Kanae POV
Desde el momento en que lo divisó le llamó su atención, tal vez sea porque estaba muy aburrida en el boliche junto a su estupido jefe que trataba de sobrepasarse con ella como siempre.
Nada de lo que le dijo era mentira, no le conocía, desconocía de fútbol y definitivamente se le hacía atractivo, tanto físicamente como mental porque bastaba ver cómo le miraba para darse cuenta de su aguda visión, sus ojos azules sobre ella le ponían nerviosa, más que cualquiera sesión de fotos que haya tenido con un productor exigente o lascivo.
Su sonrisa le cautivaba, y su fasceta burlona o avergonzaba no le disgustaba.
En unas cuantas horas se dio cuenta que escuchar su voz al hablar con aquel característico acento podría ser, gustosamente, su pan de cada día.
Lo hábil que era al desvestirla y acariciar cada parte de su ser, besar mi cuello o mi parte más sensible, mi abdomen, le terminó de convencer que, siendo sinceros, estaba pensando en no soltar a aquel chico.
Cada beso era distinto, cada roce, único. Pasar sus propias manos en el cuerpo del atleta le excitaba.
Y ahí, mientras le veía ponerse el preservativo, acostada en la cama boca arriba, supo que no podría despegarse de él, que su corazón palpitaba demasiado viéndole y no era por la adrenalina o la calentura.
Karasu volvió a ponerse entre sus piernas cuando lo mas importante estaba en el lugar que debía, acercando la ereccion a su zona íntima, dirigió el pene de arriba hacia abajo frotándolo levemente en su entrada solo para remojarlo en mis jugos y a la acción ambos gemimos, expectantes de la sensación venidera.
—Karasu-kun por favor —pedí, porque lo necesitaba con urgencia, enredé mis manos a su cuello buscando besarle en un arrebato de querer sentirlo ya —por favor...—le susurraba, con un tintineo erotico al hablar.
—lo se, preciosa —me dijo, luego de terminar el beso, ambos miramos hacia abajo queriendo tal vez ser testigos del momento. Casi lenta, tortuosamente entró en mi cautivando mi interior. —uf, estás... tan apretada —
Mi vista fue al techo, cerrando los ojos, tratando de disfrutar de la sensación de plenitud, tan arrebatadora que era sentirlo. Moví mis caderas, queriendo comenzar con la diversión y él comprendió inmediatamente.
Luego de ello la habitación se llenó de gemidos y del sonido obsceno tan adictivo que era el choque de nuestros sexos.
Tenerlo sobre mí bombeando mi interior, y hablándome al oído con su voz ronca me enloquecía, perdería la cordura y sería su culpa, lo sentía en mis adentros, en la punta de los dedos de mis pies y en mi garganta, que comenzaba a doler al gritar su nombre.
Fueron dos rounds, lo recordaba con lujo de detalle y no continuamos por mi culpa pues no quería que el chico no se pudiera despertar y perder su tren a Kansai que saldría a pocas horas.
Más tarde, no dejaba de pensar en que estaba mal, yo debía de irme, veía el reloj y marcaban las 2:00 am.
Él dormía en mis brazos, con el rostro entre mis pequeños pechos, y sus fuertes brazos rodeando mi cadera.
Aparte de aquel sexy lunar bajo su ojo, tenia algunos más en cuello y espalda.
El olor corporal del ojiazul era embriagador, le encendía como nadie antes lo había hecho.
De nuevo el pensamiento de que, sentirse abrumada de tantas maneras por él, estaba mal. Y lo pensaba porque prácticamente casi no lo conocía.
Algo en su interior se lo decía pero a la par, su otra parte de conciencia le repetía que a esas horas no habría mejor lugar que estar que en aquel cama, desnudos y junto a él.
Sería las 5 cuando una incesante alarma me despertó, era su móvil, probablemente un mensaje o una llamada que no atendería.
Karasu seguía a mi lado, desperezándose pues el sonido también le había despertado.
—Buenos días—le dije, viéndolo sentarse en la cama al igual que yo.
—Hola —me dijo, con el ceño fruncido, se veía aún adormilado.
Recordando que él debía de irse en tren bala pronto preferí ser la que rompiese aquella burbuja, era lo más sano; me acerqué a él besándole castamente en los labios. —tienes un tren que tomar, ¿lo recuerdas? —le pregunté, levantándome de la cama importándome poco mi desnudes.
