Sintió cómo su estómago se contrajo dolorosamente y amenazaba con vomitar. Nunca creyó qué el estar de nuevo en aquella casa que lo vio crecer y en la qué en algún momento se sintió feliz antes de qué llegaran mortifagos a habitarla junto al mismísimo Voldemort, le causara todas aquellas sensaciones, además, no tenía idea de cómo iban a reaccionar sus padres al verlo de la mano de Harry.
—¿Estás listo? —preguntó Harry, con la mirada fija en la enorme reja negra qué daba vista a los jardines de la Mansión Malfoy.
—No, pero tenemos que hacerlo —respondió Draco, tomando con firmeza la mano contraria y entrelazando sus dedos con los suyos.
—Bien, vamos —dijo Harry, caminando hasta quedar a unos cuantos centímetros de las rejas.
Segundos después una elfina a quién Draco reconoció como Landy apareció frente a ellos, detrás de las enormes rejas.
—Amo Malfoy —chilló Landy con emoción.
—Landy, ¿Están mis padres? Quiero hablar con ellos —la voz de Draco tembló ligeramente, aún así Harry se dio cuenta y le dio un apretón en señal de apoyo.
—Sí, el amo Malfoy está en su despacho, el ama se encuentra en el salón de reuniones —informó Landy.
Draco tragó saliva antes de abrir la boca para hablar.
—¿Podrías decirles qué estoy aquí? —preguntó.
—Sí amo
Landy hizo una exagerada reverencia y segundos después desapareció de sus vistas.
Ninguno dijo nada más, hasta qué Landy volvió y abrió la enorme reja negra.
—El amo dice qué puede recibirlo —informó la elfina.
Draco asintió, sin ser capaz de formular un monosílabo, la última vez qué se había sentido así fue cuando Voldemort le informó qué sería el nuevo mortífago y qué su deber era acabar con Dumbledore.
La pareja caminó, sin soltarse de la mano por el enorme prado verde hasta llegar a las escaleras principales qué los conducían al vestíbulo, estando ahí, Draco los condujo hasta la puerta del despacho, la cual se encontraba a un costado, cómo era de esperarse, su padre tenía la oficina en un punto medio qué le permitía el acceso a cualquier parte de su casa con rapidez y sobre todo enterarse de cualquier acontecimiento.
—Es por aquí —informó Draco, cuando estuvieron de pie frente a una puerta color gris oscura, sobre un pasillo estrecho y alfombrado, cómo todo en esa casa.
—Entremos juntos —dijo el azabache, y decidió ser él quien golpeara la puerta indicando qué ya estaban ahí.
—Adelante —escucharon la fría y apagada voz de Lucius Malfoy.
Las manos de Draco temblaban y sudaban, casi podía resbalar pero se contuvo y apretó más fuerte la mano de Harry antes de que la puerta se abriera, dándoles paso a aquel oscuro despacho.
El lugar no era tan diferente a cómo lo recordaba. Todavía tenía el librero detrás del escritorio, llegaba desde el piso hasta el techo, repleto de libros, justamente hasta arriba se encontraban los qué leía con menos frecuencia pero cuando los necesitaba, bastaba un suave movimiento de varita qué levitaba un libro hasta llegar a sus manos. A su lado izquierdo estaba otro estante de igual tamaño, todos en color café oscuro qué se veían tan oscuras cómo las paredes color gris, y frente a él un estante más pequeño con diferentes cosas qué él nunca se atrevió a preguntar cuando tuvo conciencia de lo qué ocurría a su alrededor. Cuando Draco era un niño y le preguntaba qué era lo qué guardaba con tanto cuidado, su padre respondía qué se trataba de cosas qué los adultos ocupaban para trabajar o divertirse y él parecía satisfecho con la respuesta al no hacer más preguntas.
—Padre… —murmuró Draco, casi con miedo.
El hombre se encontraba de pie, en una postura rígida frente al escritorio, sosteniendo firmemente su bastón qué contenía su varita de Olmo y fibras de corazón de dragón.
—Draco, me alegra saber qué recuerdas qué tienes padres —dijo sarcástico observando a su hijo.
Enseguida dirijo la mirada con algo de confusión hacía Harry.
—¿Qué hace Potter aquí? —preguntó su padre, segundos después y antes de qué alguno emitiera algún sonido de su boca, Lucius tomó la palabra nuevamente—. ¿Y de tú mano?
—En realidad yo… —Draco no sabía cómo explicarse, era cierto qué su matrimonio lo desaprobaba, y tenía miedo de qué su reacción al enterarse de qué salía con Harry fuera la misma qué tuvo al saber de la relación qué mantenía con Ron.
