¡Hola!

Estoy llegando un poco tarde hoy jaja. Pero al menos llegue. Llegar al día de hoy es importante ¿No?

Disclaimer: MSLN ni sus personajes me pertenecen. Todo el crédito a sus respectivos autores.

Capítulo 9: Entrenamiento Funcional

- La verdad Fate, todos los resultados parecen estar en orden - murmuró la doctora, mientras revisaba nuevamente las imágenes de uno de los exámenes que había tenido que hacerse.

Al día siguiente de la prueba, tal y como se lo había prometido a Rein, se apersonó al hospital de la TSAB para poder realizarse el extenso chequeo que Hayate había solicitado.

De nada le sirvió intentar minimizar los problemas que estaba teniendo con su orientación y estabilidad. Para su chequeo médico, Hayate había solicitado expresamente que la doctora Shamal se encargara de su caso. La rubia doctora no solo era extremadamente buena y eficiente en su trabajo, sino que también era prima de Hayate. El lazo de confianza que ambas tenían había servido para que Shamal tuviese una idea bastante clara de lo que había sucedido, mucho antes de que Fate pusiera el pie dentro de su consultorio.

La larga lista de exámenes tuvo que ser repetida a la semana siguiente, para poder verificar que los resultados fueran correctos. Era cierto que Fate se mostraba más alerta durante los últimos días, pero aún su rodilla cedía a momentos, y en uno de los tantos exámenes físicos a los que se sometió, a Shamal le pareció observar que también tuvo algunos problemas para cerrar una de sus manos. Sin embargo, todos los resultados de los exámenes estaban dentro de los límites de la normalidad, así que eso estaba causando un debate en su interior.

En su cabeza, el caso de Fate podía tomar 2 direcciones: O el estrés al que se estaba sometiendo debido al trabajo era tan grande que ya estaba reflejando las consecuencias de esa constante presión a nivel físico, o estaban ante un caso clínico completamente desconocido cuya causa aún no habían podido determinar. Por el secretismo con el que Hayate había tratado el caso de Fate, tenía la sospecha de que efectivamente la presión a la que la mujer estaba siendo sometida tenía que ser bastante grande, sin embargo, aún no estaba lo suficientemente segura como para descartar otras vertientes.

- ¿Eso quiere decir que puedo regresar al trabajo? - preguntó Fate, intentando no mostrarse tan ansiosa.

- En teoría sí - respondió Shamal, con una sonrisa - Sin embargo, a pesar de que Hayate no me dio detalles acerca de la investigación a la que te asignaron te recomiendo mucho que lleves las cosas con calma. Lo que has sentido últimamente podría deberse a un cuadro de estrés y, si continuas con el mismo ritmo, podría empeorar.

- Entiendo - murmuró Fate, comprensiva - En ese caso me aseguraré de tener cuidado.

- También, Fate, podrías tomar algunas medidas para probar si eso te ayuda con el tema de la falla muscular. Cuéntame ¿Sueles hacer actividad física?

Ante esa pregunta, a Fate no le quedó más remedio que ser honesta. En su adolescencia se había mantenido en forma por pertenecer al equipo de soccer en la secundaria, y también en la universidad solía hacer algo de deporte aunque de una manera mucho más informal. Pero, desde que había entrado en la TSAB, se había enfocado enteramente en la investigación y había dejado de lado ese otro tipo de actividades. Para la cantidad de horas que podía llegar a pasar sentada frente al computador procesando datos, aún se sorprendía de que los huesos no le dolieran tanto al levantarse de su asiento.

- La verdad es que no - admitió Fate - Solía hacer deporte cuando era más joven, pero consideraría que ahora llevo una vida bastante sedentaria.

- En ese caso creo que llegó el momento de que cambies un poco tus hábitos - dijo Shamal, mientras tecleaba algo rápidamente en su computador - Es súper recomendable que empieces a hacer ejercicio, al menos unas tres veces por semana. Nada tan extremo, pero sí que intentes mantenerte en movimiento. Si puedes hacer ejercicio con algo de peso mucho mejor.

- Seguro.

Luego de terminar de llenar la ficha en su computador, Shamal imprimió la receta médica y se la entregó a Fate, quién la guardó en su maletín luego de darle un vistazo rápido.

- Esas vitaminas te ayudarán a que tengas un poco más de energía cuando empieces con el ejercicio. Tengo entendido que en el complejo donde trabajas tienen un gimnasio habilitado, así que te recomiendo usarlo al menos por un tiempo. Me gustaría evaluarte nuevamente luego de que hayas empezado, así que nos vemos en un mes más para otra revisión.

- ¡Súper! Gracias.

