NO PLAGIEN, NO RESUBAN Y TAMPOCO TRADUZCAN SI YO NO LO HE AUTORIZADO. -Gracias.



Relato 12. El drama de una ruptura.

-PARTE 1-

Rated: T.

Géneros: drama, familiar.

Advertencias: escenas violentas, lenguaje un poco fuerte. Apto para mayores de 15 años.

...

Shinobu Kochō pensaba que si en algún momento la barrera de la inmoralidad iba a ser cruzada en su relación, sería ella la que tuviese todo el control. Que ella tendría la frialdad, para salir bien librada de la tormenta lo mejor posible. Dentro de lo que cabía, ella, en el fondo, ya se había imaginado algunos panoramas nada bonitos donde Giyū Tomioka podría engañarla de la forma más vil, usualmente con otra mujer.

Ella lo amaba y tenía pruebas de su inquebrantable lealtad, sin embargo, las dudas la traicionaban. Más porque estas venían cuando Shinobu menos se las esperaba.

El "¿y si...?", de pronto llegaba a su cabeza y bateaba su sentido común.

Ya hasta había tenido pesadillas con ese tipo de pensamientos, muchas veces.

Sin embargo, cuando Giyū traicionó por "primera vez" su confianza hasta el punto de hacerla replantearse la idea de seguir a su lado, ella... no se imaginó algo como esto.

»¡Órdenes, órdenes! ¡Órdenes de la sede! ¡Tanjiro y Nezuko deben ser llevados a la sede!

La voz casi cantarina del cuervo kasugai los había detenido justo cuando Shinobu hizo aparecer una cuchilla en su sandalia y la dirigió al rostro de Giyū Tomioka, quien, sorprendido, no pudo hacer nada para evitar el futuro ataque o repelerlo. Era claro que aquel movimiento no se lo esperaba. Lo único que le había salvado de salir sangrando del monte Natagumo con los pies por delante, fue la voz del animal parlante que iba esparciendo la orden del Patrón a todos los que aún estaban vivos en aquel lugar.

Cuando Giyū la soltó, Shinobu lo miró a los ojos conteniendo sus ardientes ganas de dale una bofetada con todas sus fuerzas, las cuales, las sentía creciendo gracias a su ira. A su indignación.

En el exterior, ella mantenía una mirada tranquila, él por su lado estaba serio. En el interior, Shinobu estaba gritando, ¿él? Quién sabe.

—A partir de hoy, seamos compañeros —le dijo ella al pasar de largo de él.

¿Furia? ¿Decepción? ¿Dolor en el corazón?

Alguna de esas oscuras emociones le había hecho soltar esas palabras a bocajarro, y gracias a ellas mismas, Shinobu sintió en ese momento que no iba a retractarse con lo que había decretado.

En el fondo, ella seguía siendo impulsiva cuando dichas emociones la asaltaban de repente.

Kanae estaría decepcionada. Porque su hermosa e inalcanzable hermana mayor creía que su linda Shinobu ya había madurado.

Pero no.

En estos instantes Shinobu estaba enojada, ofendida, y más allá de eso, se sentía... traicionada. Hasta humillada.

Había sido tratada como una idiota frente a un niño, un cazador novato.

Para peor: Giyū no sólo había protegido a un demonio de su ataque una noche como cualquier otra. Ella genuinamente pensó que el cazador que sostenía a la chica demonio estaba muerto o algo porque no se movía, y Giyū estaba en peligro, y debido a eso no se atrevía a moverse; por eso Shinobu se lanzó con todo lo que tenía (aún si no era lo suficientemente fuerte) para alejarlo del peligro.

Ella había estado dispuesta a morir por él.

«Tal vez está herido» pensó ella preocupadísima, a punto de escupir su corazón, en ese momento.

Había estado asustada y alarmada.

Pero... cuando Giyū de pronto se puso enfrente de esos dos y la repelió (¡a ella!) levantando su katana en contra suya, para lanzarla lejos, su primera reacción fue la de mostrar sorpresa sin borrar la sonrisa que su hermana tanto amaba ver en ella.

