Cosmos Congelado

capitulo 5

Hielo Contra Fuego

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Elsa cae de rodillas presa de un dolor lacerante que le atraviesa el pecho, tan intenso que no le permite respirar. La reina de las nieves jadea en su desesperación por tomar aire, mientras gruesas lagrimas de dolor surcan sus pálidas mejillas.

Puede sentirlo.

La angustia de la muerte, la ruptura de una estructura como si fueran sus propios huesos… el Alma dejando el cuerpo. Sabe que no es ella, está consciente que no está pasándole, pero se ha dado cuenta también, que son las últimas sensaciones del gigante lo que percibe, transmitidas a través del lazo que la mantiene unida con los elementos. Por un momento, murió junto con el gigante al que asesinaron frente a sus ojos, y la emoción la ha dejado destrozada por dentro. Poco a poco, sus sentidos vuelven a ser los propios, y siente unos brazos poderosos alrededor de ella, que recolectan su ser despedazado, y la contienen en un abrazo que busca reconfortarla y recuperarla.

-Estoy aquí, Elsa, vas a estar bien… estoy aquí.

Degel no sabe que fue lo que pasó, pero la reacción de la albina, y la súbita caída de la temperatura ambiente, le hace pensar que alguien debió haberla golpeado sin que se dieran cuenta, y el hombre súbitamente se siente abrumado por una gran ansiedad comprimiendo su pecho, ¿de dónde pudo haber venido el ataque? Incluso el gran espectro que venciera al gigante ha dejado de prestarles atención por lidiar con Kardia. ¿Entonces qué pudo haber ocurrido? Sin embargo sus pensamientos se vuelven a centrar en la joven al ver que, poco a poco, la blanca piel empieza a cobrar color, y el delicado cuerpo deja de temblar bajo sus brazos, por lo que Degel también empieza a respirar más tranquilo.

-Estoy aquí… no te voy a dejar… - el peliverde la acuna en sus brazos cual si fuera una niña pequeña, dando lo mejor de sí para hacerla sentir segura. Cuando de pronto, siente un rugido de energía emanando de ella, y aunque no es un cosmos como tal, no hay nadie mejor que él para darse cuenta cuando una tormenta está a punto de llegar. El hombre busca la mirada de la joven y se encuentra con ojos de pupilas dilatadas y escleras rojas, cargados de una mirada de intensa furia, dirigida a los hombres vestidos con Sapuris.

-¡Kardia! ¡Al suelo! - El peliverde suelta a la ex reina de Arendelle, al mismo tiempo cruza las palmas al frente y concentra su cosmos. Para mérito de su compañero, el santo dorado no cuestiona a su amigo, y en cambio se lanza al piso, apenas una fracción de segundo a tiempo antes de que una ráfaga de cristales salga del pecho de la joven, dirigida a todas partes, pasando por encima del peliazul y congelando hasta los huesos a todos sus enemigos, así como a los gigantes restantes, a todos los árboles de alrededor y destrozando los cuerpos de los corceles helados. Degel es lanzado varios metros hacia atrás, cayendo contra un par de los espectros que atacaban a Kardia, y destrozando sus cuerpos congelados. Para su buena suerte, pudo levantar el escudo de hielo justo a tiempo. Kardia corre a su encuentro, mientras el peliverde ve con fascinación la destrucción que el poder de la joven ha creado.

-Realmente impresionante… - el hombre sonríe, alabando el poder de la joven, mientras gruesos copos de nieve caen sobre su cuerpo, reflejo de la ansiedad que siente la reina de hielo.

Kardia en cambio, ríe a carcajadas, mientras alcanza a Degel.

-¡Lo dicho antes! ¡Es usted increíble, su Majestad!

Elsa aún se sujeta el seno, pues aunque no hay más dolor, el eco de este aun perdura en su mente, así como la angustia, pero al ver a los hombres, se levanta trastabillando.

