Despertó lentamente, debido a los rayos de sol que golpeaban su cara. Se desperezó, fijando su vista en el techo, al mismo tiempo en que una sonrisa se formaba en su rostro
Inuyasha
Pensó, sentándose en la cama. Su sonrisa se amplió al recordar lo vivido la noche anterior junto al joven. Tomó su celular, el cual provocó que se le acelerara el corazón al encender la pantalla
Recuerda que me diste tu número anoche... que descanse, pequeña
Volvió a bloquear su celular, al mismo tiempo en que se sonrojaba y lo dejaba sobre la cama. Fue al baño a asearse y colocarse su ropa cómoda. Cuando estuvo lista, descendió, en busca de su familia, para desayunar
- Buenos días abuelo - sonrió, sentándose en la mesa
- Buenos días, hija - respondió, observando el periódico
- ¿Sota y mamá?
- Fueron al mercado a hacer las compras - pasó de página - Rin llamó, dijo que intentó comunicarse contigo y no respondiste sus llamadas
- ¿He? - se sorprendió - Qué extraño... no vi sus llamadas
Bueno... en realidad... no vi más que el mensaje de Inuyasha
- Vendrá por ti esta tarde, dijo algo de un niño al que le habían prometido llevar al parque
- ¡Es verdad! ¡Shippo! - se sorprendió - Él es el nieto de la anciana Kaede, mi profesora de anatomía... lo había olvidado por completo
- ¿Tenías planes para hoy?
- No en realidad - se puso de pie, caminando a la cocina - Iré a prepararme un té
Segundos después, su madre ingresó, mientras el niño corría a dejar las bolsas sobre la mesa
- Kagome - sonrió al verla - Que bueno que ya despertaste
- Buenos días, mamá - sonrió, abrazándola
- ¿Cómo te fue anoche?
- Bueno... es una larga historia - rio, dirigiéndose a su lugar, lista para degustar su desayuno, mientras su madre comenzaba con los preparativos de su platillo favorito
El reloj marcó las 11:00 am, momento en el que abrió sus ojos, sentándose abruptamente, mirando a su alrededor, notando que se encontraba en su habitación. Cuando logró estabilizar su mente, cayó de espaldas sobre su cama, cubriendo sus ojos con su brazo izquierdo y acomodando su miembro con su mano derecha
- Maldición Kagome - murmuró, sonriendo - ¿Por qué tuviste que ser de esa manera anoche?
Su mente vagaba a través del sueño húmedo que había tenido con la joven, en el que le hacía todo lo que había deseado hacerle la noche anterior. Suspiró, tomando su celular, con la esperanza de que su amigo se calmara, para comenzar con su rutina. Rápidamente ingresó a sus mensajes, buscando el que le había dejado a ella
- Al parecer aún no ha usado su celular - lo dejó de nuevo en su lugar, poniéndose de pie y caminando en dirección de la cocina, con la finalidad de prepararse su desayuno
Su café ya estaba listo, cuando alguien comenzó a golpear abruptamente la puerta, casi de manera desesperada
- ¿Qué sucede? - murmuró, dirigiéndose hacia ella y abriéndola, quedando pasmado ante la imagen que apareció frente a sus ojos - ¿Qué... demonios?
- ¡Inuyasha! - se lanzó a sus brazos, colocando su cabeza en su pecho - ¡Kamisama! ¡Cuanto te necesitaba!
- Yu...Yura - murmuró - ¿Qué... estas haciendo aquí?
A diferencia de la noche anterior, no la quitó de encima, se limitó a mantener sus brazos pegados a su torso, mientras su vista estaba fija en la puerta del departamento del frente
- Inuyasha... él... él me hizo esto - se apartó, mirándolo fijamente
Se veía visiblemente maltratada. Su cabello, el cual estaba perfectamente peinado la noche anterior, ahora se encontraba revuelto, sus ojos rosados se veían un poco hinchados, como si hubiese estado llorando por horas
- ¿Qué te hizo?
- Él... se enteró que te besé... no dudó... no dudó en castigarme por eso... - hizo una pausa - ¡Por favor ayúdame! - volvió a abrazarlo
Maldición... ¿Por qué... tiene que volver a mi, justo ahora?
Pensó, mientras sus brazos temblaban, rodeándola. Permanecieron abrazados durante unos segundos, hasta que él, sutilmente, se apartó
- Yura, no quiero parecer un bastardo... pero, yo no soy el indicado para ayudarte - dio unos pasos hacia atrás - Si él... te golpeó... debes ir con la policía de inmediato, no conmigo
- Pero Inuyasha...