Shinobu iba a reclamar o preguntar si él estaba bajo alguna técnica de sangre que le obligaba a actuar así, pero al ver al chico sobre la muchacha demonio, no sólo vivo sino también consciente aún, decidió entablar una charla más amistosa con Giyū.

Ni siquiera en momentos como ese debían actuar como la pareja que eran.

Cuando aquel otro chico de rango inferior intervino en su interrogatorio a Giyū, y le dijo a Shinobu que aquella a quien protegía era su hermana menor, ella decidió ser misericordiosa y se ofreció a darle a ese demonio una muerte sin dolor... ¡pero Giyū se metió de nuevo en su camino agachándose... protegiéndolos a ellos (otra vez) de ella!

¿En qué momento Shinobu se había convertido en la ogra del cuento? ¡Ella no era la enemiga!

¡¿Qué significaba esto?!

Entonces otra emoción la atacó: "Vergüenza".

Giyū la había avergonzado frente al novato. Estaba actuando como si ella fuese una subordinada a sus órdenes y él fuese el que dictase lo que se haría y lo que no.

La estaba alejando de cumplir su respectivo deber: matar demonios.

Y para variar, lo hacía con una actitud altanera y dominante; como si ella tuviese que dejarlos ir sólo porque él lo decía.

¿Cómo... se... atrevía?

Una vez que el chico tomó a su hermana en brazos y corrió con apenas fuerzas debido a su propio cansancio y heridas, Shinobu borró la sonrisa de su rostro, intercambiándola por una expresión seria.

»Quítate de camino —le ordenó ella apretando los dientes, viendo en sus ojos que él no estaba haciendo aquello porque estuviese siendo obligado o controlado.

Además, ella no estaba molesta con ese chico y su hermana, de hecho, estaba intrigada con ellos. La sola idea de que aquella chica demonio no se haya levantado de pronto para intentar comerse a su hermano o a Tomioka... o no lo haya hecho antes, era algo que a Shinobu le intrigaba y ya lo descubriría cuando la inmovilizase y rebasase al menos una parte de ella para examinarla antes de que su veneno hiciese lo suyo.

Lo que le molestaba, era saber que Giyū le había ocultado algo de extrema importancia. Y más aparte, que ahora la esté prácticamente obligando a desobedecer las normas junto con él sin explicarle nada. Como si para él eso no fuese importante.

Cabe aclarar que desobedecer las normas, sobre todo esa por la que ellos eran Pilares, era equivalente a una sentencia de muerte.

¿Y sin darle ni una pizca de información Giyū quería arrastrarla a ese abismo? ¡Ni hablar!

¿Había necesidad de que ella se enterase hasta ahora de esto y de este modo?

Justo después de que él mismo le dijo que hacerse amigos de los demonios era algo imposible.

¿Así de frío era al mentir? ¿Incluso a ella?

»No permitiré que les hagas daño —fue lo que él le respondió, adoptando una postura defensiva.

¿Por qué diablos hacía esto?

¿Acaso sin informarla de nada Giyū iba a pelear en su contra por ese par de hermanos que Shinobu no conocía de nada?

¿Qué carajos significaba?

¿Giyū había perdido la razón?

Apretando los dientes, Shinobu se contuvo de mostrar toda su rabia en todo su esplendor.

Tenía trabajo que hacer.

»Ya veo. Pelearás contra mí —Shinobu sonrió con el corazón latiéndole fuerte, tanto, que hasta sus sienes palpitaron—. ¿Me harás daño? ¿Me impedirás cumplir con mi misión? Creo que ya se te olvidaron las reglas y lo que pasará si no se respetan.

De pronto la cabeza de Shinobu se desvió un poco hacia un área que ella odiaba siquiera imaginar.

Esa insoportable duda que a veces la carcomía por dentro cuando Giyū salía a realizar sus misiones en solitario.

»Dime, ¿acaso ya conocías de antes a esa chica demonio y por eso la proteges?