Al salir del hospital, Fate no pudo evitar que un largo suspiro se escapara de su ser. En otra ocasión hubiese disfrutado mucho el retomar la condición física que había perdido, pero con su cabeza enfocada completamente en la investigación el usar parte de su tiempo pedaleando en una bicicleta estática para no llegar a ningún lado le parecía una pérdida de tiempo atroz. Sin embargo, si quería que las pruebas continuaran, más le valía seguir las recomendaciones de Shamal.

Su actitud sombría ante el ejercicio solo aumentó cuando, al llegar al laboratorio, le contó a Rein acerca de la recomendación de la doctora y su colega se rió en su cara ante su suerte.

Desde luego, Rein estaba muy contenta con que todo parecía estar correcto con la salud de Fate. Aún así, ante los ruegos de Fate para que fueran juntas a hacer ejercicio y así no tener que pasar por esa tortura de manera solitaria, solo podía reírse. Ella era más de hacer actividades al aire libre de vez en cuando con Hayate, así que el terminar su jornada laboral para encerrarse en el gimnasio en vez de irse a casa estaba bastante lejos de su panorama ideal.

Fate intentó convencerla sin éxito, y cuando ya sus súplicas se habían extendido por más de una semana entendió que no habría forma de convencer a su compañera de investigación para que la acompañara a sus sesiones de tortura. Por eso, tomó la vía de la resignación y se decidió a empezar con una rutina básica de ejercicios al día siguiente, luego del término de su jornada.

Así era como había terminado ese día en el gimnasio de la TSAB, casi una hora después de que el horario de trabajo oficial se hubiese terminado, vestida con short deportivo y una camiseta holgada que había rescatado de uno de los cajones de su closet.

Ese gimnasio era uno de esos beneficios que ofrecía la TSAB para el uso de sus trabajadores, pero que muy pocos ocupaban a pesar de que era completamente gratuito. A esa hora, el recinto estaba prácticamente vacío, salvo por un par de personas que estaban en una de las bancas alzando peligrosamente una barra con varios discos, completamente ajenos a la presencia de Fate. Intentando armar un plan de acción, tomó su bolso y se dirigió hacia las caminadoras.

Cuando estaba programando la máquina para iniciar, una voz conocida la hizo sobresaltarse.

- ¡Hola Fate! - saludó alegremente Nanoha, acercándose hasta ella.

Al verla, Fate no pudo evitar sonrojarse. El atuendo deportivo de Nanoha no era extremadamente revelador, pero algunas secciones de su ropa se pegaban lo suficiente a su cuerpo como para que se notara la definición que tenía en parte de su musculatura.

Y al mirarla de esa forma, tampoco podía evitar que su memoria evocara el recuerdo de una Nanoha más joven en su habitación, con mucha menos ropa y una intensidad indescifrable en su mirada.

- Hola Nanoha - devolvió el saludo Fate, intentando disimular su sonrojo.

- No sabía que estabas haciendo ejercicio - comentó la cobriza - Creo que es la primera vez que te veo por aquí.

- Es que no había venido nunca - confesó la rubia - Tengo mucho tiempo sin hacer ejercicio, así que apenas empezaré a intentar retomar esto.

- No creo que tengas muchos problemas. En la secundaria creo que jugabas en el equipo de soccer ¿Cierto?

- Sí, así es jajaja. Pero ha pasado mucho tiempo. Seguro estoy oxidadísima.

- Intenta empezar suave entonces - recomendó Nanoha - Estaré por allá - agregó, señalando a un punto más alejado del gimnasio, cerca de una máquina para hacer sentadillas - Si necesitas ayuda solo avísame.

- Gracias Nanoha - alcanzó a decir Fate, antes de ver como Nanoha se alejaba.

Si había considerado que el simple hecho de hacer ejercicios después de tanto tiempo era someterse a una tortura, no se le había cruzado por la cabeza que, la visión de Nanoha ejercitándose en el mismo lugar, podía someterla a un nuevo nivel de dolor. Mientras trotaba, tratando de concentrarse en mantener la estabilidad y sosteniéndose de los apoyamanos de la máquina por si a su rodilla le daba por fallar, no podía evitar que su mirada se desviara de vez en cuando hacia la dirección en la que Nanoha se encontraba. Haciendo gala de una envidiable forma física, Nanoha avanzaba con su serie de sentadillas con la técnica correcta, que solo hacía que fuera bastante obvio el arduo trabajo que la mujer había dedicado a sus glúteos.

