El mediodía llegó rápidamente para el peliplata, quién solía sumergirse profundamente en sus entrenamientos, de tal manera, que inclusive se olvidaba hasta de sus amigos. Habían comenzado con atletismo, el deporte con el que iban a competir en los intercolegiales de la siguiente semana, luego, continuaron con una hora de fútbol y una hora de karate, la cual, llamativamente, resultaba ser la práctica menos interesante para él

Salió de la ducha, dirigiéndose a los vestidores, en dónde, como siempre, Miroku estaba terminando de cambiarse

- ¿Irás a clases, coqueto? - preguntó, colocándose su playera

- Lo dudo - respondió, secando su larga melena - Totosai me dio permiso de seguir entrenando durante su clase teórica, quizás lo haga en otro lugar

- Comprendo - sonrió - La super estrella tiene sus privilegios

- Oye... - lo miró, frunciendo el entrecejo

- Tranquilo... sólo estoy bromeando - puso su mano sobre la nuca, sonriendo - Tú sabes, que soy el mejor en karate - guiñó su ojo

- Eso no te lo puedo discutir - volteó hacia su casillero, en busca de su remera

- Avísame si pasarás por los apuntes - gritó el castaño, saliendo del lugar

- Bien - murmuró el peliplata, terminando de vestirse y abandonando el establecimiento

Subió al tren, en donde le esperaba un pequeño viaje de 20 minutos, hasta la primaria en donde realizaba sus pasantías. Esta vez no tuvo tanta suerte como en la mañana, por lo que, tuvo que ir de pie. Se colocó sus auriculares y puso su lista de reproducción en modo aleatorio, abrió ligeramente sus ojos al escuchar la primera melodía, la cual era la misma que estaba escuchando al momento en el que el dulce perfume de aquella desconocida, había invadido su olfato. Cerró sus ojos, reproduciendo en su memoria, aquel dulce aroma, el que, por alguna razón lo hacía sentir cómodo

Pasó la mirada por los presentes en el vagón y su pecho se detuvo, en el momento en el que divisó a una chica, de espaldas y vestida con el mismo uniforme que la joven que se había sentado a su lado. No había logrado ver más allá de sus manos, por lo que, no tenía ni idea de como lucía su rostro o su cabello, sin embargo, se le hacía demasiado familiar. Disimuladamente, se abrió paso entre la multitud, acercándose con detenimiento, intentando volver a respirar aquella fragancia

Se posicionó a su lado, pero el perfume que desprendía esa muchacha, no era el mismo, por el contrario, era mucho más suave y, tal vez, un poco más floral, un poco dulce, pero no con la misma intensidad. La chica giró su cabeza, observándolo, al mismo tiempo en que una sonrisa se formaba en sus labios

- ¡Inuyasha! - dijo con entusiasmo

- ¿Kikyo? - respondió, un poco incrédulo

- Si, ¿no me reconociste?

- No... lo siento

¿Cómo era posible que no hubiese reconocido a la mujer por la que estuvo suspirando el último año? Es decir, a pesar de haberse mantenido en contacto con ella, luego de la fiesta de Suikotsu, uno de sus compañeros de clases, nunca había tomado el coraje suficiente para pedirle una cita. Por un lado, moría de ganas de conocerla un poco más, y, por otro, quería terminar con sus obligaciones en la universidad, ya que se encontraba en su último año

- ¿Vas a trabajar?

- Bueno, no es un trabajo como tal - sonrió - Pero si, voy a mi pasantía, ¿y tú?

- Tenemos práctica con el equipo - le devolvió la sonrisa - El director logró que nos prestaran el salón del centro deportivo, en donde se realizará el intercolegial

- Vaya - se sorprendió - Eso es una suerte

- Si... si logramos la medalla dorada, es probable que la escuela, reciba una importante suma de dinero

- Comprendo, tenemos la misma presión - respondió en un suspiro

Permanecieron un momento en silencio

- Bueno, aquí me bajo - la miró - Kikyo...