Sólo hasta ese momento, Giyū cambió de gesto; sorprendiéndose, arqueando una ceja y ladeando un poco la cabeza.

»¿Qué estás insinuando? —incluso tuvo el descaro de sonar indignado.

»¿Eres estúpido? ¿O sólo cínico? —preguntó falsamente burlona para no decir algo más fuerte en su contra; por esta traición quería herirlo tan profundo como él lo había hecho con ella al levantar su katana en contra suya frente a testigos, uno de ellos, un demonio—. Tal vez es por eso Obanai y Sanemi te odian tanto... casi tanto como yo lo hago ahora.

Aprovechó el instante en que él bajó la guardia (su gesto cambió a una de impacto total) para adelantarse e ir contra los adolescentes prófugos. Como Shinobu se esperó, Giyū no tardó en perseguirla y tratar de darle alcance, algo que eventualmente pasaría ya que él tenía más resistencia.

»¿Qué harás si me alcanzas? ¿Me dañarás? —le preguntó retándolo abiertamente; dio un fuerte salto hacia el cielo—, ¿no dirás nada?

Y no lo hizo.

Giyū se lanzó a sí mismo contra ella con todas sus fuerzas y entonces logró atraparla con uno de sus brazos, obligándola a quedarse quieta sin poder hacer nada debido a la aplastadora diferencia de fuerzas.

Shinobu no era nada fuerte; Giyū por otro lado tenía demasiada fuerza, tanta, que incluso si él no lo quería, estaba lastimándola.

»Mi ataque fue para defenderte... yo no estoy incumpliendo las normas. Pero tú sí. Estás impidiéndome matar a un demonio. ¿Cuáles son tus intenciones? —al darse cuenta que él no sólo se quedaba callado sino que mantenía su agarre sin flaquear por medio segundo, Shinobu perdió la paciencia soltando una risita inocentemente falsa—. ¿No dirás nada? Como pilares, voy a darte esta última advertencia. O al menos dime de qué va esto... por favor.

»Hace dos años... sucedió algo importante.

¡¿Hace dos... jodidos... qué?!

¡¿Iba a tenerla sujeta de ese modo hasta relatarle dos años de un secreto?!

»No por favor, no te vayas tan atrás, no creo que sea necesario. ¿Acaso lo haces para molestarme?

Más, debió haber agregado a esa última palabra. Porque molesta ya estaba.

Lo sintió tensarse y sujetarla con más fuerza.

¡Bien! ¡Hasta aquí!

Decidida a no permitir que sus sentimientos interfiriesen con su trabajo...

Por sus padres... por su hermana... por sus fallecidas discípulas...

Shinobu le demostró a Giyū que él no iba a jugar así con ella.

¿Él era un pilar? ¡Ella también lo era!

Si a él le parecía un juego esta lucha contra los demonios, que se hiciese a un maldito lado.

Su arma escondida en su sandalia no lo vio venir porque ella jamás le había hablado de dicho objeto.

Haciendo gala de su flexibilidad, Shinobu alzó el pie con la clara intención de hacerlo soltarla o de arrancarle un ojo (o la vida) en este lugar.

Entonces el cuervo los detuvo con las órdenes del Patrón.

Giyū la soltó, mas no retrocedió. Quién lo hizo fue Shinobu.

En verdad no quería tenerlo cerca. No quería verlo ni oírlo.

Quería... quería llorar. Sí, eso quería hacer.

—No pienso pasar ni un segundo más al lado de alguien que es capaz de ocultarme cosas tan importantes por dos años—le dijo sonriendo cerrando sus ojos, dejando en claro algo que él pareció captar aún si no lo demostraba abiertamente—. A partir de hoy, seamos compañeros.

El silencio de Giyū no le dijo nada a Shinobu.

No le dijo si estaba de acuerdo en lo que ella le había dicho, o si su cerebro aún procesaba esas palabras. Esa maldita cara de póker era indescifrable.

Ella lo dijo todo muy en serio.

