Esta historia pasa en un universo alterno.

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Es una historia para adultos.

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Los personajes de esta historia no me pertenecen.


Un lugar donde esconderse.

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Akari era camarera en la cafetería de un pequeño pueblo, un lugar de paso. Transitando por una multitud de camiones y otra gente que paraba para comer y seguir su viaje.

Si alguien pensaba que esa joven, de pequeña estatura de larga melena de pelo verde, ofrecía algo más que lo que esa cafetería tenía, ese alguien estaba totalmente equivocado. Más de uno había entendido esa equivocación por las malas. Akari podía ser una joven educada y dulce, pero él que intentaba que le sirviese algo que no estaba en el menú podía salir literalmente escaldado.

La chica llegó a ese pueblecito con apenas veinte años, embarazada, parecía huir de un oscuro pasado, buscando una nueva vida.

Era alegre y buena chica, pero sus ojos muchas veces se veían triste, y a veces pronunciaba un nombre, el nombre de un hombre. Ella no contó nada sobre el poseedor de ese nombre, ni del padre de la niña que tuvo meses después de llegar, aunque todo supusieron, que el padre de la niña y el dueño de hombre por el que suspiraba Akari era la misma persona.

Nadie le preguntó por su pasado, ella no contó sobre su pasado. Akari quería olvidar, pero le era imposible hacerlo, sólo ver a su hija para recordar al padre de la criatura, y no necesitaba verla, el joven del que huyó siempre aparecía en su sueños. El aire le traía su voz llamándola, lo veía en cada esquina. Cada día debía reprimir el deseo de volver a casa y abrazarlo, cada día temía encontrárselo, era su peor temor, que él la encontrase, por que no tendría valor de resistirse a lo que le pediría él. Temía que la encontrara y le diese malas noticias.

Se había alejado del él para no dañarlo, ya lo había dañado lo bastante, de alejó para que él fuese feliz, pero ella no lo era.

Debía disimular con su hija y la gente de ese pueblo, pero una vez en la soledad de su habitación, lloraba, se había alejado de su amado para que fuese feliz a costa de su propia felicidad.

Esa noche, acostada miró a su habitación, estaba tan sola, se sentía tan sola. Lloró y pronunció el nombre de su amado, pero este no vino en su busca, no vino a desterrar la soledad de su vida.

-Él no vendrá por mi, ni siquiera sabe donde estoy. Nunca aparecerá en la cafetería para sacarme de mi vida aburrida. Nunca debí huir de casa, él me quería y yo a él. Nos prometimos de niños. – enterró su cabeza en la almohada y aumentó sus lloró- ahora él estará casado y se habrá olvidado de mí.

-Mamá, ¿Por qué lloras?, ¿Te duele la barriguita?, ¿Quieres que te de un besito para que se te pase?-la niña entró en la habitación de su madre, vAkari miró a su hijita y sonrió con tristeza, esa chica era un amor, pero ¿Por qué no sólo en apariencia se debía aparecer a su padre?.

-No mi tesoro, es que me he acordado de la película que hemos visto hoy he vuelto a llorar.

-Era una película triste, ¿por qué se murió la mami del cervatillo?

Akari no tuvo respuesta a esa pregunta. ¿ Como decirle que el cuento era así de cruel?, ¿ En que estaría pensando el autor para escribir una historia con algo tan espantoso?. No, eso no podía contárselo.

-No lo sé, no sé porque se murió la madre de ese cervatillo? Yo vi esta película cuando tenía tu edad, la vi con mi amiguito que tenía mi edad, los dos lloramos mucho.

Se dio cuenta que había hablado mucho. No por su hija, había dicho cosas que no quería recordar. La primera vez que vio esa película hacía semanas que había muerto su madre. Esa película, esa vez ella y su amigo habían elegido mal, los dos lloraron cuando la madre del protagonista murió, los dos lloraron recordando la muerte de la madre de Akari.

-Mami, por que te has callado- la niña torció la cara enfadada- te estoy llamando y tú no me contestas.

Akari sonrió, ¿ por qué esa niña se debía parecer tanto a su padre y a ella?

-Estaba pensando, pensaba cuando era una niña como tú.

-Y te gustaban los helados

-Aún me gustan los helados. Cerca donde vivía había una heladería donde hacían unos helados buenísimos.

Otra vez había hablado sin pensarlo, otra vez recordando el pasado, un pasado que estaba muerto, pero que a veces salía de su tumba, y esas salidas eran cada vez más a menudo.

-¡Quiero ir!, ¡Quiero ir a esa heladería!, ¡Quiero ver donde iba mi mami cuando era niña!

Esa vez Akari supo que se había equivocado por completo. Nunca le había negado nada a la niña, pero no podía volver a Tokyo, allí vivía él, y la encontraría, no quería que él la encontrase, ¿De verdad que no quería que ese hombre la encontrarse?

-No podemos ir, ese sitio está muy lejos- mintió la joven madre – y allí te aburrirías.

-Pues yo quiero ir, ¡Quiero ir!, ¡Quiero ir!, ¡Quiero ir!,- Akari suspiró, la niña era tan tozuda como ella.- ¡Quiero comer de ese helado tan bueno!

