Capítulo 3.

El momento había llegado. ¡Es ahora o nunca! Se dijo determinado.

Entró recio por aquellas puertas metálicas, abriéndolas de par en par, de las cuales sonó un gran estruendo. Del otro lado, la maestra fuego posaba en esa acción de contrataque, al llevar a cabo los entrenamientos.

El balón cayó con fuerza, pero no dio a ningún punto en específico; cayó al suelo sin que nadie lo recibiera, todas estaban sorprendidas por la absurda intromisión, pues el chico continuaba avanzando, recorriendo el gimnasio y llegando hasta el centro de la cancha. Con esas facciones denotando decidido y llevando en sus manos…

¡¿Pero que clase de sucio sabotaje es este?! Se decía así misma aterrorizada, o quizá avergonzada; por la imagen que el no maestro despedía.

Se había alistado lo mejor que pudo usando ropa formal. Pantalón de vestir, camisa de botones en color azul celeste, muy tenue. Zapatos azul marino lustrados, formales también. Con el cabello pulcro y recogido en esa curiosa coleta que siempre se hacía. Se duchó, perfumó y rasuró cualquier rastro de barba en su cara, denotando todo lo más alineado, de acuerdo a lo que los estándares de Azula, según la pasada charla con Ty Lee, determinaba. Pero no sólo eso, el no maestro traía en sus manos, un enorme ramo de bellas lilis de fuego; un tanto extrañas y difíciles de conseguir en Ciudad República.

Dejó de caminar quedando justo frente a ella, y sin duda alguna, sus compañeras de equipo no pudieron evitar la evidente reacción de asombro y cotilleo, que les invadió en el instante, por tres sencillas razones:

1. ¿Qué no es el ex novio de Suki Kyoshi?

Pues de esto había pasado casi un mes. El de la Tribu Agua no había querido dar un paso, hasta que todas las piezas estuvieran en su lugar. Tal como había planeado.

2. ¿En serio se atrevía a irrumpir en medio de un gimnasio lleno de alumnado?

Porque si las cosas salen mal, de lo cual había muy alta probabilidad, no sería fácil olvidarlo. Y la última, pero no menos importante.

3. ¡¿En serio, Azula Fire?!

Ese tipo debía tener mucho coraje… O era un tonto. Un adicto a las emociones fuertes.

La maestra fuego se sintió incomodada ante las atentas miradas y cuchicheos que comenzaban a generarse a su alrededor.

– Azula…– inició – Azula, yo…– titubeó ligeramente. Y esto le bastó para que su ceño se frunciera.

Los cuchicheos empezaban a escucharse con bullicio.

– ¡A CALLAR! – Se oyó tan fuerte, que incluso la maestra tierra en medio de su clase la escuchó. What? Frente a esto todos se quedaron en silencio. – ¡Esto no es un espectáculo que mirar! No quiero a nadie cerca. ¡A trotar! – Mandó a cada una de sus compañeras a dar vueltas a la cancha. Estas solamente obedecieron. – ¡Y tú, tonto campesino! – Lo apuntó acercándose amenazante hacia él. – No sé qué pretendes, ni con qué clase de traidores te confabulaste para llevar a acabo semejante usurpación. Pero créeme, lo pagarán. Tú y cada uno de ellos. – denotó realmente seria. – Ahora, lárgate de mi vista. –

Lo despedía. Sin embargo;

– Te equivocas, Azula, todo lo planee yo mismo. Y en cuanto a los confabulados no tienes porqué preocuparte, el único que está aquí esta tarde soy yo. Yo y nadie más. – Le hizo frente. De nuevo, sin retroceder o dar un solo paso.

¡Hm! – La maestra se sonrió malévola.

¡AHHH! – Salió corriendo de la cancha con los pantalones incendiados. ¡Oh, por su boomerang! Se tiró en medio de un bebedero para patos tortuga. – Ahh ~ sintió el alivio llegando a su cuerpo al extinguirse las llamas.

– ¡Jajaja! – La risas y murmullos no tardaron. – ¿Cómo te fue, amigo? – sonaron las burlas de los demás individuos que lo presenciaron.

– ¡Pff! – bufó pesado. Caminaba cojeando y estaba mojado; se dirigía al salón de su hermana.

Tiró el ramo de lilis de fuego, ahora desecho, en el bote de basura orgánica más cercano.

