Harry pegó a Draco contra la pared, intensificando el ansiado beso, pero no sólo lograron su objetivo, ambos estaban llenos de deseo y necesitaban más, mucho más. Harry se preguntó por qué no se había dado cuenta lo mucho qué Draco lo prendía, era lógico qué al tenerlo cerca pudiera sentir algo por él, y vaya qué lo sentía. No sólo hablaba de la primera vez qué se acostaron y los momentos qué llegaron después, el rubio siempre significó algo para él, llámese enemistad o unirse por las circunstancias qué la vida les llevó y después amigos.
Nunca iba tener suficiente de él, pero ahora era todo suyo y no iba permitir qué nada lo apartara de él, nunca más.
—Cariño nos van a oír —dijo Harry, con los labios pegados en su cuello.
—No estás ayudando —se quejó Draco, girando su cabeza, dándole espacio a Harry de besarle.
—Puedo solucionarlo —murmuró, apenas despegando los labios de su piel.
Dicho esto, Harry alzó la mano y sin pronunciar palabra, la puerta quedó sellada y el cuarto de baño completamente insonorizado.
—Listo —informó el azabache.
Draco se sorprendió de no verle usar su varita ni escucharle pronunciar palabra, era bastante difícil realizar hechizos de esa forma.
—¿Cómo lo hiciste? —preguntó intentando mirarle, pero desde su posición le era bastante difícil.
—Hechizos no verbales, he practicado algunos sin varita, demasiado tiempo libre —dió cómo explicación.
Draco pudo haberle dicho algo reconfortante, pero la sensación de los labios de Harry recorriendo su piel le imposibilitaron las palabras, añadiendo qué a Harry no parecía importarle el hecho de qué su ex esposa lo dejaba sólo, pero ya no lo estaría, no mientras él viviera, con ese último pensamiento, Draco tomó a su pareja por los hombros y le besó, tan ansiado y profundo cómo nunca antes le había besado, atrayéndolo a su cuerpo desnudo, sumergiendo sus largos dedos por su cabellera oscura qué tanto le gustaba. Hubo fricciones entre ambos cuerpos, sus pieles ardientes comenzaron a necesitar más contacto por lo qué Harry levantó la escultural pierna de Draco y pasándola por su propia cadera recorrió su muslo firmemente con la mano hasta su culo y posteriormente la entrada deliciosa de su rubio, haciéndole soltar un gemido al sentir cómo su cuerpo recibía gustoso uno de sus dedos.
El azabache comenzó un vaivén con su largo dedo de la entrada de su pareja, pareciera qué su cuerpo tenía grabado en la memoria cómo Harry lo tocaba y le hacía sentir.
—Te… te necesito —jadeó el rubio cuando Harry introdujo el tercer dedo.
—Parece qué estás listo amor… —murmuró el azabache contra su boca.
Durante esos segundos, se mantuvo ocupado pasando sus labios por sus hombros, el cuello y su boca. Un par de segundos más y sacó sus dedos y ahora le ayudó a su pareja a sostenerse y tomarse un momento más antes de introducir su ya crecida erección.
—La tengo tan dura qué me duele —confesó el azabache.
—¡Métela ya Potter! —se quejó el rubio.
—Se me para más cuando me dices así… creo qué desde el colegio…
Pero Harry no le dio tiempo a contestar, había entrado en el de una sola estocada qué él único sonido qué emitió el rubio fue un gemido alto y placentero.
—Estás muy apretado cariño, así cómo me gusta… —habló Harry, jadeando por las sensaciones qué su amante le provocaba.
Harry comenzó a moverse lento y suave, hasta qué poco después le ayudó al rubio a rodear su cadera con las piernas y embestir más rudo. Draco era un mar de gemidos, se sostenía con todas sus fuerzas de la espalda de Harry, clavándole las uñas y deslizándolas por su piel, dejando marcas a su paso, a la par que se deslizaba sobre la pared a causa de los movimientos de Harry quién sostenía a su amante de sus largas y firmes piernas.
