Cosmos Congelado
Capítulo 17
Congelada de Terror
Elsa siente una presión tremenda sobre el pecho, congelada por un terror que no puede describir y que le hace recordar cuando cayó en las profundidades de Ahtohallan para descubrir la verdad sobre las acciones de su abuelo, el Rey de Arendelle; sin embargo, el miedo que ahora la clava en el suelo es aún mayor. Su mente racional trata de acudir al rescate, pues frente a ella se encuentra un caballero Dorado, evidentemente compañero de Degel y de Kardia, los cuales siempre la han protegido. Incluso Sísifo, arisco y frío, la ha tratado como es debido. ¿Por qué ahora este hombre, que evidentemente es un aliado, la tiene presa con una mirada? Elsa inhala lentamente, esperando que su corazón deje de latir tan desbocado, mientras trata de encontrar qué es lo que le aterra de este caballero, y un escalofrío le recorre la espalda cuando encuentra la razón.
Son sus ojos, esos ojos azul índigo que la miran con tanta intensidad, como si ella fuera una presa, en los que puede adivinar un fuego turbulento que la hace estremecer.
En la profundidad de su mirada, sólo ve violencia, desesperación y… algo que no logra definir, pero cuya oscuridad le eriza la piel. Y luego está el haber visto de cerca con qué facilidad este hombre terminó con la vida de un espectro, literalmente evaporándolo. A pesar del gran poder que recién adquirió, el Quinto Elemento está consciente de que podría no ser rival contra este Santo de Atena.
La orgullosa guardiana del Bosque Encantado exhala profundamente, su baho visible como una ligera neblina blanca alrededor de sus rojos labios, para después apretar los dientes, haciendo un esfuerzo para que no se note el temblor de sus manos, de sus hombros, mientras sostiene la mano de Degel, quien con dificultad logra incorporarse, dirigiéndole una torcida sonrisa a su compañero.
-Deuteros… no pensé que también vendrías.
Sin decir nada, el Santo de Géminis extiende su mano hacia el herido, aparentemente para ayudarlo a levantarse de la roca, pero en vez de tomar su mano, realiza un rápido movimiento que toma por sorpresa al peliverde y a la joven, y lo toma del cuello, para de inmediato levantarlo en vilo y azotar su espalda contra la cara no partida de la roca en la que yacía, casi partiéndola en más pedazos, y provocando más sangrientos accesos de tos al caballero.
-¡¿Qué haces?! ¡No! - Elsa sujeta al hombre del antebrazo, tratando de ayudar al caballero.
Ofendido con su contacto, y sin soltar a Degel, Deuteros le dirige a la chica una mirada amenazante, que le hiela la sangre, y la joven siente el primigenio impulso de soltar su brazo y salir corriendo… sin embargo, Degel tose sangre sobre la armadura del caballero, la vista encogiendo su pecho de angustia, y la antigua reina de Arendelle se recuerda a sí misma que es su amado herido a quien está lastimando. Valientemente Elsa se aferra al antebrazo dorado, haciendo su miedo a un lado, más preocupada por el bienestar de su enamorado que de su propia salud.
- ¡Déjalo! ¡Está herido!
-Desearía… *coff, coff* de todo corazón… - empieza Degel, peleando por detener los accesos de tos que lastiman sus costillas rotas y no le dejan hablar, sus manos también tratando de separar la tenaza que lo asfixia, - que mis hermanos dejaran de… *coff, coff* tratarme como un maldito costal de papas…
Deuteros rompe la mirada con la que sujeta a Elsa, y se dirige a Degel, acercando su cara a la de él a pesar de llenarse de gotas de sangre por la tos del caballero, y le lanza una mirada llena de veneno al Santo de Acuario, quien se la sostiene.
-Pensé que eras más fuerte, pero ahora veo que eres muy débil. Y no tolero a los caballeros débiles.
Pero Degel, a pesar del dolor, no se amedrenta.
-Suéltame en este momento… *coff, coff* y te demostraré que tan débil soy… terminaremos lo que comenzamos con… * coff, coff* mucho gusto…
Después de unos segundos en que taladra con la mirada a su compañero, finalmente Deuteros suelta al caballero herido, el cual cae de rodillas, tosiendo sangre y tratando de jalar aire. La joven de inmediato se arrodilla a su lado, checando su estado, buscando ayudarle, acción a la cual el peliazul frunce profundamente el entrecejo.
-Cuando te conocí, Degel, peleaste contra mí lleno de orgullo y honor, y cuando nos atacaron los Berserker, te mantuviste valeroso a mi lado, ¿por qué ahora te dejas vencer? ¿Por qué permites que una mujer te proteja?
Aún tosiendo, Degel le dirige una mirada enfurecida al hombre frente a él.
-Para mí siempre será un honor… *coff, coff*… pelear al lado de Elsa, y morir por protegerla… pero fui alcanzado por la maldición de Aiacos y eso debilita mi poder… *coff, coff*… estoy pagando con creces esa estupidez mía.
Deuteros se queda quieto por un momento, su vista fija en el santo malherido, mientras Degel se recupera; después de unos minutos, el Santo de Géminis asiente.
-Puedo sentirlo, sentir dentro de ti el cosmos del Juez luchando contra el tuyo. Ese cosmos negro se está acercando a tu corazón.
Ante esas palabras dichas con tanta seguridad, los profundos ojos azules de la albina, llenos de preocupación, no dejan de escudriñar al hombre, mientras éste le regresa la mirada con cierto grado de enojo. La joven, tratando de no temblar frente a su escrutinio, siente que el pecho se le constriñe al darse cuenta cómo los ojos del caballero recorren su cuerpo de arriba a abajo, apreciándolo, como si tomando nota, como si memorizando cada centímetro. Esa inspección, aunque carece del desagradable gesto lascivo que en ocasiones anteriores ya le han dirigido, aún así la hace sentir sucia.