Akari se quedó sin argumentos, ella también quería volver, y comer de ese helado, junto con su hija y con…

Se le escaparon las lágrimas, estaba de nuevo recordando el ayer, quería volver a ese ayer y volver a jugar con su amigo, como eran niños.

-No quiero dormir sola- miró a su hija- ¿Puedo dormir contigo?.

Su hija la miró y se metió en la cama con ella. No hizo falta una respuesta. Akari se abrazó a su hija, sintió la misma seguridad como cuando tenía miedo y dormía con su amigo. Ya estaba cansada de huir de su pasado, un pasado que sólo le trajo desgracias. Debía volver al sitio que realmente pertenecía, coger a ese pasado por los cuernos, y deshacerse de él, pero quedándose con los buenos tiempos que tuvo ese pasado.

Sabía que él no estaba con nadie, ella lo seguía en las redes sociales y en las noticias.

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Al día siguiente.

Llevaba días en la carretera, días de búsqueda, días sin resultado. Había visitado cientos de sitios, y no encontró lo que buscaba.

Conducía un pequeño coche de cinco puertas, no le gustaban los coches grandes. Para que comprar un coche grande y caro, servía para lo mismo que uno pequeño. Hacer ostentación de la riqueza llevando un coche caro, que tontería, si tenías un accidente daba igual el valor del coche, ambos serían chatarra sin valor.

Quería llegar a ese pueblo cercano, tomarse un baño, un café y algo que comer, y una buena cama. No miraba que fuese un hotel de alta categoría o no, sólo quería descansar y buscar, con un poco de suerte encontraría lo que buscaba, si no, volvería a emprender su viaje hasta que la encontrase, ya llevaba cinco años de búsqueda infructuosa, de que en cada sitio visitado le crecieran la esperanza de encontrar. Y de cada sitio, saliese con las esperanzas reducidas a cero.

Pero en cada lugar visitado las esperanzas volvían a crecer y volvían a marchitase, pero no a morir, y ese hombre sabía que aunque tardase toda una vida al final encontraría a la persona que buscaba.

Llegó a ese pequeño pueblecito, aparcó el coche y se dirigió al hotel, miró el edificio, no era elegante, pero sabía que no debía juzgar ese edificio por el exterior.

Entró, a los pocos minutos estaba dándose un baño reparador.

-¡Que hambre tengo!, necesito un café con leche y algo de bollería, después comenzaré a buscar. Si tengo suerte- se rió- la suerte no me acompaña, me abandonó con ella. La diosa Fortuna me está enseñado el culo.

Se preparó para salir, se puso unas gafas oscuras, una gorra, y salió de la habitación, y poco después del hotel.

Sabía que sólo había una cafetería a pie de la carretera, algunos bares y algún bar de alterne, aunque sabía que a quien buscaba no trabajaría para uno de estos locales.

Entró en la cafetería, y pidió una consumición. Oyó jaleo y se giró.

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Akari dejó a su hija en el colegio, y se dirigió al trabajo, no se encontraba bien. Le dolía la cabeza. Esa noche apenas durmió. Soñó que él la encontraba, no era una pesadilla, pero ella la consideraba como tal.

Se paró de repente, el aire olía diferente, olía extraño. Era una olor que no había olido en años, una olor que le producía añoranza. Una olor que no lograba identificar. El viento le indicaba que llegaban tiempos de cambios.

La joven mujer entró a su trabajo, fue a los vestuarios y se cambió de ropa, tenía la sensación que su vida en ese trabajo estaba acabando, que no duraría mucho allí, esa sensación le produjo desasosiego. Se estaba espantado, no quería irse allí era feliz, ¿Feliz?, no era feliz, tenía a su hija a su lado, pero, le faltaba algo, hacía cinco años que había dejado esa felicidad atrás, para que él no sufriera.

Salió a la cafetería, un par de ruidoso camioneros de paso por el pueblo, ruidosos, pero no darían problemas. Un pareja de escolares que se estaban saltando las clases, que bellas era la juventud y el amor a esa edad, y que duro era el despertar de esa juventud y ver que el mundo adulto era muy cruel, demasiado cruel e injusto. Un joven, de la misma edad que ella, con gorra y gafas oscuras tuvo un escalofrío al verlo, no sabía por qué, pero ese joven le producía un extraño sentimiento.

Siguió mirando al resto de clientes. Una familia de paso por el pueblo, un grupo de mujeres que iban cada día a desayunar, y a contar cotilleos. Y el acosador de cada día, el borracho que acosaba a todos, sobretodo a las mujeres, con esa persona si tendría problemas, ese hombre sabía de su pasado, el pasado por el que tuvo que huir, ese hombre la había intentado chantajear en varías ocasiones, y no consiguió nada.

Empezó a hacer su trabajo, bromeaba con los clientes.

-Akari, eres bella, podías ser mi novia- dijo uno de los camioneros.

-Si, podía, pero no quiero ser la responsable de que tú mujer te mate. Alguien me dijo que dormiste dos semanas en el sillón por bromear con una azafata.