—¡Más Harry! ¡Por favor no dejes de follarme! —exclamó Draco, con la voz cargada de una inmensa excitación.
—Nunca amor… —respondió Harry con dificultad.
Las embestidas fueron más profundas, el rubio deliraba de placer y sus gemidos se incrementaron, Harry le respondía de la misma forma, con gemidos y besos pasionales.
—Me voy a correr —lloriqueó el rubio, mordiendo su labio inferior.
—Maldición, yo también te voy a llenar —gimoteó el azabache.
Dicho esto, un espeso hilo se semen aperlado salió disparado de la erección de Draco, mientras qué Harry tuvo qué embestirlo un par de veces más antes de llenar al rubio con su semilla, a ninguno le caería de sorpresa qué ante tales sesiones de sexo, le dieran la bienvenida a su primer hijo más pronto de lo esperado.
A Harry le gustaba ser abrazado por el rubio después de hacer el amor, cualquiera pensaría qué él era un chico de lo más tierno digno de pertenecer a al casa Hufflepuff, inclusive a Draco le pasaba por la mente, pero él así lo amaba, con su lado rudo y tierno, eran una perfecta combinación. El rubio se había logrado sostener en ambas piernas para llevar a Harry entre sus brazos aun recargado en la pared, le daba suaves caricias en su piel y le decía cosas bonitas al oído, hasta qué decidió ir a la tina con él, se metieron juntos y se encargaron de ahí mismo llenar la tina con agua tibia, Draco se recargó en la porcelana blanca, material del qué estaba hecho el jacuzzi, llevando a Harry con él, recargandolo en su pecho, dejándole descansar despues de su intensa sesión de sexo.
Draco repartió besos en su cuero cabelludo, ligeramente sudado pero a eso a él no le importó, también besó sus hombros, mejillas y labios, Harry sonreía ligeramente mientras se dejaba hacer, el rubio se dió cuenta de lo hermoso qué era su pareja sin las gafas, su bello rostro resaltaba más y le dejaba ver sus hermosos ojos de color verde esmeralda.
—Cariño, no te vayas a dormir —murmuró Draco al oído de Harry.
El chico en cuestión estuvo a muy pocos segundos de dormirse al cabo de sentir durante un rato el agua recorriendo su piel gracias al rubio, así cómo el jabón y nuevamente agua limpia para enjuagarlos.
—Estaba tan cómodo amor —Harry bostezó apenas terminó la oración.
—Vamos a la cama —sugirió el rubio.
Harry asintió e hizo uso de todas sus fuerzas para levantarse no sin haberse echado una buena cantidad de agua en el rostro.
Draco le ayudó a salir de la tina y le colocó una bata al igual qué él, al salir les sorprendió ver sobre la cama la ropa qué habían usado el día anterior completamente limpia y planchada, parecía nueva.
—Wow —expresó Harry sorprendido.
—Es demasiado… —dijo el rubio observando sus prendas perfectamente planchadas y acomodadas sobre la cama.
—Parece ropa nueva —dijo Harry observando su ropa.
—Ya lo creo…
Harry además de tener sus ya conocidas prendas, habían sustituido su chamarra negra por una chaqueta de cuero, ninguno tenía dudas quién era el responsable del regalo.
—Te pareces mucho a Sirius así —expresó el rubio en cuanto se terminaron de vestir, posando sus ojos en Harry.
—¿Lo crees? —preguntó el azabache colocándose sus gafas de nueva cuenta y acercándose al espejo qué había a un costado del armario.
—No tengo dudas y te queda bien, te ves muy guapo —halagó el rubio.
Harry le sonrió por el espejo y se volvió para mirarle sin dejar de sonreír.
—Te quiero —dijo y le lanzó un beso.
—Y yo a ti pero ven y dame ese beso —reclamó el rubio.
Harry no tuvo objeción ante la repentina orden, se giró sobre sus talones y a paso firme se acercó hasta él, rodeándolo por la cintura con sus brazos para luego besarlo lento y profundo.
Pero la muestra de amor no duró mucho, unos suaves toquidos en la puerta de madera les obligó a separarse.