Dos malditos años y él jamás le dijo que había ayudado a un par de hermanos, uno de ellos, un demonio. Si había mantenido algo tan importante como esto en secreto, por tanto tiempo, ¿con qué otras cosas podría él mentirle con esa cínica facilidad?

¿En verdad podía ser así de frío y cerrado con ella? ¿Entonces dónde estaba la confianza que se supone ambos debían tenerse?

De nuevo, su mente divagó otra vez.

¿Acaso también guardaba amantes escondidas o hijos ilegítimos concebidos en sus misiones en solitario? ¿Realmente había sido honesto cuando le habló de su niñez y su querida hermana fallecida? ¿O todo fue un cuento? Más engaños. ¿Al menos tenía la edad que decía tener?

Bastó una mentira como esa, y un actuar como ese, para que Shinobu pusiese en duda todo lo que él le había dicho antes sobre sí mismo.

El calor del sol de la mañana le dio algo de confort a Shinobu, tanto que volteó breves momentos para ver ese amanecer. Sin embargo, adelante de ella, Giyū seguía caminando con la espalda recta y la mirada fija en ninguna parte como si no acabase de ser declarado el exnovio del pilar del insecto.

«Insensible hasta el último momento, ¿eh? Al final se ve que esto no te importaba tanto» se dijo Shinobu, tragándose ese malestar que amenazaba con hacerla llorar, soportando el mantener una sola mueca durante todo el trayecto de vuelta a casa.

Se sentía muy mal, pero no tenía permiso de demostrarlo.

Al menos... no ahora.

Kanao no tardó en encontrarse con Shinobu, por lo que caminaron juntas, y tal vez fue gracias a eso que Giyū no se le acercó. ¿Habría tenido al menos las intenciones de hacerlo?

«O tal vez le hice un favor terminando yo misma con esto» pensó Shinobu conteniendo el aliento, andando en silencio junto a la tsuguko oficial de Kanae.

Kanae...

Quería ver y abrazar a su hermana mayor con fuerza, debido a lo mal que se sentía en el interior, que apenas podía soportarlo.

Cuando arribaron a la sede, Kanao partió de regreso a la Finca Mariposa debido a que en ese sitio sólo se admitía a los pilares. Antes de dejarla ir, Shinobu le dio órdenes específicas de cuidar, junto a Aoi y las niñas, a los dos pacientes que llegaron casi muertos.

Acompañados hasta cierto punto por otros miembros de la Brigada Kakushi, por lo que nunca estuvieron solos, Shinobu y Giyū, iban en un sepulcral silencio. Poco después fueron de inmediato recibidos por Kyōjurō, Tengen y Mitsuri, que ya estaban al tanto de una parte de la situación y caminaban en marcha hacia el jardín del Patrón para comenzar el juicio contra los hermanos Kamado.

El pobre cazador novato estaba amarrado sobre el pasto en la sede, y la chica demonio, que iba transportada en una caja de herramientas, por él mismo, estaba siendo custodiada un tanto lejos del muchacho, por un par de miembros de la Brigada Kakushi, quienes a pesar de contar con la poderosísima luz del sol como su protectora, se hallaban casi azules de las caras por el miedo.

Batallando contra el nudo que se había formado en su garganta, diciéndose que debía mantener el control un poco más, Shinobu respondió al saludo de todos sus colegas; permitió que Mitsuri la tomase del brazo para caminar juntas.

Sí. Lo que sea para mantenerse lejos de él.

Shinobu no quería verlo más.

Al menos, no por lo que quedase del día.

Pensaba demasiado.

El "¿y sí...?" era cada vez más molesto.

Su garganta ardía; su corazón dolía. Además de que necesitaba dormir un poco. Y... vaya que sentía muchas ganas de llorar. A veces sus labios actuaban solos y temblaban un poco.