El hombre se quedó blanco oyendo la risa de los demás, miró a sus compañeros, fueron ellos los que le contaron eso a Akari, y a más gente. Sonrió y aceptó la broma.

-Akari, te han contado lo de los Tanaka.

-Usted no quiere contármelo- Akari sonrió traviesa- y yo se lo podía contar a más gente, recuerde que mi hija es compañera del hijo de los Tanaka. Ya sabe los niños lo cuentan todo.

Y se giró y siguió trabajando, si alguien bromeaba con ella, ella le volvía la broma. Pero en todo momento evitó servir al acosador, y al joven de la gorra.

Pero los problemas fueron a ella.

Cuando pasó por al lado del acosador, este sacó el pie y la joven se tropezó. Cayendo lo que llevaba al suelo.

-¡Idiota!- ese hombre se le puso a gritar- ¡me has pisado el pie!, ¡No se puede ser más inútil!, ¡Haré que te despidan!, ¡Me vas a tener que pagar una indemnización!, eres una loca violenta, no es la primera vez que me atacas.

-Yo no le he pisado, ha sido usted quien ha sacado el pie, usted me ha querido tirar- la chica hablaba tranquila, pero estaba furiosa, quería echar fuera ese hombre.

-Todos han visto que me has pisado- se defendió el hombre- todos hablarán en tú contra.

-Todos hemos visto que ha intentado que se cayera al suelo, todos hablaremos en contra suya- unos de los camioneros defendió a la joven- deje de molestar a la joven, hace su trabajo y bien, usted sólo molesta a ella y al resto de nosotros.

-¡Cállese!- gritó el borracho- a ella no le conviene ir a juicio. Ella no quiere saber su pasado- ese hombre empezaba a chantajearla-¿ Verdad guapa?, les has ocultado a todos tu pasado. No quieres que se sepa a que te dedicabas cuando eras estudiante.

-No nos importa a que se dedicaba cuando era joven. Si no se ha dado cuenta la mitad de los que vivimos en este pueblo no somos de aquí, todos hemos huido de un pasado que queremos ocultar- una de las chismosas se puso a defender a Akari- incluso usted, sabemos que estuvo en la cárcel, y más cosas que no quiere que nadie sepa.

El hombre miró a la gente y se enfureció, no se daría por vencido, esa joven sería su esclava sexual.

-Serás mía, sé quien eres debes hacerme caso, si no- sonrió perverso- sé como hacerte daño.

Levantó el puño para pegar a la joven.

Akari se puso en guardia de forma instintiva. No era la primera vez que ese hombre se ponía agresivo con ella, y no sería la primera vez que echaba a ese hombre de forma violenta.

-Te voy a enseñar a obedecerme- amenazó el hombre- ¡a fuerza de golpes!, vas a aprender que soy yo quien está al mando.

Y cuando el borracho iba a pegarle un puñetazo a la joven alguien le cogió por la mano.

-¡Basta ya!- ordenó el joven de la gorra a ese hombre que lo miró asustado- pague y lárguese. No quiero verlo aquí, ni que vuelva a molestar a esa joven. Si en diez segundos no está fuera lo echaré yo del recinto.

El hombre miró furioso al joven, pero algo en ese joven lo amedrantó. El hombre pagó y salió corriendo del local, ya tendría más ocasiones cuando chico no estuviese.

Akari se acercó a su salvador lo miró a la cara.

-¡Gracias por…!- Akari se quedó blanca, se llevó las manos a la boca y sus ojos se llenaron de lágrimas.

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El joven de la gorra estaba tomando su consumición. No prestaba atención a lo que sucedía a su alrededor, estaba planeando su siguiente movimiento, pero sin darse cuenta seguía a la joven camarera de pelo largo y verde.

Debía visitar todos los lugares donde su objetivo pudiera estar, bares, bibliotecas, escuelas. El pueblo era pequeño y en pocos días lo había visto por completo.

-Se le va enfriar su café con leche- una de las camareras se le acercó- si se le enfría estará marítimo.

El joven la miró, sonrió con tristeza.

-Gracias, ahora mismo me tomo- miró la carta de helados- me puedes traer…- fue interrumpido por un griterío. Un borracho estaba gritando a una camarera. Vio como el hombre amenazó a la joven con pegarle un puñetazo, un segundo después detuvo a ese hombre con ganas de destrozarlo. No para no soportaba a los abusones, y ese idiota se proponía dañar a una mujer, aunque se dio cuenta que ella no era para nada una mujer indefensa.

-¡Basta ya!- ordenó el joven- pague y lárguese. No quiero verlo aquí, ni que vuelva a molestar a esa joven. Si en diez segundos no está fuera lo echaré yo del recinto.

La joven se le acercó y lo miró a la cara.

-¡Gracias por…! -La mujer se quedó blanca, se llevó las manos a la boca y sus ojos se llenaron de lágrimas. Él se quedó congelado, la sangre se congeló en sus venas.

Ella se lanzó a su brazos, y empezó a llorar y golpearlo sin fuerzas.

