"Tú chica"

—no recuerdo haber aceptado un cuarteto —dijo Kanae tras vernos.

Otoya echó a reír inmediatamente a viva voz mientras Yukkey y yo disimulábamos la carcajada.

—olvídate de ellos, ya se van —comenté a los segundos, parándome a su lado, dejando a los chicos frente a ella y yo y mirándolos con ojos de "lárguense ya".

—¿han venido a dejarte?... eh, a ti te conozco —dijo, señalando a Yukimiya.

El ninja y yo miramos al susodicho con molestia, modelo de pacotilla.

Yukimiya sonrió levemente mientras se acomodaba los lentes —Kanae-san, no te reconocí en el boliche —

La pelinegra negó, abrazándose en su abrigo blanco de lana —ni me hables de ese boliche, ha sido un fastidio hasta que Karasu-san me habló —

Elevé una ceja mientras giraba y bajaba la mirada para verle —creí que la que me había hablado eras tú —bromeé, logrando hacerla sonreír.

Ella también giró a verme, desafiante —no comencemos, que sigo pensando que eres un mentiroso —

Y dale con eso, quise responder, pero Otoya me interrumpió —A mí me sigue ignorando —comentó, indignado —debe de haber algo extraño en ella para que se fije en ti y no en mi —

—se llama buen gusto —le respondí —de aquí te vas directo a casa que tus padres te están esperando —

—que aburrido, mientras tú estarás f--

—nos vamos —intervino Yukkey inteligentemente, empujando a Eita por los hombros —recuerda que el tren bala sale a las 7:00 am —

Tenía que agradecerle luego al maldito.

Al final de la cena con los fifas, cada uno se separó en pequeños grupos, incluso los ex sub 20 habían acordado alquilar una cancha de futsal en Shibuya para jugar unas retas hasta tarde, pero Otoya, Yukimiya y yo declinamos la oferta al ver que dos de tres teníamos que viajar el siguiente día y el tercero era menor de edad con las hormonas revueltas desde el jardín de infantes.

—Así que, ¿Quién es el mentiroso? —le pregunté jocosamente a la chica cuando ya quedamos solos, porque me chirriaba un poco que me siguiera llamando así.

Kanae sonrió por igual acercándose a mí con picardía —tú, pero si te portas bien igual y comprobamos al rato eso de las manos que dijiste en el boliche. —

Hacia un frio tremendo y nada le apetecía mejor que demostrárselo.

—creo que no te lo dije antes, pero... eres hermosa —le dije, acercándome a ella.

—No lo habías dicho, pero te lo agradezco —me respondió, mirándome de arriba hacia abajo sin pudor tomándome de brazo para comenzar a caminar hacia una dirección que desconocía —tu eres muy guapo —

—eso lo sé —

—y narcisista, ya te voy conociendo mejor —

Característica que no sacaba a flote siempre

—pero mientras, coméntame eso del tren bala ¿ya te marchas? —cuestionó, mirándome con sus centellantes ojos verdes, su cabello estaba tapado con un gorro de lana y leves mechones se escapaban del mismo.

Elevé la diestra levemente hacia aquellos mechones negros distraídamente —¿Qué pasa? ¿Me extrañaras? —pregunté en susurros pues estábamos lo suficientemente cerca uno del otro para hablarnos en voz baja.

—Quien sabe, me pica la curiosidad —comentó, mostrándome de nuevo aquella sonrisa picara que me comenzaba a gustar ver. —bueno, Karasu-san, ¿Qué tal si comenzamos con esas clases de futbol? —

—me parece bien —le respondí, admirando la entrada del parque por el que atravesábamos, a esas horas estaba poco transitado e iluminado tenuemente con los faroles blancos. —en primeras ¿Qué sabes sobre futbol? —

—que patean una pelota de un lado a otro, auch... —me dijo, y sin preverlo se enganchó a mi brazo izquierdo. —lo siento, casi me caigo, estos tacones no son para caminatas —

—esta bien —le dije, mirando sus largas piernas que enseñaba sin disimulo.