Degel trata de enderezarse, y Elsa presiona su mano contra el pecho de él para ayudarle, pero éste le toma la muñeca y se lleva los nudillos de ella a los labios, mientras sus ojos le lanzan una silenciosa súplica. Ella al principio no entiende, una delicada ceja se levanta, perdida, pero un movimiento de la cabeza hace que al fin comprenda.
Degel no puede mostrar debilidad ante tan poderoso caballero.
La mujer no entiende, no quiere aceptar un despliegue tan estúpido de orgullo masculino, sin embargo, ha aprendido a respetarlo, a él y a sus costumbres tan distintas de las de ella, por lo que, soportando su frustración, la antigua reina se incorpora y da un paso hacia atrás para permitir que su amado se levante, lo que este logra con evidente esfuerzo, aunque al final se yergue orgulloso, sus ojos fijos y desafiantes sobre el caballero frente a él, haciendo evidentemente dolorosos esfuerzos por reprimir el impulso de la tos.
-Cuando quieras podemos empezar la batalla. N… no tengo inconveniente.
El hombre, varios centímetros más alto que el peliverde, le regresa la mirada por un momento, para luego golpear su hombro.
-No. Tú y yo hemos peleado uno contra el otro y después juntos, ambas ocasiones me han gustado. Además, te debo tus enseñanzas. Eres lo más cercano que tengo a un maestro y a un amigo. Tienes mi respeto. Pero no vuelvas a mostrarte débil frente a mí, o me quedaré con tu cabeza.
Con esto, se da media vuelta y camina hacia adelante, mientras Degel finalmente se permite una mueca de dolor, para luego apretar los dientes y quedarse rígido en su posición, luchando por no mostrar la verdadera intensidad de la tortura que siente. Inspirando suavemente, contento que los accesos de tos han disminuido, pero ya temeroso de cualquier movimiento, levanta la voz para hacerse escuchar por su compañero.
-Deuteros, ella es…
-Ya sé quién es ella. - El hombre responde con un dejo de molestia en la voz, apenas viendo hacia atrás por encima de su hombro. - Y estoy al tanto de la misión de ambos. - Su mirada de reproche de pronto encuentra los ojos azules de la albina, y su vista repite ese incómodo y agrio movimiento de arriba abajo sobre el cuerpo de ella, para luego fijarla al frente. Esa mirada insistente, que barre por completo su cuerpo, la deja en zozobra. Sin pensarlo dos veces, Elsa se acerca al joven peliverde para tomarle la mano, tratando de reconfortarlo, pero a la vez buscando su apoyo, mientras sus ojos azules permanecen fijos en el hombre que se aleja, preocupada ante su actitud y, no puede negarlo, asustada.
-Degel…
Pero el Caballero de Atena sólo le aprieta la mano, tratando de tranquilizarla.
-No te preocupes. Deuteros es distinto a todos nosotros, su historia es por demás difícil, pero a pesar de eso es un buen hombre, y lo que es más importante, es alguien que nos ayudará. Puedes estar tranquila.
Pero Elsa no se siente tranquila en absoluto. No con ese hombre cerca de ella. Está a punto de protestar, cuando Degel, con un lento movimiento de la mano, coloca un dedo debajo de la adorada barbilla, haciendo que ella levante la cara y lo vea a los ojos.
-No tienes de qué preocuparte. Estoy contigo, y ahora con el apoyo de Deuteros, no habrá nada que pueda lastimarte.
Ella le sonríe, pero sólo parcialmente, aún no convencida. El hombre, sin soltar su barbilla, se inclina pausadamente para besarla, mientras la antigua reina de Arendelle extiende su cuello y entrecierra los ojos, buscando consuelo en tan necesitado contacto.
-¿Acaso no van a seguirme? - La poderosa voz del Caballero de Géminis sobresalta a la albina, y hace que el Santo de Acuario resople de frustración al verse tan cruelmente interrumpidos. - Aún falta un gran tramo si quieres llegar a ese llamado Mar Oscuro. - Deuteros les manda una mirada de reproche y sigue su camino, sin importarle el momento tan bello que ha destruido. La mirada de Elsa se oscurece, pero Degel sólo le sonríe, tratando de ser conciliador.
-Es un poco… bueno le falta mucho tacto. Tenle paciencia, ya verás que te caerá bien. - Dicho esto, hace el ademán de caminar para seguir a su compañero, sin embargo, una tremenda punzada en el pecho lo hace detenerse en seco, y el caballero usa toda su fuerza de voluntad para no doblarse de dolor de inmediato, mientras siente un líquido tibio bajando por su dorso, aún cubierto con la armadura, y que está más que convencido que se trata de sangre. Afortunadamente Elsa no puede verla corriendo debajo de su armadura. El joven peliverde aprieta los dientes y el puño libre, tratando de retener un gemido de dolor, cuando Elsa finalmente voltea a verlo, leyendo en su mirada el sufrimiento.
-¿Estás bien?
-S-sí… - Degel trata de no mostrar dolor, pero su cuerpo está rígido, todos sus músculos contraídos. - Deberíamos descansar, o mejor desayunar. Hay que… hay que irnos antes del amanecer.
Ella, solícita, se para frente a él para que no se mueva más, y le toma de ambas manos, obligándolo a verla a los ojos.