-¿A que has venido?, ¡No deberías estar aquí!, ¡Vete, no te quiero ver!- la chica lo miró con una mezcla de sentimientos. En sus ojos había furia, rabia, añoranza y amor, mucho amor.

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Unos minutos después los estaban en un descampado fuera de la cafetería.

-¿Qué haces aquí?, no te quiero ver- la furia de la chica era evidente- ya te puedes ir.

-No lo haré, te he estado estos cinco años buscándote.

-Nadie te pidió que lo hicieras. Yo me alejé de ti porque no te quería, te dejé de querer.

-Mentirosa, te conozco desde siempre, crecimos juntos. Sé cuando mientes, y ahora lo haces, y lo haces mal.

- No te miento, no te quiero, he dejado de hacerlo.- se rió- te quise por el interés, por tu dinero.

-No dices la verdad, no eres…- El joven estaba también furiosa.

-He cambiado, me hicieron cambiar. Vete o hablaré con la policía, el jefe es amigo mío, fue mi amante- mintió ella, si era su amigo, pero el hombre era viudo y aún recordaba a su mujer. Ella nunca quiso nada con ese hombre ni con ninguno.

-No me importa con quien hayas estado sólo me importas tú.

-Tienes dos horas para salir del pueblo y no volver nunca más, si no lo haces te denunciaré por acoso.

El chico se volvió y se alejó de ella.

-Tienes familia ¿ recuerdas? Quieren verte, ¿dejarás que ellos…

-¡No me hagas chantaje emocional!- lo amenazó ella- me fui de casa para que no tuvieseis que cargar con mi pasado, para no haceros daño. Estáis mejor si mi.

-No lo estamos- pensó el hombre mientras se alejaba.

Akari se dejó caer al suelo y empezó a llorar, había hecho lo que no quería hacer, pero debía hacer, alejar al chico de ella. ¿ Alejar al chico de ella? Lo conocía bien, no se rendirá nunca, lo conocía, si era como hacía cinco años, él que fue su gran amor, no se rendirá nunca. La había buscado durante cinco años, jamás se rindió.

¿Fue ella la cobarde? No quería pensar en eso, seguía pensando que ella tenía razón, ese chico y ella no podían estar juntos, que era mejor para él no estar cerca de ella, pero ¿ por qué le dolía tanto el corazón?

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Habían pasado días, aunque el joven no había abandonado el pueblo, Akari no había querido hablar con él. Tampoco lo había denunciado como lo amenazó. Cada día el joven permanecía durante horas delante de la cafetería y cada día ella escapaba para no encontrarse con él.

Era un día de lluvia, Akari estaba mirando desde la ventana, fuera estaba su antiguo amigo esperándola. Hacía frío y viento, Akari suspiró y negó con la cabeza. Su amigo no había cambiado. Recordó una vez que los dos tuvieron una tonta pelea infantil y ella dejó de hablarle. El chico esperó durante horas bajo la lluvia hasta que ella le abrió la ventana de su habitación y hablaron. Pero ahora no sería como esa vez, ahora el chico debía marcharse y no volver.

-¿No le vas hablar?- Akari negó con la cabeza. Su compañera de trabajo la fue a animar.- viene todos los días, quiere verte.

- Lo sé.

-¿Tan malo fue contigo?, ¿Tan mal te trato que no quieras hablar contigo?

-No, todo lo contario, fue un gran amigo.- no había mucho trabajo y Akari se abrió y contó su historia- él nació un día antes que yo, vivíamos prácticamente juntos. Éramos inseparables desde que recuerdo. Me ayudó mucho en los malos momentos y fui feliz con él en los buenos.

-Y ¿Dónde está li malo?, ¿Te fue infiel?

-No, el fallo fue mío, me volví indigna de él, y me alejé para no hacerle daño.

-Pues te ha seguido, dicen los rumores que te lleva buscando desde hace tres años.

-¡Cinco, cinco años!- contestó tajante Akari.

-Pues más razón para hablar con él. A mi un hombre como él- y suspiró- me viene, y me dice que me está buscando desde hace cinco años y…

Akari miró a su compañera, esa mujer siempre pensando en lo mismo.

-No es tan fácil.

-¡Eso lo dirás tú!- las dos camareras se giraron y vieron entrar al joven. Iba mojado hasta lis huesos- no pienso irme, afuera hace mucho frio.

-Pues sécate, toma algo y vete- Akari no se iba a dejar ablandar, aunque notaba que se estaba derritiendo por como la miraba él, nunca se pudo resistir a la mirada de él.

-No me iré, puedes llamar a la policía, al ejército o a quien quieras no me iré sin hablar contigo.

Akari bufó, ese hombre siempre actuando así.

-De acuerdo- remugo designada hablaré contigo- pero no te daré una segunda oportunidad, lo nuestro está muerto- Akari oyó a su compañera decir algo- no volveré contigo.- miró al chico-pero debes secarte, ven conmigo, no quiero que después digas que has enfermado por mi culpa.

- Sigues siendo la misma de siempre, nunca cambiarás.

Y los dos jóvenes salieron del comedor, Akari llevó a su antiguo amigo al vestuario.

