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CAPÍTULO 47:

"Lo dulce de tu amor"


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Las horas transcurrieron casi sin que se dieran cuenta y la noche hizo su aparición.

Kurt se encontraba sentado con la espalda apoyada en una gran pila de almohadas, acariciando los oscuros rizos con una mano ya que Blaine estaba acostado a un lado con la cabeza sobre su regazo.

—¿Qué hay de tu ex? —preguntó el menor— Estuvieron juntos varios años y dijiste que al comienzo él era distinto y su relación era perfecta.

—Lo era… o al menos eso pensé. Durante los primeros años fui genuinamente feliz a su lado y aprendí de él cosas buenas por las que siempre voy a estar agradecido, pero al final, lo que una vez tuvimos dejó de ser y actualmente es un capítulo cerrado en mi vida.

—Eso no aclara mi duda.

—Dante es mi pasado y no veo la necesidad de seguir hondando en ese tema.

—Me dijiste que podía preguntar lo que quisiera, y hay algunas cosas que me gustaría descifrar porque de verdad me inquietan, como el hecho de que deseabas tener un futuro a su lado a pesar de todos los problemas que existían entre ustedes.

Tal vez la presión de sus familias y de su círculo estaba presente, pero no era la razón por la que continuaste con ese compromiso. Realmente querías casarte con él, y no dejabas de repetir que lo amabas y muchas cosas más.

—Creí que era lo que quería. Había sido mi sueño durante tanto tiempo y no estaba dispuesto a renunciar a ello, pero conforme el día se acercaba, me sentía más nervioso; y no de una buena forma. Estaba angustiado, preocupado por el futuro, y el día del ensayo no dejaba de pensar en cómo nuestra historia se había ido transformando de algo mágico a tenerme temblando por las dudas. Tampoco podía sacar de mi cabeza todos esos comentarios de que estaba cometiendo un error y que no lucía feliz ni emocionado por unir mi vida legalmente a la suya.

Llegó un momento en el que las dudas me agobiaron al punto de no poder respirar, y la idea de que no debía continuar no dejaba de darme vueltas, aun así, no quería que mis ilusiones murieran, lo que me hizo sentir en el medio de una encrucijada en donde no había un camino claro, o tenía miedo de verlo. Lo que sucedió después, incluyendo la discusión con Dante y cómo decidí dar todo por terminado, ya lo sabes.

Nadie podrá decir jamás que simplemente lo dejamos morir, porque intentamos repararlo de todas las formas posibles, sin embargo, lo único que conseguimos fueron momentos fugaces de felicidad que nos recordaban el comienzo de la relación, y era a lo que nos aferrábamos porque ya nada de eso existía, y la prueba de ello era que en cuanto nos tocaba enfrentar la realidad, todo se desmoronaba y volvía a romperse.

En el transcurso de este tiempo pude darme cuenta de lo que estuve haciendo, ya que logré quitarme la venda de los ojos y tener una perspectiva diferente, pero mientras atravesaba esa etapa, más que estar ciego, estuve tratando de convencerme de muchas cosas que no tenían sentido.

Duele reconocer que algo que has deseado tanto, nunca podrá ser, pero no es correcto luchar por un sueño si eso significa que debes renunciar a ti, y ahora lo tengo muy claro.

—No era mi intención hacerte llorar.

—¿Qué? —notó las lágrimas que rodaban por su rostro y las limpió con rapidez— No, tranquilo. No pasa nada. Estoy bien, ni siquiera me había dado cuenta.

—¿Lo extrañas?

—Ya hemos hablado de eso. Él siempre va a importarme y lo voy a querer, pero ahora sé que forma parte de mi pasado, y es algo que no va a cambiar.

—Debe haber alguna razón para que llores al hablar de él y la relación que tuvieron.

—Nostalgia supongo, no lo sé, pero como te dije, ni siquiera me había dado cuenta.

