Cosmos Congelado.
Capítulo 9
Helada de la Sorpresa
Degel rechina los dientes de la furia. ¿Cómo se atrevió Kardia a interrumpir algo tan importante como la declaración de su amor a la albina? Sus ojos violeta están fijos en los azul profundo del hombre tirado en el piso quien, mientras se soba su adolorido trasero, está tratando de encontrar palabras que decir sin retirar la vista, interpretando a la perfección la mirada asesina de su amigo, mientras Elsa se inclina hacia su hermana, tratando de revisar si se hizo algún daño.
-¡Anna! ¿Qué está pasando? ¿Que estaban haciendo que derribaron el estante?
-Emh… nada, estaba… buscando unos libros junto con Kardia… nada más. – la joven reina tranquiliza a la albina beldad, tratando de aparentar que no se ha lastimado muy seriamente. – Ningún objetivo oculto, hermana.
A pesar de su habitual espíritu controlado, Degel se siente tan frustrado por la situación, por no haberse podido besar a la albina, que se inclina rápidamente para tomar a su compañero de la camiseta, ambos puños crispados jalándole el cuello, mientras trata de levantarlo.
-¡Wow, wow, Degel! ¡No es necesario esto! ¡No estábamos haciendo nada malo! – Kardia lo toma de ambas muñecas para tratar de liberarse y detener el obvio impulso asesino de su amigo, cuando el súbito contacto con su piel lastimada, y el esfuerzo muscular del brazo herido, hacen que Degel gruña y se doble sobre sí mismo, cayendo de rodillas frente a su hermano.
-¡Agh!
-¡Degel!
El caballero y las dos jóvenes gritan su nombre al unísono, mientras el peliverde recarga su frente en el poderoso hombro de Kardia. Elsa de inmediato se hinca a su lado, tratando de verlo a los ojos.
-¿Degel? ¿Estás bien? ¿Qué te duele?
Kardia se levanta y da un paso al lado para permitir que la albina tenga mejor acceso al hombre, mientras extiende una mano a la reina, para ayudarle a levantarse. Anna, prestando atención sólo parcialmente a la mano que se le tiende, pero sin aceptar la ayuda, también se dirige al caballero herido.
-¿Cómo te sientes, Degel? ¿Quieres que traigamos una camilla?
Sintiendo su ego lastimado por tanta atención, y preocupado porque lo perciban como débil, el hombre se endereza lentamente, una mano sobre su muñeca quemada, pero sin tocarla. Aun cuando la tela oculta las lesiones, él está muy consciente de que no ha sanado del todo, de que aún es un hombre herido.
-No te preocupes, Elsa. No se angustie, su Majestad. Estoy bien, sólo fue un dolor momentáneo que me tomó por sorpresa. Ya pasó.
Las dos jóvenes intercambian miradas, y Anna finalmente acepta la ayuda de Kardia, incorporándose.
-Si necesitas que venga el doctor a revisarte…
Degel levanta la mirada violeta, tratando de mostrarse agradecido.
-No tengo palabras para corresponder a tantas atenciones, su Majestad. No debería preocuparse más por mí. Ya casi he sanado, pero mi torpe compañero aquí, - el hombre le lanza una mirada dura a su camarada, quien al menos tiene la decencia de mostrarse compungido, - tocó un punto aún sensible, pero no volverá a ocurrir.
Intercambiando de nuevo miradas de preocupación con la albina, Anna no se siente convencida, pero aún así le sonríe al caballero.
-Como tú me digas, Degel. Mi castillo está a tu disposición, en caso de que necesites cualquier cosa.
El hombre le corresponde con una sonrisa igualmente educada.
-Mi más sincera gratitud, su Majestad.
Degel pone una mano sobre su rodilla para apoyar su peso y se inclina un poco para levantarse, gruñendo ante el esfuerzo, pero Elsa le pone una mano sobre la suya, como última petición.
-Degel…
El hombre empieza a desesperarse, a ofenderse por el hecho de que lo vean débil, pero los ojos hermosos que lo atrapan logran relajarlo un poco, por lo que toma la mano adorada y le besa los nudillos, mientras una sonrisa se dibuja en el rostro.
-Esto no se queda así, te prometo que continuaremos nuestra conversación en otro momento.
Elsa se sonroja ante sus palabras, nerviosamente pasando un platinado mechón por detrás de la oreja, al tiempo que una bella sonrisa ilumina su rostro.
-Me encantaría.
Degel vuelve a besar la adorada mano para sellar la promesa, sus ojos amatista fijos en los de ella. Sintiendo sus emociones desbordar, Elsa escoge levantarse primero, por temor a hacer algo por impulso de lo que después pudiera arrepentirse, aunque sus dedos permanecen atrapados por los de él un momento más. Extrañando el cálido contacto de esos varoniles dedos, Elsa se dirige a su hermana, quien ya se encuentra discutiendo con Kardia, para revisar que la caída no la haya lastimado seriamente.
Degel se toma un segundo más para tomar fuerzas, pero en cuanto se inclina de nuevo para incorporarse, de pronto el hombre nota un libro entreabierto en el sitio donde Anna había caído, y su expresión cambia de forma inmediata. Al estirarse a tomarlo, se da cuenta de que está escrito en un lenguaje que al principio le cuesta trabajo reconocer, pero que, revisándolo con más detalle, nota que es nórdico antiguo, y sus ojos se abren como platos al ver una figura que de pronto se le hace familiar.