-Ponte esta ropas- la chica le tiró un uniforme de la cafetería.- cámbiate no quiero que te constipes, y me eches la culpa a mi, el joven se empezó a cambiar, para turbación de ella- ¿No te han enseñado educación? ¡No debes cambiarte delante de una mujer!

-No será la primera vez que me ves desnudo, me has visto desnudo de que recuerdo, igual yo a ti. Nunca tuvimos vergüenza en cambiarnos de ropa delante uno del otro.

-¡Eso ha cambiado!, no soy la misma que hace cinco años, no quiero verte desnudo- bajó la cabeza y pensó- por que si te veo desnudo no me podré resistir a ti.

El joven sonrió, su ex amiga mentía, le notó el deseo en los ojos, el mismo deseo que él sentía por ella.

Los dos salieron al comedor y se sentaron en una mesa, la compañera de Akari les sirvió un chocolate caliente, y se alejó.

Durante unos minutos no se hablaron, los dos miraban sus tazas como si no hubiese nada más en el mundo.

-No iré contigo, no volveré a Tokio- ella lo miró desafiante- lo estaba desafiando a que le diera una excusa para convencerla de ir a Tokio.

-Debes venir conmigo- pidió el joven- te necesito conmigo.

-No soy la mujer adecuada para ti, mereces alguien mejor que yo.

-¡Basta de infravalórate!- gritó el joven golpeando la mesa con la mano- no hay nadie mejor para mí que tú. Vendrás conmigo aunque tenga que llevarte a rastras.

-¡No me dejaré llevar por ti!,!Si intentas algo..!- la joven levantó el puño amenazando a quien se sentaba enfrente de ella.

La otra camarera los miraba, y negó con la cabeza, entre esos dos jóvenes había mucho amor, se veía en sus ojos, pero estaban teniendo una pelea infantil. No oían al corazón.

La pelea seguía entre los dos jóvenes, pelea cada vez era más inmadura e infantil, parecían dos niños. Habían abandonado que se estaban peleando por ir o no ir a Tokio. Se estaban peleando por bromas que se hicieron de niños.

-Me metiste un escarabajo en las braguitas, para verme el culo- ella recordaba eso como si fuese ayer, aunque habían pasado casi veinte años.

-Hacía semanas que no te lo veía, tuve que idear algo para vértelo.

-¡Me lo podías haber pedido!-gritó ella- no necesitabas hacer eso.

El chico la miró.

-Fue una venganza. Tú para ver mi trompa le pegaste fuego a mi pantalones.

- Hacía meses que no te la veía- ella había comenzado con ese juego.

-Y cuando te comiste mi pasteles, ¿Qué me dices?

-Lo hice por que tú te comiste los míos.

-Me llamaba pechos planos.

-Y tú a mi pervertido.

La pelea había degenerado, ya no se acordaban por que había empezado.

-¡Eres lo peor!, sigues siendo el mismo egocentrista de siempre, te odio R...

-¡Aka… - no acabó de decir el nombre, el teléfono de la chica sonó.

-Akari al habla. – hablaba con alguien- ¿Qué ha hecho el que?- al otro lado del teléfono alguien le contestaba- mi hija no es un violenta… no sé atreva a interrumpirme… si ese niño me ga insultado ella ha hecho bien… bien iré a buscarla.

Akari colgó el teléfono.

-Esa niña, siempre dándome problemas- miró al joven- es culpa tuya.

-Tienes una niña, y es culpa mía que te salga rebelde- gritó el hombre.

-¡Es tu hija!-la chica se había descontrolado, unos segundos después se dio cuenta que se había ido de la lengua.

-¡Tengo una hija y me la ocultas- el hombre se enfado- No tenías derecho a separarme de mi hija.

-Yo no era digna de ti- contestó apenada la mujer- no quería atarte con una niña por eso huí.

-No, huiste por qué eres una cobarde, con las veces que tú me llamaste cobarde a mi, y resultas que tú también lo eras.

Akari miró al padre de su hija con rabia.

-Voy a por mi hija- se levantó y se dirigió al vestuario- mi hija, sólo mía.

El joven la miró furioso.

-No te la voy a quitar, no soy tan cruel, pero quiero conocerla. No me lo puedes negar.

- Si puedo, es lo mejor para ella.

-Estás decidiendo mal, como cuando te alejaste de mi.

- Es lo mejor para ella y para ti.

- Di lo que quieras, pero hay que ir a por ella.

-No quiero que me acompañes- la mujer salió de la cafetería y se paró, no llovía, diluviaba.

-No puedes ir hasta el colegio andando. Te llevo en mi coche.

De nada sirvieron las protestas de la joven. Poco después los dos iban en el coche del él hacía el colegio.

-Nunca te gustaron los coches grandes .

- Los veo difíciles de conducir- el joven sonrió.- sabes lo que siempre he dicho.

-Un coche sirve para ir de un lugar a otro. Da igual el tamaño.

-SI, vamos a buscar a nuestra hija.

- No la conocerás, me dejarás en el colegio y te irás. No conocerás a "mi" hija.

