Capítulo 1: Tienes un nuevo seguidor


Orihime se demoró varios minutos en acomodar su comida, luego se tomó otros más para poder lograr la fotografía perfecta. Su comida estaba fría cuando finalmente pudo comerla, pero no le molestaba y no sólo porque la mayoría de veces su comida estaba en ese estado, su publicación tendría varias reacciones y esa era su prioridad.

Tiempo atrás su tío, Hideki, la había hecho tomar un curso de fotografía. Orihime no lo entendió en su momento, pero accedió de todos modos. Todo cobró sentido cuando ella se convirtió en asesora en la clínica de cirugía plástica estelar.

Su tío le había dicho que ella sería la imagen de su clínica y que sus tareas no se limitarían únicamente a aparecer en vallas publicitarias. Él abrió una cuenta en Lovestagram para que Orihime se diera a conocer y en poco tiempo había alcanzado el millón de seguidores lo que le facilitó cumplir con esa tarea.

—Disculpa ¿Podría tomarme una fotografía con usted? —le preguntó una niña, no parecía tener más de diez años.

Ese tipo de situaciones eran frecuentes para ella.

—Claro.

Orihime no aceptó sólo por compromiso, ella era una persona que difícilmente podía negarse a algo y tenía debilidad por los niños.

—Gracias —comentó la pequeña con ilusión antes de alejarse corriendo.

La influencer regresó a su asiento. Planeaba retirarse cuando fue interrumpida por una mesera. La mujer le ofreció una bebida cuyo nombre no recordaba, pero que tenía un aspecto bastante apetecible.

—Cortesía de la casa.

—Gracias.

Orihime solía recibir muchas cosas gratis, pero su vida estaba lejos de ser tan ostentosa como aseguraban sus redes sociales.

Ella solía tomarse fotografías con muchos conjuntos diferentes porque los devolvía a la tienda. Muchas veces usaba la garantía y otras veces ni siquiera los compraba.

Poco después Orihime se reuniría con Tatsuki en la panadería que solían visitar, un establecimiento pequeño y muy diferente a los sitios donde solía publicar, pero que era de los favoritos de la influencer. Orihime amaba las galletas de ABC Cookies y en más de una ocasión había dicho que le habría gustado trabajar allí. Ese deseo no era posible debido a su puesto en la clínica de cirugía plástica estelar.

—Deberías ser más cuidadosa con lo que publicas en tus redes sociales.

—Soy muy cuidadosa, siempre me aseguro de tomar las mejores fotografías y de buscar mi mejor ángulo. Tío Hideki dice que es muy importante cómo nos mostramos en las redes sociales.

—No me refiero a eso ¿Has escuchado del fantasma de las redes sociales?

Orihime asintió con un movimiento de cabeza. Ella conocía a todas las víctimas, tal vez no personalmente, pero la seguían en sus redes sociales e incluso había participado en varios actos conmemorativos.

Saber que habían muerto de una forma tan horrible le afectó, pero no quería demostrarlo, en especial a Tatsuki. Odiaría que se preocupara.

—Se dice que es un asesino serial que va detrás de los influencers. Algunos aseguran que es horrible y no tolera que existan personas atractivas, otros que no tolera ser ignorado, pero eso no es lo que importa. Das mucha información sensible en tus fotografías y él podría estar detrás de ti.

—No tienes porqué preocuparte, te aseguro que estoy bien. Además sé protegerme.

—¿Estás segura, Orihime? —preguntó Tatsuki, era evidente de que no le creía.

—Aprendí artes marciales de la mejor.

—Eso no siempre es suficiente. Me sentiré más segura si conservas esto.

Tatsuki le extendió un frasco con pimienta en aerosol. Era pequeño por lo que podría esconderlo con facilidad.

Orihime trató de restar importancia al asunto cambiando de tema, estrategia que no funcionó. Tatsuki la conocía bien y sabía cuándo estaba intentando hacerse la fuerte.

Orihime ni siquiera era capaz de imaginar lo que sucedería después de esa conversación. De haberlo sabido, sus acciones habrían sido muy diferentes.

—Te llevaré a tu casa.

Orihime conocía a Tatsuki lo suficiente para saber que no aceptaría negativas. Ella no quería ser una carga, pero estaba feliz de que su amiga la acompañara. La hacía sentir segura.

—Te llamaré en cuanto llegue a mi casa y recuerda no abrirle la puerta a extraños.

—Lo haré, Tatsuki.

Orihime no tuvo noticias de su amiga durante esa noche, pero sí pasó por una experiencia bastante desagradable.

