El peliplata ingresó a su departamento, lanzando su mochila al sillón, mientras se sentaba a su lado, suspirando y pasando su mano por su rostro. Colocó su nuca en el respaldo, posando su mirada en el techo.

- Maldición - gruñó, recordando las palabras de quien supo ser su cuñada - Se supone que debería estar tranquilo, pero...

Ahora que ella regresó, mi paz ha vuelto a ser perturbada.

- Se supone que debería estar disfrutando de mi nueva relación, en lugar de seguir dedicándole tiempo a esta maldita mujer.

Kagome, ¿Qué estarás haciendo?

Miró el reloj en su pared y, casi que por impulso, tomó su móvil con la intención de escribirle. Segundos después de haberlo tomado, la pantalla se encendió por si sola.

- Kagome - pronunció, respondiendo la llamada.

- ¿I...Inuyasha? Por favor, ayúdame.

- ¿Qué sucede? - se puso de pie al percibir el miedo en su voz.

- Yu...Yura... ella... vino hasta aquí - trataba de regular su respiración.

- ¡¿Qué?! ¡¿Te hizo algo?! ¡¿Sigues en el hospital?! - corrió en busca de su sudadera, para salir de inmediato.

- N... no... sólo... sólo hablamos, bueno... ella vino a decirme un par de cosas - aspiró, calmándose lentamente - Si, sigo aquí.

- Esa mujer de mierda - gruñó, cerrando la puerta de su departamento - La mataré si se atrevió a ponerte un dedo encima.

- No lo hizo... sólo... quiero que vengas por mi.

- No es necesario que me lo pidas, ya estoy en camino - salió del edificio, subiéndose al primer taxi que se le atravesó - Al hospital, por favor... Kagome, ¿Cuánto te falta para salir?

- Unos quince minutos.

- De acuerdo - miró por la ventana - Espérame en la guardia... trata de quedarte en una zona donde estés acompañada, yo revisaré el perímetro e ingresaré cuando este seguro de que no hay peligro.

- Esta bien - suspiró, notablemente más aliviada - Lamento llamarte por esto.

- ¡Keh! No seas tonta, no tienes nada de que disculparte... estaré contigo en unos momentos, mientras tanto, por favor, necesito que estés alerta.

- Lo estaré, gracias, Inuyasha.

- No me agradezcas por esto, yo siempre voy a protegerte.

Ambos cortaron la llamada al unísono, al mismo tiempo en que el joven apoyaba su codo en el apoyabrazos del auto, mordiendo sutilmente su dedo índice, buscando calmar las ganas de desviar su camino hacia las oficinas de su hermano.

Sesshomaru.

Regresó su vista al móvil, marcando el número de él.

- Más te vale responder, imbécil - gruñó, apretando ligeramente la mandíbula, sin embargo, la llamada pasó al buzón de voz - ¿Para que tienes celular si no respondes, idiota?

Miró al frente, encontrándose con la mirada del chofer por el retrovisor, el cual rápidamente desvió sus ojos al camino.

- Lo siento - pronunció al notar un dejo de temor en aquella acción - Estoy teniendo un problema bastante frustrante.

- Oh no se preocupe, es más normal de lo que parece - respondió con tranquilidad - He escuchado cosas peores.

El silencio reinó en el vehículo durante los siguientes quince minutos, hasta que llegaron a su destino.

- ¿Puede esperarme un momento? Iremos a otro lugar después.

El chofer asintió, al mismo tiempo en que el descendía y se dirigía a uno de los laterales del enorme y vasto edificio.

El aire otoñal estaba más fresco que de costumbre, por lo que, colocó sus manos en los bolsillo de su sudadera y escondió parte de su cuello en ella. Poca gente se divisaba en la calle, sin embargo, sus ojos estaban atentos a cada auto estacionado, cada centímetro del lugar abierto, cada árbol. No encontró nada extraño. Minutos después de haber rodeado el perímetro completo, ingresó en búsqueda de su novia.


Cortó la llamada con el joven y suspiró profundamente, abrazando sus rodillas. El hecho de saber que él se encontraba en camino, hizo que su pecho se alivianara un poco, aunque la angustia del mal momento, tardaba en irse por completo.

- ¿Qué se supone que anda buscando? - murmuró - No parece la chica que Inuyasha me describió.

Inicio del Flashback.

- Mmmm, esto verdaderamente está delicioso - pronunció la joven al morder un pequeño pedazo de pizza - ¿Qué? - preguntó al notar la manera en la que el peliplata la observaba.