El joven murmuró, ella supo que él no pararía hasta conocer a su hija.

Llegaron al colegio y antes de bajar del coche, Akari le lanzó una mirada significativa, no lo quería cerca de su hija.

La mujer entró en el colegio y fue al despacho del director, un hombre serio y de mente conservadora, anclado en el pasado, si ese hombre no tenía ni ordenador, trabajaba aún con papel, su teléfono debía estar en un museo en lugar de la mesa de dirección, y el traje de ese hombre debió pertenecer a su padre.

-Señorita … Unryu,- la despreciaba no aceptaba que una mujer soltera tuviese una hija, y viviese sola, a parte Akari tenía fama de no aceptar compromisos con ningún hombre, no se le conocía ninguna relación con nadie- su hija ha demostrado inaceptable para esta institución.

- ¿Institución? Si sólo es una pequeña escuela de pueblo- pensó Akari, pero dijo otra cosa- Buenos días- el hombre nunca la saludaba, ni a ella, ni a nadie, desmontaría que ella tenía más educación- he oído que fui insultada por un niñato y mi hija defendió mi honor.

-¿Honor?- El desprecio del hombre fue evidente- es usted una madre soltera, no sabemos es el padre, tal vez usted no tenga honor...

Antes de que Akari reaccionase entró alguien en el despacho y golpeó al hombre.

-¡No vuelva a hablar así de esa señorita!- el amigo de Akari no le hizo caso y la siguió- ya sabe quien es el padre de la hija de la señorita Aka… Akari.

El director miró a su agresor, ese joven era famoso salía en la televisión, era el joven del que todo el mundo hablaba en el pueblo, el hombre que perseguía a Akari.

-No sé de donde ha salido usted, pero le voy a demandar por agresión y…

- Y yo lo demandaré a usted por injurias hacía la madre de mi hija. Tengo abogados que un maestrucho de pueblo no se puede pagar. No tolero que nadie insulte a mi amiga.

El desprecio que usaba el joven hacía el director era igual al desprecio que uso ese director con Akari.

-¡Señorita Akari su hija está expulsada durante una semana del colegio!- chilló el director.

-¡Señor Taanaka!, aunque señor le sobra- Akari estaba furiosa- mejor- y ante la mirada de asombro de ese hombre repitió- si, mejor. Así no verás su fea y estúpida mirada de depravado.

Los dos jóvenes salieron del despacho del director sin despedirse, dieron un par de pasos, se miraron y se rieron, habían vuelto los dos chicos que se aliaban para defenderse.

-Seguro que ese hombre se ha meado encima- la chica miró a su amigo- vaya golpe le has pegado.

-Me he contenido. Y tú vaya gritó le has pegado. Tendrá pesadillas contigo.

Los dos se rieron.

-¿Por qué has vuelto?- preguntó ella, no estaba enfadada, sólo tenía curiosidad

-No lo sé, quería ver a mi hija, aunque sólo sea una vez.

-El gran campeón tiene curiosidad, como cuando tenías catorce años y quisiste saber lo que se sentía al hacer el amor, tardaste dos años en saberlo.

-¡Tú también lo quisiste saber!-se defendió él- y no tardé dos años, tardamos dos años en encontrar el momento preciso.

Los dos se rieron.

-De acuerdo conocerás a tu hija, pero con una condición, no debe saber que eres su padre.

A él no le gustó esa condición pero la aceptó, por ahora.

Fueron hasta el lugar donde estaba castigada la niña, ni Akari ni a su acompañante le gustó el sitio, la maestra que vigilaba a lis niños que estaban allí castigados pasó un mal rato.

-Tendrán noticias mías- amenazó Akari- no se puede tener a un niño en un sitio así sin ventanas, no hay ventilación.

La maestra se quedó sin palabras, no pudo debatir a esa mujer, ella misma opinaba lo mismo, pero en esa escuela el director era la ley.

La hija de Akari miró al joven que entró con su madre con curiosidad. Sabía que su madre no tenía novio, durante todo el trayecto hasta la salida estuvo callada.

Fuera seguía lloviendo, y no llevaban paraguas.

-Mami me voy a mojar- protestó la niña

El joven miró a Akari.

Iré por mi coche, os llevaré donde me digas.

La mujer lo miró.

-Hay una heladería cerca de la estación, llevamos, tú invitas.

-No has cambiado, siempre lograbas que yo te invitara.

Akari se rió, no lo diría, pero estaba contenta de tener al joven a su lado.

-Hola, ¿Quién eres?, ¿ De qué conoces a mi mami?- preguntó la curiosa niña.

-No seas curiosa- la reprendió Akari- no se pregunta a los desconocidos.

-Tú hablas con él- la acusó la niña.

-Para mi no es un desconocido, lo conozco desde que nací.

-Pues dime su nombre y no será un desconocido.

-No, sólo es un amigo.

-¿Un amigo?, ¿Só- lo un a- mi-go?- torció el joven.

-¡Si!, Un amigo.

La niña y el hombre búfalos igual, poniendo la misma cara de fastidio. Akari los miró divertida, no lo podía negar eran padre e hija.

