[Yamato POV]

"¡Yamato Ishida si sales por esa puerta, te juro que nunca volverás!" Me puse la casaca y metí los pies en las zapatillas rápidamente.

"Cielos, mamá, ¿acaso es una amenaza? A ti y a papá no les importo, ¿por qué debo quedarme y escucharlos criticarme todo el maldito tiempo?"

Mi madre se pasó la mano por el cabello y suspiró. Viré los ojos con una mano en el picaporte de la puerta principal.

"Vete entonces, Yamato. Ya eres un adulto, así que vete."

No era lo que yo quería oír, pero nunca le dejaría saber eso.

Sin decir una palabra, me di la vuelta y salí sin mirar atrás.

El cielo nocturno estaba claro a excepción de la nube de lluvia solitaria que flotaba en el centro. Con sólo mirarla me recordaba a mí mismo. Tanto cielo sin ninguna dirección en absoluto. Volví mi atención de nuevo a la acera y salí corriendo hacia la casa de mi amigo.

Estaba a mitad de camino, con una sola calle más que cruzar. Estaba casi a la mitad cuando mi pasador hizo que me tropezara haciéndome caer sobre mis rodillas.

"Malditas zapatillas."

Ni siquiera pude oírme maldecir por la bocina de un auto ruidoso.

-.-

"Hora de la muerte 10:15 PM."

Las enfermeras apagaron las máquinas y quitaron todos los cables y tubos.

Pronto, fue cubierto con una sábana blanca y quedó solo en la fría habitación.

Bueno, más o menos solo.

"Oh, ahora si que la hiciste, Yamato."

El rubio jadeó y empujó la sábana de encima.

Sentado al otro lado de la habitación en una de las sillas estaba Kento.

"¿De qué estás hablando?"

Se sentó y se frotó la frente. Tenía un tremendo dolor de cabeza.

"Eres un poco lento para entender, ¿eh? ¡Estás muerto idiota!" Kento levantó las manos en el aire para enfatizar su punto.

Yamato parpadeó y levantó la ceja.

"Bueno, algo tiene que estar mal si te estoy viendo. Estás muerto desde hace como tres años."

El chico se rio y negó con la cabeza. Kento se levantó y le dio una palmada en el lado de la cabeza.

"Sí, lo que pasa es que estás muerto. Cielos, ¿quién hace idiotas como tú?"

Yamato se tomó la cabeza y frunció el ceño.

"Bueno, tengo dos preguntas. Primera pregunta: Si estoy muerto y tú estás muerto, ¿por qué me puedes tocar? Segunda pregunta: No eres Dios, ¿verdad?"

Kento respiró hondo y cerró los ojos.

"La respuesta a la primera pregunta es simple: Las personas fallecidas pueden tocar o dañar a otras personas muertas. En cuanto a tu otra pregunta, no, no soy Dios. ¿Alguna otra pregunta Sr. Tonto?"

Yamato lo ignoró y suspiró. No recordaba a su primo siendo tan molesto.

"Así que estoy realmente muerto."

No era una pregunta, sólo una declaración que sentía que tenía que decir en voz alta para que pareciera de verdad.

Kento notó el cambio en su voz y le dio una palmadita tranquilizadora en el hombro.

"Sabía que esta noche era la última vez que pelearías con tu madre. No debí haberte dejado salir."

Yamato se encogió de hombros y se levantó de la cama. Cuando se dio la vuelta y miró hacia la cama, todavía estaba allí con la sábana blanca que lo cubría. Luego se miró y vio que estaba empezando a volverse transparente.

"Hey, todos moriremos algún día, sucedió que mi día fue hoy. Aunque estoy un poco triste porque no tuve sexo una vez más."

Las cejas de Kento se juntaron en ira perdiendo su simpatía por Yamato tan rápido como había llegado.

"Me alegra ver que lo llevas tan bien. Malditos adolescentes, no tienen ningún valor."

Llevó a Yamato cerca de la esquina de la habitación cuando sus padres entraron. El rubio vio cómo su madre se desplomó de rodillas agarrándole a la mano bajo la sábana. Su padre le puso las manos sobre sus hombros mientras dejaba fluir su propio llanto.