-Por favor, dime qué puedo hacer por ti.
Él trata de sonreírle para tranquilizarla, pero lo único que logra es un gesto que más bien parece una mueca.
-Hay que comer. Necesitamos reponer fuerzas después de lo que vivimos hoy.
Ella le pone una mano en el pecho, pero en vez de hacerle sentir mejor, lo hace sobresaltarse del martirio que le genera el contacto. Él pone su mano sobre la de ella, para evitar que se mueva y lo lastime más, mientras cierra los ojos y sacude la cabeza en una lenta negativa.
-Por favor…
Elsa suspira, angustiada, entendiendo su suplicio.
-Está bien. Me encargaré de arreglarlo todo. No te esfuerces más.
-¿Qué están esperando? - Deuteros, evidentemente molesto, el ceño profundamente fruncido y una mirada de desaprobación, se regresa de por donde vino al ver que no lo han seguido.
Habitualmente Elsa es una persona tranquila, comprensiva y nada reactiva… ¡pero la actitud del caballero la tiene harta! Tratando de ser diplomática, la joven sólo le lanza una mirada fúrica al caballero, pero al voltear hacia arriba, ve que Degel está haciendo un esfuerzo por disimular el dolor, por no mostrarse débil de nuevo, y sabe entonces que debe de hacer algo por ayudarlo. ¿Qué haría su hermana en una situación así?
-¡Degel! – Deuteros insiste, su iracunda voz resonando alrededor, haciendo que Elsa no pueda evitar el sobresalto que le produce. – Deja de parecer un guiñapo débil, ¡tenemos que irnos ya o no podrás completar tu misión!
Degel, aguantando el dolor, inhala profundamente para contestar a su compañero, pero es Elsa quien responde con su tono demandante, con su mirada más exigente posible, tratando de imaginarse que se encuentra ante algún delegado de Weselton.
-Tenemos que desayunar. Necesitamos reponer las fuerzas, pues apenas hemos dormido Degel y yo.
La mirada furibunda que el caballero le dirige la llena de irracional miedo y casi la empuja a dar un paso atrás, pero la antigua reina de Arendelle resiste el impulso y se obliga a sí misma a endurecer su mirada.
-Su graciosa Majestad, No creo que…
Pero ella se yergue y levanta la voz aún más, obligándose a sí misma a parecer enojada, a exigir sus deseos con una voz estentórea, dando todo de sí por imitar a la explosiva e irritable Anna.
Sin notar que también ha bajado la temperatura del ambiente.
-Si te parece acompañarnos, caballero de Atena, si no, puedes seguir adelante y nosotros iremos después. Tengo mucho sueño y después de este combate me siento muy cansada, y quiero desayunar, además de que necesito curar las heridas de Degel, aunque ya veo que no has notado que está lastimado. Por todo lo que ya he mencionado, no me pienso mover de aquí hasta que haga ambas cosas.
Deuteros quiere protestar, pero el gesto impositivo de la mujer lo ha tomado tan de sorpresa, que no atina a reaccionar. Exasperado, da media vuelta para alejarse de nuevo resoplando furibundo.
-Está bien. Iré por madera para hacer el fuego. Ustedes quédense aquí a preparar el resto. ¿Está de acuerdo con ese arreglo, su Majestad?
La voz de Deuteros está llena de ira, pero Elsa no se deja amedrentar, y le regresa la mirada retadora, sin bajar la voz.
-Para mí está bien, señor. Yo prepararé los víveres que traemos.
Deuteros se detiene al ver que su tono no la amedrenta, y voltea a verla, lanzándole todo el veneno que puede con una mirada. Sin embargo, la altivez de la joven sólo lo hace enojar más. Después de varios segundos de taladrarse con los ojos, la albina y el alto caballero parten en distintas direcciones, sin darse cuenta de que Degel continúa en el mismo lugar en donde estaba, sin moverse.
Después de perder a Deuteros de vista, y deseando de todo corazón que Elsa le siga dando la espalda, el joven peliverde cierra los ojos de nuevo, inspirando profundo, mientras levanta lentamente ambos brazos, creando alrededor de él una esfera de un denso hielo, con una pared de un grosor equiparable al grueso de su propio cuerpo. Una vez envuelto en su helado capullo, el hombre cae de rodillas súbitamente, no importando el dolor que el brusco movimiento le genera, y da un poderoso puñetazo al piso que congela todo dentro de la esfera, mientras de su boca sale un grito desgarrador que le raspa la garganta y le vacía los pulmones, un alarido lastimoso tratando de expulsar toda su desesperación, rabia y frustración. Hincado sobre la densa nieve, Degel rasguña lo que puede sentir del suelo congelado bajo la capa de nieve, apretando los puños de nuevo con todas sus fuerzas, mientras un segundo grito sale desde muy dentro de su corazón. Por más que intenta, no logra dejar a un lado esa terrible sensación de fracaso e inutilidad, esa desesperante impotencia que lo envuelve cada vez que su maltrecho cuerpo se niega a obedecerle. Siente que pronto morirá de seguir así, seguro no sobrevivirá a esta misión si no logra curarse a tiempo; sin embargo, no es realmente esa posibilidad lo que le preocupa, ya que, como caballero de Atena, él perdió el miedo a la muerte desde hace mucho tiempo.
