Hola! Esta historia la tenía escrita hace bastante tiempo, pero no tomaba el coraje para subirla D: Aunque ahora que por fin me puse al día con ONE PIECE, no me aguante y la subí (Al menos la primera parte) No es el primer lemon que subo, pero si el primer yaoi. Espero que haya salido como quería :D
Sin nada más que agregar... COMENZAMOS!
Aclaración, los personajes no me pertenecen, son del gran Eiichirō Oda.
Capítulo 1 – Algo más que discusiones.
Sanji POV.
Tengo un pequeño problema y para toda persona que me conoce bien, podría resultarle molesto. Pero no logro evitarlo, ya que supuestamente, soy un mujeriego empedernido. Me desenvuelvo cómo chef principal en el restaurante de mi padre, desde que este se jubiló y siempre he cumplido mis obligaciones hasta el último detalle y a veces diría que se me pasa la mano, siguiendo sus enseñanzas.
-¡Quiero hablar con ese cocinero! – Miré el alboroto en el salón y suspiré, es lo que buscaba, pero realmente odio esta parte - ¡ESTÁ TRATANDO DE LIGAR CON MI NOVIA!
-¿Por qué supone eso? – El muy desgraciado le tiró el plato de postre al mesero, por suerte este logró atajarlo antes de que tocara el suelo o lo habría matado al comensal ahí mismo. En este había escrito con chocolate líquido, puedes llamar si me necesitas, atentamente el cocinero.
La situación estaba a nada de explotar y no sé si es por suerte o mala suerte, apareció el salvador de todos, el gerente y administrador del Baratie Roronoa Zoro. Silenció el bullicio con su sola presencia. Escaneo el lugar y al ver el caos que creé, YO ¡el excelentísimo chef Sanji Vinsmoke! suspiró "Este plato es para mi" afirmó. Sé de sobra lo que pasa por la cabeza de los demás… "mentira", pero nadie se opondría a las palabras del segundo al mando. Pues el primero, a pesar de su retiro, seguía siendo Zeff.
- ¡¿Qué harán con el?! – El ofuscado cliente seguía exigiendo mi castigo y vaya que esperaba tenerlo – ¡Es evidente que era para mi novia!
Zoro me mando a buscar y una vez que estuvimos cara a cara, el combate no verbal comenzó. Estos duraban cerca de 5 minutos hasta que el perdedor se rindiera y saliera del lugar. Mis ojos azules, no podían competir contra la mirada negra de Zoro hoy, así que luego de aguantar un rato en silencio admití la derrota.
-Lamento el malentendido señor, era para el cabeza de musgo ese plato – El hombre no me creyó e intentó agarrar mi delantal, pero soy mas rápido, logré esquivarlo – Me parece que solo busca pelea, porque le dije la verdad.
-Pues que vaya a algún bar si es así. Aquí no está permitido – La voz del gerente fue intimidante. Miró a la pareja y luego de una inclinación leve de cabeza, Zoro me cogió por el brazo para alejarme del salón. Los demás personales se apartaron de nuestro camino al pasar.
La tensión aumentó cuando nos encontramos completamente solos en la oficina, la fiel compañera y confidente de nuestros deslices. Me sentó dentro, en la esquina opuesta a mí favorita, nada más para molestarme.
No sabía que esperar, a veces nos insultábamos mucho, a veces nos llevábamos súper bien y en otras… La ropa sobraba. Esta será una de esas a mi parecer - ¿No pudiste ser un poco menos obvio?
-Solo ofrecí ayuda – no porque quisiera dársela, sino porque sabía que Zoro me reprendería, una cosa casi siempre lleva a la otra. Quería esto con el cabeza de alga.
Escuché el prestillo de la puerta, mí sangre se calentó – Puedo ver en tus ojos que estás mintiendo.
Maldita la sonrisa que se forma en mi boca, cada vez que estoy a solas con el moreno –Son acusaciones terribles – Desprendió uno de los botones de su camisa y casi babee – Soy excelente para mentir y ahora no lo estoy haciendo.