– Desde mi punto de vista te lo tienes merecido. – regañaba la susodicha.

– Katara, lo que menos necesito ahora es tu consejo – replicó adolorido.

– ¡¿Y tampoco necesitas mi curación?! – Frunció el ceño; viéndose molesta.

– Katara – se oyó casi suplicante. Con esto solo lo miró seria, continuando y haciendo uso de su agua control sanadora, destacando con su relajante luminiscencia. – Ahh ~ volvió a suspirar al quitarse el ardor de su pierna… – ¿Por qué estás tan molesta? – El joven tan sólo preguntó. Podía ver su gesto y como esta musitaba una que otra injuria.

– ¡Ja! – la chica se notó incrédula. – ¿En serio creíste que te apoyaría ciegamente en tu decisión? – cuestionó indignada.

– ¿Por qué no? Toph lo hace – Katara solo le dirigió esa mirada madura y desaprobatoria. – Okey, no. Mal chiste. – Se retractó de inmediato.

– No es momento para bromas, Sokka. Me asustas… Actúas como si los cuatro años de relación con Suki no valieran nada, y ahora te arrojas a los pies, o a las manos, incendiadas de una maestra fuego chiflada. – El guerrero la miró impresionado. La maestra agua le apartó un poco el rostro, girando levemente hacia otra parte, terminando de hacer uso de su control; apenada por lo que acababa de decir. Sabía de sobra la situación de Zuko y su familia. El mayor suspiró, evaluándolo.

– No quería decirlo, Katara. Pero supongo que sí se trata de ti, podría hacer una excepción. – La joven de nuevo volteó a verlo, consternada. – No lo sabía – comenzaba. – No sabía que cuando la besé por accidente, algo más surgiría en el fondo… Fue extraño, una emoción dentro de mí que se acrecentó. Algo tan grande, como no sentía desde Yue. – Pasó saliva pesado. – Admito que estos años con Suki han sido maravillosos… Ella me ha salvado a mí de tantas formas. – Ante esto los ojos de la maestra agua se humedecieron, reflejando como dos cristales. – ¡Ja! – sonó amargo. – Es una locura, ¿no? Cuando la vi a ella, a la Azula que se niega a mostrar, no lo sé, algo en mí cabeza hizo similitud, a la primera vez que besé a Yue… Tan indecisa y complicada, por hacer lo que debía o lo que quería sentir. – Respiró hondo. – Supongo que estoy destinado a sufrir. – Terminó confesando.

Sin poderlo contener, las lágrimas de la maestra comenzaron a correr, dolida frente sus palabras, y hasta un tanto conmovida por el pensar y sentir…

– ¿Hola? Por favor, quisiera hablar con Sokka Zhanzi – sentenció cortando con eso. Limpiando levemente sus mejillas.

– ¡Jajaja! – Ambos se rieron por su broma.

– Parece que cambiamos lugares. Por lo general yo soy el escéptico, y tú eres la idealista. – Destacaba gracioso. También cortando con eso.

– Sí, pero de vez en cuando podemos cambiar. – confirmó la otra, compasiva.

Se abrazaron…

– Sólo prométeme que evitarás salir muy lastimado. – nuevamente sentenció, esta vez preocupada.

– Para eso te tengo a ti. – replicó calmo. Bromeando un poco más, pero aceptaba sus palabras.

Se soltaron.

– Sí, pero no creas que siempre correrás con tanta suerte. – bromeó. – Ahora vete, tengo clase de cálculo. –

El mayor solo le asintió. Levantándose con su ayuda y volviendo a caminar. Y a pesar de su rotundo fracaso y piel mallugada, su decisión ya estaba tomada; y no se vio afectada en lo más mínimo… Hasta ahora.

Los siguientes días fueron un poco más de lo mismo. Ir de aquí para allá, ideando nuevos planes de conquista, porque por evidentes razones, Azula entendió que Ty Lee y Mai hicieron de las suyas brindando información al no maestro. Se vio sumamente indignada y las llamó traidoras. Fin de la discusión.

En cada uno de los planes, el moreno se vió incordiado o lastimado, y el resultado era el mismo:

¿Cartas? las quemaba, ¿peluches? los destrozaba parte por parte mientras lo veía de lejos, ¿dulces o chocolates caros? terminaba tirándolos a la basura, ¿flores?... Bueno, esas sin embargo las veía, las olfateaba un poco y después las dejaba olvidadas en algún lugar de la universidad. Su reacción siempre era tan confusa; y en cada intento por querer acercarse, este comenzaba y terminaba con el mismo patrón de reacciones.