"Nuestro niño…nuestro niño se ha ido…¡¿Qué vamos a hacer?!" Ella gritó, su voz ronca de tanto llorar.

Yamato miró hacia otro lado y suspiró.

"No quiero ver esto."

Kento le giró la cabeza hacia atrás con fuerza.

"Pero vamos a hacerlo. Tienes que ver lo egoísta que has sido."

Yamato bufó, pero continuó viendo de todos modos.

Su padre, suspiró y cerró los ojos. "Fuimos padres muy jóvenes, para empezar. No había manera de que pudiéramos haberlo criado correctamente. Él nos odiaba."

El rubio tragó saliva y miró hacia abajo. Nunca había odiado a sus padres, sólo no le gustaba cómo nunca parecían tener tiempo para él.

"¡Pero le dimos amor! Él no tenía que morir así. Lo último que le dije fue que se fuera…"

Yamato aclaró la garganta, pasó a través de la pared de la habitación y se dirigió hacia el pasillo. Kento apareció frente a él y levantó la mano.

"¿Adónde crees que vas?"

Yamato caminó alrededor de él yendo hacia la salida.

"Sólo voy a ir a acurrucarme en algún lugar hasta que me envíen al cielo o al infierno, a donde sea que vaya."

Kento caminó detrás de él mientras salían del hospital y llegaban al lado de la ocupada acera.

"A pesar de que eras un rebelde, te vas al cielo. Antes de que suceda, sin embargo, tienes que conseguir tu misión." Yamato se detuvo y Kento chocó con él.

"¿Misión?"

Kento asintió y se ajustó el suéter blanco.

"Sí. Con el fin de conseguir tus alas tienes que completar la misión con éxito. Es como esos estúpidos juegos de video que te gusta jugar." Giró los ojos pensando en cómo los jóvenes de hoy se estaban pudriendo poco a poco a causa de cosas como juegos de video sin ningún punto.

"Hmm suena como pan comido, entonces. ¿Cuándo puedo empezar?" Aplaudió con impaciencia y sonrió.

Kento tuvo que mirarlo por un momento para ver la estupidez que Yamato estaba mostrando. Cuando él murió, estuvo absolutamente devastado, no emocionado acerca de ganar sus alas.

"Está bien, sujétame."

Le tendió la mano a Yamato quien la tomó después de mirarlo con escepticismo. Cuando parpadeó miró a su alrededor y vio más blanco y azul del que había visto en toda su vida. Kento le soltó la mano y le hizo señas para que lo siguiera a través de la puerta de oro. Estaba hipnotizado por todas las personas con sonrisas en sus rostros. Todos parecían muy tranquilos.
"¿Dónde está Dios?" Yamato se inclinó en dirección a Kento, haciendo todo lo posible para susurrar.

Kento suspiró y le dio un codazo en el costado.

"No lo conoces directamente, así que supéralo."

Eso fue lo último que dijo antes de que empujara a Yamato a una habitación y cerrara la puerta.

Se dio la vuelta incrédulo de que había sido abandonado como un sofá feo en un callejón. Suspiró y decidió mirar alrededor de la habitación que estaba completamente vacía. Cuando encontró un camino hacia el centro de la sala, apareció una luz dorada, algo salió volando y lo golpeó en el brazo.

"¡Ouch!" Frunció el ceño y miró a su alrededor para ver qué lo había golpeado y encontró un sobre azul al lado de su pie. Se agachó y lo recogió. Cuando lo abrió, se encontró con una carta.

'Querido Yamato, Bienvenido al cielo. Se ha seleccionado tu misión, lo que significa que estás en camino a ganar tus alas. Has sido elegido para ayudar a Mimi Tachikawa durante seis meses. Tu objetivo es guiarla cuidadosamente mientras la ayudas a encontrar su verdadero propósito. Si lo haces correctamente, recibirás tus alas y serás bienvenido en el cielo. Si no lo haces, serás para siempre un alma vagabunda, suspendido en el purgatorio. Sé sabio, y buena suerte.'