Ella deseaba irse corriendo hacia su casa y no salir de su cama por lo que quedase del día. Meditar. Pero ese era sólo un lujo que podía darse una chica común; y ella no lo era; Shinobu en la actualidad era una cazadora, y no una cualquiera sino un miembro de los pilares. No había momento para sentimentalismos y debía mantener el control sobre ella misma todo el tiempo. Aún si su interior quemaba como el infierno y una parte de ella estaba arrepintiéndose por haber actuado de esa forma tan impulsiva.

Le costó muchísimo, pero Shinobu se mantuvo firme, de pie y sin bajar la mirada.

Junto a Mitsuri, ella caminó hasta donde se encontraba el resto de los pilares.

En silencio, Gyōmei lloraba manteniendo sus manos juntas con su rosario sobre su rostro, rezando por los hermanos.

Obanai estaba sobre la rama de uno de los árboles, mostrándose serio, sin dejar de ver al chico que pronto iban a enjuiciar... y de vez en cuando echaba una mirada furtiva a Mitsuri.

Sabito y Makomo hablaban un poco separados del resto. Cuando los vieron llegar, Shinobu supo que los dos últimos tenían su atención puesta sobre Giyū. A quien Tengen trataba de hacer hablar pues las noticias viajaban rápido y ahora todos sabían que el reservado pilar del agua, había cometido lo que se definiría como "alta traición".

Si Giyū al final resultaba enjuiciado y condenado...

—¡Hermanita! —saludó Kanae abrazando a Shinobu, quien para entonces usaba un haori de mariposa casi igual a la de ella. El símbolo de su hermandad junto a sus respectivos adornos en el cabello.

El calor de su hermana mayor y su abrazo sobreprotector casi la hicieron romperse en llanto, así que, para no arriesgarse a hacer una escena como esa, Shinobu se separó de Kanae con una sonrisa tan falsa que hizo que su hermana frunciese un poco el ceño, preocupada.

¡Maldición! Debía desviar su atención.

Y ahí iba de nuevo pensando en que quizás había hablado sin pensar bien en la situación. Además de que la posibilidad de ver a Giyū siendo enjuiciado... y tal vez ejecutado... esta tarde...

—Hermana, por favor, mantén tu seriedad —le dijo Shinobu calmadamente, luego de carraspear su garganta, señalando con la mirada al chico inconsciente y amarrado en el suelo. Cabe aclarar que ver eso tampoco le gustó—. ¿Es necesario tenerlo así? No creo que con esas heridas pueda siquiera levantarse.

—Yo también pregunté eso —respondió Kanae, captando bien la petición de su hermana por dejarla en paz... por ahora—. Pero los kakushi que lo trajeron me dijeron que las órdenes eran esas.

—Ya veo.

—¡Así que...! —esa era la voz de Obanai, quien todavía estaba acomodado sobre la rama de un árbol—. Estamos aquí porque ese mocoso rompió las reglas.

—Y no sólo él —contribuyó Kyōjurō sin perder su actitud positiva—. ¿Qué tienes que decirnos al respecto, Tomioka?

«Suerte con que te diga algo, Rengoku» pensó Shinobu tratando de no deshacer su gesto de desinterés y calma.

Su infernal entrenamiento inicial para mantener la concentración de respiración total había sido fácil en comparación a esto.

Las sienes le punzaban, y su ansiedad aumentaba al mismo tiempo que su fértil imaginación le mostraba a velocidad de vértigo, algunos de los diversos escenarios catastróficos que podrían ocurrirle a Giyū.

—Sí —el pilar del hielo se cruzó de brazos, mirando a su amigo de la infancia con dureza—, yo también quisiera saberlo.

Eso le sorprendió un poco a Shinobu. Hasta donde ella sabía, Giyū no era capaz de mentirles a sus hermanos de entrenamiento.

Así que incluso a ellos...

No.

No valía siquiera la comparación. Ella era su pareja... ¡su compañera en la vida! Qué les haya mentido a Sabito y Makomo era una cosa, ¿pero por qué le había ocultado algo de esta magnitud a ella?

Giyū era un grandísimo idiota.

