- Kagome, ¿estas bien? - murmuró, sin obtener respuesta
Miró al frente, encontrándose con el motivo del "embobamiento" de su prima y, aunque lo ocultó, su sorpresa fue evidente
Es... muy parecido... a él
- Buenas tardes - sonrió el peliplata, pasando fugazmente por el rostro de la castaña, para fijar su visión en ala jovencita a su lado
- Ho...hola - murmuró, casi sin aire
Rin sonrió, pasando la mirada por ambos, palpando la linda tensión que se había formado en el aire
- Creo que mi saludo no tiene lugar aquí asique... - se puso de pie, al mismo tiempo en que sentía que Kagome la tomaba de la mano, provocando que la mirara
- Ella es Rin - sonrió - Es... mi prima y mi mejor amiga
- Es un placer, Rin - sonrió, extendiendo su mano, saludándola cordialmente - ¿Ella es...?
- Así es, es la misma chica por la que pregunté en la fiesta - volvió la mirada a ella - Estaba preocupada por ti
- Kag... no tenias porque - su sonrisa, siempre dulce, emergió al instante - De hecho, regresé a casa un poco después de... bueno, de que se fue la luz
- Oh - Inuyasha se incomodó un poco - Comprendo, suele ser un poco complejo para quienes no están acostumbrados... Kagome me dijo que estabas con Kohaku
- ¿Conoces a Kohaku? Si... bueno, él es el chofer de mi jefa
- Si, lo se, es un buen muchacho, se llevaran bien
- Disculpa... - no pudo sostener más su intriga - Pero... ¿cómo sabes tantas cosas de...?
- Sesshomaru es mi hermano mayor - suspiró - No quisiera saber tanto pero... ¿qué puedo hacer?
- Oh - se sonrojo - Comprendo... yo... iré con Shippo - señaló al niño - Pueden pasera, si lo desean - sonrió
- Rin, espera - elevó su mano - ¿Segura? Él... quiso venir con las dos
- No se preocupen - intervino el peliplata - Podemos hablar en otra ocasión
- No - respondió la castaña - Estaremos bien Kag, relájate - volvió a sonreír, alejándose lentamente
- Oye, es agradable - dijo con sinceridad
- Si - murmuró - Rin es una de las chicas más dulces que he conocido, y Shippo también piensa lo mismo
- ¿Ese niño de cabello castaño? - señaló al pequeño que se había acercado a la jovencita
- Ese mismo - le dedicó una mirada llena de amor - Es un niño con una historia muy dura. Unos segundos de silencio le siguieron - ¿Qué haces aquí?
- ¿He? Nada, sólo vine a caminar un poco... necesitaba aire fresco
- Comprendo
- O tal vez... estaba destinado a que venir aquí, justo ahora - extendió su mano, provocando su sorpresa - ¿Quieres que caminemos un poco? Tu prima te dio permiso
Dudó un segundo, sin embargo, finalmente decidió tomarla. La ayudó a levantar, sin embargo, no la soltó mientras comenzaban a caminar, por el contrario, la sostuvo con más firmeza
- ¿Te molesta si...?
- No... está bien - respondió la joven, tratando de calmar los latidos de su alocado corazón
Se adentraron aún más en el parque, contemplando el hermoso verde brillante del césped, el cual se veía con un destello especial, debido a la inclinación del sol, y los enormes y coposos árboles que se elevaban sobre ellos, en donde los pájaros habían comenzado a cantar, anunciando el atardecer, el cual llegaría en poco tiempo
- ¿Quieres que nos sentemos por aquí? - la miró, ella asintió
Tomaron asiento, uno al frente del otro, al mismo tiempo en que giraban, contemplando la bella postal anaranjada que se erguía frente a llos
- Esto es mágico - pronunció ella
- Por eso me encanta este lugar, de alguna manera, es como si fuera sagrado
- ¿Vives cerca de aquí? - ambos se miraron
- Si, a unas pocas calles... lo que me extraña, es verte a ti, por aquí
- Shippo quiso venir, este parque es muy especial para él y no pudimos negarnos
- Parece que el destino se empeña en juntarnos - sonrió, ladeando su cabeza
- ¿Tu crees? - le devolvió la sonrisa
- Estoy seguro... ¿cómo amaneciste?
