Hola lectores!
Queda poquito para que se acabe febrero, que a diferencia de enero se me ha pasado volando. Traigo el capítulo nueve de esta historia, un poco mas largo que los caps anteriores.
Muchas gracias por sus reviews! Hemos alcanzado un total de 121 para esta historia!
- kcar: De a poquito Inuyasha no podrá resistirse a los encantos de Kag y terminará preocupándose por su bienestar más de lo que desearía. Gracias por leerme! Siempre eres el primer comentario ajajaj, debería poder entregarte un reconocimiento por ello. Un abrazo!
- Kayla Lynnet: Hermosa Kayla! Gracias por seguir mi historia. Efectivamente, Naraku no se quedará de brazos cruzados y parte de sus planes se verán en este cap... Espero te agrade! Un abrazo.
- Angela Inukag: Querida Angela, la verdad contestar mis reviews me toma bastante tiempo, pero los leo todos, porque se que es una muestra de cariño de cada uno de ustedes. Mi plan es jamás perder esa cercanía con ustedes, en un principio con 3 reviews era sencillo, ahora se ha hecho complejo pero no imposible! Jaja. Muchas gracias por amar tanto mi historia! La verdad es que si logro provocar todas esas sensaciones con mis palabras, vamos por buen camino. Puedes encontrarme como franimiau en instagram! Aunque es una cuenta donde subo más tonteras de mi día a día que de mi labor como escritora, pero al menos así puedes saber en que ando y no preocuparte si desaparezco mucho tiempo jaja. Un abrazo!
- Cbt1996: Emociones por doquierrr, esa es la idea ajajaj. Querida Cin, feliz de leerte entre mis comentarios, Inuyasha es impulsivo y obviamente al escuchar a Kag mal sale todo su lado sobreprotector, pero aún tenemos esta dualidad de sentimientos, donde realmente le atrae pero no puede admitirlo porque es hija de la persona que más odia :c Veremos un poco de eso en este cap, aunque adelanto que si bien por ahora puede controlarse, tarde o temprano kag pasará a ser su prioridad numero uno y ahi uff... ahi se viene todo intenso todo dramático ajajaj. Mil gracias por tu cariño y apoyo!
- Karii Taisho: La verdad es que ambos están muy acostumbrados a ser invencibles, a mostrar siempre esa faceta fuerte sin poder dejar a la luz sus sentimientos. Me alegro que hayas encontrado ese punto melancólico en el inicio del cap, esa era la intención, demostrar que de una u otra manera ambos son la zona segura del otro. Inuyasha no va a alejarse por ningún motivo de kag, no por el momento y no después de lo que sucedió entre los dos... Digamos que se ha obsesionado un poqui con nuestra prota jaja. Mil gracias por tus comentarios, siempre tan oportunos y cariñosos! Un abrazo Karii.
- Rosa Taisho: Obviamente Inuyasha no ha sacado para nada a kag de su sistema, lo veremos por aquí en el cap ajajaja. Hay muchas cosas por descubrir aún, Naraku tiene un montón de secretos guardados por allí. Te extrañaba amiga mía!, espero poder estar un poco mas presente las próximas semanas. Un abrazo.
- Marlenis Samudio: Inuyasha siempre ha querido vengarse de Naraku, sin embargo sabe que eso traería problemas a su familia y para él es mas importante mantenerlos a salvo :c el problema se viene ahora, donde se ha encariñado de Kag y en realidad tiene que tomar una decisión, sobre si arriesgar todo por ella y cargar con la culpa luego o seguir protegiendo a los suyos... Complicadisimo se viene. Espero disfrutes este cap! Cariños Marlenis.
- Carli89: He logrado el objetivo: que odiaran a Naraku, hasta yo lo detesto aajjjaja, eventualmente todo se sabrá y sera un caos... Por ahora Naraku actúa con un objetivo en mente: Mantener a su hija controlada. Muchas gracias por leerme Carli! Espero este cap 9 te guste tambien.
- joiscar: Me alegro de que te gustara! Efectivamente, Inuyasha no puede evitar sentir este apego y sobreprotección sobre Kag, veamos que consecuencias traerá tarde o temprano jeje.
- Rocio K Echeverría: Disfruto tanto tus comentarios, porfavor nunca los resumas, ajajaj amo leer cada una de tus emociones. Me alegro infinitamente de que disfrutaras el cap 9, ha sido un lemon dificil de crear, teniendo en cuenta que efectivamente, ambos se deseaban, sin embargo demostrar que era algo carnal con un poco de sentimiento entremedio fue complejo sin caer en una escena adorable como me encantaría escribir (aunque aún falta para ello). Inuyasha no tiene planes de irse a Japón, no por el momento, digamos que si bien quería sacarse a kag del sistema no ha tenido mucho exito en ello... Muchas gracias por tu cariño y tus animos! Estoy bastante cansadaaa, estas semanas han sido agotadoras, me muevo gracias a la frase que mencionas: todo esfuerzo tiene su recompensa. Espero disfrutes este cap! Ahi me cuentas jiji.
- Shikon de Oz: Uff si tuviéramos la opción, probablemente quemaríamos vivo a Naraku ajajaja, se viene intensisimo. Muchas gracias por leerme amigo!
- Megoka: Pasará bastante tiempo antes de que kag se de cuenta de que necesite protección :c sabemos como es de testaruda y por ahora se siente un poquito invencible.
- Ladyahomehigurashi: Muchas gracias! Amo que te guste tanto mi trabajo. Lamento no haber podido actualizar el 15 para tu cumpleaños :c tuve un problemilla de salud que no pudo esperar. Espero lo hayas pasado de maravilla y que este regalito atrasado aún sirva jaja. Un abrazo enorme!
Subiré un adelantito del cap 10 en mi pagina de facebook en unas cuantas horas! Para que esten atentos. Un abrazo los adoro montones.
Frani.
Capítulo 9.- Lo que no podemos controlar.
Inuyasha
Puse a hervir el agua en cantidad suficiente para ambos, sin embargo, cuando me di la vuelta para buscarla apenas pude alcanzarla antes de que subiera al ascensor.
– Hmm ¿Te vas sin despedirte y sin desayunar?
– No tengo hambre. - Exclamó sin mirarme, mientras miraba algo al parecer mucho más interesante que mi cara en su teléfono celular.
– ¿Vas a decirme qué pasa? - Pregunté.