«Si me lo hubieses dicho, yo... sabría qué decir ahora» se dijo mirando a Makomo mantenerse al margen, pero al igual que ella, el pilar de la lluvia se mostraba preocupada por Giyū. Porque sí, después de haberse pasado la furia inicial, Shinobu aún temía lo que pudiese pasarle ahora que todos los pilares estaban rodeándolo, no de forma literal, pero era obvio que él no podía escapar, y de querer hacerlo, las cosas irían a peor.

Giyū, que ahora caminaba hacia un extremo lejos de los demás, incluso de sus propios amigos, en total silencio, había roto las normas.

Si su cabeza no rodaba por el suelo hoy, quizás lo haría mañana.

La sola idea de que eso pudiese pasar, le rompía a Shinobu el alma.

«No creo poder permitir eso» se dijo muy en su interior.

¿Ella misma traicionaría a la sede con tal de salvarle el cuello a Giyū? ¿Haría a un lado la misión que ella y su hermana tenían?

¿Por él?

«Maldita sea...» a punto de ceder al llanto, ella desvió su rostro y cerró un poco fuerte sus párpados, aprovechándose de que nadie la veía, «sí... mierda... sí lo haría» se respondió al final.

Sólo dios sabía cómo es que ahora ella estaba de pie en lugar de estar por ahí llorando, acostada sobre el piso, o corriendo en círculos por la desesperación e incertidumbre.

De pronto... vino el arrepentimiento... sí, el arrepentimiento, porque ella lo amaba.

¡Carajo, lo amaba!

Él había demostrado ser un idiota desconfiado; pero Shinobu lo amaba por muchas cosas más.

¿Había hecho lo correcto al dar por terminada su relación... sólo por esto?

Es decir... ella no iba dejar que la sede de cazadores tomase su vida.

«¡No puedes arrepentirte ahora de eso!» se dijo internamente, apretando sus puños, agradeciendo que las mangas de su haori las cubriesen.

Por otro lado, tal vez a Obanai y Sanemi disfrutasen del sangriento espectáculo.

Un momento. Shinobu no veía a Sanemi por aquí.

Algo en eso no le dio una buena espina.

Carraspeó su garganta antes de girarse hacia el pilar de las flores, que veía con atención la interacción del hermético Giyū y sus colegas, que parecían estar interrogando a una pared.

—Hermana, ¿dónde está Shinazugawa? —le preguntó Shinobu a Kanae tratando de deshacer el nudo en su garganta con su saliva.

—Eh, no lo sé, no ha llegado —respondió ella, preocupada.

Importándole poco cómo los viesen los demás pilares, que aún no tenían ninguna explicación sobre lo que estaba pasando y evidentemente la querían oír hoy, Sabito fue a hablar con Giyū acompañado de Makomo. Shinobu los vio de reojo; los dos chicos hablaban y hablaban, pero Giyū no les respondía para nada. Mantenía esa mirada vacía en el piso.

Eventualmente el joven cazador, hermano de la chica demonio, despertó y en medio de alaridos trató de decir sus razones para actuar como lo hizo. Shinobu, que siempre (sobre todo cuando salía a una misión) cargaba un cántaro de agua con un analgésico para mitigar el dolor físico, se acercó a él y le dio a beber con la finalidad de ayudarle. A decir verdad, este chico le había dado cierta lástima y él, al ser menor que ella, prácticamente un niño, la conmovió.

Más tarde llegó Sanemi con la caja, con la demonio Nezuko, en su interior y la apuñaló con una burlona furia varias veces.

Todos los pilares, incluida Shinobu, tenían una ira más que justificada hacia los demonios, por lo que, al no conocer a la tal Nezuko y al tener sólo la información de que era la hermana pequeña del joven Kamado, nadie tenía las intenciones de impedir que Sanemi apuñalase al demonio adentro de la caja de madera, pero ver al joven cazador novato sufrir por el actuar de Sanemi, no le fue grato ni a Shinobu ni a Kanae.

