Cosmos Congelado
Capitulo 13
Planes en Frío
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Cuando los dos hombres finalmente alcanzan a Kardia en el gran comedor real, Sísifo niega con la cabeza mientras Degel sonríe al ver a su compañero ser quién es: Kardia ya se encuentra en su segundo plato de salmón ahumado, al mismo tiempo bebiendo todo el contenido de jugo de naranja que le han servido, mientras las dos preciosas hermanas conversan animadamente, sus bellas sonrisas iluminando el lugar.
En cuanto llegan, Elsa invita a Degel con la mano sana a sentarse a su lado, y los ojos preciosos que se dirigen a él hacen que el corazón del hombre se llene de alegría. En el momento que se sienta, sin embargo, su gesto cambia a uno de preocupación, al notar que el brazo roto de su amada carece de la protección del cabestrillo.
-Tu brazo...
Elsa le sonríe, orgullosa, mientras le muestra una férula de hielo que ella ha creado.
-Ya mucho mejor, no te preocupes, desde anoche prácticamente ya no me duele, por lo que he optado por dejarme esto, y eso sólo por precaución.
-Elsa…
Pero Degel ya no puede protestar más, pues Sísifo, sentado frente a él, carraspea para llamar la atención de los dos tórtolos, decidido a zanjar la situación que había quedado pendiente entre él y las dos beldades, envalentonado ahora que sabe que cuenta con la inteligencia de Degel para su beneficio.
-Ehem… Su Majestad, su Alteza, he comentado con Degel la propuesta que tenemos para seguridad de su Alteza Elsa.
Sin poder evitar el exabrupto, Anna golpea la mesa, mientras Degel abre los ojos de par en par para luego dirigir una silenciosa mirada de reproche al general, al tiempo que niega con la cabeza.
-¡¿Otra vez con eso?! ¡Creí que ya le habíamos dicho que mi hermana no saldría de Arendelle, general! ¡Debe de aceptar la derrota y abandonar su intención mezquina!
Antes de que el rubio se ofenda y proteste, Elsa posa una mano sobre el antebrazo de la joven reina para tranquilizarla, mientras se dirige a Sísifo.
-¿Dice que ya ha hablado con Degel sobre su propuesta? – con una mirada de fingida inocencia, Elsa voltea a ver a su amado - ¿Y qué dice Degel?
El hombre estaba bebiendo su vino, tratando de tranquilizar su propio enojo contra su superior, cuando de la nada escucha su nombre, por lo que, tomado desprevenido, empieza a toser repentinamente, atragantándose de la sorpresa y tratando de evitar que las jóvenes vean el tremendo dolor que le provoca algo tan simple como toser. Elsa sonríe traviesamente mientras se levanta una delicada ceja, acompañada de su hermana pequeña quien ríe por lo bajo.
-Creo que eso nos lo dice todo… - Anna le echa un poco más de sal a la herida.
Finalmente recompuesto, Degel logra articular palabra.
-Emh… perdona, estaba distraído, ¿qué me preguntaste?
Sísifo, molesto, retoma su comentario.
-Pues que habíamos decidido tú y yo de que su Alteza Elsa debería acompañarnos al Santuario, pues así lo ha ordenado nuestra diosa Atena.
Sin perder la sonrisa dirigida a su amado, Elsa pestañea rápida y coquetamente al alto caballero a su lado, mientras le responde.
-Y yo le comentaba al general que yo no me puedo ir de Arendelle: primero, - la joven hace énfasis con su dedo índice en un movimiento por demás elegante, - porque tengo mis obligaciones para con los arendellianos y con los Northuldra, de las cuales tienes amplio conocimiento; segundo, porque tú me hiciste una promesa de protegerme mientras fuera tu anfitriona, ¿y cómo voy a ser tu anfitriona si no estás en mis tierras? Pero especialmente, tercero, que yo te prometí ayudarte en tu misión buscando cierta información, y le expliqué al general que no podía ayudarte si estaba a miles de kilómetros lejos de ti.
Debería estar molesto con Sísifo por exponerlo así, por tenderle esta trampa, incluso debería estar molesto con Elsa por haberle arrancado una promesa así a él. A ambos. Pero está tan impresionado con los argumentos que ella le dio a Sísifo, dejándolo sin defensas, y se siente tan orgulloso de la mujer que tiene frente a él, que le sonríe ampliamente a la albina, tomando los adorados dedos acusadores para entrelazarlos con los suyos propios, a la vez que hace un extraordinario esfuerzo por no besarla en ese momento.
-¿Degel?
Escuchar su nombre lo saca de la hermosa nube en la que se encontraba, y el Santo de Atena parpadea varias veces, mientras se endereza, para voltear a ver a todos y darse cuenta que llevan más de un momento esperando su respuesta. Sin poder evitarlo, se sonroja profundamente, mientras carraspea tratando de disimular su vergüenza.
-Bueno… Atena ha considerado que, dado que son Jueces del Inframundo quienes vienen a por ti, seguidos de todo un pelotón de espectros, la forma más segura de protegerte es resguardándote en el Santuario, especialmente porque no somos tantos Santos Dorados, y porque, de hecho, ya todos tenemos misiones fuera del Santuario.
Anna se enoja, pues había tenido la certeza de que el hombre no se atrevería a contradecir a Elsa, pero, al ver que la sonrisa de su hermana mayor se expande con evidente goce, la reina de Arendelle cae en la cuenta de algo: Elsa es una mujer muy inteligente, que siempre ha disfrutado de las buenas discusiones… una que el alto hombre que la adora le acaba de ofrecer.
Sin dilatar ni un momento, el Quinto Elemento se endereza altiva, su sonrisa una de placer infantil.
-¿De verdad les permitirás que me alejen de ti, a pesar de las promesas que nos hicimos mutuamente?
Dicho de esa forma, Degel apenas reprime un gemido de incredulidad y placer que las inesperadas palabras de la albina le producen.
-¿Pro… promesas?
Elsa pestañea rápidamente, acercando su rostro un poco más al nervioso caballero.
-Sí, claro, sobre que me protegerías, y sobre que yo te ayudaría. Si permites que me alejen de ti, ninguna de las dos promesas se podrá cumplir.