—Adelante —respondió Harry, estando un poco separado del rubio.
La puerta se abrió y Sirius apareció detrás, sin dudarlo entró y al ver a su ahijado con su nueva prenda sonrió tan ampliamente qué sus blancos dientes se podían apreciar con detalles.
—Chicos —saludó el mayor a la pareja—. Veo qué te ha gustado el regalo —habló observando a Harry con orgullo.
—Bastante, muchas gracias —respondió el menor.
Aunque no era el tipo de ropa qué Harry compraría, no le molestaba usar algo regalado por su padrino. Siempre eran bien recibidos todos los obsequios de su parte.
—Por nada —respondió Sirius e hizo ademán de haber recordado algo—. Por cierto Remus y yo queremos hablar con ustedes
—Claro, vamos —dijo el azabache tomando a Draco de la mano y entrelazando sus dedos.
Salieron de la habitación y bajaron las escaleras hasta llegar al recibidor dónde al cruzar la puerta observaron a Remus de pie frente a la mesa de centro.
—Llegó algo para ustedes —murmuró Lupin, tendiendoles a cada uno un sobre blanco.
La pareja recibió su sobre con profunda extrañeza, y al mirar el remitente hubo sorpresa en conjunto.
—Saben dónde estamos —dijo Harry observando el remitente de la carta: Hermione Granger, su aún esposa.
—Es probable, pero no podrán pasar, Sirius y yo hemos puesto hechizos qué les impedirán aparecer o llegar vía chimenea —dijo Remus en tono calmado.
Draco pareció aliviado, por el contrario de Harry qué lucía más preocupado, si no hablaba pronto con Hermione las cosas podrían complicarse.
—Deberíamos abrirlas —sugirió el rubio.
Harry volvió a la realidad y se dispuso a abrir el sobre, dentro había un pergamino perfectamente doblado al igual qué él de Draco, y Harry tuvo la sensación de qué ellos habían estado juntos.
El azabache se aclaró la garganta para leer su contenido en voz alta:
Harry Potter, Se puede saber… ¡¿Dónde rayos estás metido?!, llevas dos días sin aparecer, estoy muy preocupada…
—Se nota su preocupación —dijo con sarcasmo antes de continuar su lectura.
Casualmente Draco desapareció también y sospecho su complicidad para vernos la cara de idiotas a Ron y a mí… Porque sé muy bien qué ustedes dos están juntos, ¡Tengan el valor de decírnoslo a la cara! Tal vez Ron no se haya dado cuenta por qué es muy inocente y cree en su esposo, pero.. ¿Sabés lo qué yo creo? ¡Qué él es…!
Harry dejó de leer la carta, su rostro se tornó rojo de furia, no tenía ningún derecho de llamarle a Draco de una manera tan despectiva, y por supuesto qué ella sospechaba qué estaba saliendo con él y no con alguien más, si no era estúpida, pero si una insufrible sabelotodo y sangre sucia. Harry odiaba llamar así a cualquier persona, tomando en cuenta qué su madre también era nacida de muggles, además él jamás discriminaba a ninguna persona, pero ella se lo merecía.
Draco supuso qué se refería a él de una forma no amigable y bastaba decir por qué. Compartía la idea con Harry y no tardaría mucho en atar cabos, llegando a la verdad.
—¿Qué ocurre? —preguntó Sirius al ver a Harry ardiendo en furia.
El chico no dijo nada y le tendió la carta a su padrino, quién terminó de leer sin abrir los labios ni pronunciar algún sonido.
¡Sé qué él es una puta barata qué se ha enredado en tus pantalones! y sí tienes un poco de decencia volverás conmigo si no quieren un escándalo Harry Potter.
Estás advertido.
Sirius suspiró controlando su notoria molestia, su mano tembló ligeramente con la intención de aventar lo más lejos qué pudiera la nota.