Una estrella, casi la forma de un copo de nieve de cuatro puntos, domina la página.
-¿Elsa? ¿Reconoces esto, o al menos se te hace conocido?
La joven, quien se había incorporado y estaba checando a su hermana para corroborar que no se hubiera hecho daño, a regañadientes retira la atención de la reina, sin embargo, el tono bajo de la voz de Degel la alerta, por lo que se acerca al peliverde, mirando sobre su hombro, y al ver la figura plasmada en la antigua hoja, sonríe.
-Es el símbolo de los elementos, ¿ves? Los cuatro elementos representados por estos cristales de colores, y en el centro, el Quinto Elemento.
-¿El Quinto Elemento? ¿Quieres decir que esta figura te representa?
La reina albina sonríe, orgullosa de su herencia.
-Sí. No lo sabía, pero esa figura ha estado impresa en varios puntos de Arendelle por siglos. Fueron los Northuldra quienes me explicaron su verdadero significado. ¿Por qué? ¿Acaso tiene alguna relevancia con lo que estás buscando?
Degel sacude lentamente la cabeza, aún dubitativo. Si bien es un símbolo que por sí mismo no está ligado a los dioses olímpicos, existe un segundo símbolo a su lado, lo que pareciera ser un tridente, lo que lo mantiene inquieto, mientras por su mente pasan cientos de hojas que ha leído en su vida.
-Sabes leer nórdico antiguo?
Elsa titubea, apenada.
-Tengo… tengo algunas nociones, pero realmente son muy pobres. – La joven voltea a ver a Anna, quien le dirige una mirada de incredulidad, para después negar con la cabeza y reforzarlo con palabras.
-No, si mi hermana no sabe, yo mucho menos. Además, al menos en el castillo, no conozco a nadie. Pero podríamos buscar a un erudito que nos ayude.
Aunque Elsa se lo esperaba, pues Anna realmente no es afecta a los libros, tenía las esperanzas de que los salvara. La albina suspira apesadumbrada, pero Degel no parece ser afectado por las negativas.
-Sí… podríamos.
Contra el susurro suave que sale de su boca, sus acciones hablan de lo contrario. Súbitamente Degel se levanta de forma apresurada y se dirige a la mesa abandonada, buscando de forma desesperada entre la pila de libros que estaba leyendo, hasta encontrar un libro en particular.
-Este es.
-¿Qué es?
-Estaba seguro de que había visto uno… Un diccionario de nórdico antiguo a latín.
La albina abre los ojos como platos, impresionada.
-¿Sabes leer latín?
Degel le regala una sonrisa de satisfacción.
-Por supuesto que sí. Se hablar cinco idiomas y leer siete, incluyendo dos lenguas muertas. - Sin quererlo, los labios de la joven se abren en una perfecta 'O', casi imitada por su hermana, pero Degel no presta atención y vuelve a clavar su mirada en el libro, tratando de hacer la traducción. Después de unos segundos, Anna cambia su expresión por una de alegría y satisfacción al ver la mirada de fascinación de su hermana hacia el Santo de Atena. El plan sigue su curso.
-¿Y… qué dice?
El joven no voltea a ver a los demás, casi pareciera que no escuchó la pregunta, su nariz metida en las letras, y sus ojos fijos en el papel de ambos libros, tratando de devorar las palabras con ahínco, y de comprender su significado. Elsa se inclina ante él, tomando de su varonil mano el libro que encontraran, para después sentarse a su lado.
-Yo puedo ayudarte, dime las palabras que estás buscando, o puedo ayudar escribiendo lo que traduzcas.
En cuanto escucha a la albina, Kardia aprovecha y se pone ambas manos en la nuca.
-Bien… yo creo que ayudo mejor si los espero afuera.
En el momento que está a punto de darse media vuelta, Degel pareciera haber resurgido de su pequeño mundo y le dirige una mirada amenazante.
-Más te vale que no te retires, Kardia, esta misión es de los dos, y creo que es parte de tus obligaciones ayudarme en esto.
Pero Anna se interpone entre esa mirada lanzándole una brillante sonrisa al peliverde, mientras empuja desde el pecho a su compañero.
-Y yo creo que no es tan mala idea. Él y yo iremos por unos aperitivos para hidratarnos y poder leer mejor, mientras ustedes hacen… ¡ya saben! esa magia que tanto les encanta. ¡Vamos Kardia!
-No creo que sea absolutamente necesario que Kardia la acompañe, su Majestad. –Degel intenta de nuevo, resistente de que el joven se escape tan fácilmente de sus obligaciones. – Ese hombre no quiere otra cosa más que evadir responsabilidades.
Pero la pelirroja no cede.
-Necesito su opinión con respecto a los manjares que puedo traerles. La comida arendelliana puede ser pesada e inadecuada para los visitantes poco acostumbrados. Estoy segura que unos minutos robados no lo harán un hombre irresponsable.
Degel va a protestar, pero una suave mano le acaricia el antebrazo, lanzando electricidad a lo largo de todo su brazo y distrayéndolo de su objetivo. Cuando los ojos violeta de Degel se cruzan con los cristalinos de Elsa, se da cuenta que no puede respirar, mientras esta le manda una sonrisa por demás sensual.
-Deberías dejar que fueran. Vamos a necesitar mucha de esa azúcar para poder seguir adelante.