Degel apenas puede pasar saliva, mientras voltea a ver a Sísifo, en silencio diciéndole que no hay alternativa. Pero el rubio, después de palmearse la frente en señal de frustración e incredulidad, niega enérgicamente con la cabeza, enfatizándolo con una dura mirada y sintiéndose más furioso a cada momento. ¿Es realmente este su elemento más inteligente? La tensión en el ambiente es tal, que incluso Kardia ha dejado de comer para estar atento y ser testigo del desenlace. Degel voltea la mirada hacia su amada, y carraspea de nuevo, tratando de recuperar la compostura.
Y un hilo de pensamiento coherente.
-Si bien es cierto que nos hicimos promesas mutuas, las circunstancias han cambiado, amor mío. Así como Atena y mis compañeros, también yo creo que tu seguridad debe de ser prioridad: si caes en las manos de Hades, no será sólo para hacerte sufrir, pues su objetivo realmente es el de, a expensas tuyas, hacerse de un poder que Atena no podrá controlar, y que seguro nos hará caer.
Una delicada ceja se levanta, de alegría al escuchar la forma en que la llama, y de placer al aceptar el reto que se le ofrece.
-Eso no lo sabes.
-Pero puedo adivinarlo por los escritos que hemos leído. No puedes negar que la insinuación se encuentra ahí.
Elsa se queda un par de segundos mirando los adorados ojos color violeta de su amado, como si ensimismada, para luego contraatacar.
-La mejor defensa es la ofensa, y lo sabes muy bien. La mejor manera de protegerme es si logramos descifrar sus motivos ocultos y lo vencemos antes de que pueda llevarme ante él, antes de que pueda arrebatarme de tu lado. Escondiéndome no te ayudará a acabar con él más rápido, ni te ayudará a salvar a la humanidad.
Degel se inclina un poco más hacia ella.
-Es cierto, pero sí me dará más tiempo para pensar, para planear y organizar una forma de obtener lo que necesitamos.
Elsa levanta la barbilla, retadora.
-¿Y qué pasará si lo que necesitas es mi poder? Ya te lo he dicho, a miles de kilómetros de ti, no hay forma que pueda ayudarte. ¿Qué pasará si, en represalia por haberme llevado, los espíritus del Bosque Encantado se cierran ante ti y te niegan sus sapiencias? ¿O si, por la misma razón, nuestras naciones aliadas te consideran no grato y deciden negarte su apoyo y sus conocimientos?
Degel le sonríe, mientras se acerca más.
-Eso no pasaría si tú estuvieras de acuerdo con acompañar a Sísifo, con conocer a Atena y al Santuario en Grecia, que estoy seguro de que es tu sueño.
Elsa ronronea suavemente y posa una delicada mano sobre el duro pecho del alto hombre, teniendo cuidado de no tocar sus heridas, mientras sus ojos ahora bajan hacia los labios del peliverde.
-Mmh… lo veo difícil, aunque he de aceptar que la oferta es tentadora. Pero sin ti para que me acompañes y me muestres el lugar, realmente no me apetece.
Los ojos de Degel ya también están fijos en los labios de la albina.
-Ese es un muy buen argumento, pero no quisiera ceder tan fácilmente… obviamente lo digo por tu bien. ¿Hay alguna manera de que te convenza de que vayas a Grecia?
La mujer se acerca más a él, entrecerrando los ojos.
-Sí que la hay… ven conmigo.
Degel hace eco del movimiento de ella, los ojos parcialmente cerrados.
-Aún tengo una misión por cumplir, amor mío, pero sabes que moriría por acompañarte.
A unos centímetros de los labios de Degel, la joven sonríe complacida.
-Entonces, no hay nada que discutir: simplemente no hay trato.
-Podría secuestrarte y obligarte…
Elsa ríe suavemente, el sonido causando un estremecimiento en Degel.
-Sí, podrías intentarlo… pero no lo harás, pues a diferencia de los espectros que se mueren por secuestrarme, tú, amor mío, eres un hombre íntegro. Además, quedamos en que necesitas que yo vaya de forma voluntaria si quieres conservar las alianzas que ahora tienes. Pero sin ti en Grecia, no pienso mover ni un solo pie de mi tierra. Dicho lo anterior, sigue sin haber trato.
El hombre sonríe, orgulloso como nunca de su diosa nórdica.
-Touché…
Degel se acerca aún más para finalmente vencer el espacio que aún los separa, y Elsa abre los labios para recibirlo, cuando Sísifo carraspea, sobresaltándolos a los dos. Tan ensimismados estaban uno del otro, que habían olvidado completamente que tenían audiencia, y ahora tienen tres pares de ojos observándolos detenidamente, con diversión por parte de Anna y Kardia, y más bien con molestia por parte de Sísifo.
-¿Y entonces, Degel? ¿Cuál será el resultado?
El más joven se encoge de hombros, una sonrisa torcida en los labios.
-Lo siento, Sísifo, lo intenté, pero sus argumentos son muy sólidos.
Kardia ríe abiertamente mientras Anna trata de hacerlo discreta, Sísifo poniéndose rojo del coraje y decide mejor desquitar su enojo con el plato que le han servido.
Degel y Elsa, de nuevo ajenos a sus alrededores, tienen los ojos fijos uno en el otro, mientras entrelazan sus dedos por debajo de la mesa y se hacen mil promesas silenciosas sólo con la mirada.
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Después de un delicioso, y más civilizado desayuno, Anna guía a sus invitados al salón de recepción, donde, acogidos por un cálido fuego de chimenea, y acompañados de maravilloso glögg (no sin antes explicarle a Kardia el tipo de bebida que era, y por lo mismo, las precauciones a tomar), se acomodan plácidamente para empezar a planear sus siguientes movimientos.
Anna se sienta en el sillón más grande, a su lado Elsa, y para molestia de Sísifo, ella toma de la mano a Degel para hacer que se siente a su lado, sus dedos entrelazados tierna y hasta posesivamente. Pero Sísifo reprime cualquier comentario cuando sus ojos se cruzan con los de Degel, fijos en él y evidentemente listo para saltar si el rubio decide opinar algo. Al parecer no le queda de otra más que aceptar las razones del peliverde, pues conociendo al Santo de Acuario como Sísifo lo conoce, seguro que el hombre cumplirá sus amenazas si él no cede.