Cuando terminó la lectura, la carta se convirtió en una nube de humo y desapareció. Inclinó la cabeza hacia un lado y miró el sobre que contenía una imagen. La sacó y se quedó mirando la fotografía.

"¿Ella es Mimi Tachikawa? Cielos, ¡debo haber hecho algo bien!" Sonrió y puso la foto en el bolsillo.

-.-

[En la Tierra, al día siguiente]

"Clase reprobada." Mimi suspiró y lentamente comenzó a recoger sus cosas. El día había sido largo y doloroso, como siempre. Cogió su bolso y se dirigió a la puerta, muy por detrás de todos los demás. Miró hacia abajo por un momento cuando accidentalmente tropezó con alguien.

"¡Hey, mira por dónde vas, perdedora!"

Las duras palabras todavía le dolían a Mimi cada vez que las escuchaba, pero ya no tanto. Inclinó la cabeza y empezó a ponerse de pie cuando una mano la tomó del brazo suavemente levantándola.

"¿Estás bien, Mimi?"

Mimi se sonrojó al oír la voz. Levantó la vista y puso su mejor sonrisa.

"Sí, Taichi. Gracias por ayudarme."

Taichi sonrió y le entregó su bolso.

"No hay problema. No entiendo por qué la gente intimida a alguien tan bonita como tú." Más que nada, Mimi odiaba ser llamada así, pero viniendo de Taichi lo hizo sonar como un elogio hecho por un príncipe.

"Está bien, estoy acostumbrada a ello." Sonrió un poco antes de caminar y salir del salón.

Se saltó ir a su casillero y salió de la escuela. Hizo caso omiso de todas las risas y los comentarios groseros hechos por sus compañeros de clase que estaban decididos a burlarse de ella. Caminando hacia la esquina, se metió en el auto negro estacionado cerca de la acera.

"Buenas tardes, señorita. ¿Cómo estuvo su día?"

Mimi apoyó la cabeza contra la ventana y cerró los ojos.

"Como siempre."

Con eso, el auto arrancó hacia las afueras de Tokio. Mimi sonrió suavemente y sostuvo el brazo que Taichi había tocado.

"A lo mejor es mi príncipe azul." La sola idea la hizo sonrojarse.

Minutos después, el auto se detuvo frente a una gran mansión que tenía una calzada llena de autos. El conductor se bajó y abrió la puerta para que Mimi saliera y perezosamente se acercó a la puerta que se abría sin tener que utilizar una llave. Caminó a través de la línea de mayordomos y sirvientas que se inclinaron ante ella. Los saludó con una pequeña sonrisa antes de subir por las escaleras hasta su habitación. Abrió la puerta, y por primera vez ese día, dio un suspiro de alivio.

Dejó caer su bolso y se dirigió al baño por un largo y agradable baño en la bañera. Era justo lo que necesitaba después de un día infernal.

Cuando terminó, salió del baño, todavía secándose la cara.

"Que buen lugar tienes aquí. No sé qué es lo que podría hacerte miserable."

Se quedó inmóvil, aún con la toalla en la cara. Pensando que estaba imaginando cosas, continuó secando su cara mientras se movía hacia su cama.

"Pero tengo que admitir que vas a clase con verdaderos idiotas."

Muy bien, así que no estaba imaginando cosas. Lentamente se quitó la toalla de la cara y se frotó los ojos.

"¡Ahhhhhhh!" Se tambaleó hacia atrás y cayó sobre su trasero cuando vio a un chico rubio de bonitos ojos azules que estaba en su cama jugando con su jarrón de cristal.

"Hey, casi se me cae esto a causa de tu grito. ¿Cuál es tu problema, bonita?"

Mimi se puso la mano sobre el pecho y se deslizó contra la puerta del baño. "Está bien cálmate, Mimi. Eres tan solitaria que acabas de imaginar otro ser humano para que te haga compañía. ¿O tal vez había algo malo hoy en mi almuerzo? Sí, debe ser algo como eso." Hizo todo lo posible para racionalizar lo que estaba pasando. Cuando había decidido que era una de esas cosas, se levantó y volvió a entrar en el baño.