El cerebro de Degel apenas registra que ha asentido con la cabeza, mientras Anna toma de la mano a Kardia para sacarlo del lugar, antes de que el imprudente caballero suelte la carcajada que está a punto de escapar de su imprudente garganta.
ooooooooOOOOOOOOOOOooooooooooo
Después de una hora, ambos jóvenes regresan a la torre cargados de todo tipo de fruta y aperitivos: desde manzanas, peras y ciruelas, hasta pastelillos y todo tipo de chocolates, algunos ya desaparecidos en el trayecto, consecuencia de pequeños robos por parte del Santo de Escorpión y de la misma reina de Arendelle.
-Ya estamos aquí, hermana, ¿algún progreso?
Elsa asiente, sin retirar realmente los ojos del escrito ni prestarle mucha atención a la bandeja de bocadillos que han colocado frente a ella.
-Si, yo creo que bastante. – La albina voltea a ver a Degel, quien asiente al tomar la hoja de papel apreciativamente.
-Creo que con esto sería suficiente… déjame ver. – El joven se levanta de su lugar, papel en mano, mientras Anna se inclina para hablar al oído de Elsa.
-Yo más bien me refería a… ya sabes…
-¡Anna!
Pero ninguna de las dos puede decir nada más, pues Degel carraspea y se para frente a los tres, leyendo lentamente y con evidente esfuerzo por entender, no por la letra de la albina, que es pulcra y casi perfecta, sino por la coherencia del escrito, que no puede ser leído de forma textual.
– El escrito menciona… menciona la existencia de los dioses que controlan los cuatro elementos, en una era previa a la mitológica. Antes de que naciera Odín. Antes de que naciera Cronos. En esa época sólo eran las masas caóticas incandescentes que se crearon en el planeta, junto con los primeros dioses que controlaban los elementos, llamados Los Elementales.
Kardia resopla un poco, divertido.
-Eso definitivamente me suena al temperamental Bruni y sus compañeros espíritus. – El santo dorado guarda silencio de inmediato cuando nota la mirada de Elsa que le exige silencio. – Yo sólo decía.
Degel sonríe, divertido al ver que la albina ha aprendido a controlar a su compañero, y continúa leyendo, agradecido.
-Menciona… que cada uno de los Elementales cuidaba el equilibrio de su cuerpo correspondiente, hasta que… creo que dice… hasta que nació el Quinto Elemento, el Éter, el Vacío, nombrado así ya que carecía de un cuerpo tangible, pero fue este elemento el que se encargó de organizar a los otros cuatro para crear un mundo menos terrorífico, y, bajo su intervención, se creó la vida.
Anna da un paso adelante, sobresaltada ante una idea.
-¡Wow, wow, wow…! Espera un momento, ¿Elsa creó la vida?
Elsa abre los ojos como platos, pero Degel niega con la cabeza.
-Obviamente estamos hablando del Quinto Elemento de hace millones de años, su Majestad, pero según el libro… así fue como comenzó el nacimiento de la tierra como la conocemos y de los seres vivos que la habitamos, tras el nacimiento e intervención del Éter. Según este libro, el Quinto Elemento reencarna cada cientos de años, junto con un elemento de su elección, para proteger la vida en la Tierra… Elsa… - Esta vez es el hombre quien voltea a ver a la albina, sus ojos llenos de adoración. – Parece que la reina Anna tiene razón, ¡Este libro habla de ti: eres la reencarnación de la diosa más antigua y poderosa en este mundo…! – Lo rostros de Kardia y Anna muestran gran sorpresa ante tal revelación, pero no tanta como Elsa.
-¿Y-yo? ¿La reencarnación de una diosa…?
Degel asiente hacia ella, fascinado.
-Eso explicaría por qué eres capaz de dar vida a tus creaciones de hielo. Eres la reencarnación de la diosa primigenia, la diosa que dio vida a esta tierra.
Elsa no puede dar crédito a las palabras de Degel, a pesar de ella misma haber ayudado en la traducción; sin embargo, por primera vez escuchando las palabras escritas dichas con coherencia, no puede evitar el impulso, y levanta las manos a la altura de sus ojos y las observa con evidente sorpresa.
-¿Yo…? ¿Esa es la razón por la que yo…?
Antes de que pueda hablar más, Degel se hinca ante ella, su puño sobre su corazón, y, después de titubear unos segundos, Kardia lo imita.
-Ahora entiendo por qué Atena nos mandó contigo. - Habla Degel, su voz cargada de emoción y determinación. - Eres una diosa primigenia, mucho más antigua que cualquier dios olímpico. Nuestra diosa lo entendió perfectamente: parte de su obligación, es resguardar a los dioses que le dieron vida, que nos dieron vida a todos. Por eso, así como debemos protegerla a ella, es nuestro deber protegerte a ti. - Pero súbitamente su rostro se torna serio, su gesto casi de tristeza, antes de agregar. - Le pido mis más sinceras disculpas por la falta de respeto que he cometido, por el sacrilegio tan grande que he llevado a cabo…
- ¿A… que te refieres?
Él baja la mirada, apenado, sus cabellos color turquesa escondiendo su rostro.
-Un simple mortal como yo, aspirando al amor de una diosa…
Su voz se vuelve lastimera, y ella puede sentir el dolor a través del tono de su voz, pero antes de que pueda decir algo, un temblor se cierne, haciendo que caiga polvo del techo sobre ellos. Los dos caballeros de inmediato se incorporan y se acercan a ellas, con obvia intención de protegerlas.
-¿Qué ha sido eso? - Anna hace la pregunta que todos tienen en mente, inconscientemente acercándose a su hermana.
