Capítulo 4: La cámara secreta
Ginny estaba llorando en el pasillo más solitario que pudo encontrar, no quería que alguien la viera así, aunque ¿qué más daba? A nadie le importaba lo que le pasara, sólo era una chica estúpida que había sido engañada por todos. Saber de la traición de sus padres era más doloroso que la traición de Tom, que haber sido engañada por Lord Voldemort.
Incluso a su edad podía entender que sus padres habían intentado protegerla, al bloquear sus recuerdos y su habilidad con el ritual de sangre, ellos le habían dado dos años de aparente tranquilidad, las pesadillas no habían sido tan horribles y sus presentimientos se habían detenido por completo, pero violaron su confianza y su persona al introducirse en su mente sin permiso y bloquear sus recuerdos, por horribles que fueran eran suyos.
Pandora… era como volver a perderla, como si acabara de morir.
Y Luna, incluso le habían arrebatado a su querida amiga, seguramente Luna pensaba que ella la odiaba.
No había hablado en dos años con su mejor amiga.
Era todo por ese maldito ritual, y ella sólo podía pensar en una persona que lo sugiriera…Dumbledore. Su madre le había hablado de ese ritual por supuesto, le contó que su propio padre, Percival Preweet, lo había utilizado con ella por miedo, cuando un violador en serie rondaba las calles en 1959. Por supuesto que su abuelo había sido un purista de sangre que nunca habría permitido el matrimonio de su madre con su padre si hubiera vivido. Y su madre nunca hubiera permitido el ritual si Dumbledore no hubiera intervenido, y no necesitaba ser una adivina para saberlo.
Y también estaba Tom. Un nuevo sollozo salió de su garganta al pensar en él. La engañó, le mintió y la quiso utilizar, había pasado meses fingiendo ser su amigo y su novio. Pero eso no dolía tanto como saber que se había ido, y era su culpa.
Lo amaba… ese conocimiento de sus sentimientos más profundos la atormentaba, una parte de ella lo odiaba, odiaba a Voldemort por haberla engañado, lo odiaba por manipularla…pero, pero también lo amaba, amaba a Tom Riddle, amaba al joven con el que compartió sus pensamientos más íntimos, sus sentimientos, en el que confiaba ciegamente, en la persona que le enseñó tantos conjuros, en quien la consoló, en quien no la juzgó por sus habilidades.
Tom nunca criticó su verdadero ser.
No sabía qué había pasado, pero intuía que tenía que ver con ese ritual que no permitía que ningún hombre la tocara y el que Tom hubiera intentado apoderarse de su alma tras revelarle su traición. No podía recordar mucho todavía, sus recuerdos seguían nebulosos, sólo quedaban algunas pocas visiones y pesadillas, las mas horribles, que había compartido con Luna, todo lo demás se veía como un sueño a punto de recordar.
Sumergida en la desesperanza y la tristeza más profunda que había experimentado apenas fue consciente cuando sacó el cuchillo con el que había matado a los gallos de Hagrid de su mochila. Soltó un suspiro lastimero cuando lo vio en sus manos y casi hipnotizada vio como la afilada punta comenzaba a cortar la piel quemada de su palma izquierda, vio casi con alegría como la herida se abría y sangraba. La mano que sostenía el cuchillo no tembló ni dudó en ningún momento.
Estaba decidida a seguir a Tom.
Unos pasos la sobresaltaron y dirigió su mirada hacia el lugar de donde venía el sonido, separando la mano izquierda del cuchillo. El mejor amigo de su hermano Ron estaba observándola con la boca abierta, era la última persona que quería ver en ese momento, la persona quien sufría la culpa que ella cargaba.
Todos pensaban que Harry Potter había abierto la Cámara de los Secretos, por Merlín, incluso ella lo pensó, confió ciegamente Tom y le creyó cuando le dijo que probablemente era Harry el culpable, pero había sido ella. Al verlo rompió en llanto nuevamente, mientras arrojaba el cuchillo al piso y se cubría la cara con las manos, llenando de sangre su ropa y su rostro, dando una imagen espeluznante.
El niño de 12 años la miraba con horror, nunca se había encontrado en esta situación, se asustó al ver la sangre, pero al ver esa mirada en sus ojos, esa que conocía tan bien ya que la veía diario en el espejo, se portó como él quisiera que alguien actuara con él.