Yamato rio y esperó a que apareciera de nuevo.

Mimi volvió a salir de nuevo con los ojos cerrados y cuando los abrió, volvió a gritar.

"¡¿Qué demonios?! ¿Todavía estás aquí?"

Yamato asintió y se frotó la oreja.

"Sí, todavía estoy aquí. Hazme un favor y deja de gritar. Ya estoy muerto, no quiero quedar sordo también."

Mimi tuvo que extender la mano y agarrar la silla que estaba al lado del baño para mantener el equilibrio.

"¿Acabas de decir que estás muerto?"

Yamato asintió y sonrió.

"Pasé a mejor vida. Estiré la pierna."

Mimi pestañeó un par de veces tratando de procesar lo que acababa de decir.

"Estiré la pata."

Esta vez fue el turno de Yamato de confundirse. "¿Qué?"

Mimi se levantó y se frotó la frente. "Dijiste que estiraste la pierna, pero el término correcto es estirar la pata."

Yamato se encogió de hombros y se colocó más cómodamente en la cama. "Da igual, deja de hablar de piernas. Mi nombre es Yamato Ishida. Encantado de conocerte, bonita." Le guiñó un ojo y se echó a reír al ver la expresión de Mimi.

"Genial, voy a llamar a seguridad."

Se acercó al interfono en la pared y estaba a punto de pulsar el botón cuando Yamato volvió a hablar.

"Entonces, ¿qué? ¿Van a venir y arrestar a tu cama? Relájate bonita, y déjame explicar."

Mimi se alejó del intercomunicador y volvió a mirar a Yamato.

"¿Qué quieres decir con eso?"

Yamato sonrió y le dio unas palmaditas a un espacio en la cama junto a él.

Mimi se acercó y se sentó en el borde de la cama, más alejada de Yamato.

"Bueno, para empezar, estoy muerto. La razón por la que estoy aquí y me puedes ver es porque eres mi misión. Tengo que ayudarte durante seis meses hasta que encuentres tu verdadero propósito, así podré conseguir mis alas. ¿Estamos en la misma página?"

Mimi se pasó la mano por el cabello mojado y suspiró.

"Claro que estamos en la misma página. ¡Estoy casi desnuda, hablando con un muerto! ¡Oh Dios, estoy hablando con un muerto!" Suspiró y se cubrió la cara con las manos.

"Hey, no soy una persona muerta, soy un ángel y tengo un nombre. No seas tan grosera." Mimi no podía creerlo. Respiró hondo para calmarse aunque era inútil a estas alturas.

"Está bien, lo siento…¿Yamato? Realmente aprecio la idea, pero no necesito ninguna ayuda. Por favor, encuentra a alguien más que te ayude a conseguir tus alas." Mimi sonrió e inclinó la cabeza ligeramente antes de levantarse e ir a su armario para vestirse.

Cuando volvió a salir, Yamato estaba sentado con las piernas cruzadas en la parte superior de su escritorio.

El punto era que él todavía estaba allí.

"La cosa no funciona de esa manera, bonita. Durante los próximos seis meses, vamos a ser tú y yo." Sonrió y le dio un visto bueno a Mimi con sus pulgares mientras ella se sentaba en su cama.

De repente se sintió más agotada que antes.

Mimi empezó a masajear sus sienes, tratando de aliviar el dolor que estaba haciendo palpitar su cabeza sin descanso.

Yamato por otro lado, estaba muy emocionado. Todavía estaba sentado encima de su escritorio, jugando con los pisapapeles y luego en su laptop.

"Realmente no quiero ser una molestia, pero ¿podrías explicarme una vez más? ¿Qué es exactamente en lo que me vas a ayudar y cómo es que te puedo ver?"

Yamato suspiró y dejó el iPod de Mimi sólo para tomar su e-reader.

"Está bien, voy a hablar despacio y empezar desde el principio. ¿Podrás seguirme esta vez?"

Mimi apretó los dientes y empuñó las manos en su regazo. No sabía cuál podría ser el castigo por ignorar a un ángel.