Parte de mí quería que ella se quedara, ¿Por qué ella no quería lo mismo?
Levantó su mirada hacia mí y sólo entonces pude ver la preocupación escondida sutilmente en sus ojos chocolate.
– Déjame salir, por favor. - Intenté leer sus pensamientos con todas mis fuerzas, viéndome extremadamente frustrado cuando no lo logré.
Me hice hacia un lado y asentí. Lo último que vi de ella fue el cómo apretaba y cerraba sus puños mientras las puertas del ascensor se cerraban entre los dos.
Contrario a mis expectativas bebí mi café caliente en solitario, mirando el ascensor por el que ella se había ido hace apenas quince minutos. Aún podía sentir su aroma dulce revoloteando a mi alrededor, entremezclado con el aroma penetrante del expresso en mis manos.
Siempre había sido bastante sencillo para mí leer a las mujeres como a un libro abierto, sin embargo Russo había llegado para cambiar eso y para ser honesto era algo que me frustraba bastante y al mismo tiempo me intrigaba. Eso era lo que me molestaba: sentir tanto interés por ella; después de todo Inuyasha Taisho no rogaba la atención de nadie, y definitivamente nadie valía tanto la pena como para ganarse un espacio tan grande en mis pensamientos.
Sacudí mi cabeza, negado a seguir pensando en ella, me puse de pie rápidamente, me duché y me vestí para estar en tiempo record en la sala de estar del piso de abajo. Sango me miró extrañada mientras mascaba una manzana.
– Dichosos los ojos que te ven Inuyasha ¿Al fin recordaste que tienes una mejor amiga? - Sonreí.
– Exactamente. De hecho, vengo a invitarte a almorzar. - Exclamé quitando la manzana de sus manos para morder la parte contraria.
Sus ojos brillaron emocionados.
– ¡¿Finalmente vamos a conocer Italia?! - Asentí.
– Iremos a Florencia, alguien me ha dicho que es un lugar turístico muy bonito.
– ¡Perfecto! Deja vestirme y nos vamos. - Avanzó dando saltos felices hasta perderse por el pasillo.
– Te espero aquí. - Exclamé mientras me sentaba en el sofá.
Una hora más tarde ambos íbamos sentados en el auto, con gafas de sol por la carretera y siguiendo el gps. Kagome no había mentido sobre la bonita arquitectura de Florencia, una que definitivamente no había encontrado nunca en Japón.
– ¿Qué tal las cosas con tu araña? - La voz de mi mejor amiga me trajo de vuelta a la realidad. Para entonces ya estábamos sentados en la mesa de un restaurante, pese a que yo había funcionado en piloto automático.
– ¿Araña? - Ah… Kagome. - Bien, nos llevamos un poco mejor.
– ¿Has ganado su confianza?
– A medias.
– ¿Tanto tiempo te está tomando? Empiezo a creer que quizás perdiste tu toque con las mujeres. - Sonreí.
Si tan solo supieras querida amiga…
– En mi defensa Russo no es igual a la mayoría de las mujeres, es bastante más desconfiada y cautelosa. - Respondí mientras cortaba un trozo del medallón de carne en mi plato.
– Tiene sentido, debe presentir que todos la odian, teniendo un padre como Naraku… - El sonido del cuchillo al chocar de lleno con la cerámica del plato la hizo guardar silencio.
– Puede que tenga problemas suficientes para necesitar una amiga. - Exclamé. - Te sorprendería lo sola que está esa mujer en el mundo.
– Nadie podría querer ser su amiga. - Exclamó de inmediato. - …Todo es muerte y sangre a su alrededor.
Sonreí, obligándome a guardar todos mis pensamientos.
Me esmeré en buscar distracciones durante todo el día, ocupé gran parte de mi tiempo en almorzar y recorrer con Sango Florencia, tal y como ella había recomendado, al regresar ordené el departamento e incluso jugué un par de videojuegos en la consola abandonada en la habitación. Sin embargo, nada logró quitar su imagen de mi cabeza.
Las horas pasaron, el sol desapareció en el horizonte, la oscuridad se hizo protagonista y esa jodida heredera aún no se dignaba a aparecer, no había mensajes, no había llamadas, no había absolutamente NADA.
Tecleé sin pensar un mensaje corto y conciso. Me moví como león enjaulado en mi habitación, meditando si apretar el botón de "enviar" realmente valía la pena. Mordí mis garras al no poder controlarme, ¿Desde cuándo era yo el que buscaba a las mujeres?
Apreté enviar y lancé el teléfono lejos, demasiado ansioso para esperar su respuesta. Sin embargo los minutos pasaron y la curiosidad terminó por asesinarme. Recuperé el aparato como un perro arrepentido y marqué su número, esperando pacientemente mientras el tono de llamado me quemaba poco a poco el cerebro.
Cuando el tono de marcado dejó de hacer eco en mi cabeza el corazón se me estrujó en el pecho, no había planeado muy bien las cosas. Esperé a que ella hablara primero, sin embargo no sucedió.
– ¿Kagome? - Nada, no obtuve respuesta. Estaba dispuesto a hablar de nuevo, sin embargo el sonido escueto y fugaz de un sollozo reprimido me hizo apretar el teléfono entre mis dedos. - Kagome…
Para ser una persona tan fuerte y avasalladora como me había demostrado en múltiples oportunidades, las últimas horas de la azabache habían sido un acumulo de lágrimas y eso me molestaba.
– No vuelvas a escribirme ni a llamarme. - Exclamó bajito.
Fruncí mi ceño, de todas las palabras que esperaba escuchar… Particularmente esas no entraban en la lista.
¿Por qué? Si nuestro último encuentro me tenía obsesionado con volver a verla… ¿por qué no había provocado el mismo efecto en ella?
Y entonces lo comprendí. Casi pude sentir un chasquido en mi cerebro cuando recordé a la única persona que podía asustarla a tal punto.
Su padre.
Apreté mis puños.
– Puedo sacarte de allí, sólo pídemelo y voy por ti ahora mismo. - Exclamé.
Iba a matar al idiota, iba a destrozarlo pieza por pieza si es que se había atrevido a tocarla, si es que un cabello de su hermosa cabeza estaba fuera de lugar…
– Ten un regreso tranquilo a Japón Taisho, tú y tu hermano, esa es la única manera en la que puedes ayudarme, desapareciendo de mi vida. - Y entonces cortó, dejándome nuevamente en el solitario silencio de mi habitación, con más dudas que respuestas en mi cabeza.