Sin verle de vuelta me adentré en el cuarto de baño viéndome en el espejo, mi cabello era un desastre, mi cuello y hombros se veían adornados por leves marcas y dándome la vuelta para ver mi espalda comprobé que mi trasero estaba rojo y por igual marcado con las manos de aquel cuervo.
Sonreí de tan solo recordar cómo se había producido aquellas marcas en mi cuerpo y sin querer mi interior se removió de excitación.
Unas manos en mis caderas mee sacaron del recuerdo.
—¿en qué piensas? —me preguntó el futbolista al oído, con aquel tono de voz ronco que había descubierto en la cama que tenía, ese tono que le hacía temblar las piernas y desear tenerlo a su merced de vuelta dándole sexo oral como horas antes. —no me digas, puedo adivinar —
Mordí mi labio inferior sintiendo como me acariacaba ambos pechos a la par con lentitud y sincronía apretandolo levemente y luego de manera ruda, en un vaivén exotérico.
Maldita sea, si era bueno con las manos, ya lo había comprobado horas antes y lo volvía a comprobar ahora que la empujaba levemente hacia la ducha y abría el grifo del mismo.
¿Sexo matutino en la ducha? Carajo, claro que si.
La idea le enloquecía, quise girarme para querer repasar su cuerpo con mis manos pero él me lo impidió.
Siseó tranquilamente en mi oído, como quien tranquiliza al más iracundo, no le veía el rostro pero podría suponer que mostraba aquella sonrisa arrogante que solía reflejar en el rostro —ssh... espera, encanto —
—Quiero tocarte —
—lo sé —comentó, separándome las piernas —es solo que, eres hermosa incluso con esta vista —frotó luego su pene erecto entre mi trasero logrando provocarme.
Se las pagaría luego, pero mientras, le cumpliría aquel fetiche que parecía tener, poniéndola en aquella postura que, debía de admitir, no le molestaba.
Por ello pegué mis pechos a la fría pared, levantando mi culo hacia él y frotándome con premura. Le escuché gemir en farfullos que me incitaron a querer escucharle más.
—me volverás loco —
—lo siento tanto—le dije, fingiendo dolencia.
—...no tengo condón —
—...sólo no termines dentro —le advertí, con ligera molestia. Estaba mal aceptar, pero le deseaba tanto que no podía negarme y prefería correr el riesgo y luego encargarme, por si las dudas, con alguna pastilla del día después.
Sentí sus dos dedos dentro de mi centro, entrando y saliendo con facilidad pues para aquel momento ya escurría entre mis piernas flujo vaginal.
Cuando comprobó que estaba preparada, apartó los dedos y introdujo de una estocada su hombría.
El agua y el sudor se mezclaron, los gemidos y el cansancio igual, era una locura sentirlo tan profundo y con aquella fuerza, dando estocadas rítmicas que me complacían hasta la médula.
Mis gemidos salían sin yo desearlo, quise apoyarme de algún lugar pero lo único cerca era la pared dando de lleno en mi rostro. Fue entonces que lo sentí ir más rápido que de costumbre elevando una de mis piernas, cambiando levemente la posición.
La nueva postura tocaba una fibra sensible en mi interior, casi como si tocaran un botón, fue mágico —más, ¡Karasu-kun, más!— gemí más fuerte hasta que sentí una explosión dentro de mi recorriendo desde mi centro hacia las extremidades, me apoyé con más fuerza en la pared, sintiendo que mis piernas flaquearían mientras disfrutaba del mejor orgasmo que había tenido en la vida.
Tan solo en ese momento pude escapar de mi prision entre su cuerpo y la pared, dándome vuelta para verle, su cabello estaba sorpresivamente hacia abajo pero ello no me hizo distraerme de la sensacional vista.
Pues el chico, que aún no había terminado y que no tenía permiso correrse dentro de mi, cumplía al pie de la letra, ahora le tocaba a él llegar y por ello se complacía frente a mi con su diestra mientras que con la zurda se apoyaba en la pared.
Era un deleite, sus músculos del brazo se anchaban y su respiración pegaba en mi cara, sus ojos estaban cerrados y su ceño fruncido junto a su rostro ruborizado mostraban lo concretado que estaba.
El chico gemía levemente, acallándose como todos. Si ellos supieran lo caliente que se ve un chico expresar lo mucho que le gusta no se callarían.