– ¡AHHH! – Se podía escuchar una y otra vez los gritos del guerrero tras cada nueva interacción.

"Discutir, hacerle frente, terminar lastimado o herido de alguna forma... Ir a buscar a Katara y empezar todo de nuevo".

Era un trato muy rudo. Y ya se cumplían los dos meses con la misma rutina.

Recibir golpes y quemaduras, a estas alturas, no era lo peor de la situación…

Comenzaba a sentirse desalentado.

– Aghh ~ suspiró pesado; le dolía. Se limpiaba el labio partido, quitando la sangre molida que llenaba su comisura. Con ayuda de un pañuelo húmedo, dejaba correr por la tela la sangre apelmazada, manchando el fondo de porcelana.

¿Qué demonios se suponía estaba haciendo?

Se cuestionaba mirándose al espejo, curando él mismo sus heridas. Por hoy no había querido ir con Katara, comenzaba a sentirse escéptico al respecto; culpable. Más que por el dolor que sentía en este momento, porque lejos de esto lo tenía merecido, pues Azula siempre dejaba ir una amenaza o advertencia antes de atacarlo, era por él; quien parecía ser obstinado y de igual manera se acercaba. Terminando solamente, en esto…

¿De verdad estaba haciendo lo correcto?

Siguió preguntándose por un rato. Hasta que dejó de sentir el punzante dolor en sus labios.

Quizá para él, todo siempre resultaba ser demasiado tarde.

Fue lo último que pensó, antes de volver a salir por la puerta del sanitario.

A la siguiente semana no fue mas de lo mismo. No lo vio merodear por los pasillos, ni esperar afuera del aula. Tampoco lo notó cerca del gimnasio, y menos dejar estúpidas cartas en su casillero… Ni bobos regalos, o tontos adornos, nada. No hubo nada. Y por primera vez, en todos estos días y semanas, sintió que algo le faltaba.

Entrenaba furiosa, dejando que el balón de voleibol casi se incendiara en llamas sobre la cancha. Sus compañeras parecían querer esquivarlo a toda costa, pero esto no mejoraba en nada la reacción de Azula.

– ¡Que les he dicho de contratacar, cobardes! – Su humor estaba insoportable. Y muchas ya se olían la razón.

– Azula, ¿por qué no sólo lo buscas y le dices lo que sientes? –

Pobre chica.

No hace falta decir, que después del 'incidente entrenando' a la maestra fuego la suspendieron por un par de días.

Toc, toc.

El sonido viniendo desde fuera de la habitación llamó su atención. Pero sólo hizo gesto molesta, permaneciendo allí dentro encima de la cama. Sabía para qué estaba ahí…

– Azula, ¿podemos hablar? – lo escuchó.

Quisiera o no, estaba preocupado, pues él también recibió parte del daño colateral, al sólo ceder las cosas con Sokka.

– ¿Qué quieres, Zuzu? – respondió baja.

– Ya te lo dije. – Respondió sarcástico. – Sólo quiero hablar contigo, ¿de hermano a hermana? – cuestionó con cierto tono, entre inseguro y consternado por la situación.

Esperó su respuesta por un par de minutos…

Le abrió la puerta medianamente.

– ¿No me dejarás entrar? – preguntó, al ver el pequeño espacio; entre abierto.

– No me obligues a cerrártela en la cara. – Replicó seria. – Solo di lo que quieres. –

– Okey. Entonces quédate ahí y yo me sentaré en el pasillo. – hizo lo propio, decidiéndose simplemente a comenzar. Su hermana obedeció. – ¿Quieres contarme lo que pasó hoy? –

– ¿Por qué podría importarte? –

– Porque me preocupo… Siempre lo he hecho. – Declaró sincero.

– ¡Hm!, no me vengas con tus sentimentalismos, hermano. No soy como tus bobos amigos, quienes se divierten y confabulan compartiendo sus emociones –

– Lo sé, pero de vez en cuando ayuda. – sentenció determinado. La chica permaneció callada. – Sé que el equipo de voleibol es muy importante para ti. – continuó ante su silencio. – Honestamente, no sé qué haya pasado, pero…–

– Ya lo dijeron, fue un accidente. – replicó interrumpiendo.