"Mi nombre es Yamato Ishida. Soy una persona que murió anoche tras ser atropellado por un auto. Después de tener toda aquella experiencia del alma fuera del cuerpo, fui escoltado hasta el cielo donde me dijeron que tendría una misión. El tema de mi misión era ayudarte a encontrar tu verdadero propósito, obviamente, tengo más trabajo que hacer del que yo pensaba. De todos modos, durante seis meses, serás la única en ver, oír y tocarme. Ese es el trat- Whoa, ¿esa es la nueva pantalla plana de Samsung?" Se levantó, y como un niño en la mañana de Navidad, cruzó corriendo la habitación hacia el televisor en la pared.

Mimi miró, sintiéndose todavía confundida.

"Estoy enloqueciendo seriamente." Suspiró y se levantó para ir por Yamato. "¿Así que te llamo, ángel-kun, ángel-san o…?"

Yamato se dio la vuelta y le dedicó una sonrisa.

"Hm, bueno podrías llamarme Yamato. ¿Cuántos años tienes?"

Mimi levantó las cejas. ¿No se supone que ya debería saber este tipo de cosas? Antes de responder, le dio a Yamato otra mirada. A pesar de que era guapo y de haber hablado con él por unos minutos, Mimi rápidamente supuso que puede que Yamato aún seguía usando una caja de lápices de colores, si entienden lo que quiero decir.

"18."

Los ojos de Yamato se abrieron como platos y rápidamente corrió hacia Mimi. Puso sus manos sobre sus hombros y la movió de un lado a otro, antes de que ella pudiera objetar.

"¡De ninguna manera! ¡Eres como una cabeza más pequeña que yo y muy delgada! No hay manera de que seas solo dos años menor que yo."

Mimi alejó sus manos y dio un paso atrás para darles espacio.

"Pues ni que tú tuvieras mucho de qué presumir." Extendió la mano y tocó el pecho de Yamato y luego movió sus manos hacia su abdomen. Los dos lugares en el cuerpo del rubio tienen músculos duros. Mimi retiró sus manos y dio un paso atrás, sonrojándose.

Yamato sonrió e infló el pecho. "Sólido como una roca. Gracias al básquet. ¡Ahora es mi turno de tocarte!" el rubio estiró sus manos burlonamente hacia Mimi.

Los ojos de Mimi se abrieron como platos mientras se movía rápidamente hacia el otro lado de la habitación.

"¡No tienes nada de ángel! Eres un demonio. No te atrevas a tocarme." Se cubrió los pechos con los brazos, asegurándose de mantener sus ojos en Yamato.

Yamato sonrió, estallando en una risa estridente.

"¿Señorita, está bien?" Mimi se dio la vuelta para ver a una de sus sirvientas en la puerta con una taza de té y una bandeja con sus galletas favoritas.

Sonrió un poco y asintió.

"Sí, sí, estoy bien. Um, Ayako, ¿ves a alguien más en la habitación aparte de mí?" miró hacia Yamato quien estaba reclinado en el pequeño sofá en frente de la TV. Ayako miraba de lado a lado y luego alrededor de Mimi directamente a Yamato. Ella negó lentamente con la cabeza y la miró con preocupación.

"No señorita, no veo a nadie más. ¿Debería?"

Yamato rio de nuevo estremeciendo a Mimi.

"No, gracias por los dulces."

Ella sonrió y asintió antes de hacer una reverencia y salir de la habitación.

"Eso sólo te hizo parecer tonta. Supéralo, tú eres la única que puede verme. Entonces, ahora que mi presentación fue hecha…¿te importaría decirme por qué no le agradas a tus compañeros de clases?"

Mimi se sentó en el suelo cerca de la cama con las galletas y el té y comenzó a comer.

"Supongo que es porque no hablo mucho y no soy muy buena con la gente. Ellos piensan que es porque soy creída, entonces no me hablan."

Yamato apareció al lado de Mimi, sacando una galleta. Le dio una mordida, teniendo en cuenta las palabras de la castaña.

