Se adentraron en el parque, en búsqueda de algún lugar cómodo para comenzar con su plática. El banquillo, al lado de un gran árbol, fue el elegido para testificar aquel momento. La joven se sentó, mientras Miroku se colocaba a su lado y el peliplata permanecía de pie.

- Habla - pronunció seriamente.

- Inuyasha... - su amigo lo miró, buscando que se calmara.

La morena, quién se mantenía jugando con sus manos, debido a los nervios, posó sus ojos rojos en la dorada mirada del joven.

- Primero que nada... quiero pedirte disculpas, por todo lo que mi hermana ha hecho hasta el momento... yo, no sé lo que le sucede, pero... sus acciones no representan a mi familia.

Ambos permanecieron en silencio.

- El sábado por la noche... ingresé a su habitación sin tocar y la encontré con unos audífonos... cuando oí lo que ella estaba escuchando... escuché tu voz.

- ¿Qué? - murmuró.

- Espere un momento... ¿usted está diciendo que Yura escuchaba cuando Inuyasha estaba...?

La castaña asintió.

Entonces, ella escuchó todo lo que le dije a Kagome, además de saber lo que estábamos haciendo.

- Es... repugnante - se quejó, sin embargo, no quiso darle demasiada importancia a la situación, al menos no de momento - ¿En que momento regresó?

Pudo notar como Abi arqueaba ligeramente las cejas.

- ¿Cómo supiste que se había machado?

Entrecerró sus ojos ante aquella pregunta.

Una nueva llamada, un nuevo rechazo, al igual que la última semana. Suspiró, golpeando levemente su frente con el móvil. ¿Por qué era tan difícil olvidarla?, es decir, ella se había marchado sin siquiera soltar una mísera lágrima por él o por la relación que los unía, entonces, ¿Por qué seguía tratando de contactarse con ella?

Ya no te amo.

El recuerdo de aquellas palabras, ardía en su pecho, mientras su rostro se tensaba.

- ¿Qué demonios te sucedió, Yura? - murmuró.

Mi amada Yura.

Miró la hora, el mediodía se acercaba y con el, el pequeño descanso que la morena tenía en su trabajo. Se puso de pie, dirigiéndose a la salida de la universidad, completamente decidido a saltarse la siguiente clase. Sabía que, con toda probabilidad, no debería hacer eso, pero la sola idea de perderla, provocaba que su mente se nublara.

Tomó el tren y unos quince minutos después, descendió en la estación que se encontraba cerca del pequeño y elegante resto bar, en el que ella estaría.

Ingresó e instantáneamente desvió su mirada a la mesa en la cuál habían tenido su primera cita. La calidez que había sentido en su primera charla era algo que aún lo abrazaba, reconformándole a su corazón, que ella era la indicada.

- Inuyasha - pronunció la mesera, mientras recogía los traste

- Hola, Nanami - saludó suavemente - ¿Se encuentra Yura?

La expresión de confusión, en el rostro de la castaña, causó su propia confusión.

- ¿No estas enterado?

- ¿De que?

- Ella... renunció hace dos semanas... ¿de verdad no te lo dijo?

Los ojos dorados del peliplata se abrieron ampliamente ante aquella respuesta.

- Bueno... nosotros, terminamos hace una semana, ¿lo sabías?

- No me dijo nada - sus ojos se tornaron tristes en ese momento - Entonces... no sabes que ella... - hizo una pausa -Ella... regresó con sus padres... hace dos días abordó el avión.

- ¿Por qué nunca me buscaste a mi? - preguntó la joven.

- Porque ya no había nada más que hablar, Abi... ella había regresado a Canadá, ¿Qué hubiera conseguido al hablar contigo?

- No lo sé...

- ¿Había algo de lo que debía enterarme?

- Yura jamás volvió a mencionarte, Inuyasha... ni siquiera cuando regresó.

- Aún no respondiste esa pregunta.

- Regresó hace tres meses.

- Y jamás me mencionó - la morena meneó la cabeza.

- Tal vez sólo se trate de una ex novia celosa - intervino Miroku - No le interesas, hasta que te ve con alguien más.

