Karasu POV

—fue un asco total —escuchaba que se quejaba Otoya en la línea mientras miraba el techo de mi habitación sin mucho interés. —llovió todo el fin de semana, ¿¡en otoño!? —

—amo el otoño —le comenté solo para que supiera que seguía en la línea y no me había dormido.

—llovió un torrencial y nadie pudo ni salir de sus casas, así que se canceló la reta y la fiesta —

—mira el lado bueno, aún tienes dinero en tu cartera y no te lo robaron en esa fiesta —le dije con aburrimiento.

—¿qué? Bastardo ¿que estás queriendo decir? —

—que si te juntas con el capitán de pacotilla te irá mal —

—¿y lo dices tú? —

—si, hazme caso, ninja —le regañé.

—pues cuando vengas acá me contarás todo lo que quiero saber de esa chica tuya, sin objeciones —

—vete a la mierda —

—miércoles, imbecil, te mandaré la ubicación de la cancha, trae tus botines que apostamos el sueldo del viejo Niu y de Chou. —

Y me colgó. Volví a mirar el techo sin prestar atención a más nada, porque esos días libres se le hacían eternos sin jugar fútbol... no estaría mal jugar contra la sub20 de nuevo aunque sea en una cancha de futsal.

Yukkey, ese bastardo...

De Kanae no había sabido nada más, era lunes y no se habían escrito nada desde el viernes cuando le envió ubicación.

Podía sentir que se moriría del aburrimiento, luego de sentir la adrenalina correr por su cuerpo en cada segundo al estar dentro de Blue Lock y tratar de sobrevivir a cada minuto nada fuera le satisfacía o le entretenía como antes.

Su mente estaba llena de solo dos cosas, fútbol y Kanae.

Estaba idiotizado.

Y lo sabía con claridad, la primera fase para superar aquel estado era aceptarlo.

La chica le gustaba, más de lo que le gustaría aceptar. Era deliciosa, siempre le hacía reír y por demás amaba verse reflejado en sus grandes ojos verdes.

También a u voz, su aptitud o él como le miraba estaban a fuego en su mente.

Seguían siendo solo un affair, pero al dejarla en su hostal en la mañana del sábado y darle un beso de despedida ya no pudo alejar ese sentimiento de soledad de su ser... maldita acetilona y endorfina haciendo su trabajo en su cuerpo.

El lunes paso, el martes igual.

Ya para el miércoles en la mañana estaba rumbo a la estación Shin Osaka en el auto de su hermana.

—¿recuerdas lo que acordamos ¿cierto, Ototo? —

Suspiré cansado, mirando al lado contrario del de ella —si si, que cuando tenga mi primer sueldo de futbolista te compre un auto el cuádruple de caro que este —

—eso, Tabito, veo que si eres inteligente después de todo —

Chasquee la lengua, ignorando sus palabras, la tonta de su hermana mayor solo le prestaba el auto por ese conveniente acuerdo estupido que debía de pagar a futuro.

—gracias —le dije, luego de dejarme en la estación en la mañana.

—de nada, suerte en tu competencia, te estaré apoyando, mi pequeña mina de oro, yo ya voy tarde al trabajo —

Era una desvergonzada. Pero de alguna manera sentía que ella solo bromeaba, o eso le parecía.

El viaje en tren estuvo normal, dos horas en las que miró con aburrimiento la ventana, ¿que le esperaba en Blue Lock? ¿Qué tan lejos iría? ¿A donde llegaría?

En 5 días lo sabría pero, mientras ese día llegaba, podía respirar y disfrutar de ser un joven normal que no está dentro de un juego del calamar futbolístico.

Tokyo le parecía una ciudad demasiada ruidosa y movida, de gente estirada y aburrida. Nadie relevante que analizar, nada importante que ver. Solo negro y blanco.

Esperar que llegase la tarde fue aburrido, mirando una que otra actualización de su móvil, tomar una que otra foto de la vista de Tokyo desde su habitación y aprovechar el cable tv para ver un partido europeo.

Su vida era bastante sencilla, la verdad.

Para la tarde se dio la tarea de asistir al lugar que Otoya esperaba que llegase, un parque cercano en Shibuya.

Caminar por esas calles era monótono, pero el paisaje otoñal le alegraba el alma.

Mi móvil comenzó a sonar, extrañado, miré el aparato con interés mientras cambiaba mi mochila de mano hacia el otro hombro.

