- ¿Por qué preguntas eso? - desvió la mirada, visiblemente avergonzada

- ¿Por qué no podría hacerlo? - sonrió, gustoso de su incomodidad

- Sólo hablas tonterías

- Bueno, eres una mujer honesta - se puso de pie

- ¿Y cómo llegaste a esa conclusión?

- Porque no lo negaste... - fijó sus ojos dorados en los castaños de ella - Te incomoda hablar de eso, pero no puedes mentirme

Ella se quedó en silencio, mirándolo fijamente, mientras trataba de procesar y asentar su mente, en todo lo que estaba viviendo

Afuera, en el salón, la música había incrementado su volumen, sin embargo, era una suave, dulce y sugerente melodía, casi invitando a los presentes, a bailar en pareja

- Hm - sonrió, cerrando sus ojos - ¿Sabes que significa eso?

- No - murmuró

- La fiesta está en su punto máximo - extendió su mano - Y aún no tuvimos tiempo de bailar juntos

¿Ba...bailar?

- Yo... yo no bailo

- ¿Qué te hizo pensar que yo si? - mantuvo su brazo extendido - Sólo... quiero bailar contigo

Los ojos de ella comenzaron a temblar, al mismo tiempo que desviaba la mirada, acariciando su propia mano

- ¿Qué ocurre? - se sorprendió

- ¿Por qué haces esto? - la miró con una expresión de confusión - Tú... ¿estas buscando una distracción... para olvidarte de lo que pasó... con ella?

- ¿De que hablas? - retrajo su mano, guardándola en el bolsillo de su pantalón

- Tú, viniste aquí cuando ella apareció en el escenario... estabas llorando... - hizo una pausa - Vi... como la mirabas cuando bailaba con su novio y luego, ella vino a besarte... ¿Qué piensas en realidad?

- Kagome - se arrodilló frente a ella - ¿Tengo que recordarte que me separé hace dos años?

- Bueno, no lo sé... sólo... no quiero que se malinterpreten las cosas y tampoco quiero... sentirme usa...

- Esta bien - la interrumpió, tomándola por sus brazos, los cuales estaban pegados a su cuerpo - Voy a hacer algo que no debería... no soy de hablar se emociones o cosas de este estilo - ella lo miraba sorprendida y desconcertada - Desde... esa mañana en la que te sentaste a mi lado, en el tren... no pude dejar de pensar en ti

- ¿He? - fue lo único que abandonó de sus labios

- Ni siquiera pude ver tu rostro, pero... fue tu aroma, lo que me hizo sentir... bien - sus ojos emanaban un brillo intenso - Y... luego vi tu rostro... fue mi perdición - murmuró

- Inuyasha - susurró

- No he dejado de pensar en ti, ni un sólo día, Kagome... y ni siquiera te conozco... ¿crees que estoy jugando contigo?

Su respiración se detuvo en ese momento. Pudo notar la sinceridad en la mirada del joven, además del suave agarre que mantenía sobre sus brazos. Antes de que pudiese responder, él se puso de pie, alejándose

- Perdón - dijo, dándole la espalda - Debí sonar como un psicópata... Si quieres, puedo llevarte a casa

Abrió ligeramente sus ojos al sentir las manos de la mujer en su espalda, volteó y su corazón se detuvo. La tierna sonrisa con la que ella lo observaba, sumado al intenso brillo que emanaba en sus ojos castaños, amenazaban con desestabilizar su equilibrio. Sin previo aviso, la mujer rodeó su cuello con sus brazos

- Querías bailar, ¿verdad? - apoyó su cabeza en su hombro

- Kagome - murmuró, pasando sus brazos por su cintura, al mismo tiempo en que comenzaban a realizar los primeros pasos

Recostó su cabeza sobre la de ella, aspirando su aroma, embriagándose con el

- Tú perfume... me enloquece - murmuró, provocando que ella apretara sutilmente su espalda, a modo de respuesta

La habitación era reducida, por lo que sus movimientos también lo eran. Ella se alejó unos centímetros, mirándolo a la cara, al mismo tiempo en que el tomaba su mano y la volteaba abrazándola de atrás. Ella paso su mano por su cabeza, acariciando su cabello, mientras él, instintivamente, colocó su rostro sobre su hombro, dejando un suave beso. Apretó sutilmente la melena plateada del joven, mientras él acariciaba su viente