Kardia, mientras tanto, se sienta en el sillón de enfrente, para permitir que el rubio tome el sofá en el centro.
-Bien, Degel, por favor dinos, ¿cuál es el plan?
Degel se lleva la mano de Elsa a los labios para besarle los nudillos, (haciendo que los ojos de las dos jóvenes se llenen de corazones) para luego levantarse con dificultad debido a sus heridas, y con una mano en alto crea figuras de nieve que flotan en el aire. Anna puede notar que las figuras no son tan bien definidas como los que hace su hermana, más bien son toscas y burdas, recordándole los que solía hacer cuando eran niñas y jugaban antes de dormir, haciéndola sonreír, orgullosa. Parece que nadie tiene la sensibilidad artística de Elsa, ni siquiera otro con poderes similares.
-Bueno, - el Santo de Acuario se aclara la garganta, mientras explica las figuras, - sabemos que, desde la antigüedad, Atena ha recibido la encomienda de su padre, Zeus, para proteger al mundo y a los humanos, defendiéndolos de cualquiera que quiera dominarlos. Sus principales enemigos han sido sus dos tíos, Poseidón y Hades. Pero mientras Poseidón reencarna sólo en algunas ocasiones, sabemos que Hades reencarna específicamente cada 200 años, provocando que Atena haga lo propio ese mismo tiempo, para llevar una Guerra Santa que, hasta ahorita, hemos ganado nosotros. Pero las batallas nunca han sido fáciles, y hemos tenido que recurrir a ayudas de todo tipo. La principal, la que estamos buscando más recientemente, se llama Oricalco.
-¿Ori-qué cosa?
Degel sonríe ligeramente ante la pregunta de la pelirroja, mientras frente a él el hielo toma la forma de una roca brillante.
-El Oricalco es un metal creado por Poseidón, por lo cual es sólo controlado por él. Son muy pocas las cosas que he logrado investigar de sus propiedades, sólo que puede ser utilizado como un arma, o una herramienta, dependiendo del deseo de Atena, y en las historias que he encontrado, siempre ha logrado ayudar a Atena para vencer al enemigo, pero Hades conoce la existencia del metal, y seguramente en esta ocasión lo quiere para él. Sin embargo, son dos situaciones los que lo vuelven un verdadero reto: primero, siempre es necesario robarlo de las garras de Poseidón, motivo por el cual es necesario ir a Bluegard, ya que la entrada de sus dominios se encuentra ahí. Pero hemos de tener cuidado, porque dudo mucho que el dios del mar nos lo vaya a regalar y ya. Atena y él nunca se han llevado bien, la prueba más tangible es, precisamente, la leyenda de la fundación de Atenas. No tengo noticias de que recientemente el dios del mar haya encontrado un cuerpo para reencarnar, pero deberemos estar en guardia.
-¿Y que tiene que ver mi hermana con ese Ori… eso? - Anna insiste, preocupada por la ominosa necesidad de enfrentar a un dios.
-A eso iba. Debido a que es creación de Poseidón, ni siquiera Hades, y mucho menos Atena, ni ninguno de los otros dioses del panteón griego puede manipularlo con libertad. El asunto es que no he encontrado referencias de cómo activarlo, sólo que su activación está vinculada con el poder que emana de estas tierras. Mi teoría es que, quizá Elsa, siendo la reencarnación de una diosa primigenia, pueda hacerlo.
-¿Y-yo?
Degel trata de tranquilizarla tomándola de la mano.
-Sólo es una teoría, pero el tener a los hombres de Hades aquí a por ti, y la marca que encontré en el libro, son indicativos de que no estoy tan errado. Pero es todo lo que sé. Necesitamos conseguir más información, pues una vez que tengamos el Oricalco, contaremos con muy poco tiempo para su activación.
-Y bueno, ¿eso a que nos lleva? - Sísifo insiste, aún más angustiado que antes.
-A que necesitamos obtener más información de cómo usar el Oricalco, y pienso que esa información debe encontrarse por aquí, cerca de Arendelle, pero en la biblioteca del castillo no hemos encontrado mucho. ¿Tienen alguna otra biblioteca antigua? ¿Más antigua? ¿O algún lugar que tenga una más grande?
Anna se queda pensativa por un momento.
-Cercano a estas tierras, lo dudo mucho. ¿Quizá podríamos ir a reinos más grandes, como a las Islas del Sur…? He escuchado que sus leyendas son muy ricas.
-Sólo Ahtohallan puede saberlo.
-¿Perdón? - Sísifo pregunta, interesado, mientras Degel da un paso hacia la joven, y Kardia más bien finalmente despertando, por primera vez atento a lo que están diciendo. Las palabras de Elsa suenan a aventura...
La albina se yergue, incómoda al ser súbitamente el centro de atención de los tres hombres.
-Ahtohallan… un río en un iceberg que ha guardado la memoria de muchos años atrás. Siendo que el agua es eterna, seguro ha podido guardar la memoria milenaria.
Kardia se sienta en la orilla de su sillón, obviamente dispuesto a emprender el viaje.
-Okay… pues podemos empezar por ahí. ¿Cómo llegamos?
Elsa le sonríe tiernamente ante la disposición del caballero, pero niega con la cabeza y voltea a ver al peliverde.
-Si realmente es su intención ir a visitar Ahtohallan en búsqueda de la información que nos pueda proporcionar, lamento decirles que no pueden ser invitados y ya. Yo creo que sólo podríamos ir tú y yo, Degel.
-¡¿Qué?!
-¡¿Por qué?!
Como era de esperarse, Kardia y Anna saltan de sus asientos ante las palabras de Elsa, por lo que esta levanta las manos en forma apaciguadora, tratando de explicarse.
-Está más allá del Bosque Encantado, más allá del Mar Oscuro. No sólo es un lugar mágico que no revelará sus secretos a cualquier persona, sino que, además, a muchas horas de viaje. Si atacan de nuevo Arendelle, no habrá nadie que lo defienda.
Kardia arremete de inmediato.
