Esta historia ya está terminada, así que habrá actualizaciones constantes para poder tener todos los capítulos de este fic por aquí.
Gracias por leer y nos veremos después.
Y no, no es lo que imaginan.
La primera vez que vio al castaño bajito pensó que se trataba de un chico de secundaria y no de preparatoria como decía ser. Incluso creyó que se había perdido de institución.
Pero las posteriores palabras de su hijo le confirmaron lo equivocada que estaba en esos momentos.
-Mamá- expresó su hijo -él es Sakurai Ryou, mi compañero de clase y del equipo de baloncesto. Lo traje conmigo porque debemos hacer un trabajo para mañana por parejas, espero no te moleste-
Inspeccionó rápidamente con la mirada al bajito castaño que se ocultaba un poco detrás de su hijo. Sus mejillas blancas y un poco sonrosadas por el calor de la tarde. Sus ojos de un color caramelo suave brillaban más cualquier otro par de ojos que haya visto en su vida. Y si le sumábamos el aire de tranquilidad y armonía que el menor desprendía sin mayor esfuerzo, el castaño era un ángel.
Era lindo.
-Mu-mucho gusto señora Aomine, Aomine-san ha hablado mucho de usted y del señor Aomine, me llamo Sakurai Ryou, un placer conocerla finalmente- pese a su nerviosismo inicial logro saludar a la sería y analítica morena quien le veía como si quisiera traspasar su alma. Hizo una pequeña reverencia mientras el sonrojo en sus mejillas iba en aumento.
Corrección, era putamente lindo.
Rayos, pensó ella ¿aún existen chicos así de adorables en la actualidad? Se preguntaba mientras veía ahora la expresión de su hijo. Daiki estaba callado, demasiado para gusto de la morena que resultaba ser su madre. Pero el que estuviera serio no significa que no fuera expresivo con sus acciones. En especial con sus ojos, ojos que había heredado de su amado esposo y que la habían cautivado en su juventud y seguía haciéndolo.
Daiki en esos momentos veía al castaño que estaba sentado en su sala escribiendo en su libreta las cosas que creía de utilidad de su investigación para su trabajo de una forma que alguna vez pensó, después de un año de estudiar en Toó y un año después de graduarse de Teiko nunca vería reflejada en el rostro de su hijo.
El chico que por tantos años le ha sacado canas verdes en más de una ocasión veía a su compañero de clase como si fuera algo irreemplazable.
Como si anhelara tener su grata compañía para siempre.
Era como si Daiki estuviera enamorado de Sakurai.
-¿Mamá?- pregunto el moreno viendo a su madre salir de la cocina con una bandeja con bocadillos y bebidas para Ryou y el, mas su progenitora no se acercaba a ellos.
Salió de sus conjeturas por la pregunta de su hijo, admite que aún estaba impresionada por el camino que habían tomado sus pensamientos -lo siento hijo, yo...- guardo silencio. La escena frente a sus ojos parecía la típica escena de las novelas que a ella no le gustan ver. Pero esa escena estaba protagonizada por su único hijo y su amigo.
Estaba presenciando algo único.
-Ryou...- llamo Aomine a Ryou quien estaba perdido entre letras y oraciones en su libreta, el castaño le vio extrañado -te equivocaste en la fecha, este suceso paso veinte años antes del primero que pusiste- se acercó más al castaño, tomo su libreta, su bolígrafo y le explicó detalladamente al castaño que le veía atento y con un adorable sonrojo en sus mejillas las fechas que había anotado mal.
Mei Aomine vio impresionada aquel actuar de su hijo. Hijo que sabía era un vago para hacer sus tareas pero muy aplicado en sus materias. Y de igual modo poco paciente para explicar y corregir los errores de sus amigos.
Incluidos algunos de los chicos de la Generación de los Milagros de Teiko. Que por cierto debía decirle a su hueco hijo que los llevara de nuevo a casa. Extrañaba a esos chicos.
Interesante, pensó la morena dejando la charola con comida en la mesita de centro y se fue a esconder a la cocina de su casa. Debía documentar lo que estaba viendo.
-¿Cariño? ¿Qué haces?- preguntó su esposo entrado a la cocina de su hogar viendo a su esposa extrañado.
-Daisuke- no le gustó mucho el tono de voz de su esposa -creo que nuestro hijo se ha enamorado por primera vez- comentó la morena mientras abrazaba a su marido.
-¿Y eso es... malo?- dudo en preguntar.
Mei sonrió y se acurrucó en el pecho de su esposo y después negó -yo creo que no, querido. Estoy segura que en el futuro tendrás material para molestar y avergonzar a nuestro querido hijo-
Daisuke sonrió complacido -nada me hará más feliz que eso, querida-
El primer amor del hijo del matrimonio Aomine sería una grata experiencia de recordar en el futuro.
Siempre he creído que entre este par, sería Aomine el primero en admitir que se enamoró de un honguito bonito y abrazable. Se me hace bonita la escena la verdad jsjsjs.
