CORRUPTED MIND
-Imitación-
…
No había querido pensar en su ropa.
Todos esos días, empezó a usar ropa que encontró, ropa que le prestaron, cosas básicas, pero no lo que era su traje de combate, y ahora tenía los vestigios de este frente a ella.
Había un bolso con sus cosas.
Ardía, como ardía.
El solo sentir la tela de su capa, esta rasgada, causaba que su garganta comenzara a hacer sonidos, a gruñir, furiosa, y así fue con el símbolo que su madre le heredó, en el metal el peso de la promesa que debió hacer cuando era una niña. Su arma también estaba ahí, lo sabía, pero no rebuscó, no quiso ni siquiera observarla, sabiendo el asco que le daría.
Simplemente soltó un suspiro, volviendo a cerrar el bolso.
Ocultando su pasado, la persona que debía ser, y que ya no era ni jamás sería.
Todo lo que podría usar estaba roto ante la severidad de su transformación, solo eran piezas desgastadas de la ropa que usó durante su largo viaje, y le tenía cariño, porque estaba usando esa ropa cuando se descubrió a sí misma, cuando hizo algo por sí misma, por su propio gusto, y luego cuando fue corrompida y fue libre.
Pero ahora no quedaba eso, y era una burla en sí misma.
En ese bolso estaban tanto los vestigios de la persona que creó a base de otra, y así también los vestigios de la persona que fue por sí misma, la verdadera Ruby.
Y ya no quería volver a ser la falsa, la imitación.
Pero también sabía que tampoco podría ser ella misma.
No era lo suficientemente fuerte, en el cuerpo que ahora tenía, para ser ni uno ni lo otro.
"¿Ya estás pensando en comprar otro equipo?"
La voz de Yang no la tomó por sorpresa, pudo escuchar sus pasos acercándose, pesados, así como su aroma fuerte, intenso. Así que tuvo tiempo para pensar que diría, al final, Yang lo notaría, notaría que iba a dejar su pasado ahí, en ese bolso, y no lo volvería a tomar. Obviamente esta no le habría preguntado de no haber dicho que estaba mejor, y si, lo estaba, porque sentía su aroma en Weiss, y con eso ya nada parecía molesto, ya nada le abrumaba tanto como no tener asegurado el hecho de que su hembra le pertenecía, sin embargo, su cuerpo seguía siendo el mismo.
Débil, incapaz, cansado.
Pero mentía, siempre mentía.
Cuando les dijo a todos que ya estaba mejorando, que ya se sentía más fuerte, mintiendo, notó como Weiss la miró, preocupada, pero no dijo nada para negar la evidente mentira que estaba diciendo, porque, al final, solo Weiss tenía acceso a los exámenes que le hacían, así que sabía que aún no tenía Aura, que aún no duraba ni diez minutos corriendo antes de caer destruida, agotada, su estamina siendo menos que nunca.
No tenía energías, en lo absoluto.
La oscuridad que tenía dentro se llevó su Aura, y era agotador el tener aquel espacio vacío.
Pero debía pretender, no podía dejar que se preocupasen por ella, que le tuvieran lastima, o que supiesen que no era más que una carga. Al final, era una cazadora, era quien motivó a todos los presentes a seguir adelante, a salvar el mundo, que los instó a seguir el mismo camino que le fue impuesto apenas nació.
Y era una hipócrita al odiar tanto ese camino y obligar a otros a caminar a su lado.
Se dio vuelta, mirando a Yang, sonriéndole.
"Tengo que hacerlo, todo está destruido, además, necesito ciertas comodidades ahora que tengo esta cola."
Pasó a llevar la mano por esta, por el pelaje tupido, y era gracioso lo tensa que estaba, sin fingir como ella fingía, mostrando la tensión que sentía sin miramientos, exponiéndola, pero al menos nadie parecía mirarla, mirar sus orejas, como si sintiesen culpa de ver aquello, la culpa que la humanidad cargaba ante la especie a la que marginaron.
Y honestamente, prefería que la marginaran a que sintiesen culpa por algo que evidentemente no era su culpa.
El estar así, fue su culpa, solo suya, fue su error, y fue el error que más disfrutó en su vida.