"¿Practicas algún deporte o haces alguna actividad escolar?" Mimi negó con la cabeza y detuvo la mano de Yamato antes de que pudiera sacar otra galleta.

"Soy terriblemente torpe y no tengo coordinación. Pero sí estoy en un club."

Yamato se animó y sonrió silenciosamente aliviado de que Mimi no estaba totalmente enclaustrada.

"¡Genial! ¿Qué club?"

Mimi sonrió tímidamente y se rascó la parte de atrás de su cabeza. "El club de artes escénicas."

Yamato asintió emocionado.

"Eso es increíble. ¿Qué haces? Bailas, cantas, ¿lees poesía?"

Mimi empujó dos galletas más en su boca y miró hacia abajo.

"No, limpio y doy bocadillos a los miembros."

Yamato miró con incredulidad.

El silencio que vino con la mirada hizo que la situación empeorara.

"¿Es una broma, verdad? Eso tiene que ser lo más absurdo que jamás he oído."

Mimi le arrebató el plato de galletas y se puso a comer. "Me gusta la limpieza y todos alaban mis bocadillos porque no saben que yo los hice. ¿Quién eres tú para juzgarme, chico muerto?"

Yamato viró los ojos y bebió el té antes de que Mimi lo hiciera.

"Todo eso está muy bien, pero nunca te dejarán de llamar perdedora a menos que salgas de ese cascarón nerd tuyo. Gusto por la limpieza, ¡pff! Nunca he oído hablar de tal cosa." Rio otra vez antes de descansar de nuevo en el suelo. Giró la cabeza y alcanzó a ver una caja roja de tamaño mediano debajo de la cama. Teniendo brazos largos, todo lo que tuvo que hacer fue estirar uno para tomarla. La sacó y quitó la tapa.

Mimi miró pensando que Yamato estaba muy tranquilo. Lo miró una vez, y luego dio un respingo cuando vio lo que estaba en su mano.

"¿Q-q-qué estás haciendo?" Mimi agarró la caja, pero Yamato la alejó de ella con facilidad.

"Parece que no te gusta sólo la limpieza. ¿Qué hay con todos estos juguetes sexuales?" Yamato escogió un brillante consolador y sonrió.

Mimi se lo arrebató, sonrojándose rojo carmesí.

"¡Eso no es asunto tuyo!"

Yamato rio mientras sacaba más juguetes.

"Whoa, qué traviesa resultaste."

Mimi finalmente perdió la paciencia y saltó sobre Yamato, tomando todo y metiéndolo de nuevo en la caja. Luego la sostuvo en sus brazos posesivamente.

"¡Por favor, hagas lo que hagas, no toques esta caja ni su contenido nunca más!"

Se metió en el baño tratando de encontrar rápidamente un lugar para esconder la caja. Cuando volvió a salir, Yamato se había ido.

Suspiró con alivio, pensando que había ido al cielo por la noche o algo así.

Se agachó para recoger la bandeja vacía y la taza de té, la colocó en el borde de la mesa y se dio la vuelta sólo para encontrarse a Yamato de pie en la puerta de su armario sosteniendo un par de sus pantalones caqui y una blusa lisa.

"Este es el tipo de ropa que usan en la iglesia. ¿Dónde está tu ropa real?"

Mimi suspiró no muy feliz al ver que estaba equivocada pensando que Yamato se había ido.

"¿Qué tiene de malo mi ropa?"

Yamato negó con la cabeza y empezó a hacer el ruido "tsk, tsk."

"La pregunta es qué no está mal con ella. Por un lado, con estos pantalones es probable que hagan lucir mal tu trasero y la blusa parece como si la hubiese escogido un vagabundo ciego. Estas prendas no pueden mostrar el hecho de que tienes una cadera sexy y cintura estrecha." Los tiró y desapareció de nuevo en el armario.

Mimi lució confundida en cuanto a cómo él sabía que su cintura era estrecha.

Miró hacia abajo y vio sus pantalones de ejercicio colgando un poco más abajo de sus caderas. Abrió la boca y se los subió, atando las cuerdas con más fuerza.