Las rodillas aún en el suelo, Degel se estira hacia atrás, extendiendo la espalda a todo lo que le permiten sus heridas, hasta el punto de máximo dolor, y con los brazos extendidos a sus costados, los puños cerrados y estrujados con una intensa ira, un último grito atormentado sale de su ya desgarrada garganta. Su orgullo de caballero despedazado, su honor de Santo Dorado destrozado por un cuerpo inútil, lo hieren más que cualquier hueso roto, que cualquier herida putrefacta. Al final, lo que le aterra más que perder su dignidad, es no lograr alejar de las manos asesinas de Hades a esta bella mujer que se ha apoderado de su corazón. Toda su vida esforzándose, sacrificándose para ser más fuerte, para cumplir su sueño y proteger a la persona amada, y cuando al final llega el momento culminante, su maldito cuerpo herido lo traiciona… Gruesas lágrimas de ira y frustración se desprenden de sus ojos, y con ambas manos se cubre la cara, envuelto como está en su último remanso de intimidad. El joven Santo de Atena inspira profundo para controlar de nuevo su dolor, su terror, mientras con ambas palmas se seca las lágrimas que dejó escapar. No puede permitir que Elsa, y mucho menos Deuteros, lo vean en un estado tan debilitado.
Enderezándose lenta y dolorosamente, Degel inhala profundo de forma repetida para desacelerar los latidos de su corazón, para suprimir bajo su voluntad la desesperación que permitió que se escapara de su control.
Lo que no sabe es que, aún cuando su voz fue retenida por la densa capa de hielo, Deuteros pudo sentir su cosmos ardiendo en rabia… y Elsa pudo escuchar el desgarrador lamento que hace vibrar la tierra debajo de él.
Sintiendo su corazón partirse, el poderoso Quinto Elemento se recarga en la pared de la cueva, tratando de esconderse de los otros dos, mientras silenciosamente deja correr gruesas lágrimas de empatía e impotencia.
oooooooooooooOOOOOOOOOOOOOOOoooooooooooo
Después de varios minutos, el trío recibe los tímidos rayos de sol que anuncian el amanecer rodeando el pequeño fuego que Deuteros está terminando de encender.
-Así que Sísifo te pidió que nos acompañaras. – Degel es el primero en interpelar a su compañero, aunque está seguro que conoce la respuesta a casi todas sus preguntas. El alto caballero asiente sin retirar su vista del fuego recién nacido, su poderosa voz retumbando en los árboles de alrededor.
-Así es. Llegué con él a estas tierras, y logré presenciar el combate que tuvieron con ese Juez del Inframundo, pero Sísifo me pidió que me quedara escondido cuando él intervino. – Deuteros resopla, discretamente molesto. – Es increíble que aún no pueda deshacerme de estar en las sombras, a pesar de todo el tiempo que ha pasado.
-Tal vez es porque Sísifo sabe que estás más cómodo actuando en las sombras, actuando sin que nadie se dé cuenta, amigo. Y a lo mejor él sí se dio cuenta de eso. Pero por favor, sigue contándome, ¿cuál se supone que es tu misión?
Deuteros se encoge de hombros.
-Sólo me dijo que los acompañara a lo lejos, al Mar Oscuro, o al menos eso le escuché, me ordenó que me asegurara de que, en caso de ser atacados, me encargara de los enemigos. Sin embargo, algo… algo me distrajo, - el hombre no logra evitar que se le escape una mirada furtiva hacia el pecho de la albina, y Elsa se encoje involuntariamente, una mano de inmediato saltando a cubrir sus senos, - por eso desafortunadamente actué demasiado tarde para evitar que los lastimaran. Les pido disculpas por eso. – Deuteros inclina la cabeza buscando sonar convincente, y Degel se yergue, un poco más tranquilo al saber que, en efecto, su misión es servir de escolta.
-No te preocupes, amigo, entendemos. No tienes idea lo mucho que me alegra ver que Sísifo sigue siendo precavido, y decidió mandarte con nosotros.
Deuteros asiente.
-Sí, veo que la lucidez de Sísifo sigue estando en su punto más alto. Le estoy agradecido por llevarme con él. – Una nueva mirada furtiva hacia la joven, y el hombre se estira un poco, tratando de disimular su desliz. – Bien, en lo que ustedes empiezan a desayunar, yo daré una ronda para comprobar que el perímetro es seguro.
-¿No desayunarás con nosotros?
Elsa trata de ser cortés. Por mucho que le incomode este hombre, es el compañero de Degel, y será su próximo guardián, el próximo hombre que arriesgará su vida para garantizar la seguridad de ambos. Al menos debe de mostrarse agradecida.
-No, gracias. – Deuteros, a pesar de las buenas intenciones de la joven, no le habla directamente a la cara, sino su mirada se dirige a un lado. - Aún es muy temprano para mí, y realmente no tengo tanta hambre. Deberían empezar ustedes. – Sin decir nada más, el hombre se levanta y se aleja de ellos, perdiéndose en el bosque.
Después de unos segundos, la antigua reina de Arendelle aún observa con desconfianza el camino que el incómodo compañero ha tomado, sintiendo una desazón en el pecho que no puede explicar, cuando Degel interrumpe el hilo de sus pensamientos.
-Recuerdo bien esa mirada. – El hombre le sonríe una vez que recupera su atención. – Sólo espero que Bruni no acuda a quemar el asiento de Deuteros.
Contra su voluntad, Elsa deja escapar una risita y se levanta de su asiento para arrodillarse frente a Degel, cargando su pequeña bolsa de curaciones.
-Bueno, si mal no recuerdo, te lo tenías merecido.
-¿Ah sí? ¿Cuál había sido mi pecado?
Esa sonrisa insegura se ensancha al recordar las primeras horas de su encuentro, mientras le ayuda al hombre a retirarse la camisola manchada, tratando de no sonrojarse conforme se van descubriendo ante ella perfectos y bien definidos músculos.