-No fue mi intención… yo no quería…

Con esfuerzo, Degel se levanta y va hacia ella, notando su angustia, cuando al pasar a un lado del espectro más grande, el que derrotara de un solo golpe al Hermano Mayor de los Espíritus de Piedra, el espectro rompe el hielo en el que se encontraba atrapado y arremete contra el caballero, quien logra saltar hacia atrás, justo a tiempo antes de ser golpeado. El espectro se yergue cuan alto es, separando a los dos hombres de la joven, a quien le da la espalda.

-¿Acaso creías que ese poder podría derrotarme? ¡¿A mí, el gran Stand de Escarabajo Mortal de la Estrella Horrible?! ¡Apenas es un viento refrescante para el ala derecha de Aiacos!

-Bueno… - dice Kardia, rascándose la cabeza y con una sonrisa sarcástica. - Hay algo que no puedo dejar de decir: haces honor a tu nombre. Sí que estás horrendo.

Pero en lugar de enfadarse, el hombretón sonríe maliciosamente.

-No necesito ser bello para infundir temor, caballero, solo necesito ser rápido. - Y como tal, gira velozmente hacia atrás, llegando en dos enormes zancadas a alcanzar a la albina, quien abre los ojos como platos al ver al imponente guerrero cayendo sobre ella. Degel y Kardia habían leído su intención, por lo que se arrojaron a él en el momento en que percibieron sus músculos contraerse, sin embargo, antes de alcanzarlo, ambos son atacados por unas poderosas llamas púrpura que los golpea de lleno, arrojándolos varios metros más allá, mientras Stand, con ambas manos, sujeta a la mujer de la cintura, levantándola por arriba de su cabeza cual si fuera un trofeo, mientras se carcajea.

-¡La encontré, Agaho! ¡Encontré a la que llaman el Quinto Elemento! Y como premio adicional, ¡nos llevaremos una armadura dorada! - el hombretón grita emocionado, al poner una enorme bota sobre la caja de Acuario, que Degel había dejado en el suelo para poder atender a la reina de hielo.

Elsa se debate entre las poderosas tenazas que la tienen prisionera, lastimando sus ya de por sí sensibles costillas, mientras Kardia levanta la cabeza, gruñendo y poco a poco recuperándose del golpe; una vez que logra sacudir la confusión de su cabeza, voltea a ver a Degel, preocupado, pues este recibió el ataque sin la protección de su armadura; el peliverde se encuentra tendido boca abajo, todo su cuerpo exhalando humo y escuchándose siseos, proveniente de los sitios donde su cuerpo se quemó y entra en contacto con la nieve que cae sobre ellos. Kardia se enoja aún más al verlo en ese estado, pero antes de poder hablar, una sombra se cierne sobre ellos.

-Jujuju… ¿estas seguro de lo que dices, Stand? Si te equivocas de objetivo, Pandora te castigará.

Sobre una roca cercana, se encuentra parado un segundo Espectro, su Sapuris con dos enormes alas negras, tan grandes como alto es el hombre.

Stand ríe maliciosamente mientras acerca su nariz al pecho de Elsa para olerla, y esta hace un gesto de disgusto, tratando, sin éxito, de alejarse de la cara del monstruoso guerrero.

-Tiene que ser ella, el poder que emana de su cuerpo es impresionante, casi como el de un sol.

Asqueada, Elsa congela los brazos del espectro, pero éste ríe ante el esfuerzo, al momento en que, apretando aún más el torso de Elsa y haciéndola gritar, provoca también que el movimiento rompa el hielo alrededor de su armadura, el cual cae en diminutos fragmentos que parecen cristal lloviendo de sus manos.

-¿Esque acaso no lo sabes, lindura? Un truco como el tuyo nunca podrá congelar esta poderosa sapuris. Está creada para una Estrella del Inframundo, por lo tanto, es mucho más poderosa que cualquier armadura que tus caballeros ostentan. Tendrás que bajar mucho más la temperatura para poder siquiera hacerme sentir frío.

