Ironic

Los días pasaban con inquietante lentitud para la banda. Era la época de exámenes de mitad del semestre en la universidad, momento en que el cuarteto priorizó sus estudios sobre los ensayos. Natsuki no vio ningún problema con ello. Si bien faltaba menos de un mes para el concierto junto a Cement Adiction, los ensayos previos habían ido bastante bien, así que ninguno creyó que hubiera algún inconveniente en dejarlos momentáneamente en segundo plano.

Tal como en ocasiones anteriores, Nozomi se unía a ellos durante las sesiones de estudio en la biblioteca de la universidad. El ambiente distendido ayudó a los cinco jóvenes a concentrarse, aunque no faltaban jugueteos ocasionales entre Natsuki y Yuuko. La flautista notó que estos eran algo menos intensos que en el pasado. Las discusiones seguían ahí, pero más calmadas, y no solo por el lugar en el que se hallaban.

—Parece que el noviazgo les ha sentado bien —comentó en un momento de descanso.

Las dos guitarristas compartieron una sonrisa de complicidad.

—Digamos que hemos aprendido a ser la paz para la otra —afirmó Natsuki.

—Y amamos esos tiempos de paz entre nosotras —complementó Yuuko.

Nozomi sonrió, al igual que Miyuki y Hibuki.

—Tanto que negaban la posibilidad de ser más que amigas, y mírense ahora, felices disfrutando de su relación.

Yuuko iba a decir algo, pero Natsuki se juntó, frotando su mejilla contra la de ella. La rubia sonrió imitando el gesto. Miyuki aprovechó, agarró su teléfono y les tomó una fotografía.

—Ya llevamos cuatro meses de novias y ustedes lo saben desde el primer día. ¿Recién se les ocurre tomarnos una foto? —protestó Natsuki, sin borrar la sonrisa de su rostro.

—Sí, recién se nos ocurrió.

Los cinco jóvenes rieron y esa fue toda la respuesta que la guitarrista obtuvo. Tras esto, todos regresaron a sus libros de texto, retomando su sesión de estudios.


Natsuki sabía que no todo podía ser bueno todo el tiempo, pero no pensó que las cosas se pudieran poner tan mal en cuestión de instantes. Superados los exámenes de forma satisfactoria, Ao no Danjon decidió reunirse en Make Some Noise para retomar sus ensayos, sin contar con que la guitarrista atravesaría un mal día.

Todo empezó al despertar. Al ser domingo y no tener nada por lo que tuvieran que despertarse temprano, ni ella ni Yuuko habían puesto alarma alguna. Ambas confiaban en que despertarían a media mañana, por lo que Natsuki se extrañó cuando notó, al revisar su teléfono tras abrir los ojos, que ya era más de mediodía.

—Yuuko, despierta —llamó con voz autoritaria.

—Es domingo, cariño —refunfuñó la rubia, aún adormilada.

—Lo sé, pero tenemos ensayo con la banda en menos de dos horas.

Yuuko se incorporó. Miró con los ojos entrecerrados a Natsuki, en parte medio dormida, en parte incrédula.

—Acordamos hacer el ensayo a las dos de la tarde —protestó.

—Lo sé, y ya es más de mediodía —insistió Natsuki, enseñándole la hora a su novia. Su voz sonaba algo intensa.

Yuuko mantuvo la calma, soltando un largo bostezo. Esto pareció exacerbar a la chica que tenía al lado.

—Creo que una hora basta para que prepare algo ligero y lo comamos antes de salir —meditó en voz alta, levantándose—. Así podremos salir con tiempo de sobra. Make Some Noise no está muy lejos de aquí.

Natsuki suspiró con cierto alivio, siguiendo a Yuuko con la mirada. Esta, tras acomodarse uno de sus listones sobre su cabeza, volvió a acercarse a la cama y le dio un tierno beso en los labios a su novia.

—Buenos días, cariño. O bueno, tardes.