—No le tomes importancia a sus amenazas —declaró Sirius controlando la rabia—. Escúchenme bien, ustedes dos decidieron estar juntos por amor y no permitan qué nada ni nadie arruine esos planes, manténgase unidos
Draco sonrió sin poder evitarlo, realmente no le importaba lo qué una sangre sucia pudiera decirle, él tenía el amor de Harry y con eso bastaba.
—Gracias padrino —respondió el azabache.
—No dejaremos de querernos, ¿Cierto Harry? —preguntó el rubio con ligera preocupación en su voz, qué pasó desapercibida para todos, menos para Harry.
—Nunca lo dudes cariño —respondió el chico de gafas redondas y observando a Draco con profundo amor.
Sirius carraspeó y Remus a sus espaldas rió.
—¿Y qué dice tú carta Draco? —preguntó su ex profesor cambiando un poco el tema.
Draco desdobló el papel con lentitud antes de leer la carta:
Querido esposo.
He estado pensando mucho estos días qué la he pasado sin ti, y comprendí lo mucho qué te extraño, de verdad, cómo no te imaginas, tengo el presentimiento de qué Hermione se está imaginando cosas, en realidad si ha pasado por mi mente qué estás interesado en otra persona, pero no en Harry cómo ella insinúa, él es mi mejor amigo y jamás me haría eso…
Sólo quiero qué sepas qué no quiero echar por la borda nuestro matrimonio, tal vez podríamos darnos una segunda oportunidad.
Te ama, Ron.
Draco no quiso voltear hacía Harry de inmediato, esperó unos segundos antes de mirarle y lo descubrió más furioso qué cuando leyó la carta de Granger. Sus manos estaban contraídas en puños, sus nudillos casi blancos y su rostro de pocos amigos revelaron lo celoso qué estaba, a Draco le pareció adorable.
—Es necesario hablar con ellos —dijo el rubio.
—Estoy de acuerdo, no pueden esperar más tiempo, si la demanda de divorcio les llega y ustedes no han aclarado nada, podrán verse en un lío y con ello me refiero a qué no les otorguen el divorcio, al menos no tan fácil —afirmó Black.
—¿Y qué podrían pedir? ¿Dinero? tenemos mucho… —objetó el azabache sin esconder lo furioso qué se encontraba.
—No lo creo, más bien harán todo lo posible para qué ustedes la pasen mal —explicó Lupin.
—Lupin tiene razón amor —expresó Draco—. Si ya están recurriendo a las amenazas y chantajes, serán capaces de llegar a las últimas consecuencias.
—Sobre todo tú ex Harry, ella está obsesionada contigo, me atrevo a decir qué es algo enfermo —expresó Sirius en tono preocupado.
El nombrado analizó las palabras de los presentes, y entendió mejor el punto de Hermione. Ella quería provocarlo para hacerle aparecer y entonces sí, hacerle la vida más miserable.
—Tienen razón, debemos hablar con ellos, pero juntos y en un lugar público —dijo Harry.
—Podríamos llevar compañía, en caso de necesitarla… Theo y Blaise son aurores, estoy seguro qué no nos negarán su ayuda —expresó el rubio con entusiasmo.
Harry asintió estando de acuerdo.
—Está hecho, les recomiendo qué sea pronto, antes de qué ellos actúen —murmuró Remus.
—¡Ronald! ¡La lechuza se está alejando y no estás conduciendo cómo deberías! —se quejó Hermione por decimoquinta vez desde qué arrancaron el auto qué el padre de Hermione les había prestado para seguir a la lechuza por carretera.
—¡La única vez qué conduje fue hace años! ¡No es cómo qué los magos necesitemos transporte! —Le reclamó Ron.
Hermione soltó un bufido molesta, a ese paso los muggles se darían cuenta qué había algo raro sucedía con ellos.
Afortunadamente ya llevaban bastante camino recorrido desde Guildford, hasta Wiltshire eran al menos dos horas, pero a su ritmo estarían ahí en una semana, todo parecía indicar qué al menos Draco estaba ahí, Hermione dudaba un poco sobre el paradero de Harry, si él estaba dónde creía, había casi un abismo de distancia entre ellos y tenía qué aprovechar esa oportunidad de ordenar su vida y la de su esposo.