—estoy acostumbrada a usar tacones, pero no a caminar con ellas —

Fruncí el ceño —No comprendo —

Sus ojos voltearon a mirarme —ah, lo siento, se que suena extraño jaja —advirtió —soy modelo, trabajo en una agencia en Shinjuku y, odio estos objetos de tortura ¿crees que podemos sentarnos un momento? —preguntó, señalando un banquillo no muy lejos.

Tomando sus manos le ayudé a llegar, porque viendo su rostro parecía que enserio le lastimaban los pies aquellos calzados.

Y no me extrañaba porque mi hermana mayor también solía quejarse de ellos.

—si no te gusta usarlos ¿por qué lo haces? —

—el fastidioso de mi jefe hizo un convivio para celebrar las buenas ventas del mes y ya sabes, hay que ir presentable y no poder negarse a nada de tus superiores —me explicó ya sentados en el banquillo frio y desolado de aquel parque oscuro.

Así que mi análisis estaba en lo correcto, ella estaba en aquel boliche con compañeros de trabajo.

Podía deducir que ella era mayor que yo por la manera respetuosa con la que le saludó Yukkey, y a juzgar por el comentario del asunto del boliche y con la gente con quien estaba en ese lugar, de seguro era una quedada con compañeros de trabajo, por lo que, sin preguntárselo directamente debía de tener ella 1 o 2 años más que yo.

La vi elevar la vista de sus pies para acomodarse en el banquillo y centrar su cuerpo hacia mi —como sea, sigamos hablando de futbol, maestro —

Reí con gracia por el apodo, parecía genuinamente interesada así que no tuve más remedio que efectivamente dar cátedra nocturna sobre el deporte que más me apasionaba en la vida.

—Dos equipos, 1 balón, 11 personas de cada lado tratando de anotar en la portería contraria el máximo de goles para ganar —expliqué, apoyando mi espalda al respaldar del banquillo.

—¿11? Es decir ¿22 personas en cancha? —cuestionó, con la duda en su rostro —pero si es un montón de gente, ¿y todos hacen lo mismo o como? —

Yo la miré a los ojos, me era difícil no mirarle los labios cuando hablaba —hay defensas, mediocampistas, porteros, delanteros —al menos asi se lo podría explicar de manera sencilla.

—creo que lo voy comprendiendo —me dijo, frunciendo el ceño, veía sus ojos centellar —¿Qué posición juegas tú? —

Sonreí de lado —Soy delantero, como todos en Blue Lock —

—¿pero que hace tu posición exactamente, es decir, que la hace especial? —

—"marcar goles, esa es la única razón por la que existe un delantero" —recité, recordando las palabras que el cuatro ojos de Ego habia dicho hace tiempo.

—tus ojitos brillaron ahora mismo —

—¿qué? —

—te lo juro —respondió riendo al igual que yo. —así que Yukimiya y el otro chico que me odia también son delanteros—

—si, pero no son tan buenos como yo —

—jaja ¿eres bueno? —

—el mejor —

—¿y por qué no anotaste gol? —preguntó. Fruncí el ceño y ella volvió a hablar —en el juego de exhibición, no anotaste —

—¿viste el juego? —

—si, bueno, mi padre me obligo a verlo junto a mi hermano, hizo toda una cena y nos retuvo hasta que acabase el partido... ya te digo, no entendí mucho y al final Japón perdió pero lo veía contento, era extraño —

—Espera un minuto —le detuve de su interesante platica —¿viste el juego y no me reconociste? —pregunté fingiendo ofensa.

Kanae carcajeo levemente —¿Qué parte de que no se nada de futbol no entendiste, karasu-san? Yo solo veía un montón de chicos ir de aquí para allá, no se quien era el prodigio de España, no se quien anotaba, mi padre gritaba, mi hermano decía que se cambiaría de deporte —

—¿y eso? —

—él es mas de beisbol —reveló, con cansancio.

Asentí levemente —ya comprendo, así que de ahí nace el trauma por chicos ruidosos que juegan beisbol —

—mooo, no te burles —me dijo, golpeándome el brazo derecho levemente, pretendía dar un segundo golpe cuando la detuve. Ella paró en seco mirándome directo a los ojos, podría ser que hacía demasiado frio, pero sentía la necesidad de tocarla.

