Disclaimer: RWBY no me pertenece.

En la Academia Beacon todo parecía tranquilo, los estudiantes yacían en sus dormitorios reponiendo fuerzas para sus clases y experiencias de aprendizaje futuras.

Había sido un día exhaustivo tanto para el alumnado como para el personal de profesionales, qué se esmeraban en formar a los futuros cazadores qué protegerían a los habitantes de la ciudad de Vale y de todo Remnant de las criaturas de Grimm.

Todos los días eran de trabajo duro y enseñanza en dicho establecimiento, con el fin de lograr que sus estudiantes se conviertan en los mejores cazadores posibles, adquiriendo las habilidades y al mismo tiempo la responsabilidad que se desprendía de esa tan importante labor.

Respecto a esto último, lo que iba de la mano con el trabajo de los docentes de la academia era que sus estudiantes fueran disciplinados, teniendo que acatar las reglas de la institución para no poner sus vidas en peligro o la de civiles.

En el despacho de la profesora Glynda Goodwitch, la docente se encontraba con dos estudiantes que habían desobedecido ciertas indicaciones claras y que desde su punto de vista racional, fueron bastante arriesgadas y estúpidas al actuar.

Ruby Rose y Weiss Schnee, dos integrantes del equipo de cazadoras RWBY se encontraban de rodillas frente al escritorio de la profesora rubia. Glynda se mantenía en silencio, viendo con seriedad a sus estudiantes que tenían un semblante de nerviosismo.

Metí la pata. — pensó Ruby.

La chica de pelo negro sentía que estaba bien que la profesora la estuviera disciplinando, pues no podía negar que lo que había hecho fue bastante arriesgado y sin sentido. Lo que sentía también era culpa, dado a que arrastró a Weiss y a ella también le harían pagar por los platos rotos.

Yo lo arruine. — pensó Weiss.

La princesa de pelo blanco se sentía nerviosa por el aura intimidante y serio qué la rubia generaba, aunque estaba de acuerdo con el hecho de que tenía que pagar por el acto de insubordinación que realizó. Estaba en desacuerdo con que todo fue idea de Ruby, ya que ella también fue partidaria de lo que hicieron y de igual manera debía ser reprendida.

— Muy bien, aclaremos las cosas otra vez. — dijo la rubia, acomodándose los lentes y parándose de su asiento para dirigirse donde las chicas, teniendo su característica fusta entre sus manos — Su castigo mejor dicho, no tengo energía ni cabeza para volver a redundar en lo que acaban de hacer y cuáles eran sus motivos en primer lugar.

Ruby y Weiss sintieron vergüenza, pero estaban agradecidas de qué Glynda no les volviese a recordar su indisciplina y sobre todo las razones de todo eso, las cuales eran bastante tontas e infantiles.

Cualquier castigo sería mejor. — pensaron ambas, agachando la cabeza.

— Los cazadores deben mantener la paz en el mundo, su futuro deber es proteger esa paz de los monstruos. — comentó la docente, caminando en círculos alrededor de sus estudiantes — En ustedes recae un gran peso, la vida de personas que no pueden defenderse y que está en sus manos ayudarlos. — golpeó el aire con su fusta, generando un sonido de látigo.

La rubia detuvo su movimiento, quedando detrás de Ruby y Weiss. El silencio volvió a invadir el lugar, tal vez Glynda quería que las jóvenes meditaran acerca de sus palabras.

— No deben olvidar eso, ¿Entendido? — preguntó Glynda.

— ¡Si profesora! — respondió Ruby, un tanto enérgica pensando que ese tipo de respuesta quería la rubia.

— Entendido profesora. — respondió Weiss, ya más calmada y serena.

— Muy bien, entonces su castigo comenzará ahora. — dijo la rubia alejándose de sus estudiantes para dirigirse a su escritorio para sacar algo — Mantengan la cabeza agachada. — orden que fue obedecida rápidamente por las estudiantes, quienes no sabían qué era lo que Glynda estaba buscando.

Las estudiantes sintieron como su profesora se acercaba a ellas con cada paso, siendo Ruby la primera en sentir como la profesora se agachaba para colocar algo alrededor de su cuello.