-Si los atacan de nuevo a ustedes, no habrá quien los ayude en medio de la nada, y por si no lo recuerdan, ambos están heridos. Además, seguramente no atacarán Arendelle si no estás tú aquí, Elsa. No tiene sentido que vayan solos.
-Pero Kardia, hemos visto lo que esos hombres pueden hacer. Y no les importa en absoluto lastimar inocentes. Ya me han buscado aquí, no puedo poner en riesgo a las demás personas sin que alguien se quede a defenderlos.
Kardia se endereza aún más, negado a ceder.
-Ya nos han atacado también fuera de aquí, Elsa. Yo no puedo permitir que Degel y tú se arriesguen solos. Observa a mi compañero, cómo ha quedado por intentarlo.
-¡Oye! – Degel protesta, aunque sólo levemente, pues debe admitir que el dolor de sus heridas sí sería una gran limitante.
Increíblemente para los tórtolos, Sísifo interviene a su favor.
-Entiendo lo que tratas de decir, Kardia. Yo me quedaré a proteger el reino. Ustedes tres vayan a ese lugar mágico del que habla Elsa.
Anna de inmediato se levanta, determinada.
-¡Seremos cuatro! ¡Por supuesto que pienso ir contigo!
Elsa rueda los ojos ante la explosión de la pelirroja.
-Anna, ¿en qué quedamos con lo de que eres una reina?
-Y tú eres mi familia. Mi obligación también es cuidarte, y hasta ahora he hecho un buen trabajo, ¿no es así?
-No podemos proteger a las dos. - Degel de inmediato protesta, mientras Kardia asiente, preocupado por la reina.
Elsa lo sabe, por lo que insiste con la joven.
-Hermana, por favor. Eres la soberana de estas tierras, y Arendelle es tu responsabilidad. Si vuelven a atacar, necesito que estés aquí para coordinar la defensa, para proteger a los nuestros.
Anna está a punto de protestar, pero en eso un paje anuncia la llegada de un mensajero, y de inmediato la reina lo hace pasar. El hombre, evidentemente exhausto, sólo se atreve a dar unos pasos hacia el salón, intimidado por la presencia de la gente congregada en ese lugar.
-Su Majestad, noticias urgentes han llegado desde nuestros aliados del sur. Tan urgentes que han mandado mensajeros por paloma en respuesta a nuestra solicitud.
Anna había mandado palomas a los reinos vecinos para avisar del ataque de los Espectros sobre Arendelle, previendo la necesidad de buscar aliados para llevar a cabo una guerra. Pero, aunque sabía que sólo Corona contestaría el llamado, nunca pensó que la respuesta fuera tan inmediata.
-¿Qué es lo que dice el mensaje?
-Su Majestad… los reyes de Corona alertan de la presencia de huestes con armaduras negras acampadas en las orillas del mar en su extremo norte, entre los límites de su reino y el de Weselton, a tres días en barco de nuestras costas. En su camino han atacado los pueblos más alejados e indefensos de nuestros aliados, y éstos piden ayuda urgente, mientras que ellos mismos se encuentran congregando un ejército para atacarlos en represalia.
Elsa, Kardia y Sísifo se levantan de inmediato ante las noticias tan alarmantes, mientras Anna palidece. Tres días… tienen sólo tres días para resolver el misterio del material sagrado, y coordinar las defensas de su reino y de su gente, antes de que un nuevo ataque caiga sobre ellos.
Anna despide al mensajero, solicitando la reunión inmediata del Consejo, e insiste con los demás, negándose a abandonar a su hermana.
-Podemos… podemos ir y regresar en menos de tres días…
-No podemos arriesgarnos. Con la reina fuera del castillo, y sólo un Santo de Atena para protegerlo, el reino caerá de inmediato. - Degel toma de la mano a Elsa, su mirada seria, la determinación en sus ojos reflejado en los azules de ella. - Iremos sólo Elsa y yo. No te preocupes, yo me encargaré de que estés a salvo.
Ella le devuelve una mirada de adoración acompañada con una sonrisa llena de seguridad.
-No me preocupo. Sé que lo harás.
Sísifo sólo voltea los ojos con desagrado.
Sin prestarle atención a su compañero, Degel de inmediato voltea a buscar a Kardia, notando su silencio, pero entiende sus pensamientos tan pronto sus ojos se encuentran con la silueta tensa de su mejor amigo, cuya mirada está fija en la reina pelirroja, y reconoce su expresión determinada. No importa lo que pase, sabe que él no abandonará a Anna. Sintiendo su mirada, el peliazul voltea hacia su amigo.
-Tus heridas… ¿Podrás…?
Degel levanta una ceja en actitud retadora.
-¿Dudas de mí?
El joven sonríe, sarcástico, tratando de esconder su nerviosismo y sus verdaderos sentimientos.
-Claro que dudo, no eres muy bueno sin mí. Pero ya empieza a ser hora de que crezcas y emprendas el vuelo.
Degel ríe por lo bajo, entendiendo la angustia detrás de esas bromas sin sentido.
-Sí. Ha llegado la hora de que me dejes madurar.
Sísifo se le acerca al peliverde con un gesto de reprobación, la duda aún dibujada en su mirada.
-Preferiría que no bromearan en este momento tan serio, realmente podrías perder la vida Degel, o peor, no completar tu misión.
-Me alegra mucho ver que tus prioridades están bien establecidas, superior. - Kardia responde por Degel, la voz llena de sarcasmo, pero Sísifo lo minimiza con un movimiento de la mano.
-Insisto en que no deberían viajar solos. El objetivo de ellos es Elsa, si Kardia y yo nos quedamos aquí y los encuentran a ustedes dos, la atraparán y se la llevarán, y a ti te matarán sin dudarlo. Kardia debe acompañarte.
Pero Degel no se amedrenta.
-Ellos no saben que Elsa no estará aquí. Han demostrado que no tienen manera de detectarla. En cambio, si nos vamos con sigilo, y ven el lugar reforzado con dos caballeros dorados, estarán convencidos de que ella permanece en el castillo. De otra manera, seguramente masacrarán el reino buscándola.
Sísifo está a punto de hablar, pero Degel le pone una mano en el hombro.
-Entiendo que la misión es primero, pero ¿de verdad permitirás que tantos civiles mueran con tal de cumplirla? ¿Tu conciencia podrá cargar con una masacre que podrías haber evitado? Eres poderoso, pero no puedes proteger a todos al mismo tiempo.