- Además... estoy seguro de que tu hermana, Abi, irá contigo... ella siempre estuvo para ti - aclaró su garganta - De hecho, no sé porque no fuiste con ella desde el comienzo
- Entonces, ¿no te interesa? - colocó ambas manos en su pecho - ¿No te importa que la mujer que amaste cuatro años esté pasando por esto?
- Yura... no es que no me importe - desvió la mirada - Pero... - no logró continuar
Todo lo que me hiciste... y la manera en la que jugaste conmigo... eso... eso aún sigue vivo...
- Hablaré con Sesshomaru... es lo máximo que puedo hacer por ti - la miró - Él aclarará las cosas con Bankotsu
- ¡Eres un maldito! - gritó - ¡Es por esa mujer! ¡¿Verdad?!
- ¿Qué? ¡¿De que hablas?!
- ¡De esa perra con la que te acostaste anoche! ¡¿Por ella no vas a ayudarme?!
- ¡Ni se te ocurra volver a nombrarla! - gritó, al mismo tiempo en que su rostro se transformaba - Una mujer como tú no merece tener el privilegio de referirse a ella
- Vaya Taisho... te pegó duro esta vez - se cruzó de brazos, tratando de suavizar su expresión - ¿Tan rápido te olvidaste de mi?
Dos años... dos malditos años, sufrí por ti
Apretó sus puños, dándole la espalda
- Vete - pronunció seriamente - No quiero... que vuelvas a acercarte a mi
- Entonces, ¿no me ayudarás?
- Tu familia va a ayudarte - cerró sus ojos
- Maldito bastardo - los abrió - Ahora que regresé... no te vas a deshacer de mi tan fácil
Lo siguiente que escucho fue el portazo. Relajó su cuerpo, pasando sus dedos por sus cienes, al mismo tiempo en que emanaba un sonoro suspiro
Mientras tanto, la mujer salió del edificio, caminando hacia la esquina, en donde aquel auto la estaba esperando. Se subió, sentándose en el asiento trasero
- ¿Y? - la miró, bajando sus lentes de sol
- Ni siquiera se inmutó - lo miró - Esto no tiene sentido, Bankotsu - se quejó - Él no hará nada por mi
- Ese joven es una nena - sonrió - Tarde o temprano lograré desestabilizarlo... y su hermano se verá obligado a elegir
- Bueno - suspiró Yura - Hay algo... que te talvez te sirva para enloquecerlo - sonrió, recordando las palabras del peliplata
El día transcurrió sin más inconvenientes, había juntado el coraje de responderle a Inuyasha, por lo que, se encontraba tranquilamente en su habitación, hasta que, cerca de las 16:00, se celular comenzó a sonar
- Rin - sonrió al responder
- Hola Kag... estoy yendo por ti, con una linda compañía
- ¡Hola Kagome!
La voz del niño retumbó en la bocina, aumentando su sonrisa
- Shippo - pronunció con ternura - ¿Estas listo para jugar?
- ¡Siii! - se lo oía con mucho entusiasmo - Hay un lugar al que mi abuela solía llevarme
- ¿Y recuerdas donde queda?
- Así es... Rin - miró a la joven - ¿Podemos ir al parque de las animas?
- Claro - se oyó la risa de la morena - ¿Me lo prestas? Kag... estamos cerca
- De acuerdo, saldré de inmediato
Cortó la llamada, buscando su bolso y observando su aspecto en el espejo. Estaba vestida con una remera blanca y unos shorts de jeans, mantenía su cabello suelto y unos pequeños accesorios que completaban su look natural
Descendió las escaleras, saludando a su familia y dirigiéndose a la entrada del templo, en donde Rin y Shippo la estaban esperando al final
- ¡Kagome! - saltó a sus brazos, abrazándola fuertemente, mientras ella sonreía
- Hola pequeñito - lo sostuvo - ¿Cómo te encuentras?
- ¡Muy feliz! ¡Ya quiero ir al parque!
- Tranquilo, pequeño energético - sonrió la castaña, al mismo tiempo en que frenaba un taxi - O no tendrás suficiente energía para jugar
Lograron conseguir un vehículo y, con las indicaciones del jovencito, en unos minutos estuvieron en el parque de las ánimas
- Vaya, es hermoso... nunca vine a este lugar - pronunció la morena, descendiendo, mientras observaba los grandes y coposos árboles elevándose sobre el cielo perfectamente despejado
- Creo que yo si - sonrió Rin, mientras el taxi se alejaba - Pero... fue hace demasiado tiempo
- Mi mamá y mi papá siempre me traían a jugar aquí, cuando veníamos de visita - un dejo de tristeza se formó en los ojos de ambas jóvenes al oír aquellas palabras - Pero... ahora que ellos no están, puedo venir con ustedes, ¿verdad?