Yang se le acercó, sonriéndole, y acercó su mano, ofreciéndole unos billetes.
"Toma, asegurate que le hagan a tu ropa un agujero grande para esa cola inmensa que tienes."
Notó el buen humor en Yang, ocultando la culpa, ofreciéndole dinero sabiendo que no iba a ofrecerse su compañía. Pero era mejor, no creía que ambas pudiesen estar tanto rato juntas después de todo. Las mentiras, una tras otra, destrozarían más su relación ya marcada por el abandono, así que prefería que estuviesen así, manteniendo las distancias.
Se habían abandonado mutuamente, así que ya no había vuelta atrás.
No eran las niñas que fueron criadas para ser.
Soltó una risa, estirando la mano para tomar los billetes, evitando rozar la mano ajena, el siquiera que el aroma ajeno llegase a su cuerpo, como si de un veneno se tratase.
Solo debía de estar el aroma de Weiss en ella.
El de nadie más.
"Gracias, Yang, me acabas de salvar de pasar el resto de mi vida desnuda."
Yang soltó una carcajada, y parecía que esta iba a decir algo, pero sus orejas, su olfato, le avisaron que Weiss estaba acercándose a la habitación, su aroma puro, tan puro, así que ahí no pudo prestarle atención. No, nada ni nadie podía ocupar tanto su cabeza como esa mujer, su mujer.
Sabía que su cola había dejado su tensión, moviéndose, dejando en evidencia la felicidad que le daba el solo verla, y esperaba que siguiesen sin notarlo.
Cuando Weiss estaba entrando en la habitación, Yang se le acercó, lo suficiente para susurrarle, susurro que sus oídos podían escuchar perfectamente bien desde la distancia, pero no era para que solo ella lo escuchase, si no para que Weiss no lo hiciera.
"Creo que a Weiss no le molestaría."
Yang soltó una risa estrepitosa mientras salía de ahí, guiñándoles un ojo, y Weiss, quien ya estaba ahí dentro, la miró frunciendo el ceño, habiéndola escuchado, por supuesto, su hermana no era precisamente silenciosa ni siquiera para susurrar, pero le causó gracia la expresión confusa de Weiss.
Bueno, no sabía eso con seguridad, pero estaba segura de que a ella no le molestaría el ver a Weiss desnuda siempre, aunque tendría que aniquilar a quien sea que la mirase. La quería ver así, siempre, pero solo ella, le sacaría los ojos a quien osase ver más de lo permitido.
Weiss negó, sabiendo que Yang no diría nada, esta huyendo de la escena, y luego se le acercó, notando los billetes que tenía en la mano.
"¿Te dio dinero para que te compres un equipo nuevo?"
Asintió, guardando el dinero en el bolsillo de su pantalón. Era su buen gesto como hermana mayor, al parecer.
"Supongo que ya es hora de hacerlo."
Weiss la miró, frunciendo el ceño, y la notó mirar hacia afuera, asegurándose de que nadie estuviese cerca de la habitación, o al menos cerca de la puerta. Cuando los azules la observaron, notó preocupación en ellos.
"No tienes que forzarte a hacerlo."
Su voz fue un real susurro, sus orejas meneándose intentando captar los sonidos suaves, lográndolo sin problema.
Si, Weiss sabía la verdad.
En el momento que tuviese su equipo de vuelta, ya no tendría excusa para marginarse de las misiones, aunque, al no usar a Crescent Rose, dudaba poder hacer algo, no, de hecho, incluso con Crescent Rose no tendría oportunidad alguna. Podía resistir ese peso, su cuerpo estaba capacitado para hacerlo, sin embargo, dudaba ser capaz de mover su arma de un lado a otro como antes, si apenas podía correr, dudaba hacer algo más.
Era difícil mentir bajo el escrutinio de Weiss, quien la conocía más, quien sabía información que todos los demás desconocían.
Solo soltó un suspiro, sintiéndose molesta, pero consigo misma, siempre consigo misma.
"Yo fui la que traje a todos aquí, debo seguir adelante, eso es lo que un líder debe hacer."