—Draco y yo estamos juntos —respondió Harry por ambos.
El hombre le miró cómo si le acabara de decir qué Voldemort había vuelto, luego miró a su hijo intentando encontrar algo en él qué confirmara o desmintiera lo qué Potter acababa de soltar.
—¿Cómo qué juntos? —preguntó ya qué su hijo no hizo más qué evitar su mirada.
—Somos pareja —informó Harry—, todavía no lo sabe nadie más qué los amigos de Draco y bueno, estamos en proceso de divorcio…
Antes de qué continuara Lucius levantó un dedo hacía Harry, indicando qué se callara un segundo, necesitaba procesar lo qué decía.
—¿Te estas divorciando del idiota de Weasley? —preguntó el padre del rubio, este asintió en respuesta—. ¡Al fin! ¡Tiene qué ser obra de Merlín! —exclamó extasiado el hombre.
—¿No estás… enojado conmigo? —titubeó el rubio.
—Algo, pero no es por qué estés aquí —aclaró su padre, sin quitar su postura rígida y severa qué lo caracterizaba.
—¿E-entonces…? —tartamudeó.
—Aquella comadreja pecosa y mal geniuda no era digna de estar al lado de un Malfoy —dijo Lucius, Harry tuvo qué concederle la razón.
—Lo sé, nunca estuve enamorado, pero cuando llegó Harry todo cambió para mí, nuestras parejas pasaban demasiado tiempo ocupadas en misiones de las cuales sabemos muy poco, hemos sido nuestra compañía estos meses hasta qué….
Draco detuvo sus palabras en seco, sin tener claro cómo continuar, era un hecho qué tampoco le iba a soltar a su padre qué se habían acostado y desde entonces tuvieron el deseo de no separarse jamás.
—Hasta darnos cuenta qué estábamos enamorados, y decidimos divorciarnos lo antes posible y darle a Draco todo lo qué merece —concluyó Harry por él, Draco le agradeció con la mirada.
El hombre rubio y de cabellos largos guardó silencio unos minutos, desviando la mirada entre uno y otro hasta qué abrió la boca para hablar.
—Potter, no voy a dejar de advertirte así hayas sido el salvador del mundo mágico y qué gracias a tú ayuda mi familia no fue encerrada en Azkaban… —Se detuvo un momento para mirarle sólo a él con expresión decidida y segura—. Qué si veo a mi hijo sufrir por tú culpa aunque sea una vez, la ira del señor tenebroso no será comparada conmigo…
—¡Papá! —se quejó Draco.
—Es mejor prevenir qué lamentar Draco —respondió el hombre.
Harry no sabía si sentirse halagado u ofendido, por un lado le alegró saber qué Lucius aceptaba su relación y por otro, creía firmemente en sus amenazas.
—No me atrevería a hacerle daño, Draco es lo más importante para mí —dijo el chico de anteojos.
Lucius asintió cómo respuesta, sin intención a decirle algo más, ya vería si con el tiempo toda su palabrería resultaba real.
Draco estuvo a punto de abrir la boca y decir algo cuando la puerta del despachó fue abierta por segunda vez, dejando ver a una mujer no tan mayor, de cabellos rubios, ojos azules y mirada penetrante, no se comparaba con la forma de mirar de Lucius pero sí era bastante parecida. Harry tuvo la impresión de qué sería amenazado de nuevo por haber tocado a Draco.
—Mamá —la voz de Draco tembló ligeramente.
La mujer observó la escena un momento antes de relajar sus hombros tensos y dedicarle una mirada más cálida a su hijo.
—Qué sorpresa, ya recordaste qué tienes padres —la voz de Narcissa más qué sonar cómo un reproche, cómo el caso de su padre quién contenía mucho mejor sus emociones, sonaba dolida.
Y había qué entender a la mujer, él no tener presente a su único hijo le dolía todo el tiempo, pero intentó acostumbrarse a vivir una nueva realidad sin él. Al igual qué su padre.
—Perdoname mamá, no fue mi intención alejarme —la voz del rubio se cortó, ver a su madre de esa forma le rompió el corazón.
—Aunque preferimos no recordar a la persona qué decidiste casarte, no queríamos dejar de verte, eres nuestro hijo
Los ojos azules de la mujer brillaron, debido a las lágrimas qué acumuló. Harry confirmó una vez más qué estaban haciendo lo correcto al volver a su vida social y familiar, juntos.
Draco soltó la mano de Harry, y corrió prácticamente hacía su madre, envolviendola en un abrazo fuerte y necesitado.
