Mikael
Anneke estaba ansiosa, deseosa de sangre, como todos los días. Para un lycaon promedio era normal sentir una sed de sangre insaciable durante la luna llena, pero Anneke parecía nunca saciarse. Había ocasionado ya demasiados problemas al grupo anteriormente. La única razón por la cual Mikael no se había deshecho de ella era porque se trataba de uno de los miembros más poderosos del grupo, y además era su hermana.
El grupo que Mikael comandaba, con ayuda de Johan, consistía de cuarenta y cinco lycaons. Todos poderosos, el más joven de ellos tenía noventa y dos años de edad, aunque tenía una apariencia de treinta.
Habían subsistido a través de los siglos gracias a su sigilo. Anteriormente la mayoría tenían trabajos y vivían como personas normales, saciando su sed de sangre y carne de vez en cuando, siempre con cuidado. Ahora viajaban sin objetivo particular más que cazar y sobrevivir, siendo humanos su principal fuente de alimento hasta ahora, pero devoraban por igual a otros animales grandes.
Sabía que eventualmente llegarían otros lycaons para pedirle unirse a su lucha, pero Mikael realmente no buscaba la exterminación de los humanos, y si en el pasado había matado a sanguijuelas, lo había hecho en defensa propia, prefería una existencia neutra. Lo único que le preocupaba era la supervivencia de su grupo, que a través de los siglos se había convertido en su familia.
Se encontraba sentado en una roca, mientras devoraba la pierna de un venado, desgarrar la carne era cosa sencilla, simplemente dejaba crecer sus uñas al momento, las cuales se convertían en poderosas garras. Prefería la carne animal a la humana, la humana, a su parecer, estaba demasiado salada. Cazar humanos no le ocasionaba remordimiento alguno, le parecían criaturas insignificantes. A Anneke, por el contrario, le encantaba la carne humana y no parecía disfrutar más otra cosa que buscar y devorar humanos, tenía cierta preferencia también por comer los corazones y el hígado de sus víctimas. En cierta ocasión Mikael la observó arrancarle el corazón a una mujer mientras ésta seguía viva, y lo devoró frente a ella durante sus últimos momentos de vida. Había sido brutal, Mikael se preguntó si Anneke era simplemente excesivamente cruel, o si padecía alguna condición mental, ya que en ocasiones solo mataba por gusto.
Aquello era realmente peligroso, una lycaon de gran poder y con algo malo en el cerebro, era tremendamente peligroso, para todos, incluso para él. Pero hasta ahora había sabido mantenerla a raya, lo cual, Mikael sabía, no duraría para siempre.
Terminó de comer toda la carne que la pierna tenía, arrojó los restos hacia un arbusto. Ahora tenía sed, miró su mano mientras sus garras se contraían y lamió la sangre de sus dedos. Se incorporó y miró a su alrededor. Anneke estaba apartada del grupo, en lo alto de un árbol, devorando lo que parecía ser una pierna humana, sin duda de una de las personas que había asesinado hacía un par de noches. Su comportamiento era cada vez más errático.
El grupo llevaba alrededor de un mes refugiado en lo que antaño había sido un hotel de paso, saliendo a cazar de vez en cuando. Mikael se dirigió hacia dentro, en la recepción se encontraban Johan, Fredrik y Martín jugando al póker, sentados alrededor de una mesa de café.
-¿Qué están apostando? –preguntó Mikael.
-El que tenga la mejor mano se queda a descansar, los otros dos irán de cacería toda la noche –respondió Martín, el de cuerpo más robusto de los tres.
-Interesante –dijo Mikael esbozando una sonrisa.
-Muy bien –dijo Johan-. Muéstrense
-Escalera de color –dijo Martín mostrando su mano, sonriendo ampliamente mientras lo hacía.
-¿Fredrik? –dijo Johan mirando a Fredrik.
-¡Dos pares! –dijo Fredrik arrojando sus cartas a la mesa, frustrado.
Martín profirió una pequeña risa.
-¿Y bien, Johan? –dijo Martín mirando a Johan, quien parecía confiado.
Johan dejó caer sus cartas en la mesa, la sonrisa de Martín se esfumó, Johan tenía una escalera real de corazones.
-¡Maldito! ¡Tú ganas por esta vez! –Martín apretó las cartas que tenía en la mano y las arrojó a la cara de Johan, quien apartó la cara, acto seguido Martín se arrojó sobre él y una riña comenzó, causando al parecer un gran espectáculo a Fredrik, quien se reía de ambos.
Mikael sonrió y se dirigió a la cocina del hotel, dentro había garrafones de agua, destapó uno y se lavó ambas manos. Era un lycaon, pero si había algo que detestaba era que lo llamaran un perro sucio. Sus hermanos lycaons constantemente lo molestaban, lo acusaban de ser pulcro en demasía. Solía llevar el cabello corto años atrás, hasta que un día le dijeron que era tan quisquilloso que no sería capaz de dejarse el cabello largo, porque arruinaría su imagen pulcra, para sorpresa de todos, dejó crecer su cabello hasta la espalda, la idea al principio le disgustó, pero ahora se encontraba bastante a gusto.
Regresó a la recepción después de un rato, ya sólo estaba Johan, construyendo una pirámide con las cartas de póker. Mikael se sentó al lado suyo.
-¿Dónde está Anneke? –preguntó Johan sin dejar de construir su pirámide.
-Afuera, en lo alto de un árbol, comiendo
Johan se giró para mirar a Mikael.
-¿En lo alto de un árbol?
Mikael asintió sin decir palabra. Johan miró su pirámide otra vez.
-¿Sabías que intentó asesinar a Vivian? –preguntó Johan.
-Si, ella misma me lo dijo –respondió Mikael mirando al suelo.
-¿Sabías que Vivian te ama en secreto desde hace años? –preguntó Johan.
-Si, ella misma me lo dijo –respondió Mikael.
Johan profirió una pequeña risa.
-¿Qué vamos a hacer con Anneke? –preguntó Johan, terminando de construir su pirámide.
-Deja que yo me encargue de Anneke
-No siempre podrás controlarla –dijo Johan mirando fijamente a Mikael.
-Algo se me ocurrirá –dijo Mikael sin apartar la mirada.
-Piensa rápido, puede que alguien intente hacerle algo a Anneke –dijo Johan.
-¿De quién hablas? –preguntó Mikael frunciendo el ceño.
-Nadie en especial, pero por favor Mikael, se ve en los rostros de los demás
-Es peligrosa, pero hasta ahora no ha asesinado a alguien del grupo, y es mi hermana, no puedo simplemente desterrarla… aunque parece ser la opción más viable –dijo Mikael cerrando los ojos.
-Confiaré en tu criterio –dijo Johan, quien con un soplido derribó la pirámide.