Elsa no responde, y renueva sus esfuerzos en soltarse, su mirada, entre furiosa y aterrada, se encuentra fija en los ojos del espectro, que sólo ríe burlonamente.

-¡Suéltala! ¡Déjala ir o te arrepentirás!

Kardia ya está de pie, confrontando a ambos espectros, mientras comienza a nevar con más intensidad alrededor de ellos. Por el rabillo del ojo nota que Degel empieza a moverse, a recobrar el conocimiento.

-¿Soltarla? ¡Pero si ella es nuestro más preciado tesoro… aaagghh! - Stand grita de dolor el momento en que Elsa, tomando una de las muñecas del hombre con ambas manos, intenta una vez más congelar su Sapuris, haciendo caso de lo que el espectro dijera y bajando aún más la temperatura de su poder, en esta ocasión haciéndolo gemir. Pero el espectro le sonríe maliciosamente. – Veo que eres persistente, preciosa, pero necesitarás más que eso para derrotarme. - Como respuesta, de la espalda del Sapuris salen dos 'patas' similares a las de un escarabajo, las cuales sujetan fuertemente a la ex reina de las muñecas, forzándola a soltar al espectro y abrir los brazos a los costados, creando una forma de cruz con su cuerpo aprisionado. Al tenerla un poco más alejada de él, el espectro la contempla extasiado, como si la viera por primera vez, y sus ojos se llenan de un brillo lascivo que hace sentir a Elsa ultrajada.

-Jujuju… que hermosa eres, todo lo contrario a mí… - Stand se relame los labios mientras su imaginación corre sin restricción, vislumbrando mil maneras de torturar a la rubia. - ¡Agaho! - el espectro grita a su compañero a todo pulmón, mientras sus ojos de nuevo recorren el cuerpo de Elsa con una mirada llena de lujuria. - Sólo necesita llegar viva, ¿verdad? ¿Podremos divertirnos con ella antes de entregar su vida a nuestro Señor Hades?

El aludido hace eco de la sonrisa maliciosa de su compañero, sus ojos intensos aún fijos en el caballero frente a él.

-Tienes mi autorización, Stand, de hacer con ella lo que te plazca, e incluso de compartirla con los demás espectros, si así lo deseas.

-¡Maldito! - Kardia corre en ayuda de la albina, pero súbitamente es forzado a brincar a un lado para evitar la intensa llamarada que convierte en cenizas el pasto en donde unos segundos previos se encontraba el peliazul. El espectro alado no se ha movido de la roca, pero su ataque fue demasiado certero para el gusto del santo dorado.

-Es poco cortés de tu parte que olvides que estoy aquí. Yo, Agaho de Bennu de la Estrella Celestial de la Violencia, seré tu oponente.

Kardia hace rechinar sus dientes de rabia al escuchar los quejidos de la rubia que se debate y retuerce al tratar de liberarse de la bestia, y más se enfurece al conocer las sucias intensiones del hombretón para con ella, pero sabe que primero debe atender un enemigo a la vez. Elsa tendrá que esperar.

-N-no… - una voz apagada, pero aún así llena de determinación, los hace voltear a ambos. - Tu oponente… seré yo… Degel de… Acuario. - Degel hace un titánico esfuerzo para levantarse e ignorar el dolor de las quemaduras que cubren su cuerpo, su ropa hecha girones en su pecho, brazo y pierna izquierdos, donde recibió el ataque de Agaho.

-Degel… - Elsa lo ve, herido y maltrecho, pero aún haciendo el esfuerzo de salvarla. El despliegue de valor y arrojo del hombre hacen que su enojo y angustia crezcan a la vez que el caballero se pone de pie. La tormenta de nieve arrecia.