Natsuki se permitió sonreír, pensando que no sería un día tan malo.

Tras un desayuno/almuerzo tranquilo, las dos chicas se dispusieron a dirigirse hacia Make Some Noise para el ensayo. Sin embargo, aquel día el elevador del edificio donde se ubicaba la residencia de Yuuko sufrió una descompostura, por lo que las chicas tuvieron que usar las escaleras. Para empeorar las cosas, cuando estaban a punto de llegar a la planta baja, Natsuki tropezó y cayó, arrastrando consigo a Yuuko, ya que iban tomadas de la mano. Por suerte, no fue una caída muy alta, así que ninguna de las dos resultó lastimada.

—¿Estás bien? —preguntó Yuuko tras ponerse de pie, ofreciéndole la mano a su novia.

Natsuki gruñó en respuesta, en parte adolorida por el golpe, en parte frustrada por el mal comienzo de día que estaba teniendo. Poniéndose de pie, se descolgó el estuche de su guitarra y lo abrió para revisar que el instrumento no hubiera tenido algún daño por la caída. Todo parecía estar en orden.

—De no ser porque está cerca el concierto, llamaría a Yamazaki para pedirle que cancelara el ensayo —comentó, dejando salir su frustración—. No creo que vaya a ser muy fructífero hoy con la suerte que traigo.

—Si quieres, puedo llamarlo e intentarlo —sugirió Yuuko.

Natsuki negó con la cabeza.

—Te lo agradezco, pero no creo que funcione.

La joven Nakagawa hizo su mejor esfuerzo por pulir una sonrisa, sin éxito. Su novia, en un intento por subir su ánimo, besó con ternura su mejilla. Ambas retomaron su camino hacia Make Some Noise, esperando que las cosas mejoraran. Si bien no hubo más incidentes en el camino, el día estaba lejos de terminar.

Nada más iniciar el ensayo, una de las cuerdas de la guitarra de la joven Nakagawa se rompió. La chica se apresuró a cambiarla manteniendo la calma, pero la cuerda de repuesto tenía problemas en mantener la afinación. Aplicó todos los trucos que sabía para que la cuerda se asentara de forma correcta en su sitio y afinada, pero nada funcionaba, hasta que esta también se rompió. Frustrada, Natsuki resopló, se descolgó su instrumento, lo dejó sobre su estuche y se sentó contra una de las paredes de la sala, apoyando su cabeza entre sus piernas. Yuuko hizo lo mismo, sentándose a su lado y abrazándola.

—Podemos pedirle al señor Horiuchi que nos preste una guitarra —sugirió Miyuki, sin entender del todo lo que estaba sucediendo.

—Seguro la termino estropeando —escupió Natsuki con furia.

Yuuko acomodó sus brazos de forma que pudiera retenerla de ser necesario. Miyuki, sin saber qué hacer, miró a Hibuki, buscando en él alguna respuesta, o refugio. Él le devolvió una mirada similar, contagiado por la tensión que imperaba en ese momento. Era la primera vez que ellos dos veían a Natsuki de esa forma. Sentían que cualquier cosa que dijeran podría hacer que ella se desbocara por completo.

—Yuuko, suéltame —ordenó la guitarrista. Ni bien la rubia obedeció, Natsuki se puso de pie y se dirigió a la puerta del salón—. No puedo continuar así. Lo siento. —Tras decir esto, abandonó el lugar.

—¿Acaso ella acaba de… renunciar? —A Miyuki le costó pronunciar aquella pregunta.

Tanto ella como Hibuki miraron a Yuuko, con la esperanza de que ella negara cualquier posibilidad de una renuncia.

—Creo que necesita un tiempo a solas —respondió la rubia, tratando de sonar convincente tanto a sus compañeros de banda como a ella misma. Luego, procedió a relatar lo que vivieron desde que despertaron.

—Parece que Nakagawa acumuló demasiadas cosas en estas semanas hasta que no pudo más —comentó Hibuki tras escuchar el relato de Yuuko.