-Ser demasiado atractivo.
Degel ríe por lo bajo, pero después sisea ante el dolor del movimiento, a pesar de lo cual le dirige una sonrisa traviesa a la hermosa mujer arrodillada ante él.
-¿De verdad crees que soy demasiado atractivo? - Elsa hace una pequeña mueca llena de coquetería para después morderse el labio, resistiéndose a contestar. Pero Degel no va a dejarla ir tan fácilmente. - ¿Elsa? ¿No piensas contestarme?
Haciendo como que está muy concentrada en su labor, habilidosos dedos trabajando en liberarlo de las ensangrentadas vendas, la antigua reina de Arendelle se yergue más, echando los hombros hacia atrás y levantando la barbilla orgullosamente, a pesar de que la sonrisa traviesa permanece dibujada en sus labios.
-No pienso contribuir a incrementar el ego de este insulso caballero.
Degel ríe de nuevo, para luego sisear por las heridas, aunque su sonrisa no desaparece del todo.
-Está bien, lo acepto, no quiero que colabores en incrementar mi ego, pero de todos modos me confundes. ¿No debería haber sido algo bueno que yo te gustara?
Elsa se encoge de hombros.
-No, porque me molestaba que me prestaras tanta atención. Y, siendo completamente honestos, yo no quería aceptar que me gustaba que me miraras.
Una ceja de corte dividido se levanta llena de incredulidad.
-Wow… sí que son complejas las mujeres.
Elsa levanta los ojos inmediatamente ante las palabras, el ceño fruncido y unas palabras de protesta en los labios, pero se encuentra con los suaves de Degel, que la silencian de inmediato. El beso realmente no dura más que un par de segundos, pero es suficiente para calmar un poco la ansiedad creciendo en su pecho.
-Y es por eso que te amo.
Sin poder evitarlo, una sonrisa, esta vez dulce y llena de amor, dibuja el rostro de la albina.
-Lo sé.
Suave pero firmemente, los delgados dedos de la joven desprenden la tela empapada de rojo de la piel del caballero, densos coágulos de sangre seca dolorosamente aferrados a las heridas, haciendo más bien lastimero el proceso. Ambos se han quedado de nuevo en silencio, no queriendo mencionar las preocupaciones que cada uno sabe que el otro tiene, encontrando algo de consuelo en el placer que les produce el íntimo, aunque doloroso contacto que están teniendo. Pero Degel decide romper ese silencio.
-Estás muy callada…
La albina sigue trabajando diligentemente, esta vez sobre su piel, sintiendo como el hombre se estremece con el dolor, a pesar de aplicar frío sobre las heridas.
-Me duele verte así. Y me preocupa que apenas estemos iniciando el viaje.
-Estaremos bien, amor mío. Ya te lo dije, con Deuteros de nuestro lado, ya no hay nada que temer.
Ella quiere estar de acuerdo, pero algo dentro de su pecho le dice que él se encuentra muy equivocado, y que sus verdaderos problemas acaban de empezar. El santo de Atena nota el silencio apesadumbrado de la albina, y sujeta la delicada barbilla con dos dedos, haciendo que ella levante la vista hacia él.
-Estaremos bien, Elsa. Debes confiar en mí cuando te digo que ya no habrá nada más que deba preocuparte.
Afortunadamente, la albina no necesita contestar ni fingir que está de acuerdo, ya que Degel se inclina para besarla de nuevo, la tierna y suave caricia relajando, aunque sea un poco, el peso de esos delicados hombros.
Una vez que las heridas están limpias, y nuevas vendas colocadas, la pareja espera por el regreso de Deuteros unos minutos más, pero Degel, al ver que su compañero no da señales de aparecer, decide que se deberían adelantar en el desayuno.
-Lo más seguro es que haya ido a cazar para él solo.
-¿Quieres decir que no quiere sentarse con nosotros?
El caballero la mira con un gesto de disculpa.
-Descubrirás que Deuteros no es nada parecido a ninguna persona que hayas conocido jamás. Él es… diferente, no entiende muchas costumbres, siempre se mantuvo aislado de todo el mundo, así que no entiende los más mínimos convencionalismos, y se incomoda ante la presencia de la gente, principalmente de la que no conoce. - Mientras escucha a su amado, Elsa crea para ellos una elegante mesa de hielo y unas cómodas sillas, donde se sientan a tomar lo poco de comida que llevaron, mientras continúan la conversación.
-Te refieres a gente como yo.
El peliverde suspira, acostumbrado a este tipo de conversaciones cuando se trata de su compañero.
-No lo tomes personal, amor mío. Deuteros es agresivo y grosero incluso conmigo, aún cuando soy la única persona con la que ha tenido algo parecido a una amistad… además de su hermano.
-¿Él tiene un hermano? ¿quieres decir un hermano de sangre?
-Sí, un gemelo… aunque esa es una larga historia que no es mía para contar, pero que quizá él quiera compartirte algún día.
La joven sólo asiente, segura de que no ganará tal nivel de confianza con el alto caballero. Se conforma con que no la vea de esa manera tan perturbadora.
-¿Y cómo estás tú, amor mío?
Elsa se sobresalta ante la pregunta, ¿acaso se ha vuelto tan obvia?
-¿A-a qué te refieres?
-Tu brazo. Aún tienes la férula, pero veo que lo mueves con más soltura. ¿Todavía te duele?
La joven voltea hacia su brazo herido, y lo gira, para después abrir y cerrar el puño, probando su sensibilidad, y el descubrimiento le hace sonreír.