-¡Jajajajaja que tonto eres! - Agaho, en cambio, se burla de los esfuerzos del caballero. - De por sí no eres rival para mí, pero además sin tu armadura no durarás ni unos segundos.

Pero el hombre solo sonríe, ya totalmente erguido, haciendo un esfuerzo para que no se note el temblor de su adolorido cuerpo.

-¿Que esperas, Kardia? Tienes una misión que cumplir.

El aludido quiere protestar, pero conoce perfectamente esa mirada, sabe que no hay espacio para discutir.

-Cuídate, amigo.

Sin voltear a verlo, el Santo de Acuario sonríe discretamente.

- Sálvala por mí, amigo.

Kardia corre, pero el Espectro alado lanza de nuevo su ataque.

-¡No te dejaré!

El Santo de Escorpión se detiene y cruza los brazos al frente para detener el ataque, pero Degel llega a tiempo y levanta un escudo de hielo antes de que los golpeen, el impacto lanzándolo hacia atrás. Su espalda choca contra el cuerpo de Kardia, pero este se mantiene firme, y sujeta a su amigo, ayudándolo a mantenerse en pie. Sin voltear, Degel agradece el apoyo, su mirada aún fija en su contrincante.

-Te dije que yo sería tu oponente, Agaho. No me decepciones.

Pero el espectro solo sonríe.

-Muy bien, si es lo que deseas, prometo darte una muerte espantosamente dolorosa.

El peliverde se separa de su amigo, y con un asentimiento de la cabeza, repite la petición.

-Vete Kardia. Este espectro es mío.

El santo de Escorpión cierra los ojos y aprieta los dientes, mentalmente convenciéndose de que debe avanzar, de que debe confiar en su compañero, y corre en ayuda de la chica, pero al acercarse a ellos, el monstruoso espectro suelta la cintura de Elsa con una mano, asestándole un fuerte golpe al pecho del peliazul, mientras con la otra manaza aprieta la cintura de ella aun más fuerte para evitar que se vaya, enterrándole las uñas en el proceso. Elsa grita de dolor y a la vez de coraje al ver a su amigo estrellarse en los árboles cercanos mientras Stand se burla.

-¡Ya basta, bruto inmundo! ¡Déjanos en paz! ¿Qué quieres de nosotros? - La reina de las nieves hace un esfuerzo por liberarse y patea el Sapuris, obteniendo como respuesta más risotadas y que de la negra armadura salgan dos protrusiones más, que le sujetan ambas piernas. Elsa se retuerce tratando de liberarse, pero el hombretón la acerca a él, hablándole al oído.

-Desconozco lo que mi señor Hades quiere de ti, pero, ¿acaso no es evidente lo que yo deseo? – Acto seguido, el repugnante espectro le pasa la lengua por la mitad de su cara, provocando en la albina un gesto de desprecio y asco. – Jejeje. Es mejor para ti si no te resistes, hermosura. Debes de entender que no tienes salvación, ellos no pueden ayudarte. Serás mía antes de ser de nuestro señor Hades.

-¡Eso jamás lo voy a permitir! – Kardia, adolorido, arremete de nuevo contra Stand, rozando con su puño el brazo enemigo, pero el espectro sigue siendo más rápido, por lo que, contra la física de su enorme cuerpo, gira en su propio eje, evitando el puñetazo de lleno, y en su lugar asestando un certero golpe en la espalda del caballero con el dorso del puño que sujeta a Elsa, provocando un intenso dolor a ella y lanzando muy lejos al caballero herido, quien esta vez queda inmóvil, tendido boca abajo sobre el pasto, que ahora se ha cubierto de la nieve que cae sobre ellos.

-¡Kardia! - Elsa, adolorida, todavía se retuerce un poco más, haciendo un máximo esfuerzo para evitar que su mente caiga en la desesperación. - ¿Por qué haces esto? ¿Qué te he hecho? ¡¿Qué te ha hecho mi pueblo?!