Elsa le toma ambas manos, tratando de calmar a su hermana, pero existe una presión en el pecho que no la deja aseverarlo del todo.
-No te preocupes, Anna, seguramente… - Pero la mujer no logra terminar su frase, ya que una vez más la tierra se cimbra bajo sus pies, esta vez con más fuerza, incluso provocando que rueden al suelo algunas frutas que trajeran, y en esta ocasión es acompañada de una explosión que se escucha en el exterior.
-¿Degel? – Elsa busca a los caballeros, sentimientos ominosos estrujando sus entrañas. - ¿Qué ha sido eso?
Pero Degel no la escucha: la explosión hace que los Santos de Atena crucen miradas.
-¿Kardia?
-Estoy contigo, hermano. – Como si compartieran un mismo pensamiento, al unísono ambos suben corriendo la escalinata a toda velocidad, una máscara de incertidumbre en cada joven rostro, mientras Elsa avanza unos pasos, indecisa, temerosa de que su hermana se exponga a los horrores que a ella le tocó vivir. Pero Anna en absoluto se siente amedrentada, y, sintiendo el peso de la corona sobre su cabeza, la pelirroja toma a su hermana de la mano y corre en persecución de los dos hombres. Una vez afuera, los cuatro contemplan, desde el balcón, un grupo desenfrenado de gente más allá del castillo corriendo a refugiarse tras los grandes muros de piedra, mujeres y niños de todas las edades corriendo con terror, seguidos de un grupo de hombres que trata de hacer una muralla humana para permitirles el escape, mientras llega en perfecta formación un batallón de soldados arendellianos, que se dirige hacia el camino del bosque, tierra adentro, donde las dos parejas pueden ver como se encuentra en espera un puñado de hombres enfundados en brillantes armaduras negras.
-¡Maldición! ¡Espectros! - Kardia grita, sin poder creer lo oportunos que son en sus tiempos.
En el momento en que los cuatro llegan al balcón, un hombre alto de piel oscura corre hacia Anna. Al llegar a la altura de los jóvenes, el General Matías saluda militarmente a ambas mujeres, haciendo honor a la que una vez fuera su reina.
-Sus Majestades, desde la posición en la que se encuentran en estos momentos, esos hombres lanzaron magia contra el castillo, haciendo un enorme orificio en la pared de la muralla, y derribando la torre central. No parece haber heridos de gravedad durante ambos ataques, pero nos han tomado por sorpresa. De inmediato se desplegó un primer batallón que se encontraba de guardia. Ya se está preparando otro más, en caso de que el primero no pueda contenerlos.
-Muchas gracias por el informe, General Matías. - Anna le sonríe forzadamente, sin poder ocultar su preocupación. – Veo que civiles estuvieron expuestos al ataque, ¿están bien?
Con la voz templada y rostro impasible, el General Matías asiente, satisfecho de que su reina se preocupe también por el pueblo.
-Del grupo que se encontraba en la muralla hay algunos heridos, pero nadie de gravedad, después de la caída de piedras y escombros. Ningún soldado arendelliano fue lesionado. De los civiles que llegan corriendo no han podido establecer el estatus general, pero el personal se encuentra en eso.
Anna sonríe, orgullosa de su gente.
-Gracias, General.
Pero Degel se inquieta al contar al grupo de enemigos. Siete espectros, los que conforman una formación similar a la de un pelotón, están esperando pacientemente el arribo de los soldados, y sabe perfectamente que su poder es equivalente a al menos cuatro veces más de los miserables hombres que se les acercan. Y también ha notado otro detalle que lo atormenta. Sólo siete espectros atacando, están faltando dos, y de ellos, el peor. Él sabe que su comandante está esperando en algún lugar, listo para atacarlos.
-Kardia, ve por las armaduras, yo los detendré antes de que llegue el encargado de ese grupo.
Sin embargo, Kardia no está de acuerdo, y empuja del hombro a su compañero, negándose a aceptar la orden, sin querer arrancando un leve estremecimiento de dolor de parte del peliverde.
-Si crees que voy a obedecer esta vez, y dejarte la vanguardia del ataque con las heridas que traes, estás como loco. Tú ve por las armaduras, que yo me encargaré. Sólo son un puñado de espectros menores, no representan ningún problema para mi Aguja Escarlata.
Degel, protesta, conociendo la imprudencia de su amigo.
-Sabes perfectamente bien que su comandante se encuentra por ahí, acechando. Solo y sin tu armadura te tomará por sorpresa y te irá peor.
El peliazul le dirige un pícaro guiño a su compañero.
-Entonces más te vale que no te tardes, hermano.
Sin decir más, Kardia brinca desde el balcón para impedir que el peliverde pueda objetar, y corre al encuentro del enemigo.
Degel maldice por lo bajo, pero sabe que debe actuar de inmediato, así que sin más preámbulos dirige una mirada intensa a la pelirroja.
-Su Majestad, será mejor que retire a sus soldados. No son rivales para ese grupo de guerreros.
Anna lo mira, incrédula ante sus palabras.
-¿De qué estás hablando? Son solo siete hombres contra un batallón.
Antes de que el Santo Dorado pueda repelar, es Elsa quien le contesta.
-He visto su poder, hermana. Es de una capacidad de destrucción sin igual. Ningún hombre normal puede equipararse, ni aún cien. Por favor, si no quieres que sangre inocente se derrame por mi culpa, detén el ataque y ordena que regresen. Los Santos de Atena y yo nos encargaremos.
