NI SAILOR MOON, NI SUS PERSONAJES ME PERTENECEN, TODO ES OBRA DE NAOKO TAKEUCHI. LA HISTORIA SE ESCRIBE PARA ENTRETENER AL LECTOR A PETICIÓN DE MI ESTIMADA AMIGA Y LECTORA ROSHELLBRIEF.
Sin tu amor.
11 meses antes…
Los pasos resonaban potentes en el pasillo que conectaba las salas, hasta ese momento aquellos zapatos blancos eran el único ruido del lugar. Caminaba con las manos dentro de los bolsillos, le habían requerido en el lugar, miraba de un lado a otro, pero no encontraba la sala indicada. Entonces se detuvo, se llevó la mano al pecho y en su rostro se pudo reflejar una leve mueca de desagrado. Ahora el ruido de sus pasos era consumido por sollozos y palabras de confort.
Todos vestían de negro, pero aquella figura de traje blanquecino y cabellos cenizos parecía no prestarles demasiada atención. Caminó directo al altar, muchas flores blancas y coronas destacaban en él, su rostro sereno apareció en el reflejo del portarretratos. Sus ojos esmeraldas se posaron en la imagen, no lo podía entender.
—¿Por qué? — aquel grito desgarrador no hizo que girase su rostro para ver a la mujer que exigía una explicación al viento. No, aquella persona de cabellos cenizos movía su cabeza de un lado a otro para encontrarle la forma a la imagen.
—Tranquila, sé que tu dolor es demasiado fuerte y no es algo que puedas entender. Así es la vida, dolorosa por momentos, pero aquí estoy para mermar un poco tu dolor.
—¿Te castigaron? — le preguntó la figura de cabellos cenizos a la que hablaba con la mujer que lloraba.
—No, no me castigaron —miró a la figura de cabellos cenizos y soltó unos segundos a la persona que abrazaba.
—Me hubieras llevado también, es que no puedo con este dolor, ¿por qué te lo llevaste?, ¿por qué te llevaste a mi bebé? Te dices un ser piadoso y causas mucho dolor, ¿por qué a mi bebé?
—Mi querida, la deidad no es mala o cruel, poco a poco te recuperarás, tu dolor siempre estará presente, pero aprenderás a vivir con él —volvió a rodearla con sus brazos, sus ojos azules miraron con reproche a la figura de cabellos cenizos.
—No lo entiendo, ¿por qué sufre por alguien que no conoció? Ni forma de humano tiene, no todavía, no en esta imagen.
—No necesitas entender, solamente sentir, lo sabes —al fin la figura de cabellos cenizos fijó su mirada esmeralda en la otra figura de ojos azules. Ese ser de cabellos rubios y peinado de coletas, suspiró.
—Claro, siento todo el dolor que cargan estos humanos… simplemente no lo entiendo, no conocían nada de él. Murió dentro de ella, ni una imagen decente tienen de este ser tan frágil ¿por qué les duele tanto?
—El creador dice que el amor a los hijos es el más sincero que existe, esa debe de ser la razón. No es necesario conocerlos, simplemente crean un lazo —levantó sus hombros.
—Sienten lo que les conviene —hizo otra mueca.
—¿Cómo dices?
—Los humanos, sienten lo que les conviene. Como ella, no lloró la semana pasada que atropelló a un perro… —miró a la mujer que la figura de coletas rubias consolaba— y mírala hoy, llorando por un ser que nunca vio.
—No nos corresponde juzgarlos, ese es el trabajo de nuestro padre —acarició el cabello de la mujer.
—Estos seres son patéticos, no entiendo la razón por la que la deidad no los eliminó cuando pudo. Cada oportunidad que les da, ellos la desperdician.
—Ten cuidado con lo que hablas, cada vez piensas más como ellos.
—No, no soy como ellos. A pesar de que los humanos me parecen patéticos y desagradables, jamás desobedecería las órdenes del creador.
—¿Desagradables? Si los humanos te desagradan, entonces también te desagrada nuestro padre. Recuerda que los humanos están hechos a su imagen y semejanza.
—Igual que nosotros, o los otros seres vivos, la tierra, el aire, el fuego y el agua. Todos y cada uno de ellos tienen parte del creador, sin embargo, los únicos que destruyen por placer son estos seres tan desagradables. Como esa a la que consuelas, ella no tuvo la decencia de parar su auto y llevar a ese pobre cachorro a que lo atendieran, le pasó la llanta trasera, como si no le hubiera bastado lo que hizo con el cofre y la primera llanta —se acercó a la mujer, se puso de cuclillas para quedar frente a su rostro—. Hoy le llora a un ser que no conoció, pero que llevó dentro, ¡que hipocresía!
—Te lo repito, no nos toca juzgar a esta humana.
—El padre lo hará, lo sé… —seguía mirando los ojos de la mujer— aún así, puedo sentir su dolor y eso me hace diferente a los seres de bajo astral.
—Entonces los humanos para ti son desagradables por su condición inmoral ¿no? —vio a la figura de cabellos cenizos afirmar — Nosotros también tenemos esa desagradable condición, no somos todo amor y ternura. ¿Acaso olvidaste a nuestro hermano y sus seguidores?
—Nosotros no somos como ellos, yo jamás levantaría una mano en contra del creador o haría algo que retase su voluntad.