Como ahora que aquel chico que no conocía de nada le cautivaba, relamí mis labios en anticipación.
Quise ayudarlo pero por la impresión actué lentamente, para cuando tocaba sus hombros y bajaba mis manos por su contorneado abdomen el chico liberaba la carga, respirando agitado y apoyándose en mi, agotado al igual que yo.
—Uh, Karasu-kun, no debes desperdiciar semen así —comencé a decirle, juguetonamente —yo pude--
Mi frase fue interrumpida por sus labios sobre los míos, no me negué al nuevo contacto, disfrutando del beso francés.
Ahora si, con gusto deslice mis manos en su cuerpo acariciando su ancha espalda e incluso sus glúteos sin vacilación alguna.
Era un portento de hombre que complacería a cualquiera, envidiable y con el autoestima tan alto que era equivocado negárselo pues tenía todo para tenerlo en las nubes.
—la próxima vez lo harás —me aseguró y yo me descoloqué.
No fui la misma desde entonces, ni tras salir de la ducha en calma, ni luego de vestirnos a prisa, ni al desayunar en el hotel y él lo supo.
Y es que no era para menos, porque ¿a que estábamos jugando? De nuevo volvían aquellos pensamientos negativos.
Si, era agradable y para nada aburrido charlar con él, la tensión sexual comenzó desde la primera conversación, era increíble cómo congeniaban en la cama pero ¿que era todo eso?
Así que ¿habría próxima vez?...
—lo siento —
—no tienes que disculparte —le dije, viendo que ya me iría luego de terminar nuestro desayuno juntos. —a decir verdad, no se como catalogar "esto" —
Él me miró directo a los ojos poniéndome nerviosa, luego bajo la mirada, casi como si dudara al querer hablar, fue la primera vez que le vi nervioso y me pareció adorable.
Volvimos a la habitación tan solo porque le insistí que le acompañaría a la estación con la excusa de que no era de la capital y podría perderse.
La tensión en el taxi estuvo sofocante, incluso creo que el taxista lo notó.
¿Estaría pensando lo mismo que yo? ¿Estaría bien seguir viéndonos?... ¿él tendría tiempo?
Tantas dudas llenaban su cabeza.
—es momento de que me marche, tienes mi número —me comentó estando en la entrada de la gran estación.
Era lo razonable viendo que yo no abría la boca desde el hotel.
Lo detuve del brazo por inercia.
Carajo, ¿estaba mal sentirse así? Por alguien que acababa de conocer hace 10 horas a lo mucho.
—puedo saber... ¿cuando vuelves? —cuestioné con algo de nerviosismo. Sentí que se acercaba a mi devuelta, parándose a un palmo de distancia.
—...tengo 13 días libres de Blue Lock... —me informó, bajando la mirada hacia mi —no pensaba volver—
—¿y luego de Blue Lock? —
—...no lo sé, estar ahí dentro es incierto —
Nada esclarecedor, podría ser dias, semanas, meses... años.
Por Dios, ¿que era esta sensación de vacío que sentía en su pecho?
—me gustó estar contigo—confesé, viendo que inevitablemente el reloj seguía avanzando y quedaba 30 minutos para las 7:00 am
Karasu sonrió de lado, con aquella mueca de altanería que ya le conocía —tú estuviste fantástica—
Baje mi rostro por unos instantes arreglando mi cabello en aquel tic nervioso que salía a flote pocas veces. Quería besarlo pero no quería verme tan ansiosa.
—y, maestro ¿qué pasa con esas clases sobre fútbol? ¿No habrá demostración práctica o solo teoría? —
Él volvió a sonreír, esta vez alzando la mirada por unos segundos. Era tan lindo. —... hoy es miércoles ¿que te parece si regreso el próximo miércoles? para pasar mis últimos días libres en Tokio y darte clases intensivas—
—¿muy intensivas? —
Sonrió, asintiendo mientras bajaba a mi rostro —muy intensivas...—
Me besó lentamente, yo disfruté del mismo, memorizando su sabor y la sensación explosiva que eran sus labios.
Al estar en vía pública tuvimos que contenernos pero juraría que ambos pensamos por un instante en adentrarnos en la guerra que siempre hacíamos por ver quien dominaba el beso.
Eso fue lo último que tuve de él aquel día.
Y mientras lo veía alejarse, junto a su maleta en el hombro y el equipaje de rueda supe que me había enamorado de aquel cuervo.