—Es obvio que guardas cosas en tu interior respecto a ese tema, y mientras no las saques, van a seguir lastimándote y causándote estragos.

—Acabas de hablar igual que Trevor.

—Es psicólogo, ¿cierto? Así que él sabe.

—¿Y tú?

—Simplemente me doy cuenta de lo que pasa.

Hummel estuvo a punto de responder mordazmente, pues a su parecer nadie podía entender lo que ocurría en su interior, mucho menos alguien que no había pasado por lo mismo que él, no obstante, logró contenerse y prefirió guardar silencio.

»¿Kurt? —elevó la mirada y notó la expresión de molestia en su rostro. Tras varios segundos y un largo suspiro, lo tomó de la mano.

Estoy consciente de que no he tenido ninguna experiencia como la tuya, así que no sé cómo te sientes, aunque intento imaginarlo por lo que me has contado, sin embargo, sí sé lo que es guardarse lo que a uno le atormenta creyendo que nadie va a ser capaz de comprenderlo, y sentirse enojado y dolido con el mundo mientras se está lleno de confusión y frustraciones al saber que aquello que siempre deseaste con todo tu corazón, nunca será posible, y que en su lugar la vida te llevó a enfrentar situaciones que no merecías.

Aquellas palabras calaron en lo más profundo del decorador, logrando que soltara el aire retenido y que bajara la mirada con una mezcla de emociones que no podía explicar, pero que tocaron fibras sensibles.

—Desearía haber podido evitarte todo ese dolor —dijo con voz apagada.

—Gracias. Yo desearía haber podido evitar el tuyo, y a pesar de que esas cosas no fueron posibles, aquí seguimos todavía en pie. Pudo ser muy duro, mas logré comprender que todo lo que he vivido fue lo que me convirtió en quien soy, y sé que en algún momento será así para ti también.

—Supongo, pero todavía no veo el panorama completo con claridad.

—Lo harás, descuida. Ya llegará el día en el que puedas entender por qué las cosas sucedieron de esa forma, y cuando pase, te sentirás más ligero y en calma, pero para ello tienes que sacar todo lo que llevas guardado. No se puede sanar cuando se conserva el dolor, la rabia o la confusión por dentro.

—Oh… Guau… Blaine… —exhaló.

—Puedes hablar conmigo cuando necesites desahogarte, o con tus amigos si lo prefieres. Supongo que tienes más confianza con ellos después de todo, lo importante es que explores lo que estás sintiendo y logres expresarlo.

—Ven aquí —palmeó el lugar junto a él.

Anderson se sentó y se acomodó a su lado, observándolo con atención.

—¿Sí?

—Gracias por ser tú y por haber llegado a mi vida —lo rodeó con un brazo y le besó la frente.

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El tiempo prosiguió su marcha y las pequeñas vacaciones estaban llegando a su fin, así que los chicos se aseguraban de sacarle todo el provecho posible. Su jornada empezó antes del amanecer, el cual contemplaron juntos para luego dar paso a varias actividades.

Bordeaba el medio día y ambos se encontraban disfrutando a solas de la piscina tras haber compartido un momento agradable con el pequeño David y su mamá, Zuri, quien era una mujer encantadora, aunque se la pasaba avergonzada por las ocurrencias de su hijo.

—Creo que hoy deberíamos acostarnos temprano —dijo Blaine luego de darle un sorbo a su bebida—. Me encantaría que nos desveláramos otra vez, pero necesitas descansar ya que el camino de regreso es largo y lamentablemente no puedo relevarte.

—Descuida, voy a tomar una siesta antes de que salgamos.

—Una siesta no basta. No me gustaría que te fueras a quedar dormido mientras conduces.

—Eso no va a pasar, no te preocupes.

—Igual quiero que vayas a la cama temprano.

—Tal vez lo haga, si te quedas esta noche en mi habitación —dijo de forma sugerente.

—Si me quedo, no vas a descansar.

