaron todas esas personas que después de haberlo llevado a sus casas, lo regresaron como si fuera algo inservible o un paquete no deseado? Blaine merecía mucho amor y…
Una descarga eléctrica lo recorrió de pies a cabeza al sentir la presión suave sobre sus labios, y correspondió de inmediato.
La sesión de besos se fue tornando larga y cada vez más profunda, siendo acompañada por caricias sutiles pero certeras. Los sonidos que Blaine emitía eran los mejores que había escuchado y estaban provocando cosas en él.
Cernió su cuerpo sobre el de Anderson con movimientos suaves, repartiendo besos por su rostro y cuello. Aquellas manos tocándolo de esa forma tan perfecta lo estaban llevando al borde.
Un gemido más fuerte mandó una ola de placer por toda su espalda y lo llevó a mover sus caderas.
—Kurt…
—Dime, precioso —respondió al cabo de unos segundos, entonces notó que una de las manos estaba ahora en su pecho, como pidiéndole que se detuviera, y todo el aire salió expulsado de sus pulmones.
»Lo siento. De verdad —se quitó alarmado de encima—. No sé qué me pasó. Perdón.
—Perdóname tú por detenerte —su respiración agitada le dificultaba hablar.
—No, soy yo quien no debí —exhaló—. Ni siquiera…
—No continúes, porque no fue un error.
—Nunca diría eso, pero no está bien.
—¿Por qué?
—Porque para mí es importante… Amm… bueno… sabes lo que pienso del sexo.
—No te acuestas con cualquiera. Debes amar a la persona con la que… —su garganta se cerró— Sí, ya entendí.
—No, no creo que lo hagas, porque a lo que me refiero es a que no quiero dar un paso tan grande contigo cuando ni siquiera hemos definido lo que está pasando entre nosotros. Tú estás muy claro en tus sentimientos, pero mi situación es distinta, y no es justo para ti. Mereces más que eso. Mereces que en un momento tan íntimo pueda mirarte a los ojos y decirte todo lo que siento por ti, sin miedos, sin dudas.
—Kurt… —exhaló despacio y se puso de lado, tomándolo de la mano.
—Ya te habías dado cuenta de que no debía pasar, ¿cierto? Por eso me detuviste, y me alegro de que lo hicieras. Eventualmente yo habría reaccionado también, pero es bueno que no llegáramos más lejos antes de que eso sucediera.
—Me gusta hasta donde llegamos.
—A mí también, pero como dije, no es justo para ti porque aún no soy capaz de expresar todo lo que significas en mi vida. Tengo sentimientos por ti, y son tan grandes que ni siquiera puedes imaginarlo, sin embargo…
—Lo sé —llevó la mano hacia el costado de su rostro, acariciándole la mejilla con el pulgar—. De verdad lo sé.
—¿Cómo?
—Lo veo en tus ojos, y cada vez es más claro. Ahora también puedo sentirlo en la manera en la que me besas y me abrazas, o en como buscas mi mano todo el tiempo para sostenerla.
—Blaine… Yo…
—Tal vez no lo digas, pero sí me lo demuestras de muchas formas —acortó la distancia y unió sus labios en una danza perfecta.
—Nunca dejes de besarme —jadeó antes de envolverlo entre sus brazos y pegarlo más a su cuerpo.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
Alrededor de una hora y media había transcurrido y los chicos se encontraban sentados en la cama con las manos entrelazadas mientras revisaban el menú para pedir el almuerzo.
—Tengo sed —dijo Blaine moviéndose hacia el borde de la cama para levantarse—. ¿Quieres algo?
—No, estoy bien. Gracias —le sonrió.
El menor abrió la pequeña nevera y tomó una botella de vidrio que llamó su atención.
—¿Sabes qué es esto? Está en otro idioma.
—Déjame ver.
Blaine avanzó a pasos largos y saltó al suave colchón, entregándole la botella.
—Es té —respondió luego de revisarla.
—¿Té de ese color?
—Sí. Es de lima y frutos rojos con un toque de menta —levantó la cabeza y la expresión en el rostro de Anderson lo hizo reír—. ¿Qué pasa?
—Es la combinación más extraña que he escuchado en mi vida.
—En realidad es deliciosa. Claro, depende del gusto de cada persona, pero a mí me encantan esta clase de mezclas.
—Mmm… Se ve rico, pero ¿qué tal si no me gusta?
—Hasta que no lo pruebes no podrás saber.
—Prefiero no arriesgarme. Voy por otra cosa —se bajó de la cama.
—¿Quieres agregar otra cosa, o pasamos al postre?
—Es suficiente con eso para mí —destapó un jugo y le dio un trago largo antes de regresar rebotando como un niño—. ¡Este me encanta!
—Te puedo traer el que está en mi habitación.
—No es necesario, mañana ponen otro.
—Sí, pero podrías querer otro para más tarde.
—Así está bien, gracias —le besó la mejilla antes de acomodarse a su lado—. ¿Qué hay de postre?