Su padre rodó los ojos y suspiró antes de unirse a aquel cálido abrazo familiar qué no supo cuánto lo necesitaba hasta qué lo sintió, era cómo si una línea paralela de tiempo y espacio fuese abierta, en la cual ninguno tuvo la desgracia de servir a un loco de remate qué intentó controlar el mundo mágico a su antojo. El hombre se apartó recordando la presencia de Harry quién miraba la escena enternecido, recordando así mismo no dar espectáculos bochornosos delante de extraños.
Harry sintió un enorme alivio al ser testigo de qué la familia Malfoy volvía a ser feliz o tal vez lo era por primera vez y sentía aún más ese amor profundo por Draco, él merecía todo lo bonito del mundo.
Narcissa se apartó de su hijo cuando fue con Harry, para abrazarlo.
—Gracias —murmuró cerca de su oído, aun así sus padres lograron escucharlo.
Harry sonrió satisfecho y le devolvió el abrazo, quería decirle mil cosas pero no era el momento, ya le diría lo mucho qué lo quería estando a solas.
—No hay de qué —respondió sin dejar de sonreír.
Lucius carraspeó, logrando que se apartasen apenados, Narcissa, miró a su esposo con desaprobación, estaba claro lo mucho qué ambos se querían, algo qué no lograron ver con Weasley, y aunque ninguno era testigo de cómo Harry llevaba su relación con Granger, presentían qué la situación entre ambas ex parejas no era tan diferente.
—Ahora qué están juntos… —comenzó Lucius—, ¿Qué planes tienen cómo pareja?, quiero decir, planean casarse o tener hijos….
Draco se ruborizó notablemente, y miró a su padre con algo parecido a incomodidad, habían hablado sobre llegar a tener hijos en caso de qué el divorcio no resultará fácil, pero el tema del matrimonio era algo qué no tenían pensado, sólo deseaban pasar tiempo juntos cómo novios y llegado el momento su relación podría fortalecerse mediante el enlace matrimonial, además recién iban a separarse y su idea era llevar una relación sana.
—No hemos hablado mucho sobre eso —respondió Harry ligeramente nervioso—, Draco y yo queremos llevar las cosas con calma, pero en caso de qué el divorcio no resulte sencillo…
El azabache hizo una breve pausa dudando continuar, lo mejor era qué Draco hablara y él pareció entender la indirecta.
—No descartamos la opción de tener un hijo, sólo en caso de qué no obtengamos el divorcio fácilmente —terminó el rubio.
Los padres de Draco se miraron atónitos, en ese instante se percataron de cuán en serio iba su relación, pues no sólo notaron ese cariño sincero en sus ojos y él cómo se trataban, sino también estar dispuestos a dar un paso agigantado, tener un hijo no era algo sencillo cómo adoptar una mascota u obtener un juguete, era una mayor responsabilidad, y esperaban qué ambos fueran conscientes de ello.
—Tener un hijo es una gran responsabilidad —dijo su madre—, tienen qué comprender todo lo qué conlleva al traer una vida al mundo, además en el caso de Draco podría necesitar las pociones, supongo qué ya te ha explicado —Narcissa miró directamente a Harry quién no pudo evitar sentirse nervioso.
—Sí, me ha contado todo y podríamos intentarlo, y respondiendo a su pregunta, somos conscientes de ello, en mi caso he deseado formar una familia y darles aquello qué nunca tuve oportunidad —confesó.
Narcissa sonrió sin poder evitarlo ante las palabras de Harry, Lucius por su lado intentaba creerle aunque muy en el fondo sabía qué era cierto, al no crecer en una familia cálida era lógico qué buscara darle eso a su familia, y aunque ellos, especialmente él no fue lo más cariñoso con su hijo, sabía qué si traía a la vida a un pequeño ser le daría ese amor qué no vivió cómo debiera.
—Bien, sólo espero qué el señor Potter no diga palabras al viento y las cumpla —respondió Lucius.
—Estoy de acuerdo contigo Lucius, el tiempo nos dará o no la razón —dijo la mujer.
—Gracias —respondió Draco.
Harry sólo sonrió de lado, no estando seguro de volver a abrir la boca, lo mejor era demostrarles a todos lo mucho qué Draco le importaba y cuánto lo quería.
La visita no duró mucho más, todavía les quedaba una parada por hacer y aunque les hubiese gustado cenar con los Malfoy a Harry le urgía ver a su padrino, prometieron volver al día siguiente a Malfoy Manor, además necesitaban comprar algo de ropa y esperar los papeles de divorcio, que era lo más urgente para ellos.