-Tienes razón. La verdad es que ahora sólo es una vaga sensación en el hueso. Pero creo que estoy lista para quitarme esto.
-Yo creo que deberías dejarlo puesto un tiempo más.
Sonriendo retadora, y sin quererlo un poco provocativa, con un rápido movimiento de la muñeca hace desaparecer el artilugio.
-Ups…
Degel ríe un poco en respuesta a su gesto pícaro a la vez que niega con la cabeza.
-No te conocía ese lado desobediente.
-Hay muchas cosas que aún no conoces de mí.
-Y seguro me encantará conocerlas.
La sonrisa de Elsa se amplía ante sus caballerosas palabras mientras coloca frente a él la porción de comida que le corresponde, agradeciendo profundamente la obsesión de Gerda en cuidar de 'sus niñas' e impedir a toda costa que ella se fuera a su viaje sin llevar un paquete de comida.
Después de esa pequeña plática se sentaron a la helada mesa en silencio, cada uno sumido en sus propios pensamientos. El llamado desayuno más bien parece cena (aún estaba relativamente oscuro cuando comenzaron), consistiendo sólo en un poco de pan con bacalao salado y glögg, cortesía de las amorosas manos de su nana.
Degel está muy silencioso, sus movimientos aún lentos y pausados, apenas da dos mordidas a su comida, la cual ahora sólo observa, absorto en sus pensamientos; es por eso que, después de tratar de llamar la atención del caballero un par de veces, sin éxito, Elsa se incorpora de su lugar, y con su magia hace que la mesa se mueva súbitamente hacia un lado para poder hincarse de nuevo frente a él, en medio de sus piernas, posando cada mano sobre sus poderosos muslos y mirándolo intensa pero femeninamente; el brusco movimiento, sumado a la inesperada aparición de la beldad en su campo de visión, sobresaltan al peliverde.
-¿E-Elsa…?
Los movimientos de la mujer son suaves, pero felinos, mientras la mirada azul penetrante a través de las largas pestañas provoca intensas emociones en el caballero; sin retirar la vista de él, ella se acerca lentamente, posando sus rojos labios en los del hombre, al principio apenas como un roce, una caricia, pero poco a poco el beso se hace más profundo, más demandante, y Degel responde con todo su ser, una mano en la nuca de ella para atraerla más a él. Ambas manos de la albina suben desde los musculosos muslos hacia su costado, para posarse suavemente sobre el pecho de él, acariciándolo, y Degel, ya excitado, gruñe bajo los labios de ella, provocando una sonrisa de satisfacción en la diosa nórdica. Aturdido por las sensaciones, el joven caballero aprisiona con el otro brazo el cálido cuerpo, pegándolo al suyo, acallando los gritos de su cuerpo adolorido y escuchando otras partes que ahora le exigen tener contacto con esta bella mujer. Elsa rodea su cuello con ambos brazos, mientras el beso se hace más desesperado, más ardiente. Cuando la mano de él llega a su costado, ella siente claramente como unos dedos furtivos acarician la base de su seno y hábilmente evaporan la tela que lo protege; el movimiento, aunque placentero, parece despertarla del trance, y la joven se estira hacia atrás, al mismo tiempo que pone ambas palmas sobre el duro pecho varonil para empujarlo suave pero firmemente, rompiendo el beso y el íntimo abrazo, para disgusto y decepción del caballero.
-Tenemos visitas… no creo que sea apropiado…
Estirándose un poco más, Degel le sonríe, robando un último beso, sus ojos aún cerrados.
-Tú empezaste…
Elsa ríe, posando sus dedos sobre los labios insistentes de su amado.
-Y por eso lo estoy terminando, ya deberíamos irnos, está amaneciendo.
-No es justo, lo que acabas de hacer es una crueldad.
Como respuesta, la joven suelta una suave risa y le da un beso en la frente, para después incorporarse, mientras que con un elegante movimiento de la muñeca cierra el orificio que su ansioso amante ha creado en la mágica tela.
-Tengo que lavar estas vendas, ya no me quedan más, y apenas estamos empezando el viaje. Termina tu desayuno, necesitamos que estés lo más fuerte posible. Prometo no tardar. - Con un último beso, antes de que Degel pueda protestar, Elsa toma sus enseres de curación y camina lo más rápido posible, mientras siente su pecho constreñirse de preocupación por las heridas de este hombre que tiene su corazón atrapado. Ahora sabe que, si algo le pasara a Degel, si por protegerla, él terminara aún más lastimado, o peor, muerto, ella no podría vivir con eso, ahora entiende que ya no podría vivir sin él. Se está enamorando tan profundamente de este hombre, que está segura de que no podría soportar perderlo. Y por más que quiera negarlo, que quiera mostrarse positiva, a cada paso que dan, pareciera que ese destino aciago se cierne sobre ellos cada vez más. Tratando de impedir que el caballero note cómo lágrimas de preocupación y desesperanza surcan sus rosadas mejillas, Elsa acelera el paso. En ese momento Gale pasa al lado de ella, acariciando su húmeda mejilla y tratando de animarla. En agradecimiento, el Quinto Elemento le sonríe al travieso espíritu, y mientras camina, en un arrebato de orgullo, sacude la cabeza y con un enérgico gesto, usa el dorso de la mano para limpiar las atrevidas lágrimas.
-Tienes razón Gale. No puedo dejarme caer ahora, mi hermana, Degel y todo Arendelle, todo el mundo, me necesitan entera. No me voy a dejar vencer por la preocupación.