Kurt leyó todas las opciones.
—¿Qué te provoca?
—No tengo idea de lo que es ninguna de esas cosas, a excepción del flan y el helado. ¿Qué me recomiendas? Es más, no me digas, sólo sorpréndeme con algo rico.
—Perfecto.
—Hay algo que no entiendo —dijo al terminarse el jugo.
—¿Qué cosa?
—Que siempre estén reponiendo lo que uno consume. ¿Calculan un valor y lo cobran cuando se rentan las habitaciones? Porque entiendo que al llegar te den esas cosas de cortesía, pero todos los días vuelven a poner lo que falta, y me parece que eso representa una pérdida para el hotel.
—No te dan las cosas de cortesía. Todo cuesta.
—Espera, ¿qué? ¿Cómo que todo cuesta?
—Tanto los snacks como las bebidas hay que pagarlas cuando uno se va del hotel al igual que todos los extras, como la comida que voy a pedir, por ejemplo.
—¿Es una broma?
—No. Ahí está la cartilla con los precios.
—¿Dónde? —salió corriendo desesperado a buscarla— Aquí no hay nada.
—Siempre la ponen cerca. Tal vez a un costado de la nevera.
—Ya la encontré —empezó a revisarla.
Kurt llamó a la recepción para indicar lo que iban a comer, asegurándose de explicar todo muy bien. Al terminar, notó que Blaine seguía de pie en el mismo lugar y su respiración parecía agitada. Rápidamente se levantó y fue a buscarlo.
—¿Estás bien? ¿Qué te ocurre?
—No lo sabía. Te juro que no lo sabía. Pensé que regalaban esas cosas.
—Claro que no, si lo hicieran sería una pérdida para el hotel, tal como dijiste.
—No entendía cómo funcionaba. Siempre tuve la duda y fui tan tonto al no preguntarte.
—No entiendo de qué hablas.
—Además, los precios son muy altos. He comprado el mismo paquete de galletas y cuesta la mitad de lo que está aquí anotado.
—Eso siempre es así en diferentes lugares, incluyendo los hoteles. Pero sigo sin entender lo que te pasa.
—Me he comido todo lo que había desde el día que llegamos y lo que han estado reponiendo también —exhaló angustiado.
—¿Y cuál es el problema con eso? Yo también he cogido algunas cosas.
—No tengo idea de todo lo que consumí porque nunca lo conté, pero con estos precios no voy a poder pagarlo. ¿Cómo pude ser tan estúpido?
—Oye, no te expreses así de ti —lo abrazó por detrás—. No lo sabías, y cuando te expliqué todo lo de la habitación, se me pasó por alto mencionar eso.
—Pero debí preguntar. Tenía dudas y me quedé callado.
—Bueno, ya pasó. No te atormentes más. Sabes que te invité y…
—Esos son extras.
—Lo hablamos y aceptaste que te cuidara y te complaciera, entonces déjame hacerlo.
—Es mucho.
—Puedes pagar una parte si quieres y yo me encargo del resto, aunque no es necesario.
—Pero…
—Sin peros. Y no quiero que te restrinjas. Puedes seguir comiendo y bebiendo todo lo que te plazca.
—Oh, no. Y menos con esos precios.
—No te preocupes más por el dinero, por favor —fue repartiendo besos en el costado del rostro del chico y lo abrazó más fuerte—. Sé que no es fácil para ti, pero quiero que entiendas que todo lo que tengo es tuyo. Me hace feliz poder complacerte porque lo mereces. No hay nada mejor que ver esa hermosa sonrisa y tus ojos brillar.
Como te dije esa noche en el parque, sé que eres el héroe de tu propia historia, y no pretendo tomar ese lugar, pero sí quiero que me permitas cuidarte y estar para ti —continuó repartiendo besos.
—No estás en un buen momento y…
—Cuando regresemos me ocuparé de eso, pero mientras estemos aquí, no hay nada por lo que debas preocuparte, mi amor.
Si Blaine ya estaba conmovido por todo lo que Kurt le decía, escucharlo pronunciar esas dos palabras lo dejó sin aliento. De seguro este no se había dado cuenta de ello, así como cuando le dijo que estaba enamorado de él, pero eran señales de lo que sucedía en su interior.
»¿Precioso?
—E-está bien, aunque no es fácil asimilarlo. Me cuesta y no puedo evitar reaccionar así.
—Lo comprendo, pero no tiene nada de malo, sobre todo por lo mucho que te quiero.
—No me gustaría que pensaras…
—Que eres un aprovechado. Lo sé, ya me lo has dicho, y algo así nunca cruzaría por mi mente. Una persona tan dulce y extraordinaria como tú jamás podría actuar de esa manera.
—Kurt… —exhaló y se dio la vuelta para quedar de frente— Gracias por mostrarme todo lo bonito que puede ser esto.
—Mi precioso —le besó la frente—. Gracias a ti también por volver realidad todo lo que una vez soñé.