Sus cuerpos estaban completamente pegados el uno al otro, realizando una sensual danza que estaba despernado sus más profundos deseos carnales

De repente y sin previo aviso, ella volteó, atrayéndolo a su cuerpo, al mismo tiempo en que ambos caían a la cama, él sentado y ella sobre él

- ¿Qué... qué haces? - murmuró, completamente sonrojado

- No lo sé - suspiró, colocando sus labios en el hombro del joven - Eres... ni siquiera puedo decirlo - susurró contra su cuerpo

Enterró su rostro en su cuello, provocando que el joven colocara sus manos en el límite entre su cintura y su cadera, apretándola sutilmente, mientras fruncía el entrecejo

Maldición... no... no puedo... no debo... ¡demonios! la deseo demasiado

Pensó, luchando internamente contra su deseo carnal y su raciocinio

- Kagome - pronunció contra la piel desnuda de su hombro - No podemos... no ahora... no aquí

- Lo se... lo siento - intentó alejarse, sin embargo, él la sostuvo - ¿Inuyasha?

- Sólo... quedémonos así, un poco más

Su aroma... es tan diferente a todo lo que he percibido...

Ella sonrió, apoyando la cabeza en su hombro, mientras él acariciaba su espada. Momentos después, la joven se puso de pie, seguida de él

- Lamento si te incomodé

- ¿Incomodarme? ¿Estas loca?

- ¿He? - lo miró confundida

- ¿Crees que no te follaría como un loco?

- ¡Inuyasha! - gritó, sonrojándose y desviando la mirada

- Por supuesto que lo haría... pero... sé que no es el momento - aclaró su garganta - Mañana puedes arrepentirte y... eso te alejaría de mi

- ¿Y tú no te arrepentirías? - él arqueó una ceja - Comprendo

- Debemos irnos - notó que la música comenzaba a descender - Estos cuartos van a llenarse de gente buscando sexo casual

- Supuse que eran para eso

- Ven

Tomó su mano, dirigiéndose al final del pasillo, en donde se encontraba la misma salida por la que, horas atrás, ella había salido. Tomó el celular y marcó un número

- Estamos afuera... rodea el hotel

Mientras tanto, la joven aprovechó para chequear su celular, buscando algún mensaje de alguna de sus amigas, sin embargo, no había nada, por lo que, fue ella quién les escribió

Sango, estoy por irme, ¿estas bien?

Rin, estoy por irme, ¿estas bien?

Mandó los mensajes, al mismo tiempo en que abrió ligeramente sus ojos, al sentir un saco rodeando sus hombros

- Está frio - pronunció - Ven - tomó su mano, llevándola hacia la calle poco iluminada en la que un auto negro se estacionó

El vehículo estaba extremadamente cuidado, casi como si recién hubiese salido de la tienda. Era completamente negro, con vidrios del mismo color. El peliplata le abrió la puerta, invitándola a subir. Se sentaron en el asiento trasero, mientras ella le proporcionaba la dirección de su hogar

- ¿Esto es de tu familia? - murmuró, acercándose

- No, sólo es de mi hermano... mi padre y yo tenemos otro estilo de vida - hizo una pausa, mirándola - ¿Te gusta esta vida?

- Bueno... parece linda, pero... me incomoda

- Comprendo - sonrió - Me pasa lo mismo

Ella le devolvió la sonrisa, acomodándose. El resto del viaje lo hicieron en silencio, por una parte porque ambos estaban inmersos en sus pensamientos y, por otra, por la presencia del chofer

Llegaron a su destino, en dónde él descendió primero, abriendo la puerta de ella

- ¿Aquí vives? - miró hacia arriba - Es un templo

- Si - sonrió, mirando en la misma dirección - Mi abuelo es el encargado de cuidarlo y... nosotros nos mudamos aquí, cuando papá murió

- Lo lamento... no quise, recordarte eso

- No te preocupes, no dijiste nada malo - se quitó el saco, devolviéndoselo - Muchas gracias, por todo

- No tienes que agradecerme... yo debo agradecerte a ti, por haber estado a mi lado esta noche

Le dedicó una tierna sonrisa, mientras se disponía a subir los primeros escalones, él la tomó de la mano

- Espera - ella volteó - ¿Aceptarías... si te invito a tomar algo?