"¡Este es el tipo de ropa que debes usar!" Yamato volvió a salir con una sonrisa triunfal sosteniendo un par de jeans ajustados oscuros y una camiseta con un profundo corte en v.

"Está bien, he tenido suficiente de ti por una noche. Me voy a la cama. Sólo haz lo que sea que los muertos hacen y deja mis cosas en paz." Mimi suspiró, sintiendo toda su energía desvanecerse. Justo cuando pensaba que el único lugar donde podría conseguir paz era en su hogar. Estaba claro, que esto ya no iba a ser verdad.

Apagó la luz y se metió en la cama, intentando no hacer caso a Yamato y a los sonidos de tintineo provenientes de su armario. Poco sabía ella, que se iba arrepentir de hacerlo una vez que llegara la mañana.
-.-

"¡Arriba, bella durmiente!"

Mimi gimió y tiró de la manta sobre su cabeza.

"Cinco minutos."

Yamato resopló y se sentó en las piernas de Mimi, quien se levantó sintiendo el peso aplastante sobre sus piernas.

"¡Ah, ah, levántate! Estoy despierta, estoy despierta, ¡maldita sea!"

Yamato sonrió y se puso de pie mientras Mimi se frotaba las adoloridas piernas.

"No se puede dormir ni un minuto más. Hoy es el primer día que te estaré observando de cerca y el primer día que le mostrarás a esos compañeros tuyos lo sexy que puedes ser." Mimi viró los ojos y se quitó las mantas de encima. Se levantó y se dirigió a su cajón para sacar su ropa interior usual, sólo para ver que no estaban allí. En su lugar, sólo había ropa interior muy pequeña. Miró a Yamato quien estaba fingiendo ver las noticias de la mañana.

Después de decidirse por un par, los metió en el bolsillo de sus pantalones y fue a su armario para buscar algo que ponerse. Cuando abrió la puerta doble, de inmediato gritó. Toda su ropa, a excepción de la ropa que Yamato le había mostrado la noche anterior, se había ido.

"¡Yamato! No sé qué clase de truco enfermo estás jugando, pero tienes que dejarlo. ¿Dónde diablos está toda mi ropa?"

Yamato sonrió aun fingiendo inocencia. "¿Esas cosas? Hm, las deseché cuando te fuiste a la cama anoche, junto con esa ropa interior de abuelita."

Mimi no podía creer lo que estaba oyendo. Una noche en su habitación y las cosas estaban patas arriba.

"Señorita, es momento de despertar. ¿Le gustaría alguna ayuda esta mañana?" La voz de una de sus maids llegó a la habitación rompiendo los pensamientos de Mimi.

"No, gracias." Cuando la escuchó alejarse, se volvió a Yamato, con ganas de estrangularlo tanto.

"Bueno, señorita, mejor se viste antes de que llegue tarde."

Yamato sonrió y le entregó la ropa, empujándola al baño.

Mimi entró a regañadientes, cerrando la puerta detrás de ella.

[Diez minutos más tarde]

"¡No voy a salir! ¡Estos pantalones están apretando mis muslos!"

Yamato sonrió y se frotó las manos con entusiasmo.

"Una razón más de por qué debes usarlos. Ahora date prisa antes de que llegues tarde." Mimi suspiró en voz alta, pero por fin abrió la puerta.

Yamato sonrió y la miró de arriba abajo. Los jeans apretados eran como otra piel, mostrando y acentuando sus caderas y las piernas. Miró la camiseta que dejaba mucho al descubierto. Estaría mintiendo si dijera que 'Yamato Jr.' no se movía un poco.

"Deja de mirarme como si pudieras comerme y vamos." Mimi tomó su bolso y salió de la habitación antes de que Yamato pudiera ver el rubor que cubría su rostro.

"¡Maldito muerto pervertido!"

Yamato rio y flotó hacia abajo detrás de Mimi anticipando el día que le esperaba.


Happy Valentine's Day!

Y para celebrarlo, historia nueva~ esta es una que hice hace mucho tiempo, pero que está siendo reescrita exclusivamente para el fandom MiMato.

Nos leemos en la próxima actualización~ 😀