- ¿Te parece si hablamos luego? - le devolvió la mirada, sonriendo

- Eh... si, claro - se sonrojó levemente, mientras se dirigía a las puertas y el vehículo se detenía

Descendió, comenzando a caminar hacia la primaria. El pequeñísimo encuentro con la morena lo había dejado un poco nervioso, después de todo, hacía más de dos años que había terminado su última relación, la cual lo había dejado con el corazón en la mano, sin embargo, el tiempo había aplacado un poco su dolor y, al parecer, ya era hora de que considerara la idea de abrirse a una nueva relación

Kikyo es realmente hermosa... pero, primero debo graduarme, quizás más adelante

Continuó su camino, llevando su mente a lo que le restaba en exámenes y la competencia. En ese momento, su celular comenzó a sonar. Lo tomó, frunciendo el entrecejo ante el nombre en su pantalla

- ¿Qué quieres?

- El sábado, a las 19:30 en mi casa y ven presentable

Sin darle tiempo a responder, cortó la llamada, provocando que el joven suspirara profundamente

- Que molesto eres, Sesshomaru - gruñó

Dobló a la izquierda, elevando la mirada y encontrándose con los escalones y, posteriormente, la entrada al edificio. Abrió ligeramente sus ojos, al encontrarse con el niño sentado al final del camino, con su celular en la mano

¿Ese es el niño del tercer grado?

Pensó, mirándolo fijamente, deteniéndose a su lado

- ¿Sota Higurashi?

- Señor Taisho - se sorprendió, poniéndose de pie de inmediato

- El señor Taisho es mi padre, ¿Qué estas haciendo aquí?

- Estoy esperando a mi hermana, pero... al parecer, se le hizo tarde

- No puedes estar aquí, ven - ambos ingresaron a la institución, deteniéndose en el salón de recepción - Espérame aquí

- Claro - el niño se sentó en una de las sillas

- Oye, Tsubaki - se acercó a la recepción

- Inuyasha - la anciana se puso de pie, acercándose a la ventanilla - Todavía no es el horario de la clase

- Lo sé, vine por otro motivo... ¿podrías hacerme un favor? - la mujer asintió - ¿Puedes vigilar a ese niño hasta que regrese? Tengo que entregarle un permiso al director, luego me quedaré con él hasta que lo recojan

- Claro, él señor está en su despacho

El peliplata asintió, redirigiendo su mirada al niño

- Enseguida regreso

- Gracias - sonrió

Ingresó a la oficina, encontrándose con el hombre observando unos papeles sobre su escritorio

- Oh, buenos días, Inuyasha

- Buenas tardes, señor Goshinki - metió la mano en su mochila, sacando el papel que debía entregarle - Aquí está el permiso, ya fue firmado por mi profesor, necesita que usted lo firme, así lo entregaré al rector de la universidad

- De acuerdo - lo tomó - Puedes pasar por el luego de su clase

- De acuerdo - volteó y salió del despacho

Abrió ampliamente sus ojos, deteniéndose de repente, sin soltar el pomo de la puerta

Ese aroma

Volteó, regresando rápidamente al pequeño salón, encontrándose con la anciana, regresando a su lugar

- ¿Estas bien? - preguntó, observándolo - Estas pálido

- ¿Dónde está el niño? - respondió, ignorando por completo su pregunta

- Tranquilo, ya vinieron por él

- ¿Quién?

- Su hermana, me mostró su identificación, además... ¿Inuyasha?

El joven había salido del edificio, deteniéndose en la acera, mirando a ambos lados, buscando alguna señal del niño o la joven que fue a buscarlo

Espera... ¿Qué demonios estoy haciendo?

Cayó en la realidad, ¿realmente había salido corriendo a buscar a una mujer que no conocía, sólo porque había percibido el mismo aroma?

- Feh, que estúpido - chocó su rostro contra su mano - Cómo si fuese la única mujer, en esta ciudad, que usa ese perfume, además, aún si la veía, ¿Qué iba a hacer? ¿Hablarle?