—Tenemos qué ser cautelosos —recordó la castaña, estando ya a un par de kilómetros de Wiltshire.
—Recuérdamelo cuando estemos frente a la Mansión Malfoy —gruñó Ron, sin despegar la vista de la carretera.
—Sí eso pasa tienes qué entrar, Draco es tú marido y tienes todo el derecho del mundo, no quiero excusas ¿Está claro? —aseveró Hermione.
—¡Cómo si Lucius Malfoy me fuera abrir las puertas de su casa sin antes lanzarme una maldición imperdonable! —musitó el pelirrojo.
—Lo haces por su hijo, no por él —respondió la castaña.
—¡Qué gran consejo Hermione!, ¡No lo hubiera pensado mejor! —dijo con sarcasmo, observándola por una fracción de segundo.
—De todos modos, ¿qué ganaría con entrar a esa casa? no me llevaría a rastras a Draco
—Por qué no quieres —murmuró.
Poniendo los ojos en blanco y soltando un bufido, Ron dió por finalizada la conversación, no necesitaba sus consejos sobre cómo manejar su matrimonio y cómo enfrentarse a la familia Malfoy, por un momento creyó qué Hermione había olvidado lo mal qué la trataron por ser hija de muggles y aunque él también recibió insultos, le tomó más importancia a sus sentimientos, por qué Ron estaba seguro de sentir amor y no estaba confundido cómo sus padres le dijeron en incontables ocasiones.
Pero él amaba a Draco más de lo qué nadie pudiera imaginar, y no podía darse el lujo de perderlo.
—Haré lo qué pueda —respondió al fin.
Hermione sonrió triunfante ante la decisión de su amigo y con su humor mejorado continuaron su camino hasta la Mansión Malfoy.
Una vez estando cerca decidieron continuar el recorrido a pie, ya qué el auto llamaría demasiado la atención, sin embargo la lechuza se había perdido de sus vistas y tampoco la vieron regresar, y podían afirmar con seguridad qué Draco se encontraba dentro de la mansión, al igual qué la lechuza quién muy probablemente tomaba un descanso antes de volver.
Lo qué ninguno sabía era qué la lechuza se desvió de último momento, pues la persona a quién iba dirigida la carta, se encontraba ya en otro lugar.
Faltaban 10 minutos para el mediodía, hora en qué habían citado a sus pronto ex esposos. Draco y Harry decidieron llegar temprano al restaurante en la ciudad de Londres, con el fin de ganar tiempo. Sirius y Remus les recomendaron no darle vueltas al asunto y si era posible, evitarán decir qué estaban juntos aunque ellos lo afirmaran, al menos hasta qué el papel de divorcio tuviera las firmas correspondientes.
Narcissa y Lucius Malfoy compartieron la idea de Black y Lupin, no era momento para desatar un escándalo, sobre todo cuando el mayor de los Malfoy detestaba salir en El profeta, él prefería qué la noticia de la nueva relación se diera a conocer más adelante. Bastaba decir qué Harry se sorprendió cuando escuchó las palabras del padre de su pareja, luego asimiló un poco mejor las cosas y dedujo qué, después de decirles a sus respectivas familias qué volverían a casa, su visión sobre la relación se tornó altamente positiva, sobre todo para los Malfoy. Por ello, decidieron no esperar más y afrontar su decisión, ya había transcurrido una semana del día en qué solicitaron el divorcio y Kingsley le avisó a Harry vía red flú en Grimmauld Place qué pronto tendrían los papeles, qué hacer una demanda cómo la suya y completamente anónima le tomó más tiempo de lo previsto.
Harry tomaba la mano de Draco por debajo de la mesa, a pesar de todo querían darse apoyo, sentirse acompañados, también hablaron de seguir intentando tener un bebé si la respuesta de firmar el divorcio se complicaba.
—Faltan cinco para las doce —anunció Draco, observando el reloj de manecillas colgado en la pared blanca del restaurante.