Negándose a estar en un espectáculo de tortura, aunque esta fuese hacia un demonio, Kanae trató de intervenir, pero Tanjiro Kamado, se le adelantó atacando con un cabezazo a Sanemi, derribándolo por breves instantes con la única intención de cubrir la caja con su hermana usando su propio cuerpo declarando que no le importaba si se trataba de un pilar, él no permitiría que su hermana Nezuko fuese herida por nadie.

Con el corazón ya bastante mallugado, por lo sucedido en el monte y por lo que ocurría ahora, Shinobu entrecerró su brillosa mirada sobre ellos sintiendo mucha empatía y más lástima.

Entonces pensó...

De estar ella en el lugar de Tanjiro, y Kanae, o Kanao en el lugar de Nezuko, Shinobu seguro tampoco duraría en ir en contra hasta del mismísimo Dios para proteger a cualquiera de ellas.

«Creo... ya ver con claridad por qué decidiste no matarlos» pensó ella en la principal razón por la que Giyū debió haberles tenido piedad.

Mas nada le excusaba aún por haberlo mantenido en secreto de ella. ¿Acaso Giyū había temido que ella lo delatase ante el Patrón por esto? ¿Tan quebradiza era la confianza que él tenía en ella?

Pronto el Patrón apareció y para la sorpresa de todos, declaró que aceptaría la existencia de Nezuko y las condiciones en las que ella y Tanjiro vivían. Después Sanemi hizo un segundo espectáculo bochornoso donde trató de tentar a Nezuko a actuar en su contra, hiriéndola más, y sangrando él mismo enfrente de ella.

Tomó a todos por sorpresa el hecho de que Nezuko se aferrase a su afán de no ceder a sus instintos, y se negase a intentar siquiera probar la sangre de Sanemi aun cuando era clara su hambre feroz.

Al final, la intervención del antiguo pilar del agua por medio de una carta, y aquella demostración de Nezuko ante la prueba de Sanemi, ayudaron a Tanjiro y Giyū de haber sido ejecutados junto a la chica demonio.

Si ella hubiese atacado, seguramente habría muchos muertos, pues Sakonji Urokodaki, había prometido que si Nezuko Kamado lastimaba a un ser humano, él, Tanjiro... y Giyū, cometerían seppuku, o sea, suicidio.

«¿Qué...? ¿Qué?» sufriendo un vertiginoso mareo, Shinobi consideró una fortuna que, para cuando oyó aquello, estuviese de rodillas ya con la cabeza baja.

Si hubiese estado de pie, seguro habría caído hacia atrás sobre su trasero.

Más secretos...

Apenas Shinobu oyó esa parte de la carta, ignorando a Sanemi y Obanai que declaraban no importarles cómo los pilares del agua y ese chico terminarían con sus vidas, su mirada pasmada se desvió de golpe hacia Giyū, quien mantenía una mirada estática en esa puta cara de póker.

Shinobu no pudo creer hasta donde había llegado este idiota.

Y no fue la única.

Sabito y Makomo habían reaccionado diferente; pero seguramente por respeto al Patrón no habían gritado. La chica hizo un sonido de sorpresa y miedo, y el pelirrojo gruñó un "¿pero qué diablos?" A lo que Shinobu estuvo de acuerdo.

¿Qué diablos pasaba con este... ¡gran estúpido!?




Okey, bienvenidos al drama. XD

No tengo mucho que decir al respecto salvo que no esperaba que este relato quedase tan largo... y tan dramático, ¡y lo que le faltaaa! xD

Lamento no tener mucho para decir ahora, pero quiero que sepan que agradezco al mil el apoyo y espero poder seguir entreteniéndolos con esta historia un poco más. No es mi intención hacer esto demasiado largo, pero ya luego veremos qué pasa.

Saluditos y gracias por leer.


Reviews?


Si quieres saber más de este y/u otros fics, eres cordialmente invitado(a) a seguirme en mi página oficial de Facebook: "Reine Vaniteux/Adilay Ackatery" (link en mi perfil). Información sobre las próximas actualizaciones, memes, vídeos usando mi voz y mi poca carisma y muchas otras cosas más. ;)