Sin decir más bajé mi rostro al de ella, espere el rechazo o la negativa pero no llegó nunca, al contrario, la invitación de besarnos la correspondió ella pasando sus brazos por mi cuello.

Esta vez tuve más tiempo de corroborar el sabor de sus labios, porque aquel labial carmín no paraba de taladrarme el cerebro desde que, luego de darme su numero en el boliche, me dio un leve beso en la mejilla, cerca de la comisura del labio.

Luego de ello la cena con los chicos fue un suplicio, porque no lograba dejar de pensar en ella, porque para ese momento sentía que necesitaba todo de su ser, su cuerpo era magnético y su voz dulce, sus ojos brillantes y su labial seductor. No había nada en la tierra que quisiera más que explorar su interior con la atención que se debía. Escucharle decir mi nombre como lo había hecho en el boliche...

Enredó sus dedos entre mi cabello y aquel gesto me enloqueció, el aire no hacía falta cuando exploraba con mi lengua su boca tanto como lo hacia ella con la mía.

Lleve mi mano surda a su espalda, dentro del abrigo, porque sabía bien por donde introducir la mano mientras que con la diestra tocaba sus muslos suavemente.

La cordialidad y la decencia se difuminaban entre bocanadas de aire que tratábamos de tomar para hacer, que aquel beso nunca se detuviera.

Sentí una vibración en mi abrigo que intente ignorar hasta que la leve melodía llegó a ser molesta.

Para mi desgracia, el beso terminó, y ella me miró con ternura.

—tal vez es importante —me dijo, acariciando mi mejilla.

Yo negué con la cabeza, ensimismado en que no era importante agradeciendo a los segundos de que aquella melodía del mal se detuviera.

—¿Cuándo cumples? —me preguntó Kanae, sin alejarnos uno del otro.

—agosto 15 —

—Entonces, te diré Karasu-kun —

Giré a mirarle y sonreír en aprobación porque no podría explicarle lo bien que se escuchaba de sus labios mi nombre. —me gusta —le comenté, acercándome de nuevo a ella para besarle lentamente. El ruido de los coches a lo lejos era lo único que me recordaba que estábamos en un área publica en medio de la ciudad y que debía de comportarme.

Pero sintiendo como mordía mi labio inferior con coquetería me era difícil guardar la compostura.

De nuevo la melodía sonó junto a la vibración interrumpiendo en el silencio.

La ignoré todo lo que pude hasta que la chica desistió de los besos alejándose levemente —Karasu-kun, puede ser importante —dijo.

Aproveché el momento para besarle la mejilla y llenarla de besos hasta el cuello. Carajo, no, no quería romper este momento de avance con las tontas llamadas de Otoya, porque si, sabía de sobra que era el ninja jodiendo.

Ella movió su cuello hacia atrás dándome permiso de seguir las caricias aunque puede que luego la cordura volviese a su ser —Ka-karasu-kun,tu teléfono…—

Dejé los besos buscando su mirada —mi hotel está a dos calles —anuncié, aparentando calma.

Kanae sonrió, agarrando mi rostro con ambas manos, me estampo un beso corto y sin alejarse mucho me hablo —vamos —

¡Si!

—pero primero contesta, seguirán llamándote y lo sabes —

Chasquee de nuevo la lengua, pensando en las mil maldiciones que le diría al ninja.

Saqué el móvil del bolsillo interno de mi abrigo azul, volviendo inmediatamente la mano hacia la espalda de ella, con la mano diestra manipulaba el teléfono bajo la atenta mirada de la pelinegra que se acurrucaba en mi hombro.

Efectivamente, tenía 2 llamadas perdidas de Eita. —solo llama para joder... —dije, mientras le marcaba de vuelta, el tono sonó dos veces y a la tercera contestó.

—eeeh, cuervo de pacotilla —dijo Otoya

Kanae carcajeó levemente por el apodo. No tenía la llamada en altavoz pero estando todo en silencio alrededor y estando solos semi-abrazados era fácil escuchar de la bocina sin dificultad.