Todo había ocurrido cuando estaba caminando por las calles de Karakura. La influencer tenía hambre y había olvidado llenar su alacena por lo que decidió hacer una visita rápida al supermercado. Si bien era cierto que Tatsuki le había dicho que fuera cuidadosa también lo era que Orihime creía que no había nada peligroso en ir a la tienda que estaba a dos cuadras de su casa.

Un sujeto cuyo rostro se encontraba cubierto por una capucha apareció detrás de ella y le pidió un autógrafo.

Había algo en él que le inspiraba desconfianza por lo que prefirió alejarse. La conversación con Tatsuki le había afectado más de lo que le gustaría admitir y se sentía un tanto paranoica.

—¿Acaso no me reconoces? Soy tu más fiel seguidor.

—Lo siento, no tengo tiempo. Quizás después.

Orihime no había querido ser grosera, pero sus palabras tuvieron el efecto contrario al deseado.

—Eres una perra ¿Cómo te atreves a ignorarme?

El encapuchado intentó atacarla, pero Orihime pudo defenderse gracias a las clases de artes marciales que había recibido junto a Tatsuki. La influencer se alejó corriendo, consciente de que alguien la perseguía.

Orihime corrió hasta su departamento y se encerró en su interior. Su corazón latía con fuerza. Respiró profundo y se preguntó qué debería hacer.

Tomó su teléfono celular y se preparó para llamar a la policía. Ella no creía que fuera sensato usar a sus Shun Shu Rikkas con un humano y confiaba en que la policía podría encargarse de todo.

No pudo hacerlo.

Su perseguidor rompió la ventana y entró a través de esta, cortándose con los vidrios rotos.

Orihime estaba segura de que el hombre frente a ella era el criminal que había acabado con la vida de varios influencers y que no se detendría hasta verla muerta.

—¿Acaso no sabes que esa no es la manera de tratar a un fan? Pero no te preocupes, si te disculpas y me das lo que quiero, prometo que tendrás una muerte piadosa.

Orihime lo pateó con fuerza y se alejó corriendo. Su departamento ya no era un lugar seguro y no tenía ningún medio para llamar a la policía.

Ella no se detuvo hasta llegar a la tienda y comenzó a pedir ayuda. No sabía cuánto tiempo tenía antes de que la encontraran.

—Pase adelante, puede esconderse detrás del mostrador.

—¿Dónde está esa perra? —gritó el acosador.

—La adoptaron ayer. Gracias por preocuparse, pero le aseguro que Shiromaru encontró un buen hogar y una familia amorosa.

—Hablo de la zorra que entró en esta tienda hace unos minutos ¡La mataré!

Orihime llevó sus manos hasta sus Shun Shun rikka. No quería matar a nadie, pero tampoco quería que hubieran lastimados y sabía que no podía huir por siempre.

Sin embargo no fue necesario. Un policía llegó a la tienda y los refuerzos no tardaron en aparecer.

La joven influencer quería creer que todo estaba por terminar, pero no tardaría en descubrir lo equivocada que estaba.

Orihime no esperó que poner una demanda fuera una experiencia tan traumatizante. Ella seguía afectada por los hechos ocurridos y los oficiales no dejaban de hacerle preguntas.

La situación empeoró cuando aparecieron los padres del joven que la había perseguido. En ese momento resultaba más evidente que no le creían y que, una vez más, la estaban culpando de algo que no era su responsabilidad.

—Imposible. Nuestro Tsuneo es un buen muchacho, estoy segura de que esa perra lo provocó.

—Señora, yo…

Orihime no pudo terminar de hablar. La madre de Tsuneo la había abofeteado con tanta fuerza que incluso le rompió el labio.

—Basta con ver a mi hijo para saber que él es la verdadera víctima. Está perra lo provocó y luego tiene el descaro de pretender que es una niña inocente.

Fue en ese momento que Orihime se permitió llorar. Una vez más todos estaban en su contra y se negaban a escucharla.

La llegada de su tío no solucionó nada. Él se veía enojado y por unos instantes Orihime llegó a pensar que él la protegería.

—¿Qué hiciste está vez?

—Yo…

Orihime no pudo terminar de hablar, su tío la golpeó con tanta fuerza que llegó a hacerle un pequeño corte en el labio.

—No pienso pagar nada. A partir de hoy la clínica de cirugía plástica estelar Inoue corta cualquier tipo de lazos con Orihime Inoue.

—Como si fuera tan sencillo ¡Usted está loco si realmente piensa que eso es todo! ¡Exigimos una compensación para Tsuneo! ¡Cinco mil millones de yenes!

Orihime cerró los ojos. Se había equivocado al pensar que era igual que en el pasado, era peor pues en esa ocasión su tío no estaba para apoyarla. Una vez más lo había perdido todo.