Harry se acercó a ella y se sentó a su lado, sin atreverse a tocarla y sin hablarle. Ella lo abrazó, como acostumbraba abrazar a sus hermanos para consolarse, y a pesar de sentir que Harry se tensaba ante el contacto físico, no lo soltó, y lo abrazó por mucho tiempo, el suficiente para que el niño que nunca había sido abrazado se relajara.
–Perdóname Harry, fue mi culpa todo, yo abrí la Cámara de los Secretos y te culparon a ti. – Ginny comenzó y le confesó todo lo que había pasado al niño, quien estaba demasiado asombrado para hablar. Incluso le contó sobre sus visiones, las más aterradoras que había tenido y las más hermosas que atesoraba, lo único que no pudo decir fue la parte del ritual, era como si su lengua se trabara sólo de pensar en decírselo, y finalmente dejó de intentarlo.
No le contó de Tom, eso era algo demasiado personal y vergonzoso, algo que guardaría en su interior para siempre.
Harry la miró con asombro, intentando procesar toda esa información. Ron le había contado algo, entre sus interminables monólogos siempre estaba refunfuñando sobre la adivinación, y como era tan injusto que su hermana tuviera esa habilidad y él no, además, se regodeaba sobre como al crecer Ginny había perdido esa habilidad y ahora eran iguales.
Tardó bastante tiempo en procesar todo, pero mientras lo hacía continuó con Ginny entre sus brazos.
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Ese día fueron con Dumbledore ante la insistencia de Harry (sólo cedió en que él nunca le diría a ningún alma sobre el cuchillo), quien le explicó todo al director mientras Ginny lloraba pegada a él. Las únicas palabras que pronunció fue cuando, horrorizada, ante las intenciones del director de informar a sus padres, ella se negó rotundamente, no quería verlos, no sabía lo que haría si los veía. Dumbledore aceptó su petición y se quedó con el libro, dejándolos ir sin problemas.
Finalmente pudo reconciliarse con Luna, quien la recibió con los brazos abiertos sin pedir explicaciones y sin culparla. Y fue como ser abrazada por Pandora de nuevo. Volvieron a pasar todo el tiempo juntas, sentándose al lado en todas las clases que compartían. Y junto a Colin, una vez despertó, junto con los demás sin recordar nada ni quién los había atacado, formaron un pequeño grupo que pasaba las tardes estudiando y haciendo tareas.
Después de semanas Harry se acostumbró a Ginny y a sus abrazos repentinos, el le creyó todo y la perdonó de todo corazón, si ella había sido poseída no podía ser culpable, y él podía soportar las miradas desaprobadoras sin ningún problema. A cambio de su perdón, ganó una amiga, lo que era mucho en su mente.
En toda su vida sólo había tenido dos amigos, Ron y Hermione, pero esto era diferente. Ellos habían compartido aventuras y confiaba en ellos, pero había cosas que nunca les había dicho y nunca les diría, la única persona con la que pudo hablar finalmente de su vida con sus parientes fue Ginny. Ella había sufrido una gran traición por parte de sus padres, y su dolor era tanto, que él pudo compartir su propio dolor, y así comenzaron una amistad que hacía alzar las cejas a muchas personas.
Ron no estaba feliz con esa amistad, algo que Harry no podía comprender, Ginny le había dicho que estaba celoso porque sentía que la amistad con el gran Harry Potter era la única distinción que tenía de todos los hermanos Weasley, y que su hermana se la estaba robando. Hermione se comportaba extraña con ellos, casi dolida, aunque Harry no podía entender por qué, era casi como si no le agradara Ginny, como si le tuviera miedo.
Ginny temió al principio que Harry se dejara llevar por su hermano y le dejara de hablar y ser su amigo, pero más tarde comprendió que el muchacho era leal a sus amigos, a todos, y él no le dejaría de hablar a ella.
Semanas pasaron, con ellos dos cada vez más juntos, Ginny estaba acostumbrada al contacto físico, y con el sello de sangre roto las pesadillas sobre el futuro comenzaron de nuevo, y su necesidad por contacto humano durante las noches reinició. Como había pasado antes, primero se volvió hacia Percy, pasó casi una semana refugiada en su cama, pero se detuvo cuando se dio cuenta que no dejaba a dormir a su adorado hermano, y él no podía estudiar y comenzó a bajar sus calificaciones por su culpa, entonces intentó ser valiente y abandonó la comodidad que le brindaba, Percy nunca la cuestionó por haber dejado de acudir a él. Y entonces ella recordó que él tenía que saber que perdió su memoria y nunca cuestionó nada, no le brindó consuelo y no intentó reconciliarla con Luna siquiera.