— ¿Un collar? — pensó Ruby sintiendo como Glynda colocaba un collar de perro con correa, desconociendo las intenciones de la rubia.

Weiss también acabó con un collar alrededor de su cuello, intrigada de lo que la profesora tenía pensado para ambas.

¿Será una especie de humillación? — pensó la peliblanco buscando alguna explicación plausible.

— ¡De acuerdo, colóquense en cuatro! — exclamó Glynda, volviendo a golpear el aire con su fusta.

Dicha acción asustó a las estudiantes, quienes obedecieron a la orden de Goodwitch posicionándose como perros. Aunque para el ojo de la profesora, se habían demorado un poco en responder a la orden.

— Sus reacciones son lentas, necesitan aprender que ante una orden de un superior necesitan obedecer al instante. — dijo Glynda mientras se posicionó detrás de las chicas — Mantengan la cabeza agachada.

Dicha orden fue obedecida por Ruby y Weiss. Ambas estaban nerviosas por el carácter y actitud qué estaba teniendo la docente, más aún por lo raro qué se estaba volviendo todo.

— Ahhh! — gimió Weiss de sorpresa al sentir como su falda azul era rasgada por su profesora, exponiendo sus bragas blancas.

— Shhh… ¡Guarda silencio! — exclamó Glynda a lo que la princesa de pelo blanco acató la orden, aunque con un sonrojo en sus mejillas por la vergüenza que estaba sintiendo.

La falda roja de Ruby tuvo la misma suerte junto a sus medias negras, con la líder del equipo RWBY avergonzada de que la profesora expusiera sus bragas negras.

— ¡Excelente! — dijo la rubia viendo la vista que eran los culos expuestos de sus estudiantes — Tampoco tienen de qué quejarse, así como ustedes dejaron sus uniformes de la academia.

Las chicas se avergonzaron por el recordatorio de la rubia de cómo habían arruinado sus prendas escolares en el incidente insubordinado.

Ruby lloraba Internamente, ya que esa era su falda favorita, mientras que Weiss se resignaba a las acciones de la docente.

— No crean que hemos acabado con el castigo. — dijo Glynda — El objetivo es que sean conscientes de la importancia de la disciplina y la obediencia.

Ruby y Weiss seguían sonrojadas, estando en una situación bastante comprometedora, pero qué a la vez pagaba un poco por lo indisciplinas qué habían sido.

— Ahora quiero que se mantengan en esa posición. — ordenó Goodwitch dirigiéndose a la puerta de su despacho — Voy a buscar algo importante para seguir con el castigo, no tardó.

Al momento de cerrar la puerta, las integrantes del equipo RWBY pudieron relajar un poco sus cuerpos qué se encontraban tensos por la imponente presencia que la profesora ejercía en ellas.

Las dos seguían pensando en las estupideces que habían realizado y a la vez el castigo que seguía preparando la profesora Goodwitch para ellas.

— Lo bueno es que no están Blake o Yang para ver como estamos ahora. — exclamó Ruby junto a una risa de incomodidad.

Weiss no respondió, simplemente miraba el suelo tratando de mantenerse tranquila e ignorar las tonterías que decía la pelinegra. Quería estar preparada mentalmente para lo que sea que Glynda tenía pensado para ellas.

— Y era mi falda favorita. — Ruby se lamentaba de su pérdida moviendo un poco las caderas.

Ambas escucharon un ruido al otro lado de la puerta, haciendo que volvieran a tomar una postura rígida en su posición de perrito esperando que se tratase de la profesora Glynda.

Para cualquiera ajeno a todo el contexto qué las hizo estar así, parecería que Ruby y Weiss eran unas pervertidas de primera qué esperaban a su ama como unas perras obedientes.

Y estos collares de perros no ayudan a disimular. — pensó Ruby con una gota en su cabeza.

Al momento de escuchar como la puerta se abría, las estudiantes también escucharon las pisadas de los tacones de la profesora, pero también escuchaban otras pisadas algo peculiares.

Glynda volvió a rodear a las chicas para quedar en frente de ellas, golpeando el aire con su fusta.

— Pueden levantar la cabeza. — ordenó la rubia, a lo cual ambas chicas obedecieron para ver a su maestra.

Esa era la regla simple del castigo de la profesora Goodwitch, ordenaba y ellas obedecen sin cuestionar nada.