Ninguno se había puesto a pensar qué sus parejas los buscarían y harían lo posible por encontrarlos.
Mentiría si dijera que no extrañaba ese lugar, tener un hogar había quedado en el olvido para él, hacía mucho tiempo qué no visitaba Grimmauld Place, desde poco antes de casarse para ser exactos. Lo único qué compartían Sirius y Lucius además de qué Narcissa fuera prima y esposa de cada uno respectivamente, era qué no les hacía ningún tipo de gracia tener a su hijo casado con alguien qué no era para ellos. Remus trató de consultar a su pareja, diciéndole qué si Harry era feliz, no veía por qué no apoyarlo, a lo qué el hombre respondió: —Harry no es feliz, se nota a leguas y quiero ayudarlo—. Lamentablemente Harry no aceptó esa ayuda y su padrino le dejó aún así las puertas abiertas a su verdadero hogar.
La casa tuvo bastantes cambios después de la mudanza de Remus y que se comprobará qué Sirius no tuvo nada qué ver con las muertes de sus mejores amigos. Pettigrew estaba muerto pero al llevar la marca y por el contrario Sirius no, fue suficiente para descartar al hombre como responsable y concederle tan anhelada libertad.
De entrada, la chimenea por la qué se aparecían y a su vez emanaba fuego estaba completamente cambiada, ya no se veía vieja y polvorienta, ahora tenía un marco de mármol en color blanco, el fondo era café oscuro al igual qué la leña, arriba había un cuadro pintado a mano dónde la pareja se veía regocijante, Draco se preguntó si ese cuadro fue elaborado a mano o con magia, debido a lo detallado y bastante real qué se veía. También adornaba el pequeño espacio entre la chimenea y la pared algunas figuras de porcelana. En ese mismo espacio una sala en tono gris claro hacía contraste con la alfombra del mismo color sólo qué en un tono más opaco, las paredes le daban un aire iluminado y con vida.
Recorrieron juntos y tomados de la mano el salón qué los recibió y caminaron por el estrecho pasillo qué llevaba al comedor y la cocina. La casa parecía nueva, había sido pintada de colores claros, y todos los retratos fueron quitados y reemplazados por paisajes, pinturas que figuraban ser de un arte moderno y lo mejor era qué no estaban más las cabezas de los elfos. Al llegar a la cocina los recibió un suave pero delicioso aroma a tarta de limón, y fue justo el lugar dónde encontraron a la pareja qué buscaban.
Sirius traía puesto un delantal en tono gris oscuro, mientras qué Remus uno de color azul celeste. Harry se tomó un momento para observar la nueva cocina, está continuaba pegada a la pared pero había sido reemplazada en su totalidad por una nueva y más moderna en color plateado, las diferentes barras de madera estaban llenas de recipientes con insumos para cocinar y el plaqué. La mesa de madera color chocolate se veía mucho más elegante y reluciente qué la anterior de rechinante madera, entendía qué las circunstancias no les permitían mejorar su vida hasta ese momento y estaba feliz por ello. Harry decidió qué era suficiente de la espera cuando Remus introdujo una charola con la tarta en el horno debajo de los fogones de la estufa.
—Habrá qué esperar veinte minutos para qué esté lista, sólo queda el glaseado —informó Remus.
—Y no se te olvide el té negro, hay personas qué no nos gusta la combinación de…
Sirius dió media vuelta al tiempo qué Harry y Draco estaban a una distancia prudente de ellos. Remus observó en la misma dirección qué su pareja al darse cuenta de qué no terminó de hablar y su reacción no fue tan diferente.
—Harry… Draco —Remus fue quién tomó la palabra cortando el silencio—, qué sorpresa…
—Hola —balbuceó Harry, completamente sonrojado.
—¿Qué hacen aquí? —preguntó Sirius al fin, con aire molesto y Harry no pudo evitar sentirse altamente culpable.
—He tenido muchas ganas de verte —respondió Harry, de pronto sintió un dolor punzante en su garganta y muchas ganas de llorar.
—No lo parece —respondió tajante.
—Sirius —musitó Remus.
El nombrado rodó los ojos y suspiró, observó a su ahijado con aire más calmado y frunció el ceño al darse cuenta que la persona qué lo acompañaba no era Hermione, sino Draco Malfoy, su sobrino. Remus pareció notarlo también pues compartió la misma mirada qué su pareja.
—¿Ustedes…? —comenzó Remus, no teniendo claro cómo referirse a ellos.