El rubio lo piensa por un momento, sabedor de que Degel está tratando de chantajearlo, pero después de unos instantes de pensarlo bien y buscar argumentos de más peso, finalmente asiente, resignado.
-Entiendo tu punto. Tendré que confiar en ti entonces.
-Cuenta también conmigo, hermano. - Kardia da un paso al frente, golpeando suavemente el hombro de Degel y provocando que este se queje de su herida.
Por su parte, Anna está inquieta, pues quiere quedarse con ellos y prometer que ayudará a planear el engaño con los caballeros, pero sobretodo, quiere pasar más tiempo con Elsa, a sabiendas del peligro en el que ambas estarán muy pronto. Pero está consciente de que el Consejo la espera con ansia, y más consciente aún de que el tiempo apremia, de que es urgente que se reúnan y decidan las fortificaciones y los acomodos que los arendellianos necesitarán para la batalla. Por primera vez en su vida, decide tomar su responsabilidad como reina por encima del bienestar de su hermana. Con la angustia reflejada en el rostro, voltea a ver a Elsa.
-¿Estarás aquí al rato?
La albina asiente con tranquilidad, tratando de infundirle fuerza.
-Estaré donde tú me digas. Sé que tienes que irte, hermana, no te detengo. Si quieres, si te hace sentir más tranquila, puedo esperarte en tu habitación.
Con la angustia en el pecho, la reina pelirroja se inclina para besar a su hermana en la frente.
-Espero no tardar, te veré en breve.
Kardia quiere seguirla, quiere asegurarse de que la joven estará bien, pero su mirada preocupada aún está fija en Degel.
-¿Cuándo planeas que se vayan?
-Al anochecer, tan pronto el sol se ponga crearé una neblina que ocultará nuestra salida. No habrá manera de que nos detecten mientras ustedes refuercen el castillo. Ellos deben estar convencidos en todo momento de que Elsa se encuentra aquí.
-Cuenta con ello. - Dicho esto, el joven sale tras la reina, y Sísifo tras de él, dispuesto a ayudar a planear la defensa, tan apurado y preocupado que olvida por completo que ha dejado a Elsa y Degel solos en el salón. Exhausto, aún resentido por sus heridas, el peliverde se deja caer sobre el sillón y cierra los ojos, deseando de todo corazón poder quedarse dormido, sin embargo, un movimiento a su izquierda lo hace abrirlos de nuevo. Elsa se ha sentado a su lado, tomándolo de la mano, su hermosa y profunda mirada azul llena de preocupación.
-Lamento mucho haberte envuelto en esto, no lo pensé bien. La verdad es que debería ir yo sola, aún estás muy herido y el viaje puede lastimarte más.
Con esfuerzo, él se incorpora un poco y la besa suavemente en los labios.
-No digas nada. Al contrario, agradezco tu confianza en mí. Además, tú también estás herida, y aún así irás. – El hombre acaricia con una mano la férula de hielo, una mirada triste al recordar el sufrimiento de la joven. - Te prometo que esta vez no te defraudaré, no permitiré que te vuelvan a tocar. Te protegeré a costa de todo.
Elsa sonríe también tristemente, a su vez preocupada por él, pero igualmente determinada. Aún no está dicho todo.
-Si todos los enemigos van a estar concentrados aquí, quizá sea mejor que yo vaya sola. Esto ya está casi curado, y te he demostrado que puedo cuidarme a mí misma, que los espectros no me amedrentan. Además, como bien dijiste, ellos no me buscarán por otro lado viéndolos a ustedes protegiendo el reino…
Antes de que siga hablando, Degel vuelve a besarla, intentando acallar sus dudas.
-No podrás deshacerte de mí tan fácilmente, amor mío. Iré contigo y eso está zanjado.
Ella sonríe parcialmente, bajando la mirada, su pecho sintiendo mil emociones abrumadoras por la manera tan bella en que la llama, pero especialmente, por la cercanía y el contacto tan íntimo con él, mientras de manera casi automática acaricia el antebrazo del hombre; sin embargo, por más que intenta, esos sentimientos no son suficientes para distraerla de la preocupación.
-No me malinterpretes. Por supuesto que estoy feliz de que vengas conmigo, principalmente feliz de que estaremos solos, que no vaya a rondarnos nadie que nos vea raro… o incómodo. Pero me importa más tu bienestar, y puedes salir herido con mayor gravedad en este viaje. O no salir de esta.
Degel le acaricia la mejilla y la besa de nuevo, más profundamente, más prolongadamente, silenciando por el momento sus palabras… y sus pensamientos.
-A mí lo único que me importa es que podré pasar más tiempo contigo. Si para eso tengo que dar mi vida, no me molesta.
Ella suspira profundo después de ese beso tan apasionado, tratando de despertar un poco del estado de ensoñación en que la ha dejado, mientras Degel sigue besando la comisura de sus labios; la joven frunce el ceño ante tales palabras dichas con vehemencia.
-Deja de decir eso, que no es gracioso. Te prefiero vivo, aunque sea lejos, que conmigo e instantes después, muerto a mis pies.
Él ríe suavemente, para luego besarla con un poco más de hambre impregnada en sus caricias. Elsa se estremece con su contacto, sabiendo que podría estar así con él todo el día, pero en su lugar sonríe bajo sus labios.
-Ya sé que me besas para distraerme, y ese es un truco muy bajo, ¿sabes? Aún quiero que me prometas que dejarás de decir esas tonterías.
Él también sonríe sobre sus labios, y se aventura a besarle suavemente la mejilla, para luego viajar a su quijada, haciendo los besos un poco más cálidos, un poco más provocativos, mientras alcanza el lóbulo de la oreja para luego bajar al cuello.