— Perfecto, van poco a poco entendiendo todo esto. — dijo la mujer de ojos verdes — Sólo recuerden que hago esto por su bien y por su futuro como cazadoras. — agachándose para ver más de cerca los rostros de las chicas mientras tomaba las correas de los collares de ambas.

Seguía habiendo presión en su fría mirada, aunque parecía que honestamente estaba realizando toda esa humillación por su bien.

— Como les dije antes, el objetivo del castigo es que sean conscientes de la importancia de la obediencia y la disciplina en el ámbito de los cazadores. — dijo la madura levantándose y haciendo un ligero silbido bastante agudo.

Dicha acción hizo qué algo corriera rápidamente a su lado, siendo dos perros qué sorpresivamente se sentaron con obediencia a cada lado de la rubia.

— Ellos son Frank y Rex. — presentó Glynda a sus canes, los cuales eran un pastor alemán y un doberman respectivamente — Ambos son un gran ejemplo de obediencia y disciplina, los he entrenado bastante para eso. — acarició las cabezas de los dos.

Los perros recibían con felicidad los tratos de su ama, moviendo la cola y sacando la lengua en señal de que disfrutaban los mimos de Glynda.

Por su parte, tanto Ruby como Weiss estaban confundidas preguntando la razón de que la profesora había traído unos perros a su despacho, preguntándose qué tenía que ver con el castigo.

¿Qué pretenderá? — pensó Weiss, viendo detenidamente a ambos perros.

Zwei es más adorable. — pensó Ruby, comparando a su pequeño perrito con esos imponentes perros.

— Ustedes dos, quiero que se mantengan quietas y no cuestionen ninguna de mis órdenes. — dijo la profesora señalando a sus estudiantes con su fusta — ¿De acuerdo?

Las dos estudiantes en cuatro simplemente asintieron con la cabeza, viendo como la rubia madura tenía en su rostro una mirada seria, pero qué también vislumbraba intenciones maliciosas qué Weiss y Ruby desconocían.

— Síganme. — ordenó Glynda a sus perros, comenzando a caminar junto a sus canes para quedar detrás de las chicas otra vez.

Las futuras cazadoras estaban nerviosas e indefensas, sintiendo como la rubia volvía a golpear el aire con su fusta.

— Ahhh! — gimieron las dos chicas al mismo tiempo.

Grande fue la sorpresa de Weiss y Ruby cuando la profesora Goodwitch les bajó de un solo movimiento su ropa interior, dejando los culos de Ruby y Weiss completamente expuestos.

— ¡No se muevan! — ordenó Glynda, dándole una nalgada al trasero de Ruby.

— Mmm! — Ruby reprimió el gemido, mientras su cara se ponía más roja por la vergüenza.

Calma, tú puedes controlar esto. — pensó Weiss igualmente sonrojada, pero tratando de mantener la compostura por la vergüenza qué sentía.

Glynda observaba como sus queridas estudiantes trataban de mantenerse calmadas, pero aún así veía como sus culos temblaban ligeramente por la incomodidad.

Las dos chicas estaban bastante nerviosas y confundidas, sin saber que estaba queriendo hacer la rubia exactamente al dejar al descubierto sus intimidades.

— Las siento bastante tensas, necesito que se relajen. — dijo la profesora, acariciando lascivamente el culo de Ruby, el cual se encontraba un poco rojo por la nalgada reciente.

Tanto Weiss como Ruby querían escapar del despacho de la profesora al sentirse un poco incómodas con todo esto, pero los nervios no permitían qué hicieran eso. Además, era parte de su castigo después de todo, por más extraño y preocupante que sea, como futuras cazadoras no podían huir así nada más, iba en contra del orgullo que tenían ambas.

— Chicos, ya saben qué hacer. — ordenó Glynda a sus perros, levantándose mientras caminaba para quedar frente a sus estudiantes.

Los canes ladraron una vez en señal de que entendieron lo que su ama les ordenó hacer. Rex acercó su hocico a la intimidad de Ruby, mientras que Frank acercó el suyo a la intimidad de Weiss.

Ambas desconocían lo que estaba sucediendo dado a que mantenían la mirada hacia el frente, sin embargo, con toda la situación en la que estaban podían tener una idea de más o menos lo que iba a pasar.