'
No me di cuenta de mi respiración forzada hasta que una mano se posó en mi hombro, sacándome del trance. Me giré listo para atacar, sin embargo la adrenalina disminuyó a la mitad cuando me encontré con un par de ojos dorados idénticos a los míos que me miraron preocupados.
– ¿Todo bien? Luces descompuesto…
Y efectivamente, lo estaba.
La rabia avanzó hasta alcanzar cada rincón de mi cuerpo, ardiendo como lava bajo mi piel. El único pensamiento consciente fue Kagome, y el único objetivo en mente fue sacarla de esa jodida mansión.
Caminé a zancadas fuera de mi habitación, listo para esquivar las preguntas que sabía mi hermano tenía preparadas, sin embargo me detuvo a mitad de camino.
– Inuyasha…
– ¡DÉJAME EN PAZ! - Gruñí superado.
Aquella reacción lo sobresaltó por unos segundos, sin embargo frunció su ceño y me tomó por los hombros una vez más, aunque sin tanta delicadeza esta vez.
– Contesta mi pregunta, francamente he tenido un día de mierda y será bastante sencillo desquitarme contigo. - Exclamó.
Conté hasta diez mentalmente, tomé un respiro profundo y cerré los ojos antes de contestar. Una pelea con mi hermano no era lo que necesitaba en esos momentos.
– Necesito ir a buscar a Kagome y tú sólo me estás quitando tiempo. - Exclamé zafando de su agarre.
Miró su reloj y luego regresó de vuelta a mí, con la confusión en todo su rostro.
– ¿A esta hora? - No contesté. - Inuyasha…
– Creo que puede haberle pasado algo, me ha dicho que tú y yo debemos irnos de Italia, estaba llorando… - Nada de lo que dije despejó la duda en Sesshomaru. - …Olvídalo, no te necesito para esto.
Estuve a segundos de alcanzar el ascensor, sin embargo…
– ¿Qué pasa con la heredera Russo? ¿Acaso se te ha metido como una astilla en el corazón?
Mis pasos se detuvieron al instante, sin embargo no me giré a mirarlo.
– Keh, no digas tonterías. - Una risa burlona fue su respuesta.
– Menciona la última vez que saliste desesperado a las dos de la mañana en busca de una chica, esperaré pacientemente. - Musitó y yo guardé silencio. - Es un error, arranca el sentimiento de tu corazón ahora, antes de que sea demasiado tarde.
Me giré molesto para enfrentarlo.
– Te jactas de conocerme y no puedes estar más alejado de la realidad, querido hermano. - Me sonrió.
– Si estoy tan equivocado demuéstramelo y quédate aquí. - Se cruzó de brazos mirándome fijo. - Pon un pie en ese ascensor y asumiré que te has enamorado de Kagome Russo.
– Estás jodiéndome…
– Puedo llamar a nuestro padre ahora mismo. - Exclamó sacando su celular del bolsillo de su pantalón. - Le encantará escuchar estas buenas nuevas: El pequeño Inuyasha Taisho, su hijo adorado, enamorado de la hija de su peor enemigo… Este es el guión perfecto para una novela barata, ¿Debería vender los derechos a netflix?
Me sonrió sarcástico y yo sólo apreté mis puños. Mi hermano sabía exactamente dónde golpear mi frágil orgullo para manipularme.
Bajé un poco mis revoluciones y medité la situación. Kagome Russo debía estar bien ¿no? De lo contrario no podría haberme contestado el teléfono.
Cerré los ojos y fingí una sonrisa.
– ¿Tan enamorado estás que ves el sentimiento en todas partes? - Exclamé burlón y caminé tranquilamente de vuelta a mi habitación. - Bien, supongo que da igual, por mí que la perra se muera, no me importa en lo absoluto. - Me detuve a mitad de pasillo, sin embargo no me giré a mirarlo. - Ah, por cierto, te quiero fuera de mi apartamento, ahora.
Cerré la puerta de un portazo y me lancé de vuelta a la cama. Apretando mis sienes con fuerza.
Por mi que la perra se muera.
Me repetí la frase en incontables oportunidades intentando convencer a mi cerebro de que no me importaba, de que no la necesitaba, hasta que finalmente caí en la inconsciencia.
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Kagome
Me sumergí en la oscuridad silenciosa, densa y asfixiante. Me encontré caminando por un laberinto de espejos interminables. De pronto, en cada reflejo, mi padre se manifestó como un ser omnipotente. Su expresión cambiaba constantemente, de espejo a espejo, oscilando entre la calidez y la frialdad.
Continué avanzando por aquel pasillo enorme, sintiéndome acorralada bajo su mirada, que pronto se tornó oscura y asesina. Los espejos multiplicaban su maldad, creando un aura tenebrosa. Intenté gritar, sin embargo el sonido no salió de mi garganta.
– ¿Por qué lloras Sole Mio? - Su voz retumbó en las paredes mientras su sonrisa malévola me ponía los pelos de punta.
Me hice bolita y escondí mi cabeza entre mis piernas.
– No eres real.
– Ajá, intenta convencerte a ti misma. - Respondió.
– No es real, no es real.
– ¿Vas a dejar que se robe tu valentía? Me decepcionas, Russo. - Aquella voz ronca me hizo alzar la mirada.
Me encontré con un par de ojos dorados y una sonrisa torcida que entibió mi corazón.
Aquello fue lo último que recordé de mi sueño, justo antes de despertar de golpe y sentarme en la cama. Miré a mi alrededor un poco desorientada. Una de las mucamas me sonrió.
– Hai fatto un brutto sogno? (¿Ha tenido un mal sueño?) - Preguntó y yo sólo sonreí.
Vi cómo guardaba ropa limpia en mi closet, así como también dejaba una caja enorme en el sofá más cercano.
– Che cos'è? (¿Qué es eso?) - Pregunté.
– Tuo padre l'ha comprato per te (Su padre lo ha comprado para usted) - Respondió sonriente y yo fruncí mi ceño.
Me puse de pie caminando hasta la caja, quité la tapa y me encontré con un vestido de gala en color burdeo, ajustado, largo y con un corte sensual a mitad de muslo derecho. El escote poco recatado iba destacado con pequeños brillantes tejidos que brillaban intensamente a la luz del sol. Lo solté con asco y volví a la cama.