Ante las palabras llenas de devoción de la albina, el general Matías interviene, sintiéndose indignado.
-Sus Majestades, los soldados del Ejército de Arendelle estaríamos más que orgullosos de derramar nuestra sangre en honor de nuestras dos reinas, definitivamente seríamos de más utilidad que un par de muchachos irrespetuosos. - El hombre le dirige una mirada furiosa a Degel, para luego reiterar su petición. - Por favor, no nos vea con ese menosprecio.
-General, - arremete Degel, preocupado ante la necedad del hombre, - la reina Elsa tiene toda la razón, ustedes deben escucharla. Esos hombres no son guerreros normales, usted lo ha visto. De un movimiento de mano han derrumbado una torre. Y los que se presentan ante usted son sólo los más débiles. Falta uno que es mucho peor.
Sintiendo la recomendación como una afrenta a su honor militar, el viejo general da un paso adelante, mirando al joven de forma retadora.
-Si crees que con esas amenazas vas a lograr amedrentarme, muchachito, déjame te digo que por más de 35 años me enfrenté con espíritus muy poderosos, tanto que no tienes idea. Un grupo de hombres de carne y hueso no me hará temblar.
Degel da un paso adelante también, más que dispuesto a seguir la confrontación, pero Elsa lo toma de la mano para detenerlo, y posa la otra sobre el hombro del general, tratando también de tranquilizarlo.
-Matías, así como ustedes darían la vida por nosotras, para mí todos los soldados del ejército de mi hermana son importantes, y no quiero que se derrame sangre sin sentido, es por eso que deseo que se retiren. Ni siquiera mi poder es suficiente para detener a todos esos hombres, por muy pocos que se vean. Anna por favor, ordena que se detenga el ataque.
Pero la reina no está dispuesta a arriesgar a su único familiar sin antes intentarlo.
-¿Y entonces qué es lo que pretendes? Después de todo lo que nos dicen sobre el terrible poder que tienen esos hombres, ¿piensan pelear sólo ustedes tres contra ellos? ¿Acaso quieres morir, Elsa? No gracias. Les agradezco mucho lo que han hecho por ti, pero esta vez yo te protegeré. General Matías, mande otro batallón a combatir a esos hombres. Seguramente serán suficientes para solo siete.
-¡Hermana!
Pero Anna la toma de las manos, esta vez suplicante, obligándola a soltar al Santo de Acuario.
-Quédate conmigo, Elsa, ayúdame a planear el ataque. Eres mucho mejor estratega que yo. Estoy segura que, peleando juntas, sacaremos adelante este problema.
Mientras Elsa titubea, Degel niega con la cabeza ante la batalla verbal de las dos reinas, y, angustiado, voltea a ver a su compañero, quien en su carrera ha logrado tomar la delantera por encima del Ejército de Arendelle.
-Lo siento. Debo ir a ayudar a Kardia, antes de que ese comandante de los espectros haga su aparición. - Así que, sin decir otra palabra y esperando se arreglen entre ellas, el Santo Dorado de Acuario se da media vuelta para salir corriendo por las dos armaduras, deseando con todo su corazón llegar antes de que se cumplan sus malos presagios.
-¡Degel! – Elsa trata de detenerlo, pero Anna mantiene sus dos manos aprisionadas, impidiéndole que corra en busca del hombre. Elsa entiende la angustia de su hermana, pero al ver al caballero partir, sus ojos se nublan de una preocupación similar. Proteger Arendelle y a su hermana también es su obligación. La Reina de las Nieves respira profundamente, tratando de controlar los latidos acelerados de su corazón, para después bajar la cabeza, en señal de sumisión.
-Tienes razón, hermana, es mejor que combatan los que saben hacerlo. Me quedaré dentro del castillo mientras se desarrolla la batalla.
Anna exhala, tranquilizándose parcialmente.
-Gracias por entender, Elsa. No se que haría si te ocurriera algo.
Anna abraza a la albina, quien recarga su mejilla en el hombro de la reina, mientras cierra los ojos.
-Entiendo, hermana. Yo tampoco sé qué haría si algo te pasara.
Las palabras arrancan una sonrisa de la pelirroja.
-Gracias por comprender. – Rompiendo el abrazo, Anna mira fijamente a los ojos de la albina y asiente. – Estaremos bien. Esto lo superaremos juntas. – Sin esperar respuesta, y llena de determinación, se voltea para seguir dando las órdenes al General Matías, mientras Elsa se dirige con un semblante cabizbajo y derrotado hacia el castillo. Sin embargo, sin que lo noten la reina de Arendelle y el general, la Reina de las Nieves nunca atraviesa la puerta, y en cambio rodea la pequeña torre, para crear una resbaladilla de hielo oculta a la vista de sus protectores, deslizándose en ella silenciosamente para salir de inmediato del castillo sin que nadie lo note. Una vez en tierra firme, camina sigilosamente a lo largo de la orilla del fiordo, mientras levanta la mirada al frente.
-¡Nokk! ¡Te necesito!
Rápidamente del fiordo sale el hermoso espíritu acuático, llegando al lado de su señora, a quien acaricia con el hocico. Elsa le sonríe dulcemente.
-Necesito tu ayuda, amigo. Somos los protectores también de este reino. No podemos permitir que nadie salga herido a nuestra costa.