—Llegarán en cualquier momento —respondió Harry, apretando ligeramente la mano de su pareja.
—Ahí están
La voz de Draco tembló ligeramente cuando vió qué la puerta de cristal fue abierta por la hostess qué también a ellos los recibió minutos antes, dejando pasar a quiénes estaban esperando. Harry levantó la vista corroborando lo qué el rubio le dijo, y después de compartir algunas palabras con la hostess, un mesero uniformado con un traje especial para servir a los comensales los acompañó hasta la mesa dónde ellos aguardaban.
La mirada qué les dirigió Hermione en cuanto los localizó, pudo haberles hecho más daño qué un Crucio. A diferencia de Ron qué se encontraba entre aliviado y nervioso.
—Esta es su mesa, les dejaré revisar los menús un momento —dijo el mesero, entregándoles a cada uno la carta.
—Gracias —respondió Harry recibiendo dos menús, del cual le entregó uno a Draco, gesto qué Hermione no pasó desapercibida.
Cuando el chico se retiró, Hermione dejó de leer la carta y posó su mirada fría en ellos.
—¿Y bien? ¿Tienen algo qué decir? —preguntó la chica sin contenerse un segundo más.
—Sí —respondió el chico de anteojos, evitando la mirada de ambos, de pronto la mesa le pareció más interesante.
—Adelante…
Harry suspiró profundo antes de abrir la boca para hablar, necesitaba fuerzas para continuar y armándose de valor, siendo lo más sutil posible, volvió a tomar la mano de Draco por debajo de la mesa, siendo recibido con ese cariño qué la chica frente a ellos nunca le daría.
—Queremos el divorcio —soltó Harry al fin.
—¿Qué quieren qué? —preguntó Hermione pareciendo aturdida.
—El divorcio —corroboró Draco—. Lo mejor será qué hagamos el trámite fácil y rápido…
Pero Draco fue interrumpido por la chica en cuestión.
—Lo lograste… —bufó Hermione—, lograste quitarme a mi esposo, no sé por qué Ron se casó con una puta barata qué a la primera se acuesta con…
—¡Hermione! —dijo Ron llanamente molesto sin dejarle terminar.
—¡Granger…! —habló Harry en tono amenazante—. Vuelves a expresarte así de Draco y te juro qué me vas a conocer.
La mirada qué el azabache le dio, pudo haber detenido la rotación de la luna.
Hermione por su lado no se arrepintió de haberle llamado así.
—Harry, no vale la pena pelear con alguien qué carece de cerebro e insulta a las personas lo más despectivo qué puede por qué no tiene otra manera de defenderse —contraatacó el rubio.
—Cómo tú lo hacías en el colegio, ¿no Malfoy? —dijo la chica.
—A esa edad no teníamos siquiera conciencia de las cosas, la gente qué madura cómo tú Granger no lo hiciste no es culpa mía… –respondió Draco con gran elegancia.
Harry le miró con calidez en sus ojos verdes, cosa qué nunca notó cuando observó aquella sangre sucia.
—Tienes razón… —murmuró Harry.
—Entonces es verdad… —afirmó Ron observandolos a ambos—, ustedes están juntos
La pareja en cuestión no dijo nada debido al pacto qué tuvieron, además de coincidir en qué era lo mejor para ambos y el trámite qué seguía.
—Las respuestas las obtendrán cuando firmemos el divorcio —respondió Harry con voz tajante.
Hermione los observó con ambas cejas levantadas y expresión burlona.
—¿Y si no queremos? —preguntó la chica con voz retadora.
—Lo obtendremos de todas formas sólo qué ustedes deciden si es por las buenas o por las malas —respondió Draco devolviéndole la sonrisa burlona.
La castaña apretó los dientes con furia, su mandíbula se tensó debido a la rabia qué sentía.
—¿Ya no me amas Draco? —preguntó Ron, con la voz cortada y los ojos aguados.
Draco evitó mirarle, pero tenía que enfrentarlo y ser sincero con él.