Stand ríe por lo bajo, mientras acerca su nariz al cuello de Elsa, inhalando su aroma que lo llena tanto de placer.

-Jujuju… hueles delicioso… a que aún eres virgen… apuesto a que jamás has sentido siquiera las caricias de un hombre. No te preocupes, muñeca, yo me encargaré de corregir eso. – el hombretón vuelve a inhalar profundamente, esta vez sobre la tierna clavícula que su vestido no puede esconder, mientras Elsa lucha infructuosamente contra la manaza que la tiene sujeta. – Respondiendo a tu pregunta, lo hago porque quiero y porque puedo, pero, sobre todo, porque es increíblemente placentero mancillar y corromper algo tan hermoso, tan perfecto, como tú. – Esta vez es su blanco cuello quien recibe el despreciable lengüetazo. – Voy a hacer de ti una piltrafa humana. Consumiré toda la belleza que ahora posees hasta que seas tan horrenda como yo. Una vez que termine contigo, no quedará de tu cuerpo nada para amar ni adorar. – Elsa abre mucho los ojos, de terror y desesperación, ante tales amenazas, pero antes de que el espectro pueda continuar amedrentándola, Kardia se levanta de un salto y sale disparado hacia él, logrando tomar al espectro por sorpresa y finalmente golpeándolo en un costado; Stand se tambalea por un momento, pero cuando el santo dorado salta de nuevo para golpearlo una segunda vez, la manaza libre del espectro es más rápida y logra contraatacar, estrellando al santo dorado contra otros árboles.

-¡Jajajaja! ¡Deberías dejar de intentarlo, caballero! Esto no está funcionando para ti, y lo único que hace es divertirme a tu costa.

Kardia se levanta lentamente, con una herida en la cabeza del que le brota sangre, empapando su cara y su armadura, pero muestra una sonrisa de satisfacción que irrita al gigante.

-Mejor piensa dos veces lo que estás diciendo, espectro. Te acabo de enterrar las dos primeras agujas escarlata.

-¿Las qué? - De pronto, un intenso dolor sale de su brazo y costado izquierdo, provocando que el hombre caiga de rodillas. - ¿Qué es esto? ¡¿Que me has hecho?!

-Déjala ir o prepárate para morir como tu nombre: horriblemente. - Kardia se acerca a ellos, decidido a acabar con el Espectro, pero en eso una segunda explosión envuelve el cuerpo de la Estrella Horrible en un fuego Violeta.

-!¿Pero qué…?!

Stand grita de dolor, al igual que Elsa, quien siente como sus muñecas se queman cuando el metal del Sapuris eleva la temperatura ante el fuego intenso. Pero también, es como si el grito le ayudara a concentrar su energía, ya que, desde todas las partes donde el espectro la está tocando, el incandescente metal se congela rápidamente, para después congelar la piel del hombretón, y convertirlo en segundos en una masa de hielo. Pero la reina de las nieves aún es prisionera, por lo que Kardia arremete contra el cuerpo congelado de un puñetazo, haciéndolo explotar en mil pedazos cristalinos y liberando finalmente a la albina, quien cae de rodillas al suelo. Kardia cae de rodillas también a su lado, inspeccionándola en busca de heridas.

-¿Estas bien?

Elsa jadea, pero una sonrisa de suficiencia ilumina su rostro.

-¿Como lo hice?

El escorpión dorado le sonríe también y luego silva como respuesta.

-Como siempre, eres toda una sorpresa. ¿Pero como lograste eso?

Antes de que la albina pueda responder, Bruni sube a su hombro, dándole un lengüetazo en la mejilla como saludo. Elsa le sonríe, mientras explica al caballero.