– Esci dalla mia stanza adesso. (Sal de mi habitación ahora) - Ordené y la mucama asintió, obedeciendo de inmediato.
Tomé mi celular, revisé el centro de notificaciones y caminé directo al baño, lista para hundirme en un baño caliente.
Para el momento en el que me despojé de mi ropa y me sumergí en el agua caliente, mis pensamientos ya habían regresado de vuelta a Inuyasha Taisho. Apreté mis ojos con fuerza, sin embargo la oscuridad de mi mente tampoco era un lugar seguro para mí en esos momentos.
Me aferré al recuerdo de sus besos y los trazos de sus garras sobre mi piel y el cómo hubiera preferido quedarme allí, justo entre sus brazos antes de regresar a casa.
Al salir me miré en el espejo por unos instantes y acaricié mi cuello con delicadeza. No había marcas allí, sin embargo aún dolía en mi mente.
Sacudí mi cabeza, negándome por completo a caer en ese espiral depresivo. Aún tenía cosas por solucionar, aún tenía un sujeto al que rastrear y verdades por encontrar. Esperé de corazón que mi llamada hubiera bastado para hacer que ambos hermanos Taisho desaparecieran de mi vista, antes de que el caos volviera a desatarse y fuera demasiado tarde.
Cuando estuve lista y vestida cómodamente con unos pantalones cargo y una camiseta de tirantes salí de mi habitación, bajé las escaleras y caminé hacia la cocina. Allí Kouga me sonrió.
– Iba a llevarte el desayuno. - Exclamó con una bandeja en sus manos.
– No es necesario, ya estoy aquí. - Le sonreí y asintió, dejándola sobre la mesa.
Tomé una de las tostadas y dí una mascada mientras revolvía la taza de té.
– ¿Estás bien? - Preguntó mirándome preocupado.
– ¿Por qué no lo estaría?
Intenté esbozar una falsa sonrisa que murió a la mitad. Mi cuerpo se tensó de inmediato cuando el aroma de mi padre invadió el lugar. No tuve que verlo, simplemente me puse de pie lista para salir de allí.
– Kagome… Tenemos cosas de las que hablar. - Exclamó a mis espaldas.
– No tengo nada que hablar contigo. - Repliqué.
Me tomó por la muñeca, apretando con fuerza para captar mi atención.
– Estoy un poco cansado de esta faceta de rebeldía. - Exclamó mirándome fijo. - Tienes 21 años, vives bajo mi techo, obedeces mis órdenes.
Me reí en su cara.
– ¿Qué vas a hacer? ¿Encerrarme en lo alto de una torre? - Una sonrisa escalofriante surcó su rostro.
– No me tientes, hija mía. Eres la luz de mis ojos, pero eso no te hace intocable. Si tengo que romperte en pedazos para mantenerte quieta, voy a hacerlo, creo que he dejado ese punto bastante claro ayer.
Fruncí mi ceño y sacudí mi brazo para librarme de su agarre.
– Voy a irme de esta casa, tan lejos que jamás puedas encontrarme. - Exclamé.
– Inténtalo, voy a traerte de vuelta todas las veces que sea necesario, viva… o muerta.
Sonreí.
– ¿Este es el amor de padre del que te jactas tanto? - Exclamé sarcástica.
Vi sus ojos oscurecerse, me hice hacia atrás, sin embargo su mano sujetó mi barbilla con fuerza.
– Señor Russo. - La voz de Kouga lo distrajo. - Le ha llegado un paquete hoy temprano.
Se acercó para entregárselo en sus manos y aquello fue distracción suficiente para que me soltara. Me di la vuelta para volver a mi habitación y hacer mi maleta.
– Evento formal a las 20, usa el vestido que te regalé. - Exclamó.
– Púdrete, me iré de esta casa ahora mismo. - Exclamé.
– ¿Quieres información sobre la muerte de tu madre? - Preguntó y me detuve a mitad de camino, girando para mirarlo y recibir al instante una sonrisa asquerosa de su parte. - Quédate, cumple con tu labor de hija y lo hablaremos mañana por la mañana.
– ¿Lo prometes? - Pregunté.
– Lo prometo. - Musitó. - Supongo que hay cosas que mereces saber.
Lo medité por unos segundos y asentí, poniendo mi última gota de fé en su existencia.
– ¿Que clase de evento formal es?
– Uno al que no puedes faltar… No querrás perdértelo por nada del mundo, sole mio. - Seguí avanzando. - No olvides que puedes asistir a voluntad u obligada, tú decides.
Apreté mis puños y seguí con mi camino.
Esperé pacientemente a que mi padre saliera en su lamborghini. Solo entonces busqué mi bolso y mis zapatos.
– Tú y tu deseo incontrolable de desobedecer… - La voz de Kouga me distrajo en mi tarea.
– Ya sabes, tengo problemas mentales. ¿Me ayudas con el broche del collar? - Sonreí inocente y él puso los ojos en blanco.
Se acercó a mis espaldas, tomó el broche entre sus garras y sentí el clic cuando cumplió con lo que le había pedido. Dejando adosado a mi cuello un pequeño brillante en punto de luz.
– ¿Dónde estuviste anoche? - Preguntó.
– ¿Quién eres, mi padre?
– Solo me preocupo por ti. - Sonreí y me giré para mirarlo de frente.
Me estiré de puntillas para alcanzar sus labios.
– No es necesario. - Di un beso corto y seguí alistándome.
– ¿Estuviste con el Taisho menor?
– ¿Y qué pasa si estuve con él? - Contesté desafiante.
– Kag… Aléjate de los Taisho, no tienes idea de con quienes estás arriesgando tu vida. - Sonreí.
– ¿Dices que mi vida está más segura aquí, dentro de las cuatro paredes de mi adorada mansión, donde mi padre literalmente me ha roto la tráquea? - Guardó silencio. - Eso creí.
– ¿Y dónde planeas ir?
– Rastreé a un tipo que podría tener respuestas para mí.
– Y el evento que mencionó tu padre…
– Tengo 12 horas para llegar a tiempo.
– ¿Quieres que te acompañe?
– No por el momento, pero mantente pendiente a tu teléfono. - Asintió.
Salí de la mansión, sintiendo las miradas poco disimuladas de todos los trabajadores antes de subir a mi auto. Aceleré para salir de ese nido de víboras lo antes posible y busqué en el gps la dirección a la que me llevaba el nombre encontrado.
