Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es MeilleurCafe, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to MeilleurCafe. I'm only translating with her permission.


Capítulo 20

Cinco años después

El cuarto era gris con solo una tenue luz antes del amanecer. A un lado, las cortinas estaban abiertas así cualquiera que quisiera podía ver el día emergente.

La mayoría de los habitantes del cuarto se encontraban ocupados en ese momento. El centro estaba muy iluminado; bajo el foco se encontraba Bella trabajando arduamente.

Edward estaba a su lado, donde había estado durante las últimas seis horas. Cariñosamente, él secó su frente con una toallita empapada en agua fría.

—¿Estás bien? —preguntó él, su voz era ronca.

—Sí… por el momento. —Ella hizo una mueca y entonces gimió—. Aquí viene de nuevo.

—De acuerdo, cariño, te tengo. —Él sostuvo su espalda mientras ella trabajaba durante otra contracción, su rostro contraído por el esfuerzo. Había estado pujando por más de una hora.

Ella cayó sobre su almohada mientras la contracción se esfumaba, su cuerpo soltando su instinto natural de pujar. Bella sentía como si hubiera hecho esto mil veces desde que había entrado a esta fase del parto.

—Este niño no quiere salir —dijo, jadeando.

—Bueno, ¿quién lo puede culpar? O culparla. Yo tampoco quisiera hacerlo. Es agradable estar allí adentro. Quiero decir, por lo que he visto.

La enfermera que estaba cuidando de Bella resopló, pero de manera amigable. Bella estaba agradecida de tener una cuidadora que era capaz y tenía un sentido del humor, ya que esta mujer había pasado más tiempo entre sus piernas que Edward en las semanas previas a su fecha de parto.

—¡Cielos, Edward!

—Oye, ese es mi trabajo, hacer chistes y despejar tu mente de todo.

—Si crees que puedes despejar mi mente de todo ahora mismo, estás completamente demente. —Bella suavemente le dio unas palmadas bajo su mentón pero su mano permaneció allí, sujetando su rostro y acariciando su cabello.

Edward sonrió, un rayo de sol en sí mismo. Intentaba mantener a Bella animada y motivada a pesar que él también se sentía exhausto. Pero recordaba que, a pesar de lo cansado que estaba , el rol de Bella aquí era mucho, mucho más extenuante. Él permanecía en silencio llegados a ese punto, porque si se atrevía a quejarse, ella no dudaría en recordarle quién estaba trabajando de verdad.

—¿Quieres hielo picado? —Levantó la cuchara.

—Sí… rápido, creo que viene de nuevo.

Edward llevó la cuchara a su boca y dejó el bol de hielo sobre la mesa detrás de él. La sostuvo de nuevo y masculló lo que él esperaba que fueran las palabras correctas mientras ella jadeaba durante la contracción.

—¡Veo la cabeza del bebé! —exclamó la enfermera animadamente—. Ahora, si este niño avanzara en vez de volverse a esconder…

—¿Cuándo va a terminar? —Bella gimió. Ella comenzó a llorar con frustración y cansancio.

—Desearía poder decírtelo, cariño —dijo la enfermera. Le dio unas palmadas a la rodilla de Bella—. Llevará el tiempo que sea. Pero no creo que tengas que esperar mucho más tiempo. Cada vez que pujas, el bebé se asoma más.

—Lo estás haciendo increíble —masculló Edward, besando su frente. Tomó sus manos—. Solo recuerda lo mucho que esto vale la pena.

—Es fácil para ti decirlo —espetó ella—. No estás sacando a un ser humano viviente de tu entrepierna mientras tu interior se siente como si estuviera siendo machucado.

—Buen punto —dijo él dulcemente. Sabía que este era un argumento que no podría ganar—. Sin faltar el respeto, nena.

Otra contracción y otro pujo, y otro; finalmente, entró el doctor.

—¡Parece que vamos a tener un bebé! —dijo alegremente.

Bella intentó sonreír como si no hubiera estado de parto en una cama de hospital durante casi siete horas. Ella había esperado que su obstetra regular, una mujer, estuviera de guardia cuando se pusiera de parto, pero habían otros dos médicos en la clínica donde ella era paciente, y ambos eran hombres. Lo más probable era que uno de ellos asistiera en el parto.

Edward y Bella se habían mudado a Montclair, Nueva Jersey alrededor de un año después que se casaron. Bella fue nombrada como vicepresidente en la Fundación Robert Wood Johnson en North Brunswick. Edward seguía trabajando en las oficinas del FBI en Newark. Fue evidente que el movimiento más sensato, literal y figuradamente, era dejar atrás su querido Nueva York y convertirse en suburbanos.