-Bruni también sintió el asesinato del gigante, y nos dio alcance. Una vez cerca de mí, los espíritus pueden atacar por sí mismos, o prestarme su poder. En este caso, Bruni estaba demasiado enojado como para preguntar y decidió atacar por sí mismo. Lo siguiente fue congelar la armadura lo más rápido posible para romper el metal por el cambio tan brusco de temperatura. Ya sabes, simple alquimia.

-¡Chica inteligente! Aunque no era necesario, ya lo tenía en mis manos. - el hombre le guiña un ojo, pero antes de que ella pueda responder, una segunda explosión llama su atención.

-¡Degel!

Ambos corren a buscar a su amigo, quien, a pesar de la tormenta de nieve, se encuentra encerrado en un círculo de llamas, tosiendo y lanzando rayos congelantes a su alrededor para evitar que el círculo se cierre.

-¡Aguanta un momento! ¡Ya estamos aquí!

-¡Olvídenlo! – Degel grita el joven peliazul, apenas levantando la mirada hacia sus compañeros, mientras el aro de fuego se cierra más sobre él. - ¡Aléjense lo más que puedan y traten de alejar a los gigantes y a la salamandra!

- ¡Yo puedo ayudarte! - Elsa grita, desesperada al ver que su nuevo amigo está a punto de ser derrotado y asesinado frente a sus ojos.

-¿En serio? No me subestimes, mujer. – Agaho ríe por lo bajo, y lanza una bola de fuego del color de la amatista directo a ellos, detenida de inmediato por una ráfaga helada creada por el peliverde desde su prisión púrpura.

-¡Kardia! ¡Libera a los gigantes y llévatela de aquí!

-¿No has escuchado que no debes de subestimarme? Es lo peor que puedes hacer, dadas tus circunstancias. – El espectro de Hades se burla de ellos con una sonrisa torcida. - Stand es un inútil por morir en sus manos, pero yo me encargaré de ustedes dos primero. - Agaho vuela hacia ellos, creando sendas bolas de fuego en ambas manos, pero un anillo de cristal lo rodea, impidiendo sus movimientos. - ¡¿pero que…?!

-¡Gran Koltsó! - Degel detiene al espectro en mitad del vuelo con su anillo congelante, haciéndolo caer estrepitosamente al suelo, y de inmediato dirige su mirada hacia su compañero con una súplica en su garganta. - ¡Kardia! ¡Haz lo que te digo! ¡No aguantare mucho!

-¡No! ¡Degel!

Elsa trata de avanzar de nuevo para ayudar al caballero, pero Kardia la carga sobre el hombro como si fuera un costal de papas y corre hacia el otro lado, tomándola por sorpresa.

-¡Basta! ¿Que haces? ¡Lo matarán!

-Degel es más fuerte que eso.

La albina se revuelve en los brazos del hombre, pateando, golpeando su espalda, hasta que este se detiene súbitamente, y con un brazo aún sujetando a la joven, con el otro toma la caja de Acuario y la lanza lo más cerca posible de su compañero, para luego retomar su carrera desenfrenada hacia los gigantes. Pero Elsa no se rinde. Le jala el cabello fuertemente para luego morder su brazo, acción que hace que el hombre trastabille, para dejarla caer en el suelo.

-¡¿Qué demonios estás haciendo, Elsa?!

La albina lo confronta, sobándose el trasero maltratado por la caída.

-¡No! ¡¿Qué demonios estás haciendo tú?! ¿No vas a ayudar a tu amigo?

Kardia se entristece ante las palabras.

-Eso hago. Permito que se concentre en la lucha, mientras yo me aseguro de que lo que le importa esté bien y a salvo.

-Lo que… - Las palabras le caen de sorpresa a la albina, dejándola sin habla, situación que el peliazul aprovecha para cargarla de nuevo y correr hacia su destino. Aunque en esta ocasión, la chica se muestra menos beligerante.

Mientras tanto, Degel se abre camino a través de las llamas para recuperar la armadura que ha caído a unos metros del aro de fuego; el metal dorado se ciñe a él tan pronto su cosmos la toca, pero de inmediato es de nuevo envuelto en el anillo de fuego purpúreo.