-¿Eres luchador de artes marciales?- preguntó la niña- te he visto en las revistas de mami.

El joven asintió.

-Si, lo soy, soy artista marcial, como lo fue tu madre y como lo eres tú.

-¿ Como sabes que hago artes marciales?- la chica estaba asustada.

-He visto tu gi en la mochila, cierra la mochila o perderás algo.

La niña se asustó, ese hombre le dijo lo mismos que siempre le decía su madre.

-Es lo mismo que no decía tu madre- Akari contestó- siempre nos decía lo mismo.

Lo dos jóvenes se rieron.

La niña se sentía tan bien con ese hombre que perdió la vergüenza.

-Tú eres Ranma Saotome , ¿ verdad? -Los dos adultos se miraron, ya no podían ocultar eso.

-Si, lo soy. Eres muy curiosa, me recuerdas a alguien- y miró a Akari- alguien realmente curiosa- y en voz baja, dijo para que sólo lo oyese Akari- alguien que le quitaba a los calzoncillos a su amigo para ver que tenía debajo.

-Tú también lo hacías- sé justificó ella.

-Éramos unos jóvenes muy curiosos- bromeó él.

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Esa tarde la niña lo pasó bien, su madre y Ranma le contaron travesuras de niños.

-Íbamos a una heladería parecida a esta, y nos hartábamos de helado,- Ranma sonrió- después pasábamos varios días con mal de estómago, pero a la semana siguiente volvíamos a la heladería y volvíamos a comer helado.

-Éramos tontos, y nunca aprendimos la lección, hasta que fuimos más grandes- Akari sonrió- a Ranma le gustaba de nata y chocolate, y a mi de fresa y vainilla.

La niña lis miraba con los ojos abiertos, los envidiaba.

-¡ Quiero ir a esa heladería!, quiero comer mucho helado- exigió la niña.

-¡No!- Akari, miró a su hija, la niña la miró con ojos tristes- podrás ir a esa heladería, pero nada de comer como Ranma y yo hacíamos con tu edad.

-¿No queras tener mal de estómago como tu madre y yo?- La niña negó con la cabeza- si te deja tu madre te llevaré.-La niña miró con ojos suplicantes a Akari- no te puedes negar, pone los mismos ojos de cordero que tú para pedir algo.

Akari no tuvo más remedio que ceder.

Akari invitó a Ranma a cenar, se dio cuenta que había caído en la trampa de su amigo, no quería separarse de él. Había caído en la trampa de forma voluntaria, se había metido de cabeza en ella sin pensarlo, y no se arrepentiría de haberlo hecho. Todo lo que pensó de echar al joven de su vida quedó en nada. Si antes de aparecer de nuevo el chico en su vida ya pensaba que iría a buscarlo, ahora no quería volver a separarse de él, aunque tenía miedo, miedo de que sólo la hubiese buscado para llevarla con su familia, miedo que en la vida de Ranma hubiese alguien que la hubiese sustituido, miedo de ya no ser importante para el chico, miedo de tantas cosas. Negó con la cabeza, al menos durante un tiempo el chico estaría con él.

Salió al comedor y vio a su hija cogida por Ranma, la niña sentada en las piernas de Ranma, y este sentado en el suelo. El parecido de los dos era grande, no podia negar que eran padre e hija. Los dos durmiendo. Con las cabezas inclinada en idéntica posición y con idéntica expresión en la cara, sacó el teléfono y les hizo una foto, la usaría como recuerdo, y para reírse de ellos.

-¡Levantar dormilones!- les gritó simulando enfado- ¡o me ayudáis a preparar la cena o no cenáis!

Los otros dos no tuvieron más remedio que ayudar a Akari, a preparar la mesa.

Acabada la cena, siguieron contando a la niña sus aventuras de niños, la hija de Akari los miró asombrada, su madre y Ranma de niños eran muy traviesos. Ella no sería capaz de hacer nada de lo que hicieron los dos adultos que tenía delante suyo.

Al poco la niña se empezó a dormir.

-Venga Ranko es hora de dormir- Ranma miró la niña y sonrió, se llamaba como..

-Si Ranma me lleva a la cama y me cuenta un cuento- y miró al joven con ojitos suplicantes, Ranma maldijo en silencio, tenía la misma habilidad de Akari a la hora de pedirle cosas.

Ranma la tuvo que acostar y contarle un cuento para que se durmiera. Salió al poco de la habitación.

-Ya duerme, durmiendo se parece a un ángel, durmiendo se parece a ti.- miró su reloj- es hora de irme, mañana si quiere nos vemos.

A ella le pegó un salto el corazón, no quería que se fuera.

-Si lo es- retrificó-pero esa clase de tarde- ella movió la cabeza, ya no sabía lo que decía, y peor ni lo que pensaba.

-Pero debo irme- Ranma no sabia que pasaba por la cabeza de su amiga. Volvió andar hacía la puerta de salida.

Akari fue rápida y se adelantó, apoyó su espalda contra la puerta impidiendo salir al chico.

-Te podía quedar un poquito más- suplicó la chica con timidez.