Edward estuvo reticente a pesar que admitía la lógica de mudarse más cerca de sus trabajos. Bella argumentó que sería mucho más fácil cuando comenzaran una familia. El viaje de ida y vuelta a Brooklyn era arduo en un buen día. Ella no podía imaginar hacerlo cuando tuvieran hijos. Se tendrían que mudar de todos modos, señaló ella; no había forma que su pequeño apartamento en Greenpoint pudiera admitir otro ser humano.

Edward cambió completamente de opinión la noche que Bella fue asaltada de camino a casa desde la estación de metro. Ambos sabían que el crimen era parte del paisaje de vivir en la ciudad; pero él casi se vuelve loco ante la idea de que ella podría haber sido lastimada, o peor. Al día siguiente, comenzaron a buscar nuevas ubicaciones, y encontraron una bonita casa en Montclair en menos de seis meses.

Se adaptaron a la vida en los suburbios muy rápidamente, en especial una vez que Bella quedó embarazada. Así que en vez de dar a luz en un hospital sofisticado de Manhattan, Bella se encontraba en un centro médico en Nueva Jersey. Era lo más tranquilizante y reconfortante que podría ser un cuarto de maternidad; y no había sonidos constantes de tráfico para molestarla. Eso podría haber empeorado todo; llegados a este punto, todo le irritaba.

Edward echó un vistazo a Bella por el rabillo de su ojo y ella captó su mirada. Sabía exactamente lo que ella estaba pensando, y le dio una pequeña y sutil sacudida de su cabeza. Ahora no es el momento de contestarle al doctor que tenía dos vidas en sus manos.

Bella simplemente logró un débil saludo. Otra ola de dolor y una poderosa contracción comenzaron a recorrer todo el centro de su cuerpo.

—Varias más y estarás lista —dijo el doctor alentadoramente.

Varias más y Bella estaba llorando sobre el hombro de Edward.

—¡Estoy tan cansada! —sollozó.

—Ya casi estás allí, amor. ¡Eres tan valiente! —Besó su frente, deseando que pudiera pensar en algo más sustancial para decir o hacer. Él nunca se había sentido tan impotente en su vida, y hubiera dado lo que fuera para poder compartir su dolor e incomodidad ahora mismo. Así como era, todo lo que podía hacer era intentar ayudarla a atravesarlo.

Sus lágrimas se convirtieron en gritos de agonía de nuevo cuando otra contracción más exhaustiva la invadió.

—¿Y a algunas mujeres les gusta tener orgasmos mientras están de parto? ¿Qué diablos? —soltó.

Edward miró al doctor y a la enfermera, y se encogió de hombros.

—Ella no esconde sus opiniones.

El doctor rio y volvió a su posición como un receptor de béisbol a los pies de la cama.

—Las mujeres dicen cualquier cosa cuando están en trabajo de parto. No las culpo. Nunca lo tomamos seriamente.

Él levantó la cabeza ligeramente así ella podía verlo. Sobre la mascarilla quirúrgica, sus ojos eran amables ahora. Lejos quedó la actitud seria mostrada durante las visitas al consultorio.

—Bella, tu marido tiene razón. Lo estás haciendo increíble. No llevará mucho más tiempo; lo puedo ver por el progreso que tú y el bebé han hecho. Solo un poco más.

Le llevó solo otros quince minutos para que sus palabras se volvieran realidad. Bella dio un último fuerte empujón.

—¡Felicitaciones! ¡Es una niña!

Edward, aún aferrando la mano de Bella, miró a la bebé con maravilla. De repente, hay otra nueva persona en el cuarto… Una niña. ¡Una niña! ¡Tenemos una hija!

—Oh, por Dios, por Dios —chilló Bella—. ¿Ella está bien?

—Parece estar bien, Bella. —El doctor le tendió a la bebé a la enfermera, quien la colocó en la cuna térmica y comenzó a revisar sus niveles de Apgar para determinar la condición la bebé. Edward se alejó del lado de Bella y fue hacia su hija. Tentativamente, y con amor y maravilla, acarició su cabeza. Tenía una abundante mecha de cabello oscuro y mojado.

Un grito fuerte y enérgico brotó de sus nuevos pulmones, y luego otro. Era estridente y penetrante, y Edward y Bella creían que jamás habían escuchado algo más hermoso.

—¿Puedo sostenerla? —Bella estiró la mitad superior de su cuerpo hasta que estuvo levantada de la cama, su mitad inferior siendo tratada por el doctor pero sus brazos ansiaban sostener a la niña que finalmente había decidido abandonar el calor del vientre de su madre. Ella observó, ansiosa sin razones, mientras la enfermera cuidadosamente limpiaba a su hija con una toalla.

—Solo deja que la limpie un poco más. —La enfermera dejó a un lado la toalla y señaló a Edward.