— Ahhh! — gimió la chica de pelo blanco, sintiendo la lengua del pastor alemán pasando por su intimidad.

— Mmm! — Ruby reprimió su gemido, para que la rubia no le de otra nalgada.

Los perros de Glynda estaban lamiendo con mucho entusiasmo los coños de las chicas, quienes permanecían en posición de perrito siendo observadas por la rubia.

— Eso es, es necesario que se acostumbren a esa sensación. — dijo la madura de ojos verdes.

¿Acostumbrar? — pensó la Schnee mientras cerraba los ojos y sentía la lengua de Frank complacer su vagina.

Las lenguas de los caninos hacían un trabajo minucioso en las intimidades de las estudiantes, pasando de arriba a abajo y de adentro hacia afuera por toda la zona.

Rudo. — pensó Ruby, sintiendo que Rex lamía su coño con mucha intensidad y energía casi con desesperación.

La Rose estaba sonrojada y a la vez excitada por la estimulación qué estaba recibiendo en su zona inferior, ignorando el hecho de que un can era el responsable de ese sentimiento.

Era algo que no sentía tanto cómo un castigo, ya que en el fondo se estaba sintiendo muy bien al ser una experiencia qué jamás había sentido y que un animal la estaba haciendo sentir.

No era ajena a temas sexuales, pero las veces que tuvo relaciones sexuales o que se masturbó no se comparaban a lo que Rex la estaba haciendo sentir.

¿Zwei podrá hacer lo mismo? — pensó la pelinegra mientras sólo podía gemir.

Lento. — pensó Weiss, temblando ligeramente sus brazos.

Frank lamía el coño de la Schnee con más delicadeza, se tomaba su tiempo y era más gentil qué su compañero estimulando a la fémina.

La chica de pelo blanco sentía una gran sensación de calor que era la mezcla de vergüenza y excitación al mismo tiempo. No podía creer qué un simple perro la estuviera haciendo sentir algo así.

Las sensaciones qué sentían las chicas eran inimaginables, una fuerte descarga eléctrica qué recorría sus cuerpos junto a un ardor en sus zonas íntimas que no parecía detenerse ni dar marcha atrás.

Lo único que podían hacer en su posición era gemir y dejarse llevar por el gran trabajo oral qué los perros de la profesora estaban haciendo en sus coños.

— ¡Alto! — dijo la profesora junto a un aplauso, causando que los canes detuvieran lo que estaban haciendo en los coños de las chicas.

Rex y Frank obedecieron sin poner resistencia alguna, sentándose firmemente con sus miembros carnosos y excitados listos para la próxima orden de su ama.

Ruby y Weiss pusieron una expresión de disgusto y molestia inconsciente cuando los perros de Glynda detuvieron su trabajo oral, al mismo tiempo que temblaban ligeramente sus extremidades por la increíble experiencia previa.

— Por sus expresiones diría que están frustradas con mi repentina decisión. — dijo la profesora observando los rostros sonrojados y frustrados de sus estudiantes.

La madura se agachó para tomar el rostro de Ruby con su mano, acercando más su rostro al de la líder del grupo, casi besándola.

— Dime Ruby, ¿Deseas continuar? — preguntó la rubia, dirigiendo su mirada ahora a Weiss — ¿Quieren que les diga a los muchachos que continúen con lo que estaban haciendo?

Ninguna de las dos sabía qué responder, ya que no querían asimilar el hecho de que unos perros las hicieron complacer sexualmente de manera eficiente.

— Frank y Rex también se encuentran muy excitados, sin embargo, supieron obedecer mi orden antes de dejarse llevar por sus instintos e impulsos. — comentó Glynda mirando a sus perros mientras se lamía los labios — Primero está el deber y la responsabilidad, luego se encuentra el placer y la emoción, ¿Entendido?

Las estudiantes asintieron a lo dicho por su profesora, esperando que de esa manera les pudiese ordenar a los perros terminar su trabajo.

— En sus hombros va a caer toda la responsabilidad de proteger las vidas de los inocentes, nunca olviden eso. — dijo la rubia, viendo en los rostros de sus estudiantes una urgencia por continuar donde se habían quedado — Ya que entendieron eso.