- Después del intercolegial me parece bien... pero... primero quiero hablar con Kikyo

- De acuerdo - trató de ocultar la inmensa alegría que invadió su pecho - Ni sueñes que no me acercaré a ti en el intercolegial

- No pensé lo contrario...

No se contuvo, la jaló hacia él, abrazándola fuertemente, apoyando la cabeza en su hombro, mientras ella acomodaba su mentón en el hombro de él, rodeándolo con sus brazos y cerrando sus ojos

- Gracias... de verdad, Kagome - murmuró

Permanecieron unos segundos así, hasta que se apartaron, mirándose con cariño unos momentos, hasta que ella se alejó definitivamente, subiendo las escaleras

- Nos vemos, Inuyasha - le dedicó una última sonrisa

- Nos vemos pronto, Kagome - le devolvió la sonrisa


Extra: Conquista fallida

Llegaron al medio de la pista, comenzando a bailar al ritmo de la música

- Es usted muy hermosa, señorita Sango

- Y usted es un mujeriego - respondió, en un tono un poco hostil

- ¿Puedo preguntarle que la tiene tan molesta?

La expresión de la chica se suavizó un poco, al mismo tiempo en que desviaba la mirada al suelo

- Pensé... que sería una noche mágica - murmuró - Creí... que tenía al compañero ideal, sin embargo, el maldito se fue, dejándome sola

- Una damisela en apuros, ¿he? - sonrió - Pues aquí estoy yo, para salvarla - le dio un giro, dejándola nuevamente frente a él, ella rio levemente

Ante de que pudiesen seguir con su charla, las luces se apagaron

- ¿Qué sucede? - elevó su mirada

- Oh no - pronunció, preocupado - Inuyasha me advirtió de esto

- ¿He? ¿Qué sucede?

- Ven, tenemos que salir de aquí - tomó su mano y comenzó a caminar, sin lograr ver nada, lo que provocó, que se chocara con un par de personas

- ¿Y si mejor esperamos a que enciendan las luces? - se detuvieron

Segundos después, las luces comenzaron a titilar, provocando la molestia en su visión

- Bueno, al menos algo se ve - pronunció el joven, retomando su andar

- Espera, necesito ir al baño

- ¿Qué? - la miró - ¿De verdad? - ella asintió - Pues, no sería problema si supiera en donde se encuentra

- Creo, que es en aquella dirección - señaló hacia el frente del hotel

Caminaron hasta una puerta, que se encontraba casi al medio del salón

- Oye - lo miró seriamente - Espérame aquí, ¿de acuerdo? -él sonrió, asintiendo

Ingresó al pasillo del baño, deteniéndose abruptamente al oír aquella conocida voz

- A...Ayame - gruñó

¿Koga?

Se asomó levemente, encontrándose con aquella lujuriosa escena. La mujer, que había acompañado a Miroku, se encontraba sentada sobre el lavamanos, con sus piernas abiertas y el joven en el medio, con su pantalón cubriendo la mitad de su trasero

Volteó, saliendo rápidamente del lugar, para sorpresa del joven

- ¿Tan rápido?

- E...eh... vamos

Esta vez fue ella quién lo tomó de la mano, caminando sin rumbo fijo. La música iba en aumento, causándole una especie de molestia. Logró divisar una puerta al lado del escenario, por lo que, no dudó en ingresar allí

- ¿Estamos afuera? - se detuvo, sorprendiéndose

- Uf, que alivio - Miroku la sobrepaso, estirándose - Un poco de aire fresco... es lo que necesitaba - ¿Te encuentras bien? - la miró

- Bu... bueno - descendió los escalones, colocando sus pies sobre el césped - Tengo... que decirte algo

- Oye, me asustas - sonrió - Ven - tomó su mano - Vamos a sentarnos por aquí

Se apartaron, sentándose cerca de los arbustos, en una zona poco iluminada. El castaño se quitó el saco, envolviendo a la joven con el, mientras ella lo observaba, sorprendida y sonrojada

- Está frio... ahora si, dime, ¿qué sucede?