—Estamos juntos, y vamos a divorciarnos de nuestras parejas, deseamos formar una nueva vida —dijo Harry.
Draco por el contrario se mantuvo al margen detrás de Harry, queriendo decirle algo qué lo animara pero no lo consiguió, y se limitó a tomar su mano en señal de apoyo.
La pareja frente a ellos los observaba detenidamente sin decir una palabra, Harry tuvo la sensación de qué les iría peor qué con los padres de Draco, cuando él imaginó qué sería completamente al revés.
—¿Están seguros de qué tomaron la decisión correcta? —preguntó Sirius.
—Completamente —respondió el rubio para sorpresa de todos—, Harry y yo hemos sido nuestra compañía todos estos meses en los qué nuestras parejas han estado en misiones secretas, nos conocemos bastante bien gracias a la amistad qué surgió
Harry le observaba con una sonrisa embelesada, y fue justo ahí cuando Sirius se dio cuenta la forma en qué ambos se miraban, ese brillo sincero resplandeciente era una clara muestra de lo feliz qué eran juntos, y qué nunca había mirado a Hermione de esa manera.
—Eso cambia las cosas —dijo Sirius y al fin una sonrisa se dibujó en su rostro.
El hombre de cabellos largos se quitó el delantal qué llevaba puesto, colocándolo en el respaldo de una silla de madera del comedor, dio un par de pasos hasta llegar a su ahijado y lo abrazó con fuerza. Harry no dudó en corresponder, había extrañado mucho al hombre qué veía cómo un padre y su único lazo familiar.
Remus les miraba enternecido por la escena, él mejor que nadie sabía lo mucho qué Harry le hacía falta y trataba de no fijarse en ello manteniendo la mente ocupada y eso a veces le estresa más, afortunadamente las cosas se fueron acomodando.
—Te quiero mucho cachorro —dijo Sirius.
—Yo también padrino —Harry al fin se apartó con el rostro húmedo y sonrojado por las lágrimas derramadas.
Draco sacó un pañuelo de la bolsa exterior de su saco y se lo tendió a Harry, se hizo nota mental de añadirlos a su lista de compras.
—¿Se quedan a cenar?—sugirió Remus—, necesitamos ponernos al día
Draco asintió sonriendo a Harry, sabía qué necesitaba pasar tiempo en familia, y con las personas que en verdad los querían.
Llegada la noche Draco y Harry estaban listos para regresar al hotel dónde pasaron su primera noche juntos luego de la visita a los amigos del rubio, sin embargo Sirius insistió en qué se quedaran pues hacía mucho tiempo qué no convivia con Harry, y Draco no le negaría nunca pasar tiempo en familia, además su tío le agradó instantaneamente, tal vez los genes Black tuvieron qué ver, de cualquier manera ambos se sintieron arropados en dicha casa, Sirius le obsequió una pijama a su sobrino qué a pesar de no ser completamente su estilo tuvo qué admitir lo bonita qué era, y en el caso de Harry, Remus fue quién le obsequió una de sus pijamas nuevas, conformadas por un pantalón de algodón negro y camiseta blanca de manga larga,
—¿En qué piensas? —murmuró Draco en medio de la oscuridad qué albergaba la habitación de huéspedes en la qué se encontraban aquella noche en Grimmauld Place.
Harry se giró sobre el colchón, quedando frente a Draco, posó su mano en su cintura y lo atrajo a él.
—En cuánto ha cambiado nuestra vida desde qué decidimos ser felices —confesó Harry.
Draco sonrió, Harry apenas logró distinguir la curva en sus labios.
—Me pregunto, ¿En qué situación estuviéramos ahora sí esa noche hubiera sido cómo cualquier otra de tantas qué pasábamos juntos? —murmuró el rubio sólo para qué Harry escuchara.
De fondo a ellos se escuchaba el silencio qué reinaba Grimmauld Place.
Harry suspiró antes de responder y repartió caricias en su espalda.
—Supongo qué en algún momento nos habríamos dado cuenta de lo qué sentíamos, lo qué verdaderamente es una incógnita es si nos habríamos atrevido a confesarnos… —murmuró el azabache.
Draco analizó las palabras de Harry por varios segundos, aceptando qué tenía totalmente la razón, si el alcohol corriendo por sus venas no le hubiera hecho perder la cordura tal cual sucedió esa noche, muy probablemente continuaría en su burbuja de infelicidad y sin poder evitarlo le hizo sentir mal, ahora no se veía sin Harry a su lado, le había traído tanta paz y felicidad qué no imaginaba cómo sería una vida sin él.
—No me veo sin ti —confesó Draco en un murmullo.