Mientras tanto, los soldados de Arendelle marchan con gallardía y determinación, prestos para la batalla, acercándose a los espectros en una elegante formación militar. Uno de estos espectros, el más adelantado, le sonríe al grupo de frágiles hombres con sarcasmo, y se prepara para atacar a los soldados de la primera línea, pero al levantar el brazo, de pronto siente una punzada intensa a lo largo del dorso del antebrazo.
-¡AAaaargh! ¿Qué está pasando?
El dolor es tan insoportable que se dobla sobre sí mismo, revolcándose en el suelo y dejando a sus compañeros impactados del súbito e invisible ataque, hasta que encuentran la figura de Kardia interponiéndose entre ellos y los soldados.
-Deberían regresar de donde vinieron. No son bienvenidos aquí.
El segundo al mando, un espectro de mayor altura, da también un paso al frente, tomando el lugar de su compañero en el piso, y le espeta al caballero.
-¿Quién eres que te atreves a plantarte frente a nosotros, espectros al servicio de mi señor Hades? ¿Acaso no sabes que por tu osadía pronto vas a morir?
Pero el peliazul sólo sonríe con sorna.
-Mi nombre es Kardia, Santo Dorado de Escorpión. Ya has escuchado mi nombre, ahora ordena a tus huestes que se detengan, si es que no quieres que todos mueran bajo mi poder.
Ante sus palabras, los espectros dan un paso atrás.
-¿Un santo Dorado aquí?
Sin embargo, antes de que Kardia responda, el capitán que lleva la tropa arendelliana se adelanta varios pasos y le grita al peliazul, enojado por tener a un simple civil atravesándose en su camino.
-¡Hey! ¡Chamaco! ¡Muévete de ahí! ¿Acaso no sabes que estas pisando un campo de batalla? ¡Nos estas estorbando!
A Kardia se le marca una pequeña vena en la sien, enojado por como lo han llamado, y grita sobre su hombro en represalia.
-¿Chamaco? ¿Sabes con quién estás hablando, anciano?
Pero el comandante de la tropa no se deja amedrentar por el que sólo ve como un joven e imprudente civil.
-Esta batalla es cosa seria, muchacho, ¡tú ni armas portas! Deja que los soldados de verdad, los hombres de verdad, nos encarguemos de esto.
El Santo de Escorpión se voltea completamente para retar al hombre, absolutamente indignado.
-¿Hombres de verdad? ¿Acaso no sabes, anciano, que te estoy salvando la vida? ¿Que no ves lo que este puñado de individuos le hizo a tu castillo?
El comandante da unos pasos adelante, acercándose a Kardia, completamente indignado.
-Puro humo y trucos. Somos soldados de Arendelle, orgullosos de nuestra valentía y arrojo, ¿crees que un grupito de adolescentes desvariando nos va a amedrentar?
-¡Hey! ¿¡Cómo que adolescentes desvariando!? – el espectro más adelantado grita, alcanzando a escuchar las palabras. – ¡Cuida lo que dices, anciano, si no quieres probar de primera mano la ira de nuestro señor Hades!
-¡Oye! – es Kardia quien grita, esta vez dirigido al espectro, con una mano levantada tratando de apaciguar la situación. – ¡Sólo yo le puedo decir anciano! Y tranquilo, viejo, yo me encargo de esto. – luego se dirige al militar, mientras el espectro hace una mueca de incredulidad al ser ignorado. – Escucha, anciano, realmente es importante que alejes a tu grupo, esta pelea va a ser demasiado fuerte para tus cansados huesos y pueden salir lastimados.
El militar gruñe ante la ofensa, y se acerca tanto a Kardia, que sus narices casi se están tocando.
-Mira, muchachito, nadie me dice anciano, y nadie me va a decir lo que debo de hacer. Soy comandante del Primer Batallón Arendelliano, y lo soy desde hace varios años, ¿acaso no sabes de las batallas que hemos ganado?
Kardia voltea los ojos.
-No, y honestamente no estamos como para que me las cuentes. Sólo sé que esos tipos que ves ahí, - Kardia señala al grupo de espectros, quienes a todas luces se encuentran incrédulos, y algunos divertidos, ante el intercambio de palabras entre el Santo de Atena y el comandante, - son más poderosos de lo que imaginas, y van a acabar trapeando el piso con tu orgulloso batallón.
El comandante sonríe con sorna.
-¿Te refieres a ellos? Esos chamacos están más brutos que tú, ¿cómo crees que nos vencerán? Mejor quítate de nuestro camino, que serás tú el lastimado, y no quiero correr con la responsabilidad de rendirle cuentas a mi reina de que permití que saliera herido uno de los invitados reales, por muy estúpido que este resulte ser.
Kardia, rojo como tomate del coraje que está sintiendo, abre la boca para interpelarle, pero en eso, el piso se convierte en duro y liso hielo a sus pies, y tanto los soldados como los espectros trastabillan hasta caer, Kardia y el comandante arendelliano entre ellos. El peliazul de inmediato sonríe al imaginar que el causante no puede ser otro más que su compañero de armas que le ha dado alcance, errando estrepitosamente en el origen: sus facies cambian súbitamente a unas de desesperación al levantar la vista y encontrar a la verdadera causante, pues frente a ellos, una imponente Elsa desafía al grupo.
-No puede ser cierto… - Kardia suspira, de preocupación e incredulidad, mientras no puede evitar que su mirada admire la hermosa silueta.
Montada en su poderoso espíritu del agua, las incrustaciones de hielo de su vestido azul brillan a la luz del amanecer, resaltados por la larga cola cristalina que vuela a sus espaldas, juguetona entre el viento del fiordo, danzando al mismo ritmo que la melena platinada, la cual enmarca sus finas facciones.
