Jeff

Jeff manejaba tranquilamente el jeep de su preferencia durante el amanecer, pronto llegaría a Blackwater Park, junto con todos los hombres que habían sobrevivido a la misión. Tomó un cigarrillo de su cajetilla, marca Camel, lo encendió e inhaló profundamente. Nada como un jodido cigarrillo durante la mañana. Echó una mirada al espejo retrovisor, le seguían alrededor de ocho jeeps, dos camionetas y dos autobuses.

Había sido un éxito rotundo, acabaron con todos los perros del lugar. Exploraron los alrededores, pero no encontraron indicios de actividad relacionada a los lycaons, mucho menos indicios sobre strigois.

Esta cuestión le preocupaba, los strigois habían atacado a Blackwater una vez y sólo una vez, fracasaron, si, pero ocasionaron bastantes bajas humanas, y desde entonces no habían regresado. Por toda la ciudad habían comenzado los rumores sobre un gran ataque que se aproximaba, los soldados, pero sobre todo los civiles, estaban cada vez más inquietos. Algunos habían expresado la posibilidad de abandonar la ciudad, pero sabían que a pesar de todo, estaban más seguros dentro. Por lo cual la mejor opción era quedarse, aunque ello supusiera la posibilidad de un ataque devastador.

Los perros en cambio, atacaban la ciudad constantemente, los soldados estaban ya muy bien entrenados para responder a los ataques. Y las bajas humanas eran cada vez menores. Jeff sabía que aún contaban con una buena cantidad de soldados y de municiones, pero no iban a durar para siempre, y los perros lo sabían también.

Debido a esto había grupos recorriendo los alrededores constantemente, buscando sobrevivientes, municiones y alimentos, todo lo que resultara útil. A estos se les conocía como grupos de reclutamiento, el que regresaba con Jeff era un grupo de caza, los cuales se encargaban de exterminar toda criatura que encontrasen. Curiosamente siempre encontraban perros, jamás strigois, esas sanguijuelas debían de traerse algo realmente grande entre manos.

Arrojó su cigarrillo a medio terminar hacia fuera del jeep. Tomó su radio y apretó el botón para hablar.

-A todas las unidades, nos detendremos en quince minutos para desayunar, cambio y fuera –soltó el botón

Los demás conductores le respondieron afirmativamente.

Jeff tuvo un repentino ataque de tos, cada vez eran más frecuentes, durante el último había escupido sangre, pero aún no se lo había comentado a nadie.

Siguió conduciendo durante un rato y decidió detenerse cerca de una gasolinera abandonada, la cual ya habían explorado semanas atrás. Uno a uno los vehículos se estacionaron cerca, y de ellos descendían los soldados, bastantes de ellos adormilados debido al largo viaje.

A Jeff se le acercó Dax, quien venía justo detrás de él conduciendo una camioneta, la cual transportaba otros ocho hombres.

-Jefe –dijo alzando su gorra en señal de saludo.

-Dax –Jeff devolvió a su vez el saludo, inclinando la cabeza un poco.

-Jefe, ¿Qué piensa sobre esos crecientes rumores sobre el ataque de las sanguijuelas?

-Pienso que deberían de tranquilizarse, si de verdad planean atacarnos simplemente debemos de prepararnos más

-Pero esas criaturas no pueden ser tan fáciles de vencer

-Durante el día estamos seguros, durante la noche la ciudad está inundada de luces ultravioleta, tranquilo soldado

-Lo sé, jefe, pero es difícil mantener tranquilos a los demás hombres, ¿Sabe que se dice que un gran número de personas piensa abandonar la ciudad?

-Nadie está obligado a quedarse en la ciudad, y lo saben, cualquiera es libre de irse cuando lo deseé, siempre y cuando no se lleve una cantidad excesiva de nuestros víveres

-Las reglas son las reglas, claro, ahora jefe si me disculpa, una lata de frijoles con carne me espera –dijo Dax sonriendo.

-Adelante soldado –dijo Jeff con su sonrisa fría.

A pesar de su avanzada edad, Jeff era ampliamente respetado por sus hombres, además de que su gran altura le otorgaba una presencia imponente.

Jeff sacó una bolsa de galletas que llevaba en el jeep, no tenía demasiada hambre, de hecho le apetecía más encender otro cigarrillo. Pero debía de comer algo. Observó tranquilo como sus hombres tomaban su desayuno, algunos no habían bajado de sus vehículos, ya que habían preferido seguir durmiendo.

Pasó alrededor de media hora, ya era hora de partir, Jeff dio la orden para que todos regresaran a sus vehículos, sus hombres obedecieron sin chistar.

Jeff abordó su jeep y se disponía a encender el auto cuando se percató de la presencia de dos hombres ajenos al grupo que se acercaban caminando, tenían las manos en alto. Jeff bajó rápidamente de su auto y apuntó a ambos con su escopeta de doble cañón.

-Ni un paso más –dijo Jeff con autoridad.

-Tranquilo amigo, no buscamos problemas –dijo el más alto de los dos, el cual llevaba el cabello hasta los hombros. Llevaba una chaqueta de mezclilla.

-No estaré tranquilo hasta que no compruebe que no son ni perros ni sanguijuelas –respondió Jeff sin apartar la mirada.

Algunos de sus hombres se habían dado cuenta de la situación y se habían acercado apuntando con sus armas a los hombres también.

-Oye, los rayos del sol nos están dando en la cara directamente y no estamos ardiendo –dijo el hombre más bajo y de cabello corto, con un tono molesto.

-Lo sé, pero aún falta algo –con su mano libre Jeff sacó un pequeño cuchillo de plata de su bolsillo y lo arrojó a los pies de ambos hombres.- Ahora, ambos háganse un corte en las manos para demostrar que no son unos perros pulgosos

-Por favor amigo, ¿Esto es necesario? –preguntó el de cabello largo.

-Hazlo –respondió Jeff frunciendo el ceño.

-De acuerdo, bien –dijo el de cabello corto recogiendo el cuchillo del suelo, miró dubitativo al otro y procedió a hacerse un pequeño corte en el pulgar, un tramo de sangre recorrió su mano, luego entregó el cuchillo al otro hombre, quien hizo lo mismo.

-¿Suficiente? –preguntó el de cabello largo mostrando su dedo.- ¿O quieres buscarme pulgas en el cuerpo también?

-Suficiente –respondió Jeff bajando su arma, sus hombres hicieron lo mismo.- Ahora díganme sus nombres, y qué hacen aquí

Ambos hombres intercambiaron una mirada, luego miraron a Jeff nuevamente.

-Mi nombre es James Blackmore, este es mi hermano Ben, y queremos unirnos a su gente –dijo mostrando una amplia sonrisa.