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Para cuando llegué reconocí de inmediato el maserati estacionado frente a la casa y suspiré antes de bajarme. Me encontré de frente con Sesshomaru Taisho, quien me sonrió tan encantador como siempre.
– Buenos días querida Russo.
– ¿No le dije a tu hermano anoche que regresaran a Japón? - Pregunté y él asintió.
– Algo asi mencionó, comprenderás que no recibimos ordenes de nadie. - Fruncí los labios. - ¿Alguna razón en particular para querernos lejos otra vez? Tu ambigüedad me tiene un poco confundido.
Pensé en omitirlo, sin embargo…
– Mi padre me ha dejado al borde de la muerte ayer. - Exclamé y su sonrisa se borró al instante. - El pasar tiempo con ustedes hará que me maten tarde o temprano y no puedo arriesgarme a eso, no sin antes descubrir la verdad.
– ¿Tu padre está de regreso? - Asentí. - Comprendo…
El ruido de un sujeto reclamando mientras era arrastrado desde la casa nos distrajo a ambos. Inuyasha lo arrastraba por el cuello con poca delicadeza, sin embargo cuando sus ojos se encontraron con los míos lo dejó caer.
– ¿Qué haces tú aquí? - Preguntó.
Me distraje por un instante en lo pulcro y encantador que se veía. El traje formal en negro estaba de vuelta, con una camisa en el mismo tono con los botones del cuello desabrochados, dejándome ver parte de su torso, uno que ya conocía bastante bien. Una cadena de oro brilló abrazada a su cuello, combinando a la perfección con el plateado intenso de su cabello largo. Tuve la necesidad de aclarar mi garganta antes de seguir.
– Venía por el sujeto golpeado y maltratado a tus pies. - Exclamé mirándolo para luego regresar al dorado de su mirada. - Si fueras tan amable de entregármelo…
Sonrió y un escalofrío recorrió mi espalda.
– Llegamos antes.
– No me importa.
La mano de Sesshomaru se posó sobre mi hombro, haciéndome girar hacia él.
– Esto no es una competencia, queremos ayudarte, eso es todo. Interroguemos a este tipo en el departamento, luego sigues por tu cuenta y nosotros nos marchamos, es una promesa.
Suspiré y asentí.
– Bien, me encargaré de que esa promesa se cumpla. - Me sonrió y caminé de vuelta a mi auto. - Los sigo.
Al llegar al apartamento de Inuyasha lo primero que apareció en mi mente fueron los recuerdos de la noche anterior, los que bloqueé con esfuerzo para no distraerme.
– ¿Qué hace ella aquí? - La voz de la mejor amiga, Sango, me tomó por sorpresa.
– Sesshomaru la ha invitado. - Respondió el menor de los Taisho y entonces ella guardó silencio al instante.
– ¿Sango, no? - Pregunté y ella me miró con odio. - Sé que partimos con el pie izquierdo, pero sólo quería defenderme, espero puedas entenderlo. - Resopló y giró su cabeza para restarme importancia.
Inuyasha soltó al pobre sujeto sobre el piso con poca delicadeza, quitando las amarras de su boca y agachándose a su lado.
– Bien, bienvenido señor Usumake. Tal y como hablamos en su domicilio, espero pueda cooperar lo suficiente. - Le sonrió y Kirito sólo guardó silencio. - Usted envió una información hace un par de días sobre el vuelo 503, aquel que Megumi Russo abordó antes de morir ¿Correcto? - El sujeto solo asintió. - ¿Dónde y cómo consiguió esa información?
– Fui quien redactó ese titular hace 15 años, era periodista en área policial y de investigación. - Exclamó.
– ¿La información es real? - Pregunté y él asintió.
– Para entonces tenía mis contactos con los detectives involucrados en la investigación. Ese avión fue revisado esa misma mañana antes de despegar y estaba en perfectas condiciones para volar, no había ninguna falla técnica, pese a que eso fue lo que se reportó.
– ¿Cómo es que sigues vivo? Manejando esa clase de información…
– ¿Tu padre ya debería haberme matado, no? - Me sonrió. - Cuando recibí sus amenazas cambié mi nombre y desaparecí de Italia por un tiempo, he regresado hace apenas un par de años.
– ¿Y por qué enviaste esa información otra vez?
– Porque creo que Naraku debe pagar por todo el daño que provoca… Perdí mi carrera para entonces, la venganza es un plato que se sirve frío.
Sonreí.
– Yo podría matarte ahora mismo.
– Y entonces perderías toda oportunidad de saber lo que realmente sucedió con tu madre… Sé que eres mas lista que tu padre.
Guardé silencio.
– El caso de Megumi Russo y el vuelo 503 fue cerrado hace años como resuelto. No hay forma de reabrirlo, las piezas de ese avión probablemente ni siquiera existan en la actualidad. - Exclamó Sesshomaru.
– Lo sé, por eso he dedicado mi tiempo a investigar sobre Naraku Russo y su imperio en Italia. - Respondió Kirito. - Tengo tanta información sobre sus negocios ilegales que podría ser suficiente para encarcelarlo por décadas.
– ¿Y por qué no la has utilizado? - Pregunté.
– Porque tu padre controla la ley en este país y probablemente en mi primer intento acabaría descuartizado. - Exclamó. - Pensé que si entregaba esa información a gente con más poder… Gente como los Taisho, que coincidentemente estaban de viaje en Italia, tal vez las cosas podrían resultar diferentes. No esperaba que ellos tuvieran contacto contigo, eso definitivamente no estaba en mis planes. - Sonreí. - Así que supongo que mi destino está sellado, vas a matarme, ¿no?
Me agaché frente a él, estiré mi mano a su magullada mejilla, sin embargo esquivó mi toque al instante.
– Probablemente, pero no por el momento… Quiero que me entregues toda la información que mencionas.
– ¿Qué harás con ella?
– Ese es mi problema. - Sonreí y suspiré. - A cambio puedo perdonarte la vida, si es que sigues siendo tan útil como lo has sido hasta ahora.
Me miró confundido hasta que la respuesta llegó a su cerebro.
– Quieres destruir a tu padre, Russo. - Exclamó y yo guardé silencio. - ¿Quieres su fortuna? - Me reí.
– Hay cosas más importantes que el dinero en estos momentos.