-Han venido por el Quinto Elemento, ¿no es así? – Orgullosa y altiva, Elsa grita a todo pulmón para azuzar a los espectros, y en esta ocasión el pronunciado escote, así como la escandalosa abertura de la falda, no parecen estar tan fuera de lugar, más bien al contrario, ambas le imprimen poder a su feminidad, a su sensualidad, haciéndola ver como una hermosa aparición de la diosa creadora que es. - ¡Pues aquí me tienen! ¡Dejen en paz a mi pueblo y vengan a por mí, si realmente les interesa! – Dicho esto, la albina espolea a su corcel y salen cabalgando los dos, como si poseídos por un demonio.
-¡No! ¡Elsa! - Anna lo ha visto todo desde el balcón, y con una mezcla de desesperación y furia, observa cómo su hermana se aleja de ella, de la protección del castillo, y de su Ejército. Sin pensarlo dos veces, la mujer voltea rápidamente, dando órdenes a su general, mientras da pasos lo más aprisa que le permiten su largo vestido y sus cortas piernas. - ¡Rápido Matías! Es urgente que ensillen mi caballo y que me sigan los hombres. ¡Voy a rescatar a mi hermana!
-Como ordene, su Majestad. Iré con usted.
Abajo, en el fiordo, los espectros se miran entre sí al ver desaparecer a su presa tan intempestivamente, y voltean a ver al caballero también caído, así como al resto de los soldados, sus rostros incrementando sus gestos de incredulidad. Después de unos segundos, y sin pensarlo una vez más, entre trompicones y resbalones, giran para salirse del embrollo de ese piso de hielo, y seguir a toda prisa a la Reina de las Nieves, ansiosos al ver la velocidad que ha tomado la fantástica bestia.
-¡Elsa! ¡No! ¡Maldición! ¿¡Qué le voy a decir a Degel!? - Kardia también, a trompicones, sale corriendo en su búsqueda, esperando que su compañero pronto les de alcance.
Elsa espolea a Nokk, exigiéndole la máxima velocidad, mientras escucha cómo los hombres la persiguen.
¡No puede ser que sean tan rápidos! Nokk es un espíritu, ¡y aún así ellos están a punto de darnos alcance!
Voltea a verlos, a ver que corren casi a la velocidad del viento, y también observa un ataque luminoso proveniente del grupo oscuro, que se dirige directo a ella. La joven apenas alcanza a reaccionar para hacer que Nokk se haga a un lado, la explosión que se genera frente a ella ante el impacto casi haciéndola caer del corcel.
-¡Nokk! – Afortunadamente el espíritu gira a un lado para permitirle que se equilibre, para después salir corriendo en otra dirección, tratando de evitar los ataques de poder que buscan derribarla.
Ahora entiendo cómo pudieron penetrar el muro y derribar la torre…
Desafortunadamente, el zigzagueo que tiene que realizar para evitar ser golpeada han disminuido su velocidad, y ahora son varios los golpes que le impiden moverse hacia el frente, y con desesperación se da cuenta que les están dando alcance. Agitada, pero negándose a dejarse vencer, acaricia el cuello del sagrado animal, para tratar de tranquilizarlo y escapar de la lluvia de proyectiles.
-¡Vamos Nokk! ¡Tú puedes, amigo!
El corcel relincha, como si entendiéndole, y sale disparado al frente, esquivando los ataques por meros centímetros, Elsa se sujeta con toda la fuerza posible para que la inercia de los proyectiles no la derribe del caballo, pero uno de los proyectiles cae frente a ellos, obligando a Nokk a frenar de súbito, levantando ambas patas delanteras y relinchando con fuerza, mientras Elsa siente que no podrá sujetarse más tiempo. Desafortunadamente para ellos, los sagrados segundos que perdieron en equilibrarse los dos, permiten que los espectros finalmente les den alcance, y Elsa se pega a Nokk, el cual relincha y amenaza con una pata delantera a los atacantes. Los espectros se burlan de ella, rodeándola y acercándose lentamente, convencidos de que la tienen atrapada. Uno de ellos se adelanta aún más para interpelarla, una mano al frente en ademán de atacarla.
-Jujuju… ya no hay más donde correr, lindura.
Elsa está a punto de atacarlo con un rayo congelante, cuando en eso, de un brinco, Kardia llega al lugar y se interpone entre ella y los espectros, en su caída golpeando a uno de ellos, el cual cae al suelo retorciéndose del dolor. Elsa se yergue, impresionada con la habilidad del caballero y a la vez queriendo ayudar.
-¡No te detengas! - Le grita Kardia, mientras fija su mirada en los espectros restantes. -Yo me encargo de ellos, pero esto está lejos de terminar. ¡Sigue adelante! Degel y yo te daremos alcance en cuanto podamos.
-Entiendo. - Así que Elsa se voltea y ordena a Nokk a seguir su desenfrenada carrera, mientras Kardia sonríe maliciosamente al fijar la vista en sus enemigos.
-Deben tener muy mala suerte al tener que quedarse conmigo.
El espectro que se encontraba a la vanguardia, el que había estado a punto de alcanzar a Elsa, se adelanta para interpelarlo.
-A un lado, caballero. No eres tú nuestro objetivo, no tienes por qué morir aquí. - Le grita el espectro, lleno de determinación, pero ante sus palabras, la sonrisa del peliazul se ensancha.