—¿Y eso por qué? —preguntó con una sonrisita.

—Porque no podré dejar de besarte, abrazarte, acariciarte y decirte todo lo que siento por ti.

—¿Y por qué esperar hasta la noche?

—Kurt… —su rostro ardió al instante y su estómago dio un vuelco.

—¿Qué haces tan lejos de mí? Deberías estar aquí y no en el otro extremo de la piscina.

Blaine sonrió y se acercó enseguida.

—Esta ha sido una de las mejores semanas de mi vida —dijo rodeando el cuello de Kurt con sus brazos.

—La mía también —le sonrió—. Cada segundo a tu lado ha sido perfecto.

—Más que perfecto, y no puedo creer que nos tengamos que ir al amanecer.

—Pero nos llevamos hermosos recuerdos —acarició con los dedos la bronceada piel, sin soltar su agarre de la cintura.

—Los mejores —suspiró—. Gracias por este viaje y por toda la felicidad que me has dado.

—Es sólo un poco de lo que tengo para ofrecerte.

—¿Un poco? Kurt, jamás hubiera imaginado que viviría tantas cosas increíbles. Los paseos, los picnics, las aguas termales, el karaoke, el bar, el billar, las caminatas, la salida en bote, la feria, las clases de natación, acampar en el parque, la película al aire libre, la travesía en bicicleta, además de las conversaciones tan profundas que hemos tenido y todo lo que ha sucedido entre nosotros.

—Pues es una pequeña parte de lo que mereces y que planeo seguir dándote.

—No necesito nada más.

—No dije que lo necesitaras, sino que lo merecías.

El chico de rizos suspiró y cerró los ojos, frotando sus narices durante unos segundos antes de besarlo.

—Te quiero —repitió una y otra vez en medio de la sesión de besos.

—Te quiero tanto, mi precioso —gimió cuando sus labios se apartaron, manteniéndolo apegado a su cuerpo y juntando sus frentes.

—Me gusta cuando me dices así.

—Bueno, eres precioso en todos los sentidos, y voy a decírtelo siempre.

Blaine suspiró cerrando los ojos.

—Me gusta, pero me gusta más todavía cuando dices lo otro.

—¿Lo otro?

—Cuando dices eso de mi, porque es como si fuera… Amm… Ya sabes.

—¿Qué cosa?

—Mmm… Nada, creo que son ideas mías —mentalmente se recordó no ilusionarse tan fácilmente porque Kurt podía estar diciendo cosas sin darse cuenta o para las cuales no estaba listo y que se le escapaban.

—¿Te refieres a que suena como si fueras mío?

—S-sí —respondió sorprendido.

—No eres mío como tal, porque no soy tu dueño, pero sí eres mi precioso —puso énfasis en las dos últimas palabras, sintiendo como el aire que salía de su cuerpo era reemplazado por los latidos acelerados de su corazón al mismo tiempo que se llenaba de paz.

Anderson le regaló una sonrisa amplia y una mirada destellante que Kurt sabía que eran sólo para él, haciéndolo sentir como si fuera el ser más valioso e importante en el universo.

—Soy tuyo en todas las formas en las que quieras.

Kurt contempló el rostro de Blaine, estudiando cada detalle a profundidad, en especial aquellos ojos dorados que desde que podía ver tan de cerca, le parecían aún más hermosos.

—Sólo en las que tú quieras serlo.

—Completamente tuyo —susurró.

Hummel llevó lentamente su pulgar hacia los gruesos labios para acariciarlos, y Blaine empezó a darle pequeños besos, ante lo cual no tardó en reemplazar el dedo por sus labios. Amaba tanto la forma en la que este lo besaba porque era una combinación entre lo romántico y lo apasionado, permitiéndole sentir todo ese fuego que llevaba en su interior acompañado de movimientos suaves y lánguidos, como si no tuviera ningún apuro y quisiera saborear cada segundo de ese momento.