—Cuando empezamos a salir creí sentir algo, después vino la boda y hasta el día qué decidí separarnos seguí esperando sentir algo más por ti —respondió el rubio con honestidad, por primera vez en su matrimonio.
Ron tenía el rostro empapado en lágrimas, su rostro se tornó rojo y bajó la mirada.
—¿Y por qué nunca expresaron su infelicidad? —preguntó Hermione.
—Por idiotas —dijo Harry, cómo si fuese obvio.
Draco se encogió de hombros en respuesta.
—¿Nos darán el divorcio? —preguntó Harry nuevamente—, por las buenas —añadió medio segundo después.
Hermione se cruzó de brazos, recargándose en el respaldo de la silla, observándolos detenidamente.
—Sólo si responden ¿Por qué lo quieren? —preguntó casi sin abrir los labios, la dureza en sus palabras era muy notoria.
—La respuesta es más qué obvia, nunca hemos sido ni seremos una gran pareja, Hermione tú sabes qué hice todo lo qué estuvo en mis manos y más para qué esto funcionara, siempre has sido tú la de la última palabra y es injusto por si no lo has notado —aseveró Harry.
—Bueno si es el caso podemos solucionarlo y darnos una segunda oportunidad —dijo la chica con esperanza en su voz.
El estómago de Draco se contrajo de tan sólo escucharla, quería vomitar.
—No, eso lo hubieras pensado antes de dejarme sólo durante días y aunque la situación fuese diferente, los sentimientos entran en juego —Harry hizo una pequeña pausa antes de continuar—. Nunca he estado enamorado de ti, si estuvimos juntos fue sólo para complacerte, a lo largo de mi corta vida pocas veces me he detenido a pensar qué es lo que quiero, tomar mis propias decisiones y no dejarme guiar por lo qué debo hacer o lo qué otras personas quieren, esa no es vida por dónde quiera qué lo veas
—¿Y qué es lo que quieres ahora? —preguntó la chica, manteniendo aquella posición firme.
—El divorcio por las buenas, si es por las malas no les gustará, ustedes deciden, de todas formas lo haremos —aseguró el azabache.
Hermione frunció los labios, observandolos a los tres, Draco le miraba con su ya conocido desprecio, Harry le dirigía una mirada cero paciente y decidida, por el contrario de Ron qué pareciera no prestar atención, estaba más concentrado en su llanto qué en aquella interesante charla.
—Bien, te lo daré, pero creeme vas a lamentar toda tu vida haberte separado de una mujer de verdad —musitó Hermione.
—¿Cuál mujer? ¿No vino o no la veo? —dijo Draco con intención.
Sus palabras dieron en el blanco, Hermione estaba roja de furia y Harry a su lado intentaba no reírse.
Ron por su lado todo le pareció extremadamente triste cómo para molestarse y sólo entonces estuvo un poco más de acuerdo con Hermione, había algo muy extraño entre ellos dos, ya lo discutiría con ella a solas.
—Eres el mago de la comedia Malfoy —respondió Hermione en tono hostil.
Draco se encogió de hombros sin darle importancia a sus palabras.
—Si ya no tienen algo más que agregar a esta conversación será mejor irnos, hemos tenido suficiente —mencionó Harry, levantándose de su asiento.
Por acto reflejo Draco se levantó enseguida lo cual captó la atención de Ron.
—Ustedes llegaron juntos ¿No? —cuestionó el pelirrojo—. Y si se van juntos sólo puede significar una cosa… ¡Han estado viéndonos la cara de idiotas! —estalló Ron.
Harry trató y de verdad que hizo por controlarse, no podía darse el lujo de tener una discusión qué desatase aún más las miradas de la gente a su alrededor. A pesar de estar acostumbrado hasta cierto punto no era lo mismo, tener un altercado en el mundo muggle podría traerles problemas y la verdad ya los tenían bastantes.
—Ya les dije qué obtendrán las respuestas qué necesiten el día qué firmen el divorcio, de momento pueden continuar especulando, no me molesta en lo absoluto, estoy acostumbrado —dijo Harry.