Zoro se cruzó de brazos y levantó una ceja con incredulidad – Sé perfectamente que quieres chuparme la polla desde que entramos.
¡Eso es culpa del estúpido marimo! Sus trajes son hechos a medida y esa parte de su anatomía resalta muchísimo a pesar de que no debería – ¡Ahora estás delirando idiota! – Me di la vuelta, avergonzado. Busqué la botella de sake con la mirada, necesito un poco de alcohol en mi sistema.
-Te haz mordido los labios 5 veces en 3 minutos – Lo ignoro y cuando por fin veo el cuenco, suspiro aliviado. Pero Zoro no permitirá que lo tomé tan fácilmente – Haz jugado con tu cabello desde que saliste a ese salón – Sabía lo que eso significaba y si el pelo de musgo lo sabe también, estoy perdido.
- ¿Si? No me había fijado, me molestaba sobre el ojo – Seguí caminando para poder por fin alcanzar el sake o al menos alejarme un poco a fin de pensar; mi mano fue detenida a unos centímetros, por la gran palma de Zoro, siendo jalado para atrás.
-No necesitas eso – Si que lo hacía – Además, tienes que trabajar más tarde.
-Solo uno, no voy a embriagarme con eso – Fui volteado con fuerza y terminé pegado al pecho de mi mayor enemigo auto declarado.
-Tienes razón, con el olor será más que suficiente para derribarte – La piel que hizo contacto con la mía me calentó casi de manera inmediata.
-Marimo – El aludido me ignoró, miraba mí rostro desde arriba, buscando algo, que no comprendía y en este momento no podía importarme menos, si era cien por ciento sincero.
Me coloqué en puntas de pies para ser un poco más alto, aún dentro del abrazo extraño y lo besé. Al principio lento, pidiendo permiso por mi jugada tan osada. Cuando unas manos gigantes bajaron a mi cintura, suspiré y el contacto de labios subió de nivel. A uno que desee, desde la mañana, cuando vi entrar al restaurante con un humor de perros al cabeza de alga.
Zoro.
Comencé a trabajar como gerente de este lugar, por pedido de Mihawk. "Es el restaurante de un viejo amigo" fue lo que me dijo antes de tirarme a mi suerte. Todo estaba hecho un caos, cuentas sin pagar, depósitos de dinero que nunca se hicieron y pago a personal fuera de tiempo y fecha. Me maldije por haber aceptado sin investigar y no me quedo de otra que poner a punto el sitio.
Cuando me presentaron al personal, hubo uno en específico que llamó poderosamente mi atención. Era extraordinariamente guapo, tenía cabellos dorados como el sol, despampanantes ojos azules y una cintura que cualquier modelo de pasarela envidiaría. Además de que, bajo esa tersa melena, se escondían unas cejas curvadas de manera graciosa. Él desde el momento uno, me mostró desdén y eso lejos de molestarme, me agrado. Casi todos se asustan al verme, este no desvía la mirada y me reta con cada palabra que sale de su boca.
La primera vez que lo "reprendí", fue porque estaba coqueteando con una clienta y su pareja se molestó tanto, que tiró el plato de comida al piso. Eso enfureció al apacible Sanji y de una patada, lo obligó a terminar su comida, que estaba en el suelo - ¡No se le ocurra desperdiciar el alimento señor! – Fue lo que dijo luego de su acción y eso movió algo en mí.
Se suponía que debía regañarlo, por haber tratado a un comensal de esa manera, pero cuando estuvimos solos en mi oficina por primera vez, solo atiné a decirle – Bien hecho, se lo merecía – Esa fue la interacción que lo cambió todo.
Desde ahí, cada que el cocinero coqueteaba con alguna clienta, yo lo llevaba para hablar a solas y en una de esas ocasiones, terminamos besándonos luego de discutir. No tengo idea quién inició el contacto, tenía la cara demasiado cerca y la emociones a flor de piel, como para pensar en eso. Sólo sé que me gustó y a él también, porque terminó sentado sobre mi escritorio y yo sosteniendo gustoso su estrecha cintura. Cuando nos separamos, el bajó de un salto y huyó. No sin antes aclarar que esto no se repetiría – Si tú lo dices – Fue todo lo que pude conjugar antes de que saliera por la puerta.