– Sí, lo sé, pero nunca había pasado antes. ¿Estás distraída? ¿Hay algo que te preocupa o te molesta? Porque sí es así, yo podría…–

– ¿Qué? ¿Ayudarme? No vengas con cursilerías, Zuzu – volvía a interrumpir.

– No son cursilerías, Azula. ¿Hasta cuando vas a entender que de verdad me importas? Eres mi hermana, y te guste o no yo soy tu hermano. Para eso están los hermanos, para apoyarse. – Expresó exasperado.

La maestra fuego lo pensaba…

– Sí realmente te importa, entonces mantén a tus tontos amigos alejados de mí. – Le cerró la puerta; y el maestro fuego suspiró pesadamente.

– Entonces eso es todo, ¿te has dado por vencido con mi hermana? – El mayor lo cuestionaba sonando un tanto molesto.

– No es sólo eso, hermano. Es por como las cosas no parecen ir a ningún lado – Explicaba sintiéndose mal. Principalmente, por su nueva indecisión.

– ¿A qué vas con eso? – El otro continuaba con su interrogatorio.

– Ya te lo dije, y si no me crees, ¡mira! – Le enseñaba sus brazos y piernas mallugados, y como a pesar de las curaciones, ligeras marcas en su cuerpo se habían empezado a formar a causa de las quemaduras.

– ¿Entonces es eso? – Continuaba. – Sabías qué algo como esto pasaría y aún así decidiste involucrarte con ella. – Refutó.

– ¿Involucrarme? ¡No ha ocurrido nada! – sentenció exasperado.

– Tal vez no signifique nada para ti, Sokka, pero mi hermana esta suspendida por los próximos dos partidos. Esto significa mucho para ella, y si la conocieras, entenderías que fue porque detuviste tu estúpida conquista. – lo miraba seriamente. El moreno lo escuchaba. – No sé lo que harás, pero tienes que remediarlo. – Declaró dejándolo ahí. Contra la espada y la pared.

Se marchaba…

– ¡Pff! – El de la Tribu Agua, de nuevo bufó derrotado.

Se mantuvo toda la tarde distraído, tratando de ignorar la charla que sostuvo con Zuko en la mañana, pero; "Si la conocieras, entenderías que fue porque detuviste tu estúpida conquista". Su cabeza no dejaba de darle vueltas al asunto. "No sé lo que harás, pero tienes que remediarlo". Por lo menos ahora tenía una señal, un indicio, algo por lo cual aferrarse, para saber si todo lo ocurrido era verdad. Aunque todo en su cuerpo y su sentido común le decían que se alejara, su curiosidad nata y ese extraño sentimiento acrecentado en sus entrañas, no lo dejaban dar un paso atrás...

Tenía que saberlo. Se dijo nuevamente determinado.

Vagó cerca de su salón, pasó cerca del gimnasio, aunque en estos días no tenía mucho sentido. La suspendieron por su culpa. Hasta que sin más.

– Oye, ¿podemos hablar? – lo escuchó igual que aquella vez. La maestra fuego se sintió tensa, incrédula. Pero tenía que admitir, que había estado esperando a que el tonto de la Tribu Agua regresara.

– ¿Para qué has venido, burdo campesino? – se atrevió a mascullar pese a todo. Pretendiendo.

– Azula, tú y yo sabemos perfectamente porque estoy aquí, y si me permites hablar contigo de manera civilizada, te aseguro que después de esto, si aún no te parece, nunca más volverás a verme. – Explicó serio.

La chica lo pensó, dándose la media vuelta a su encuentro, comenzando a ver su cara... Bajo, serio y sin una pizca de inseguridad.

– Okey, campesino. Hablemos. – Consintió.

Pronto empezaron a caminar…

Llegaron a una de las zonas verdes de la institución. Al ya ser la tarde y hora de salida, casi nadie quedaba en el campus.

– Por favor, toma asiento. –

Esta lo miró despectiva, pero obedeció.

La brisa comenzaba a sentirse meneando sus cabellos. El chico suspiró pesado, y la joven solo aguardaba a que iniciara. ¿Por qué tardaba tanto?

– Escuché que te suspendieron de voleibol. – Declaró, dando paso a su charla.