- Eres hermosa hasta con la boca llena - una pequeña palmadita en su hombro provocó que se moviera levemente - Y, para ser honesto, me has sorprendido, no pensé que te gustaban estos planes.

- ¿Estas loco? Pizza y un parque, es la combinación perfecta.

- Me alegra mucho oír eso.

- ¿No hacías estas cosas con tu ex? - aquella pregunta abandonó sus labios de manera impulsiva.

El semblante del joven cambió notoriamente, mostrando un dejo de incomodidad.

- Bueno...

- Oh, lo siento si pregunté algo que no debía.

- No... no es eso... a decir verdad, creo que es un buen momento para hablar sobre "eso".

- ¿Sobre tu ex?

- Si, es decir, hablamos un poco de ella en la fiesta, pero... no me encontraba en el mejor de los estados - sonrió - Eres libre de realizar las preguntas que desees - dio un bocado a su comida.

- ¿Aún la amas?

Una carcajada semi ahogada se escucho en el silencioso lugar.

- Eso fue rápido - tragó, bebiendo un sorbo de refresco - No, no la amo... estuve resentido durante mucho tiempo y si la extrañé bastante, pero pasaron dos años, Kag...

- Entiendo lo de los dos años, pero... no siempre es crucial el paso del tiempo, además, creo recordar que, me dijiste, que le habías comprado un anillo de compromiso, ¿verdad?

- Oye... no me culpes, era un imbécil en ese momento.

- Mi punto es... que había algo en ella que te daba la seguridad de querer un futuro a su lado.

- ¿Realmente quieres que te hable positivamente de ella?

- Quiero saber la historia completa... sé que ella se portó mal contigo, pero debieron existir momentos buenos.

- Por supuesto que si - hizo una pausa - Ella era una chica muy dulce, atenta y cariñosa... siempre estaba para mi, además de que quería una mejor vida, supongo que por eso duramos tanto.

- Pero...

- Pero... el último año, su actitud cambió y... ya no se comportaba de la misma manera, aunque mucho no me importaba, yo la amaba a pesar de todo - hizo una pausa - Realmente estaba dispuesto a soportarlo todo por ella, sin embargo, ella se fue - se encogió de hombros.

Fin del Flashback.

- Su actitud no fue dulce, cariñosa o atenta - se puso de pie, notando que sus manos aún temblaban.

Caminó hacia su casillero, abrió la fría puerta de metal y tomó sus cosas. Se colocó su mochila y decidió llevar su campera en sus manos, junto con la nota que, para esa altura no estaba segura de si se trataba de una advertencia de precaución o una amenaza.

La manecilla de la puerta se movió, provocando que volteara de un respingo, colocando sus manos en su pecho.

- ¿Quién es? - preguntó en un tono seco.

- ¿Kagome? - la voz de Ayumi provocó que su pecho se aflojara - ¿Te quedaste encerrada?

- Ayumi, no... no, es sólo... - se acercó, abriendo la puerta - Sólo necesitaba un momento a solas - sonrió al encontrarse con el rostro de su amiga.

- ¿Estas bien? - dejó sus cosas en la pequeña mesa, sin dejar de observarla - Estas pálida.

- Bueno, tal vez estoy un poco cansada - suspiró - Fue una jornada... un poco larga.

- De acuerdo... eres libre de irte a descansar.

- ¿Puedo pedirte un pequeño favor?

- Claro.

- ¿Puedes acompañarme a la guardia? sólo será hasta que llegue mi novio...

- Por supuesto - sonrió.

Caminaron por el largo pasillo, girando una única vez en dirección a la guardia de emergencias, donde, para sorpresa de la morena, no habían más que cuatro personas. Pasó nerviosamente sus ojos por ellas, buscando algún indicio de que alguna estuviera allí por otras razones.

- Kag - nuevamente la voz de su amiga la sobresaltó - ¿Segura que estas bien? Pareces estar a la defensiva.

Antes de que pudiese responder, logró divisar la cabellera plateada del joven, ingresando.

- ¡Inuyasha! - corrió, ignorando la pregunta de la castaña.

- Kagome - la recibió en sus brazos, apretándola fuertemente contra su cuerpo - ¿Estas bien?

- Yo... tenia mucho miedo.

Inevitablemente, entrecerró sus ojos ante el tono de sus palabras.

- Tranquila, estoy contigo.

Ayumi se acercó lentamente, observando con preocupación a su amiga, quien se alejo del joven, limpiando la comisura de sus ojos.