- Por supuesto - se puso en cuclillas, acariciando su cabello
- ¡Síganme! - comenzó a correr, adentrándose en el interior del lugar, mientras ellas lo seguían, sonriendo
Momentos después, se encontraron con un pequeño espacio de juegos para niños, en donde, rápidamente, el pequeño se unió a otros jovencitos, que se encontraban jugando
- Shippo - él la miró - Estaremos aquí - señaló un pequeño banquito de madera, mientras el asentía, regresando a sus juegos
- Es un niño precioso, ¿no crees?
- Así es - se sentó al lado de su prima - Es una pena... que tenga que pasar por todo esto
- Si - murmuró - De igual forma, parece llevarlo muy bien
Unos segundos de silencio se presentaron, los cuales fueron culminados por la castaña
- ¿Cómo fue tu noche? No pude verte en ningún momento de la fiesta
- Bueno - sonrió, recordando al joven de melena plateada - Fue... extraña... especialmente extraña
- Pienso lo miso - Rin también sonrió - De hecho... hay algunas cosas que quiero hablar contigo
- ¿Qué sucede? - sus ojos cambiaron su brillo, al notar la preocupación en el rostro de ella
En ese momento, su celular comenzó a sonar en su pequeño bolso
- Lo lamento... sólo será un segundo
- Descuida - sonrió, tomando su propio móvil
¿He?
Sus ojos se abrieron ampliamente al ver el nombre en su pantalla
- ¿Hola? - respondió, con un suave nerviosismo en su voz
- Hoy, por primera vez en mucho tiempo, le pedí a Dios que me ayudara a sentirme mejor y... parece que me escucho, porque puso frente a mi, a la persona que más deseaba ver
- Inuyasha - se sonrojó un poco - No... no te comprendo
- Al frente de ti...
Rápidamente elevó la mirada, dirigiéndola más allá de la zona de juegos, encontrándose con una cautivante sonrisa y una mirada dorada penetrante, que se acercaba lentamente, sin dejar de observarla
Extra: Pensamientos
Inuyasha
Este lugar tiene algo que me reconforta... no importa que tan grande sean mis problemas, al observar el tamaño de estos árboles, tengo la falsa sensación de que, lo que sea que me acongoja, es simplemente diminuto. La brisa es tan deliciosa que puedo sentir como si mis pulmones se purificaran en cada inhalación. Mi olfato es especial, siempre fui capaz de percibir los aromas de una manera más aguda que el resto de las personas, además de una capacidad sobrehumana de diferenciarlos, sin importar cuantos haya en el ambiente, sin embargo, puede ser un poco molesto, sobretodo cuando un aroma llama mi atención
Como el de ella...
- El parque de las ánimas - suspiré, deteniéndome, mirando hacia el cielo, cerrando mis ojos y dejando que el sol de la tarde me bañara en su luz
Mis ojos se abrieron ampliamente al sentir su aroma
Es imposible que esté aquí, justo ahora... vivimos a una distancia bastante grande, ¿Qué hace...?
Elevé mis ojos, encontrándome con el sonido de varias risas de niños, de los cuales no me había percatado, sin embargo, mi mirada estaba posada en ella. Realmente era Kagome, se encontraba sentada en uno de los bancos, charlando con otra joven
- Es perfecta - susurré, observándola embelesado
¿Cómo era posible que aquella ropa tan sencilla le quedara así de bien? Definitivamente, ella haría brillar cualquier cosa que tocara
No lo dudé, tomé mi celular y marqué su número, una sonrisa se curvó en mis labios al notar como su expresión corporal se tensaba, denotando nerviosismo. Sus ojos se encontraron con los míos y fue la señal que necesité para avanzar
Kagome
No lo puedo creer... realmente es él... y se está acercando
Mi corazón se aceleró de manera frenética, a tal punto, que coloqué mi mano sobre mi pecho, como si quisiera tomarlo entre mis dedos, intentando que se detuviera. Me olvidé del mundo en el mismo momento en que noté que dio el primer paso, sin contar que mantuve mi celular en la oreja, aún cuando él ya había guardado el suyo. Recuperé mi respiración lentamente, la cuál se había detenido. Rin murmuró algo, no la escuché, estaba perdida... completamente atrapada por esos ojos de oro, los cuales no se apartaron de los míos, ni por un segundo