Con cuidado, lentamente, tomó a la bebé, todo mientras susurraba palabras esperanzadoras de amor hacia ella. Caminó hasta la cama sin siquiera levantar la mirada y dijo, «Aquí hay alguien que ha estado esperando conocerte por un largo tiempo». Con un beso suave en la frente de la bebé, la colocó en los brazos de Bella.

Su hija se quejó un poco, su rostro contraído con enojo por las indignidades que le habían infligido durante los primeros diez minutos de su vida.

—Hola, cielo —arrulló Bella—. Hola, hermosa. ¡Te amo!

La cabeza de la bebé estaba girada a un lado, pero una vez que escuchó la voz de su madre, se detuvo de inmediato, su expresión ahora una de reconocimiento. Ella giró hacia su madre, buscando la fuente de ese sonido familiar.

—Ella te conoce, Bella. —Edward observó mientras su hija recién nacida se retorcía en los brazos de su esposa, moviendo su pequeño cuerpo hacia el de su madre. Las lágrimas llegaron repentinamente; la belleza de su familia lo abrumaba. Si él había creído que su familia estaba completa antes de hoy, fue un tonto. El lugar en su corazón era mucho más grande de lo que había imaginado posible, y ahora estaba lleno.

—¿Le has contado a tus padres ya?

Edward sacó su teléfono y le envió un mensaje a su madre: Ven a conocer a tu nuevo nieto. Tomó varias fotos de Bella y la bebé, su esposa llena de sonrisas y lágrimas.

Pasos rápidos se acercaban cada vez más al cuarto. Esme se detuvo en la entrada, sus manos en su rostro.

—¡Oh! ¡Oh, ustedes dos! No, quiero decir… ustedes tres. ¡Mírense! —Su mirada iba frenéticamente de Bella a su hijo y su nuevo bebé. Edward tomó a la bebé de los brazos de Bella y caminó hacia su madre, una sonrisa en su rostro tan grande como el río Hudson.

Detrás de ella, Carlisle caminaba más lentamente. Sus brazos estaban llenos, y Edward con cuidado le tendió la pequeña a Esme. El bulto que su propio padre sostenía comenzó a despertarse.

—Se despertó y estaba muy emocionado cuando salimos para aquí, pero se quedó dormido alrededor de media hora después de llegar. —Carlisle y Esme habían estado quedándose con Edward y Bella desde unos días antes de la fecha de parto de Bella.

Un niño con cabello broncíneo frotó sus ojos y chilló en los brazos de su abuelo antes de ver a su padre.

—¿Papi? —Gimoteó un poco, pero se calmó cuando Edward lo tomó. Envolvió sus brazos alrededor del cuello de Edward, emocionado de tener a su padre de vuelta.

—¡Garrett, pequeño! Tienes una hermanita nueva.

—¿Hermanita? —Él miró a su alrededor y vio a Bella—. ¡Mami! —Comenzó a retorcerse de nuevo, ansioso de ver a su madre.

—Solo un segundo, G. Toma. —Edward llevó a su hijo a un lado de Esme, quien estaba encantada con la pequeña vida de cabello oscuro en sus brazos. Carlisle se encontraba detrás de ella, también sonriendo a su nieta—. Ella es tu nueva hermana, Grace Esme.

El pequeño niño miró a la bebé por unos momentos. La consideración con la que estudiaba a su nueva hermana era asombrosamente similar a la expresión seria que Edward recordaba de la primera vez que había visto a Bella, sola e insegura incluso entre sus amigas.

—Ella es tan pequeña, así que no puede hablar, pero ya te ama —masculló Edward—. Vas a ser el mejor hermano mayor. La harás reír y la harás sentir mejor cuando llore. Le enseñarás todo lo que necesita saber, y me dirás todo lo que necesito saber sobre cada listillo que intenta salir con ella antes de los treinta y cinco.

Esme puso los ojos en blanco.

—Buena suerte con eso, papi.

Garrett ya había perdido interés en el bebé. Quería a Bella y estaba luchando para alejarse de su padre.

—¡Mami! —Extendió sus brazos, rogando.

El niño se arrastró hacia el costado de su madre y enterró su cabeza en su cuello.

—Oye, está bien. —Ella acarició su cabello espeso y rebelde—. Todos estamos aquí, ¿ves? Mami tuvo que venir al hospital porque era hora de que Grace naciera. Papi tenía que estar aquí también, así podíamos asegurarnos que ella supiera lo mucho que la amamos ya.

—Quiero que vengas a casa —se quejó él.

—Estaré en casa pronto —prometió su madre—. E iré con Gracie así puedes sostenerla y conocerla más. El abu y la abue estarán allí para ti y para papi. ¿Te estás divirtiendo con el abu?