-Eres un ingenuo. El que portes la armadura no te servirá de nada.

Degel se yergue, orgulloso, la armadura dorada sobre sus hombros reflejando la luz del fuego a su alrededor.

-Te equivocas, significa que estamos peleando en condiciones iguales. Ya no te permitiré tomar ventaja.

Como respuesta, Agaho lanza una bola de fuego, y Degel por su parte lanza una ráfaga de polvo de diamantes que destruye el ataque y apaga el fuego a su paso, mientras el santo dorado concentra su cosmos y congela todo lo que tiene alrededor, apagando el círculo de fuego. En una fracción de segundo, voltea a ver a Elsa que ya esta con los gigantes, descongelándolos. La distracción le cuesta que Agaho se adelante con su ataque, el cual Degel apenas puede detener con su escudo de hielo.

-¿No te parece una falta de educación el distraerte tan seguido? De todas formas, no los verás caer en mis redes porque vas a morir antes que ellos. - El espectro crea una enorme bola de fuego que lanza a su adversario, pero Degel brinca a tiempo para evitarlo, sin embargo, se da cuenta que la nevada que se estaba presentando y que le ayudaba a tener controlado el fuego secundario ha cesado, por lo que cada ataque que den los dos deteriora el bosque poco a poco, ante esto, se decide a una confrontación directa. Alrededor de sus puños crea unas mazas de hielo, lanzándose a golpear a su adversario quien logra esquivar el ataque.

-Jajajajaja ¿que es esto? ¿Un mano a mano entre tu y yo? Jajajaja ¡eso sí que es poco ortodoxo! Pero esta bien, caballero. Veremos quién es más poderoso, si el fuego o el hielo. - Al decir esto, Agaho enciende sus puños con poderosas llamas púrpura, y lanza golpes contra su oponente. Elsa logra escucharlos, recordando que Degel mismo había comentado que no es hábil en el combate cuerpo a cuerpo, por lo que sale corriendo en ayuda de su amigo, pero Kardia la detiene aprisionándole una muñeca.

-¡Déjame! ¡Quiero ayudar! ¡Puedo ayudar!

Pero él la toma de la otra muñeca y la obliga a verlo a los ojos.

-Si realmente quieres ayudarlo deja que despliegue todo su poder. Lo que él necesita ahora es saber que ni tú ni tus espíritus están cerca de su alcance. Por favor, entiéndelo.

Elsa titubea, pero finalmente comprende los sentimientos del hombre y asiente la cabeza. Kardia suelta sus muñecas despacio, dudando, pero en cuanto la libera, Elsa corre a rescatar a los gigantes del hielo que los aprisiona y ordenarles se alejen, mientras Kardia se queda con ella, apretando los dientes al ver a su amigo siendo golpeado por puños incandescentes.

-Sólo un poco más Degel… resiste sólo un poco más.

Degel se mueve lo más rápido que puede, pero su contrincante evidentemente está mejor preparado para este tipo de combate, pues ya ha recibido varios puñetazos, además de que el dolor de sus heridas lo enlentece. Cada vez que Degel da un golpe en el Sapuris, congelando la armadura, su enemigo le regresa tres, incrementando la temperatura del sagrado metal, haciéndolo sudar y gemir del dolor.

-Vamos muchachos… - Degel inhala en el momento que una de sus rodillas toca el suelo, consecuencia de un puñetazo en la cara, detenido de quemarlo solo por el casco dorado que trae puesto. El hombre se levanta pesadamente y regresa el favor a su enemigo, congelando su casco y destrozándolo, pero en lugar de caer, el hombre se ríe a carcajadas y suelta un gancho en la barbilla del peliverde que le rompe el labio y lo hace trastabillar hacia atrás. Agaho se ríe.