Se calmó unas semanas y al cabo de dos meses lo volvió a hacer. Nuevamente coqueteo con una clienta y de nuevo tenia que llamarle la atención. En mí cabeza, era eso lo que haríamos dentro de mí oficina, pero no. Al ponerle seguro a la puerta, se lanzó sobre mis labios con un hambre que me hizo trastabillar. Tarde algunos segundos en poder seguir su ritmo y cuando por fin fui consciente de lo que estábamos haciendo, ya no teníamos nada cubriendo nuestros pechos y nos sentamos enredados sobre el sofá.
- ¿No que querías a la pelirroja del salón? – Con él restregándose contra mí entrepierna, no podía pensar con claridad.
-Sólo estaba tratando de sacar al Marimo de su cueva – Sonreí y me imitó.
-Pues ahora te metiste de lleno en mis dominios – Acaricie su trasero y el aumento el ritmo de su sensual danza sobre mis piernas aún cubiertas.
- ¿Enserió? Entonces mi plan salió a la perfección – Nos volvimos a besar, con más fiereza que antes.
Abrí su pantalón y la erección que trataba de contener salió disparada a chocar contra mí abdomen. La agarré con firmeza y lo escuche gemir suavemente – Esta vez no tengo lubricante – Escupí en mi palma y su mirada se oscureció – Así que tendrás que conformarte con esto.
Comencé a masturbarlo lentamente, tratando de memorizar sus expresiones. Se contonea, mueve sus caderas al ritmo de mi mano para aumentar su placer y eso casi me vuela la cabeza. En momentos como este, extraño mi otro ojo, podría ver mejor a Sanji buscando su orgasmo si lo tuviera.
Su mano se desliza sobre mi torso y baja el cierre de mis pantalones, esta vez me librera él a mí del encierro en mi bóxer – No te molesta unirte a la fiesta ¿Verdad? – Negué con la cabeza, porque era la única manera que se me ocurrió responder, las palabras se atoraron en mi garganta. Sentir su polla contra la mía, fue demasiado para procesar y mi cerebro se me apagó, solo podía ver al rubio excitado, moviendo su pelvis a un ritmo hipnótico, llevándonos a la cima.
El se corrió primero, yo lo logré gracias a ese estimulo visual. Esa ve no dijimos nada, solo nos limpiamos y cada uno siguió con sus tareas como si nada. Pero luego el escenario se fue repitiendo, hasta que me decidí a cambiar las reglas del juego, aunque no sabía si este accedería, por lo que estaba de mal humor. a causa de la ansiedad.
Sanji.
Nos besamos de manera apasionada, pero no logró hacer que pase a mayores. Para ser precisos, Zoro no me deja y eso comienza a fastidiarme – Déjame quitarte la camisa – Gruñí molesto, el moreno simplemente río y negó con la cabeza.
-No va a ser aquí – Me aparté sorprendido.
- ¿Qué? – Podía sentir mis orejas y cara calientes, seguro estaba ligeramente sonrojado.
-Si quieres continuar esto, será más tarde y no en esta oficina – Me quedé en shock, jamás espere que Zoro quisiera verme fuera del restaurante.
- ¿En dónde?
-En tu casa, en la mía, o en algún hotel. Pero no -.
-Aquí – Terminé la frase por él - ¿Cuándo?
-Al terminar tu turno, te esperaré – Serían cerca de cuatro horas lo que debería esperar por mí.
-Es demasiado tiempo – La sonrisa en el rostro del marimo fue tan jodidamente sexy.
-Valdrá la pena esperar, lo prometo - ¿Pero por que debía esperar? No estoy seguro de poder aguantar tanto. No logro comprender a Zoro, es evidente que el también lo está deseando ¿Por qué paró?