Draco tuvo la intención de abrir la boca y decir algo qué pudiera consolarlo, luego recordó qué no era momento, ya se encargaría de hacerle sentir mejor estando a solas.
—El niño dorado acaparando siempre la atención… —musitó Ron.
—¿Y ha sido mi culpa? —expresó Harry observando al pelirrojo aún de pie.
—¡Sí! esa estúpida historia de cómo mataron a tus padres sólo te ha dado gloria… ¡No eres más qué un imbécil aprovechado qué roba el amor de las familias sólo por qué nunca tuvo una propia!
Aquello fue la gota qué derramó el vaso, el rostro blanquecino de Harry se tornó completamente rojo, y sus ojos verde brillante destellaban una furia indescriptible qué nunca antes había sentido. Sin embargo antes de qué abriera la boca para defenderse y mandar mucho a la mierda a su ex mejor amigo, Draco se adelantó.
—Cállate Weasley —hacía mucho tiempo qué Draco no lo llamaba por su apellido, el rostro de su pronto ex esposo era digno de enmarcar—, Harry no tiene la culpa de qué inclusive tus padres le dieran más atención qué a ti, la culpa es de ellos y de toda la gente qué se ha encargado de exhibirlo y colgarse de él por qué sus vidas son miserables, y por si no lo recuerdas él les salvó el culo a todos de aquel asesino en serie…
Los muggles qué estaban a su alrededor escuchando muy atentamente la conversación palidecieron cuando Draco pronunció las últimas palabras, inclusive el camarero qué volvía para tomar pedidos se detuvo a medio camino con el rostro totalmente en blanco.
Harry pudo haber hecho caso a las advertencias de su familia y amigos, inclusive él mismo fue quién le dijo a Kingsley qué deseaba llevar el tema del divorcio lo más discreto posible y evitar notas en primera plana en El profeta, pero la necesidad de salir de ese lugar antes de qué alguna otra cosa pasara era urgente.
Observó rápidamente a espaldas de Ron y Hermione, dónde visualizó durante unos segundos a Theo y Blaise quienes asintieron levemente ante la mirada de Harry, siendo esta la señal para qué en caso de necesitarlo fuesen en su ayuda y ese era el momento.
Harry tomó la mano de Draco y antes de pensarlo caminaron a toda prisa a la salida, siendo perseguidos por sus ex parejas, rápidamente Theo y Blaise los siguieron a una distancia corta, procurando no ser vistos. Harry junto a Draco corrieron lo más rápido qué sus pies se los permitieron, sin soltarse de las manos, hasta llegar al callejón en el qué se habían aparecido. A lo lejos escuchaban unas fuertes pisadas, señal de qué Ron y Hermione estarían cerca de ellos pronto, sin embargo les alibaba qué Theo y Blaise les impidieron llegar hasta ellos o desatar una posible guerra.
Draco asintió a Harry, estando listo para aparecer y en el momento qué Ron y Hermione llegaron la pareja ya no estaba.
—¡Maldición! —bramó Hermione.
—¡Se largaron juntos! —dijo Ron, estando enfadado.
—¡Me doy cuenta! —gruñó Hermione.
Theo y Blaise no se acercaron más, después de haber escuchado decir qué sus se habían ido, y cuando escucharon el sonido de aparición se adentraron en el mismo callejón dando marcha al ministerio, su hora de almuerzo terminaría pronto y debían regresar a sus labores.
Cuando abrieron los ojos el ambiente era más cálido y hogareño, estaban en el vestíbulo de Grimmauld Place.
—¿Qué fue eso? —escucharon una voz a sus espaldas y pronto una figura masculina apareció al otro extremo del pasillo— Son ustedes… —dijo Remus con voz tranquila.
—Sí, lo siento, debimos aparecer junto a la chimenea pero…
—Tuvimos un contratiempo —terminó Draco por él ya qué Harry no estaba seguro de cómo responder.
Remus suponía qué las cosas con Granger y Weasley no habían resultado cómo esperaban, pronto se reunieron con Sirius quién estaba ansioso por escuchar nuevas noticias.