- Es mucho más que eso, Miroku... estoy seguro, de que Bankotsu tiene algo que ver en todo esto.

- Eso es algo de lo que quería hablarte - su nerviosismo era evidente - Pero, esa misma noche... supe que Bankotsu y Yura...

Su respiración se detuvo, al mismo tiempo en que sus ojos se abrían ampliamente al observar al hombre que se acercaba.

Oh por dios... es el guardaespaldas de Bankotsu... ¿acaso me están vigilando?

- ¿Sucede algo, señorita Abi?

- Yo... me alegro mucho de haberte visto, Inuyasha - pronunció sin desviar la vista del hombre, quien paso a su lado lentamente - Espero que tu vida siga yendo igual de maravillosa... debo irme, nos vemos.

Pasó al lado del peliplata, dejando a ambos jóvenes sorprendidos y confundidos.

- ¿Qué sucedió?

Los orbes dorados del peliplata se posaron en la imponente espalda de Kyokotsu, quién lentamente, se perdía en dirección a la calle.

- Creo... que sé porque se fue - respondió, entrecerrando sus ojos.


El reloj marcó las 19:30 y ella, por fin, se sentó a descansar.

- Qué día - murmuró, recostándose sobre la silla.

Instintivamente, su mente viajó a aquella lejana tarde en la que se había topado con aquella mujer, quién, poco tiempo después, perdió a su madre. Las lágrimas que recorrían sus mejillas y la manera en la que se lamentaba del poco tiempo compartido con su progenitora, se grabaron a fuego en su memoria.

Tomó el collar que Inuyasha le había regalado, al mismo tiempo que el cálido recuerdo de Izayoi ocupaba su lugar, generándole una sincera sonrisa.

- Mamá - murmuró, recordando a su propia madre - Desearía... que nuestra situación mejore pronto... quiero, compartir mucho más tiempo contigo.

- Vaya, que niña sentimental.

Elevó la mirada, apoyando ambas manos en la mesa al encontrarse con el rostro de la mujer.

- Yura - pronunció, sintiendo una punzada en el pecho - ¿Cómo entraste aquí?

- La seguridad en este lugar es terrible - sonrió, cerrando la puerta a sus espaldas - Debe ser porque estoy acostumbrada a los guardaespaldas de Bankotsu.

- ¿Qué es lo que quieres?

Parece... tranquila, sin embargo...

Su pecho subía y bajaba en largas respiraciones con las que trataba de contener sus nervios y mostrarse segura, sin embargo, el terror atravesaba su cuerpo y una desagradable electricidad amenazaba con paralizarla en cualquier momento.

- Tranquila, no vine a matarte.

Aún.

- Te felicito por el esfuerzo - se burló, sentándose frente a ella - Pero sé leer el lenguaje corporal y el miedo en tus ojos es evidente.

- No respondiste lo que te pregunté - desvió el tema.

- Y tu actitud desafiante es desagradable - bufó - Creí que eras más bonita, al menos eso me pareció en la fiesta.

Kagome pudo notar el momento exacto en el que la morena posó sus ojos en el collar que llevaba, frunciendo el ceño al reconocerlo.

- Tienes el collar - dijo con seriedad - ¿Cuándo te lo dio?

- Eso no es algo que te incumba.

- Ja... ¿sabias que ese collar iba a ser mío? - apoyó ambos codos en la mesa, ladeando la cabeza - Izayoi me lo había prometido como regalo de bodas.

- Lamento decirte, que ahora su dueña soy yo... no se que es lo que quieres, pero Inuyasha es mi pareja y te agradecería mucho que nos dejaras en paz, además... tú fuiste quién lo abandonó.

- ¿Y eso no te da miedo? - comenzó con su juego mental - Es decir... yo fui la que se fue... Inuyasha se cansó de buscarme y llorar por mi... incluso dos años después, su nueva conquista lo vio llorar por la mujer que ama.

- Amaba - frunció el entrecejo - Él ya no te ama.

- Puedo quitarte a Inuyasha con el menor esfuerzo.