-Bien, ya me divertí bastante, caballero. Ahora sí acabaré contigo.

El espectro bate las alas y se eleva por los aires, rodeando su cuerpo de fuego y preparándose para él mismo convertirse en una bala incandescente. Degel se da cuenta que ya no tiene tiempo y voltea a ver a Kardia, quien entiende el mensaje, carga en vilo a la reina de las nieves y sale corriendo con ella lo más lejos posible. Degel asiente, se yergue una ves más y junta sus manos por arriba de su cabeza, preparado para el siguiente ataque. Agaho sonríe.

-Entiendo, este también será tu último golpe, ¿verdad? Bien caballero, hagámoslo. Te veré en el infierno.

Agaho se lanza sobre el santo dorado, quien arroja su poder máximo, la ejecución Aurora, y se escucha una explosión al chocar ambos poderes. Kardia se detiene y se hinca, abrazando a la chica para protegerla con su cuerpo, en el momento que una poderosa ráfaga de viento helado lo golpea, casi lanzándolo de su lugar; pero el caballero resiste el embate y la ráfaga pasa a su lado. Kardia sabe que su armadura se ha congelado, pero también sabe que estuvieron lo bastante lejos como para evitar lo peor del ataque. Después de unos segundos, cuando todo parece en silencio, el peliazul levanta la cabeza con esfuerzo, notando la capa gruesa de hielo que cubre su cuerpo, y abre los ojos para ver que todo el lugar está cubierto por una densa capa de nieve. Baja la mirada para descubrir a la albina encogida en sus brazos.

-¿Estás bien? - el peliazul pregunta, y es como si la despertara de un letargo, porque en ese momento la joven se levanta de un salto y ve alrededor de ella, hasta encontrar un humo blanco y denso en el lugar donde antes habían estado combatiendo. Sin pensarlo dos veces y sin prestar atención al santo de Escorpión, corre hacia el lugar, hasta que una silueta mal dibujada sale del humo, caminando lentamente.

-¡Degel!

La sonrisa de la albina no puede ser más brillante mientras corre desesperada a darle alcance al hombre. Degel arrastra los pies, apenas logra mantenerse erguido, la sangre emana libre desde su labio y su sien, y tiene manchas de sangre, quemaduras y heridas por todos lados, pero aún así, no puede evitar que su rostro se ilumine con una enorme sonrisa al ver la silueta de la reina albina corriendo hacia él. Al llegar a su altura Elsa se detiene a dos pasos del hombre, aterrada de ver su estado, y se cubre los labios con ambas manos mientras gruesas lágrimas salen de sus ojos.

-Oh… Degel…

Lenta y dolorosamente, el caballero levanta una mano, para suavemente posarla en la mejilla de ella y con el pulgar secarle una lágrima.

-Elsa… me alegra que estés bien…

Sin poder contenerse más, la albina se arroja a los brazos del peliverde, llorando abiertamente, y en ese gesto deja salir toda su angustia, dolor, desesperación, terror y furia, mientras es cálidamente acogida en los fuertes brazos de uno de sus protectores.

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A/N: ¡espero que les haya gustado! Ya sé que es un capítulo muy largo, pero pues, creo que me emocioné, jejeje. Había pensado partirlo a la mitad y dejarlos de nuevo en un cliffhanger, pero me gustó tanto el final (al menos a mí), que no quise quitarles eso. ¡Espero que no los haya hecho sufrir mucho! Ya me empezarán a reconocer que soy un poco sádica, mis personajes son trapeados por el piso casi constantemente, pero lo que me gusta de ellos es que siempre se levantan. El efecto Ave-Fénix, jejeje.

Es todo un placer recibir sus comentarios, y la verdad es lo que me inspira a seguir escribiendo, ¡por favor no se detengan! ¡Un enorme abrazo a Aletuki y Serena Saori! ¡Me encantan sus comentarios, son como combustible para la inspiración!