-No lo volveré a decir, su Majestad. Lo prometo… - la voz varonil sobre el oído de ella manda un intenso estremecimiento sobre su bajo vientre, haciéndola gemir y, sin siquiera pensarlo, extiende el cuello para darle mejor acceso a su piel, algo que el caballero agradece llenándola de suaves y húmedos besos desde la quijada hasta el nacimiento de su cuello, para luego llegar a su hombro expuesto. Sin embargo, cuando los cálidos labios de él humedecen su clavícula, la sensación es tan intensa que la hace sobresaltarse, alejando su cuerpo de él de forma instintiva y, en un súbito movimiento, empuja al hombre levemente, inintencionadamente, acción que de todas maneras provoca un estremecimiento de dolor al caballero de Acuario, y tiene el negativo efecto de despertar a los dos de su encantamiento.
-¡Lo siento, Elsa! Yo…
-No… no, yo lo siento, no fue mi intención lastimarte…
-De verdad no quise ofenderte… no quería… bueno sí… quiero decir no fue mi intención… no lo haré si tú no lo deseas… lo prometo…
Aún ofuscada, su pecho subiendo y bajando de forma agitada, Elsa ríe nerviosa y se abraza a él fuertemente, su cuerpo temblando de la intensidad de la emoción, pero determinada a zanjar ese círculo de disculpas que suele envolverlos cuando hay alguna situación incómoda, o demasiado extrema, entre los dos.
-Será mejor que vaya a la habitación de mi hermana. Hay mucho que arreglar, y el viaje será muy largo. - Sin decir nada más, y sin darle a él tiempo de objetar otra cosa, le da un rápido beso en los labios, para salir casi corriendo del lugar, su corazón latiendo desenfrenado con las emociones a flor de piel y el recuerdo de sus besos aún quemándole, pero aún así, con una enorme sonrisa iluminando su sonrojado rostro.
Degel sólo la observa alejarse, y tan pronto la adorada silueta desaparece tras la puerta, el hombre se deja caer sobre el respaldo, un gesto de dolor en el rostro, mientras posa una mano sobre sus ojos, y exhala profundamente, o al menos, lo más profundamente que sus heridas le permiten.
-¡Oh, Atena…! ¿Qué demonios estoy haciendo?
Adolorido, angustiado, y solo, Degel se queda recargado así, esperando poder recuperarse, aunque sea un poco, del dolor que el movimiento le ha producido, a la vez de esforzándose por retener las placenteras sensaciones que la albina le ha regalado, de la manera tan increíble que la preciosa Valkiria ha invadido todos sus sentidos, y con esto tratando de liberarse de la ominosa sensación que de todas maneras oprime su pecho.
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Después del medio día, la pesada puerta en el cuarto de la reina se abre, dejando entrar a una agotada y un poco abrumada pelirroja. Elsa de inmediato se levanta para recibirla.
-¡Anna! ¿Todo bien?
A pesar del evidente cansancio, la joven le sonríe y se abraza a ella, buscando robar fortaleza y seguridad de su hermana mayor. Por unos minutos, Elsa la deja ser, para después las dos separarse y sentarse en la mullida cama.
-Sí, no te preocupes, el Consejo se reunió y aún está deliberando, vamos a mandar una respuesta a Corona con ayuda para su pueblo en especias, pero no podremos mandar soldados, pues los necesitamos aquí. También les explicaremos que ese pequeño ejército viene hacia acá, que no deben preocuparse por su pueblo más, pero que solicitamos apoyo militar. Mientras, Matías ya está organizando la defensa, obviamente con Sísifo respirándole en el cuello. Gracias a ellos dos, ya casi todo está en papel, pero necesitaba salir un momento para tranquilizarme y estar contigo. Perdóname si te hice esperar. ¿Cómo sigue tu brazo?
La albina acaricia el hielo sobre su brazo, sonrojándose por un momento al recordar los dedos de Degel sobre la misma superficie… al igual que sus cálidos labios sobre la piel de su cuello. Elsa se endereza y tose un poco, tratando de disimular su desliz.
-Mucho mejor, creo que ser el Quinto Elemento tiene sus ventajas, después de todo. Desde hoy en la mañana el dolor ha mejorado bastante, tanto que me permitió moverme con más soltura.
Una delicada ceja se levanta, incrédula.
-No deberías de confiarte mucho. Fue un hueso roto después de todo.
Elsa le sonríe, tratando de confortarla.
-Es por eso de la férula. Sé que no debo confiarme, pero tener el cabestrillo en el viaje no creo que sea muy buena idea.
Anna suspira acongojada, recordando la pronta partida de su hermana.
-¿Cuándo se irán Degel y tú?
-Al anochecer, para que podamos escondernos tras la cortina de neblina.
La joven reina la toma de las manos, ansiosa ante las oscuras posibilidades que se presentan ante ellas.
-Hermana… ¿estás segura? El viaje que quieres emprender es más peligroso que el que hicimos tú y yo. En esta ocasión maldad verdadera estará esperándote al final del viaje. Y eso me preocupa demasiado.
Elsa suspira, ella misma no se encuentra convencida, pero acepta su responsabilidad en la Guerra Santa, así que inhala profundo.
-Sí… estoy consciente de que será peligroso, pero de hecho me voy tranquila al saber que Kardia y Sísifo se quedarán aquí a cuidarte, especialmente con eso que mencionas de encontrarse con maldad verdadera.
-Y mientras tanto yo me quedo insegura por ti. No sólo Degel está herido, y seguro será difícil que él te proteja, sino que además… - pero antes de seguir, Anna se queda callada, haciendo una pausa dramática.
-Además, ¿qué?
Una pícara sonrisa ilumina el rostro de la pelirroja.
-Bueno… Degel y tú solos, en mitad del bosque, sin nadie que los vigile… ¿crees que no pienso que lo tienes todo planeado?
La pálida piel de la albina se ilumina de un intenso color rojo.
-¡Hermana!
-¡Oh vamos, Elsa! El hombre ya ha confesado su amor, y por lo que veo, tú no eres del todo indiferente a sus encantos. Es obvio que te derrites por él tanto como el pobre hombre por ti, los veo que no dejan de tocarse y verse con tanta miel que van a derretir al mundo. Dime, ¿besa rico?
Altiva, tratando de restarle importancia al más que evidente rubor que puede sentir sobre las mejillas y cuello, la albina trata de bajar de la cama, buscando ignorar la pregunta y preservar su dignidad.
-Preferiría no platicar esto contigo. Además, pensé que desaprobabas lo nuestro.
Una delicada ceja se levanta.