La profesora volvió a silbar, sólo que en una nota diferente haciendo que los perros se posicionarán detrás de las chicas. Frank detrás de Weiss y Rex detrás de Ruby, esperando la siguiente orden de Glynda.

Las vaginas de las futuras cazadoras estaban muy húmedas debido al sexo oral que habían estaba recibiendo de los canes.

— Veo que se encuentran muy ansiosas. — dijo Glynda al ver los rostros sonrojados y excitados de las chicas — No se preocupen, sólo tienen que decir que de ahora en adelante serán unas perras obedientes, qué no volverán a hacer algo tan imprudente. — esas últimas palabras las dijo con perversión.

Weiss frunció el ceño ante tal acto de humillación, viendo que lo que quería la profesora era despojarlas de su dignidad y admitir que querían ser folladas por sus perros.

— Seré su perra. — dijo Ruby para sorpresa de Weiss — No volveré a hacer nada que ponga en peligro a los demás.

La Rose ignoraba todo lo relacionado a su dignidad y lo humillante qué era todo el castigo, después de todo ya había experimentado junto a Rex el éxtasis sin mencionar la humillación previa qué Glynda les hizo pasar al disciplinarlas.

La profesora estaba dispuesta a qué los perros siguieran dándoles placer, y Ruby estaba queriendo qué eso pasará. Jamás pensó querer que un simple can la hiciera experimentar todo eso, pero quería seguir sintiéndolo.

— ¿Qué hay de ti, Weiss? — preguntó Glynda — Su castigo ya acabó, esto es sólo un incentivo para que sigan cumpliendo las normas de los cazadores, y lo único que tienes que hacer es decir que eres una perra obediente.

Weiss trago saliva, estaba entre la espada y la pared. No quería admitirlo, pero su momento con Frank fue lo más placentero qué había experimentado, nunca había alcanzado tal nivel de placer, y quería continuar con dicha sensación.

— Yo… seré su perra obediente. — dijo Weiss con su cara bastante roja, ya no le importaba su dignidad — No volveré a hacer nada qué atente con la vida de los civiles.

La rubia sonrió, levantándose para sentarse en su escritorio.

— Bien, recuerden que si son obedientes podrán tener todo el placer qué deseen. — dijo la profesora mientras daba un silbido.

— Ahhh! — gimieron al unísono Weiss y Ruby al sentir como dentro de ellas se introducían los miembros carnosos de los perros de Glynda.

Frank se encontraba penetrando la vagina de la princesa de pelo blanco, sus patas traseras se encontraban encima de las caderas de Weiss mientras movía su pelvis de adelante hacia atrás metiendo lo más posible su pene.

Glynda se deleitaban de como Weiss, una persona muy digna y orgullosa se encontraba siendo follada por un perro.

Ruby por su parte gemía sin descanso, disfrutando del placer qué Rex le estaba provocando al tener su miembro entrando y saliendo de su cavidad vaginal con mucha brusquedad.

La profesora comenzaba a tocar su intimidad por encima de sus medias negras y bragas, no pudiendo contenerse por el caliente espectáculo qué le ofrecían sus estudiantes y canes.

— Mmm! — gimió Glynda reprimiendo su gemido para no ser escuchada por Ruby y Weiss, quienes estaban muy idas al estar apareándose con los perros sin descanso alguno.

La mujer madura abrió más las piernas desgarrando un poco sus medias para complacer más directamente su intimidad haciendo a un lado sus bragas igualmente negras, viendo como ambos perros estaban disfrutando al máximo los coños de las chicas del equipo RWBY.

Las estudiantes se encontraban con sus rostros sonrojados, sus coños estaban demasiado húmedos y no se negaban a recibir los miembros de los animales, los cuales se adentraban en lo más profundo de sus interiores frotándose causando un ardor placentero.

— Ahhh! — gimió Ruby, sintiendo como Rex la penetraba más duro metiendo su polla carnosa hasta lo más profundo de su útero.

Lo único que alcanzaba a ver en su posición eran el suelo y los tacones de su profesora.

La chica de pelo corto mira a su compañera de pelo blanco, viendo en su expresión qué estaba disfrutando mucho al ser penetrada por el pastor alemán.