Las siguientes horas de trabajo fueron una agonía, contaba los minutos para que termine mí turno, debo preguntarle a ese cabeza de musgo que le pasa. Lo había sentido raro desde el inicio, estaba pensando demasiado y eso es extraño para alguien cómo él.
Me despedí de todos los empleados y espere al idiota ese cerca de 15 minutos. Pero no bajó, entonces me vi obligado a buscarlo. La puerta estaba sin seguro, por lo cual pude pasar cuando no contestó. Dormía plácidamente sobre el sofá, tenia los rasgos relajados, la mandíbula levemente apretada y los brazos cruzados. Era la primera vez que lo podía apreciar sin vergüenza y vaya que le sacaría provecho.
Zoro es condenadamente guapo, sus facciones masculinas rozan la perfección y si no fuera por su constante ceño fruncido, tendría a más de una chica a sus pies. La cicatriz en su ojo y pecho, le dan el toque extra a su look, sexy y peligroso – Puedo sentir tu perfume desde que abriste la puerta. Apestas a cigarrillos.
Su ojo bueno me saludo, con un brillo extraño en el – Entonces responde cuando te llamo marimo – Golpeé su pecho e intenté alejarme.
-No te escuché – una mano sujetó mi muñeca.
-Decídete, acabas de decir que sí.
-Dije que sentí tu perfume, es difícil no hacerlo – A estas alturas del día, no puede ser tan fuerte o al menos él ya no debería olerlo. Ni siquiera tuve tiempo de fumar con tanto trabajo. Zoro se levantó del sofá, tomó sus pertenencias y luego desde la puerta me indico que nos retiraríamos.
Dude mucho si debía seguirlo al interior del lugar, más todavía al ver que se trataba del hotel propiedad de Ivankok, un viejo conocido de Zeff. El cabeza de musgo, por el contrario, sin un poco de vergüenza pidió una habitación.
- ¿Vienes? – Mejor darle prisa al asunto, de ese modo, estaría en un lugar donde no podría ser visto… Bajo Zoro.
- ¡No me digas que hacer! – Ignore la mano que estaba esperando la mía y me encaminé al ascensor sin mirar atrás.
El silencio se estaba volviendo sofocante para alguien tan nervioso como lo estaba yo, cuando mi acompañante presionó el piso que correspondía y las puertas se cerraron, este giro para verme de frente. Teníamos casi la misma altura, pero me sentía una presa ante la mirada de Zoro.
- ¿Por qué estás tan nervioso? – Negué mi estado, más di un paso hacia atrás, cuando se acercó – Ya hemos tenido sexo antes.
-En tu oficina – Miré sus labios.
-En el baño – Y si contaba la vez que nos masturbamos en el cuarto de aseo – Por eso quisiera saber ¿Qué es tan diferente hoy?
Me relamí la boca, sentía que estaba a un paso de un ataque de pánico – Te ves diferente – Desvié la mirada. Mala idea, mis ojos se encontraron con el único de Zoro en el espejo del pequeño lugar y sentí mis rodillas flaquear. Algo gracioso, ya que mis piernas son lo más fuerte de mi anatomía.
- ¿Por qué? – Bajé los ojos al suelo.
No sabía que decirle, sobre todo porque ni yo entendía que pasaba en mi cabeza. Quitarse la calentura con alguien está en tu camino, me parece menos comprometedor, que ir a un hotel, con el gerente del restaurante para tener sexo - ¿Acaso no sabes preguntar otra cosa?
Las orejas me ardían a causa de la vergüenza, y el culpable de mis lamentos, no me dejaría ir solo con eso. Ese intento de evadir la pregunta, no funciona con él.
Zoro.
Sólo tenía que esperar a que el cocinero cerrará el local para aclarar las cosas. Me gustan como están, pero seguro que un poco más de intimidad, no será malo tampoco. Me quedé dormido mientras pensaba en qué le diría. En mi sueño tampoco pude librarme del rubio, apareció con sus diabólicas piernas sobre unos tacones altísimos. Inundando el ambiente con su perfume y cigarro, ese olor que me ayudaba a saber cuando y donde se encontraba en cualquier lugar que compartían.