Se dio media vuelta, sintiéndose tonta, tan tonta, al dejar de mirar esos azules, esa belleza que ansiaba ver a cada segundo del día. Se giró y tomó el bolso en sus manos, el peso era conocido, pero ya lo había levantado una vez, y ya parecía haber agotado su resistencia.
No, ni siquiera sería capaz de hacer pasar su arma de rifle a guadaña, no podía soportar el peso.
Su brazo tembló, débil, pero se obligó a seguir adelante, a tragarse el dolor y el ardor que sentía en los músculos, y caminó hasta el armario de la habitación, el que compartía con Weiss, y dejó el bolso ahí adentro, sin ser capaz ni siquiera de dejarlo caer suavemente, simplemente no fue capaz de sostenerlo más y se le cayó de las manos.
Y si Weiss lo notó, no dijo nada.
Escuchó la puerta cerrarse, y cuando se giró para mirar, la mano de Weiss estaba firme en la puerta, impidiendo que alguien más en esa casa pudiese entrar o escuchar lo que sea que iban a hablar. Podía notar las marcas azules apareciendo en el rostro tenso de Weiss, tenso, tan tenso, corrupto, tan corrupto, hermoso, tan hermoso.
"Luego de lo que te pasó, nadie espera que seas la líder, Ruby."
Pero ¿Si no era la líder, entonces quién era?
Nació para eso.
Nació bajo ese apellido.
Nació con esos ojos.
Nació con el legado de su madre quien fue la líder de su equipo, quien fue la mejor de su generación.
Nació con el heroísmo integrado en su sangre.
No podía ser ella misma, ni tampoco podía ser la falsa.
No podía ser nadie.
Escuchó su propio gruñido resonar en la habitación, como un eco. Estaba harta, estaba cansada, ya no aguantaba más el vivir así, vacía, rota. No podía seguir con su acto con ese cuerpo tan débil, ni tampoco podía ser ella misma o lo perdería todo.
Si tan solo la oscuridad volviese…
Sintió las manos de Weiss en su rostro, tan frías, y se vio mirándola, concentrándose exclusivamente en esta, su mente olvidando su dolor, su molestia, su dilema, y simplemente se concentró en su mujer. Su mente sin espacio para nada más, solo Weiss.
Weiss.
Weiss.
Era lo único que necesitaba en su vida, solo a Weiss.
Y esa era su mayor razón para levantarse.
Para seguir adelante.
Antes de que Weiss pudiese decir algo, su boca se abrió, su garganta gruñendo de nuevo, las palabras saliendo como un rugido.
"Te prometí que te protegería, Weiss, por eso debo seguir adelante."
Los azules la observaron, su ceño frunciéndose en preocupación, en tristeza incluso, porque Weiss la entendía, así mismo como sabía que en su estado no podría protegerla. No, era imposible. Sus instintos la obligaban a que Weiss fuese suya, solo suya, a que nada ni nadie la tocase, pero no podía hacerlo. Ni siquiera podría protegerla de un Grimm, por más pequeño e indefenso que fuese, mucho menos podría contra alguna persona con entrenamiento, con Aura, perecería a la primera.
Weiss no dijo nada, simplemente se acercó, la abrazó, y por su parte se enterró en el cuello ajeno, inspirando, disfrutando de ese aroma puro, de esa esencia a lirios, manchada de rojo, de rosas, la mezcla perfecta. Se olvidó, de nuevo, de sus problemas, sintiendo el frio del cuerpo ajeno pegado al suyo, así como una de las manos se posicionaba en su cabeza, los dedos rozando una de sus orejas, causándole escalofríos.
Como le encantaba estar ahí, en esos brazos, sujetando a esa mujer.
Ahí era capaz de todo.
De morir…
Y de matar.
Dio un salto cuando los dedos ajenos se sujetaron de su cabello, con intensidad, haciéndola soltar un jadeo, casi podía sentir el pulso frio en el cuero cabelludo.
"Ya me protegiste, ahora es mi turno."
La voz de Weiss sonó intensa, fría, y no podía ver su rostro, pero sabía que probablemente sus ojos hubiesen resplandecido ante la intensidad de sus emociones, y lamentó no haberlo visto. Cuando Weiss se removió, volviéndola a mirar a los ojos, las manos frías en sus mejillas, sus ojos ya estaban normales, suaves, así como su expresión, pero las marcas seguían ahí, presentes aún.