-¿Por qué abrías de pensar eso?
Elsa le lanza una mirada enojada, pero sólo parcialmente.
-Aún no olvido el teatrito que me hiciste en la enfermería con Degel. ¡De verdad me hiciste sentir muy apenada! ¡Y pobre Degel! ¡No cabía de la vergüenza!
Anna, sin embargo, tiene otra idea, y después de carcajearse abiertamente al recordar su más reciente travesura, obviamente sin sentir el más mínimo remordimiento, se avienta sobre la joven albina, abrazándola.
-¡Oh por favor! ¡Sólo estaba jugando con ustedes! Y no me arrepiento en absoluto. ¡Me divertí como nunca! ¡Deberías de haber visto sus caras! Por otro lado, deja de cambiarme el tema y no seas tan remilgosa Tienes que creerme que estoy muy contenta por ti. ¡Hasta que finalmente decidiste tomar al toro por los cuernos y aceptar que tienes un corazón tan grande que dar! Sólo que me tendrás que permitir que amenace a Degel para que no vaya a romperlo ahora que lo tiene en sus manos.
-¡Nadie tiene mi corazón en sus manos…! bueno, quizá un poco, - la joven se ruboriza más ante la mirada incrédula de su igual, - ¡ya deja de decir ese tipo de cosas! ¡Sabía que sólo estabas fastidiándonos! – tratando de reforzar su sentimiento de desaire, Elsa hace un pequeño puchero. – Te has vuelto muy mala conmigo últimamente, hermana.
Anna ríe por lo bajo, y la abraza un poco más fuerte.
-Está bien, te pido una tremenda disculpa por mi travesura, aunque no puedo prometer que no lo volveré a hacer.
-¡Anna!
La joven reina ríe alegremente, cambiándole el tema.
-Dime… ¿cómo te sientes? ¿Feliz? ¿Emocionada? ¿Invencible?
En contra de su voluntad, el rostro de la joven albina se ilumina con una gran sonrisa, una de completa sinceridad, mientras se lleva su mano sana al pecho.
-Es… todo está sucediendo tan rápido que me tiene abrumada… pero… pero se siente tan bien, que creo que… puedo decirte que lo amo… ¡pero hermana, apenas lo conocí!
-¡Jajajaja! ¿Será que ahora yo tengo que recordarte que no puedes amar a un hombre que acabas de conocer?
Elsa ríe, divertida, al escuchar sus propias palabras regresar a ella.
-¡Oye! Yo dije que no te podías casar, no que no te podías enamorar.
-¡Es lo mismo!
-¡Por supuesto que no!
Una delicada ceja se levanta en actitud traviesa.
-Bien, veremos si Degel opina lo mismo cuando se case contigo.
-¡Anna!
-¡Qué!? ¿Acaso no le viste las intenciones en la mirada? Yo sólo lo sugerí de broma, ¡y el hombre casi me toma la palabra!
Elsa empuja a su hermana del hombro, ruborizada desde el pecho hasta las orejas.
-¡No puedo creer que nos hayas hecho eso! ¿Qué tal si se animaba a hacer la pregunta? ¿Qué habrías hecho?
Anna regresa a su lugar, esta vez poniendo una cara muy seria.
-De inmediato le diría "no puedes casarte con una mujer que acabas de conocer", y le diría que son designios de la última reina de Arendelle.
Elsa ríe ante la cara de su hermana, por su pobre intento por imitarla, y la vuelve a empujar.
-¿De verdad no me hubieras dejado casarme con él?
Anna, entre risa y risa, se torna un poco seria.
-Para serte sincera, no lo sé, realmente no sé cómo hubiera reaccionado si Degel me hubiera tomado la palabra y hubiera pedido tu mano en matrimonio. Para mí él aún no deja de ser un vividor que quiere aprovecharse de ti. Pero a lo mejor, lo que necesitas es que se aprovechen de ti de la manera más sucia…
Elsa pega un gritito de indignación, mientras ríe aún más, acompañando la risa de su hermana.
-¡Ana!
-¡Ya es justo que pase algo contigo, Elsa! ¡Y qué mejor que con un cuerpo así, aunque sea el de un aprovechado!
-Sinceramente dudo que Degel sea como tú lo percibes, realmente se comporta como un verdadero caballero, pero si eso piensas, entonces deja de hacer esas bromas, hermana, o sólo conseguirás espantarlo.
-¡Jajajajaja! Está bien, no insistiré, no quiero espantar a tu primer amor.
-Mi primer amor… - la sonrisa de la albina se suaviza, mientras su mente se llena de imágenes de él, deleitada con los recuerdos que ya están impresos en su mente; pero sin aviso, su mirada se oscurece. - ¿Sabes? De pronto pienso que todo esto está pasando demasiado rápido. En dos días me he enamorado de él y hasta he aceptado sus besos… y sin embargo siento que no es tiempo suficiente. Si te soy sincera, lo que me espanta más es pensar que nuestros momentos son efímeros.
-¿A qué te refieres? ¿Piensas que tengo razón y él está jugando contigo?
Elsa niega suavemente con la cabeza.
-No, no. Creo que él es honesto, o al menos deseo creerlo. Es sólo que… dos veces ya lo he visto arriesgar su vida por protegerme, dos veces yo misma he sentido estar a punto de perder la mía. Siento… siento que todo lo que los dos pudiéramos desear para un futuro juntos… bueno… algo me dice que no nos dará tiempo de tenerlo.
La mirada de Anna se llena de tristeza.
-¿Tienes… tienes miedo de morir?
-No. Aunque nunca había sentido la muerte tan cerca, la verdad es que nunca me ha asustado. Pero sí temo perderlo, Anna. Temo que mis sueños de una vida juntos nunca podrán ser…
-Oh… Elsa… - su hermana la abraza tiernamente, tratando de acallar las dudas y temores. Pero sabe que es imposible, ella misma siente esos miedos. Así abrazadas, como cuando eran pequeñas, como cuando la primera vez que pudieron abrazarse después de recuperarse la una a la otra, la reina pelirroja tiene un momento de claridad. - Elsa… ¿me permites ser sincera contigo? - la albina rompe el abrazo y se hace hacia atrás, buscando la mirada tan parecida a la suya. - Sé que me pasé con la broma tan pesada de la mañana, pero… pero detrás de todo eso, quería decirte que no eres ya la reina…
Elsa le sonríe a la joven, sintiéndose agradecida.