- No es necesario, Yura - sonrió - Yo confió en él... puedes hacer lo que quieras.

- De acuerdo - suspiró - Sólo lo diré una vez, ¿si? - se inclinó sobre la mesa - Apártate del medio... eres un estorbo y no dudaré en deshacerme de ti... regresé a recuperar mi vida e Inuyasha está en ella.

- Dudo que a Bankotsu le agrade oír eso...

- Bankotsu puede irse a la mierda - se puso de pie - Eres una jovencita muy molesta - pasó sus manos por sus cienes - El hecho de que te hayas follado a mi hombre, no te garantiza su amor y lamento decirte, que tu insignificante mes a su lado, no se compara con nuestros cuatro años de relación... sólo es cuestión de hacerlo recordar.

- Suerte con eso - respondió desafiante, poniéndose de pie lentamente - Ya escuché lo que tenías para decir, este es un lugar privado al que no eres bienvenida, puedes largarte o llamaré a seguridad para que te escolte.

- Pequeña rata de alcantarilla, cuida tu boca o te arrepentirás más rápido de lo que crees.

- Yura, lárgate, ahora - señaló la puerta.

Una pequeña guerra de miradas se desató entre las dos y finalizó con la morena de corto cabello, saliendo de la habitación. Cerró con una pequeña traba, mientras se deslizaba por la madera pintada de blanco, cayendo sentada al suelo y enterrando su cabeza en sus rodillas, dejando salir todo el llanto que logró contener.

Sus manos temblorosas se introdujeron en el bolsillo de su pantalón, buscando su móvil para llamar a la única persona que podía ayudarla. Segundos después de que la llamada se emitió, la voz al otro lado por fin respondió.

- ¿I...Inuyasha? Por favor, ayúdame - pronunció con su voz entrecortada.

...

Extra: Recuerdos

Ingresó al lujoso cuarto, aspirando profundamente el perfume que aún se negaba a abandonar el lugar. Se sentó en la cama, restregando su cabello, mientras intentaba dejar de pensarla.

- Entonces, esto sentías, ¿verdad? - murmuró.

Sólo tres días habían transcurrido desde su separación, sin embargo, la soledad se había apoderado de su pecho cada vez que regresaba a su hogar y lo encontraba vacío. ¿Cuánto tiempo había aguantado su prometida estar así? Él no lo sabía y, francamente, no tenía idea de cuando iba a tener la oportunidad de preguntárselo.

Comenzó a buscar en su memoria cualquier recuerdo o situación, no relacionada a Kagura, que lo reconfortara un poco y, fue en ese momento, que se encontró con ella.

Señor Sesshomaru.

El rostro de Rin, sonriendo, apareció frente a sus ojos, provocando que distendiera el agarre en sus manos entrelazadas. De un momento a otro, recordó pequeños detalles de la castaña, como el rosado de sus mejillas, la manera en la que cerraba sus ojos cuando su sonrisa era de pura emoción, la forma en la que su largo cabello finalizaba en punta, incluso el cítrico del perfume que usaba, el cual siempre estaba presente cuando ella se acercaba a su oficina.

- ¿Por qué sé esas cosas? - pronunció con un dejo de confusión en su tono - Se supone que es mi empleada.

Esos son los detalles que debí saber de Kagura, sin embargo...

Se puso de pie, suspirando para sus adentros y dirigiéndose a la ventana, en donde la luna rebozaba en lo más alto del azulado cielo nocturno.

- Detesto estos sentimientos - se quejó - Pero, al menos ya tengo una manera de aplacarlos.

La sonrisa de Rin.

El sonido de su celular interrumpió su parloteo solitario, obligándolo a sacarlo del bolsillo de su pantalón.

- Inuyasha - respondió.

- Estoy afuera de tu maldita casa y agradece que no fui a buscar al idiota de tu socio, o probablemente ya me estarías yendo a buscar a la cárcel.

- Calma tu tono, animal, ¿Qué te sucede?

- Abre la maldita puerta o la situación se irá a la mierda en menos de lo que tu podrías imaginar.