— W… Weiss, te ves muy linda. — dijo Ruby con algo de dificultad, haciendo que su compañera se volteé a verla.

— Mmm! — gimió la Schnee siendo callada por un beso de Ruby.

Ambas chicas se estaban besando mientras seguían recibiendo las embestidas de sus perros compañeros.

Ruby metía su lengua en el interior de la boca de Weiss, la cual no tuvo objeción ante la acción de la líder. Ambas tuvieron que separarse por la falta de aire.

Los perros estaban jadeando por el placer. Glynda se había encargado de entrenarlos muy bien, no sólo de que fueran sumamente obedientes ante sus órdenes, sino que también tuvieran la facultad de complacer a cualquier fémina al llevarla a un punto de excitación increíble.

— Ahhh! — gimió Weiss, sintiendo como su compañero canino se la metía más intensamente mientras se acercaba a su cuello para lamerlo un poco.

Weiss y Ruby ya asumieron su lugar como perras. — pensó Glynda, viendo como sus queridos perros estaban a punto de llegar al momento divertido.

— AHHH! — gimió Ruby al sentir como el miembro del perro comenzaba a hincharse y quedaba atascado dentro de su intimidad formando un nudo en su interior.

La líder del grupo sentía como el pene de Rex se acopló completamente dentro de su vagina mientras se acomodaba para quedar culo a culo con ella, comenzando a soltar esperma dentro de su intimidad.

— Qué buenas perras. — dijo Glynda, mirando como la princesa de pelo blanco también era anudada por el pastor alemán.

— Mmm! — gimió Weiss relajando su cuerpo al sentir como Frank soltaba su semen en el interior de su vagina.

Weiss y Ruby se mantuvieron inmóviles, relajando la parte superior de sus cuerpos, mientras la inferior seguía levantada y recibiendo el semen de ambos perros.

La rubia terminó de masturbarse, maravillada con la escena frente a ella, lamiéndose los dedos para limpiar los fluidos qué había liberado. Se levantó de su escritorio para tomar las correas de los collares de sus estudiantes.

— Recuerden ser obedientes, ¿Sí? — comentó la profesora — Cosas buenas les suceden a quienes tienen disciplina.

Las dos estudiantes asintieron con dificultad, disfrutando de como Frank y Rex las iban llenando poco a poco con su semilla, sintiendo su interior bastante completo y cálido.

— Sólo queda felicitarlas, lograron superar su castigo y con ello viene la recompensa. — dijo la rubia dando un par de palmadas al aire — En fin, me tendré que retirar, pero ustedes pueden seguir aquí hasta mañana.

Glynda se dirigió a la puerta con intención de abandonar su despacho, se detuvo para comentarles algo a sus queridas estudiantes.

— Por cierto, no se preocupen por el ruido. — dijo la profesora — El cuarto aísla el ruido, así que pueden gemir y aullar con libertad, también pueden probar otras posiciones.

— Ahhh! — seguía gimiendo Weiss, emocionada de que iba a continuar teniendo sexo con los perros de la profesora.

— Pórtense bien. — dijo Glynda, agachándose para acariciar las cabezas de sus caninos — Disfruten al máximo a estas nuevas perras, sólo no las vayan a romper.

Frank y Rex ladraron como respuesta, viendo como su ama se levantaba y salía de la habitación cerrándola con llave.

Mientras caminaba por el pasillo, Glynda se encontró de frente con el director de la Academia Beacon.

— ¿Cómo te fue con el castigo de esas dos? — preguntó Ozpin con curiosidad.

— Excelente, ambas ya parecen estar más conscientes de lo que implica la responsabilidad de un cazador. — dijo Glynda con un semblante serio.

— No esperaba menos de ti. — dijo Ozpin — En verdad tú tienes buenos métodos para disciplinar a las jóvenes estudiantes.

— Sí, tengo mis métodos. — dijo sin más la rubia.

Luego de despedirse, ambos siguieron sus caminos para reponer sus fuerzas para el próximo día de trabajo.

Glynda sonreía, dejando en su oficina a Ruby y a Weiss ser folladas por sus perros.

Lo único que se podía escuchar en el interior de esa habitación eran los gemidos de las chicas acompañados por los aullidos de los perros.

Espero que les haya gustado, comenten que les pareció.