No pudo volver a verlo y amarlo de la manera incondicional como hasta ese momento había hecho.
Los gemelos fueron su siguiente opción, pero para su horror y sorpresa la rechazaron al verla entrar a su cuarto. Ellos no iban a dormir con su hermanita asustada enfrente de todos sus amigos, no la amaban tanto como para poner su reputación en juego, le dijeron sonriendo y bromeando con ella. Giiny sólo asintió con expresión fría, pero sintió como el corazón se le partió en mil pedazos ante este rechazo, y entonces recordó la frialdad que inundó su alma y espíritu cuando estos mismos hermanos no la defendieron de sus padres.
Cuando fueron las vacaciones de Semana Santa, ella finalmente reunió el valor suficiente para buscar a Harry en la noche, y él y Ron eran los únicos que quedaban en su habitación. Se introdujo en la habitación y avanzó con lentitud hacia la cama de Harry, afortunadamente su hermano tenía el sueño muy pesado.
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Harry se sobresaltó cuando sintió que lo tocaban unos suaves brazos delgados, se volteó con rapidez y vio los cálidos ojos marrones de Ginny mirándolo con súplica, y ni siquiera fue capaz de cuestionarla.
Él sabía de las pesadillas, había escuchado a los hermanos comentarlo, que había vuelto y eran horribles, que la videncia había regresado. Harry ni siquiera sabía que eso podía existir, pero suponía que en este mundo en el que uno podía transformar objetos, no sería raro ver el futuro.
Así que simplemente se quedó quieto y se dejó abrazar, apenas tocando la cabeza pelirroja con la mano para calmarla cuando se revolvía en la cama por las pesadillas. Intentó guardar el mayor silencio, ya que su mayor preocupación era que Ron se diera cuenta, no quería imaginar el escándalo que haría.
Y así pasaron los días hasta que los descubrieron, y no fue la persona que menos quería que lo supiera.
Pero se dio cuenta que el que los descubriera la profesora McGonagall era aún peor.
Pasaron toda la mañana en la oficina del director, siendo regañados por la profesora, quien aún no creía lo que había visto, y sólo se calmó cuando finalmente terminó de regañarlos y mandó a traer a los padres de Ginny.
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Minerva McGongall era una bruja seria y adusta, ella nunca había visto ni creía en la adivinación, así que cuando Albus le explicó que la señorita Weasley había nacido con esa habilidad, la cual había sellado y ahora se había roto el sello, no lo creía. Casi llegó a pensar que se lo estaba inventando para proteger a Harry.
–Querida Minerva, entiendo que seas incrédula, siendo compañera de la profesora Trelawney, pero la adivinación existe, y la señorita Weasley nació con el don más fuerte que haya habido registro, no creo que ni siquiera Cassandra Trelawney haya tenido tal habilidad en su edad madura, cuando ya había desarrollado todas sus habilidades. – Albus dijo tranquilamente mientras comía un dulce.
–Oh pero Albus, aunque fuera cierto, no es ninguna excusa para que la señorita Weasley duerma en la cama de un niño. – Minerva seguía indignada.
–Las pesadillas de Ginny siempre han sido horribles, he sabido de sus padres, que en casa prácticamente compartía el cuarto con el señor Percy Weasley. – Repuso Albus. –Hace dos años hubo un incidente, cuando murió la madre de la señorita Lovegood.
–La querida Pandora. – Dijo Minerva mientras asentía, ella había sido su mejor alumna, una luz brillante tanto académica como socialmente, y había terminado casada con un loco como Xenophilous, realmente el amor funcionaba de formas muy misteriosas. –Fue horrible su muerte, acudí al funeral por supuesto, y ahora que lo pienso, recuerdo a una pequeña señorita Weasley gritando de una forma devastadora, fue muy triste, apenas caigo en cuenta que ella le lloró mucho.
