NI SAILOR MOON, NI SUS PERSONAJES ME PERTENECEN, TODO ES OBRA DE NAOKO TAKEUCHI. LA CANCIÓN "LA CARRETERA", PERTENECE A PRINCE ROYCE. LA HISTORIA SE ESCRIBE PARA ENTRETENER AL LECTOR A PETICIÓN DE MI ESTIMADA AMIGA Y LECTORA ROSHELLBRIEF.


Prólogo: La carretera.

En la oscuridad del camino lo único que se ve son la luz de la luna y los faros amarillos de un automóvil, las gotas golpetean con fuerza el capote del vehículo. Dentro de él una mujer recarga su cabeza sobre la ventanilla, sus ojos están cerrados, su respiración parece tranquilizarse después de mucho tiempo. La relaja esa armoniosa lluvia que azota fuera del vehículo, tiembla y un suspiro hace que el piloto la mire de reojo.

—Sé que no soy la persona que desearías que estuviera aquí en este momento —dice el piloto intentando ser paciente con la chica, la mira de reojo y la cubre con su abrigo para evitar que tenga frío. —Mira… sé que he sido un imbécil contigo, que te he presionado mucho, pero entiende que me preocupas.

Silencio, uno sepulcral que le hace apretar el agarre del volante, sabe que ella está más calmada y está despierta, aunque tenga los ojos cerrados. Mira como se empaña la ventanilla del copiloto, como odia que lo ignore así que opta por encender el clima para que ella no muera de frío.

—¿Qué es lo que dices que Tenoh hacía? — la mira de nuevo de reojo al notar que brincó al mencionar aquel apellido. —¡Es cierto! El paisaje es verdaderamente hermoso, los árboles se ven vibrantes bajo…

—Qué estúpido eres, es de noche y llueve fuertemente, ¿cómo es que puedes describirme el paisaje Mamoru?

—¿No dices que eso es lo que Tenoh hacía? Solamente quería hacerte sentir mejor.

—Tenoh… —bufa con dolor— ni siquiera me crees sobre la existencia de Haruka, no me crees que el amor de mi vida desapareció y no lo entiendo.

—Michiru has estado bebiendo mucho desde que esa persona desapareció… —eso último lo dice con algo de duda, no le cree, su hermana está delirando desde hace unos meses y hoy como cada noche de viernes tuvo que ir por ella a otro bar.

—¿Lo notas? Parece que te burlas de mí, me crees una loca.

—Yo jamás vi a esa tal Haruka, en la vida, nunca. Eres mi hermana y me preocupas, lo mejor será que vayas a un retiro hasta que tu salud mejore.

—¿Así le llamas al psiquiátrico? Y no eres mi hermano, eres mi medio hermano, son cosas diferentes.

—Compartimos la misma madre ¿no? Eso nos hace hermanos.

—Será lo único, porque ni el apellido compartimos.

—Dios mío Michiru— en un brusco movimiento Mamoru estaciona el auto y toma el brazo de su hermana con fuerza. —Me tienes cansado con estas actitudes, yo no tengo la culpa de que seas una inútil.

—¿Inútil? — le dolió, odió que él le llamara de esa forma.

—Eres una maldita ciega, una que me tiene cansado, parezco tu estúpido lacayo. He intentado ser paciente contigo porque le prometí a mi madre que te cuidaría… pero eres más pesada que una losa, me tienes cansado y tu locura me asquea. Nadie más que tú vio a esa persona, nadie conoce a Haruka Tenoh, estás loca, maldita.

—Deja de lastimarme, por favor… —se quejó, el agarre de su hermano era más violento.

¿Cómo es que la discusión había escalado tanto? Ni Michiru lo entendía, de hecho, por más que su hermano y ella llegaran a pelear nunca se habían dicho cosas tan crueles o llegaban a una violencia física. En este momento las cosas se estaban saliendo de control y ella había comenzado con esto, pero Mamoru, él ya estaba cayendo en lo físico.

—¿Qué pare? Soy tu hermano mayor y me merezco respeto, hace mucho que debí enseñarte lo que eso significa, niña idiota. Ciega petulante e imbécil…

—Seré ciega, pero a mi mando la empresa es mejor que cuando tú eras el presidente — lo interrumpió y sonrió en sorna por aquella verdad.

—¿Crees que tu amor inventado podrá salvarte esta vez?

—No es inventada, Haruka existe.

—Ya perdiste la cordura, perra enferma.

La temperatura comenzó a descender a pesar de que el clima caliente dentro del auto estaba encendido. Mamoru soltó su brazo, levantó su mano y golpeó fuertemente la mejilla de su hermana; la chica no necesitaba ver para saber que su hermano la miraba con odio.

Acaba con ella, ambos sabemos que tu vida sería más sencilla si esta discapacitada no existiera. Acéptalo Mamoru, no fue tu culpa que naciera ciega, tu madre arruinó tu vida al casarse de nuevo con el padre de esta puta. Ni siquiera acepta que gracias a ti sigue viva, mátala, mata a esa perra de mierda. Toma su cuello entre tus manos y rómpelo, ni te considera su hermano.