Levantando la barbilla, y con una mirada briosa, Elsa camina con paso decidido hacia la profundidad del bosque, donde recuerda que alguna vez Olaf tropezó con un arroyo durante su primera visita en el Bosque Encantado, y el recuerdo del amoroso muñeco la hace sonreír.
La luz del amanecer empieza a filtrarse a través de las hojas de los árboles cuando finalmente llega al arroyito, y sin más preámbulos, la antigua reina de Arendelle se arrodilla sobre las húmedas piedras de la orilla, manchando su majestuoso pantalón mágico de lodo. La joven se alegra de haber vivido ya una temporada con los Northuldra, acompañándolos en actividades tan mundanas como lavar ropa en los arroyos o cualquier fuente de agua, así como atender pequeñas heridas y moretones de los cazadores o niños traviesos, pues de haber sido aún la mimada reina que tenía Arendelle, seguramente se encontraría perdida y aterrada ahora; pero a la vez, se lamenta por no haber prestado más interés en el trato que les dan a las lesiones más serias, a las heridas que requieren que el curandero en turno se empape las manos de sangre. Si hubiera tenido un poco más de conocimiento, seguramente podría ayudar mejor a Degel. Mientras talla las enrojecidas vendas, se entristece aún más al ver como poco a poco la cristalina agua se va tiñendo de rojo. Esa es, ciertamente, mucha sangre.
-Seguramente es la consecuencia de tantos golpes, esos terribles espectros debieron haber abierto las heridas que apenas empezaban a cerrar… - La joven se endereza, sentándose sobre sus pies, mientras que, con una mirada triste, observa las manchas rojizas perdiéndose en la corriente del agua. - Con tanto sangrado es demasiado riesgoso que siga el viaje hasta Ahtohallan. ¿Qué vamos a hacer?
-En tu lugar, yo lo abandonaría. - Elsa se sobresalta ante la profunda voz detrás de ella. De inmediato, se incorpora y da media vuelta, para encontrarse con el Santo de Géminis mirándola fijamente, su cara inexpresiva, pero sus ojos con un fuego que la hace estremecer. Elsa da unos pasos hacia atrás, ya sintiendo su corazón corriendo velozmente. A pesar de ella misma querer salir corriendo de ahí a toda velocidad, la joven se obliga a endurecer la mirada, haciendo todo lo posible por no mostrar debilidad frente a ese hombre que la intimida, y a la vez, no manifestarse abiertamente hostil. Es el compañero de Degel, después de todo.
-Deuteros… ¿Qué haces aquí? Degel…
El alto hombre da un paso hacia ella, y sin poder evitarlo, Elsa trata de dar tres más hacia atrás, pero su espalda choca con un grueso tronco. Sobresaltada, con una mano ya colocada sobre su suave seno mientras siente el corazón desbocado, la mujer voltea a ver al caballero a los ojos, la mirada desafiante perdiendo su impacto cuando el caballero nota su respiración agitada. Deuteros da otro paso hacia adelante, y sus ojos bajan hacia el cuerpo aún núbil, esta vez con una mirada extasiada, para de nuevo fijarlos en los profundos azules de ella.
-Su Majestad debe ser consciente de la evidente y aciaga verdad que se cierne sobre mi compañero, el Santo de Acuario. No puedo decir que Degel vaya a estar bien. Sus heridas son serias, y aún le falta una misión más por cumplir, después de terminar esta. Eso, si logra terminarla.
A pesar del temblor que siente, la albina consigue mantener su voz templada y seria.
-No es necesario que me llame de esa forma, pues he renunciado al trono, así que ese título ya no me corresponde. Por otro lado, lamento mucho que alguien como usted se exprese de esa forma de un compañero de armas. ¿No se supone que están del mismo lado?
El gesto de Deuteros se endurece.
-Yo no estoy del lado de Degel, ni de nadie más que no sea Atena. Sólo a ella le rindo honores. El resto de los Santos Dorados… ¡por mí se pueden ir al infierno!
La inesperada explosión de efusividad la toma por sorpresa, y ella se pega más al árbol. La mirada del alto caballero se enciende, dando dos pasos más hacia ella. Presa de la profundidad de los espeluznantes ojos índigo, la bella mujer sólo puede sentir el terror que la tiene paralizada. Pero se niega a dejarle ver el pánico en sus ojos, por lo que trae a su mente los gestos y exabruptos de su hermana, haciendo todo su esfuerzo por imitar su ferocidad, logrando que su gesto al menos se vea agresivo.
-Preferiría que no de un paso más…
Sus palabras y el cambio de expresión caen de sorpresa al hombre, el cual se detiene, dubitativo, a unos pasos de ella, para segundos después sonreírle con condescendencia. Sin decir una palabra, el alto caballero estira el brazo y con una mano le acaricia la mejilla, en un gesto tan suave que se antoja más bien inverosímil en alguien rudo como él. El contacto de su áspera palma le quema la piel de una forma desagradable, pero Elsa no puede rechazarla, se siente atrapada en un bloque de hielo, imposibilitada para moverse, mientras él vuelve a barrer su cuerpo con una mirada.
-Eres muy, muy hermosa. - Mientras sus ojos recorren el níveo cuerpo con lentitud, una sonrisa torcida se forma en los labios de Deuteros, hasta que de nuevo encuentra los ojos de la albina, y la oscuridad que hay detrás de ellos provoca en la joven un pavor que no puede describir, que no logra entender, mientras él le susurra con complicidad. - Pude verlos ¿sabes? ver lo que él te estaba haciendo en la cueva… y lo que vi me dejó sin habla. - Ya a solo un paso de ella, el hombre inhala profundamente, el perfume de la mujer ensanchando su sonrisa, del placer tan intenso que le provoca. - En resumen, jamás en la vida había visto un cuerpo tan delicioso...