- Muchas gracias, Ayumi, por estar conmigo.

- No tienes que agradecerme, Kag, pero... ¿segura estas bien?

- Si... no te preocupes, ya estoy tranquila.

Ambos se despidieron de la joven y salieron del lugar.

- Hay un taxi esperándonos... revisé la zona y no hay nada o nadie sospechoso, por lo que, estoy seguro de que se marcharon.

La joven asintió. Segundos después subieron al asiento trasero del auto, en donde el joven le brindó una dirección desconocida, generando que ella lo mirara confundida.

- ¿A donde iremos?

- Iremos a hablar con el imbécil de mi hermano.


El mayor de los Taisho descendió las escaleras de prisa, sin embargo, sus pasos se mantenían seguros y elegantes. Al abrir la puerta, lo primero que observó fue la irritable mirada de su hermano, la cuál tenía una leve destello rojizo, lo que le daba pauta de la furia que sentía.

- Adelante - pronunció, con su imperturbable tono.

Ingresaron, mientras él cerraba y los guiaba a la gran sala, invitándolos a sentarse en los sillones.

Vaya... esto es... muy lujoso.

Pensó, pasando la mirada, disimuladamente, por el lugar. Ambos se sentaron juntos, en el sillón más extenso, mientras Sesshomaru se sentaba en uno de los laterales, en el sillón más pequeño.

- Te escucho.

Un pequeño gruñido brotó de los labios del peliplata menor, mientras apretaba sus manos en sus rodillas. Su cuerpo se distendió al sentir la cálida mano de la morena, acariciando sutilmente su muñeca.

- ¿Qué demonios planea tu socio? - preguntó, dejando en evidencia su furia.

- Ya te dije que cuides tu tono o no tendré problema en ubicarte delante de... ¿Qué es ella al final?

- Es mi pareja - respondió, sin modificar su tono - Asique trátala con respeto.

- Lo haré en la medida que no me cause problemas - miró a la mujer - Espero que seas diferente a la anterior loca, que trajo a la familia.

- ¿Loca? - lo miró confundida - ¿Acaso no tenias buena relación con ella?

- El único imbécil capaz de llevarse bien con esa mujer, fue este inútil - volvió a llevar sus ojos a su hermano, quien entrecerró los suyos - Cualquiera con un poco de inteligencia, se hubiera dado cuenta de la clase de persona que era.

- Eran otros tiempos - bufó - Además... aun era joven.

- Perdiste dos años de tu vida en un duelo por alguien que no valía la pena - pronunció con dureza.

- Tal vez era necesario - los ojos castaños de la mujer se cruzaron con los de su nuevo cuñado - Si Inuyasha no hubiese pasado por ese duelo, quizás... ahora regresaría con ella - lo miró, buscando una respuesta.

- Keh... ni que estuviera demente.

- Y más vale que no lo estés o yo mismo me encargaré de desheredarte.

Wow... realmente parece estar muy molesto con Yura.

- Sesshomaru - pronunció Kagome - ¿Puedo hacerte una pregunta?

-Oye, Kagome, no vinimos a tener una charla amena con este idiota, sólo quiero saber que mierda esta pasando.

- Déjala hablar, animal - intervino - Puedo notar que es mas inteligente que tú... y con creces.

- ¡¿Qué dijiste?!

- ¡Inuyasha! - lo miró con su ceño fruncido, volviendo su mirada al mayor - ¿Por qué... estas tan molesto con ella?

- No me agradan las personas oportunistas - su expresión era inmutable - Sólo vio un buen apellido y se lanzó, creyendo que conseguiría más de lo que realmente haría, sobre todo porque a Inuyasha no le interesa esta vida.

- Y por eso se fue con Bankotsu - pronunció el menor.

- Inuyasha - las miradas de oro se encontraron - ¿Realmente no te das cuenta?

- ¿Darme cuenta?

- A veces me pregunto a quién saliste tan imbécil - colocó sutilmente la palma de su mano en su frente.

- Oye... si quieres que cuide mi tono, mantente dentro de los márgenes del mínimo respeto, ¡idiota!

- Bankotsu y Yura no son pareja - hizo caso omiso al grito del joven.

Ambos abrieron ampliamente sus ojos, intercambiando sorpresivas miradas por unos milisegundos.

- ¿Acaso no vieron las señales? - ambos negaron con la cabeza - Bankotsu jamás mencionó a una mujer importante, hasta hace tres meses.

- ¿Tres meses? - murmuró el joven.

Yura... regresó hace tres meses.