-¿ Cuanto más?- pidió el joven, acariciando la cara de Akari.

-Hasta mañana, hasta pasado, si quieres hasta siempre.

Ranma se alegró, se le acercó y se besaron, fue un beso que desearon los dos durante cinco eternos años, fue un beso que desearon los dos durante los días que se volvieron a encontrar. Se dejaron llevar por la pasión contenida durante tanto tiempo.

Los dos cayeron desnudos en la cama, después no lograrían recordar como llegaron a la habitación y tuvieron un recuerdo fragmentado de como se desnudaron. Sólo recordarían la noche de pasión que tuvieron.

Cayeron dormidos cuando amanecía, los dos agotados. Durmieron hasta que Ranko los despertó.

-La barriguita de Ranko tiene hambre- la niña sonrió- dejad de jugar a batallas y hacerme la comida.

Los dos adultos se sonrojaron, supieron que Ranko los pilló haciendo el amor. Se taparon la cara con la sabana, ¡que vergüenza!.

Ranko salió de la habitación sonriendo, ahora su mami tendría un novio, y ella un papi, por que aunque nadie se lo había dicho, sabía que Ranma era su papi, pero no se lo diría ni a su mami, ni a Ran… no a su papi.

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Akari había hecho el desayuno, los tres estaban sentados. Ranko estaba alegre, demasiado alegre, esa niña ocultaba algo. La madre de la niña estaba ausente, estaba pensando en algo. Ranma conociendo a la mujer, y sabiendo que Ranko era como su madre, supo la verdad, él sería la víctima. No sabía lo que pensaba la niña, no sabía lo que pensaba la madre de la niña, pero si sabía que iba a tener problemas.

-Ranma eres mi papi, ¿verdad?- los dos adultos se quedaron en blanco, no sabían cómo esa pequeña averiguó eso.

¿Cómo… como…?, ¿Qué te hace pensar eso?, ya te lo dige Ranma es un amigo de la infancia.

Ranko suspiró.

-¡Mami!, ¡No soy un bebe!, Ranma se parece mucho a mi. Y esta noche habéis jugado a las batallas, eso sólo lo hacen los papis y las mamis.

Los dos adultos se miraron asustados, ya no podían ocultarle la verdad.

-Si, Yo, doy tu padre- dijo Ranma.

-No pongas la voz de Darth Vader- dijeron la niña y su madre.

Ranma rió, viendo el enfado de las dos mujeres dueñas de su corazón.

-Si, lo soy tú padre.

Ranko saltó sobre su padre.

-No te irás, no dejarás sola a tu hija y a mi madre. Te necesito- la niña miró a su madre- te necesitamos. Mami llora por las noches y te llama- volvió a mirar a su madre- papi nos necesita, no quiere que estemos sola, no quiere estar solo. ¿Nos lo podemos quedar?, ¡ Por favor mami!, ¡por favor papi quédate con tu hija que te quiere!.

Ranma se quedó callado, miró a Akari.

-¿Dónde ha aprendido nuestra hija a hacer chantaje emocional?

- En la tele-Akari estaba tan sorprendida, por el chantaje que los sometió Akari, como Ranma.- ¿Qué vas a hacer?, yo también te quiero a mi lado- suspiró-antes de aparecer ya tenía decidido ir a Tokio a buscarte, me lo negaba a mi misma, pero estos cinco años han sido una tortura. Te amo, nunca he dejado de hacerlo, desde que nací te he amado.

-Si tú me aceptas, yo seré tuyo, siempre lo fui. Para mi estos cinco años también han sido una tortura. Te amo desde antes de nacer, te querré hasta mi último aliento- cerró los ojos- han sido cinco años buscándote, y pasaría toda mi vida haciéndolo, ahora no dejaré que te alejes de mi.

-¡Pero no soy digna de ti!, mi pasado…

-Yo tampoco he sido un ángel. Yo también tengo un pasado del me avergüenzo. Vuelve conmigo a Tokio, seamos felices, comencemos de nuevo, como Ranma Saotome y como su mujer Akari Saotome.

La mujer lo miró, y lo besó en los labios.

-Volveremos a Tokio- miró a su hija- te llevaremos a la heladería preferida de tu padre y mía- la mujer había aceptado la propuesta de Ranma, -pero...

-¿Pero qué?-el joven temió el pero de la chica.

-Ahora que volvemos a casa- cerró los ojos y sonrió- debo dejar atrás a Akari Unryu, debo volver a Nerima con mi verdadero nombre, volveré a ser quien fui.- abrazó a Ranma, sabía que ahora todo iría bien- vuelvo a ser Akane Tendo.

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FIN


Notas del autor:

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Una nueva historia.

La ocultación de los nombres de Ranma y de la hija de Akari ha sido apropósito.

En un principio el verdadero nombre de Akari, lo debía decir Ranko, lo debía soltar sin darse cuenta, pero lo pensé de otra forma y se revela al final de todo que Akari es realmente Akane Tendo.

No era una historia de Akari x Ranma.

La película de la hablan Akari y su hija es Bambi.

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Agradecimientos a todos los que hayan leído la historia y dejen reviews