Me puse de pie, miré la hora en el reloj adosado a mi muñeca y comprobé que habían pasado al menos cuatro horas desde mi salida de la mansión. No había mensajes de mi padre, pero podía apostar a que estaba preguntándose por mi paradero.
– …Si realmente quieres justicia puedo ayudarte a conseguirla, pero no será inmediata. - Exclamé mirando a Kirito y este me sonrió.
– He esperado más de una década, puedo ser un poco más paciente.
– Perfecto, yo voy a contactarte. - Inuyasha y Sesshomaru me miraron con interés. - No se atrevan a tocarle un pelo, déjenlo donde lo encontraron.
Me moví de vuelta al ascensor para salir de allí, sin embargo, sentí un par de pasos seguirme de cerca. Esquivé por poco la mano que intentó sujetarme por la muñeca, sin embargo la misma persona me hizo girar para enfrentarlo. Inuyasha me miró molesto desde su posición.
– ¿Tienes un minuto? - Preguntó.
– No realmente. - Me sonrió, como si esa fuera exactamente la respuesta que esperaba obtener.
Al segundo siguiente su mano derecha me sujetó por la muñeca, arrastrándome a vista de todos los presentes por el pasillo hasta la habitación que era su oficina. Apenas cerró la puerta di un tirón de mi brazo para zafarme de su agarre, sin embargo no lo logré.
– Suéltame. - Ordené.
– ¿Qué te hizo tu padre? - Preguntó ignorándome.
– Nada.
– Mentirosa. - Me acorraló contra la pared más cercana, sin soltar mi muñeca derecha. - Estabas llorando cuando te llamé.
Nuestras miradas permanecieron fijas la una en la otra, en un silencio avasallador mientras competíamos por demostrar quien era el más valiente e imponente de los dos. Parecía realmente frustrado, por la forma en que intentaba encontrar las palabras correctas para decirme, abriendo su boca para hablar y cerrándola al instante. A fin de cuentas se rindió, cerrando sus ojos y pegando su frente a la mía.
– Sólo… Déjame ayudarte. - Musitó. - Lo único que quiero es ayudarte.
– No puedes ayudarme. - Respondí.
– No tienes idea… - Levanté mi mano libre hasta su mejilla izquierda, me estiré de puntillas y lo vi cerrar sus ojos otra vez, listo para recibir mis caricias.
Sonreí sin poder evitarlo, era brutalmente extraña esa dualidad de personalidades en el sujeto frente a mi; tan intimidante y adorable a la vez.
– Necesito que regreses a Japón. - Susurré contra sus labios y él negó con la cabeza. - Eso es lo que puedes hacer para ayudarme.
– No voy a dejarte aquí sola.
– No tienes otra opción. - Me alejé lo suficiente para dejar en claro el punto. - Tú y yo… Nos odiamos, a muerte.
Sentí un par de pasos acercarse por el pasillo y de inmediato se alejó de mí.
Por primera vez desde que lo conocía no vi el odio que esperaba en sus ojos y eso me confundió. Me giré hacia la puerta y abrí de golpe, para entonces Sango y Sesshomaru estaban frente a ella.
– Asegurense de no estar en Italia para hoy en la noche… O yo misma me encargaré de sacarlos.
Salí de allí sin mirar atrás, sabiendo que parte de mí deseaba con creces permanecer con los dos.
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Horas más tarde.
El vestido burdeo era tan ajustado que se pegaba como segunda piel a mi cuerpo. Los cristales llamaban la atención a mi escote, algo que probablemente mi padre había tenido en consideración al escogerlo. Puse mis aretes y el collar en mi cuello desnudo antes de amarrar mis zapatos a mis tobillos.
Un par de toques en mi puerta me distrajeron.
– Adelante.
Kouga apareció vestido tan formal como siempre, sonriéndome al mirarme de pies a cabeza.
– Te ves preciosa. - Sonreí. - ¿Lista? La gente espera por ti abajo.
Me ofreció su brazo y suspiré antes de tomarlo.
Bajamos las escaleras juntos, mezclándonos con la gran cantidad de gente en el salón. Recibí el saludo de muchos de ellos, personas a las que en realidad ni siquiera conocía. Me obligué a sonreír forzosamente mientras avanzaba.
Kouga se detuvo de golpe al escuchar algo por su comunicador y me sonrió con un "ya vuelvo" antes de desaparecer.
– ¡Kagome! - Intenté ignorar esa conocida voz chillona, sin embargo su dueña se cruzó en mi camino, sonriente como siempre. - ¡Años sin verte!
Ayame Russo, hija de Onigumo Russo, una de esas familiares lejanas que prefería mantener de ese modo, luciendo un vestido verde oscuro en corte de sirena, rodeándome con sus brazos como si le hubiera otorgado permiso.
– Ayame, siempre es un gusto volver a verte. - Exclamé alejándola con sutileza. - ¿Cómo has estado?
– No puedo quejarme, las últimas semanas han sido maravillosas, viajando de un lugar a otro, ya sabes.
Ayame no era una mala persona, algo bastante difícil de declarar sobre cualquier persona con apellido "Russo", sin embargo no coincidíamos en nada y eso me hacía mantener la distancia.
– ¿Tu familia está bien? - Pregunté por cortesía.
Habían pasado apenas 6 meses desde la muerte de su padre, mi tío. También en circunstancias inexplicables en un viaje de negocios en Aruba.
La sonrisa se borró de sus labios y sus ojos verde esmeralda me miraron acongojados.
– Dentro de todo si, intentamos mantenernos unidos, ya sabes, es complejo llevar un duelo de esa magnitud. - Asentí. - Ha sido difícil.
– Puedo imaginarlo… - Exclamé. - Cuenta conmigo, para lo que necesites. - Podía no quererla demasiado, pero sabía lo horrible que era perder a uno de tus padres.
Me sonrió y asintió.
– Señorita Russo. - Ambas nos giramos al mismo tiempo ante la mención de nuestro apellido, sin embargo aquella conocida voz ronca debió darme indicios de que lo mejor era ignorarla.
Inuyasha Taisho apareció en todo su esplendor frente a nosotras, vistiendo un traje formal negro hecho a medida, moldeandose a la perfección sobre su apolínea figura. Sus ojos dorados solo me prestaron atención a mí, entrecerrados por una sonrisa torcida mientras tomaba mi mano entre las suyas y depositaba un beso en el dorso, uno que me hizo estremecer.