-Eso ya lo sé, hermana.
-Escúchame, ya no hay todo un pueblo pendiente de lo que hagas y dejes de hacer…
Elsa asiente, tratando de mostrarse comprensiva.
-De todos modos, Arendelle sigue siendo mi hogar, Anna, y su gente sigue siendo mi gente. No los pienso abandonar.
La joven reina frunce el ceño, tratando de no frustrarse con su hermana.
-Sí claro, lo que quiero decir es que el foco de su atención ya no eres tú, y… - Anna carraspea, incómoda de lo que está a punto de decir. - Es muy raro que sea yo quien tenga que hablar sobre esto contigo, pero… al principio me espantaron, de verdad me preocupaban las intenciones de Degel y Kardia para contigo, como te dije, a lo mejor aún me preocupan. Pero los he visto cómo se desenvuelven alrededor de ti, he visto su determinación en dar su vida por ti, y quiero pensar, con todo mi corazón, que los sentimientos de Degel son sinceros, como tú misma lo dijiste.
-Anna…
Pero la reina levanta una mano para acallarla.
-Déjame terminar. Kristoff y yo nos amamos, pero no hemos llegado a más que puros besos y una que otra caricia, primero porque ya está hecha la promesa de casarnos, y segundo porque a mí todo el reino, y sobretodo el Consejo, me mira y vigila muy escrupulosamente, todo lo que hago y digo; la verdad no se cómo podías aguantar todo eso. Pero, - Anna acaricia la mano de su hermana, como para darse valor a seguir, - pero a ti ya no más, Elsa. Finalmente eres libre de hacer lo que quieras, lo que tu corazón te mande. Y creo que, después de tantos años de encierro, de no poder sentir siquiera el calor del abrazo de nuestros padres, tienes derecho a hacerlo.
Una delicada ceja se levanta.
-¿Qué quieres decir?
Anna respira profundo.
-Si tanto te gusta Degel, déjate llevar por lo que estás sintiendo, no te detengas por el qué dirán, porque es algo muy bello eso que los dos están experimentando. Y ya es justo que tú también lo vivas.
Ante esas palabras, de inmediato la imaginación de Elsa la transporta a ese momento, hace unas horas, donde los labios de él le quemaban la piel y, sin poder evitarlo, un profundo rubor sube desde el pecho hasta su cuello y cara, haciéndola que se incorpore de inmediato, más que ofuscada y tratando de reprimir las sensaciones.
-¡Anna! ¿Cómo puedes decirme eso?
-Te lo digo como tu hermana porque se lo que se siente tenerlos tan cerca y tener que detenerte para que no pase nada. Pero a diferencia de mí, tú si puedes hacer lo que quieras. ¡Por Dios, hermana! Si te soy completamente honesta, si no fuera porque estoy con Kristoff, y porque el Consejo me vigila, yo misma ya lo hubiera hecho con Kardia, ¡ese hombre es todo un bombón! - Antes de que la albina proteste, Anna levanta una mano para detenerla. - Pero, en conclusión, si algo llega a pasar entre ustedes dos, yo, la reina de Arendelle, te autorizo que te dejes llevar por tus deseos.
Elsa hubiera soltado una carcajada al ver a su hermana erguida y con su gesto de divertida autoridad, si no fuera porque se siente muy turbada con las palabras de ella y sus propios recuerdos con Degel, y, completamente ruborizada, se dirige a la ventana.
-Por favor, Anna, estamos en medio de una guerra que nos supera, nuestras vidas y las de la gente del reino están en peligro, ¿y tú decides hablarme de sexo? Además, definitivamente ese tipo de temas tú y yo no deberíamos hablarlos, es demasiado… raro. Creo… no, estoy segura de que eso es algo que debe quedar entre Degel y yo. Me gustaría que respetaras mis deseos.
Anna sonríe de forma sospechosa al darse cuenta que la albina nunca negó sus sentimientos. O sus deseos. Pero en vez de enojarse u ofenderse al ver sus palabras rechazadas de tal manera, la joven pelirroja sólo exhala y se estira.
-¡Uff! ¡Que bien se siente quitarse ese peso de encima! Como sea, es cierto que tú eres la hermana mayor, pero yo soy la de la experiencia en lo que se refiere a hombres, así que, dado que mamá no está aquí para hablar contigo, entiendo que era mi obligación. Bien, ya zanjado ese asunto, si quieres hablar de otra cosa, podemos hacerlo. – Como para hacer énfasis en sus palabras, Anna se sienta más erguida, mientras dibuja una sonrisa traviesa en sus labios. - Así que… ya sueñas con una vida juntos, ¿eh?
-¡Anna!
La pelirroja ríe, mientras el rubor de Elsa, si es posible, se profundiza.
oooooooooooOOOOOOOOOOOOOOOoooooooooooooo
A/N: suavecito y tierno, en lo que se preparan para lo que viene, que estará intenso. Sé que han de pensar que me apresuré mucho al juntar a Elsa con Degel, pero quería explorar algo. He escuchado mucho, que aquellos hombres que saben que van a morir pronto, más comúnmente los que están en el ejército combatiendo, o en trabajos de muy alto riesgo, de pronto buscan vivir sus vidas muy apresuradamente (buscar novia, casarse, hijos, casa, algo seguro que dejarles para vivir… lo más pronto posible) porque sienten que no tendrán tiempo de vivir las cosas bellas del mundo, porque saben que la muerte se cierne sobre ellos, y es común que decidan casarse y tener hijos muy jóvenes, cuando sus pares de la misma edad esperan muchos años más para eso. Yo creo que los Santos de Atena deben de sentir lo mismo, y de cierta forma, esa es la razón por la que se requerirían leyes que se los impidan. Bueno, eso es lo que pienso, y quise explorarlo aquí. Degel sabe que pronto va a morir, y quiere vivir aprisa, más ahora que ha encontrado alguien a quien amar, y quizá, Elsa se ha dado cuenta de esa realidad, y tal vez comparta el sentimiento.
Espero que les siga gustando.