La confesión hace que el corazón de Elsa se desboque de terror, pero que a la vez la saca del trance en el que se encontraba, y en un arrebato que ella desconoce como suyo, lo empuja fuertemente del pecho, para salir en una carrera desbocada, buscando alejarse lo más pronto posible de la amenaza que siente se cierne sobre ella, sin jamás detenerse a mirar hacia atrás, olvidando completamente las vendas y los utensilios que ha abandonado en su huida.
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A/N: Bueno, primero por favor no me maten. Yo adoro a Deuteros, no me malinterpreten. Pero no creo que un hombre salvaje como él sepa ser bueno con una mujer como ella. En fin, veremos qué tan lejos lleva sus intenciones este bellísimo gemelo para con nuestra diosa, y veremos también si Degel logra finalmente curarse.
En otras cosas… Oh Dios Mío! Acabamos de cumplir un año del inicio de la publicación de Cosmos Congelado! Que emoción! Muchas gracias Oriana, por habérmelo hecho notar! Les agradezco de todo corazón a todos los que han dejado sus valiosísimos comentarios en esta historia. De verdad que cada uno ha sido importante para mí, me han hecho crecer pero sobretodo, me han hecho muy feliz. Deseo de todo corazón que sigan conservando su salud y la de su familia, en estos días el tesoro más valioso que tenemos.
Permítanme contestar a unos bellos comentarios:
Annabellaurda: Me alegra mucho que te alegrara que haya incluido a Deuteros, el tipo es genial, no? Veremos como se relaciona con estos dos, y aunque no va a ser agradable, espero que aún así te guste.
Anna Lovers Fans: I´m sorry Anna is not the 5th spirit, but I still like her as Queen, so she´ll have a very important place in this story, hope you like it!
Oriana Hernández: Muchísimas gracias por tu comentario taaan largo! Lo adoro! Me alegra muchísimo que ff nos permita tener esta conversación. También feliz navidad y feliz año nuevo para ti! Aunque sea con retraso, te lo mando con todo cariño. También me alegra mucho que el año haya terminado, ahora esperemos que este nuevo que empieza lo haga con mayor esperanza, y que nos encuentre siendo mejores personas.
Lamento de todo corazón lo que le pasó a tu hermana, se que no hay palabras que puedan ayudarte, ni hacerte sentir mejor. Pero al menos puedo decir que estoy contigo, que te mando un abrazo tremendo, que rezo todos los días para que termine esto, y que puedas estar bien. Porque seguro que estarás bien. Tienes razón conque este año ha sido muy duro para todos, en mayor o menor medida, pero es algo que jamás olvidaremos, que dejó huellas profundas en cada uno de nosotros, y que desafortunadamente aún no ha terminado. Pero como dices, debemos mirar hacia adelante para poder seguir dando lo mejor y mejorar nuestra situación. Muchas gracias por tus palabras de aliento, de verdad tomaré en cuenta todas tus recomendaciones y trataré de aplicarlas. Trataré de no dejarme vencer.
Oh dios mío! Tan embebecida estaba que no había notado que ya se logra el primer Aniversario de Cosmos Congelado! Muchas gracias por recordármelo! Habrá que hacer algo para festejar. Que linda que te hayas fijado, es un súper detalle!
Respecto al fatalismo de Degel, espero que este capítulo lo explique un poco mejor: está desesperado porque se siente inútil con sus heridas, y sabe que un cuerpo inútil es una muerte segura, en su campo de trabajo. Pero pronto se recuperará, y lo tendremos poderoso como siempre, ya verás! Pero primero tiene que sufrir un poco. Solo esperemos que Elsa aguante un poco de negatividad. Ah! Y no te preocupes, yo también soy muy mentalidad de Disney! Me encantan los finales felices… o casi…
Respecto a lo de Anna y Kardia… la verdad estoy teniendo un remordimiento de conciencia, porque yo los quiero juntos, pero Anna… bueno, ella ama a Kristoff, así que estoy perdida en cuanto a cómo unirlos, cómo hacer que se logre algo… veremos que me depara estos días, donde tengo un bloqueo de autor, esperando que me permita hacerles una buena historia.
Hablando de Deuteros, la verdad Geminis siempre me ha fascinado, pero en Lost Canvas, TODOS los caballeros dorados son increíbles, geniales, adoré principalmente a Albafica de Piscis y Manigoldo de Cáncer, pero a los que ya amaba terminé amándolos más, y eso incluye a los gemelos malignos: la historia de ellos es muy buena, y me encantó más el Gaiden, pues platica las historias de todos ellos dos años antes de la Guerra Santa. Y en esa historia, el primero en encontrar a Deuteros, y descubrir que Aspros es malo, es, precisamente, Degel. Te lo recomiendo completamente. Aunque lamento decirte que por ahora no creo incluir más caballeros, una sugerencia de un comentario me hizo considerarlo, y al final no pude dejar a un lado la enorme tentación de incluir a este fantástico gemelo… veremos qué relación guarda con nuestra bella pareja.
Oh! Platícame por favor más sobre el Roleplaying!
Me encantaría leer tus historias, aunque no tengo wattpad, así que descubriré ese mundo interesante. Aunque ahorita estoy estudiando para una certificación (curiosamente, estudiar me inspira mucho… que raro!), pero te contaré en cuanto me meta a la página!
Por favor cuídate mucho y sigue escribiendo y escribiéndome. Tus palabras siempre me hacen feliz, y más cuando son muchas, muchas palabras.
Te mando un abrazo!