– …Debo decir que se ve hermosa esta noche, el burdeo definitivamente es su color. - Exclamó y sentí mis mejillas arder por un instante ante la intensidad de su mirada.
Agradecí por un instante cuando su atención fue captada por Ayame, quien aclaró su garganta a mi lado para no pasar desapercibida. Sin embargo al instante fruncí mi ceño, cuando mi prima le sonrió con toda intención de coquetearle.
– ¿No me presentas a tu invitado, prima? - Sonreí.
– Ayame, este es Inuyasha… Taisho. - La sonrisa en ella se borró al instante. - Pensé que serías capaz de reconocerlo por el color de su cabello y sus ojos, características exclusivas de su dinastía.
– Inuyasha Taisho… Cierto, ojos dorados y cabello plateado, como olvidarlo. - Su mente sabía que ese apellido era problemático, sin embargo volvió a sonreír cuando Inuyasha tomó su mano con delicadeza y repitió la misma acción que había hecho conmigo. - Soy Ayame Russo.
Inuyasha sonrió, utilizando todos sus encantos para destruirla.
– Me gusta la forma en que tu vestido combina a la perfección con tus ojos, Ayame. - Los miré incrédula a ambos cuando un sentimiento de celos me invadió por un instante al sentir que sobraba.
– ¿Qué hace aquí, señor Taisho? Si mal no recuerdo, usted volvía a Japón esta noche. - Exclamé para atraer su atención.
– En efecto, sin embargo su adorado padre nos ha invitado a esta celebración, ha aparecido en nuestro apartamento esta tarde, mencionando algo sobre "hacer las paces" y sobre "actuar como adultos"
– ¿Y su hermano?
– Rondando por allí, es un hombre bastante sociable.
Sonreí y miré a Ayame.
– ¿Nos das un momento a solas, prima?
– Pero quiero conocer más a Inuyasha… - Una sola mirada de mi parte bastó para que diera media vuelta y se perdiera en la multitud.
Mi padre no tomaba esa clase de decisiones sin un plan escondido.
Caminé en dirección contraria, sintiendo sus pasos seguirme de cerca hasta alcanzar el salón de lectura y cerrar las puertas tras nosotros. Lo tomé por el cuello de su camisa hasta acorralarlo contra la pared.
– Tienes que salir de aquí, tú y tu hermano, ahora.
– ¿Por qué? Sé que tu padre no se arriesgará a ejecutar una de sus jugarretas con tanta gente a su alrededor. - Susurró. - Además, el no asistir era una falta de educación tremenda que no nos podíamos permitir.
Lo solté.
– Entonces mantente lejos de mí.
– Eres tú quien me ha encerrado en este salón… Cuando yo sólo quería conocer más a tu prima.
Resoplé y lo solté con rabia antes de salir de allí.
Caminé por el salón principal esquivando a la gente, intentando alcanzar las escaleras para huir de allí. Las luces bajaron poco a poco su intensidad hasta dar énfasis al centro del lugar, desde donde mi padre sonreía haciendo sonar un cuchillo de plata contra una copa de espumante para acaparar la atención.
– Estimados amigos, familiares, es un agrado recibirlos una vez más en mi hogar, lugar que tantas veces ha sido testigo de hermosas celebraciones. La de hoy es una que llena mi pecho de orgullo, todos recuerdan a mi hermosa heredera, Kagome. - Me miró a la distancia y en tiempo récord el resto de las miradas me encontraron, mientras yo me limitaba a sonreír. - Ven aquí sole mio, quiero que todos admiren tu belleza.
Mi corazón dolió con cada paso que me obligué a dar en su dirección, con el presentimiento de que algo malo iba a suceder en cualquier momento. Para cuando me paré a su lado tomó mis manos entre las suyas, mirándome fijamente.
– El día de hoy veo a mi hija convertirse en una mujer adulta, triunfadora, valiente e independiente… El día de hoy entrego su mano a su prometido, Bankotsu Lombardo. - Y el corazón se me estrujó en el pecho.
Bien, definitivamente no estaba preparada para eso.
El ruido de sorpresa resonó al unísono en todos los presentes, justo antes de fundirse en ruidos de aplausos vigorosos.
Sentí mi alma abandonar mi cuerpo, dejándolo allí como una marioneta que no fue capaz de moverse ni reclamar por sus derechos, una marioneta incapaz de sentir algo.
La luz potente del lugar, el ruido ambiental excesivo y la sorpresa fueron la mezcla perfecta para mantenerme en silencio, algo que probablemente mi padre había planificado. Entregó mis manos a un sujeto alto que se acercó hasta nosotros, un sujeto de tez bronceada que llevaba su cabello negro y largo sujeto en una trenza alta. Sus ojos azules se entrecerraron al sonreírme y yo no pude corresponderle el gesto.
Me abrazó por la cintura y me atrajo hacia él, como si ambos nos conociéramos desde siempre, apoyando su barbilla en mi hombro derecho.
– No puedes imaginarte los planes que tengo para los dos, Kagome.
Repugnante.
Me eché hacia atrás como un gato asustado, sin embargo mi padre estaba listo para contenerme en sus brazos. Me giré para enfrentarlo.
– No estoy dispuesta a aceptar esto. - Exclamé.
– Lo hablaremos más tarde, ahora compórtate. - Exclamó apretando mis brazos bajo su agarre mientras seguía sonriendo.
Naraku Russo era un hombre extremadamente astuto. Sabía a la perfección que yo jamás sería capaz de crear una escena frente a cientos de invitados y contaba con ello al hacer el anuncio de ese modo, sin avisarme y sin consultar antes.
Nos sentamos en la mesa principal, rodeada de otras tantas cuando la cena estuvo lista y servida. Miré mi plato incapaz de comer un bocado, sintiéndome prisionera en mi propia mansión.
Bankotsu se sentó a mi lado, intentando alcanzar mis piernas por debajo de la mesa en múltiples oportunidades con sus manos mientras yo las esquivaba con cortesía.
Desde el segundo piso Inuyasha me miró con atención, apoyado en uno de los tantos pilares, con sus ojos clavados en mí y en mi ahora prometido. Agradecí internamente que mi padre estuviera demasiado concentrado en hablar de negocios con sus pares como para notarlo.
Suspiré antes de sacar el celular de mi bolso y redactar un mensaje rápido.
Kagome Russo (20:00): Deja de mirar.