– Si con escuchar te refieres a mi tonto hermano hablando a mis espaldas, no me sorprende que lo sepas. – Respondió con su actitud hostil.

– ¡Hm! – aun así le causó gracia, repartiendo una simple mueca. – Siempre tienes que ir a la defensiva, ¿eh? – bromeó un poco, haciendo clara referencia al voleibol, pero la otra solo denotó un entrecejo. No le agradaba que se tomara la libertad para hablar así con ella. Sin embargo;

– ¿Eso es todo? ¿Me trajiste aquí para hablar conmigo como si fuéramos amigos? – pareció indignada.

– Ujum – El otro solo le asintió.

– ¡Ja! – se sonrió escéptica, impresionada por su comportamiento.

– ¿Y qué es lo que esperabas? – Replicó serio.

– ¿Y los tontos peluches, las estúpidas cartas y demás cursilerías que utilizaste conmigo? ¿Lo hiciste porque querías que fuéramos amigos? – Le encaró.

– No sé porqué estás tan molesta, yo soy el que debería estar enfadado. Sólo mírame, cada vez que intentaba acercarme, terminaba más lastimado que la vez anterior. – Comenzaba a reclamarle. De nuevo, sin retroceder o dar un solo paso.

La maestra observó las múltiples vendas y curitas, que cubrían parte de sus heridas...su rostro se notaba cansado.

– Yo siempre te lo advertí. – prosiguió sin retractarse.

– ¡Lo sé! – también se vio molesto – Lo sé, y eso solo me hace un obstinado. –

– No. Te vuelve un tonto. – replicó segura.

– ¡Entonces lo soy, Azula! – Explotó. – Lo soy por querer acercarme. Lo soy por seguir pensando en ti a pesar de las burlas, los golpes y quemaduras. A pesar de que te hiciste cargo de romper y convertir en cenizas cada una de las cosas que te di… ¿Y sabes qué?, ¡sigo siendo un tonto!, por creer que algo de está charla te importaría, pero veo que solo eso soy para ti... Un tonto campesino. – El guerrero la veía, con esos ojos aguamarina clavándose como estacas de hielo sobre ella.

Ante esto la maestra desvío su mirada, cruzándose de brazos y denotando esa facción en su cara... Esa, que la vio hacer en su casa: 'Su puchero consternada'. El moreno comenzaba a respirar agitado, por su enojo, pero también por volver a verla usar esa expresión… ¡¿Eso que demonios significaba?! Se sintió confundido. Por un momento pensó en acercarse a tocarle el hombro, pero ya por experiencia, no volvería a hacer algo tan arriesgado.

Frente a su grande silencio se sintió desesperado, ¿pero que más debía hacer? Ya todo estaba dicho…

¿O no?

– Azula, sal conmigo. – Su mirada se turbó. ¿Qué carajo estaba diciendo? – Sé lo que dije antes, pero jamás te lo pedí. ¿Cierto? Por eso estabas tan molesta. Porque seguía dándote regalos, pero jamás te lo pedí. Jamás te pedí que salieras conmigo. – La encaró. El corazón de la chica casi dio un revuelo en su pecho, querría golpearlo, desaparecerlo de la faz de la tierra, pero…¿acaso es lo que quería? Se cuestionaba así misma incrédula.

– ¡Ja! – se vio quebrada; quería seguir pretendiendo, pero…– No tienes ni idea de lo que hablas. Vas por la vida como si lo supieras, pero no, ¡no sabes nada! No sabes nada sobre mí y tampoco te interesa. – Reclamó.

El moreno se acercó, pues por alguna razón y de alguna manera, comenzaba a verse doblegada.

– Tienes razón, Azula, probablemente jamás lo entenderé. Pero sí me lo permitieras, podríamos averiguarlo. – declaró calmo.

– ¡Hm!, ¿por qué querrías hacerlo? – se vio sarcástica. – ¿No te asusta lo que pueda pasar? – cuestionó baja.

¿Esa era su verdad? ¿Estaba asustada?

– Estoy aterrado hasta de muerte, pero vale la pena hacerle frente, e intentar. – se vio muy determinado. Acercándose cada vez más…

– No sabes cuanto podrías arrepentirte de pronunciar esas palabras. – sonó muy cerca de su rostro, como un susurro.

– Lo sé. – Le aseveró.