- Muy bien, a pesar de todo y todas las cosas extrañas, fue una buena noche, ¿Y tú?
- Si te cuento como desperté, tu cara cambiaría de color - rio
- ¿Qué quieres decir? - frunció el ceño, en señal de confusión
- Sólo digamos... - se inclinó un poco - Que tuviste la culpa de... algunos de mis sueños - la joven rápidamente se sonrojó - ¿Ves? Te dije que tu rostro cambiaría su hermoso tono
- Bueno... - desvió la mirada - No es momento... es decir...
- Tranquila - rio - No tienes que decirme nada... podrías quedarte en silencio toda la tarde y aun así, disfrutaría estar a tu lado
¿Qué demonios me sucede? Yo no soy de decir estas cosas, ¡y mucho menos a alguien que no conozco!
- Por alguna razón, yo también disfruto de estar contigo, Inuyasha - ésta vez, fue él quién se sonrojó - Y, al parecer, no soy la única a la que le cambia el color de su rostro - rio
- Oye... si te sigues burlando de mi... - se acercó un poco más
- ¿Qué harás? - ella se mantuvo en la misma posición
- No esperaba esa respuesta - sonrió - Tendré que callar esa linda boca que tienes
Se mantuvieron en silencio, mirándose fijamente, mientras la tensión iba en aumento, hasta que él regresó a su lugar
- Eres demasiado frágil para esto - se burló - No soportarías tenerme tan cerca
- ¿Me estas desafiando?
- Si es la única manera de besarte, entonces si
- Eres un idiota - sonrió
- Tal vez, pero soy honesto - volvió a acercarse - No como tú... que no admites que te gusto
- ¿Tú lo admitiste? - arqueó una ceja
- ¿No te quedó claro? - inclinó su cabeza, acercándose lentamente, sorprendiéndose internamente, de que ella no se alejara
Kamisama... él realmente quiere besarme, pero... aún no he hablado con Kikyo... no debería hacerlo, pero... quiero...
Chocó la punta de su nariz con la de ella, al mismo tiempo en que tomaba suavemente su barbilla
- Si no me detienes ahora... ya no habrá vuelta atrás...
- No espero que la haya... - murmuró
No esperó más y estampó sus labios sobre los de ella, sintiendo aquella dulce y suave calidez, mientras su mano aún se mantenía en su barbilla
Inuyasha
¡Maldición! Esto es mucho mejor de lo que esperaba... ni siquiera... puede compararse con lo que tenía en mente
Sus labios... son tan dulces y exquisitamente embriagantes, que desearía no alejarme nunca más de ellos... su piel es tan suave y su aroma me está volviendo loco... ¿Qué me sucede? Jamás sentí que mi pecho iba a explotar al primer contacto... ni siquiera con Yura experimenté algo similar
Comienzo a mover un poco mis labios, puedo notar que ella no se niega, por el contrario, sigue mis movimientos... no se si esto es bueno, es decir, me fascina, pero también despierta mi deseo... no puedo olvidar la manera en la que bailamos anoche... ni el peso de su cuerpo sobre mis piernas... deseo tanto hacerla mía... pero, soy un caballero y no pienso arruinar el momento... no ahora que por fin pude probar lo que anhelada tanto
Maldita seas Kagome, ¿Qué me hiciste? ¿Cómo podré regresar a mi casa después de esto? ¿Cómo podré apartarme de ti sin que me consuma el deseo de verte de nuevo?
Kagome
Siento que podría morir en cualquier momento... mi corazón está teniendo un colapso en el interior de mi pecho y temo que pueda detenerse. Las suaves yemas de sus dedos sostienen mi rostro de una manera extremadamente delicada, casi como si fuese una muñeca de cristal a la que podría trizar, si apretara un poco su agarre
Puedo sentir como comienza a mover sus labios, buscando profundizar un poco más el beso y, es en ese momento, algo en mi interior despierta... algo que hacia demasiado tiempo no sentía...