A Fate le provocaba darse una cachetada. Aunque estaba haciendo un esfuerzo por apartar de su cabeza pensamientos subidos de tono, la posición en la que Nanoha quedaba al momento de ejercitarse disparaba todos sus instintos. Intentaba no mirar tanto, pero la tentación estaba a tan pocos metros de distancia que era imposible no quedarse embelesada ante esa imagen.

Era la imagen fehaciente de la fruta prohibida que no podía tener aunque quisiera. Maldito Yuuno, bastardo suertudo.

No pudo evitar sentir un pinchazo de dolor al recordar que, en su momento, ella también tuvo su oportunidad. Si hubiese sido honesta con Nanoha en ese momento ¿Fuese ella quién estaría en el papel de Yuuno?

Para intentar borrar la rabia que había crecido súbitamente en su interior, se dirigió hacia la zona de mancuernas. Tomó un par de pesas que consideró no le causarían tantos problemas, y se sentó en uno de los bancos para levantarlas rítmicamente, sintiendo como su cabeza rápidamente empezaba a concentrar su atención en el dolor que afectaba sus brazos, y los pensamientos rumiantes que minutos atrás quebraban su cordura desaparecían.

Recordando las antiguas rutinas que solía hacer en la universidad, se enfocó en repetir pacientemente cada ejercicio. Con cada serie, sus brazos se tensaban más y más. En esos momentos solo intentaba respirar profundamente para disminuir un poco el dolor y así poder seguir. Aún así, cuando ya estaba por la mitad de la rutina que se había trazado mentalmente solo tenía ganas de lanzar a un lado esas pesas infernales e irse a su casa para darse una larga ducha.

El pensamiento de ir a casa rompió su férrea concentración, y unos pocos segundos después se vio en problemas para poder terminar de realizar el movimiento de subida en el press militar. Con la cara enrojecida del esfuerzo, estaba segura de que si seguía así simplemente iba a tener que tirar las mancuernas, porque dudaba ser capaz de sostenerlas por mucho tiempo más.

Cuando pensaba que ya todo estaba perdido, su salvación llegó.

Nanoha, quién había visto desde la distancia el estrés de Fate, se había apresurado a colocarse tras ella y, colocando sus manos bajo los brazos de Fate, la ayudó a terminar el movimiento.

A pesar de que las manos de Nanoha apenas la rozaban para ayudarle a continuar con la rutina, Fate dudaba que el calor que sentían sus músculos en ese momento se debiese únicamente al esfuerzo físico. El objeto de su deseo estaba tan cerca de ella mientras la ayudaba, que estaba segura de que podía sentir la calidez de su respiración cerca de su oreja, calentando más lugares de los que debía e, irónicamente, dándole un boost de fuerza que ni ella misma sabía que tenía para terminar con la rutina.

Al terminar las repeticiones, dejó a un lado las mancuernas para estirarse, y no pudo evitar girarse para agradecerle a la cobriza, quién la miraba con una sonrisa.

- Gracias Nanoha - agradeció honestamente Fate - Sino hubiese sido por tu ayuda hubiese estado en problemas.

- Si quieres puedo ayudarte - ofreció Nanoha - Así también podrías ayudarme con mi rutina y nos damos ánimo mutuamente. ¿Qué dices?

Fate la miró, sonriendo, aunque por dentro sabía que era muy tarde para salir de ese problema.

La cercanía de Nanoha era un problema, tan grande que estaba segura que sería su perdición. Pero no podía negarse.

Ya era muy tarde para ella.

En esa, o en otra realidad, sabía que ya no podía negarle nada a Nanoha.


Gui: Ah, es que... Todo tiene un precio jaja. Y definitivamente Hayate no estará feliz con eso. Es más, me parece que Rein está aún menos feliz. Pero que clase de excusa es "estaba corriendo"?. Fate también se inventa unas cosas para salir de esos aprietos jajaja. ¡Qué tengas un buen domingo!

Nadaoriginal: Justo allí empieza el problema... Ciertamente esa realidad parece mucho más prometedora que la realidad en la que actualmente vive, pero cada visita implica cada vez un costo mayor. Por supuesto es tentador seguir visitando esa realidad, aunque la realidad original parece estar poniendose ligeramente menor... o no?. Esa es una duda interesante. Que tengas un excelente fin de semana estimado!

Thelostname: Bueeeno, que agradezca que por lo menos estuvo en un instante de la cuestión jajaja. Es algo curioso también, lo que sucede con Fate. Es decir, ¿Realmente el sueño de Fate era el de seguir el camino de su madre, o más bien ese sueño era el que ella creía que tenía la obligación de tener? He allí el dilema. Parece que la mente de Fate también funciona de una manera muy curiosa jajaja, si sigue como va... Bueno, habrá que ver. ¡Un abrazo!

Nos leemos el próximo domingo.