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Frente al espejo de su habitación, Anderson acomodaba su cabello mientras esperaba que Kurt fuera por él para ir a dar un último paseo.

Estaba feliz por todo lo que había vivido durante la semana y por la forma en la que las cosas entre ellos seguían progresando, pero también se sentía nostálgico. Algo en su interior le decía que nada iba a ser igual una vez que estuvieran de regreso.

Se habían separado por media hora para cambiarse y arreglarse, y ya lo extrañaba. Pensar en cómo sería cuando regresaran y no pudieran estar juntos todo el tiempo, besarse cuando quisieran o ir a dormir en la misma cama, dolía, por ridículo que pareciera.

Y ni qué hablar del día en que Kurt se fuera a vivir a otro lugar. Es que ni siquiera podía imaginarlo. Se había acostumbrado a verlo al despertar, encontrarlo cuando llegaba del trabajo, y a todos esos momentos que compartían.

No quería que esa clase de pensamientos lo invadieran, pero le resultaba difícil después de haber escuchado parte de la discusión entre el decorador y su padre ya que esta era un indicio de lo que se avecinaba. Hummel fue muy enfático en lo de "querer su vida de vuelta", y eso implicaba sin duda alguna irse del sencillo edificio. A la casa que compartió con su ex, era obvio que no regresaría, pero de seguro compraría una nueva o un departamento de lujo una vez que recuperara su dinero, porque si algo lo había estado frenando era eso.

El teléfono empezó a sonar y lo tomó con desánimo, pero al ver su nombre en la pantalla, se alarmó.

~¡Scott! ¿Qué pasó? —preguntó preocupado— ¿Estás bien?

~Hola… Sí, sí, estoy bien.

~Dime qué ocurrió.

~Amm… Este… —sonó nervioso.

Aquello incrementó la preocupación de Blaine porque su amigo era la clase de persona que se mantenía serena en todo momento sin importar la situación.

~Sé que no puede ser algo bueno cuando te has atrevido a llamar al teléfono de Kurt, así que dime de una vez.

~No quiero arruinar tu viaje, pero hay dos asuntos importantes que no pueden esperar.

~Sí, sí. Dime ya.

~Necesito que me prestes dinero.

~¿Qué?

~Lo necesito con urgencia.

~Oh, sí, claro. Cuando esté allá reviso y…

~Lo necesito hoy.

~¿Cuál es la prisa?

~Eso no importa.

~Claro que importa. ¿Te ocurrió algo?

~No.

~¿Pasó algo en el edificio?

~Tampoco.

~¿Entonces?

~Sólo dime si me vas a prestar el dinero.

~Ni siquiera me has dicho cuánto necesitas.

~Cinco mil dólares.

~¿Cinco mil…? ¿Estás loco? ¿De dónde quieres que saque esa cantidad?

~De lo que tienes ahorrado.

~Tengo algo guardado, pero lo que me pides es mucho.

~No te digo que me des todo. La mitad ya sería una gran ayuda. Tampoco te digo que me lo regales, te aseguro que te voy a pagar hasta el último centavo.

~No lo dudo. Es sólo que tengo que…

~¡Bien! —interrumpió en tono serio— ¡Olvídalo! ¡Ya veré cómo resuelvo mis asuntos!

~No te pongas así. Te voy a prestar, pero debo revisar lo que tengo guardado.

~No puedo esperar a que regreses, ¿qué tan difícil de entender es eso?

~Scott…

~Te dije que lo olvides —chasqueó la lengua—. El otro asunto por el que te llamo es para avisarte que te han estado buscando.

~¿Qué? ¿Quién? —sintió un frío recorrerle la espalda.

~No lo sé, pero no es el mismo sujeto de la vez pasada, y no ha querido decir su nombre.

~Pero ¿por qué me busca?

~No tengo la menor idea. Lo único que sé es que estuvo en el edificio dos veces preguntando por ti y también ha ido a la panadería, así que supongo que ha estado recorriendo los alrededores.