Comencé a sentir un leve cosquilleó... uno que me advertía muy bien lo que sucedería si estuviéramos en un lugar mas privado. El deseo se apoderó unos momentos en mi mente, mientras los recuerdos de la noche anterior fluían con total libertad. Deseaba saltar a sus brazos y finalizar con el cuento que habíamos comenzado en la fiesta, pero debía contenerme, aunque eso no me impedía seguir el ritmo sobre su boca
Se apartaron cuando la falta de aire había comenzado a hacer estragos en sus pechos, sin embargo, eso no fue de mucha ayuda para ninguno, ya que, el intenso brillo que emanaban sus ojos, provocaron en el otro, una marea de sensaciones que amenazaban con dejarlos expuestos de una vez por todas. Inuyasha fue el primero en pronunciarse al respecto
- Me has dado... el mejor beso de mi vida - susurró, mientras ella sonreía
- ¿Siempre le dices esos a las chicas?
- A ninguna que no me haya importado
- ¿Importado? - se sorprendió un poco - Sigo siendo una desconocida para ti...
- Imagínate lo que me importaras cuando dejes de serlo - su mirada intensa, provocaba que los vellos de sus brazos se erizaran - Me... volverás loco... si esto no vuelve a repetirse
Sorpresivamente, ella tomó la iniciativa, aprisionando su rostro entre sus manos y encerrando sus labios con los suyos, durante unos momentos más
Danzaron en aquel beso, dejando que los eróticos roces hablaran más que las propias palabras y, nuevamente, se apartaron cuando sus pulmones reclamaban por el aire puro, del parque de las animas
- ¿Ahora no te volverás loco? - sonrió, con su frente pegada a la de él
- De hecho... creo que podría morir si no tengo la certeza de que este no será el final
- Ya... eres un tonto - su risa resonó en sus oídos como una suave melodía
La jaló hacía él, atrapándola entre sus brazos, al mismo tiempo en que cerraba sus ojos y aspiraba su dulce aroma, apretando su agarre contra su cuerpo, en aquel abrazo que había acogido hasta su alma
- Kagome... ¿Qué demonios me hiciste? - susurró, contra su oído
- Lo mismo te pregunto a ti, Inuyasha - respondió, en el mismo tono, mientras rodeaba su torso con sus brazos y el anochecer envolvía lo que quedaba del naranjo del cielo
Extra: Dulce despertar
Abrió sus ojos castaños, encontrándose con el brillo plateado de la cortina que adornaba su ventana. Rápidamente notó la mano que rodeaba su cintura y el rostro pegado a su hombro. Volteó mínimamente, corroborando que el moreno se encontraba a su lado. Sonrió, acariciando levemente su cabello, al mismo tiempo en que, sutilmente, se ponía de pie, buscando algo con que cubrir la desnudez de su cuerpo
Se acercó a la ventana, observando como el sol de la media mañana anunciaba un cálido día por delante. Sus mejillas se sonrojaron un poco, al recordar el momento en el que habían decidido correr hacia su casa
Ahogo un gran gemido contra la almohada, apretando fuertemente las sábanas entre sus dedos, mientras el moreno, con sus manos firmes en el contorno de su cadera, se introducía fuertemente, hasta liberar su orgasmo
Cayó a su lado, buscando aire, observándola, con una sonrisa de satisfacción en su rostro
- Vaya... señorita Kikyo... jamás pensé conocerla en esta situación
- Ya te dije - lo miró con complicidad - Hay muchas cosas, que nadie sabe de mi
Permanecieron en silencio un momento
- Sus deseos, son órdenes - pronunció de repente
- ¿A que te refieres? - lo miró extrañada
- Dígame lo que desee hacer, y lo haré... estoy a sus pies esta noche
Una pícara sonrisa se formó en sus labios
- De acuerdo - se puso de pie, buscando su vestido, mientras Naraku la observaba de pies a cabeza - Quiero que vayamos a mi casa
- ¿Qué? - se sorprendió fuertemente con aquella revelación
- ¿Que sucede? - lanzó su vestido al suelo, acercándose lentamente al joven, sentándose sobre él, provocando que mordiera sus labios, ante el roce de sus sexos - El gran Naraku... ¿tiene miedo?