Aquella voz, Michiru la conocía muy bien, sobre todo sabía de quien era esa abominable presencia, una que llegó antes de que Haruka apareciera en su vida. Era raro, aún sin ver, Michiru podría reconocer perfectamente al ser. Cabellos negros y largos, ojos azules, la voz podría parecer dulce cosa que era perfecta para meterse en la mente de la gente.

—Mamoru, debes detenerte, este no eres tú.

—¡Te odio! Me quitaste lo que por derecho es mío, soy el primogénito y me merecía ser el presidente toda la vida —golpeó de nuevo la mejilla de Michiru.

—Para—suplicó.

—No me hagas reír, sin ti mi vida sería mucho mejor, más tranquila y feliz. Hoy voy a recordar lo que me pertenece.

Perra inmunda — la voz de su hermano y ese ser se hicieron una. En ese momento Michiru giró su rostro a la izquierda. — Ah, parece que la perra me ve… ese es un decir — se rio.

—¿Por qué no la recuerdan?

—¿De qué hablas desgraciada? —Mamoru estaba desconcertado, vio el movimiento del rostro de su hermana. El desvió su rostro para ver a quién lanzaba esa pregunta, pero no había nadie en el asiento trasero.

—¿Dónde está Haruka? No pudo irse con alguien más, no pudo esfumarse como esa mujer dijo.

—¿Con quién hablas desquiciada? — tomó sus hombros para sacudirla con fuerza.

—¡Dónde está Haruka! —exigió una respuesta con ese grito y no pudo evitar que un par de lágrimas se derramaran por su rostro.

Lo sintió, el tiempo parecía ir lento por unos segundos, lo sabía porque la forma en que su hermano la sacudía era fraccionada.

—Que forma tan maleducada de saludarme es esa, mi amada Michiru —comentó burlón.

—¡Responde!

—¿Por qué preguntas por mi contraparte?

—Dime, ella no pudo abandonarme.

—Supongo que la deidad estaba muy molesta con ella siempre la retó, ya sabes, cometió muchos errores. El peor fue meterse conmigo, interponerse entre nosotros.

—No hay nosotros, entiende.

—¡Oh, vamos! Si me aceptas podría romper el pacto que tengo, ya sabes… necesito destruirlos.

—¿No era lo que ibas a hacer desde un principio?

—Bueno, me enamoré y no pude hacerlo, necesitaba más tiempo contigo y luego apareció mi contraparte.

—Tú no puedes amar.

—Sólo quiero que seas mía, hazlo y dejaré que él pare —señaló a Mamoru—, o tendré que cumplir con mi pacto. Ya no cuentas con su ayuda, nadie de ellos vendrá a salvarte. Desde hace mucho la deidad te abandonó, solamente me tienes a mí.

—Jamás aceptaría tu propuesta, Haruka dice que ustedes no pueden sentir amor, solamente tienen lujuria y posesión.

—Oh… —sonrió y se acomodó en el asiento trasero, cruzó una de sus piernas — ¿sabes por qué la llamo contraparte?

—Son opuestos.

—Exacto, nacimos de la misma fuente, la deidad. La diferencia recae en que yo preferí hacer mi propia voluntad, junto con nuestro señor; mientras que los seres como mi contraparte prefieren adorar, servir y cuidar a la deidad. En lo demás somos iguales, ustedes nos importan un carajo ¿crees que ese ser te pudo amar? Si yo no amo, menos Haruka Tenoh… — él chasqueó sus dedos y las manos de su hermano subieron a su cuello.

—Mientes, tú mientes Seiya Kou —fue lo último que dijo antes de sentir las manos de su hermano apretar su cuello.

Y en la radio está tocando tu canción
La que bailamos tantas veces tú y yo
Y la lluvia cae tan fuerte en mi ventana
Y se evapora como gotas de tu amor

La radio del automóvil comenzó a sonar, Michiru se quedó fría al recordar aquella canción que tantos recuerdos le traía con Haruka. Su piel se erizó cuando su tibia lagrima comenzó a derramarse por sus mejillas, sus ojos se cerraron, se daba por vencida ante la fuerza de las manos de Mamoru.

Y las luces de los autos brillan como las estrellas
En el cielo del dolor
El camino va pasando y yo voy acelerando
Como quien busca el amor
Yo te busco, como un loco, dime…

¡Mátala!

Michiru escuchaba los gritos rabiosos de Seiya al notar que el hermano de Michiru comenzaba a disminuir la fuerza de sus manos. La chica de cabellos turquesa comenzaba a respirar, podía sentir la presencia de ese ser de inframundo elevarse, cosa que hizo que su hermano apretara de nuevo su cuello.

Hazlo, tu vida sin ella será mejor, humano miserable haz lo que te ordeno.

Y te digo que te extraño
Que eres tú toda mi vida
Que me ahogo en el alcohol
Que no acepto que termine esta historia tan bonita
Esta historia de los dos

—No… no eres tan fuerte, eres solo un ser inútil Seiya — se burló al sentir otra presencia a su lado.

¿Dónde estarás? ¿dónde estarás?
¿Todavía piensas en mí?
¿Dónde estarás? ¿dónde estarás?
Yo sigo pensando en ti

Ya lo veremos, perra de mierda — era una lucha para hacer que Mamoru parase de ahorcar a su hermana o hacer que al fin la liquidaran. Esas dos potestades no se rendirían, una ganaría la batalla.

Continuará...