Inuyasha Taisho (20:00): No.
Kagome Russo (20:01): ¿Quieres que mi padre te mate?
Inuyasha Taisho (20:02): Honestamente dudo que lo haga.
Kagome Russo (20:04): ¿Tan seguro estás de ello?
Inuyasha Taisho (20:04): He visto como el idiota que te ha conseguido como prometido ha estado estirando sus jodidas manos para alcanzarte toda la noche y tu padre apenas ha levantado un dedo… No va a matarme por mirarte.
Kagome Russo (20:08): Tú lo has dicho. Es mi prometido, tú no lo eres.
Inuyasha Taisho (20:08): ¿Entonces él puede tocarte y yo no?
Kagome Russo (20:10): Exacto.
Inuyasha Taisho (20:10): Hmm… Tengo un pequeño problema con eso.
Me obligué a ignorarlo y concentrarme en mi comida.
Inuyasha Taisho (20:11): …Aparentemente no estás fuera de mi sistema, Russo.
Me tensé en mi lugar, sintiéndome observada.
Inuyasha Taisho (20:11): Y apostaría mi vida a que yo tampoco estoy fuera del tuyo.
Miré a mi alrededor. Desde el balcón del segundo piso lo ví mirarme con intensidad justo antes de bajar su atención al celular entre sus manos y comenzar a teclear otra vez.
Inuyasha Taisho (20:12): Puedes quedarte con tu patético prometido, o venir al segundo piso y encontrarme, estaré esperando.
Apreté mis muslos antes de contestar cuando un pequeño hormigueo apareció entre ellos.
Kagome Russo (20:12): ¿Esperando por?
Inuyasha Taisho (20:12): Tu cuerpo debería saberlo, puedo sentir el exquisito aroma de tu excitación desde aquí.
Bloqueé el teléfono, lo escondí entre mis piernas y no volví a mirar al segundo piso, sabiendo que si me encontraba con aquellos ojos dorados sería incapaz de negarme a sus deseos.
Sentí la mano de Bankotsu buscar mi muslo y entonces suspiré.
– Mantén tus jodidas manos lejos de mí, esta es mi primera advertencia, y créeme cuando te digo que no habrá una segunda. - Exclamé en un susurro y su mano retrocedió lentamente, lo que me hizo sonreír. - Perfecto, muchas gracias.
– Tarde o temprano vas a tener mis manos encima de ti. - Susurró.
Ya fue, ya basta.
Me puse de pie de golpe movida por la rabia, atrayendo la atención de los presentes, incluyendo a mi padre, quien me miró preocupado mientras el resto de la mesa guardaba silencio.
– ¿Sucede algo cariño? - Preguntó.
– No padre, es sólo que todo esto del compromiso me ha puesto un poco nerviosa, iré al tocador. - Mi padre me sonrió y asintió.
– Comprensible sole mio, ve y tómate tu tiempo, Bankotsu de seguro no tendrá problema en esperarte.
Sonreí educadamente al resto y caminé hacia las escaleras, tomando mi vestido con una mano para evitar tropezar. Caminé por uno de los pasillos hasta alcanzar el baño y entonces un par de manos me sujetaron por la cintura y me arrastraron al interior.
Sentí el clic de la puerta a mis espaldas, sentí el calor asfixiante que su cuerpo emanó contra el mío y sus manos aferradas a mi cintura con posesión. En cualquier otra situación habría gritado, sin embargo conocía su aroma y en realidad no quería estar en otro lugar más que en sus brazos, demostrándome a mi misma con esa pequeña acción que yo entregaba mi cuerpo a quien yo quería.
Una de sus manos subió lentamente desde mi cintura hasta mi cuello, allí una de sus garras trazó suavemente el ángulo de mi clavícula. No hubo palabras entre los dos, no fueron necesarias. Simplemente bajó su rostro al mío y me besó con hambre, sujetando mi cabello en un manojo mientras su lengua buscaba la mía en un baile provocativo.
Mis manos desesperadas quitaron su chaqueta y luego de lograrlo fueron a por los botones de su camisa. Suspiré aliviada al lograr finalmente sentir su piel bajo mis palmas, mientras él sonreía entre besos.
No me importó demasiado si alguien nos había visto entrar, no me importó si incluso mi padre lo sabía. Lo único en lo que pude pensar fue en entregarme por completo al único hombre que parecía ser capaz de pegar mis destrozados pedazos con sus besos, alguien que me ayudara a borrarme por un instante.
Nos guió sin dejar de besarme al tocador, me levantó con facilidad en un solo movimiento y me sentó allí sobre el mármol pulido, abriendo mis piernas para hacerse espacio entre ellas. Sentí el crujir de las costuras de mi vestido cuando el rango de movimiento permitido fue sobrepasado, sin embargo no me importó. Uno de sus brazos me atrajo hacia su cuerpo por la cintura y gemí cuando sentí su miembro contra la tela de mis bragas.
– Dime Russo, ¿Me has extrañado estas horas como yo a ti? - Susurró contra mi oído, haciéndome temblar por lo cálido de su aliento.
Guardé silencio, sin embargo se movió a un ritmo lento para aumentar el roce y jadeé antes de morder su hombro para evitar gemir una vez más.
– Contéstame. - Ordenó y yo negué con la cabeza.
Al segundo siguiente su mano libre tiró de mi cabello hacia atrás, obligándome a mirarlo.
– No me mientas, no hay mentiras entre los dos. - Exclamó mientras sus labios rozaban mi mandíbula, dejando besos cortos que bajaron hasta mi cuello.
Sentí su lengua rasposa contra mi piel y gemí una vez más, cerrando los ojos con fuerza al sentir la humedad empapar mis bragas, las que corrió hábilmente con sus dedos, sonriendo al sentir la evidencia.
– Por favor… - Rogué.
– Dime lo que quieres y lo tendrás. - Susurró guiando su miembro a mi entrada, rozando, tentándome.
– Te quiero a ti. - Gruñí. - Todo de ti.
Una sonrisa conforme surcó su rostro justo antes de hundirse en mi interior de una sola vez. Ahogué un grito escondiendo mi cabeza en su pecho, aún sin la costumbre suficiente a su tamaño. Sentí besos cálidos en la raiz de mis cabellos y en mi frente, intentando persuadirme de mirarlo una vez más.
Hazme olvidar todo por un instante, hazme sentir que soy dueña de mis decisiones.