Harry se acercó más a él, rozando sus labios seductoramente.
—Yo tampoco amor —dijo el azabache antes de juntar sus labios, formando un apasionado beso.
Draco no dudó en corresponder a tan necesitado beso qué lentamente fue subiendo de tonos, obligándolos a detenerse cuanto el rubio se colocó arriba de Harry, repartiendo besos en su cuello.
—Nos van a oír —jadeó el azabache lo más bajo qué su voz le permitió.
—Para eso somos magos Harry —respondió el rubio, separando los labios de su piel para estirar el brazo izquierdo y alcanzar su varita.
Una vez teniendo en mano su ya conocida varita de espino colocó un fermaportus y un muffliato, evitando qué alguien abriese la puerta sin llamar o escuchar en medio del silencio, sonidos poco comunes.
—Listo, ya puedes follarme —murmuró Draco y Harry sonrió.
El rubio se frotaba encima de Harry, quién mientras lo besaba soltaba gemidos placenteros sin temor alguno. Las pijamas fueron desprendidas tan rápido cómo sus dedos se lo permitieron, primero la camisa de Draco, qué fue lo más tardado, debido a los botones qué adornaban la tela, el resto de su ropa salió más rápidamente, siendo regada en algún lugar del suelo. Volvieron a los besos, teniendo más contacto con su piel, repartiendo caricias suaves y firmes, pero Harry quería más, necesitaba más de Draco, no podía sólo recorrer su cuerpo con las manos y besándole, quería follarselo, tomada la decisión, posó sus manos sobre su culo y lo apretó con fuerza haciéndole gemir suave, enseguida se enderezó junto con él para tener un mejor control de su cuerpo y espacio para introducir uno de sus dedos en la entrada de Draco y prepararlo, sus gemidos aumentaron conforme Harry movía su dedo, este lo miraba con profundo deseo, estaba a nada de meterse la polla contraria, pero Harry no le dejó al introducir otros dos dedos, él tampoco aguantaba, tenía una erección bastante promitente y estaba tan excitado qué podría correrse sólo con aquella imagen. Un par de minutos más, Harry supo qué era momento de darle a Draco todo aquello qué anhelaban, tomó su crecida erección y se fue introduciendo lo más despacio qué su parte racional lo permitió.
—Oh, Harry —gimoteó el rubio.
Draco cerró los ojos, echando la cabeza hacía atrás, en un intento por acostumbrarse a aquella deliciosa intromisión, Harry por su parte decidió continuar explotando la piel blanquecina del rubio con sus labios, memorizando su sabor, disfrutando el encuentro, recorriendo su cuello, mandíbula y finalizando en sus labios, besándose con profunda necesidad.
—Me encantas Draco —habló Harry, separándose un par de segundos para respirar.
—Y tú a mi, no sabes cuanto —murmuró el rubio, teniendo la frente pegada a la de Harry.
Draco comenzó a dar pequeños saltos sobre la polla de Harry, sacándoles gemidos a ambos. El azabache no logró estar en esa posición mucho tiempo más y volvió a recostarse sobre la cama, facilitando el trabajo a Draco, saltando libremente y a sus anchas, y hablando de tamaños, Harry la tenía enorme y le encantaba.
—Estás tan apretado —jadeó el azabache, sosteniendo a su amante de la cadera.
—Y tú enorme amor —respondió el rubio.
Harry rió, mordiendo su labio y comenzó a mover sus caderas, ayudando a Draco a entrar mejor en él, Draco gemía sonoramente al igual qué Harry, quién al estar a punto del orgasmo arqueó su espalda y le embistió con fuerza, golpeando su punto dulce una y otra vez. El rubio echó nuevamente la cabeza para atrás, saltando más rápido y poder venirse, segundos después Harry dió la última embestida y llenó a Draco de espeso semen, mientras qué el rubio manchó el abdomen de su pareja, y bajó el ritmo de las embestidas.
—Te quiero amor —murmuró Harry, recibiendo a Draco entre sus brazos, cayendo exhausto.
—También yo cariño —susurró Draco antes de perderse en el mundo de los sueños.
La tenue luz del sol iluminó a Grimmauld Place, el lugar tenía mucha más luminosidad qué la última vez qué estuvo ahí. Además, su compañía le proporcionaba no sólo felicidad sino también eso: luz a su vida. Harry veía borroso, pero no le impidió distinguir el brillante cabello rubio de su pareja, era la segunda noche qué pasaba junto a él y cada día se sentía más feliz, sin embargo para completar su dicha, necesitaba el divorcio.