Deslizó las yemas de sus dedos sobre sus muslos, acariciando suavemente su trasero, mientras la miraba fijamente
- Para nada
- Entonces... - se acercó, rozando sus labios - Vamos...
Y terminaron en su habitación, dándole rienda suelta a la pasión y conexión que ninguno sabía que profesaba por el otro, hasta ese momento. Sin embrago ¿qué pasaría ahora? ¿Todo terminaría en una sola noche o irían más allá?
Aquellas preguntas atravesaron la mente de la joven, mientras buscaba en su interior la respuesta. En ese momento, un pequeño ruido llegó a sus oídos, provocando que volteara
- Buenos días, señorita - pronunció con una suave voz - Le queda muy bien mi camisa, aunque se vería mejor sin ella
- Naraku - sonrió, acercándose a la cama y sentándose de rodillas - Buenos días
- ¿Se encuentra bien?
- ¿Por qué preguntas?
- Sus ojos... tienen un destello de duda y... miedo
¿Cómo supo eso? ¿Sólo al ver mis ojos...?
Pensó, ocultando su sorpresa y ampliando su sonrisa
- Sólo sigo algo cansada
Tomó su mano, atrayéndola hasta que quedó con su cabeza sobre su pecho, mientras acariciaba su cabello. Ella cerró sus ojos ante aquel contacto, recibiéndolo con gratitud
- ¿Le gustaría acompañarme a desayunar?
- Hm... pensé que querías...
- No todo en la vida es sexo, querida Kikyo - depositó un beso en su frente, generando una sonrisa y mas dudas
Extra: Protector
Se levanto rápidamente, mientras su esposa volteaba, acomodándose en la gran cama que ambos ocupaban. Se dirigió a su baño privado, lavando sus dientes e ingresando a la ducha, como cada mañana, sin importar el día
El agua hirviendo provocaba que el vapor despegara de su piel, enrojeciéndola levemente, mientras entrelazaba sus dedos en su larga cabellera plateada, que, al igual que su hermano, poseía ese color debido a un déficit de melanina. Unos 15 minutos bajó el agua fueron más que suficientes para él, por lo que, luego de colocarse su impecable ropa de domingo, la cual consistía en una playera negra y unos pantalones negros perfectos, se dirigió a la lujosa cocina, la cual dejaría ciego a cualquiera que no estuviera acostumbrado a su iluminación, debido a su color blanquecino, el cual resaltaba, gracias a las manos de las sirvientas, que se encargaban de mantener el lugar impecable
Los domingos sólo él y Kagura deambulaban por la mansión, ya que, cocineros, mucamas y personal de limpieza, tenian el día libre
Se sentó en la mesa blanca, con su taza de café en la mano y su celular en la otra. Revisó brevemente los mensajes, sin preocuparse por ninguno. Bebió un sorbo y su mente se ocupó de un particular recuerdo
Muchas gracias, señor Sesshomaru
Había algo en la sonrisa de esa jovencita que despertaba cierto nerviosismo en su interior, algo que hacia demasiado tiempo había logrado controlar, entonces, ¿Por qué volvía a sentirla? Tal vez la ternura e inocencia que logró percibir en ella, la noche de la fiesta, o, quizás, la fragilidad que percibió en el momento en que la vio aferrada al brazo de Kohaku, temerosa de quedar sola en el medio de lo desconocido. Aquella acción había sido lo que lo motivo para seguirla y, posteriormente, apartar a Hoshiyomi, el cliente que intentó acercársele de manera sugerente
- Deseaba protegerla - murmuró, mirando un punto fijo del lugar - Yo no hago esas cosas - frunció el entrecejo
Será un blanco fácil para Bankotsu y los demás... si no me aseguro de que nada le suceda
- Buenos días cariño - la voz de su esposa lo regresó a la realidad
- Buenos días - respondió, bebiendo otro sorbo de café
- ¿Pasaremos la tarde como habías planeado? - preguntó, mientas preparaba su café
- Si, saldremos después de desayunar...
Fue imposible no regalarles el beso, ya que, prácticamente los personajes me estaban rogando por ello jajaja espero que les haya gustado :)
