Había terminado de estudiar unos problemas de matemáticas, cuando me surgió la necesidad de ir al baño. Me despedí de Shikamaru y Chouji, a quienes me encontré por casualidad en el pasillo y luego, me dirigí hacia las escaleras más cercanas para subirlas.

A esa hora tendría completa privacidad en el tercer piso. Odiaba tener que convivir con los demás y más en esas circunstancias. Al terminar, me dispuse a lavarme las manos. Hasta que, de pronto, escuché un ruido extraño dentro de uno de los cubículos.

Llanto.

Me sequé las manos lo más rápido que pude, obteniendo un papel de la máquina expendedora a mi izquierda, y me acerqué el cubículo de en medio. Moví la puerta. No tenía seguro. Por los sollozos, creí que se trataría de Konohamaru, siendo acosado de nuevo por los chicos de tercero de secundaria.

Sin embargo, para mi gran sorpresa, no era él quien estaba sentado en el asiento del inodoro.

Era una chica, con su cabello rosa cortado en mechones desiguales y su piel blanquecina llena de moretones. Podía verlos con claridad en sus brazos y piernas porque solo tenía puesta su ropa interior blanca, con bordes rosados. Lloraba y temblaba asustada. Mucho más cuando me vio entrar.

-¡No debe estar muy lejos!

Reaccionando por la repentina voz de un muchacho; escuchándose desde el pasillo, entré al cubículo y cerré la puerta con seguro, dándole la espalda a la joven.

Unos segundos después, alguien entró, haciendo un gran escándalo al patear cada una de las puertas de los cubículos, hasta llegar a esta.

-¡Sal de ahí, mujerzuela!

La chica a mis espaldas dio un brinco sobre la tapa de la taza y se tapó con fuerza la boca, usando sus manos.

-¿"Mujerzuela"? – pregunté.

El lugar se quedó en un tormentoso silencio.

-¡Vámonos, Zaku! – ordenó otra voz, consiguiendo que la sombra que veía por debajo de la puerta se marchara sin más.

Exhalé el aire que contuve en mis pulmones y me giré hacia la joven. Ella también pareció calmarse un poco, aunque no paraba de temblar. Yo también tendría frío si me obligaran a andar por ahí solo en ropa interior.

Tomando aire y exhalando, me quité mi camisa blanca de mangas cortas y se la coloqué por encima de los hombros. Se la puso de inmediato. Por desgracia, no podía cubrirla completamente, por más que la estirara hacia abajo.

-¿Puedes caminar? – la cuestioné, consciente del dolor que debía estar sufriendo por los moretones.

Ella asintió, sonrojándose y con sus ojos verde jade dirigidos al piso. De inmediato recordé que esta situación era más que inapropiada. Por ello, le di la espalda de nuevo y me arrodillé.

-Sube.

Aceptó mi raro gesto de amabilidad, inclinándose hacía mi espalda. Al sentir su cuerpo, la tomé con cuidado de las piernas; escuchando un quejido de su parte, y me levanté.

Quité el seguro de la puerta y salimos del baño, asegurándome de que los tipos que la habían seguido hasta ahí, acorralándola, no estuvieran en las cercanías. Volví a respirar aliviado al confirmar que estábamos solos.

Con la luz del atardecer iluminando las ventanas a nuestra derecha, me dirigí hacia los casilleros del gimnasio en el primer piso, procurando siempre irme por un lugar donde no hubiera nadie.

Cuando llegamos, senté a la pelirrosa en una de las bancas de madera que había en el centro del espacio y me encaminé a mi casillero. Mi mamá me mataría al día siguiente por tener un reporte, pero esta era una situación de emergencia. Al encontrarme con la bolsa que buscaba, se la pasé a mi acompañante.

-Está limpio. – le aclaré, procurando no verla. – Puedes devolvérmelo cuando puedas.

Ella aceptó la bolsa y la abrió, quitándose de inmediato mi camisa y cambiándola por mi uniforme de deportes. Su suspiro de alivio hizo que la viera por el rabillo del ojo, antes de voltear por completo.

La playera de mangas largas y los pantalones azules de tela gruesa le quedaban flojos. Pero eso era mejor que verla casi desnuda. Pasando mis ojos de nuevo por su rostro, me di cuenta de que su ojo izquierdo estaba hinchado y morado. Después me enfoqué en su cabello, desordenado a más no poder.

Volví al casillero y saqué un kit de emergencia que tenía, con peines de varios tamaños, gel y tijeras. Le pedí a la joven que se sentara de nuevo en la banca. Me coloqué detrás de ella con un peine y unas tijeras en mano y le arreglé lo mejor que pude sus mechones rosados.

No hablaba ni se quejaba. Quizás porque no tenía ninguna herida en su cuello.

-¿Cómo te llamas?

-Sakura. – respondió con simpleza. – Sakura… Haruno.

-Sasuke Uchiha. – me presenté. Cuando terminé, bajó su mirada enseguida. - ¿Por qué estabas siendo perseguida por esos chicos?

-Querían violarme. – respondió, antes de cubrirse el rostro con las manos y empezar a llorar de nuevo.

La miré inexpresivo.

Podía imaginarme a esos infelices sosteniéndola con fuerza de las muñecas, golpeándola, gritándole que se callara y rasgando su uniforme.

Cerré los ojos para volver a la realidad. Cuando los abrí de nuevo, guardé el peine y las tijeras en el estuche negro, con las otras cosas, y tomé la camisa de mangas cortas de mi uniforme. Me la puse y me la abotoné.

Sakura continuaba llorando. Si había tenido demasiado miedo por haber experimentado, algo cercano a lo que acabo de imaginar, no podía culparla. Mucho menos detenerla.

-¿Dónde vives? – pregunté de repente.

Ella retiró sus manos de su rostro y me miró confundida.

-Te acompañaré a tu casa.

Fin del capítulo.


Pensé que tendría que hacer 1001 modificaciones para traerles la continuación... pero no, no fue así, jajaja XD Agradezco MUCHISIMO los comentarios de Francisvict y MichPav76 Espero les haya gustado la continuación! Muchas gracias por leer! Saludos a todos!