~¿Qué? N-no no es p-posible —su respiración se agitó—. P-pero ¿c-cómo es?

~Un hombre alto, delgado, cabello marrón, de unos treinta probablemente. Yo no lo he visto, fueron Andy y don Giuseppe quienes me avisaron.

~¿Ellos…?

~No, ninguno le dijo nada, pero están preocupados por la insistencia en la que ha estado haciendo preguntas.

~¿Es que nunca me van a dejar en paz? ¿Cómo pude pensar que alejarme por unos días cambiaría las cosas? —se lamentó.

~No te fuiste para que cambiaran sino para relajarte y analizar con la cabeza fría lo qué debías hacer, pero si vas a regresar igual o peor que antes, entonces fue un viaje en vano.

~Ah… Sí, sí… es cierto… Gracias por avisarme —titubeó.

~No hay problema. Estaré pendiente de cualquier cosa —se escuchó un ruido de fondo y lo que parecían gritos.

~¿Qué fue eso?

~Nada, Blaine —respondió nervioso—. Ya tengo que colgar, estoy muy ocupado.

~Scott…

~Adiós —terminó la llamada.

Blaine sabía que su mejor amigo tenía razón, mas no podía evitar sentir todo ese miedo al pensar que si los O'Donnel lo encontraran, le harían mucho daño por haberse escapado, sin importar el tiempo que hubiese pasado de ello. Esas personas eran crueles y querían hacerle pagar por lo que hizo, y que lo siguieran buscando era el mayor indicativo.

Una creciente angustia se fue apoderando de él y tuvo que dirigirse hacia la cama para sentarse porque sus piernas no eran capaces de seguirlo sosteniendo. Durante unos minutos permaneció con la mirada fija en el teléfono pensando en la descripción del sujeto. Un hombre alto, delgado, cabello marrón, de unos treinta años. El único al que conocía que coincidía con esas señas era Alejandro, mas era imposible que se tratara de este.

Pero, entonces, ¿quién era ese sujeto que tenía tanto interés en encontrarlo y qué era lo que quería? Tal vez algún familiar o amigo de los O'Donnel al que habían enviado para no levantar sospechas.

"No estás solo" —se dijo a sí mismo para tratar de tranquilizarse—. "No tienes que seguir huyendo" —respiró tan despacio como le fue posible—. "Kurt dijo que te ayudaría, y debes confiar en él" —volvió a respirar, esta vez sobándose el pecho—. "Te prometió contratar abogados, policías y a todas las personas que fueran necesarias para que esa familia no se acerque a ti. No podrán hacerte daño otra vez".

"Tranquilo… Respira… Todo va a estar bien".

Unos golpes en la puerta lo hicieron sobresaltar y aventar el teléfono al suelo, dándose cuenta de que estaba más nervioso de lo que había pensado.

—Ya voy —su voz no salió con la fuerza que esperaba.

Los golpes se volvieron a repetir.

—¿Blaine?

—Ya voy —esta vez pudo elevar el tono.

Con un gran esfuerzo se puso de pie y se dirigió hacia la puerta tratando de controlar su respiración.

Sus manos temblaban tanto que le resultaba imposible colocar la tarjeta en la posición correcta. Al tercer intento, la luz finalmente se puso verde y pudo abrir la puerta.

—¿Ya estás listo? —la sonrisa de Kurt se desvaneció ipso facto— ¿Por qué estás tan pálido? ¿Qué ocurrió?

—Vas a ayudarme, ¿verdad?

—¿De qué hablas?

—Por favor. N-no me dejes solo.

Hummel lo envolvió entre sus brazos e ingresó a la habitación.

—Nunca. Aquí estoy para ti. Dime qué está pasando.

—N-necesito que me ayudes. Te-te necesito.

—Claro que sí, mi amor. Para lo que sea, cuenta conmigo.