–La amaba, según Molly, era como una segunda madre para la señorita Weasley, y murió mientras formulaba un encantamiento para dormir a la señorita Weasley sin pesadillas. – Dijo Albus –Estuvo tan afectaba que Molly y Arthur me llamaron porque la señorita Weasley había perdido todas las ganas de vivir, fue allí cuando ellos decidieron sellar su clarividencia y borraron todos sus recuerdos.
–¿Qué? ¿Cómo se atrevieron a hacer algo así? – Minerva estaba furiosa por Ginny, nadie tenía ningún derecho a alterar la memoria, era como una violación.
Antes de que Albus pudiera contestarle, la red flu se encendió. Y sus invitados llegaron.
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Los señores Weasley estaban enojados, especialmente Molly. No podía creer que Harry, se atreviera a permitir que su niña durmiera en su cama. Ella le había abierto las puertas de su casa y su familia y así se lo pagaba.
Arthur no estaba tan enojado, sabía que realmente no podía pasar nada, y además Harry no sería capaz de hacerle algo a Ginny, incluso sin el ritual.
Cuando Minerva y Albus entraron a la oficina, Molly se paró de inmediato y se dirigió a la profesora.
–Oh Minerva, ¡dime qué pasó!, no lo puedo creer de Harry, mi pequeña es una niña tan inocente, ella sólo tiene 11 años, Harry es un…
–Un niño de 12 años quien nunca ha recibido tanto amor, – Dijo con sequedad la profesora McGonagall. –Y me sorprende escucharte hablar con tanta ira sobre algo inocente, creo recordar cuando yo misma te encontré en la torre de astronomía en actividades no precisamente decentes con Arthur cuando ambos tenían 13 años.
Molly se sonrojó de la vergüenza y fue incapaz de contestar, mientras Arthur tosía incómodo. El profesor Dumbledore interrumpió el momento embarazoso despejando su garganta.
–La querida profesora McGonagall tiene razón en algo, la situación en la que encontramos al señor Potter y a la señorita Weasley sólo puede definirse como inocente, y saben que no podría pasar nada de todas maneras.– Minerva abrió los ojos con sorpresa ante esas palabras y entendió la situación, ella era mestiza, y su línea paterna era muggle, así que a ella nunca le habrían realizado ese ritual, pero a muchas de sus compañeras en Hogwart se los habían hecho, debido a Grindelward, y posteriormente, durante el ascenso de Voldemort, a muchas de sus alumnas se lo habían hecho, incluyendo a la joven Molly Prewett.
–Lo sabemos Albus, – Dijo Arthur con incomodidad, –Sin embargo, sigue siendo inapropiado que duerman juntos en la misma cama.
–La videncia volvió. – Le dijo el profesor. Y los señores Weasley se mostraron horrorizados, pero antes de que pudieran comenzar a preguntar, Albus continuó. –Desconozco lo sucedido, sólo sé que sucedió algo que rompió el encanto desmemorizador y desbloqueó su poder, es seguro que está relacionado con la Cámara de los Secretos.
–Pero…se suponía que ella estaría bien. – Dijo Molly para sí misma.
–¿Ginny abrió la Cámara de los Secretos? – Preguntó Arthur con horror, mientras Molly seguía en shock.
–Es seguro que lo hizo, manipulada por un objeto en el que Lord Voldemort dejó parte de su esencia. – Dumbledore sacó de su escritorio un libro negro. –Esto me fue entregado por el señor Potter hace un par de meses, la señorita Weasley se lo entregó y le contó todo lo que pasó.
–¿Qué es? – Preguntó Minerva con horror mientras miraba el libro con repugnancia, se sentían vestigios de magia oscura emanando de él.
–El diario de Lord Voldemort. – Las expresiones de las tres personas fueron cercanas al horror. –o mejor dicho el diario de Tom Riddle, él la engañó y la poseyó para abrir la Cámara de los Secretos, él la usó y se aprovechó de su ingenuidad y confianza en las personas para manipularla.
–Es mi culpa. – Molly sólo podía murmurar esas palabras.
–Nosotros lo provocamos ¿no? Le quitamos todo el miedo y la desconfianza que ella tenía cuando manipulamos sus recuerdos, la dejamos incapaz de distinguir la maldad de la bondad. – Arthur exclamó con ira mientras se retorcía las manos.