-Te diría lo mismo, pero desafortunadamente, ustedes sí que deben morir aquí. - Al decir eso, lanza un golpe que lo lleva hasta el final del grupo de enemigos, golpeando a cada uno de ellos, quienes caen a sus pies, un dolor lacerante atravesándoles en distintas partes de su cuerpo. Mientras escucha los gritos de dolor, Kardia se mantiene frío y distante ante el sufrimiento de los espectros. - Lo que acaban de sentir es mi Uña Escarlata, atacando directamente a su sistema nervioso. Espero que no duren mucho tiempo vivos, pues sólo han sentido dos de las catorce estrellas. Si alguno tiene la mala suerte de aguantar las catorce, les puedo asegurar que deseará fervientemente haber muerto pronto. - Los gritos de dolor ahora son intensos, invadiendo la tranquilidad del bosque, mientras el caballero se prepara al siguiente asalto. Pero de pronto, sus ojos se levantan, asustados, al sentir la poderosa presencia de un nuevo enemigo, dirigiéndose hacia el camino que había tomado su amiga. - ¡No!
Adentrada en el bosque, Elsa aún galopa desenfrenada, aunque se preocupa por la suerte de Kardia, haciendo que Nokk desacelere un poco, mientras dirige su mirada por detrás del hombro.
-¿Crees que vaya a estar bien él solo?
Nokk relincha y jalonea sus riendas, tratando de obligar a la joven a que reinicie el galope, pues él también puede sentir el peligro acechándolos, cuando algo duro colisiona contra ella, tumbándola del caballo y sacándole todo el aire de los pulmones. Nokk relincha de la sorpresa y se yergue en dos patas, para después perder su forma animal tras el impacto, cayendo de golpe sobre el suelo en forma de una pequeña cascada de agua. Elsa rueda en el pasto, sujeta con ambas manos al cuerpo que la ha atacado, hasta que la fuerza de dicho contrincante sobre ella la detiene, obligándola rudamente a acostarse boca arriba, su espalda sintiendo el húmedo y suave suelo. Cuando abre los ojos, se encuentra con la imponente figura de un espectro sentado sobre su estómago, cuya armadura pareciera tan amenazadora que le hiela la sangre, mientas largos cabellos oscuros como la noche le tapan el sol. Las rodillas del nuevo espectro atrapan dolorosamente cada uno de sus brazos, mientras este le sonríe maliciosamente, acercando su cara a la de ella.
- Jujuju, ¿y este es el poderosísimo Quinto Elemento? ¡Ja! Espero que Atena se vea más imponente que esta mujer. Aunque en realidad no me sorprende que mi señor Hades reclame su presencia. Jamás en mi vida había visto a una mujer más hermosa. - Al decir esto, sujeta a Elsa de su blusa de escarcha, para arrancar de un movimiento parte del frente, la mágica tela saltando en cristales de hielo por todos lados y profundizando aún más el escote, sobresaltándola por la violencia del movimiento. - Seguramente mi señor Hades se entretendrá contigo bastante, antes de asesinarte.
-Deja de jugar con la presa, Violate. - Una segunda sombra se yergue sobre ella, y Elsa voltea hacia arriba la mirada, encontrando a un espectro aún más alto e imponente, sus alas negras extendidas amenazadoramente, y una sonrisa perversa dibujando su rostro.
Tragando saliva, Elsa maldice en voz alta, tratando de imitar a Kardia, en un intento de verse intimidante a pesar de la situación en la que se encuentra, las palabras sintiéndose tan extrañas salidas de su boca.
-¡M-maldito seas! ¿Quién… quién eres tú? ¿Y cómo te atreves a tratarme de esta forma? ¿Acaso no sabes quién soy yo?
El espectro se carcajea ante el pobre intento de la aterrorizada joven.
-Regocíjate, muchacha, de que me tengas frente a ti. Yo, Aiacos de Garuda, la Estrella Celeste de la Valentía, y Segundo Juez del Inframundo, se encuentra ante ti para encargarse de tomar tu vida.
oooooooooooOOOOOOOOOOOOOooooooooo
A/N: Bueno, un poquito de acción para sacudirnos todo lo meloso del capítulo anterior. Déjenme aclarar algo: la mitología de varias culturas habla de que el mundo antes se regía por los cuatro elementos, e incluso dichas creencias son mucho más antiguas que los dioses de las distintas mitologías, aunque la creencia de un quinto elemento fue recogida mucho después. Sin embargo, son también varias culturas las que creen en ese elemento. De ahí me basé para decir que Elsa es la reencarnación de esa diosa antigua. Si no me equivoco, por ahí andan las teorías que ya circulan en el internet respecto a lo que Elsa se ha convertido. Espero que no lo encuentren muy fumado, y menos cuando les revele el verdadero motivo por el que Elsa es tan importante en la Guerra Santa. Y que no me odien mucho con lo que viene después…
¡Espero les siga gustando!
He aquí la respuesta a sus fantásticos reviews:
Holis: ¡me halaga muchísimo que hayas leído y comentado todos los capítulos, eso estuvo genial! ¡Muchas gracias! Y espero que te siga gustando. ¡Sigue comentando!
Saihana: A petición expresa tuya, he aquí la continuación. Espero que te guste!
Guest: you´ve asked this question before, and I don´t really know whether you actually mean it or you´re doing it just for fun. Anyways, the answer is I really hope not, this won´t be a retelling of Frozen I, and I truly hope you can enjoy the story. Thank you for comment.
