James
-¿Qué sabemos sobre ellos? –preguntó Ben Blackmore a su hermano.
-Sé más específico –respondió James.
-¿Qué sabemos sobre esos lycaons exactamente? –preguntó Ben.
-Bueno, eres nuevo en la materia así que trataré de resumírtelo hermanito –dijo James, quitándose con la mano un mechón de pelo oscuro que le cubría la cara.- Los lycaons llevan viviendo en nuestro planeta siglos, aún no se sabe con certeza cuánto llevan en nuestro país –mientras hablaba movía las manos continuamente, tan característico de él.- Sabemos que son rápidos, pero no tanto como los vampiros, o strigois, si así lo prefieres, sin embargo –agregó James.- Sí son más fuertes, y ambas razas son como el vino –James sonrió.- Entre más viejos se vuelven mejores.
-¿Debilidades? –preguntó Ben.
-Plata, claro. Pueden morir con explosiones y armas normales, pero he escuchado, y comprobado, que tienen una enorme resistencia a ellas, en cuanto a los vampiros, sólo sé rumores –James se rascó la cabeza.- Un tipo me dijo que la luz del sol los quema hasta hacerlos cenizas, otro me dijo que sólo los debilita, mierda, ¡Uno me dijo que pueden transformarse en murciélagos y en humo! No se puede estar seguro de mucho.
-Ya veo… ¿A cuántos de ellos has matado? –preguntó Ben.
-Sólo a ocho lycaons –dijo James mirando hacia otra dirección.
-¿Y vampiros?-
-Ninguno, he tenido la suerte de no encontrarme con ninguno de ellos – respondió James.
A lo lejos, fuera de la prisión, pudo escucharse el sonido de una bandada de cuervos tratando de entrar.
-Bien, mi turno, ¿Cómo has sobrevivido todo este tiempo dentro de esta celda Ben?- preguntó James.
-No ha sido tanto tiempo James, cuando las cosas se empezaron a poner feas, empecé a almacenar la comida seca que nos traían los guardias, sabía que al final no les importaríamos una mierda y nos dejarían aquí abandonados –respondió Ben
-¿Y los demás? –
-¿Acaso no hueles la peste? –preguntó Ben con una sonrisa.
-¡Siempre un paso delante de la situación! –dijo James soltando una carcajada.-No entiendo cómo es que terminaste aquí en primer lugar Ben.
-Me traicionaron James, esos hijos de puta me traicionaron –dijo Ben frunciendo el ceño.
-Sí, y la policía jamás los encontró –dijo James.
-Si siguen vivos, yo mismo los estrangularé por haberme metido aquí cinco años –
-Hablando de eso… ¿Dónde están las llaves de este lugar? –preguntó James.
Ambos hermanos se encontraban separados por los barrotes de una celda. Ben Blackmore había estado encerrado casi un mes desde que el último de los guardias había abandonado la prisión y a sus residentes dentro de ella.
-No lo sé hermano –dijo Ben tratando de mirar hacia afuera de su celda en ambas direcciones.- Tienen que estar por la dirección, con suerte los guardias las dejaron por aquí, no veo razón por la cual querrían llevárselas.
-Ok, espera aquí… yo…-
-¿Crees que tengo a donde ir? –preguntó Ben sonriendo ampliamente.
-Oh sí, claro, mierda –dijo James devolviéndole la sonrisa.- Regreso pronto hermano.
James se dio la vuelta y comenzó a andar hacia las escaleras que llevaban hacia el primer piso de la prisión. La peste era insoportable. No podía creer que Ben siguiera vivo, había perdido bastante peso desde la última vez que lo había visto hacia más de medio año.
-¿James?- preguntó Ben a lo lejos.
-Dime –respondió James.
-¿Cómo sabías que estaba con vida? –preguntó Ben.
James sacudió la cabeza un poco, el cabello negro que le llegaba hasta los hombros se movió al ritmo. Miró hacia dentro de una de las celdas y vio el cadáver de un prisionero, con la carne putrefacta en los huesos, abrazando una biblia.
-Fue una simple corazonada Ben –respondió James.
-Seguro… me alegro de que estés aquí James- escuchó James detrás de él.
Siguió su rumbo hacia abajo, al entrar no había puesto atención en el camino y había recorrido una buena parte del lugar. Encontrar esas llaves le llevaría un poco de tiempo. Pero el hecho de saber que Ben seguía vivo había sido la mejor de las noticias que había recibido recientemente.