- Bu... bueno, esa joven con la que viniste...

- Ayame

- Si... - hizo una pausa - Ella... ella, estaba... en el baño... - desvió su mirada - Teniendo sexo, con Koga

Los ojos azules del joven se abrieron ampliamente, al mismo tiempo en que miraba al frente, colocando su mano sobre su barbilla

Debe... debe ser muy fuerte para él

Pensó, mirándolo con compasión

- Vaya... fue por eso que me dejó - rio - Si que es inteligente

- ¿Qué? - murmuró

- ¿Por eso estabas preocupada?

- Bueno, pensé... que te importaría

- Querida Sango - rio más fuerte - Se nota que no me conoces - llevó su mano a su nuca - Ayame sólo es una chica

- ¿Sólo una chica? ¿No es su novia?

- No necesito una novia - se encogió de hombros - Sólo citas ocasionales

La mujer frunció el entrecejo, sin entender porque sintió tal molestia ante sus palabras. Desvió la mirada, quitándose el saco y poniéndose de pie

- Creo... que iré a buscar un taxi

- ¿Y ahora que te sucedió? - la miró confundido

- Nada - entrecerró sus ojos - Sólo, ya no quiero estar aquí

Ay... ¿por qué me miró con desprecio?

Pensó, al mismo tiempo en que se ponía de pie, siguiendo a la joven

- Espera, Sango

Ambos se detuvieron, sorprendidos, observando como el peliplata salía de la mano de la joven

- ¿Rin? - murmuró

- ¿La conoces? - se detuvo a su lado

- Si... es, la prima de Kagome y él parece ser...

- Si, es el hermano de Inuyasha - susurró - Pero, ¿qué hacen juntos?

- Hagan lo que hagan... no son asuntos nuestros - regresó sobre sus pasos - Sólo espero que no nos hayan visto

- Tranquila, creo que no... ¿pedimos un Uber?

- Pide dos

- ¿Para que? - rio, tomando su celular - Yo te llevaré a tu casa, no te preocupes por los gastos - sonrió

Le dio la espalda, en dirección a los arbustos, mientras ella lo observaba, sintiéndose cálidamente confortada, con su presencia

Extra: Regreso a casa

La jovencita siguió a su jefe hasta el estacionamiento del lugar, en donde se subieron a un lujoso auto blanco, el cual resultó ser su vehículo personal. El peliplata abrió la puerta del asiento del acompañante y luego se dirigió a su lugar. Ambos ingresaron al mismo tiempo, colocándose el cinturón de seguridad

- ¿Dónde vives? - la miró

- ¿He?

- ¿Dónde se encuentra tu casa?

Rin le indicó la dirección de su hogar, mientras él ponía en marcha el auto

¿Qué estoy haciendo? El señor Sesshomaru es el esposo de mi jefa y también es mi jefe... ¿Qué pasará si nos ven? Esto... puede afectar mi trabajo ¡Y ni siquiera he comenzado!

- ¿Qué te inquieta? - preguntó de repente, como si leyera su mente

- Bu... bueno... ¿puedo ser sincera?

- No espero menos

- No se... si es correcto... que usted, en persona, esté haciendo esto por mi

- ¿Tienes miedo de Kagura?

- Sólo no quiero, comenzar de esta manera... no se si usted me entiende

- Eres una empleada nueva, sólo estoy trayéndote a tu casa, no es como si mañana nos sentáramos a desayunar juntos o algo parecido

- ¿Eso no molestara a su esposa?

- Kagura es una persona muy segura de si misma

¿Qué quiso decir con eso?

- De acuerdo

Miró por la ventanilla del auto, perdiendo su mirada en las luces de la ciudad. El resto del viaje se desarrolló en silencio

Unos veinte minutos después, llegaron a su destino

- ¿Es aquí?

- Así es - se quitó el cinturón de seguridad, observándolo - Muchas gracias por traerme, señor Sesshomaru - sonrió

¿Qué?

Desvió la mirada

- No tienes que agradecerme

Ella descendió, alejándose hacia su modesta casa, mientras aquellos ojos dorados se mantenían observándola

¿Por qué... me sentí nervioso... cuando la vi sonreir?