—¿Qué pasa? —cuestioné, frunciendo el ceño.

—eh, eh, ¿ por qué ese saludo tan frío? —me preguntó con aquella voz monotona que conocía. Chasquee de nuevo la lengua como respuesta —no me digas, ¿interrumpo algo? —

Kanae volvió a reír, esta vez en alto, mientras yo sentía aquella situación demasiado surrealista.

—sabes que si —le respondí, cerrando los ojos para no gritarle porque a diferencia de la chica esto no me divertía —dime que pasa —

—dime como es, ¿es linda desnuda? —

—¡no te diré! maldito imbécil —

—que desagradecido... ¿ah?... es Karasu...

—¿el cuervo? —escuchó a lo lejos, luego mucha interferencia y lo siguiente fue escuchar a la persona que menos pensaba —eh, Karasu-chan, usa protección —

Perfecto, ahora Aiku le daba consejos, verdaderamente surrealista.

Kanae me miraba divertida, mientras, yo me hundía en la vergüenza.

—lo sé, capitán de pacotilla, pásame a Otoya —

Espera, ¿Aiku? —¡¿Te fuiste a jugar con los chicos de la Sub-20?! —

—ex sub 20 —aclaró Otoya, a lo lejos escuché un "auch", probablemente de Oliver. —pregúntale a tú chica si tiene una amiga disponible —

—No —dije inmediatamente, pero aquel apodo giró en mi mente: "mi chica"... nah, solo era algo de una noche, no era "mía" en absoluto.

—¿con quien hablas? —escuché en la llamada, parecía ser la voz de Reo

—Karasu —respondió Eita lejos del móvil.

—¿Qué no había quedado con alguien en verse? Deja de joderlo —

—es divertido molestarlo. —

Miré a Kanae elevando las cejas, "¿ya ves?" le dije en silencio y ella elevó los hombros

—colgaré —le anuncié al ninja, luego de escuchar la sincera confesión.

—espera espera, que Yukkey dice que irá al hotel y que no se te ocurra llegar antes del check out —grito Otoya, con aquella voz monótona de siempre.

Un mensaje que pudo decirle el mismo Yukimiya y con el que confirmaba que Otoya verdaderamente solo quería tomarle el pelo —Ninja, en estos días que no estaremos juntos no te extrañaré —

—no digas eso, cariño, dile a esa chica lo nuestro —

—jaja eres un imbécil —ese idiota lo hacía reír a veces, muy de vez en cuando.

No fue hasta que colgué que la chica a mi lado soltó una gran risa.

Sus mejillas estaban rojas y la brillante sonrisa cautivaron mi atencion por unos segundos.

—¿tórrido romance en Blue Lock? —me preguntó, con aire de periodista. —adoro las historias de boys love —

Negué levemente, trasteando el móvil, si era cierto que habían ido a jugar futsal, debían de haberlo posteado en sus redes.

Revisé rápidamente el Instagram de Otoya confirmando en las storys mis sospechas, parecía que la mitad del grupo de la ex sub 20 estaba jugando junto a Nagi, Reo, Chigiri, Otoya y Tokimitsu.

—¿suelen jugar sin camisa? —preguntó la ojiverde, viendo los videos donde se mostraban la cancha invadida por chicos con el torso desnudo —ya me gusta más este deporte —

No era un misterio, lo más probable era que no quisieran sudar la prenda superior y hayan optado por quitársela mientras jugaban.

Pero entre aquel rápido pensamiento miré a la chica, aun no terminaba de catalogarla, parecía altanera y desvergonzada como ahora, pero repente mostraba tintes de vergüenza o impotencia, o luego solo una brillante sonrisa.

Sea como fuera, sentía que quería conocerla mucho más aun, y analizar cada centímetro de su alma y cuerpo.

Deje el móvil en mi bolsillo, prestando mi entera atención a ella. —mañana me iré a Osaka —

La sonrisa de ella desapareció —cierto... no eres de Tokyo —comentó, comprobando la hora en su reloj de pulso. —entonces, tenemos que aprovechar el tiempo ¿no crees? —