—alguien me prometió algo para hoy~ —

Ladee una sonrisa escuchando atento el tintineo de su voz —¿el qué? Haz sido tú la que se fue el sábado con mucho apuro —

—lo sé, precioso, pero debía de desayunar con mi jefe, es una mierda trabajar para él—

De nuevo quejas sobre su jefe, fruncí el ceño —enserio, mencionas mucho a ese tipo —

—¿estás celoso o algo por el estilo? —

—...podría ser —admití, aunque ciertamente le comía la curiosidad por ver quien sería aquella persona que imperaba tanta molesto y miedo en partes iguales en ella.

—directo y llano, me gustan los chicos así, Karasu-kun —

—¿enserio? Me suele acarrear problemas —

—yo no estoy para juegos, lo prefiero así. Como sea, ¿tienes planes para hoy? —

—tengo que verme con mis amigos en 30 minutos, creo que jugaremos por la tarde, si es que no llueve —

—¿toda la tarde? Eso es mucho tiempo chico futbolista. —me comentó, escuchándose bastante interesada —¿crees que pueda ir? Sinceramente me da curiosidad verte jugar en vivo —

—¿hablas enserio? —

—completamente, a menos que te sientas incómodo con la idea —

Al contrario, sentía algún gusto fetichista comenzar a corroer mi cuerpo de tan solo pensar que ella vendría a verle —te aburrirás —le advertí con pesimismo.

—puede que si, pero, ¿no fuiste tú el que me prometió alguna clase teórica de fútbol? —

—estará Otoya —

—¿el chico que me odia? Creo poder lidiar con tu novio secreto —

Sonreí sin gracia, con un leve tic en el ojo —él no es... —

—pásame ubi, Karasu-kun~ estaré ahí para echarte porras hasta que me duela la cabeza de ver tanta testosterona junta —

—suena a un suplicio —

—no me lo parece~ igual tengo una reunión en 2 horas, veremos si me voy antes —

—bien, te pasaré la ubicación—

El lugar era en Shibuya, cerca del parque metropolitano, rodeado de árboles sin hojas, el verdor escaseaba pero no los transeúntes recorriendo de aquí para allá el parque.

No fue difícil encontrarlo, era visible la cancha de futsal con césped artificial, contaba con una pequeña tribuna alrededor y daba espacio para caminar por el parque al costado.

Lo otro que también visualizó sin problemas al llegar fue a Otoya hablando con algunas chica al otro lado de la cancha, cerca de la valla.

Para nada extraño aquel hecho.

Bachira, Reo y algunos tipos de la sub 20 ya estaban en el lugar, parecía alegórico y dinámico el ambiente.

—Karasu Tabito ha aparecido —mencionó Neru tras verme, aquel chico rubio de aspecto cómico.

Todos giraron a verme como si fuera algún objeto de circo —los bendigo con mi presencia, bastardos —

De uno que otro saludo partieron choques de manos, básicamente porque al convivir con esos tipos se dio cuenta que no eran tan malos después de todo.

Reo se me acercó, rodeando mi cuello con su brazo derecho —¿qué tal estás? Llevaba un rato sin saber nada de ti —

—nada que te importe, camaleón, sigo vivo y siendo mejor que tú en fútbol —

—enserio, siempre estás a la defensiva, ¿ya viste a Otoya? Creo que sigue celoso de que ligaste antes que él —mencionó, señalándome al lugar lejano donde me parecía haber visto al ojiverde.

—Nah, el ninja siempre ha sido así, maestro de nada, alumno de todo. —

—eh, que te he escuchado, cuervo de mierda —gritó Eita llegando a escena tendiéndome la mano en un saludo de choque de puños —¿ya viste a las chicas que trajeron los de la sub20 —

—ex sub 20 —rectificamos Reo y yo.

—lo que sea —

—¿y cuando empieza esto? —preguntó Reo, viendo como todos estaban dispersos en la cancha haciendo cada uno lo suyo

—cuando llegue Aiku, quien sabe dónde está—intervino Chou de manera monótona, como siempre.

Balones de fútbol iban de aquí para allá, al menos había buen ambiente. —a todo esto, ¿donde dejaste al príncipe perezoso? —le pregunté a Reo luego de dejar mi maleta en la banca.

—está durmiendo en la limosina —me dijo, señalándome algún punto determinado a la derecha.

Aquel detalle no me sorprendió recordando con quien carajos estaba hablando.

—¿lo dejaste agotado? —cuestioné, porque era el momento exacto de devolver esa broma que le hizo en Instagram hace días con mi foto de perfil.

El pelimorado se acaloró inmediatamente, haciéndose el desentendido —ahora que lo dices, debo de buscarlo, ya comenzará el partido —

Y así se fue, rumbo al lugar que había señalado anteriormente.