Harry acarició con suavidad las hebras rubias de Draco durante algunos minutos, hasta qué decidió repartir besos suaves en su frente, mejillas y cabeza, sentía qué se estaba enamorando muy rápido de él, y no quería evitarlo al contrario, deseaba con toda su alma qué su amor continuará creciendo.
Draco abrió los ojos con lentitud en algún punto de estar recibiendo el cariño de Harry, sonrió y se acercó más a él, con el fin de esconder su rostro en su cuello.
—Buenos días mi amor —saludó con suavidad el azabache.
—Buenos días bebé —respondió su rubio con voz amortiguada, a Harry se le enchino la piel.
—¡Chicos, buenos días! ¡El desayuno está listo! —dijo Remus del otro lado de la puerta muy entusiasta, dando un par de toques a la puerta.
Ambos rieron por ello y Harry quitó el muffliato.
—¡Bajamos en un momento! —respondió el chico—, no querrás hacerlos esperar
—Para nada, muero de hambre —dijo Draco, desperezándose.
La pareja se aseguró de qué antes de bajar ambos estuvieran limpios gracias al fregotego y con la pijama puesta. Salieron de la habitación rumbo al comedor, notando a Sirius muy alegre poniendo la mesa.
—Buenos días —saludó Black.
—Padrino, amaneciste de muy buen humor —dijo Harry.
—Hacía mucho tiempo qué no estabas conmigo, es un gran motivo para ser feliz, ¿No crees?
Harry sintió enormes ganas de llorar y de abrazar a su padrino, y no reprimió ninguno de sus sentimientos luego de qué Draco lo alentara a ir con él.
—Estaremos siempre juntos —dijo Harry.
—Lo sé cachorro —respondió el mayor.
Remus llegó en ese instante y se posó junto a Draco, mirando la escena con ternura.
No perdieron el tiempo y se dispusieron a desayunar los deliciosos hot cakes, fruta y huevos con tocino qué Remus junto a Sirius prepararon, Draco tuvo la idea de retomar sus vidas junto a su familia, bien podrían seguirse viendo pero estando junto a las personas qué más querían, ya se encargaría de plantearle a Harry su idea.
Su pie martilleaba sobre el suelo con rapidez, sin despegar la vista del reloj sobre la pared encima de la chimenea qué marcaba la medianoche, dicho objeto cómo la mayoría de los muebles y la decoración había sido su idea colocar ahí, con el fin de saber la hora sin la necesidad de realizar un hechizo. Pero dicha observación no era lo importante ahora, estaba preocupada por su marido y lo que pudiese suceder si no lo encontraba pronto.
A Hermione le sorprendió bastante no obtener respuesta de su esposo cuando le avisó de su regreso estando en la puerta de la cocina, sin embargo la reciente riña qué tuvieron esa mañana le obligó a detener su camino y volver a la habitación dónde sabía qué lo encontraría. Nada le preparó a la bruja más lista de su generación qué Harry no estuviera ahí, lo buscó en la ducha, el patio trasero, la habitación de invitados y tuvo el mismo resultado qué en un principio: nada. No había rastro de Harry por ningún lado, ni siquiera una señal de haber estado en casa durante el día.
—¡Harry Potter! ¡¿Dónde estás?! —gritó Hermione, su voz retumbó en toda la casa.
No hubo respuesta y se molestó, ¿A dónde había ido Harry? de pronto, una idea vino a su cabeza, y tuvo claro su paradero, no había otro lugar al qué su esposo pudiera ir qué con Draco. ¿Y qué estaba haciendo con él a esas horas?. La castaña no era ninguna tonta, y sabía perfectamente de qué artimañas se valía Malfoy para salirse con la suya, no sólo había logrado engatusar a Ron, sino qué también pensaba seducir a Harry, era una puta barata a su punto de vista. Antes de dar por hecho su teoría decidió mandar un patronus mensajero a Ron preguntando si Harry se encontraba en su casa.
El tiempo corrió sin obtener respuesta, decidida a qué el tiempo de espera había sido suficiente, se apartó del sofá dispuesta a llegar vía chimenea a casa de su amigo, de pronto una luz en tono azul brillante atravesó la ventana de la sala, deteniéndose a medio metro de ella, era el patronus de Ron.
—¡Por fin! —exclamó enfadada.
"Hermione, busqué a Draco por toda la casa y no aparece, tiene qué estar con Harry, sino con quién o por qué salieron juntos"
La voz de Ron se escuchó apagada. Al menos se dió cuenta qué algo ahí no estaba bien y fue suficiente para ella.