Inspiré de nuevo, pero ya no sueño, de eso estoy seguro. Esta vez el aroma no solo ronda mi imaginación, mis pulmones se ahogan con éste. Cuando cruzamos miradas, sabía que algo era diferente y quería apurar el paso para hablar con mí cocinero pervertido.
Parecía incómodo, absurdamente pudoroso para todo lo que habíamos hecho. Esta faceta no me disgusta, por el contrario, sentía muchas más ganas de fastidiarlo y meterme con él. Pero quiero ser claro, ya no voy a conformarme con ser su compañero sexual, hace mucho tiempo dejé de quererlo exclusivamente para eso.
En la habitación que renté y preparé personalmente para toda la noche, me quité el abrigo, abrí la camisa y caminé hacía la mini nevera que se encontraba en mitad de la pequeña sala, muero por un poco de agua o algo de alcohol. Miré atentamente el comportamiento de Sanji, mientras inspecciona el lugar con ojos curioso. Me acerqué a él cuando está descuidado mirando por la ventana y lo tomé por la cintura, le tendí una cerveza y el casi la echó de la sorpresa - ¿Qué haces? – Se le erizó la piel al sentir mi roce – Hay otra ventana si quieres mirar la ciudad.
-Me gusta más esta – Con mi nariz delinee el costado de su cuello y aspire profundo.
El rubio se vuelve gelatina en mis manos - ¿Por qué haces esto? Si vinimos a coger, solo debemos darnos una ducha y podremos – Sin siquiera abrir la lata, la dejó sobre el marco.
- ¿Crees que manejaría todo el camino hasta este hotel, para hacerlo a las apuradas? – Escuché como pasaba saliva – Esta vez no tendrás que reprimirte, puedes gritar y rogar cuanto quieras – Besé lo poco de piel que se apreciaba bajo su camisa – Esta vez no acabará solo con un par de rondas – Subí mi lengua, hasta la oreja mordí con suavidad.
-Zoro – Lo sentí menear las caderas, haciendo presión en mí entrepierna.
-Pero primero, hay algo que debes saber – Detuvo su movimiento e intentó girarse. No se lo permití, tengo mucha vergüenza – Quiero ser más que tu compañero de revolcón – El cuerpo en mis brazos se tensó – Porque sólo ser eso, me parece insuficiente.
-… ¿Q. ¿Qué te gustaría ser? ¿Folla-amigos? ¿Enemigos con derecho a roce?
-Podemos empezar saliendo – Escuchó una risa y eso me molestó, estaba siendo serio - ¿Qué es tan gracioso?
-Cómo que nos saltamos unos cuantos pasos – Quería seguir molestó, pero Sanji por fin se relajó un poco y eso me calmó - ¿Te gusto marimo?
-A veces sí – El rubios volteó su rostro y me miró de reojo – Hay días en los que solo deseo darte un par de nalgadas para que entres en razón.
Puedo ver que se mordía el labio y una corriente de electricidad subió por mi columna – Eso me provoca ser aún más fastidioso.
No lo pensé demasiado, retiré una mano de la cintura y nalguee la mejilla derecha, para después apretarla – Yo aquí intentando ser serio y tu poniéndote cachondo.
-Me dejaste a mitad de la tarde sin terminar, por supuesto que estoy caliente – Lo giré dentro del abrazo e hice que nuestras entrepiernas se juntaran - ¿Cómo me compensaras por eso?
-Te cogeré tanto, que se te quitaran las ganas por un tiempo – Este cocinero será mí perdición.
-A ver si puedes cumplir con eso.
AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA
Aquí termina el primer capitulo. Serán máximo tres y ni bien los edite, voy a subirlos :3
Nos vemos, si les gusto. Díganmelo, me gusta leerlos. Bye Bye!