Regresó a la institución, en busca de su mochila, mientras aquel delicado aroma, danzaba en el interior de su ser

...

- Kagome, es la hora del almuerzo, debes relajarte un poco - pronunció Sango, mientras abría su lonchera

- Lo siento - suspiró - Pero tengo examen en unos días y no he tenido mucho tiempo de estudiar - dejó su libro sobre la mesa

- Oye, sé que la única asignatura que comparto contigo no es fácil - puso su mano sobre su hombro - Pero, estoy segura de que te irá bien - sonrió - Eres una mini genio

- Gracias - le devolvió la sonrisa

Sango era su más reciente amiga, ya que se habían conocido al inicio de ese año, al ingresar a la asignatura de anatomía, la cuál su carrera compartía con la carrera que la castaña cursaba. Ambas se encontraban en su tercer año, contemplando, a más tardar el año siguiente, sus posibles graduaciones

- Te preocupa el futuro, ¿verdad?

- Bueno... mamá trabaja todo el día y Sota ayuda al abuelo con su tienda luego de sus clases - su mirada se perdió en el comedor - Quisiera graduarme y comenzar a trabajar, así mamá pasa mas tiempo en casa

- Eres una buena chica - apoyó su cabeza en su hombro, provocando una tierna sonrisa de ella

- Tú también lo eres... no sé que haría tu padre sin ti

- Y Kohaku... él sobretodo

Ambas rieron mientras la castaña regresaba a su posición original

- ¡No puede ser! - se puso de pie luego de mirar su celular y comenzó a recoger sus cosas - ¡Ya es tarde!

- ¿Tarde? - la miró, desconcertada

- ¡Tengo que recoger a Sota e ir a la práctica! - comenzó a correr - ¡Nos vemos Sango! - gritó, sin voltear

¿Alguna vez dejará de correr?

Pensó, observándola alejarse

- ¿Por qué... siempre... me pasa... esto? - murmuró, agitada, mientras continuaba su camino hacia la estación de trenes

Unas calles después, se detuvo, quedando perpleja al ver como el tren se iba rápidamente

- ¿De verdad? - pronunció, bajando su cabeza - Sota va a matarme - la elevó, volteando y corriendo nuevamente a la salida

¡Un taxi!

Afortunadamente, encontró uno al tocar la acera, por lo que, se subió sin más, dándole la dirección al conductor, sin embargo, la suerte no se encontraba de su lado, porque, al doblar en la esquina, quedaron atrapados en un intenso embotellamiento

- Creo que estaremos aquí un momento - el chofer la miró por sobre su hombro

La mujer suspiró, notablemente frustrada, tomó su celular, enviándole un mensaje a Sota, pidiéndole que no saliera de la institución

- Maldición, se desconectó - se quejó, mirando impacientemente hacia el exterior

Veinte minutos, que parecieron horas, tardó en llegar al establecimiento, en dónde descendió rápidamente, no sin antes rogarle al conductor que la esperara unos momentos

- ¡Sota! - dijo, ingresando bruscamente al lugar - Oh, aquí estas, ven... tenemos que irnos

- Hermana - se puso de pie

- Un momento señorita

- ¿He? - volteó, observándo a la mujer anciana, canosa, que se acercaba

- No puedo permitirle que se lleve al niño así como si nada

- Claro, no... por supuesto - metió la mano en su mochila, buscando su identificación - Soy su hermana

Tsubaki tomó su documento, observándolo con detenimiento, antes de girar y regresar sobre sus pasos

- ¿Puedo molestarla con una firma? - se acercó, con el papel y la pluma en su mano - Es para dejar asentado, que usted lo retiró

- Comprendo - firmó rápidamente

- Bien, pueden irse

- Muchas gracias... ven Sota

Lo tomó de la mano, al mismo tiempo en que salían corriendo del lugar, para subirse al taxi y dirigirse al centro deportivo de la ciudad, sin tener idea de que su presencia, estaba dando vueltas en la mente de un jóven que no conocía