"No quiero perder a Draco, no quiero qué me engañe con alguien más…"
Hermione rodó los ojos, tenía qué explicar con peras y manzanas a Ron qué Draco se había metido en los pantalones de Harry cual puta del callejón Knockturn
"... y dime, ¿Qué plan tienes ahora?".
Dicho esto el patronus en forma de perro se desvaneció.
Hermione retomó su camino a la chimenea y segundos después apareció en la sala de estar de Ron.
El pelirrojo apareció tan rápido como sus piernas se lo permitieron, creyendo por un momento qué era Draco la persona recién llegada, sin embargo no mostró sorpresa o decepción de ver a la chica, conociéndola era muy probable qué hablaran personalmente.
—Sugiero ir a buscarlos y descubrirlos —comentó la chica, colocando una mano en su cintura en forma decidida.
—¿Y qué ganamos con eso? Nos pedirán el divorcio —La voz de Ron tembló al pronunciar la última palabra, él no estaba dispuesto a divorciarse, no cuando le costó tanto atrapar al rubio.
—De mi cuenta corre qué no sea así… —dijo entre dientes.
—Conozco esa mirada, tienes un plan —dijo Ron.
Hermione asintió con una sonrisa ladina.
—Le mandaré una lechuza a Harry, la seguiremos por tierra y sabremos dónde están… —dijo la chica, orgullosa de su plan.
Ron le miró con una ceja levantada. Segundos después cambió su expresión por una más decidida a seguir ese y cualquier otro plan qué implicase encontrar a su marido.
—Bien, estoy listo, ¿Cuando partimos? —preguntó el pelirrojo.
—Mañana, no hay tiempo qué perder…
El pelirrojo asintió conforme, nada le iba dar más gusto qué atrapar el imbécil qué le estaba quitando a Draco, su Draco.
Estando en devuelta en la habitación decidieron tomar una ducha, Sirius y Remus compraron para ellos algo de ropa, con el fin de qué pudieran cambiarse y estar cómodos, al rubio le sorprendió bastante qué su tío conociera sus gustos, tenía qué ser la sangre Black, por qué claramente no veía otra forma de qué lo supiera. Y al igual qué Harry, le compró ropa entre el estilo de Harry y él de Sirius, cosa qué Draco agradeció.
—Muero por verte con eso puesto —confesó el rubio, besando su cuello, estando detrás de Harry, abrazándolo por la cintura.
—Sí continúas haciendo esto, nos tardaremos más —murmuró el azabache, recargado en el hombro de Draco, teniendo los ojos cerrados.
—No me pidas control teniendote desnudo frente a mí —dijo Draco, sin dejar de repartir besos sobre la piel suave de su…¿Novio? ¿Pareja?, ¿Qué nombre tendría su relación?.
Draco no estaba seguro de cómo llamar a eso qué tenían, su idea iba más hacía una pareja, no oficial, pues legalmente se encontraban atados a relaciones qué no querían tener, de momento lo único qué logró hacer cuando todavía estaban en el hotel, fue deshacerse de su argolla. En el momento qué entrelazo sus manos, un destelló en dorado llamó ligeramente su atención, y cuando se dió cuenta de qué se trataba observó sin decir nada. Harry se dió cuenta de inmediato y le tendió su mano para qué la retirara, Draco con una sonrisa en su rostro se deshizo de ella, luego él mismo ofreció a Harry hacerlo mismo, quedando libres de ataduras, pero hasta qué no firmarán el divorcio no podría ver a su pareja, cómo algo más qué sólo su amante.
—¿Qué pasa? —preguntó Harry al ver qué Draco se detuvo y observaba un punto fijo en la pared.
—Quiero ser completamente tuyo y qué tú seas completamente mío —murmuró.
Harry le miró con los ojos muy abiertos, llenos de sorpresa.
—Lo soy amor, soy tuyo y tú mío…
Harry se giró sobre sus talones para encarar a Draco y rodear su cuello con sus brazos.
—Sabes a lo qué me refiero —expresó con el semblante serio.
—Cariño, estamos haciendo todo lo posible por qué el divorcio esté listo y sabemos qué no lo tendremos fácil… a menos qué… —Harry se detuvo en la oración, no estando seguro de continuar.
—¿Estarías dispuesto? —preguntó el rubio con ansia.
—Sabes qué sí —respondió Harry, mirando directamente sus ojos.
—Entonces hazme el amor, hasta qué tengamos un hijo…
Draco no dejó qué Harry le respondiera, simplemente lo besó con ansia y desesperación, Harry por su lado no se alejó, estaba dispuesto a cualquier cosa por él.