–Lord Voldemort sería capaz de engañar al adulto más experimentado si se lo propusiera. Y aprovecho para pedirles una disculpa; Molly, Arthur, sé que debí decirles hace semanas esto, pero la señorita Weasley no quería que lo supieran.
–Ella sigue siendo nuestra hija Albus,– Molly por fin reaccionó y la ira la inundó. –No debiste ocultarnos esto, ella no puede decidir mientras sea menor de edad.
–Querida Molly, Ginny y Harry son ambos niños abandonados y solitarios que en cuyas mentes sólo se tienen el uno al otro.
–¡Albus!…
Dumbledor interrumpió a Arthur, quien ya tenía el rostro rojo de la ira y les dijo; –Permítanme contarles un viejo relato…
"Cuenta la historia que un niño pequeño caminaba con su padre por el traspatio de un circo. El pequeño miró azorado a un gran dragón que se mantenía inamovible atado a una pequeñísima estaca que le unía una pata a una cadena."
–Albus esto es innecesario– Molly lo intentó interrumpir, pero el profesor Dumbledore no se detuvo;
"–¿Por qué es tan estúpido el dragón, papá? – Preguntó el pequeño –. ¿Cómo es posible que no se dé cuenta de que él es mucho más fuerte que esa cadena y la débil estaca?
El padre le respondió:
–Cuando capturaron a este dragón, era pequeñito y confiaba en quien se le acercase con ternura; así lo encadenaron por primera vez, cuando las dimensiones de la cadena y de la estaca eran mayores que él. Inicialmente, al verse atrapado intentó zafarse, pues sufría, de inmediato su domador lo golpeó y apretó más el grillete de su pata. Cuando el pequeño volvió a intentar liberarse su pata sangró, provocándole un gran dolor, además de recibir una tunda. Fue creciendo y de nuevo intentó liberarse, al sentirse sofocado y atado a los deseos de su entrenador; y es que quería ser libre como los dragones de Ucrania o los de China. Esta vez el domador lo castigó con una maldición de tortura que casi le provoca un desmayo. Así siguió el dragón intentando liberarse, mirando a la gente que pasaba sin soltarle la cadena, que ignoraba su dolor. Y un terrible día hijo, el dragón entendió que no tenía salida, que hiciera lo que hiciese, siempre sería castigado por añorar su justa libertad y fue así que dejó de luchar por ella, asumiendo su realidad como la única posible."
Todos guardaron silencio por un momento mientras procesaban las palabras del director.
–¿Nos dice que hemos torturado a Ginny? – Molly preguntó ya sin ira.
–No intencionalmente querida. – Dijo Minerva de inmediato. –Pero privarla de cumplir sus duelos y manipular su mente y recuerdos es en toda regla un abuso a su persona y una violencia demasiado grande para un ser humano, tenga la edad que tenga.
Arthur tomó a su esposa por los hombros y los apretó con suavidad, intentando darle soporte.
–Por supuesto que sabemos que todo fue con buenas intenciones, – Continuó Minerva, compadeciéndose, pero sin ninguna pena. –Pero eso no quita lo traicionada y abusada que debió sentirse Ginny.
–Sin importar su edad quienes han crecido en el abuso y violencia en una sociedad a la que poco le importa el dolor ajeno, un terrible día comprenden que esa es la realidad que les tocó vivir. Hagan lo que hagan, alguien siempre los encontrará culpables de ser víctimas. – Terminó de decir Dumbledore a la nada. –La señorita Weasley ya se siente lo suficientemente traicionada por todos los adultos de su vida, y no quiero quitarle a la única persona en quien confía.
No mencionó a Harry, pero también pensó en él, lamentando la decisión que había tomado de dejarlo con sus tíos, pero sin arrepentirse de ello. Así que, si podía brindarle algún consuelo, lo haría.
La conversación duró un par de horas, pero hasta el final de la reunión, los adultos decidieron que se le permitiría a Ginny dormir con Harry si así lo deseaba, con la condición de que ningún alumno se enterara. Además, también Dumbledore autorizó que Harry pudiera permanecer el último mes de sus vacaciones de verano en la Madriguera.
Los adultos en la vida de esos estaban determinados a cuidarlos y protegerlos de todo daño.
La fábula que cuenta Dumbledore es un alegato poético llamado El elefante encadenado, de Jorge Bucay, les recomiendo buscarlo y leer el oríginal :D