Travesura realizada. Ahora Otoya —Ninja, ¿te estás ligando a las amigas de ellos? —señalé a la sub 20 que conversaban ruidosamente sobre un partido de LaLiga.

—ya tengo el número de dos, y si me colaboras tendríamos una cita doble con la lindura rubia de allá, es amiga del viejo Niou —

—te encanta meterte en problemas —

—¿no crees que sería aburrrido sino? —

—es tu problema, me da igual. Como sea, lo veo difícil, Kanae viene en camino. —

Otoya abrió los ojos desmesúrado, como pocas veces le veía mostrar sorpresa —¿la modelo viene para acá? ¿Y eso? —

—quede en enseñarle algunas cosas de fútbol —

—¿enserio? ¿No será que ya se interesó en ti? Cuervo de mierda —

—¿y si así fuese qué? —

—no se que ciudad salvaste en tu vida pasada para tener tanta suerte, maldit-- —el insulto quedó a medias

—¿qué pasa? —le pregunté con dudas viendo cómo miraba a un punto fijo al fondo. Seguí la trayectoria de sus ojos, curioso de qué chica ahora habría sido la que hubiera cautivado al ninja cuando 2 cabelleras rojas entraron en mi visión.

—la pantera llegó con su hermana —

La bella chica estaba radiante, igual a como la recordaba con un Chigiri apenado a su lado. Parecía que solo le había acompañado hasta la puerta y se iría.

Carajo, no podía despegar su mirada de la escena a lo lejos y estaba seguro que Otoya estaría igual.

—ambos babearán en cualquier instante —

Pestañeé varias veces saliendo del ensoñamiento, porque esa vocecita que se escuchaba a mi lado me sonaba bastante conocida.

—oh por Dios, que lindo cabello tiene esa chica —

Siguió hablando la voz.

Si, efectivamente, era Kanae, vistiendo un conjunto café de terciopelo despampanante.

Vi como Otoya se recomponía por igual y giraba a verla, ganándome el habla.

— Hola lindura —le saludó Eita.

— Ahórrate el halago —le detuvo Kanae con diversión — más importante, pensé que me odiabas—

— Sería imposible, ¿me das tu número? —preguntó el albino.

—¿por qué? ¿estás haciendo una encuesta o algo así? —

Sin poder evitarlo reí ante la pregunta de la modelo, básicamente porque me di cuenta que lo único que quería Kanae era exasperar al ninja.

— Enserio, algo está mal en su cabeza —farfulló Otoya tras verme llegar. —vamos, el modelo y el cuervo de mierda tienen tu número, no me puedo quedar atrás. —

—¿No te bastó con las chicas de allá? —cuestionó la peli negra caminando hacia mi.

—Nunca es suficiente —

Kanae sopesó la idea —Hn ¿cuantos años tienes?

— 17 —

— Entonces paso, ¿no quieres mejor este cupón de descuento del wcdonalds? Me lo acaban de regalar unos tipos en la entrada del parque —

—me conformo, gracias —dijo Otoya, tomando el papel sin vacilar, luego nos dejó solos con la excusa de buscar algo que no escuché bien.

—¿en la entrada del parque? A mi no me dieron nada —dije, recordando que efectivamente había visto a algunos sujetos regalando cosas.

—bueno, Karasu-kun, debes de tener este grado de lindura para que te regalen cosas gratis —se señaló así misma dando su mejor sonrisa.

No había discusión alguna en ello.

Ignorando las miradas furtivas a mi alrededor, la acerqué a mi para abrazarla en forma de bienvenida, porque me estaba comenzando a exasperar la manera en la que todos le veían.

—¿segura que quieres estar aquí? —

—de momento si, a menos que no te parezca —

Yo negué, llevando mi mano diestra a su espalda alta. —sentémonos entonces, esto demorará un poco—

Ella asintió dejándose guiar con calma, olía tan bien y su cabello parecía moverse a favor del viento, solo un tonto no la vería. —¿ese chico de allá está bailando? —preguntó, señalando a lo lejos a Bachira.

—eh, si... creo que está grabando algo para tiktok —respondí, viendo al animado chico mover las manos en todas las direcciones ayudando por Aryu y Tokimitsu que ya habían llegado.