—Seguramente nuestro rebelde hermano desterrado pensó lo mismo, lo curioso es que cuestionó la voluntad de la deidad. Entonces, no somos tan diferentes de los humanos, siempre que estemos en comunión con nuestro padre, jamás cometeremos tal aberración.
—No me gusta que nos compares con los humanos, sin embargo, entiendo tu punto. ¿Para que me llamaste? —se puso de pie.
—Consuela al hombre de allá —señaló— es el padre del ser que murió en el vientre de esta mujer.
—¿Me estás castigando? —sonrió.
—Es parte de nuestro trabajo y lo sabes.
—No, es el trabajo de nuestros hermanos de primera jerarquía, nosotros estamos en la segunda, regulamos sus funciones, no hacemos su trabajo.
—Pues el padre dio esa orden, hoy ayudamos a los de primera jerarquía… no olvides que nosotros formamos parte de ellos no hace mucho.
—Siglos, si le damos temporalidad como los humanos, hace siglos que dejamos de ser de la primera jerarquía.
—¿Y? ¿Retarás la voluntad de la deidad? Aseguraste que no lo harías —se burló.
—Eres lo peor —siguió el juego, se acercó al hombre que estaba detrás de una columna—. Lo lamento, yo no soy como mi hermana, no podré darte palabras de consuelo… este hombre va a explotar.
—Sufre por el ser no nacido, la pena de su mujer y la suya. ¿Creíste que te iba a dejar algo fácil? Eso te pasa por querer escaparte de este trabajo.
—Pobre humano… —lo miró, este no era tan malo como la mujer, errores tenía, pero ni uno tan grave como para que los ojos esmeraldas lo vieran como un asesino — lo mejor que puedo hacer por ti es esto.
Lo tomó de los hombros y a los segundos el hombre cayó sobre sus piernas, los gritos eran más desgarradores que los de la propia madre. La gente se acercaba para pedirle que se tranquilizara, que se comportara como un hombre, que ponía mal a su mujer. La figura de ojos esmeraldas frunció el ceño.
—¿Por qué debería reprimir su dolor? ¿es porque es varón?
—Los humanos tienen creencias absurdas algunas veces —respondió la de ojos azules.
—Perdón… no puedo controlarme —gemía el hombre.
—Y no debes hacerlo, llora que tú también perdiste un hijo — susurró la de ojos esmeraldas a su oído.
—Yo también perdí a mi hijo… yo también estoy sufriendo, necesito sacar esto… necesito sacarlo y ser fuerte para mi mujer mañana.
—Lo ves… —sonrió la de mirada azul — tu instinto de protección a los humanos permanece intacto Haruka.
—Ja… hay cosas en sus costumbres que me parecen estúpidas, es eso. Así que no molestes Usagi.
—Sigue dando consuelo a ese humano, tenemos mucho trabajo hoy.
—No tanto como el del mensajero de la muerte.
—Hoy nos tocan muchas encomiendas por su causa, Hotaru está muy ocupada en estos días.
—Porque estos humanos patéticos se matan entre ellos.
—Ya, deja de llamarlos así o…
—¿Qué?
—La deidad te podría castigar.
Esas palabras le calaron, no quería hacer enojar a su padre, no quería que degradaran su jerarquía y si así de vez en vez trataba con los humanos, era soportable a tener que velar por uno. Haruka realmente cuestionaba la existencia de esa parte de la creación, no obstante, debía de cuidar de los seres más frágiles a los ojos de la deidad. Los humanos eran carentes de sentido común o eso le parecía al ser de cabellos cenizos, faltos de comunión con el creador, engreídos y altaneros que pensaban tener el derecho para destruir todo lo que a su padre le costó hacer de la nada, pero con el amor más puro.
Si los humanos hablaban del amor de los padres por sus hijos como algo incondicional, ¿por qué no cuidaban de la creación de la deidad?, ¿por qué no cuidaban de ellos? Humanos, tan patéticos como frágiles, tan indignos de la vida y el perdón. Al menos desde su visión, pero no en la de su padre, él amaba a sus seres imperfectos como una bella obra de arte y sí, necesitaban de cuidados especiales.
—Al fin — dijo Haruka cuando el hombre se quedó dormido.
—Necesitamos irnos — se levantó Usagi.
—¿Hay que ir a otra de esas ceremonias luctuosas?
—Me temo que… —un pergamino apareció en la mano de Usagi— yo debo de ir a escuchar las plegarias de un moribundo… tú…
—¿Yo qué? —levantó una ceja.
—Hay invocaciones a un ser de bajo astral.
—Pero si ya se sabe sobre esas invocaciones, ¿no se supone que nuestros hermanos de tercera jerarquía se ocupan de derrotar a esos seres inmundos?
—Ese es el problema, nuestro hermano caído a puesto de su poder para que sea difícil saber dónde, la categoría del ser de bajo astral y quién lo está invocando.
—¿Debo investigar?
—Si prefieres yo me puedo ocupar de esa encomienda y tú puedes ir a escuchar las plegarias.
—No te preocupes, yo tomaré la misión que nuestros hermanos de tercera jerarquía me asignaron. No los voy a defraudar — dijo tomando el pergamino, luego caminó a la salida
—Haruka… — le hizo detener su caminata— ten cuidado, no sabemos la jerarquía del demonio.
Continuará…