El primer nieto sacaba a relucir el carácter juguetón de Carlisle que incluso su esposa e hijo no podían haber anticipado. Cuando Garrett desaparecía durante la visita de sus abuelos, sus padres aprendieron a no preocuparse. Él casi siempre estaba con Carlisle, leyendo o enseñándole a su abuelo a jugar con Legos o mirando caricaturas.

—Sí. Pero te extraño.

Ella lo abrazó.

—También te extraño. No me quedaré aquí por mucho tiempo. Y, ¡oye! Ahora tienes una hermanita. Ya no estarás solo. —Ella intentó sonar alentadora, sus experiencias como hija única repitiéndose en el fondo de la conversación con su primogénito. Edward también sabía cómo era, y aunque sus circunstancias eran diferentes, los dos habían sabido que querían tener más de un hijo.

No hubo duda sobre el nombre de su primer hijo una vez que él llegó.

Se dio cuenta que había perdido el rastro de su hija. Estirando su cuello, pudo ver un bulto en los brazos de Carlisle. Él le estaba sonriendo a Grace con maravilla y cariño, acomodando la manta alrededor de su cabeza así no cubría su rostro.

Algo en el cariño de Carlisle hizo que Bella repentinamente extrañara a su madre y su padre muy intensamente. Ellos se habían quedado con Bella y Edward cuando Garrett nació, pero esta vez solo podían volar después que naciera su segundo nieto, para quedarse alrededor de una semana. Bella deseaba que Renée estuviera allí para ayudar con Grace también. Esme era maravillosa, pero Bella ansiaba el confort y la comprensión que venía de su propia sangre.

Nuestros hijos están rodeados de amor. No sé qué hice bien en este mundo para merecer esto, pero le agradeceré a Dios por ello todos los días. Las lágrimas la tomaron por sorpresa, y se las quitó rápidamente antes que Garrett se diera cuenta. Él ya estaba buscando a su padre de nuevo.

Edward lo tomó en brazos y colocó al niño sobre su cadera. Garrett, que había tenido suficiente alegría familiar por el momento, le susurró a Edward, «Tengo hambre».

—Yo también. —Y era verdad; Edward finalmente se dio cuenta que estaba hambriento. Tenía que recuperar las energías; sentía como si tal vez nunca volvería a necesitar dormir de nuevo. La llegada de su segundo hijo le había revitalizado de una manera que solo un milagro podía.

—¿Podemos ir a casa a desayunar? —Garrett entusiasmadamente tomó del cuello de la camiseta de su padre.

—Creo que esa es una excelente idea. ¿Qué quieres?

—Panqueques —susurró Garrett solemnemente. Él era un niño serio la mayoría del tiempo; tan igual a su madre que el corazón de su padre casi estallaba cada vez que sostenía a su pequeño.

—Podemos hacer eso. —Llevó a Garrett hacia Bella para despedirse—. Lo llevaré a casa y le prepararé el desayuno. Volveré más tarde.

—Nos quedaremos por un momento y entonces iremos a casa así puedes regresar aquí para quedarte con Bella y la bebé —le dijo Esme.

—¿Mamá va a desayunar? —Su hijo estiró su mano hacia Bella con angustia.

—Le darán algo de comer aquí. No te preocupes; ella estará en casa pronto. Los doctores quieren asegurarse de que mami y la bebé descansen un poco aquí antes de que puedan salir del hospital.

—¿Grace va a comer? —Edward se detuvo, sorprendido y complacido de que su hijo considerara preguntar por su hermana ya. Pero esa preocupación era heredada de Bella también.

—Mami le dará de comer, no te preocupes —contestó, esperando que no hubiera más preguntas sobre cómo hasta que Bella le ayudara a explicar el concepto de amamantamiento.

Él bajó a su hijo y sostuvo su mano mientras caminaba hasta el ascensor.

—Entonces, ¿panqueques? ¿Con chips de chocolate?

—¡Siiiií! —Garrett hizo un baile infantil de felicidad—. ¿Qué vamos a hacer después de comer?

—Lancemos unas canastas, pequeñín.


¿Estamos llorando por este final?

¡Gracias por acompañarme en otra traducción! Espero que les haya gustado.

Antes de irse, por favor, les pido si pueden agradecer el permiso a la autora en la historia original. Pueden dejar un mensaje en español, en tal caso por favor escríbanlo lo más claro posible en caso que usen el traductor, o sino pueden dejar una idea que les dejo a continuación. El link a la historia lo encuentran en mi bio :)

Hey! I've just finished reading the Spanish version of Boxing Out. We really loved copward and Bella, their love was so sweet! Thank you for allowing Pali to share your story in another language. Greetings from (tu país)!

En unos días subiré adelantos en el grupo de las historias que se vienen, desde ya gracias de nuevo por seguir aquí.

Abrazos,

Pali