Los atisbos de la corrupción.
"Así que, si quieres tener un equipo nuevo, te acompañaré, pero no creas que te voy a dejar ir a una misión en ese estado, no lo voy a aceptar."
Oh.
Que fácil, ¿No?
Asintió, sin siquiera dudar, sin siquiera inventarse un argumento, sin siquiera pelear.
Porque Weiss se lo decía, así que debía hacerle caso, debía obedecerle, porque su vida ahora dependía de esa mujer, y si la obligaba a vivir, a estar ahí, encerrada, a salvo, lo haría. Si sus roles estuviesen cambiados, haría exactamente lo mismo, evitaría que Weiss saliese a misiones y la tendría ahí, a su lado, sin moverse, como una prisionera.
El sabor amargo llegó a su boca, su integridad falsa maldiciendo la bestia que tenía dentro.
No, sabía que no debía hacer eso.
Weiss ya había pasado por eso, ya había sufrido por eso.
Ya fue una prisionera de su padre, ya sufrió lo que era el perder la libertad, y no podía hacerle lo mismo, no, no podía convertirse en un monstruo como aquel sujeto, porque si así era, si llegaba a salir a la luz lo que sus instintos más bestiales le pedían con euforia, Weiss se iría, huiría de ella tal y como quiso huir de Atlas, desesperaba por volver a ser libre, a dejar de ser un pájaro enjaulado.
Maldijo a ese sujeto, pero no por hacerle eso a Weiss, no, lo maldijo por alejar a Weiss de ella, porque se la arrebató, se la quitó de las manos, y eso no lo perdonó. No dudó en viajar por días, en ir hasta su misma casa, desafiar la seguridad, y rompió las cadenas que mantenían a Weiss ahí.
Se la quitó a Jacques frente a su nariz, y aun se sentía burbujear ante la sensación que eso le provocó.
Era su primer deseo, lo que la verdadera Ruby quería, y lo consiguió.
Y se sentía bien, tan bien.
Pero por mucho que así se sintiese, no podía seguir dándole el gusto a sus deseos, ya que no existía esa fuerza descomunal que la hacía moverse, que la impulsaba a conseguir todo lo que se le pasaba por la cabeza, no, ya no era capaz de hacer algo semejante, mucho menos con su otro yo, con la falsedad, con el heroísmo, acuchillándola siempre que se dejaba llevar, recordándose donde acabaría de ser así.
Y ya estaba rota, vacía, ¿Cómo sería si ya no tenía a Weiss?
Oh no, no quería ni pensarlo.
Sería capaz de todo para recuperarla, o simplemente moriría, porque la vida no tenía sentido.
Morir era tan simple.
Deseaba haber muerto ese día, cuando la corrupción la absorbió, porque era ella misma, era su propia persona, e iba a acabar así, siendo ella misma y no la persona que fue obligada a ser.
Moriría siendo ella misma, y así se iría en paz.
Se iría siendo el monstruo que en verdad era.
Pero Weiss la salvó, la salvó de la muerte y le dio el beneficio de volver a estar frente a esa mujer, de poder sentir su frio, de poder sentir su aroma, su sabor, su existencia ahora propia, y eso era algo que no consiguió, que solo la muerte le regaló.
Así que debía seguir, debía seguir engañándose a sí misma, seguir siendo una imitación, imitándose a sí misma, a la persona que era antes, cuando vivía cada día imitando a su madre, imitando a una heroína.
Y sin importar cuanto lo intentase, actuar como una heroína no la convertiría en una.
Pero estaba obligada a hacerlo, a hacer lo que fuese necesario para que Weiss siguiese a su lado, para que no la abandonase, para que no se alejase, así que debía mantener la compostura, debía ser humana, lo más posible, para que Weiss no notase que el verdadero monstruo que fue bajo la corrupción era ella misma, y no la oscuridad como todos creyeron.
No debían enterarse de la verdad.
No debían saber que la verdadera bestia corrupta fue ella desde el comienzo.
No, eso debía ser un secreto.
Siempre un secreto.