—oh, yo quiero ayudarle —

—Luego te lo presento. —

—bueno, ¿y donde está Yukimiya-san? —

—el pobre vive a 10,000 km de aquí, llegara a Tokyo el fin de semana —

—Aww, yo quería verle —

—¿para qué? —

—deja los celos, Karasu-kun —pidió, golpeándome el hombro. —woooh, ese chico es muy alto —

Efectivamente se refería a Nagi, que venía siendo ayudado a caminar por Reo, vociferando lo cansado que estaba.

—dijiste que te gusta las historias de BL? Esos dos tienen un historia amor-odio —

—¿ese no es el hijo de los Mikage? ¿De los millonarios? —

Asentí a su pregunta viendo cómo mostraba sorpresa y generaba un gritito silencio de emoción mientras me abrazaba por el cuello.

¿Qué rayos con esa reacción? Parecía que era verdad lo de que le gustaba las historias de chico x chico.

La cercanía no me molestó, al contrario, me favorecía para que los demás dejasen de mirarle con ojos de hienas... oh tal vez estoy alucinando.

—tengo sueño, no quiero jugar~ —se quejaba Nagi, caminando hacia nuestra dirección.

—lo harás cuando estemos perdiendo, eres nuestro comodín, tonto —le dijo Reo, dejándolo a un lado de Kanae.

El albino, con los ojos cerrados, cayó poco a poco hasta apoyarse en la chica.

—¿quieres sentarte como una persona normal, bastardo príncipe perezoso? —dije, separando a Nagi de Kanae.

—él es así siempre, discúlpalo —se excusó Reo pero mirando a la modelo —un gusto conocerte, ¿eres amiga de Karasu? —

—si, soy Kanae, un gusto igual —

—Mikage Reo, y él es Nagi, no te molestará, lo prometo. —

—¡Karasu! —

—¿qué hay, pantera? —

—¡hola! —

—¡que cabello con tanto Glam! —

—ho-hola, buenas tardes —

Fue extraño. En un momento todos los bastardos de Blue Lock estaban a nuestro alrededor. Y más extraño aún fue ver cómo saludaban a Kanae.

Ella se acopló bastante bien, de alguna manera le escuché hablar de ropa y moda con Aryu, luego de bailes con Bachira, y luego cómo le daba consejos a Chigiri sobre su cabello, extrañamente este le dejaba que le tocase el cabello, cosa extraña porque todos sabíamos que el chico no le gustaba que le tocasen el mismo.

—el chico que anotó el último gol no está aquí —dijo Kanae mirándonos a todos.

—oh, entonces si vio el partido —exclamó sorprendido Tokimitsu.

—oigan, Blue lock, ¡comencemos con esto! —era Aiku llegando a la cancha, sus compañeros le rodearon mientras nosotros lo abucheábamos.

Ese imbecil, como era posible que llegase tarde y les dejase esperando como si fuéramos sus sirvientes.

—quédate aquí —le dije a Kanae al oído, ella me detuvo del brazo.

—¿qué pasa? ¿Qué harás? —preguntó, mirando la duda en sus ojos.

—nada malo —respondí, guiñándole el ojo, tal vez me vi demasiado enojado, tanto que ella lo notó, para ese tipo de cosas era bastante avispada.

Caminé hasta Aiku, hasta el otro extremo de la cancha, llamando su atención inmediatamente.

—oye, ¿que mierda haces? —

—Karasu-chan, que bueno verte —respondió amablemente, cambiándose los botines.

—¿por qué llegas tan tarde? Hace media hora debías de estar aquí, ¿quien crees que somos? —

El pelinegro me miró, sin quitar aquella actitud relajada de siempre —pareces enojado —

—lo estoy, tu séquito no quería comenzar sin ti —

—hmm, me surgió algo, Karasu-chan, discúlpame ¿si? —

Ese era el problema con ese sujeto, demasiado confiado y relajado para su gusto. No le iba a perdonar.

—eh, esa chica con la que hablabas ¿es la chica de la otra vez? ¿La que fuiste a ver luego de la cena?—preguntó de repente, mirando hacia donde estaban los chicos y Kanae. —¿es tu novia? —

—...¿por qué preguntas? —

Él sonrió de lado, elevando los hombros —¿no te importara que le hable? —

Fruncí el ceño. —escúchame, capitán mierdoso, aléjate de ella —

—Oh, Karasu-chan, acabas de dar mucho miedo —menciono con burla y nada asustado —...¿no crees que estás perdiendo la compostura? Es raro en ti, eres el más centrado de todos —

Si, y le estaba ganando en sacarlo de sus cabales.

—concentrate en jugar entonces, ¿que vamos a apostar esta vez? —

—¿qué tal a tu chica? —

Karasu, respira, uno dos, no caigas. Él solo te está provocando...