—Creo que tienes razón en que ella necesita un tiempo a solas —complementó Miyuki, aún con tristeza en su voz.

Todos asintieron. Yuuko tomó su teléfono y le envió un mensaje de voz a Natsuki, diciéndole que, cuando se sintiera lista, ahí estaría para escucharla y apoyarla, y que la amaba con todo su corazón. Luego de esto, los tres retomaron el ensayo, esperando que fuese el único sin Natsuki.


Natsuki caminaba desorientada por las calles de la zona aledaña a Make Some Noise. Una vez que su ira cedió, comenzó a reprenderse en su mente por haber actuado de esa forma. Como dicen, había hecho una tormenta en un vaso de agua. Quería volver, disculparse y ensayar con sus compañeros como se supone que debía estar haciendo en ese momento, pero había dado tantas vueltas que ya no sabía dónde estaba. Para completar, su teléfono se había descargado, por lo que no podía usarlo para ubicarse en la aplicación de mapas ni pedir ayuda. Llevada por su instinto, buscó alguna calle transitada y la siguió, esperando encontrar algún lugar familiar y así poder ubicarse.

La guitarrista deambuló por un buen rato, maldiciendo su mala suerte y el consecuente mal carácter que había tenido aquel día, hasta que se dio por vencida de la idea de volver a la sala de ensayo. Desafiando esa mala suerte de su día, tomó un taxi y se puso en camino hacia Uji, en busca de cierta persona con quien pudiera desahogarse.

El viaje transcurrió sin inconvenientes, para alivio de Natsuki. Había la posibilidad de que la persona que buscaba no estuviera en casa en ese instante, pero no le importaba esperarla. Al llegar a su destino, vio a dicha persona junto a su novia, se apresuró a pagar y bajarse del vehículo, y corrió a abrazarla.

—¡Nozomi, lo arruiné todo! —exclamó rompiendo en llanto.

Extrañada, la flautista correspondió el abrazo de su amiga, acariciando su espalda. Mizore se acercó a ellas y se unió al abrazo. Poco después, las tres chicas entraron en la casa de la familia Kasaki, donde escucharon a la guitarrista en torno a unas tazas de té.

—No pensé que tuvieras tanto acumulado —meditó Nozomi—. Cuando nos encontramos en la universidad, parecías la de siempre.

—En parte gracias a Yuuko. Ella hizo un gran esfuerzo por mantenerme calmada. —Natsuki sonrió con tristeza—. Nuestros roles se invirtieron bastante desde el año pasado. Aun así, he guardado muchos de mis temores incluso de ella. Supongo que, tarde o temprano, todo iba a salirse de control.

—Deberías contactarla —intervino Mizore. Su rostro inexpresivo hizo que aquello sonara como una orden, pese al suave volumen de su voz.

Natsuki miró su reloj, notando que eran cerca de las seis. ¿En qué momento pasó toda la tarde?

—A esta hora ella ya inició su turno. No creo que sea el momento adecuado para ello.

—Aun así, envíale un mensaje o algo que le indique que estás bien. Seguro está preocupada por ti.

Nozomi tenía razón. Con casi cuatro horas sin contactarse, la preocupación era obvia. Natsuki suspiró y tomó su teléfono.

—¿Me prestas un cargador? —preguntó algo apenada—. Estoy sin batería.

—Seguro.

La flautista alcanzó el cargador de su teléfono a su amiga, quien conectó el suyo y se apresuró a encenderlo. Una vez que el sistema operativo estuvo listo para funcionar, la notificación de un mensaje de Yuuko apareció en pantalla. Natsuki lo abrió tan pronto como pudo, reproduciendo su contenido. Escuchar esa voz diciéndole que la buscara cuando se sintiera lista y que la amaba la tranquilizó y le hizo sonreír. "Te veré cuando termine tu turno. También te amo mucho" escribió en respuesta.