- Kagura insistió en que nos la presentara, después de todo, eventualmente se convertiría en parte de esta firma, sería su esposa y necesitábamos asegurarnos, que fuera alguien quién no nos traería más problemas.

- Entonces, el anuncio en la fiesta... ¿fue una mentira?

- Hm... no me equivoque cuando dije que ella era más inteligente que tú - sonrió, mirando a su hermano, quién no salía de su asombro.

- ¿Cómo lo supiste? - preguntó él.

- No es necesario ser una mente maestra... al comienzo creí su jugarreta, sin embargo, cuando lo pensé en frio, pude darme cuenta de que Bankotsu es incapaz de realizar un plan muy elaborado, la inteligencia no es su fuerte... mucho menos, si quiere mentirme a mi.

Kagome miró a su novio, buscando algún tipo de refutación, sin embargo, él permaneció en silencio.

- Pero... ¿Por qué?, es decir, ¿Cuál es la finalidad?

- Simple: Bankotsu desea ser el único dueño de la firma y pretende amenazarme, utilizando la única debilidad de la familia.

- ¿Inuyasha?

- ¡¿A quién le llamas débil?!

Pero si tu mismo me dijiste que eras el más débil, sacando a tu madre.

Pensó, mirándolo con sus párpados a mitad de camino.

- Como dije, la inteligencia de mi socio no es su fuerte, por ende recurrió a lo más fácil: la ex loca de Inuyasha, la misma por la que anduvo llorando como niño.

- Sesshomaru - pronunció entre dientes.

- ¿Él es una persona cruel? - preguntó ella de repente.

La sonrisa altanera del mayor se desvaneció ante esa pregunta.

- ¿Por qué quieres saber eso?

- Porque... Yura fue a mi trabajo, hace una hora.

Pudo notar como la expresión del joven se modificó al momento en el que ella pronunció la última palabra, mostrando un color rojizo que, por unos segundos, opacó el dorado de su mirada.


Extra: Secreto de familia

Kikyo

La fresca noche otoñal me abraza cálidamente, mientras mi cabello se bambolea al ritmo de la suave brisa. El árbol frente a mi susurra una grabe melodía, una en la que sus hojas danzan tranquilamente, mientras la luna lo alumbra sutilmente.

Aquella gran estructura natural, había sido plantada con la ayuda de mi padre, para honrar el vínculo que nos unía. Aún recuerdo sus palabras, la tarde en la que estuvo listo.

Este árbol crecerá y será tan inmenso, como mi amor por ti.

Posteriormente, me recordó que él era mi única familia... el único que siempre estaría para mi. En el momento no fui capaz de entender la verdadera intención detrás de aquellas palabras, sin embargo, ahora lo comprendo... ahora tengo todo claro.

Crecí con la idea de que mi madre se había marchado por voluntad propia, sin embargo, gracias a Naraku, ahora estoy segura de que su vida se terminó en manos de alguien más. Posiblemente, en las mismas manos que tantas veces me cobijaron y secaron mis lágrimas, cuando sentía que el mundo no era el mejor lugar para existir, y eso me asusta... porque, puedo estar conviviendo con un asesino.

Puedo escuchar el motor del auto apagarse y, por más que intento lo contrario, mi cuerpo se tensa. Desearía escapar... huir lejos y no volver a verlo, sin embargo, de momento, sé que es imposible. El ruido de la cerca del patio me indica que ingresará por la puerta trasera, algo normal, que se volvió sospechoso desde aquella charla.

- Kikyo - puedo darme cuenta, por el tono de su voz, que se ha sorprendido - Hija, ¿Qué haces sentada aquí? Está frio.

¿Quién es realmente Magatsuhi? ¿Qué le hizo a mi madre? ¿Sería capaz de hacerme correr el mismo destino si me revelo ante él?

- Sólo necesitaba un poco de aire - mi tono se oye sereno, gracias al cielo.

- Comprendo - sé que está sonriendo, aunque por la oscuridad no logro verlo - Sé que no eres una niña para darte órdenes, pero podríamos entrar y tomar un chocolate caliente, como en los viejos tiempos.

Amaba esa clase de planes, sin embargo, ahora todo se oía oscuro en sus palabras, sin embargo, mi actitud debe ser normal, o podría meterme en problemas.

- Claro... entraré en un segundo.

Me dedicó una última sonrisa, ingresando a la casa mientras yo desviaba la mirada al cielo, pidiéndole a la madre que jamás conocí, que me ayudara con lo que se avecinaba.